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Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

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Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:11 am

LO SIENTO, PUEDE QUE NO ESTEN EN ORDEN...(LOS ARTICULOS)





Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Antes del exilio


By RAFAEL ROJAS

La experiencia del exilio ha quedado asociada a las grandes dictaduras del siglo XX. Cuando pensamos en exiliados nos vienen a la mente los emigrées que escaparon al bolchevismo y el estalinismo, los judíos que sobrevivieron al holocausto en Estados Unidos, los rumanos en París o los miles de españoles refugiados en México durante el franquismo. Sin embargo, como advierte Edward W. Said en Reflections on Exile, ese fenómeno no es privativo del siglo XX: desde la antigüedad clásica y, más atrás, desde la historia sagrada, hay exilio.
Durante todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, en Cuba, hubo exilios. No fueron tan nutridos ni constantes, como el que provocó la revolución de 1959, pero crearon una cultura migratoria que todavía gravita sobre la memoria de los exiliados actuales. La palabra exilio, de hecho, prácticamente no aparece en el lenguaje de los emigrantes cubanos del siglo XIX: entonces se hablaba, más bien, de emigración y destierro. Pero, en los casos de conocidos intelectuales y políticos, la salida de la isla estuvo ligada a órdenes de deportación o a riesgos vitales, por lo que el concepto de exilio es aplicable por antonomasia.
En el siglo XIX son localizables, por lo menos, tres momentos del exilio cubano: el de José María Heredia, el de José Antonio Saco y el de José Martí. Cada generación no debería ser entendida como una caja de resonancia de dichas figuras sino como una comunidad intelectual y política heterogénea. Esos tres nombres son sólo señales cronológicas y no emblemas de la experiencia exiliada. Junto a cada uno de ellos veremos a decenas o a cientos de exiliados que, por diversas razones, abandonan Cuba bajo los momentos más autoritarios del régimen colonial español y se afincan en ciudades americanas y europeas.
La primera generación de exiliados es la que sale de Cuba en los años 20 del siglo XIX y que, además de Heredia, incluye a Félix Varela, José Antonio Saco, Gaspar Betancourt Cisneros, Pedro de Rojas, José Teurbe Tolón, José Agustín Arango y los hermanos José Aniceto y Antonio Abad Iznaga. Esta generación, que podríamos llamar ''bolivariana'' y que estuvo involucrada en las conspiraciones masónicas de los Soles y Rayos de Bolívar y la Gran Legión del Aguila Negra, trabajó a favor de la independencia de Cuba desde Nueva York y México, fundamentalmente, y produjo publicaciones tan valiosas como El Habanero y El Mensajero Semanal, redactados por Varela y Saco, y El Iris, la gran revista literaria emprendida por Heredia y los carbonarios italianos, Florencio Galli y Claudio Linati, en México.
El segundo momento del exilio podría enmarcarse entre mediados de los años 30, cuando Saco es deportado por el general Tacón, y el estallido de la Guerra de los Diez Años en 1868. Esas son las décadas de la gran conspiración anexionista en Nueva York y Nueva Orleáns, en la que se destacan el Lugareño, Cristóbal Madan, José Luis Alfonso, Porfirio Valiente, José Sánchez Iznaga, Juan Clemente Zenea, Miguel Teurbe Tolón y Cirilo Villaverde. Son también los años de la propaganda reformista y antianexionista de Saco desde Europa, de la poesía patriótica de El laúd del desterrado, la célebre antología lírica de 1858 y del periódico La Verdad (1848-1860).
La tercera generación de exiliados cubanos del siglo XIX es la que podría localizarse en Nueva York en las tres últimas décadas de aquella centuria. Generalmente se asocia esa emigración a José Martí y con frecuencia se olvida que antes de la llegada de éste, en 1880, había un núcleo importante de cubanos que, en buena medida, provenía de la corriente anexionista. Tras el arribo de José Morales Lemus a la ciudad, la vieja Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, fundada por los anexionistas, se convirtió en la Junta de Nueva York, una asociación de patriotas cubanos que se encargaron de presionar a favor del reconocimiento de la beligerancia del ejército libertador y de respaldar económicamente la guerra desde el exilio.
Como ha narrado Gerald E. Poyo, en su libro Whith All, and for the Good of All (1998), un estudio sobre el nacionalismo de la emigración cubana a fines del siglo XIX, las tensiones entre los viejos anexionistas (Villaverde, Bellido de Luna, Macías), algunos emigrados más recientes, como los hermanos Del Castillo, José de Armas y Céspedes, José J. Govantes y Francisco Valdés Mendoza, y el liderazgo ex reformista de la Junta (Morales Lemus, Miguel Aldama, José Antonio Echeverría, José Manuel Mestre) generaron fracturas políticas y un vivísimo debate público en periódicos como La Revolución, El Demócrata, La República, El Pueblo, La Independencia y La Voz de la Patria.
La llegada de Martí a Nueva York, en 1880, coincide con una merma del activismo político anexionista --aunque Martí llegó a hacer amistad con algunos de ellos, como Néstor Ponce de León y José Ignacio Rodríguez-- y con la democratización social de la emigración. El aumento de la población de tabaqueros cubanos en Cayo Hueso y Tampa, en aquella década, fue impresionante: en la primera ciudad vivían más de mil y en la segunda llegó a haber más de 20,000. Esa emigración y la que se asentó en las ciudades mexicanas de Veracruz y Mérida, compuesta, sobre todo, por comerciantes, pequeños y medianos agricultores y profesionales, vendrían siendo los primeros exilios masivos de la historia moderna de Cuba.
Entre 1888 y 1895 José Martí desplazó los antiguos liderazgos del exilio cubano y convirtió a los tabaqueros en la base social y económica del Partido Revolucionario Cubano. El joven poeta habanero otorgó a su organización una perspectiva diaspórica, ya que instruyó a los representantes en México, Nicolás Domínguez Cowan y José Miguel Macías, para que aprovecharan el capital político y económico de los emigrantes del Golfo y la península de Yucatán. La guerra de independencia de 1895, como quería Martí, no sólo fue una insurrección contra el orden colonial español sino una revolución popular contra un sistema social excluyente y jerárquico.
La muerte de Martí, sin embargo, no acabó con la actividad política de los emigrantes cubanos. La colonia de Nueva York se diversificó políticamente con la llegada de importantes intelectuales, como Enrique José Varona, quien sustituyó a Martí en la dirección de Patria, y con las intervenciones públicas del conocido ex autonomista Raimundo Cabrera y Bosch, quien editó, en esa ciudad, su influyente revista Cuba y América. En 1898, los principales líderes de la emigración cubana (Estrada Palma, Quesada, Guerra, Varona, Cabrera, Rodríguez) regresaron a la isla y ofrecieron sus servicios a la nueva república.
Aunque la emigración cubana más cuantiosa del siglo XIX fue la de Estados Unidos, es equivocado reducir todo el exilio de aquella centuria a ese país. Desde fines del siglo XVIII, cuando emigró el historiador matancero Antonio José Valdés, también vivieron cientos de cubanos en México. En Europa, especialmente, en Madrid y París, siempre hubo cubanos: Domingo del Monte, como Saco, vivió entre París y Madrid, cuando fue condenado a destierro por tomar parte en la conspiración de La Escalera, la escritora camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda vivió casi toda su vida en Madrid y algunos años en Sevilla, el historiador y ensayista Enrique Piñeyro, quien acompañó a Morales Lemus en su exilio neoyorquino, se estableció definitivamente en París, en 1882, y allí vivió hasta su muerte en 1911.
¿Hubo exilio en la República (1902-1959)? La pregunta parece sencilla, pero no lo es. Al eliminarse el castigo colonial de la deportación, las emigraciones republicanas, además de no ser masivas, fueron casuísticas y voluntarias. Cuatro ex presidentes cubanos (Tomás Estrada Palma, Mario García Menocal, Alfredo Zayas y Ramón Grau San Martín) murieron en Cuba. Pero otros cuatro (José Miguel Gómez, Gerardo Machado, Carlos Prío Socarrás y Fulgencio Batista) murieron en el exilio. Los momentos más cercanos a la experiencia del exilio en la República son aquellos en que el régimen político se acerca al autoritarismo y sobrevienen revoluciones.
Hubo exilios a fines de los 20, cuando la ''prórroga'' de poderes de Machado, como el de Julio Antonio Mella en México, y hubo exilios antes y después de la Revolución de 1933, como los del propio Machado y varios intelectuales machadistas, como Alberto Lamar Schweyer y Ramiro Guerra, o antimachadistas, como Fernando Ortiz, Jorge Mañach y Juan Marinello. A fines del gobierno de Federico Laredo Bru y, sobre todo, en vísperas de la Constitución de 1940, todos aquellos exiliados, menos Machado, habían regresado a Cuba.
Durante los seis años del último gobierno de Fulgencio Batista (1952-1958) también hubo exilios breves y voluntarios. La amnistía general de 1955 provocó el regreso de algunos políticos opositores, como el ex presidente Prío, quien vivía desde 1953 en Miami, y, a la vez, la excarcelación de Fidel Castro y sus hombres, quienes se trasladaron a la capital de México. A partir de 1957, esta ciudad se convirtió en un importante centro conspirativo de la oposición antibatistiana: en ella vivieron los expedicionarios del Granma y, luego, muchos miembros del Movimiento 26 de Julio, varios auténticos importantes, encabezados por Aureliano Sánchez Arango y Raúl Roa, y algunos comunistas como Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca.
También en Estados Unidos y Europa vivieron activistas de las diversas organizaciones revolucionarias. Muchas familias de la clase media y alta de la sociedad cubana enviaron a sus hijos a importantes universidades norteamericanas. A fines de la década, en Nueva York vivían cientos de cubanos que simpatizaban con la Revolución y que contribuían a su financiamiento. El papel de aquellos emigrantes, como soporte económico e ideológico de la caída de Batista, no ha sido suficientemente destacado por la historiografía.
Durante todo el período republicano hubo emigraciones artísticas e intelectuales. Las estancias de Alejo Carpentier en Caracas, de Wifredo Lam en París o de Virgilio Piñera en Buenos Aires serían sólo tres entre muchas. En todos los casos, la posibilidad de regresar a la isla nunca estuvo vetada. De ahí que sea difícil llamar exilios a esas experiencias migratorias, aunque, en un sentido metafísico, la noción de exilio alude a un desplazamiento territorial no siempre motivado por regímenes políticos autoritarios. También las democracias han producido exilios, pero éstos han sido breves, revocables y aislados, como casi todos los exilios de la Cuba republicana.
En la larga duración de la historia cubana, las dos etapas generadoras de exilios masivos y duraderos fueron el sistema colonial del siglo XIX y el sistema ''socialista'' de la segunda mitad del XX. El período republicano, por el contrario, se caracterizó por el fenómeno opuesto: la constante inmigración de extranjeros en la isla. Esa diferencia demográfica sería inexplicable sin el amplio margen de libertades públicas y el sostenido crecimiento económico que experimentó la isla en la primera mitad del siglo XX. El contraste de esa época con su pasado y su futuro se vuelve cada día más evidente y obliga a una reescritura de la historia cubana, desde el punto de vista de la ciudadanía y sus derechos.•






Última edición por M.L. matanzas el Dom Mayo 18, 2008 9:42 am, editado 1 vez

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:16 am

Cubanos en la Florida antes del exilio (FOTOS)


http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/208178.html



El edificio del Círculo Cubano de Tampa, en 1920. Special Collections Department / USF Tampa Library



Special Collections Department / USF Tampa Library


Directiva de la Unión Martí-Maceode Tampa. Sentados, de izquierda a derecha: Jose C. Rivas, Jacinto San Martin, tesorero; Francisco P. Flores, presidente; Julio D. Pozo, secretario; Juan Franco. De pie, primera fila, izquierda a derecha: Eladio Valdes, Emilio Carcanal, contador, Alejandro Hernandez, Pablo A. Valdes, Juan Casellas. Segunda fila: Rogelio Perez, Gustavo Linares Special Collections Department / USF Tampa Library



La Estudiantina de la Academia Musical del Círculo Cubano de Tampa. Noviembre de 1917. Special Collections Department / USF Tampa Library


Special Collections Department / USF Tampa Library


José Martí (centro) posa con los cubanos de Tampa. Special Collections Department / USF Tampa Library



José Martí

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:22 am




Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Olas migratorias desde 1959 entre el desencanto y la desesperanza


By SILVIA PEDRAZA

El triunfo de la revolución cubana fue uno de los eventos políticos más populares del siglo XX. El movimiento social, que la mayoría de la población cubana inicialmente aplaudió y por el que muchos arriesgaron su vida, tuvo la capacidad de captar la imaginación. Romántico en su ejecución, con un clamor de justicia social, disfrutó de amplio apoyo internacional.
Sin embargo, 40 años después de aquella eclosión, 1.7 millones de personas --el 15 por ciento de los cubanos-- de una población de 11.2 millones, habían abandonado la isla al sentirse desencantados o traicionados por la revolución. Un proceso de desafecto político llevó a muchos cubanos --entre ellos ardientes simpatizantes en los comienzos-- a dejar su patria y convertirse en refugiados en otras tierras.
El éxodo cubano tras la llegada de Fidel Castro al poder, alberga cuatro grandes oleadas migratorias, cada una caracterizada por una composición social diferente, con respecto a clase social, raza, educación, género, composición familiar y valores; diferencias que fueron resultado de las cambiantes fases de la revolución cubana. La comunidad cubana en el Estados Unidos de hoy está compuesta por distintas ''cosechas migratorias'' --inmigrantes que vivieron diferentes procesos sociales de madurez, a veces incapaces de comprenderse entre sí.
La primera ola: La élite de Cuba
En 1972, los investigadores Nelson Amaro y Alejandro Portes describieron como cambiantes las fases iniciales del éxodo cubano a lo largo del tiempo, tomando en cuenta la principal motivación de los exiliados para dejar su patria: ''los que esperan'' dieron paso a ''los que escapan'' y éstos a ''los que buscan''. Para actualizar su análisis, en 1996 agregué ''los que tenían esperanzas'' y ``los desesperados''.
En la primera ola (1959-1962), los que se fueron constituían la elite de Cuba: ejecutivos y propietarios de firmas, grandes comerciantes, propietarios de ingenios, ganaderos, representantes de compañías extranjeras y profesionales. Se fueron cuando la revolución sacudió el viejo orden social con medidas como la nacionalización de la industria norteamericana y las leyes de reforma agraria, así como el rompimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos. ''Los que esperan'' representan estos primeros refugiados que llegaron pensando que el exilio sería temporal, aguardando por la ayuda estadounidense para derrocar el nuevo gobierno de Cuba.
En esta primera oleada llegó un éxodo compuesto principalmente de cubanos de raza blanca, de la clase profesional, cuyas vidas poseyeron la indulgencia y el ritmo que a veces acompaña la vida de las clases medias y altas en países en vías de desarrollo, junto con todos los atavíos modernos que provenían de su rico vecino del Norte.
Muchos cubanos que lucharon en la revolución inicialmente lo hicieron porque querían restaurar la democracia en Cuba: la Constitución de 1940 y las elecciones. Para ellos, el desvío de Fidel Castro hacia el comunismo traicionó esos ideales de una revolución que no era verde --``verde como las palmas de Cuba''-- sino roja.
Pronto se unieron a la oposición dentro de la isla, en la resistencia clandestina y fuera de la isla, preparando la invasión de exiliados por Bahía de Cochinos. Esta primera fase comenzó con el triunfo de la revolución en 1959 y terminó con el fracaso de la invasión en abril de 1961.
''Los que escaparon'' constituyen la segunda fase que comenzó con la creciente agitación política. La Iglesia Católica, que denunció la revolución, fue silenciada; el sistema electoral fue desmantelado; y la sociedad civil se derrumbó, al tiempo que eran clausurados los medios de prensa independientes, las estaciones de radio y televisión, y Fidel Castro anunciaba que siempre había sido marxista-leninista y que lo seguiría siendo hasta el fin de sus días.
Como resultado, el éxodo se duplicó. Castro calificó a todos los que se fueron como ''gusanos''. Aunque seguía siendo un éxodo principalmente de la clase media y alta, esta vez la mayoría era de la clase media, cubanos que quisieron escapar de un intolerable orden nuevo.
Los censos estadounidenses de 1990 y 2000 califican a los cubanos de acuerdo con el año en que vinieron a EE.UU. El censo de 1990 provee un estimado mejor de las primeras oleadas, mientras que el de 2000, ofrece un cuadro extendido sobre las oleadas más recientes. De acuerdo con el censo de 1990, entre 1960 y 1964, llegaron unos 173,000 cubanos. La primera oleada terminó en octubre de 1962 cuando, como resultado de la Crisis de los Misiles, todos los vuelos comerciales cesaron.
La segunda ola: La pequeña burguesía cubana
En el otoño de 1965 empezó un caótico éxodo. Cientos de embarcaciones salieron del puerto cubano de Camarioca rumbo a Miami. Habían recogido miles de parientes para traerlos a EE.UU. Debido a la crisis y a la simpatía del presidente Lyndon B. Johnson por los cubanos, a los que percibía como víctimas del comunismo, Washington y el gobierno cubano negociaron la salida de los cubanos a través de un puente aéreo. Los llamados Vuelos de la Libertad estuvieron transportando cubanos diariamente hasta 1974. El éxodo se convirtió en un ordenado movimiento de refugiados. También se estableció el Programa de Refugiados Cubanos. En 1966 entró en efecto la Ley de Ajuste Cubano (CAA, por sus siglas en inglés), que les facilitaba a los nacionales cubanos adquirir la residencia permanente. Todavía está en vigor y le permite a los cubanos que entran en el país solicitar la residencia tras un año y un día, una significativa ventaja en relación con otros inmigrantes. En la mayor ola hasta el momento, más de 250,000 cubanos emigraron a territorio estadounidense.
Esta ola migratoria estuvo compuesta mayoritariamente por la clase obrera y la pequeña burguesía: empleados, artesanos, pequeños comerciantes, trabajadores calificados y semicalificados. Se fueron durante los años de mayor idealismo de la revolución cubana. Para muchos, la Cuba de aquel entonces permanecía llena de romanticismo y bajo la promesa cardinal de un futuro mejor. El paso del tiempo demostró que esas esperanzas eran falsas. Aunque el gobierno cubano hizo verdaderos esfuerzos por llevar la educación y la atención médica a todas las clases sociales, el embargo comercial hemisférico comenzó a sentirse; el éxodo siguió siendo ''una fuga de cerebros'' de profesionales y Cuba no pudo dejar la monoproducción azucarera.
De esta forma, a juicio de Amaro y Portes, la emigración dejó de ser política y se volvió económica. Su distinción, sin embargo, ignora que aunque la vida en Cuba se hizo dura para todos, se volvió particularmente amarga para los que declararon su intención de salir del país. Cuando la emigración empezó a principio de los años 60, 31 por ciento de los cubanos que llegaban eran profesionales o gerentes. En 1970, sólo 12 por ciento lo era, mientras que más de la mitad eran obreros industriales, agrícolas o de servicios. En general, los emigrantes de la segunda ola representaban ''sectores de servicios'': cocineros, jardineros, domésticos, vendedores callejeros, barberos, peluqueros, choferes de taxi y pequeños detallistas. Se fueron cuando Castro lanzó una nueva ''ofensiva revolucionaria'' que confiscó más de 50,000 pequeños negocios de propiedad privada.
Una vez que se terminó la transición económica al socialismo, en los años 70 Cuba experimentó una institucionalización que copiaba las características del comunismo de Europa del Este.
El fracaso de las movilizaciones masivas para conseguir una zafra de 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, en las que Fidel Castro apostó el honor de la patria, produjo una profunda conmoción política. En lo adelante, el idealismo y romanticismo de los años 60 dieron paso al pragmatismo. En 1978, hubo un diálogo entre el gobierno cubano y representantes del exilio cubano. Como resultado, el gobierno cubano acordó liberar a 3,600 prisioneros políticos y permitió que los cubanos en Estados Unidos pudieran visitar a sus familias en Cuba.
La tercera ola: Los ``marielitos''
Esas visitas fueron parcialmente responsables de la tercera ola: el caótico éxodo de embarcaciones que partieron de la bahía del Mariel en 1980, trayendo más de 125,000 cubanos a Estados Unidos. Los cubanos embarcaron desde Miami para traer a sus familias a EE.UU. Muchos lo consiguieron aunque también tuvieron que traer a otras personas que los funcionarios cubanos pusieron en sus embarcaciones. Estos incluyeron a quienes Castro calificó de ''escorias'': presos (presos políticos o verdaderos criminales); enfermos mentales y homosexuales. Muchos de los que salieron por el Mariel habían participado en instituciones políticas como la Unión de Jóvenes Comunistas o los Comités de Defensa de la Revolución, lo que suponía una fuerte integración política. Eran los hijos de la doble moral.
La principal característica de los ''marielitos'' era su juventud. La mayoría eran jóvenes solteros, con o sin familia. Además había una proporción visiblemente mayor de negros. Era un éxodo formado abrumadoramente por trabajadores. Además, también vinieron muchos intelectuales y artistas que se autoidentificaron como la Generación del Mariel. El gobierno estimuló los actos de repudio contra los que se iban. Fueron insultados, golpeados y humillados. Por eso, ''los que tenían esperanzas'' marcaron esta oleada.
La mayoría de los ''marielitos'' crecieron a fines de los años 60 o en los 70, una época en la que los problemas relacionados con la libertad de expresión se agudizaron mucho, especialmente para artistas e intelectuales, y las ''desviaciones'' manifiestas como la homosexualidad, se castigaban con la cárcel. Por lo tanto los marielitos eran una ''cosecha'' distinta a la de los exiliados iniciales. Después de 20 años de éxodos, se enfrentaron dos ''cosechas'' que podrían ser mutuamente hostiles, porque en el mejor de los casos faltaba el entendimiento.
La cuarta ola: Los balseros
Al término de los años 80, comenzó un nuevo éxodo cubano que no ha terminado aún. La crisis económica en la isla alcanzó más profundidad cuando el comunismo se desplomó en Europa oriental y en la Unión Soviética, dos puntales enormes de la dependencia de Cuba. El impacto fue tan devastador que el propio Fidel Castro declaró un ''período especial''. Para el cubano promedio, la vida en la isla se hizo insoportable, una pesadilla de la que no podían despertar. Más aún, el colapso del comunismo en Europa Oriental tuvo un profundo efecto en muchos cubanos que hasta entonces habían creído que el comunismo era un sistema bueno. La forzosa transformación de los 80 reflejaba los debates que sacudieron al mundo comunista: el glasnost y la perestroika.
Al principio, el nuevo éxodo cubano era mayormente ilegal. Los cubanos estaban tan desesperados que se iban en balsas, arriesgándose a morir de hambre o de deshidratación, a ahogarse o que se los comieran los tiburones. La crisis, tanto política como económica, se agudizó en el verano de 1994, cuando más de 34,000 cubanos huyeron después de que Castro diera instrucciones a sus Tropas Guardafronteras de no detener a los que se marchaban de la isla. Pero en EE.UU. hubo un abrupto cambio de política y la entonces Secretaria de Justicia, Janet Reno, determinó que los balseros eran inmigrantes ilegales y que había que evitar ese tipo de inmigración. Eso contrastaba marcadamente con el antiguo concepto estadounidense de que los cubanos eran víctimas del comunismo y, por lo tanto, merecían ser bienvenidos. El Servicio Guardacostas de EE.UU. los empezó a bloquear en alta mar y a llevarlos a Guantánamo. Los balseros de Guantánamo se reubicaron en todas partes de EE.UU. después de una orden presidencial. ''Los desesperados'' constituyen la ola más reciente.
En 1994 y 1995, Cuba y EE.UU. firmaron los nuevos acuerdos migratorios y Washington accedió a conceder 20,000 visas anualmente para procesar a los cubanos y permitirles una salida legal y ordenada. Entró así en efecto la nueva política ''de pies secos y pies mojados'' . Los que huyen de Cuba y son interceptados en el mar antes de llegar a EEUU se repatrían, y los que llegan a tierra se quedan y pueden valerse después de la CAA. Esta ley ya no será necesaria cuando Cuba pueda exhibir un sistema democrático, pero su desactivación obviamente no llegará con la muerte de Fidel Castro, que es sólo una parte de esa ecuación de futuro.
Contrastando con los exiliados antiguos, los recientes casi siempre señalan los adelantos de Cuba en salud y educación como signos de progreso social, y mencionan el ascenso de niveles sociales experimentado por ellos: de cómo siendo miembros de familias humildes pudieron estudiar en universidades y convertirse en profesionales bien entrenados. Pero de ahí pasan inmediatamente a explicar que el gobierno, el sistema impuesto por Castro, no acepta que ese entrenamiento debe ir acompañado de libertades individuales y del derecho fundamental a la libre expresión.
Todos los que se fueron huyendo del régimen castrista tuvieron que sorportar enormes pérdidas, no sólo propiedades y nivel social, sino también recuerdos, crianza, una vejez cómoda, condiscípulos, barrios y trabajo con aquellos con los que compartieron sus vidas emocionales. Contra su voluntad y sus esperanzas, sus vidas se troncharon. La mayoría se fue de Cuba para nunca regresar, de modo que tenían que reconstruir un proyecto de familia y de vida. No todos pudieron establecer nuevos hogares y restaurar parte de sus vidas en el empeño por reencontrarse con familiares y amistades.
Con la transferencia del poder a Raúl Castro ha comenzado en Cuba la transición de salida del sistema comunista. Habrá un nuevo amanecer, un nuevo despertar democrático. En realidad, la pugna en pos de la democracia ha tenido lugar en Cuba durante todo el siglo XX, desde su independencia en 1902. Sólo terminará cuando los cubanos lleguemos a valorar las instituciones democráticas que han sido tan difíciles de consolidar. Hasta entonces, seguiremos, como decía José Martí, sudando nuestras fiebres. Y escapando de nuestra realidad.•




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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:23 am




Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Operación Pedro Pan, el éxodo de la inocencia


By YVONNE M. CONDE

Imagínense que Miami Springs o Key Biscayne se vaciaran por completo. Mayor aún que el número de residentes en esas zonas fue la cifra de participantes en el único éxodo infantil político en este hemisferio: 14,048. Niños cubanos todos, fueron enviados solos a los Estados Unidos en un período de 22 meses entre diciembre de 1960 a octubre de 1962.
Hoy conocido como Operación Pedro Pan, es uno de los capítulos más tristes de la emigración, no sólo cubana sino mundial, pero a la vez es uno de los más ignorados fuera de Miami. También fue una ola inmigratoria mayormente involuntaria, ya que fueron los padres de la mayoría de estos niños quienes tomaron la difícil decisión. No escogieron su destino como inmigrantes --les fue impuesto.
Por desgracia, este éxodo infantil es solamente uno de los varios en la historia. La primera evacuación organizada y masiva de niños comenzó durante la guerra civil española después del bombardeo a Guernica en abril de 1937. El gobierno vasco envió 32,000 menores a Francia, Gran Bretaña, Bélgica, México y la Unión Soviética. Muchos, hoy conocidos como ''La generación de Guernica'', no regresaron a su país o lo hicieron ya tarde en su vida. Numerosas familias cubanas tenían conexión directa con esta guerra.
Justo antes de la II Guerra Mundial, después del pogromo del 9 de noviembre de 1938, organizaciones judías y otras en Gran Bretaña ayudaron a 10,000 niños, mayormente judíos, a salir de Alemania, Checoslovaquia, Austria y Polonia en una operación conocida como Kindertransport. Esos padres tomaron la misma decisión --una separación involuntaria-- al enviarlos solos a encontrar refugio salvándoles así la vida. Nueve mil de ellos nunca volvieron a ver a sus padres.
Durante la guerra civil griega más de 28,000 niños fueron secuestrados para ser adoctrinados bajo el comunismo. En la llamada Paidomazoma, estos fueron enviados a Albania, Yugoslavia, Polonia, Alemania del este, Bulgaria, Rumania, Hungría y Checoslovaquia. Las Naciones Unidas aprobaron dos resoluciones pidiendo su repatriación. ''Son las víctimas inocentes de la guerra civil'', declaró Andreas Loverdos, ministro del interior griego, al periódico The Guardian.
Noemí Gutiérrez, de 86 años, residente de Pompano Beach, aún llora recordando el día en que envió solos a sus cuatro hijos mayores a Miami. 'El más chiquito, Marcos, de seis años, se me agarró a la falda y me dijo,`Mami, no me quiero ir', fueron momentos terribles''. Comparar algo tan subjetivo como el grado de dolor o angustia por una separación es imposible. Pero sólo los padres cubanos que enviaron sus hijos solos pueden apreciar el pánico y la desesperación de otros padres que pasaron por circunstancias similares. ''Las madres quieren siempre lo mejor para sus hijos y nunca pensé que me había equivocado en mi decisión, hasta el día de hoy. Fueron tiempos muy malos'', añade Gutiérrez.
¿Por qué tomaron los padres cubanos la drástica medida de separarse de sus hijos? Las razones siempre son las mismas --Gutiérrez nombra el rumor de la Ley de la Patria Potestad, según el cual los niños iban a pasar a ser propiedad del gobierno. Otros padres enumeran el temor al adoctrinamiento comunista, o a que sus hijos corrieran la misma suerte que los 400 jóvenes cubanos enviados a Rusia a finales de 1960, seguidos por más de mil en enero del 1961, entre ellos Fidelito, el hijo de Fidel. También la ruptura diplomática con los EE.UU., el cierre de las escuelas católicas, y la deportación de los curas y las monjas. El que algunos jovencitos estaban envueltos en actividades contra el gobierno. ''Yo pedí salir'', dice Eduardo Aguirre, actual embajador de los EE.UU. en España y antiguo director de la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración estadounidense, quien tenía entonces 15 años. ``Estaba empezando a meterme en actividades contrarrevolucionarias. Era una locura. Ibamos a terminar mal''.
En un paso sin precedente en la historia inmigratoria estadounidense el Departamento de Estado concedió al padre Bryan Walsh, director del programa y persona no gubernamental, la autoridad de entregar un permiso especial para entrar en el país. Conocido como visa waiver en inglés, esta era otorgada a cualquier niño cubano entre los seis y 18 años que deseara entrar a los EE.UU. bajo la tutela de la diócesis de Miami. El gobierno le llamó Programa de Niños Cubanos No Acompañados. Fue un ingenioso reportero de The Miami Herald, Gene Miller, en un artículo en 1962 sobre los niños cubanos, quien le dio un giro tropical al llamar Pedro al consabido niño del país de Nunca Jamás, Peter Pan, quien también volaba, y no tenía padres.
Al llegar a los EE.UU. la mitad de los niños fueron recibidos por familiares o amigos, la otra mitad enviados a campamentos provisionales en Miami donde aguardaban su relocalización a otras partes del país. Iban a colegios u orfanatos, a casas de acogida dondequiera que familias americanas les abrieran las puertas. El gobierno de los Estados Unidos asumía todos los gastos del programa. Aguirre narra, ``Yo fui a un orfanato en Luisiana llamado Hope of Heaven. Al llegar mis padres, Catholic Charities alquiló una casa grande y mis padres manejaban un hogar de acogida para niños cubanos en Luisiana, donde vivíamos nosotros y ellos. Por ahí pasaron en un período de tres años como 36 niños, al principio cubanos, después americanos''.
Hoy, casi al cumplirse 50 años del comienzo de los cortos vuelos desde Cuba hacia la libertad, tres grupos de Pedro Panes tratan de mantener la historia y los lazos de ese éxodo vivos al igual que la memoria de monseñor Bryan Walsh, fundador del proyecto, quien falleció en 2001. La meta es una: Localizar a los más de 14,000 que entraron en los EE.UU. gracias a este programa.
''Este es un portal cibernético bilingüe para reunir a los niños adultos de la Operación Pedro Pan,'' anuncia en inglés www.Campmatecumbe veterans.com que pertenece a Manny Gutiérrez, conocido entonces con el apodo de ''El Terrorista''. Del campamento Matecumbe pasó a Lincoln, Nebraska. Casado desde 1969 con otra Pedro Pan, Dory, Gutiérrez relata como comenzó su búsqueda personal. ''Me encontré con Frank Ramos, ``Superman'', y pensé ''si nos encontramos dos y yo he visto a otros tres o cuatro más y ahora que existe la internet, quizás nos podemos encontrar más'''. El ha logrado reunir los nombres (y nombretes) de 1,767 Pedro Panes y envía un sociable ciberperiódico mensual. Anuncios de niños buscando a compañeros de la época son frecuentes.
¿Pero dónde está el resto? Esas mismas esperanzas de encontrar a otros que pasaron por la misma separación motivó a Oscar Pichardo, Berta Freire y otros Pedro Panes de California a comenzar en 2005 Cuban Kids from the 60's Exodus.''Me encontré con Berta Freire en un velorio y ahí empezamos a hablar del deseo de compartir y encontrar a otros, saber sus historias y ver cómo estaban. Tener una pequeña fraternidad --y también siempre ha sido muy importante para nosotros darle homenajes a nuestros valientes padres'', dice Pichardo. Tienen el portal cibernético www.cubankids1960.com.
En Miami se encuentra el grupo más antiguo, Operation Pedro Pan Group, Inc. www.pedropan.org, que se ocupa de reunir a los aún no localizados. Tienen reuniones, un baile anual y funciones caritativas. También se reúnen grupos como las que fueron enviadas a Villa María en San Antonio, Texas, o los de la Virgen del la Caridad de Alburquerque, Nuevo México o de Lincoln, Nebraska o Green Bay, Winsconsin. Otras como las del orfanato Queen of Heaven, en Denver, Colorado tienen un grupo en Yahoo.
Con la ventaja que da tener raíces cubanas combinadas con una educación estadounidense, los jóvenes refugiados ahora son hombres y mujeres productivos de 53 a 62 años, dejando su huella en la nación que les acogió. Desde el reverendo Luis León, rector de la iglesia episcopal St. John's a la que el presidente Bush asiste los domingos hasta el senador Mel Martínez. Sacando ''los recuerdos que tenía en la bóveda del olvido'', Carlos Eire ganó el prestigioso National Book Award en el 2003 por su conmovedor Nieve en la Habana-confesiones de un cubanito. ''Una ironía muy triste es que si hubiese escrito este libro en mi tierra natal, estaría en la carcel'', dijo Eire al recibir su premio.
Desde los músicos Willy Chirino, Candy Sosa, Lissette y Marisela Verena que desbordan cubanía, hasta el pianista de música clásica Santiago Rodríguez. Desde una ama de casa que arrulló a sus hijos en español hasta hombres de negocios como Carlos Saladrigas, Tony Arias y Armando Codina.
''Miles de Pedropanes y Wendys hemos aportado al país de Nunca Jamás nuestras energías y creatividad. Lo que esta nación nos brindó lo hemos retribuido con creces. ¡Qué talentos perdió Cuba!'', dice Ileana Fuentes, autora, ensayista y feminista, quien fue enviada a un orfanato en Denver, Colorado. ``Pero nunca es tarde: esa Patria que hemos arrullado en nuestra nostalgia también se beneficiará de nuestra experiencia y entusiasmo. Muchos regresaremos, ya en la tercera edad, para ofrecer nuestra experiencia en lo que sea necesario, nunca con ánimos de reclamar o exigir, sino de aportar desinteresadamente. Pertenecemos a la generación de Acuario, somos alumbracaminos''.
El actual presidente George W. Bush ha aludido al éxodo Pedro Pan, diciendo que es una de sus historias favoritas: ``Hace años, los padres cubanos pusieron a sus hijos en un avión hacia el extranjero, para que pudieran vivir libremente. Tenían gran fe en los Estados Unidos y los ideales de nuestro país. Tanta que estaban dispuestos a confiar a sus hijos a personas extrañas. Y ellos vinieron y fueron queridos''.•
Yvonne M. Conde es la autora de `Operación Pedro Pan. La historia inédita del éxodo de 14,408 niños cubanos` y de `La sabiduría de los nuestros'.




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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:25 am




Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

El exilio, una lucha sin pausas y sin tregua


By PEDRO GARCIA ALBELA

Como un resucitado to be or not to be, semejante en su entraña dramática al inmortalizado por Shakespeare en el monólogo del príncipe Hamlet, así se nos presenta cuatro siglos después este dilema a tantos emigrados latinoamericanos en Estados Unidos: adaptarse o resistir. Conflicto que recuerda también la vieja disyuntiva de adaptarse o perecer, pero que la supera porque no se conforma con la muerte y nos conmina a luchar.
Es en suma un problema vital compartido por todos, con espontánea solidaridad, desde el momento mismo en que pisamos esta tierra de promesas y sueños inevitablemente idealizados, junto a tangibles realidades de alcance universal como la convivencia en libertad, democracia, y el más amplio horizonte de oportunidades para el mejoramiento material y espiritual.
Las naturales diferencias de signo nacional entre las comunidades de emigrados, así como las muchas que distinguen a cada individuo dentro de ellas, matizan, enriquecen, dan color a ese proceso de adaptación-resistencia, creando de esta suerte un extenso arco iris de actitudes mentales y comportamientos.
Con el sol de cada día, dicha diversidad adquiere vida en Miami a través de incontables contactos personales. Evoco a un argentino jaranero y locuaz que se me acerca a cada rato para contarme un chiste muy porteño, hablarme de Gardel y cantarme un trocito de tango arrabalero; al peruano que trabaja muy cerca de mí, y a quien, cuando le recito Los heraldos negros de César Vallejo, el nudo en su garganta se le hace tan visible, que parece una segunda manzana de Adán; a un colombiano que saborea en el recuerdo la última almojábana que se comió ``allá''... Y también rememoro una improvisada tertulia acerca de la música popular, en la cual un cubano, un dominicano y un brasileño discuten cada uno a su favor la supremacía del son, el merengue o la samba sobre cualquier otro ritmo pasado, presente y por venir, cuando de pronto el mismo colombiano que aún digiere en su mente la nostálgica almojábana les pregunta: ``¿Y qué me dicen de la cumbia, ah?''.
Podríamos así seguir acumulando ejemplos de estos sentimientos y de esta diaria agonía --porque de eso se trata exactamente en la etimología griega de la palabra: de una lucha sin pausas y sin tregua por asimilar un modo de vivir, hábitos y cultura muy diferentes, y al propio tiempo no dejarnos conquistar del todo, mantener intacto lo que trajimos enraizado en nosotros desde nuestros países de origen; defender el derecho inalienable a perpetuar la herencia, los recuerdos, las emociones, la espiritualidad de nuestras identidades nacionales y personales.
Pero concentrémonos ahora en la que muchos llaman diáspora cubana, su principal destino y algunos episodios que la han marcado durante tanto tiempo, y en un sentido sustancial ya para siempre.
Un caso en verdad sui géneris, a la hora de describir y analizar las causas, necesidades, conductas y aspiraciones de los latinoamericanos emigrados o exiliados en Estados Unidos, es sin duda el de los cubanos. Por razones que todos conocemos muy bien, somos los únicos que no podemos decidir libremente, sin exigencias ni riesgos de ninguna clase, regresar a nuestro país de origen en cualquier momento y radicarnos allí si así lo deseamos.
Unamos esta simple pero medular distinción a la compleja y heterogénea estructura del exilio cubano, en cuyo seno se entremezclan hoy motivaciones políticas, económico-sociales, ideológicas, culturales; hagamos esto y entenderemos con mayor claridad por qué se ha fomentado nuestra fama --a caballo entre lo justo y la exageración-- de ser los más problemáticos, discutidores, desunidos y, al final de la cuenta, casi incomprensibles ante los ojos de nuestro prójimo en la emigración.
Se suele presentar, en cambio, como ventaja compensatoria la Ley de Ajuste Cubano (CAA); pero un análisis a fondo mostraría la insuficiencia del tal privilegio, que por demás parecería ya estar entrando en vías de extinción.
Desde la perspectiva de nuestros ''anfitriones'', seguramente habrá algunas diferencias en su visión acerca de nosotros, un poco de lo bueno, y otro tal vez de no tanto. Tiempo han tenido bastante, se diría, para apreciar en lo que vale la creatividad, la fácil inventiva de los cubanos, frecuentemente acompañada por cierto impulso de eficiente gestión empresarial, aunque no siempre de la disciplina ni la perseverancia suficientes.
Tenemos igualmente la particularidad de haber protagonizado varios éxodos masivos a lo largo de este último medio siglo, debidos todos a una misma causa esencial, pero cada uno de ellos rodeado de circunstancias especiales; y tan características, que componen un cuadro no muchas veces visto en otros exilios de la historia.
Así, acaeció la fuga precipitada de cientos de personas vinculadas de un modo u otro al gobierno de Fulgencio Batista, desde militares y policías de todos los grados hasta funcionarios mayores o menores, seguidos de cerca por empresarios de la industria y el comercio, terratenientes y otros expropiados por las primeras leyes del nuevo gobierno.
Algo después se produjeron la Operación Pedro Pan y una temprana oleada migratoria de profesionales, principalmente médicos; con los primeros vientos revolucionarios abandonaron también la isla muchos sacerdotes católicos (los extranjeros, prácticamente todos), tanto de la jerarquía como simples curas de parroquias, e incluso seminaristas.
Poco tiempo más tarde, en octubre de l965, comenzó el primer acto de una puesta teatral hasta entonces inédita, la del mar como vía para salvar el breve espacio del canal de la Florida. Se le llamó Camarioca por el nombre del pequeño puerto pesquero de Matanzas adonde llegaron con sus naves los antes exiliados al rescate de sus familiares, y tuvo una segunda escena, ésta montada en el aire y de mucha mayor amplitud, con los llamados Vuelos de la Libertad.
El segundo acto de este drama tuvo su punto de partida en la bahía del Mariel, superó con creces en masividad al anterior, y se desarrolló a un ritmo de cabalgata wagneriana. Pero más significativa aún fue la heterogeneidad de sus participantes, pues allí se reunieron --como nunca tal vez para éxodo alguno-- poetas, escritores y artistas; médicos, ingenieros, maestros y otros profesionales; estudiantes; trabajadores de la ciudad y del campo; amas de casa; vagos y buscadores de vida; ex carcelarios y prófugos de la justicia; militantes del partido que botaban su carnet en cualquier parte; homosexuales de verdad y de mentira; enfermos mentales... en fin, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones de vida.
Y justamente cuando pareció tocar fondo la más aguda crisis del experimento socialista cubano --que con su acostumbrada afición a los eufemismos el gobierno llamó ``período especial''-- , subió de nuevo el telón y aparecieron en escena los numerosos intérpretes del acto tercero, que esta vez ni siquiera esperaron el arribo de embarcaciones adecuadas, sino que se las procuraron por sí mismos, en la gran mayoría de los casos construyéndolas de las más inusitadas formas.
Entonces sí se usó el término justo de ''crisis'' y no un sucedáneo, seguido por la expresión ''de los balseros'' --que se explica fácilmente-- para nombrar aquel episodio.
Un ''numerólogo'' cualquiera nos diría, quizás, que estos eventos han de repetirse inexorablemente cada quince años --días, semanas o meses más o menos--, pues ocurrieron en el 65, el 80 y la segunda mitad del 94. Y nos anunciaría, desde luego, que a los tres actos que hemos evocado hasta aquí ha de sumarse un cuarto ya a las puertas.
Suceda o no esta supuesta predicción, el exilio cubano seguirá siendo uno de los hechos más trascendentales de la historia de nuestro país y de toda la América Latina, y sus protagonistas, una comunidad vigorosa y fecunda que aún tiene por desempeñar su mejor papel.•




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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:28 am

Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Con el talento a cuestas
By EVELIO TAILLACQ

Muy difícil es hacer un recuento, por somero que sea, o un simple listado de los artistas cubanos que han tenido que tomar el exilio como ruta para poder crear en libertad. Más lo es tratar de hacer una valoración de sus considerables aportes al teatro, la danza, la literatura, la música, las artes plásticas o a la radio, la televisión y el cine. Antes de comenzar este artículo, debo disculparme por las inevitables omisiones --casi hay que depender de la memoria personal-- en que incurriré, a mi pesar, ya que sé cuán triste es haber dedicado una vida entera al arte y que ni siquiera encontremos el reconocimiento o el aplauso por ese esfuerzo, muchas veces, descomunal.
Desde los tiempos de la colonia tuvimos grandes artistas que se vieron desterrados por la fuerza o que decidieron tomar el camino del exilio para poder ejercer su libertad creadora. Ejemplos como el del poeta santiaguero José María Heredia (1803-1839), quien inició con su Himno del desterrado, la Literatura del Exilio --no sólo del cubano, sino de los que pueda haber tenido América Latina--, o el del poeta, ensayista, dramaturgo, pensador y político José Martí, con su colosal obra como escritor exiliado, dan fe del dolor que han enfrentado los artistas al verse privados de su raíz patria, de sus costumbres, ritmos, paisajes, sentido del humor, modos de expresión, cuando no de su idioma y de su idiosincracia en general. Para colmo de ignominia, el gobierno revolucionario ha tratado siempre de minimizar o de borrar de nuestra historia cultural, el legado y hasta el nombre de los artistas exiliados. Notorio fue el escándalo provocado con la publicación de la primera versión del Diccionario de la Música Cubana, de Elio Orovio. Un libro donde no aparecían ni Celia Cruz, ni Olga Guillot, donde se excluía a compositores de la importancia de Julio Gutiérrez, Osvaldo Farrés y Mario Fernández Porta, entre otros, por el simple hecho de haberse ido de Cuba después de 1959. Fue tal la crítica a esa obra, que se vieron obligados a editar una segunda versión, donde no sólo incluían a las estrellas cubanas exiliadas conocidas antes de la llegada de la Revolución, sino a muchos de los que surgieron luego en el exilio, como Willy Chirino, Marisela Verena o Susy Lemán.
Es conocida la manipulación histórica de aquellos que han pretendido que el que se va, deje de ser. En este caso, hay que argumentar que no fueran cubanos entonces, además de Heredia y Martí, la poeta y dramaturga camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), la primera mujer propuesta para ocupar un sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Tampoco lo hubiera sido el célebre violinista Claudio Brindis de Salas (1800-1872), quien vivió y triunfó en París, considerado ''el Paganini Negro''. Y no lo fueran tampoco, según esos criterios, Gastón Baquero, Eugenio Florit, Enrique Labrador Ruíz, Lydia Cabrera, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas o Carlos Victoria. Como tampoco Wifredo Lam, Ernesto Lecuona, Pérez Prado, René Touzet, Rolando Laserie o Facundo Rivero. Pero hay que reconocer, además, que esa manipulación política ha tenido como resultado, al menos a corto plazo, impedir a las generaciones más jóvenes conocer la obra de la mayoría de los creadores cubanos que se fueon al exilio en los últimos 50 años. Somos tantos, que la simple mención de nombres resultará abrumadora. Pero se impone al menos recordar algunos hitos --con muchas omisiones involuntarias-- y poner el éxodo artístico anticastrista en su justa perspectiva histórica.
Ir y venir republicano
Si bien durante la colonia, como hemos expresado, hubo varios casos de artistas exiliados, durante los primeros 57 años de República, los artistas solían emigrar, más bien por razones profesionales o motivos personales. No olvidemos que Cuba se convirtió, desde mediados del siglo XIX, en surtidor de ritmos, géneros y artistas que difundieron la música cubana por el mundo, sobre todo, por el Caribe. De los inicios republicanos, cabe recordar las presentaciones en Francia de Rita Montaner, en 1929. La que después sería ''La Unica'', triunfa en el Palace de París, canta zarzuelas en Madrid y hace esporádicas incursiones en el cine mexicano de la década del 30 --es en 1933 que bautiza artísticamente, como Bola de Nieve, en México al que era su pianista, Ignacio Villa, quien también recorrería el mundo, pero regresando siempre a su tierra. Esther Borja se va, haciendo revistas y operetas a los EE.UU. y luego conciertos a la Argentina, donde nace su única hija, pero regresará para convertirse en la cancionera lírica más importante de la década del 40 en su suelo. Otro que viaja sin parar es Ernesto Lecuona. Hasta pasa un período como director musical de la MGM en los EE.UU., sin olvidar sus largas estancias en España. Otro tanto hicieron Eliseo Grenet y Jorge Ankerman, viviendo largas temporadas en Nueva York. Mientras, se sucedían las giras de Armando Oréfiche. En esas primeras décadas, también iban y venían de su tierra Moisés Simmons y hasta el legendario trovador Sindo Garay. Y es que, ni la tiranía de Gerardo Machado, ni la llamada Revolución del 33, obligaron a un éxodo importante de cubanos. En la cultura popular esos eran, tal vez, los más conocidos. Pero, también hubo casos menos famosos, a pesar de lo curioso, como el de la vedette de veintiséis pulgadas de estatura Espiridiona Cenda, que se convirtió en estrella de los vaudevilles neoyorquinos de comienzos del siglo XX, un personaje que sirvió de inspiración al escritor cubano, residente en Miami, Antonio Orlando Rodríguez, para su novela Chiquita, con la que ganó el Premio Alfaguara 2008.
Todos venían y pocos se iban
Ya a finales de los años 40 Cuba era el escenario musical por excelencia de habla hispana. A La Habana llegaban de todas partes las estrellas para grabar, actuar en la radio y en los teatros, pero muchos del patio querían lógicamente ampliar fronteras. El compositor Mario Fernández Porta, una de las estrellas de la década, se va a vivir a México, pero regresa. Igualmente por esos años, Beny Moré se va a México con el Conjunto Matamoros --el trío de Ciro, Cueto y Miguel, no da abasto y recorre varias veces América Latina durante esos años--, le pone voz al mambo de Pérez Prado, contrata como secretario al mexicano Marco Antonio Muñíz, actúa con Rafael de Paz y con la orquesta de Mariano Mercerón, otro cubano mexicanizado, y regresa para fundar su Banda Gigante. Otro gran innovador, el pianista Julio Gutiérrez, pasa temporadas en República Dominicana, le inserta el mambo al merengue y se va a Brasil por años, pero regresa a su sabor nacional. Otros, muy pocos en realidad, deciden quedarse en el extranjero, como el cantante Antonio Machín, que se va a España antes de que los nazis destruyeran el continente. Otro tanto hace el santiaguero Desi Arnaz.No hay que olvidar al genial pianista y arreglista Dámaso Pérez Prado quien, luego de irse a vivir a México, huyendo del poco caso que le hacían en la isla a sus ideas musicales renovadoras, consigue con su Patricia el No. 1 del ''Hit Parade'' norteamericano por 22 semanas. Es también a finales de los 40 que el maestro René Touzet, que ya ha compuesto su No te importe saber, funda en Los Angeles su jazz-band, regresando a La Habana sólo por cortas temporadas. Otros dos grandes que se fueron definitivamente en esa década para México: Juan Bruno Tarraza y Felo Bergaza. El famoso pianista clásico Jorge Bolet se estableció desde la década del 40 en los EE.UU. Y, al final de la década, el tresista Arsenio Rodríguez se establece en Nueva York con la esperanza de recobrar la vista con una operación. Será el ''Cieguito Maravilloso'' quien creará las bases en esa ciudad del movimiento musical, conocido como salsa.
Un preámbulo espectacular
Con la llegada de la década del 50, la isla de Cuba, sobre todo, La Habana, es la catapulta al éxito para miles de estrellas que van y vienen. Olguita Guillot es una de las que más viaja, mayormente a México, donde graba, actúa y triunfa de manera arrolladora. Se convierte en la gran estrella de la música cubana en América. Celia Cruz sobresale con su potente timbre y pasa al grupo de estrellas internacionales. Marta Pérez, estrella de la televisión y el teatro lírico cubanos, actúa en la Scala de Milán. Olga y Tony recorren el continente y causan furor en Perú, donde les nace Lissette Alvarez, pero como todos, vuelven a su isla. Miguelito Valdés provoca locura en Nueva York y Los Angeles. Y es que ni la dictadura de Fulgencio Batista, ni el terrorismo que impera en la isla, obligan tampoco a la salida masiva de los artistas. Por estos años son varios los escritores que se van de la isla durante temporadas. Además de Alejo Carpentier, quien trabaja como periodista en Venezuela, Virgilio Piñera se va por nueve años a Buenos Aires, donde edita sus primeros libros. Ya antes, algunos pintores importantes se han ido a París. Allá, codeándose con Picasso, Modigliani y Dalí, se queda el genial mulatochino Wifredo Lam. El historiador musical Cristóbal Díaz Ayala llama a este período, en su libro La Música Cubana, del Areíto a la Nueva Trova, ''los fabulosos años cincuenta''. Cabe agregar que durante la década del 50, Cuba exportó series de radio y televisión a toda América Latina y que fueron libretistas, actores, directores, técnicos y empresarios cubanos los que crearon o hicieron crecer la industria del entretenimiento en países como Venezuela, Argentina, Guatemala, Ecuador, República Dominicana y Puerto Rico. Sin embargo, sería después de 1959 que cientos de profesionales en todas las ramas de la cultura popular, tendrían que abandonar su tierra y emprender un exilio que aún hoy sigue aportando arte y cultura al mundo.
CONTINUARA...

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:30 am

CONTINUACION...

Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Con el talento a cuestas
By EVELIO TAILLACQ

``Llegó el Comandante y mandó a parar''
Aquella guaracha de Carlos Puebla sería premonitoria. Con la llegada de Fidel Castro al poder, el país se pararía en muchos aspectos y con el abrupto cambio social, la libertad para salir y entrar de los artistas, así como las libertades para crear irían desapareciendo año tras año. Si en los primeros meses, después del derrocamiento del régimen de Batista, algunos artistas que estaban en el extranjero trabajando, decidieron regresar a su país, otros tuvieron más olfato y no lo hicieron. Ernesto Lecuona, el compositor cubano de mayor prestigio internacional --primer latinoamericano nominado a un Oscar, por el tema Siempre en mi corazón--, llegó a pronunciarse contra el nuevo sistema político en la isla y no aceptó las ofertas de regreso que le hacía el gobierno. No sólo fueron cantantes, compositores y músicos, los primeros en salir al exilio en desbandada. Muchos actores, locutores, directores y libretistas consiguieron formar parte del primer contingente, aprovechando contratos en Puerto Rico, España, México, Argentina, República Dominicana, Venezuela o en EE.UU. Así, Minín Bujones, estrella absoluta de la radio y televisión; Velia Martínez, versátil vedette en el sentido amplio de la palabra y su esposo, el productor y escritor Ramiro Gómez-Kemp; el actor, productor discográfico y humorista Guillermo Alvarez Guedes, las actrices Lilia Lazo, Marina Rodríguez, Mary Munné, Julita Muñoz, Charito Sirgo, Dalia Iñiguez, Yolanda Fabián, Nury Doré y Raquel Olmedo, entre otras. Los actores Otto Sirgo, Alberto González Rubio, Juan Lado, Luis López Puente, Armando Osorio, Enrique Alzugaray, Néstor de Barbosa, Carlos Badías, César del Campo, Ernesto Galindo, Tino Acosta, Santiago García Ortega, Jorge Félix, Paul Díaz, Osvaldo Calvo, Manolo Villaverde, Albertico Insua, Guillermo de Cum, Gabriel Casanova, Manolo Coego, Luis Oquendo, Angel Nodal, Sergio Doré, Pepe Yedra y Carlos Barba, entre otros, fueron de los primeros en poner mar por medio, vislumbrando lo que se avecinaba para nuestro país.
Primero en Puerto Rico y luego en Monterrey, México, el productor, director y actor Jesús Alvariño y su esposa, la formidable comediante Normita Suárez, rehacen sus carreras en la década del 60 y llevan a trabajar con ellos hasta a la mismísima María Félix. Igualmente, en esos primeros años de la década del 60, Josefina Rovira, protagoniza la primera telenovela venezolana, Historia de tres hermanas, de Mercedes Antón, que ya había estelarizado en Cuba. Mientras, el animador e ingenioso productor Gaspar Pumarejo, funda empresas de televisión en América Central e impulsa de manera descomunal la industria televisiva en Puerto Rico. Los extraordinarios cómicos Alberto Garrido, Federico Piñeiro, Leopoldo Fernández, Aníbal De Mar, Mimí Cal, Otero, Luis Echegoyen, Manela Bustamante (Cachucha), Lita Romano y Rafael Correa, entre otros, así como los imitadores Tito Hernández y Armando Roblán, también lograron escapar de la isla en la década del 60, tal vez, con la esperanza de volver pronto, como la mayoría de los primeros exiliados cubanos, pues pocos pensaban que el gobierno revolucionario, que ya empezaba su enfrentamiento con los EE.UU., pudiera mantenerse en el poder. Algunos de ellos fueron los iniciadores del teatro de comedias, sainetes, parodias, vaudevilles y teatro vernáculo cubano que alegraba a los primeros exiliados de Miami.
El guionista Alberto González, pone en práctica su habilidad y experiencia y crea un canal de televisión con programación hecha por cubanos en el Miami de los años 70, TeleYara. Allí se realizará la primera telenovela en español hecha en los EE.UU. titulada Santa Bárbara, protagonizada por Lilia Lazo y José (Pepe) Yedra. También salieron en los primeros años, el animador y comediante Rolando Ochoa, con su esposa Pepa Berrio y su cuñada, la simpática Lolita Berrios, quien fue crucial en el éxito del Show de Charytín Goico en Puerto Rico. El polifacético animador, actor y compositor Rosendo Rosell, fue de los fundadores del exilio en Miami, no limitándose a animar radio y a producir grandes espectáculos de variedad, sino a publicar varios libros con anécdotas personales del espectáculo cubano. De igual forma, entre los primeros en llegar, estuvieron Pedro Román, las locutoras Aleida Leal y Maucha Gutiérrez son parte del inicio de la radiodifusión hispana en Miami, como los locutores Roberto y Modesto Vázquez, Ricardo Jorge, Alexis Farí y Ricardo Valladares, entre otros. A la vez que Fernando Penabad, Juan Amador Rodríguez, Marta Flores y Salvador Lew forman parte de los primeros comentaristas políticos en la radio del exilio en los 60.
Mientras Manolo Urquiza rehace su carrera como estrella de la televisión puertorriqueña, en Miami Miguel Hernández, Nirzo Pimentel y Esteban Lamela inician los informativos en español del Canal 23. La famosa vedette Blanquita Amaro es iniciadora de la televisión en español en la Florida, con un espacio de concursos en el Canal 6 junto al actor y locutor Néstor Cabell, otro de los iniciadores del exilio artístico y figura destacada del teatro de revista hecho en Miami. Por su parte, el brillante empresario santiaguero Goar Mestre, propietario del Circuito CMQ --la empresa de radio y televisión más próspera e importante de América Latina--, acompañado de un equipo de profesionales de los medios, crea escuela en Venezuela y en Argentina, donde prosigue la impresionante labor que iniciara en su patria. Hay que destacar en ese grupo inicial de exiliados, al escritor y programador de televisión Mario Barral, quien había creado la primera telenovela en español de la historia de la televisión, y al director Bernardo Pascual y a su esposa, la famosa escritora Delia Fiallo. Aunque con menos suerte, salió en esos primeros años, el destacado libretista Armando Couto, creador de Los Tres Villalobos, entre otras famosas series de radio. De igual manera, los productores Joaquín Riviera y Arquímedes Rivero marcan cátedra en Venezuela en sus respectivas especialidades y dan esplendor a la empresa Venevisión, propiedad de la familia cubana Cisneros. Todos ellos fueron fundadores de movimientos artísticos, iniciadores del teatro ligero en español en el sur de la Florida, creadores de programas, series de continuidad, espacios humorísticos y, sobre todo, responsables del desarrollo de la radio y la televisión en sus respectivos destinos, ya que todos, en mayor o menor medida, sigueron cosechando éxitos y aportando los conocimientos adquiridos en la radiodifusión cubana, la segunda --después de la estadounidense-- a nivel mundial.
El teatro dramático también produce, a principios de los años 60, los primeros exiliados, como el director Francisco Morín, uno de los iniciadores del teatro de arte en Cuba, así como Ramón Antonio Crusellas, promotor y descubridor de muchos talentos de la radio y televisión cubanas; el director y declamador Dumé, quien se convertiría en uno de los máximos exponentes del teatro cubano en Nueva York. Sin olvidar a la destacada teatrista María Julia Casanova, una de las fundadoras de la sala Hubert de Blanc, en La Habana, y figura fundamental en el movimiento teatral del exilio en Miami.
Después seguirían exiliándose más actores que continuarían sus respectivas carreras en diferentes países, como Violeta Giménez, Teté Machado, Teresa María Rojas --formadora de decenas de actores en el grupo Prometeo, del Miami Dade Community College--, Flor de Loto, María Elsa Estanillo, Miriam Acevedo, Julio Capote, Ada Béjar, Mario Martín --quien jugará un papel importante como escritor y director en la radio y el teatro de Miami--, Norma Zúñiga, Teté Blanco, Jorge Mar, Rolando Barral --quien, tras situarse como galán de telenovelas en Venezuela, Puerto Rico y Panamá, animó el primer show de variedades en español a nivel nacional de los Estados Unidos--, José de San Martín, Rosa Felipe, Nena Acevedo, Osvaldo Alvarez, Martha Picanes y su esposo, el productor de televisión, Antonio Dieguez --quien impulsó decenas de canales de televisión en varios países de América Latina y Miami-- y Griselda Nogueras, joven estrella de la radio y televisión cubanas, que logra llegar a Miami despues de padecer la prisión política en Cuba durante nueve años, produciendo teatro en Miami junto a su esposo, el director Roberto Soto. De igual manera se establece en Miami el actor, profesor y director Miguel Ponce, quien con los muy jóvenes Alfonso Cremata, Manuel Uriarte y Norma Niurka --quien luego de estudiar teatro en España y estelarizar telenovelas en Puerto Rico y trabajar con el grupo La Mamma en NY, se convierte en la crítica de teatro y una de los fundadores del diario El Nuevo Herald--, estrenarán una puesta de Mundo de cristal, de Tennessee Williams, en los inicios de los esfuerzos para también hacer teatro dramático en el exilio. Y llegarán a finales de los 60 personalidades radiales, como el locutor y comentarista político Armando Pérez Roura --figura fundamental en el desarrollo de la radio del exilio en décadas posteriores, fundador de Radio Mambí, y que presentará por años un espacio informativo en español en el canal 10 de TV--, el gran narrador radial Félix Sánchez, el locutor y declamador Agustín (Chucho) Herrera y el guionista y comentarista cultural Eduardo Pagés. Por supuesto, será la música la manifestación por excelencia y los cantantes y compositores los que más exiliados cuentan entre sus filas. Aprovechando contratos, van saliendo desde los primeros días de 1959, decenas de estrellas cubanas. La lista es interminable y las omisiones --defecto de la memoria-- dolorosas, insisto, y agradezco el esfuerzo de María Argelia Vizcaíno, al crear una página web con lo que podría ser el embrión de un diccionario de artistas cubanos. Muy pronto las autoridades se dieron cuenta del impacto que creaba cada deserción de una embajada artística, por lo que tomaron medidas para impedirlo. Antes de las giras, se establecieron estrictos controles para saber quién era fiel o no al régimen. Más aún, les acompañaban agentes del Ministerio del Interior en cada viaje para impedir las fugas. Eso no impidió que se asilaran artistas cubanos en todas partes, y los que no conseguían que les permitieran viajar, enfrentando castigos y años de trabajos forzados, renunciaban a sus profesiones para poder escapar, como fueron los casos de Luisa María Güell, Jorge Páis, Luis García, Meme Solís y Georgia Gálvez, estrellas del momento.
La nueva generación
Ya en el exilio venía surgiendo una nueva generación de creadores que ha resultado trascendental para la continuidad y evolución de la música cubana, así como de la imagen del latino en general y del cubano en particular. Carlos Oliva y los Sobrinos del Juez, Willy Chirino --una estrella emblemática del exilio, dentro y fuera de la isla--, El Grupo Klaus, Emilio y Gloria Estefan, con el resto de Miami Sound Machine, son algunos de los precursores del llamado ''sonido de Miami'', donde se fusionaban los ritmos cubanos con sonoridades del rock y el pop norteamericanos. Un movimiento que produjo formidables trabajos musicales y éxitos de venta considerables, alcanzando su apoteosis con los triunfos mundiales de Gloria Estefan.
Pertenecientes a esta generación, aunque cultivando otros géneros musicales y con proyecciones diferentes, surgieron Natacha Amador y Mario Salas-Lanz, Sergio Fiallo, Roberto Lozano, Tania Martí, Titti Sotto, Hansel y Raúl, Elsa Baeza --en España--, Bertha María, Franco Iglesias, Suzy Lemán, Marisela Verena, Rey Casas, Hilda Luisa Díaz Perera y el Grupo Alma, Olga Díaz, el dúo del poeta Orlando González Esteva y su esposa, la soprano Mara González --quienes ha mantenido viva la tradición de los conciertos de música cubana donde participan constelaciones de figuras antológicas, un estilo de espectáculo que cultivaron en Miami la Sociedad Pro Arte Gratelli, con Pili de la Rosa, Demetrio y Marta Pérez al frente, además de Blanquita Amaro, Mario Fernández Porta y Rosendo Rosell. De igual manera surge en su exilio en Puerto Rico, Lissette Alvarez, quien ya había probado el éxito siendo niña en el show de televisión de sus padres en Cuba, convirtiéndose luego en estrella internacional y en la cantante más cotizada e imitada de la Isla del Encanto. Entre los escritores, actores, directores, locutores y presentadores surgidos en el exilio, sobresalen las escritoras Uva Clavijo y Marcia Morgado, las actrices Aurora Collazo, Julia Menéndez, Clara María Diar, además de Mario Ernesto Sánchez --fundador del Festival Internacional de Teatro de Miami--, Alina Interian, Lourdes Mensí, Christy Sánchez, Marilín Romero, Julie De Grandy, Gonzalo Rodríguez, María Madruga, María Meilán, Tony Warner, Ana Margo, Rocky Echevarría --quien luego sería Steven Bauer--, Marcos Casanova, Ivón D'Liz, el imitador Eddy Calderón, Glenda Díaz Rigau, Ana Carballosa, Gilberto Companioni, Richard González, Margarita y Manolo Coego Jr., Sergio Doré Jr., Lucy García, Félix Guillermo, Javier Romero, Agustín Acosta, Adrián Mesa, Pedro de Pol, Leticia Callava, Bernardette Pardo, José Alfonso Almora, Alina Mayo, Mirka Dellanos, Cristina Saralegui, María Laria y Frank Cairo. Los cineastas Iván Acosta y León Ichaso, los guionistas y productores de televisión Luis Santeiro y Pepe Bahamonde --creadores de la comedia ¿Qué pasa USA?. Cabe destacar entre la generación de talentos surgidos en el exilio, a la actriz y cantante cienfueguera María Conchita Alonso, la actriz Cameron Díaz, nacida en EE.UU. hija del actor cubano exiliado Manolo Díaz. La cantante y locutora Olguita Alvarez, el pianista y transformista Manuel Arte, el bailarín y tranformista Frankie Kein y la actriz Marilín Pupo, igualmente a Fernando Bujones, bailarín clásico de fama mundial. Así como al actor y productor cinematográfico Andy García. En Nueva York hubo todo un movimiento teatral, que luego se trasladó a Miami, en el que sus protagonistas surgieron en el exilio, como Marta Velazco, Rubén Rabasa, Julio O'Farrill, Andy Nóbregas, Raimundo Hidalgo Gato, Eduardo Corbet y Zuly Montero, entre otros. En NY igualmente se destacaron los dramaturgos María Irene Fornés --quien llegó a los EE.UU. en 1945-- y el primer premio Pulitzer de teatro latino, Nilo Cruz. Además de los dramaturgos Matías Montes Huidobro, José Corrales, Raúl de Cárdenas, José Triana, José Ignacio Cabrera, Christy Sánchez, René Alomá, Dolores Prida, Fermín Borges, René Ariza y José Abreu Felipe, entre otros.
CONTINUARA...

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:31 am

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Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Con el talento a cuestas
By EVELIO TAILLACQ


Una flotilla de talento
Cuando parecía que la fuerza creativa de los exiliados estaba condenada a desaparecer, producto del envejecimiento de la mayoría de los artistas, con la Flotilla de la Libertad en 1980 llegó un impresionante refuerzo. Integrado, además de escritores como Reinaldo Arenas, Juan Abreu --pintor y novelista-- y Nicolás Abreu (luego de unos años en España, llegaría también el hermano mayor, José Abreu Felipe), Carlos Victoria, Daniel Fernández, René Cifuentes, Roberto Valero, Miguel Correa, Andrés Reynaldo, Luis de la Paz y Reinaldo García Ramos, por otros poetas, narradores y ensayistas, y artistas plásticos como Carlos Alfonzo, Juan Boza, Gilberto Ruiz, Miguel Ordoqui, Laura Luna, Agustín Gaínza, Víctor Gómez, Eduardo Michaelson, Andrés Valerio. Luis Vega, Pedro Damian, Julio Venegas, Nelson Franco, Féliz González, Gilberto Marino, Julio Hernández Rojo, Orestes Miqueli, José Chiú y los hermanos Currás, los veteranos pintores Cundo Bermúdez y Manuel Mijares, llegaron al exilio decenas de actores, directores y locutores.
Sobresalen en ese grupo los actores María de los Angeles Montoya, Yolanda Cuellar, Rafael Díaz Palet, Julián Izquierdo, Tatiana Vecino, Adela Serra, Carlos Bermúdez, Rey Batista, Frank Falcón, Grisel González, Germán Barrios, Gonzalo Fontana, Cary Roque --quien había visto truncada su carrera artística por la prisión política siendo muy joven--, además de Marlén Díaz y su esposo, el director, escritor y productor Guillermo (Willy) Leiva --quien desplegaría en la televisión puertorriqueña una formidable labor--, los fundadores del Guiñol Nacional de Cuba, Pepe y Carucha Camejo y Pepe Carril, además de este servidor. Igualmente, en ese período llegaron a Miami, el director teatral Alberto Zarraín, el animador Salvador Blanco y el coreógrafo Pedro Pablo Peña --quien lograría fundar el Festival Internacional de Ballet de Miami--, el trovador Pedro Tamayo, el escenógrafo y director Rolando Moreno, el escritor, actor y director Marcos Miranda y la teatrista Karla Barro. Por la Flotilla del Mariel llegaron los cantantes Armando Pico, Ciralina Quijano, el pianista concertista Adolfo Fernández, María Luisa y Teresita Diego, el pianista Jesús García, Alexander Domínguez, Los Fonomemecos, el travesti Danilo Domínguez (Mariloly) y la bolerista Doris de Goya, además del director vocal Roberto Marín, director del famoso cuarteto Los Bucaneros, y el percusionista Ignacio Berroa, miembro del grupo Irakere, como también el brillante saxofonista, compositor y director de orquesta Paquito De Rivera; el productor musical Ricardo Eddy Martínez y los compositores Mike Porcel, Manolo Blanco y Rudy Pérez. Poco despues llegó la directora Marlén Urbay, fundadora de la Orquesta de Cámara de la Florida. Más tarde fueron arribando otros artistas famosos de la isla, como Raúl Gómez, Leonor Zamora, Malena Burke, el compositor y director musical Meme Solís, Bobby Jiménez, Wilfredo Méndi, Martha Strada, Maggie Carlés y Luis Nodal, Annia Linares, Mirtha Medina, Delia Díaz de Villegas, Miguel Chávez, Osvaldo Rodríguez, Isaac Delgado, el trombonista y director de orquesta Juan Pablo Torres, los actores Julito Martínez, Ramón Veloz, Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez, Gerardo Riverón, el extraordinario trompetista Arturo Sandoval y la sonera Albita Rodríguez --quien logró trascender nuevamente a nivel mundial, sin abandonar sus raíces musicales. Los escritores Zoé Valdés, Eliseo Alberto, Daína Chaviano y Antonio Orlando Rodríguez, todos premiados en importantes concursos literarios, forman parte del exilio desde hace más de una década. Igualmente, llegaron al destierro en las últimas décadas, Luis Boffil, el director Manolo Feral, los actores Armando Casín, Magaly Agüero, Lili Rentería, Alis García y Rodolfo Valdés Sigler, la cantatriz Cristina Rebull, las hermanas Nuviola, Alma y Niurka, Lena, Lucrecia, Ley Alejandro, la famosa bailarina Sonia Calero y su esposo, el destacado coreógrafo, maestro y director de ballet Alberto Alonso --quien falleció hace poco en la Florida--, la gran bailarina clásica Rosario (Charín) Suárez, los periodistas de televisión Camilo Egaña, Mario Vallejo y Edmundo García, el actor y animador Omar Moynelo, el actor y cantante Jorge Hernández, el pianista y cantante Lázaro Horta, los comediantes Carlucho y Boncó Quiñongo, la cantante Xiomara Laugart y el cantautor Amaury Gutiérrez.
Más recientemente, se sumaron al éxodo constante de cubanos, el comediante y guionista Alexis Valdés, el animador Carlos Otero y la actriz Susana Pérez, además del grupo Los 3 de La Habana.
Al hacer un balance general de estos 50 años de exilio artístico de un pueblo, podemos apreciar con satisfacción que, los mencionados y los que no, han sido parte fundamental y destacada de un destierro repleto de logros particulares y colectivos. Pertenecemos con orgullo a un exilio de fundadores de escuelas de música y teatro, galerías de arte, compañías disqueras, editoriales, salas de teatro, festivales, orquestas sinfónicas y compañías de danza. Se han ganado premios internacionales y, sobre todo, se ha representado en el mundo a la Cuba libre, al exilio cubano. Algunos veteranos de aquellos primeros años del exilio siguen, con mayor o menor presencia, brindando su arte singular en nuestros escenarios. Roberto Ledesma, Jorge Bauer, René Barrios, Vicky Roig, Gonzalo Fontana, Blanca Rosa Gil, Xiomara Alfaro, Néstor Cabell, Norma Zúñiga, Marta Jorge, Chamaco García, Manolo Torrente, las Hermanas Márquez, el maestro Alfredo Munar, Bebo Valdés, Ana Margarita Martínez Casado, Miguel de Grandi Jr., Bertha Sandoval, Rosendo Rosell, Roberto Torres, Concha Valdés Miranda, Ela O'Farrill, la pianista Zenaida Manfugás, José Le Matt, Guillermo Alvarez Güedes y Olga Guillot. ¡Enhorabuena!
Hoy cabe recordar con orgullo a muchos de los artistas nuestros que murieron sin poder regresar a una patria libre: Celia Cruz, Fernando Albuerne, La Lupe, Zoraida Marrero, Miguel De Grandi, Ernesto Lecuona, Margarita Lecuona, René Touzet, Mario Fernández Porta, Pepé Delgado, Juan Bruno Tarraza, Osvaldo Farrés, Facundo Rivero, Eduardo Davidson, Sara Escarpenter, Zoraida Marrero, Humberto Suárez, Carlos Díaz, Ernesto Duarte, Julio Gutiérrez, Caridad Suárez, Rolando Laserie, Bobby Collazo, Luis García, Francisco ''Panchito'' Risset, Nelo Sosa, Miguelito Valdés, Ñico Membiela, Cristóbal Nodal, Rosario García Orellana, Arsenio Rodríguez, Alberto y José Fajardo, Israel (Cachao) López, Haydée Portuondo, María Luisa Chorens, Rodolfo Hoyos, Martha Strada, Manolo Alvarez Mera, Fernando Albuerne, Tony Alvarez, Celio González, Luis Bravo, La India de Oriente, Orlando Vallejo, Orlando Contreras, Freddy, José Fernández (Valencia), América Crespo, Servando Díaz, Hortensia de Castroverde, Manolo Fernández, Carlos Alas del Casino, René Cabell, Paquito Godino, Vicentico Valdés, Olga Chaviano, Fernando Mulens, Wilfredo Fernández, Israel Kantor, Margot Alvariño, Guillermo Portabales, Patato Valdés, Generoso Jiménez, Rolando ''El Ruso'' Aguiló, Juan Pablo Torres, José Dolores Quiñones y la española cubanizada Maruja González, son algunos de los que primero vienen a la mente.
Sin ellos, sin la valoración de su legado, el recuerdo de sus nombres y carreras, sin el respeto a sus principios y creencias, sería imposible comprender al pueblo de Cuba, asimilar su portentosa singularidad, ni apreciar el valor esencial de su gente. A todos, en este 20 de Mayo, ¡gracias! y que el sincero aplauso de sus compatriotas llegue como un humilde reconocimiento a tanto talento.•
Vea en elnuevoherald.com la versión completa de esta nota.
FINAL

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:37 am

PARA VER FOTOS, VISITE ESTOS LINKS:

FOTOGALERIA | Talento cubano

http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/208135.html?number=0



FOTOGALERIA | Las caras del exilio

http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/208043.html



FOTOGALERIA | Los niños de Pedro Pan

http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/208065.html



FOTOGALERIA | Los éxodos de los últimos años I

http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/207993.html



FOTOGALERIA | Los éxodos de los últimos años II

http://www.elnuevoherald.com/372/gallery/208099.html

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:41 am



Publicado el domingo 18 de mayo del 2008

Un final para medio siglo


By JORGE FERRER

Entre las muchas imágenes documentales que se rodaron en los primeros días de enero de 1959, hay unos segmentos de celuloide que, vistos medio siglo después, resultan particularmente desconcertantes.
Son el escueto a la vez que locuaz testimonio de apenas una mínima porción del júbilo que sacudió al país tras la caída de la penúltima dictadura cubana.
Se trata de imágenes tomadas en el aeropuerto de Rancho Boyeros al que llegaban vuelos procedentes de Estados Unidos, México o Venezuela, cargados de exiliados que retornaban a una patria que creían librada por fin de la maldición de los tiroteos, la tortura y la represión.
En todas las secuencias hay abrazos, la incontenible emoción del regreso y el reencuentro con parientes, amigos y compañeros de lucha a quienes no se había visto en años o, en algunos casos, apenas unos meses. Se asemejan a imágenes paralelas de tantos otros retornados --las imágenes de María Zambrano llegando a Barajas, por ejemplo-- y constituyen una prueba de que Cuba no es más que otra isla en la geografía del destierro. También de que los cubanos somos apenas uno más de entre tantos pueblos divididos por la sinrazón política de los totalitarismos.
Una de esas secuencias rodadas en el aeropuerto resulta particularmente significativa por lo que representaba el momento que documenta y por el destino que esperaba a su protagonista. Recoge el instante en que Carlos Prío Socarrás, ex presidente de la República, se asoma a la portezuela del avión de Cubana de Aviación que lo devolvió a La Habana en enero de 1959. Un trajeado y sonriente Prío emerge del vientre de metal para asomarse a una escalerilla virtualmente tomada por hombres armados que lo reciben con visible entusiasmo. Otras imágenes de ese mismo día muestran a Prío rodeado de ''barbudos''. Había vuelto a su patria desde el destierro. El régimen de Batista había caído.
Dos años más tarde, como es sabido, Prío, el presidente que volvía del exilio, marchó de nuevo a habitar en el destierro. No fue el único de los retornados de 1959 que padecería ese destino. Si bien es cierto que muchos de los exiliados supieron encontrar acomodo en la Cuba de Fidel Castro, muchos fueron también los que conocieron ese viaje de regreso e ilusión, como el mero tránsito entre dos exilios. Pocos, sin embargo, podían imaginar que el segundo se prolongaría por casi medio siglo, tiempo más que suficiente para que tantos hayan encontrado la muerte lejos de Cuba, pero también visto crecer a sus hijos y nietos. Y asistido, en definitiva, a la recreación de un país construido lejos, aunque no tanto, de la patria soñada, como quien se construye una réplica de su propia casa capitalina a la orilla de un balneario y al descubrir un día que las carreteras de vuelta están cortadas reproduce lo que alguna vez fue su centro en el nuevo espacio periférico.
Ni este último medio siglo, ni los exiliados de la década de los cincuenta, inauguraron la columna de los haberes de la historia del exilio cubano. El último siglo de dominación colonial provocó el destierro de incontables cubanos. Un destierro que incluyó episodios tan brutales como el envío de independentistas a penar condenas en la cárcel de Ceuta, enclave español en el norte de Africa.
La historia, que es injusta con los seres anónimos --es ella quien los vuelve decisivamente anónimos-- nos ha dejado el testimonio de poetas y políticos, de hacendados y periodistas que abandonaron la Cuba española en busca de la libertad. También, de la libertad para preparar la guerra contra la Metrópoli que los obligó a exiliarse. La encontraron en Nueva York y en Filadelfia, en las repúblicas de Hispanoamérica o en París. Y en el exilio se organizaron colectas, se compraron armas y se enviaron expediciones a la isla. También se publicaron periódicos, se pronunciaron discursos, se procuró el afecto de gobiernos extranjeros a la causa de la libertad de Cuba, se defendió la dignidad de los cubanos y la justeza de su lucha.
La gesta de la emigración cubana que reunió el dinero necesario para pelear por la libertad, en presupuesto que sumaba las importantes aportaciones de los pudientes, pero también las monedas reunidas por los trabajadores humildes de Tampa o Key West, es uno de los acontecimientos más hermosos de toda la historia del exilio cubano.
La certeza de que Cuba merecía ser libre y la convicción de que los exiliados tenían la responsabilidad de llevar a Cuba la libertad nace, pues, en esa emigración del siglo XIX. Es en el exilio que José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano, y será un exiliado, Tomás Estrada Palma, el pedagogo de Central Valley, quien asuma la presidencia de la primera República cubana.
El próximo enero, el calendario político cubano marcará el cincuentenario de la última, y todavía vigente, etapa de la historia política de Cuba. Cualquiera que sea la perspectiva que se adopte ante esa cita con el aniversario, sea la celebración, el vituperio o hasta la mera indiferencia, pasa por el reconocimiento de que el último medio siglo ha partido a Cuba en dos. Un hachazo que rompió su tradición republicana, por renqueante que fuera, y obligó a pensar a la nación cubana como a un ente escindido en dos mitades irreconciliables.
La dialéctica entre ''los que se fueron'' y ''los que se quedaron'' ha marcado desde 1959 el devenir de la sociedad, la cultura y la política cubanas, porque no fue hasta ese año que la historia de Cuba conoció al exilio como fenómeno genuinamente masivo y leitmotiv nacional.
Reproches mutuos y rencores tantas veces justificados y otras tantas mal administrados conformaron desde entonces un modelo de relación agónica que ha conocido momentos críticos, episodios de distensión, y viene dibujando en los últimos años el perfil de una nación futura, ya para siempre deslocalizada y transterritorial. Un encono de medio siglo que ha multiplicado sin cesar los agravios mutuos y ha transformado la idea de país, tanto como ha modificado con esa díscola herramienta que es la memoria el pasado de Cuba, y con toda certeza también el futuro.
Hay hitos de esa tragedia que se han inscrito ya para siempre en los anales de la historia de Cuba. Momentos emblemáticos, fotografías de la desesperación, topónimos, performances.
Así, la tristemente célebre ''pecera'' del aeropuerto de La Habana, cuyos vidrios separaban dos mundos que continuarían mirándose ya para siempre desde la distancia. Los rostros de los niños que dejaron Cuba durante la Operación Pedro Pan al volverse desde la escalerilla por la que subían al avión que los alejaba de sus padres. Los prisioneros de la Brigada 2506 caminando con las manos sujetas a la nuca. Los hombres descamisados y hambrientos sobre el tejado de la Embajada de Perú. Las filas de gente camino a los barcos en el puerto del Mariel. Las despedidas a las balsas que salían desde el propio Malecón de La Habana en 1994. Todavía más plásticas, ondulantes y crueles, son las imágenes de las balsas vacías vistas desde el aire.
El medio siglo de extrañamiento ha dejado sus huellas de barro en los discursos. Algunas dolorosas como ''acto de repudio'', los epítetos con que el régimen de La Habana motejó y despidió a los exiliados, ''gusanos'', ''lumpen'', ''escoria''. El nombre que da a la comunidad exiliada en su conjunto: ''la Mafia de Miami''. Otras de más grata memoria, como aquellos ''viajes de la Comunidad'' a finales de los años 80.
También el exilio ha protagonizado acciones de rechazo a la presencia de cubanos residentes en la Isla en actos públicos fuera de Cuba o ha ensayado etiquetas para calificar a exiliados más recientes, en una permanente, y estéril, reivindicación de un linaje dado por la primacía en el arribo a la patria postiza. Así, ''marielitos'' y ''balseros'' son definiciones que en ciertos contextos arrastraron un poso de rechazo, como más recientemente se habló de un ''exilio de terciopelo'' en los años noventa y se habla hoy de los ''quedaítos'' para referirse a emigrados que no pertenecen, o no reivindican su pertenencia, a la partición beligerante entre el ''adentro'' y el ``afuera''.
Huir de Cuba para llegar a esa proyección geográfica de la patria que es ''Miami'' --topónimo que ha incluido durante largo tiempo a todo el sur de la Florida en la imaginación de los residentes en la isla-- es uno de los motivos simbólicos que han signado este último medio siglo de dictadura en Cuba.
Ello se debe a partes iguales al clima de terror impuesto por el régimen de La Habana y a la desesperanza que ha generado en los cubanos y a la gesta de los primeros exiliados, capaces de convertir al sur de la Florida en una extensión de la patria perdida.
La patria portátil hecha de memoria y tesón, porque como tantos otros expatriados de este mundo los cubanos fuimos despojados de todo, como requisito para marchar hacia la libertad, consiguió ganar cuerpo a unas millas del lugar donde los refugiados eran sometidos a crueles inventarios, a puntillosas requisas en el aeropuerto, que parecían condenarlos a un exilio de miseria. Tampoco la levedad de balsas que apenas eran capaces de cargar a quienes huían, permitieron acarrear más que sueños. Y, sin embargo, cientos de miles de cubanos supieron siempre --saben hoy-- que hay un lugar del mundo donde todavía pueden alimentar la ilusión de que no han abandonado Cuba. Donde podrán permitirse pensar que apenas han escapado de la pesadilla del castrismo.
Sin embargo, la historia del exilio cubano es también la de un fracaso político que requiere ser asumido con vistas a la definitiva mutación de la comunidad exiliada, cuando Cuba sea devuelta a la normalidad que le han secuestrado un par de siglos de excepcionalidad.
La colonia que no se creía colonia, la fracasada ''Suiza de América'' de la inauguración republicana o el ''Primer Territorio Libre de América'', en efecto, pasarán a la historia cuando Cuba reingrese al orden natural de la política. Entonces, por cierto, será revocada también la condición excepcional que ostentan los refugiados cubanos en los Estados Unidos, un gesto administrativo que convertirá a los exiliados en inmigrantes.
El retorno de Cuba a la senda democrática y a la economía libre habrá dado la razón a los exiliados que han abogado por esa recuperación durante medio siglo como afirmaba recientemente Rafael Rojas. Pero tener razón, cuando demostrado a posteriori, no implica por fuerza que una comunidad exiliada que fracasó en su propósito de convertirse en un contrapeso político efectivo al régimen de La Habana pueda retornar como vencedora a la Cuba del mañana. Ni siquiera garantiza que consiga participar desde un principio en el juego político de la Cuba poscastrista. Tal vez ahí se esconda la tragedia postrera del destierro cubano.
Hay, sin embargo, elementos que permiten calcular una participación activa de los exiliados en la política de la transición cubana. En primer lugar, la aceptación tácita o explícita de que el diferendo político cubano ha de ser resuelto por los ciudadanos residentes en la Isla. Una fórmula que presupone una enorme generosidad por parte de los exiliados y que deja sin efecto los reproches de injerencia que airean los castristas más ortodoxos.
A ello se suman otras dos consideraciones de singular importancia. La primera, la diasporización que el exilio cubano ha experimentado en los últimos años. Si durante décadas, la oposición entre La Habana y Miami monopolizaba cualquier debate sobre la relación entre la nación y la emigración, para decirlo según la taxonomía preferida por las autoridades cubanas, ahora la diáspora se ha afianzado en otros emplazamientos geográficos, y ha ganado prestigio intelectual y capacidad de cabildeo ante gobiernos distintos al de los Estados Unidos. Un segundo elemento que ha modificado al exilio, y podrá incidir en su participación en la política cubana del poscastrismo, es que la desideologización propia del castrismo tardío ha ido llegando a las orillas de todo el mundo con emigrados salidos de Cuba gracias a la lotería de visas o la lotería de la amistad. Hoy el exilio se parece más a la Cuba real de lo que se le ha parecido nunca, debido, en buena medida, a la porosidad de las fronteras de Cuba.
Gustavo Pérez-Firmat, autor de notables páginas sobre la condición del exilio, recordaba cómo asistió a un concierto de Willy Chirino en los meses posteriores al colapso de los regímenes comunistas de la Europa del Este y se dejaba ganar por la extraordinaria emoción que sacudía al auditorio cuando el cantante de Consolación del Sur enumeraba los países liberados y llegaba al final: la mención de Cuba, a la que el exilio creyó siguiente ficha de dominó que caería sobre la mesa de la historia.
Han transcurrido dieciocho años desde entonces y es apenas ahora, tras casi medio siglo de desazones, que el exilio cubano ve acercarse el fin. Un cierre aún apenas entrevisto, pero que alimenta en algunos el sueño del retorno; en otros, el de la libre circulación entre la isla y los islotes de la diáspora. En muchos más, la certeza de que perder la condición de exiliados para establecer una relación de otra índole con el país que algún día nos vimos obligados a abandonar cierra una de las etapas más crueles de la historia de Cuba. También de las más fecundas: la experiencia cultural y vital de los millones de cubanos que han residido lejos de Cuba constituye un importante legado que ofrecer a la Cuba que vendrá. A las Cubas que vendrán. Valdrá mucho más compartir la naturaleza de una diáspora que lo continuará siendo, por elección y no ya por obligación, que llevar armas o presidentes.
Cabe la posibilidad de que medio siglo después de las imágenes de júbilo en Rancho Boyeros que evocaba antes, pronto se repitan allí mismo momentos de euforia y se derramen lágrimas en recuerdo de tantos que no consiguieron volver.
Ojalá esa vuelta sea a un país que no levante ya jamás barreras basadas en el odio y la sinrazón ideológica. Que la diáspora cubana ayude a construir una Cuba que honre a su exilio y se sirva de él.

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Re: Aniversario de la independencia de Cuba (Cuba y el Destierro) ESPECIAL del Nuevo Herald

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2008 9:54 am




Publicado el sábado 17 de mayo del 2008

Cuba, la fuga perpetua


By WILFREDO CANCIO ISLA

La diáspora del pueblo cubano es uno de los grandes temas de nuestra época. No existe en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI un éxodo tan persistente y masivo de un grupo étnico o nacionalidad como el emprendido por los cubanos hacia las más intrincadas geografías del mundo durante los últimos 50 años. El número de cubanos y sus descendientes asentados en el extrajero rebasa los 2 millones. La mayoría vive en Estados Unidos, en el enclave floridano de Miami y en Nueva York, Nueva Jersey y California, y también en estados tan remotos como Alaska, Wyoming y Dakota del Norte o Hawai. . Pero la dispersión cubana es un fenómeno que abarca los cinco continentes. El cineasta Arturo Infante resumió en un revelador filme del 2006 tres momentos esenciales de la condición cubana contemporánea: Gozar, comer, partir, titulado así porque --según él-- son los tres verbos que más se conjugan en la Cuba de hoy.
Partir, escapar, salir, dejarlo todo y no mirar atrás. Los cubanos llevamos medio siglo de salidas y fugas sin retorno, aún cuando algunos ejerzan la opción del viaje temporal a la isla. No se trata de una voluntad trashumante estimulada por la condición de isleños. Es la opción del desasosiego: huir a cualquier parte. Exorcizar la agonía cotidiana de liturgias políticas, carencias económicas y prohibiciones ciudadanas con la esperanza de hallar un remanso de libertad y bienestar --quimera de todo inmigrante. Sólo una mirada a las cifras de la emigración cubana a Estados Unidos desde el 2000 bastarían para confirmar la escalada de un éxodo que rebasa todos los comportamientos precedentes. La historia reciente no ha hecho más que reforzar una cultura migratoria que se remonta a los exilios y los destierros políticos sufridos durante la dominación española en Cuba. Como recuerda el historiador Rafael Rojas, el sistema colonial del siglo XIX y el régimen impuesto por Fidel Castro a partir de 1959 marcan las dos etapas de mayor intensidad y duración de la diáspora cubana desde el nacimiento de la nación hasta nuestros días.
Como se ha hecho costumbre para nuestros lectores, la celebración de un nuevo aniversario de la República es motivo de reflexión sobre temas, aciertos y desvaríos de la trayectoria cubana.
Hoy, El Nuevo Herald ha dedicado su suplemento especial por el 20 de Mayo a repasar los hitos históricos del exilio cubano, y ofrecer una perspectiva analítica sobre su significado para el presente y el futuro del país.•




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