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Cuba, un paraíso en la miseria,

Mensaje por odioafifo el Jue Abr 17, 2008 12:25 pm

16/04/2008
Cuba, un paraíso en la miseria, por el Comandante Huber Matos Benítez





Señora y señores:

Cuando hace cuatro siglos, en su Meditación Decimoséptima, John Donne escribió que ningún hombre era una isla, seguramente aspiraba a que un día el sufrimiento de un pueblo fuera motivo de preocupación de los demás habitantes de la tierra. Cuba es y no es una isla. La solidaridad humana que por siglos estuvo limitada a principios morales y en el mejor de los casos a la lucha de minorías, es hoy un tema que palpita en un mundo donde la información viaja de un continente a otro en microsegundos y gigabytes. La suerte de los cubanos, como la situación del Tibet, o la tragedia de Darfur, ha trascendido la geografía para convertirse en asuntos que apasionan a millones de seres humanos en todas las latitudes. Este encuentro: Cuba, un paraíso en la miseria*, es un acto de solidaridad que ratifica los lazos de simpatía, afinidad y esperanza con un pueblo que sigue siendo la víctima de un régimen anacrónico.


Sin dudas, el castrismo ha logrado la victoria pírrica de mantenerse en el poder por medio siglo y hasta ahora, podríamos decir, ha sobrevivido una frágil sucesión. Pero de ser el movimiento que representó la esperanza del pueblo cubano en un futuro de paz y justicia, el camino de la redención de los pobres en Latinoamérica y un ejemplo de independencia aplaudido universalmente, ha terminado en una grotesca caricatura de abusos, corrupción e ineficiencia.



Quienes traicionaron los ideales democráticos y revolucionarios del Movimiento 26 de Julio traicionaron la fe y la confianza del pueblo cubano y de los compañeros que murieron en las ciudades y en la Sierra Maestra luchando contra la dictadura batistiana. Los hermanos Castro se infatuaron con el poder y por esa razón se abrazaron a un socialismo que más de un siglo antes, José Martí, el más admirado de todos los cubanos, había rechazado como una fórmula de odio. Cinco décadas después de aquella traición, las tímidas denuncias estimuladas por el propio régimen, en un afán ilusorio de búsqueda de credibilidad, representan una confesión. Lo que ahora, tardía y limitadamente dicen los propios responsables del colosal desastre en que convirtieron a Cuba, fue planteado a tiempo y con profundidad por quienes denunciamos la conspiración y sus lamentables consecuencias. En 1959 dije públicamente a Fidel Castro, "solo concibo el triunfo de la Revolución contando con un pueblo unido, dispuesto a soportar los mayores sacrificios, porque vienen mil dificultades económicas y políticas…si se quiere que la revolución triunfe, dígase adónde vamos y cómo vamos…y no se trate de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas".



Miles de los cubanos que simpatizaron con la Revolución, pero que denunciaron y se opusieron a la dictadura marxista leninista fueron fusilados, otros cientos de miles condenados a prisión y un millón y medio de nuestros compatriotas tuvieron que tomar el camino del exilio. La oposición democrática por cincuenta años ha insistido sin descanso en que no puede haber progreso sin libertad, dignidad sin justicia, transparencia sin rendición de cuentas, ni independencia sin soberanía.



Durante esta larga contienda nunca le ha faltado al pueblo de Cuba un grupo de hombres y mujeres que asumieran la defensa de sus derechos cuando otros caían bajo la represión comunista. Por mucho que trataron de aniquilar a las fuerzas democráticas no pudieron lograrlo. Ni cuando una buena parte del pueblo al que engañaron, creía en las mentiras del castrismo. Ni mucho menos ahora con una población que tiene muy abiertos sus ojos y cada vez más claras sus aspiraciones.



Cuba ha padecido no solamente las limitaciones y los atropellos del marxismo-leninismo sino también la personalidad egocéntrica y arrogante de Fidel Castro. Si la economía centralizada quedó invalidada en todos los países donde se impuso por el dogmatismo y la intolerancia, su fracaso en Cuba se elevó al cuadrado por la dirección errática de su dictador, que confundió la verborrea con la inteligencia y la comedia con la realidad. Un personaje que se creía experto en todo, desde la creación de una nueva raza lechera; a ser la máxima autoridad en la industria azucarera y no menos en la biotecnología.



Por su ego sin límites el dictador lejos de promover dirigentes capaces e independientes, cultivó la incondicionalidad a nivel nacional. El apoyo a sus caprichos se convirtió en el mérito indispensable para permanecer en un puesto o lograr ascensos. En esas circunstancias la creatividad y la independencia se han ahogado en una ciénaga de mediocridad y oportunismo. Solo las grandes ideas del líder tenían validez y una tras otra terminaron en fracasos que disminuían a un nivel más precario la vida de los cubanos.



Por su ambición y por su ignorancia nuestra soberanía fue comprometida. A cambio de una subvención anual de miles de millones de dólares Cuba se convirtió en otro peón de la URSS. Esos ingresos fueron dilapidados en esquemas improductivos, caprichos faraónicos, apoyo a guerras de guerrilla, al terrorismo internacional y la compra de cuanto político corrupto hubiera que financiar en el mundo. El castrismo se transformó en un parásito del pueblo soviético y cuando esto terminó, en un aliado del narcotráfico internacional. Hoy es una sanguijuela del pueblo venezolano. Los presuntos logros del régimen no fueron el resultado del trabajo productivo del pueblo cubano, ni de la racionalidad de la economía socialista. Estos logros desaparecieron como un espejismo cuando la URSS se desintegró.



No han faltado culpables externos para tratar de justificar el fracaso, pero lo cierto es que durante cinco décadas la dictadura comerció con todas la naciones industrializadas del mundo democrático, excluyendo a los Estados Unidos. Obtuvo préstamos y asistencia técnica de todos ellos, ha negociado con libertad, y lo sigue haciendo, con países como Canadá, Japón, Francia, Inglaterra, Alemania y España entre otros. El resultado ha sido desastrosamente igual. Nuestro país no tiene que exportar y lo que necesita lo compra y lo paga con la subvención venezolana. En el mes de Febrero del 2007, Magalys Calvo, Vice ministro de economía y planificación del régimen afirmó que Cuba importaba "anualmente el 84% de los alimentos destinados a la canasta básica, por lo cual eroga unos mil millones de dólares". Esto seria inconcebible en un país eminentemente agrícola a menos que se atendieran las explicaciones del economista independiente Oscar Espinosa Chepe que en su artículo"Catástrofe Agraria" explica: "Las bases de este desastre agrario están en el sistema totalitario voluntarista y el latifundio estatal, que han liquidado la iniciativa del campesino."



Se ha culpado al embargo norteamericano como el responsable del fracaso económico e incluso, responsable de la existencia de la propia dictadura. Pero ni España, que ha sido y sigue siendo un aliado prácticamente incondicional de ese régimen, puede enseñar que su política "anti-bloqueo" haya resultado en una mejoría de los derechos humanos en Cuba o en un cambio económico en la isla. Lo único que puede enseñar España es ser condueña con la dictadura del monopolio de la industria turística cubana y la libertad obsequiada por su socio de algunos disidentes injustamente encarcelados.



Este breve resumen de los orígenes del fracaso del castrismo es necesario por dos razones. En primer lugar, porque es muy difícil creer que Raúl Castro, quien fue el principal incondicional de los errores de ayer y el principal cómplice de 50 años de crímenes, represión y abusos, pueda hoy o tenga hoy, ni la legitimidad política, ni la capacidad intelectual y la fuerza de voluntad para promover los profundos cambios requerido en Cuba. En segundo lugar, porque tenemos que dejar en claro que la responsabilidad de nuestro desastre nacional ha sido prácticamente exclusiva de los hermanos Castro y de un limitado grupo de represores, como es el caso de Ramiro Valdéz, individuos responsables directos de atropellos y fusilamientos.



Esto nos lleva a la realidad de que hay en Cuba millones de personas que participaron en el proceso de comunización del país, por pasión ideológica, por ignorancia de las consecuencias o como es el caso de la mayoría de ellos, porque simplemente crecieron en el único sistema que conocieron, el único sistema donde podían estudiar y trabajar. Y son hoy estos compatriotas, que forman parte del gobierno y de sus organizaciones, quienes también ejercen una presión muy grande para que las cosas cambien en Cuba. Son parte de nuestro pueblo y aliados muy importantes en el proceso de democratización y la futura reconstrucción.







Pero debe quedarnos a todos muy claro que el pueblo cubano, ese pueblo que muchos subestiman erróneamente porque le consideran resignado a su fatalidad, aspira a mucho más que a concesiones que evidencian un nivel de discriminación insólito contra el ciudadano cubano a favor de los extranjeros. Como que si se les da o no permiso de tener teléfonos celulares, hornos de microonda, DVD, computadores o visitar los hoteles, hasta ahora prohibidos a los cubanos. El Dr. Darsi Ferrer recientemente señaló que estos bienes y servicios no solamente están fuera del alcance de la población cubana sino que nunca hubo una ley que amparara la prohibición de su uso o disfrute. Un gobierno en el siglo XXI que tiene la necesidad y la desfachatez de prohibir el Internet a su población se descalifica para sacar a Cuba del atraso a la modernidad.



Que nadie crea que es aceptable el anuncio de que ahora a los campesinos se les va dar el usufructo de la tierra. Usufructo que se les puede arrebatar caprichosamente en el futuro como la dictadura lo ha hecho arbitrariamente en el pasado. Esto es una contradicción a la primera Ley de Reforma Agraria del gobierno revolucionario que en 1959 les otorgó a los hombres del campo el título de propiedad de la tierra. Es también importante que quienes están vinculados al gobierno, pero quieren un cambio auténtico, comprendan que seguir hablando sobre los logros y la justicia de un socialismo que ha traído miseria permanente al pueblo cubano, es auto descalificarse ante el pueblo, además de darles tiempo y crédito a quienes pretenden seguir sojuzgando y explotando a los cubanos.



No es por decreto que se consagran los derechos de un pueblo. Lo que hoy se quita con decretos, con decretos se prohíbe mañana. Ni un pueblo se garantiza el camino del progreso y la justicia con medidas producto de conveniencias políticas circunstanciales. La única vía para resolver los problemas políticos, económicos y sociales de nuestra nación es la de una democracia auténtica. Una democracia que se sustente en una constitución libremente discutida por los representantes del pueblo. Una constitución que se pueda elaborar sin imposiciones ideológicas, sin presos políticos, sin represión y al amparo de la libertad de prensa, reunión y asociación. Una constitución que garantice derechos y paute obligaciones, que pueda garantizar que la Nueva República de Cuba tendrán instituciones y leyes que impedirán los abusos del estado, las obligaciones de los servidores públicos y las responsabilidades del estado en las áreas y en la forma que el pueblo determine. Una constitución que ampare el desarrollo personal como un derecho inalienable y como la forma más eficiente de garantizar el progreso colectivo. Una constitución que haga realidad el sueño de José Martí: Con todos y para el bien de todos. Muchas gracias.



Huber Matos B.

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