Secretos de Cuba
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Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

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Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

Mensaje por Ramon77 el Dom Jul 06, 2008 11:51 am

Se acuerdan del reciente tema,

Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuest

Noticiero Digital (04/07/08-01:03 am).- "Nunca debieron ser secuestrados los civiles, ni mantenidos como prisioneros los militares en las condiciones de la selva. Eran hechos objetivamente crueles. Ningún propósito revolucionario lo podía justificar". Así se refirió Fidel Castro al rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las FARC en un artículo publicado este jueves en la página web Cubadebate, reconociendo su alegría por la noticia.

http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=401691

Pues lean esto:

Marines secuestrados por la guerrilla de Raul Castro



Junio 28 de 1958

Curva “La Sombrilla”en la carretera que va hacia la Base Naval Americana en en la Bahía de Guantánamo.

Por Manuel Prieres

Aquella tarde del 28 de junio de 1958 el viejo omnibus Leysland marchaba a gran velocidad por la excelente carretera de dos vías que une a la ciudad de Guantánamo con la Base Naval norteamericana. En su interior agobiaban al chofer cubano, con su algazara, 18 sailors y 11 marines.

Los marines americanos, como era la costumbre de muchos años, regresaban a la instalación militar estadounidense (en territorio cubano) después de pasar dilapidando sus pagas en Guantánamo a solo 16 millas de distancia. Así las cosas el vehículo atestado de pasajeros uniformados y gritones llegaba al entronque harto conocido como “La Sombrilla” (una especie de bifurcación) donde se tenía que aminorar la marcha de todas formas siempre.
La Captura

----“¡Alto, en nombre del Segundo Frente Frank País! ¡Libertad o Muerte!”.

Era una docena de guerrilleros salidos abruptamente a ambos lados de la carretera, se detenían sobre el asfalto, y apuntaban con sus armas en forma resuelta hacia el omnibus que se veía obligado a detener la marcha. Dos rebeldes (uno lampiño y largas melenas; y el otro, barbudo: capitán José Quintín Sandino) se adelantaban y golpeaban fuertemente la puerta del omnibus conminando al chofer a que la abriera. Sendas ametralladorasThompson en sus manos. El Mau Mau que llevaba la voz cantante era el jefe de la “Columna Suicida” capitán Sandino, quien solo atinaba a preguntar: “ ¿Dónde está el cabo Márquez?”.

Los rebeldes buscaban al joven marine puertoriqueño Alberto Márquez, quien era novio de una chica guantanamera, y el único que hablaba español entre el grupo de marines. Efectivamente. El cabo Márquez iba entre ellos, quien levantó su mano identificándose. Sandino (el cabecilla guerrillero raulista) le ordenó que le sirviera de intérprete, siendo la primera orden que “todos los marines se reconcentraran al fondo del omnibus, y si se portaban bien nada les iba a pasar”.
Prisionero de los guerrilleros raulistas.

Márquez narra sus experiencias como prisionero de los guerrilleros de Raúl Castro:
“…ordenaron al chofer de la guagua que iniciara la marcha por la carretera hacia la playa de “Yateritas”. Estábamos todos desarmados. Solamente dos Patroles (MP) llevaban sus clubs. Al poco tiempo de viajar por la carretera, el capitán Sandino nos ordenó que nos tirásemos al piso del omnibus, porque de inmediato sacaron los cañones de sus armas por las ventanillas e hicieron fuego graneado contra un cuartelillo al lado de la carretera. Los soldados fueron cogidos por sorpresa y prácticamente no atinaron a responder al fuego de los guerrilleros”.

“Horas después Sandino ordenó al chofer que dejara la carretera y se internase por un angosto camino vecinal. Era temporada de lluvias, y el fango pastoso y rojizo se pegaba a las ruedas y carrocería del omnibus. El vehículo roncando y dando tumbos solo pudo avanzar una media hora más, hasta que quedó atascado hasta el eje. Los guerrilleros determinaron, entonces, empujar el omnibus por un derriscadero abajo. A partir de ese momento continuamos la marcha a pie, de dos en fondo, y estrechamente vigilados. La marcha duraría tres días y tres noches, hasta que llegamos a lo que se nos dijo era la loma de “Las Coloradas” –según ellos- a 40 kilómetros de la Base Naval USA Americana en la Bahía de Guantánamo”.

“En aquel campamento rebelde ingerimos alimentos por primera vez: “Café y Pan”. Allí nos esperaban los jefes guerrilleros: el comandante “Anibal” (Belarmino Castilla Mas) y el capitán Manuel Fajardo. La lluvia no cesaba. Al día siguiente iniciamos la marcha montados en unas ZAPAS hasta que llegamos tiempo después a Puriales de Cajuerí (Campamento principal de los rebeldes). Y por primera y última vez se nos explicó el porqué de nuestra captura. Según ellos, porque los aviones de Batista se abastecían de gasolina y parque en la propia Base Naval USA en Guantánamo”.

Los 19 marines pasan el “4 de Julio” prisioneros en Territorio Mau Mau.

“En Puriales de Cajuerí fuimos ubicados en el único hotel del pueblo –dice el marine Márquez-. Pero los 29 no cabíamos en él; y entonces a muchos nos repartieron por algunas viviendas del caserío. Allí, por primera vez, pudimos asearnos, afeitarnos y hacer una comida fuerte después de varios días prácticamente de ayuno. También nos suministraron unas cajitas de primeros auxilios de la Cruz Roja. En honor a la verdad, después de días llenos de confusion, tension y zozobra, mis compañeros y yo nos fuimos calmando, en parte debido a que también los guerrilleros suavizaron su inicial trato hostil hacia nosotros. Al extremo que el 4 de Julio nos sorprendieron con cervezas marca Cristal, y hasta se nos dijo que había una res amarrada en un corral cercano para nosotros si éramos capaces de sacrificarla. El marine Worreld fue quien le dio el puntillazo a la vaca.

Ocurriéndosele,además, rociar con una bomba de flit insecticida los Cuartos colgados de la res, y evitat así que las moscas acelerasen el proceso de descomposición. Al río Toa nos llevaban periódicamente a bañarnos en las cristalinas aguas del río que demarca el territorio de Baracoa. A propósito: cuando nos llevaban a bañarnos al Toa, lo hacíamos totalmente desnudos; y en una ocasion que algunas campesinas nos vieron y comenzaron a gritar, los Mau Mau que nos escoltaban sacaron sus armas, las rastrillaron, mientras nosotros avanzábamos hacia ellos para confrontarlos. Nos estábamos cansando de aquella vida de secuestrados.”

“Pero un día –sigue narrando el marine Márquez- nos llevaron a presenciar el fusilamiento de dos “asaltadores de caminos” –según la version de los rebeldes-. Asistir a aquel espectáculo del fusilamiento, a pesar de que éramos militares, nos enfermó. Y
de inmediato decidimos forzar la situación nuestra, ya que no podíamos permanecer así indefinidamente. Por tal razón comisionamos al marine Reyes (de Tampa) para que junto a otro compañero intentasen escapar y llegar a la Base Naval USA. Se escaparon, pero al poco tiempo descubiertos en las intrincadas y desconocidas lomas y capturados. A partir del incidente fuimos encerrados en unos corrales cercados con alambradas…y la amenaza de “pasarnos por las armas si lo repetíamos”, nos lo recordaban a cada rato.

“Una mañana llegaron unos funcionarios de nuestro gobierno provenientes del Consulado Americano de Santiago de Cuba, les acompañaba el guantanamero Paví Jimenez. También llegó Raúl Castro acompañado de un nutrido séquito de barbudos y melenudos. Nunca se dignó a reunirse con nosotros. Por la tarde unos guerrilleros colocaron unas sábanas blancas sobre la tierra del batey; y, al rato, para sorpresa nuestra, descendía un helicóptero de la Navy. Se hablaba insistentemente que una crisis creada en el Medio Oriente por el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser (lo que se llamó después la “Crisis del Canal de Suez”) envolvía a los americanos en el conflicto y Raúl Castro, así las cosas, decidió evacuarnos lo antes posible. De manera que el 29 de Julio de 1958 –observa el marine Márquez-, con mi uniforme limpio y planchado que me devolvían mis captores, me subían a un helicóptero militar para irme de vuelta a casa: había pasado yo 32 días como prisionero de Raúl Castro Ruz.”

Singular episodio éste con el que se dará inicio a la era del secuestro politico como instrumento publicitario, propagandístico y coercitivo. En la lomas aledañas a la region de Guantánamo se gestó un pavoroso experimento que más se regaría por el mundo.

Era la primera trastada que Raúl Castro Ruz le profería a los americanos. Después vendrían muchas más.

Manuel Prieres
villagranadillo@bellsouth.net
Cell 305 989 9261

http://porcubaparacuba.blogspot.com/2007/01/junio-28-de-1958-curva-la-sombrillaen.html

Ramon77
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Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

Mensaje por europa36 el Dom Jul 06, 2008 11:57 am

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Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

Mensaje por Ramon77 el Dom Jul 06, 2008 12:26 pm

Fangio, secuestro en La Habana
Por Santiago Senén González


A pocas horas de largarse el Segundo Gran Premio de Cuba, el domingo 23 de febrero de 1958, el mejor corredor del mundo fue secuestrado por el Movimiento Guerrillero 26 de Julio, comandado por Fidel Castro desde Sierra Maestra.



"Disculpe, Juan -escuchó el piloto de Balcarce la noche anterior a correr el Gran Premio de Cuba, en 1958- me va a tener que acompañar".
La escena e produjo en el hall del Hotel Lincoln de La Habana, cuando un militante del Movimiento 26 de Julio interrumpió la charla que el quíntuple campeón mundial sostenía con sus mecánicos. Ayudado de una pistola calibre 45, el revolucionario lo obligó a que lo siguiera hasta la calle, donde los esperaba un automóvil.
Fangio había sido invitado a participar en una carrera de autos sport en la isla. La competencia era parte de los eventos deportivos programados por el gobierno cubano para mejorar la imagen del dictador Fulgencio Batista, quien por esos días enfrentaba la más dura crisis de todos sus años de mandato.
Al joven alto y morocho que entró al hall del Lincoln en búsqueda del campeón mundial le temblaba el pulso, pero no dudó en cumplir su cometido. "Yo estaba esperando que el custodio tirara, para arrojarme al suelo, como en las películas de acción", recordaría Juan Manuel Fangio tiempo después. Nadie disparó; Alejandro D'Tomasso, otro de los corredores, hizo un leve movimiento, como para alcanzar una caja cercana; pero una sugerencia del activista, que le dijo: "Cuidado... haré fuego si se vuelve a mover", lo convenció de suspender definitivamente sus planes. "¡Otro movimiento y los mato!", repitió el guerrillero ante los movimientos incómodos de Stirling Moss, otro gran corredor presente en la isla. En tanto, D'Tomasso se quedó muy preocupado por la situación. "Pensé que aquella gente estaba dispuesta a todo", afirmaría más tarde.
Marcelo Giambertone, el manager de Fangio, recordaría, durante las horas del secuestro, la confianza de ganar la carrera que le había manifestado el campeón antes de bajar al hall del hotel al encuentro con los corredores y el valor que mostró cuando llegaron por él: "entró el hombre de la chaqueta de cuero, y creo que el menos nervioso de todos era Juan Manuel. El siempre ha dado muestras de tener nervios de acero. Hasta sonrió cuando lo encañonaron con la pistola...".
El Chueco -con la pistola contra la espalda, sin violencia pero con firmeza- fue obligado a salir hasta la esquina, donde lo subieron a un Plymouth negro. Los testigos lo vieron alejarse por la calle Virtudes, mientras otros cómplices, también armados, cubrían la retirada. Le dijeron que si los descubrían las balas pondrían en peligro las vidas de todos. Fangio pidió una gorra, porque pensó que podían identificarlo por "la pelada", pero no tenían nada, ni siquiera anteojos, así que se acurrucó todo lo que pudo en el piso del auto. Recién en ese momento empezó a convencerse de que se trataba verdaderamente de un secuestro, ya que en un principio dudó, pensando que era la contrapartida de una broma hecha a Giambertone (ver La Broma.).
Después de una hora de recorrer la ciudad, y luego de haber pasado un control policíaco de rutina y cambiado dos veces de vehículo, el corredor argentino era llevado, por fin, al lugar donde permanecería secuestrado hasta después de la carrera. Entraron a una casa por la escalera de incendio; en una habitación había una mujer con un chico; en otra, un hombre herido. Los secuestradores se retiraron, a excepción de dos que quedaron como custodios. Poco tiempo después volvieron a buscarlo, subieron a otro automóvil, y lo llevaron a una nueva casa, en El Vedado, la zona aristocrática de La Habana. En el traslado no le vendaron los ojos, por lo que pudo ver hasta el número de la casa. En el nuevo destino había mucha gente que festejaba el éxito del, operativo; algunos pedían autógrafos al campeón que, sin nada que temer, se atrevió a comentar que no había cenado. Fangio pensaba pasar la noche previa al Segundo Gran Premio en la habitación 810 del Hotel Lincoln (el cuarto, con recuerdos del quíntuple campeón de automovilismo, actualmente lleva su nombre), pero el joven Manuel Uziel, una causa revolucionaria y un arma alejaron al piloto del hotel.
De esa noche recordará, años más tarde, los infinitos pedidos e disculpa que recibió y la cena (patatas fritas con huevo) que le preparó la dueña de casa a condición de que "no sea muy fino". Al día siguiente, el domingo por la mañana, Faustino Pérez le acercó los diarios; conversaron, y Fangio le pidió que le avisaran a su familia, de lo que Pérez se encargó personal e inmediatamente. La carrera era televisada, pero el corredor rechazó la invitación a mirar: no podía resistir el ruido de los motores y no estar allí.
Amistad y agradecimiento devolvería Fangio a sus captores; creía en el destino, por lo que los sucesos de la carrera del 58, en el Malecón, el circuito costero de La Habana, le harían pensar en su buena suerte: "Cuando las cosas se serenaron un poco y los secuestradores dejaron de pasearme por casas y departamentos, no tuve más remedio que decirles: miren señores (...) quizá ustedes me hicieron un favor".
El Maserati 450 S con el que debía correr era propiedad de un norteamericano, y ya había corrido en Venezuela. Si bien en el circuito de pruebas, el sábado 24 de febrero, Fangio había marcado el mejor registro de clasificación, el auto tenía algunos problemas.
En la costanera había un salto, y cada vez que el Maserati pasaba por ahí, levantaba vuelo y, al caer, iba de cordón en cordón. Los mecánicos pensaban que eran los amortiguadores, pero después se dieron cuenta de que el coche estaba volcado: midieron una diferencia de más de cinco centímetros en la trocha, entre las ruedas de un lado respecto de las otras.
El corredor argentino había hablado sobre los inconvenientes de su auto con Bertochi, el jefe de mecánicos de Maserati, cuando a punta de pistola, lo sacaron del Lincoln.
Fangio no había sido liberado aún cuando le informaron que la carrera había sido suspendida por un accidente. En la quinta vuelta se despistaron dos autos, muriendo seis personas y cuarenta resultaron heridas.
(cont...)

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Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

Mensaje por Ramon77 el Dom Jul 06, 2008 12:27 pm

En carrera a la revolución

Unas pocas horas después del secuestro de Fangio, la noticia ocupaba los titulares de los principales diarios y revistas de América y Europa. La revista cubana Bohemia señalaba: "En París, Londres, Nueva York, Roma, Ciudad México y Buenos Aires se le dieron importantes espacios en las primeras planas. Las agencias cablegráficas especulaban con el sensacional secuestro del más afamado automovilista del mundo".
La Habana era noticia: el régimen político imperante, las motivaciones del Movimiento 26 de Julio y el estado de tensión en que se vivía quedaron bajo la lupa de todas las capitales del planeta.
Mientras el corredor argentino, a los 46 años, era el piloto que más títulos había ganado en Fórmula 1, y era seguido por multitudes de espectadores, la dictadura cubana debía recurrir cada vez más a la represión ante la imposibilidad de manejar la situación pacíficamente.
La guerrilla avanzaba, y los actos de sabotaje se repetían casi a diario. Veinticuatro horas antes del secuestro d Fangio, un grupo de rebeldes había realizado un audaz golpe contra el Banco Nacional de Cuba sin robar un centavo: simplemente prendieron fuego a millones de cheques. También había circulado la versión de que Castro ofrecía la paz a cambio de elecciones supervisadas por la OEA (Organización de Estados Americanos) y el control militar de la provincia de Oriente. Rumores y actos inesperados se mezclaban para crear un clima de confusión, incertidumbre y expectativa.
El Segundo Gran Premio de Cuba había sido organizado con el propósito de demostrar que en la isla "no pasaba nada"; toda la atención debía fijarse en el circuito El Malecón. Pero el régimen de Batista no había contemplado la posibilidad de que todo el aparato publicitario montado se le volviera en contra.
Los partidarios de la lucha guerrillera y clandestina no estaban dispuestos a desaprovechar su gran oportunidad: el grupo comandado por Fidel Castro había decidido difundir la causa que los movilizaba. Ya un año antes habían planeado el secuestro de Fangio, pero la falta de tiempo y dificultades organizativas habían frustrado la acción. En el 58, a diferencia del año anterior, los revolucionarios estaban organizados, por lo que se decidieron a planificar detalladamente la acción. Según declaraciones de uno de los ideólogos, publicadas en Bohemia, el grupo contaba con toda la información necesaria: "dos horas antes del aterrizaje ya sabíamos el número de la habitación que ocuparía en el Hotel Lincoln. También investigamos el color, chapa y modelo del auto que Fangio tendría a su disposición en La Habana".
El plan debía llevarse a cabo con mucha precisión, porque el Chueco llegaría sólo dos noches antes de la carrera. El grupo guerrillero aún estaba decidiendo el lugar más preciso; se pensó en ir a buscarlo a su propia habitación, y luego se mencionó la posibilidad de esperarlo a la salida de un programa de TV, al que asistiría el sábado por la noche.
Se resolvió lo último. Tres autos se apostaron a la salida del estudio, pero los amigos, la custodia y el público que rodeaban al corredor obligaron a suspender la operación.
Los obstáculos seguían. Sobre todo, la excesiva vigilancia, que impediría nuevamente concretar el rapto, esta vez a la salida de un cóctel en el Hotel Nacional. Un miliciano, que se encontraba dentro del edificio, informó de un incidente con un fotógrafo que había puesto al descubierto la cantidad de guardias de civil que estaban controlando la reunión.
Durante todo este tiempo Fangio era seguido siempre por un auto. Otros dos estaban ubicados en lugares convenidos, desde donde se comunicaban por teléfono, para reemplazarse, y de ese modo evitar que los identificaran. Pese a los inconvenientes, el operativo estaba montado y el secuestro se iba a realizar. El domingo, en el circuito de pruebas El Malecón, el control policial obligó a reconsiderar la situación: "siempre iba a estar rodeado de amigos y custodios, así que acordamos secuestrarlo en las narices de sus acompañantes". Así fue como decidieron entrar al Lincoln la noche previa a la carrera.
Horas después, las agencias de información comenzaron a recibir la sorprendente noticia: "Habla el 26 de Julio... Tenemos secuestrado a Fangio... No se alarmen, no hay peligro para su persona.. Seguiremos informando".
El secuestro fue un duro golpe para los proyectos de Batista. La situación era desconcertante. Se anunció que el propio general - presidente y jefe del Estado Mayor Conjunto asumían la dirección de las investigaciones. En pocas horas se montó un gran operativo, y miles de miembros de los institutos de investigaciones se pusieron a buscar al corredor argentino, analizando todas las pistas posibles. Los testigos fueron sometidos a la inspección de archivos fotográficos con el propósito de identificar a los secuestradores. Las salidas de la capital y los aeropuertos fueron controlados. Pero todo parecía inútil, no se conseguía avanzar en la búsqueda.
Dilema para secuestradores
Después de la carrera, con su objetivo cumplido, los miembros del grupo revolucionario se enfrentaron a un nuevo problema: cómo liberar a Fangio sin que corriera riesgos. El temor provenía de la posibilidad de que la gente de Batista matara al corredor para culpar, y así desprestigiar, a Fidel Castro.
Pensaron en dejarlo en una iglesia, pero el Chueco les pidió que llamaran al embajador argentino. Una mujer y dos jóvenes lo llevaron ante el diplomático, quien era nada menos que el primo de Ernesto Che Guevara (ver La Política, el Destino y ...), dejándole una carta en la que manifestaban que no tenían ningún problema con la Argentina, que sus objetivos se restringían al derrocamiento de la dictadura cubana y, nuevamente pedían disculpas.
A 27 horas del secuestro, Fangio -sano y salvo- quedaba en mano de las autoridades argentinas. Una vez libre, recalcó ante los periodistas habaneros lo bien que había sido tratado. Estuvo en tres residencias -sin que le vendaran los ojos en ningún momento-, y en los tres lugares contaba con tantas comodidades como en el hotel. Los reporteros no evitaron las sonrisas cuando el argentino manifestó que había charlado "macanudamente" con sus captores.
El M 26-7 logró publicitarse, tal como lo había planeado, pero también Fangio vio incrementada su popularidad. De La Habana viajó a Miami para descansar algunos días; allí, el intendente le entregó las llaves de la ciudad; luego fue invitado al programa de televisión más popular de la época, en Nueva York.
Le ofrecieron mil dólares por presentarse diez minutos en el programa de Ed Sullivan, junto a Jack Dempsey. El campeón comentaría con ironía que "había ganado cinco campeonatos del mundo, había corrido y ganado en Sebring, pero el secuestro de Cuba fue lo que me hizo popular en Estados Unidos".
De tu querida presencia... Fangio
Fangio volvió a saber de los revolucionarios cubanos unos meses después del secuestro. Se comunicaron con él cuando se encontraba en una carrera en Indianápolis. En aquel momento le pidieron que intercediera ante el general Fernández Miranda por la captura del que lo obligara a salir del Hotel Lincoln para mantenerlo privado de su libertad por unas horas.
El corredor accedió a la solicitud, dijo al militar que había sido bien tratado, que su vida no había corrido peligro, y pidió que no se tomaran medidas muy severas. Obtuvo la promesa de Miranda de que se iba a ocupar personalmente del caso, y no supo más del tema.
Faustino Pérez había sido el cabecilla de la operación del 58. Llegó en el Granma, el barco en que los revolucionarios, exiliados en México, regresaron para llevar a cabo la insurrección. Pérez fue jefe de la resistencia y, con la revolución en el poder, ocupó diversos cargos. Otros de los participantes en el secuestro no tendrían tanta suerte, como Oscar Lucero y Blanca Niubi, quienes fueron torturados y muertos por la policía de Batista.
"Cuando la revolución triunfe, lo haremos invitado de honor", le había dicho Arnold Rodríguez, uno de los guerrilleros que intervino en el operativo. Un año y medio después, con Fidel Castro a la cabeza del gobierno, Fangio recibió la prometida invitación. Pero su regreso a Cuba no se concretó en ese momento, sino veinte años más tarde.
Fue en 1981 cuando volvió a visitar ese país, como presidente de la empresa Mercedes Benz, para concretar la venta de unos camiones al gobierno cubano. Lo recibió su amigo, Faustino Pérez, en ese momento ministro de Industria de Cuba. Fidel Castro interrumpió una importante reunión internacional para entrevistarse con él y pedirle disculpas por el operativo del 58.
Con ocasión del vigésimo quinto aniversario de su encuentro con el Movimiento 26 de Julio, Fangio recibiría un telegrama de saludo de sus amigos los secuestradores recordando "aquel episodio" que, "más que secuestro y detención patriótica, sirvió, junto con su noble actitud y su justa comprensión, a la causa de nuestro pueblo, que siente por usted viva simpatía, y en nombre del cual lo saludamos al cabo de un cuarto de siglo". Unos meses antes -luego de una intervención quirúrgica en la que le implantaron el quíntuple by-pass aorto-coronario- había recibido otro mensaje, en su oficina de la Mercedes Benz, deseando su recuperación. También para su cumpleaños número 80, entre los mensajes de todo el mundo que llegaban a su casa para saludarlo llegó uno de Cuba: lo firmaban "Sus amigos los secuestradores".
Arnold Rodríguez, otro de los secuestradores, viajaría a Buenos Aires especialmente para ver a Fangio. En 1992 fue invitado al sexto aniversario de la inauguración del museo en honor al piloto. El mismo está en un edificio construido en 1906, detrás de las históricas paredes de la anterior sede comunal de Balcarce.
El Museo -de 5000 metros cuadrados- cuenta con un microcine de 110 butacas, donde pueden revivirse recordadas imágenes de carreras de autos de Fangio. Desde sus comienzos en carreras regionales hasta las que disputara en pistas de todo el mundo, incluyendo las de Turismo Carretera. En el interior del Museo hay también autos, premios y medallas.
Actualmente, en la puerta del Hotel Lincoln, situado en el reparto (barrio) de El Vedado, en la ciudad de La Habana, una placa de bronce recuerda aquellos años: "En la noche del 24-2-58 en este mismo lugar fue secuestrado por un comando del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Oscar Lucero, el cinco veces campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio. Ello significó un duro golpe propagandístico contra la tiranía batistiana y un importante estímulo para las fuerzas revolucionarias".


  • Un Piloto Mayor.
  • La Política, el Destino y la Pista.
  • El Secuestro de una Estrella.
  • La Broma.

    Publicado en Todo es Historia, Nro. 368, en marzo de 1998.

  • http://www.fcaglp.unlp.edu.ar/~rodolfo/fangio/histo/histo03.html

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por Ramon77 el Dom Jul 06, 2008 12:46 pm


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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por francisco germes cuesta el Dom Jul 06, 2008 6:31 pm

    Ramon77, desde ultratumba no se escribe!!
    En mi opinión el que escribe las Reflexiones del Kagandante, o no tiene memoria o se le escapó un criterio personal, y no un pensamiento de los Castro.
    Ellos (los castro) son los que mas han abusado de los Secuestros Terroristas.
    Fueron y son Maestros del Terrorismo
    Nadie en el Mundo creerá en eso, como salido de la pluma de el Kagandante.

    Saludos

    Paco

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por raptor f/22 el Lun Jul 07, 2008 11:45 am

    de veras que la gente del gobierno cubano ,nos quieren hacer pasar por idiotas ,pero coño si llevan casi 50 años secuestrando y manteniendo como rehenes a los familiares de los que se les escapan por años,que clase de descarados son estos hijos......

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por armando aguilar el Lun Jul 07, 2008 12:14 pm

    Esto es una maravilla...!! Como decíamos en Cuba: "La tiñosa diciendole cabecipelá al guanajo".
    Saludos.

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por Ramon77 el Mar Jul 08, 2008 11:21 am

    Puede darse el caso que el Secuestrador en Jefe esté... SECUESTRADO desde finales de julio del 2006 por su hermano, también secuestrador mafioso, y solo estemos viendo una manera de llamar la atención a su cautiverio.

    En ese nido de hienas todo es posible.

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

    Mensaje por fidelon el Mar Jul 08, 2008 1:09 pm

    Nunca debieron ser secuestrados los civiles, ni mantenidos como prisioneros. Eran hechos objetivamente crueles. Ningún propósito revolucionario lo podía justificar" FIDEL CASTRO , TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED, ¿ Y POR QUE USTED MANTIENE SECUESTRADOS Y PRISIONEROS A 12 MILLONES DE CUBANOS?,

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    Re: Castro: Ningún propósito revolucionario justifica el secuestro.

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