Secretos de Cuba
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“”” LA FUGA PERFECTA.”””

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“”” LA FUGA PERFECTA.”””

Mensaje por EstebanCL el Sáb Jun 14, 2008 7:57 pm

“”” LA FUGA PERFECTA.”””





-No es muy complicado, eso sí, debes ir vestido de uniforme. Llegas, tocas el silbato, y solo tienes que mencionar el nombre de cualquiera de nosotros, como hace cualquier mensajero. ¡No te rías, coño! Estas misiones tienen que hacerse en serio, acuérdate que vas a enfrentarte con un enemigo muy inteligente y debes medir tus fuerzas. ¡Agarra esto! Eduardo le puso en las manos un file con citaciones oficiales, las mismas que se usaban en la academia, debidamente acuñadas. Pendás las fue observando una a una, todas decían lo mismo aparte del nombre y dirección del destinatario. “Posición Uno”

-¿Y esto para qué? Preguntó sin sobreponerse de la sorpresa ante aquella inesperada emboscada realizada en la puerta del comedor.

-No preguntes tanto, ¿vas a resolver o no?, esto es un asunto muy delicado, pero para eso están los socios, ¿o no?

-Esto es una candela, mira todas las direcciones que aparecen en este file. ¿Tengo que mandarme hasta El Cotorro?

-¡No, compadre! Esto es solamente una cortina de humo, una maniobra de enmascaramiento. De todas esas citaciones solo debes entregar dos y vivimos bastante cerca. Eso sí, tienes que ir uniformado, aquí tienes el pito. Eduardo se metió la mano en el bolsillo y extrajo el silbato, era plástico y de color amarillo.

-Pero esto es el pito de un chaleco salvavidas. Protestó Pendás cuando lo tuvo en sus manos.

-¿Y a ti que te importa de donde venga? ¿Es o no es un pito? Nadie se va a llevar el pase, además, las viejas que te abrirán las puertas nunca han subido a un barco. No me vengas ahora con flojeras de piernas.

-¡Ta bien! Yo llego, sueno el pito… ¿apago la moto?

-¡Claro, compadre! No tenemos bonos de gasolina, tienes que resolvernos con la tuya y no puedes darte el lujo de estar gastando tanto.

-¿Ni un litro tienen ustedes?

-¿De dónde carajo la vamos a sacar? No jodas, tú sabes bien que solo le entregan cupones a la gente que tengan motos o carros.

-Oká, yo apago la moto frente a la puerta de la casa y toco el pito. ¿Toco la puerta también?

-¡Asere! Vamos a tener que mandarte al Ministerio de Comunicaciones para que pases un curso emergente de cartero. ¡Claro!, tienes que tocar la puerta, eso se cae de la mata. Tú sabes que la gente se pone a ver las novelitas y se olvidan del mundo. ¡Toca la puerta, consorte! Eso sí, debes hacerlo duro para impresionar, tú sabes cómo son los militares.

-¿Cómo son los militares, mi panga?

-¡Oye, Eduardo! Yo creo que es mejor buscarse a otro. No sé, me da mala espina, yo creo que el consorte es medio diferenciado. Intervino Emilio algo defraudado.

-¡Carajo! Estás vestido de uniforme y vienes a preguntarme cómo son los militares. ¡Ven acá, Pendás! ¿Por casualidad te has enterado que perteneces al ejército?

-Eduardo, no insistas, monina. Este tipo nos va a embarcar, ¿no te das cuenta que tiene el reloj atrasado como diez años?

-Tampoco así, Emilio. Él puede ser bobo, pero no comemierda. No se puede ser las dos cosas al mismo tiempo.

-¿Ustedes me están vacilando?

-No vayas a darle una falsa interpretación a lo que hablamos, consorte. El lío es que andas perdido, men. ¿Desde cuando tú no chocas con la bola? Dijo Emilio algo preocupado.

-Yo tengo la opinión de que primero debemos presentarle a tu prima Juanita para que lo sacuda un poco, el socio tiene el tejado superpoblado de espermatozoides. Pendás miró muy serio a Eduardo cuando terminó de decir aquellas palabras. -No te vayas a calentar con lo que dice mi hermano, pero de verdad, la dura, ¡asere, despierta!

-Oká, llego con la moto y la apago frente a la puerta de la casa, toco el pito y doy unos golpes fuertes, después digo el nombre de ustedes. Expresó Pendás algo convencido.

-Tampoco es así de jamón, siempre vas a encontrar algunas dificultades en la vida. Dijo Eduardo y lo miró fijo a los ojos, trataba de impresionarlo o presionarlo para que no se arrepintiera.

-¿Hay alguna trampa?

-No hay ninguna trampa, ¿cómo crees que te vamos a embarcar? El lío es que yo vivo en un tercer piso. Le contestó Eduardo.

-¡Carajo! ¿También hay que subir escaleras?

-¡No jodas! Si te manda el director de la academia aceptas hecho un carnerito y no preguntas tanto. Le respondió Emilio.

-¿Y dónde estaciono la moto?

-En la calle, como todo el mundo.

-¿Y si se la roban en lo que subo hasta tu casa?

-Todo tiene un precio en esta vida, Juanita tiene musiquita en la cintura, si tú ves a esa mulata no estuvieras preguntando tantas mierdas. ¿Va, o no va? Avisa con tiempo para buscarnos a otro socio con poder de mando y decisión. Eduardo se mantuvo en silencio en ese instante, consideró que su amigo tenía un fuerte poder de convencimiento.

-Oká, apago la moto y toco el silbato. Se llevó el instrumento hasta la boca y sopló con fuerza, todos los que se encontraban en la cola del comedor giraron sus cabezas. Me bajo y doy unos golpes fuertes en la puerta de la casa…

-Acuérdate que no te van a escuchar desde el tercer piso. Lo interrumpió Eduardo. -No olvides que debes presentarte con el file de las citaciones en las manos.

-¿Y ustedes van a estar en la casa?

-Por supuesto que nooooo. Vamos a inventar cualquier salida para que no nos veas la cara. Trató de calmarlo Eduardo.

-Porque si yo llego y ustedes me abren la puerta es muy seguro que lo cague todo, ya saben de los ataques de risa que me dan.

-No vamos a estar en casa a esa hora, yo me voy para el cine y dejo a los chamas con la suegra. Ella es un pan y vas a confundirla muy rápido. Dijo Emilio.

-¡Asere! Pero la suegra no vive conmigo, ¿qué hago? Eduardo dio muestras de confusión y disparó todas las alarmas de Emilio.

-¡No te bajes con ese número ahora! Trata de inventar cualquier cosa, pero no puedes estar en la casa, ya sabes que este gil se ríe por gusto. ¡Coño, consorte! Esas cosas no se dejan para último momento, no me explico, con la clase de camaján que eres.

-Oká, apago la moto y toco el pito. ¡Ya sé, ya sé que en tu caso tengo que fumarme tres pisos! Ven acá, ¿son pisos de puntal alto o moderno?

-No la pongas más difícil, llevas las cabronas citaciones o hablo con Juanita para que riegue por todos lados que eres yegua. Emilio no podía ocultar el agotamiento de su paciencia.

-Oká, apago el motor y toco el pito. En el caso de Eduardo subo los tres pisos y trato de mantener vigilancia sobre la moto para que no me la roben. Tumbo la puerta de la casa para que sepan que es un militar el que está tocando, ¿qué más?

-Cuando te abra la vieja metes mano por el file y dices el nombre de nosotros. La pura te va a decir que no estamos, esa es la parte importante. Le dices que es una citación militar y le haces firmar esta libreta donde consta que el mensaje fue recibido. Eduardo le entregó la libreta y Pendás la abrió, comprobó que ya estaba parcialmente llena con nombres, fechas y firmas.

-Oká, toco la puerta, apago la moto y sueno el silbato…

-Eduardo, vamos a buscarnos otro. Este tipo está cagado y no ha llegado al barrio, nos va a embarcar, consorte.

-Emilio, se te olvidó que el cuadre es para mañana y tenemos que morir con el panga.

-¡Coño, pero qué bruto es!

-Tenemos que morir con él. ¡Abre las guatacas! Es la última vez que te lo repito, apagas la moto, suenas el silbato, tocas con fuerza en la puerta para impresionar, mencionas el nombre de nosotros y luego le exiges a la vieja que firme la libreta. Si no lo haces así, olvídate del culito de Juanita.



Pendás apagó la moto, tocó fuertemente la puerta de casa de Emilio y luego sonó el silvato, gritó a toda voz el nombre, pero aquella acción le tomó varios minutos por su tartamudez. La puerta fue abierta por un muchacho de fuerte constitución corporal que rondaba los veintiséis años.

-¡Oye, tú! Los que vivimos aquí no estamos sordos. ¿Eres comemierda o estás mareado?

-E, E, E, Emi, Emi…

-Emilio no se encuentra. Le respondió una mujer mayor de edad a espaldas del agresivo muchacho y aquello le devolvió la tranquilidad al mensajero.

-Te, Te, Tengo una cita, cita, ción para él.

-¿De dónde? Preguntó la vieja.

-De, de, de, la Unidad Militar, firme aquí. Le entregó la libreta y un bolígrafo que tenía en el bolsillo del uniforme. Le dio dos patadas a la palanca de arranque de la moto y se perdió loma abajo. Tras él, la vieja continuaba en la puerta leyendo el mamotreto que le habían entregado. Amarró la moto como si fuera un caballo al poste de electricidad y subió los tres pisos. Sonó el silbato y dio tres fuertes golpes en la puerta que estremecieron todo el apartamento. Eduardo abrió la puerta protestando y Pendás sufrió un ataque de risa. Fue invitado a pasar y esperar por el café, no se atrevió a entregar nada y la conversación se desvió hacia asuntos sin importancia.



-¿Y esto qué es? Le preguntó la mujer a Emilio cuando regresaron del cine.

-¿Esto? Una citación de la academia, pero olvídalo, yo no soy militar y no asistiré.

-Yo creo que debes ir, eso te puede perjudicar. Intervino la suegra mientras Emilio era seguido por la mirada desconfiada de su esposa.

-¿Qué es Posición Uno? Preguntó ella y no le apartaba la vista, medía todas sus palabras y reacciones.

-¿Posición Uno? Que debes presentarte en la academia y llevar ropa interior, toalla, pasta de dientes y máquina de afeitar.

-¿Y la Posición Dos? Porque imagino exista.

-¿La Dos? Hay que presentarse en la playa de Marianao.

-¿Y la tres?

-¿La Tres? Hay que mantenerse alerta en la casa y pendiente de algún aviso. Olvídalo, yo no voy a la una, ni la dos, ni la tres. Yo soy civil y esta gente se ha equivocado. Nada, cosa de los militares.

-Yo soy de la opinión que debes asistir, no olvides que eres oficial de la marina mercante. Insistió la buenaza de la suegra ante la mirada desconfiada de su hija.

-No voy, no se me ha perdido nada en esa vida de guardias. Se sentaron a comer y luego continuaron viendo el televisor. Pocos minutos más tarde, la esposa de Emilio le entregaba una bolsita con el contenido exigido para la Posición Uno.

-Yo creo que es mejor te vayas y asistas a esa citación militar. Emilio no quiso entrar en contradicciones y partió rumbo a la parada de la guagua.



-¿Y Eduardo? Le preguntó a la muchacha que esperaba por él en el bar del Conejito.

-No sé, no ha llegado y mira la hora que es. Tampoco eran sencillas las comunicaciones en esos tiempos.

-Ya sabes como está el transporte, vamos a esperar un poco más. Trató de consolarla.

-Yo creo que me dejó plantada. Dijo la muchacha muy próxima la medianoche.

-Mejor nos vamos y que cada cual tome su rumbo. Emilio y su amiga la acompañaron hasta la parada de la guagua y la despidieron entre justificaciones que parecían lamentos. Ellos tomaron un taxi que los condujo al hotel Vedado, la habitación había sido reservada desde el bar del Conejito por esa magia que solo ofrece el sociolismo.

-¿Y esto que es? Le preguntó Emilio algo angustiado.

-Acabo de caer con la cosa, pero podemos convertir el revés en victoria. Le respondió ella tratando de calmarlo.

-¡Coño! No me vengas con consignas revolucionarias después de joder una fuga perfecta, ¡vístete!

-¡Pero, mira! Podemos hacer otra cosa.

-¡Oye! No hay arreglos, voy a dormir a mi casa. Tengo que levantarme a las cinco de la mañana para partir a la academia.



-¿Qué haces aquí? Le preguntó ella cuando lo sintió acostarse a su lado. Esa noche no lo había olfateado como en ocasiones anteriores, tampoco observó el despertador que él atrasaba antes de acostarse y luego ponía en hora antes de quedarse dormido.

-Me escapé, no podía dormir con la cantidad de mosquitos que hay en esa academia. Además, yo no soy militar, al carajo la Posición Uno.

-Eso te puede perjudicar. Emilio trataba de dormirse entre silbatos y toques de puertas violentos, una moto que arrancaba loma abajo y aquella discusión que mantenía con Eduardo.

-¡Coño! Tan perfecta que había sido esta fuga.



Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2008-06-14

Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.

Otros trabajos pueden encontrarse en las sig. direcciones:


http://www.conexioncubana.net/
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Re: “”” LA FUGA PERFECTA.”””

Mensaje por CUENTERO MENOR el Sáb Jun 14, 2008 10:11 pm

Esteban, Hermano esas cosas suceden...
Son tan reales y naturales como la vida misma.
Después de una Planificación Perfecta, sorprende la Mensual y te queda la Opción Anual.
Gracias por tu escrito.

Saludos

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