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SOBRE EL PERDÓN Y LA MEMORIA

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SOBRE EL PERDÓN Y LA MEMORIA

Mensaje por odioafifo el Sáb Abr 12, 2008 8:02 pm

11/04/2008
SOBRE EL PERDÓN Y LA MEMORIA, por Ileana Curra


Por: Iliana Curra



Ariel Hidalgo ha publicado un artículo con fecha 5 de abril en El Nuevo Herald nombrado, “El perdón y la memoria”, donde hace un análisis sobre el perdón y el arrepentimiento en el caso cubano, comparándolo, incluso, con el de otros países como Chile, la antigua Unión Soviética y Sudáfrica.



Personalmente creo que cada caso es diferente, y aunque la represión, la brutalidad y el tiempo en el poder de todos esos sistemas han sido semejantes, cada uno tiene su sello particular.



Citando en su escrito a la periodista chilena, Patricia Verdugo, recuerda las preguntas que ella le hizo a uno de los criminales de su país, una de las cuales fue: “¿Qué haremos ahora para convivir en un mismo territorio?”.



No creo que sea muy difícil la respuesta. Sí torturaste, si asesinaste, si golpeaste, si encarcelaste injustamente a alguien, eso tiene que responderse ante los tribunales. No es que haya un nuevo Nuremberg, porque no será en Alemania. Pero habrá tendrá que haber una nueva Habana, o donde quieran hacerlo. Pero justicia tendrá que haber.



Y siguiendo en su análisis, Ariel Hidalgo dice que: “el ofendido no necesita del ofensor para perdonar”, basándose en lo que Xavier Etxeberría Mauleón plantea sobre lo que es el perdón y lo que siente alguien cuando odia profundamente. Pero el punto no es el odio que se puede sentir o no, independientemente del derecho a sentirlo aquel que haya sufrido en carne propia la represión, castrista en este caso. Este doctor en filosofía puede plantearlo desde su ángulo, pero hay otros muchos puntos que también se analizan desde la perspectiva del que ha sido dañado. Más allá del resentimiento, tiene que prevalecer la justicia.



La justicia curaría el dolor de toda la sociedad que ha vivido sometida bajo un sistema totalitario y represivo por cinco décadas. El odio, o el resentimiento, lo pueden curar una terapia, del mismo modo que un médico cura una herida.



Y en otra conclusión, Ariel Hidalgo dice, basándose en el perdón del ofendido: “Puede hacerlo sin el arrepentimiento del victimario, incluso sin que éste jamás se entere. Jesús clamó en la cruz a favor de los que le crucificaban”. Pero, que yo sepa, Jesús dijo antes de morir en la cruz: “Perdónalos, Padre, no saben lo que hacen”. Pero los esbirros castristas que han mantenido a ese sistema obsoleto en el poder por tantos años, sí que saben lo que hacen. No cambiemos la historia.



Una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, a lo sudafricano, sería ver pasar a los asesinos que hundieron el remolcador “13 de Marzo” diciendo que se arrepienten, pero todos esos muertos, incluyendo los niños, ni siquiera recibieron una cristiana sepultura. Sus familiares aún padecen severos daños psicológicos porque no ha habido justicia. Al igual sucede con los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate que fueron pulverizados en el aire por asesinos confesos que se reían en el momento de matarlos fríamente.



Y si vamos a la historia, tendremos que recordar todos los crímenes que ha cometido ese asqueroso régimen que se ha jactado abiertamente de defender los derechos humanos, apoyado muchas veces por países libres y democráticos que se han hecho el de la vista gorda.



Claro que no podemos olvidar, en eso estamos de acuerdo. Pero al recordar todos esos asesinatos, el haber truncado la vida de tanta gente, tiene que tener un precio, y ese precio se llama justicia. A estas alturas no me importa que le llamen odio a lo que siento. Tengo todo el derecho de sentirlo, al igual que muchos de mi generación que tuvimos que vivir con una repugnante pañoleta al cuello, teniendo que repetir consignas rancias y llenas de odio. Sí, de ese odio que intentaban impregnarnos en nuestras mentes mediante el adoctrinamiento, feroz y estúpido, a la vez. Eso sí que era odio de verdad.



Esa tiranía ha mutilado mentalmente a generaciones enteras. Ha obligado a la gran mayoría a simular para sobrevivir en ella, coartando la libertad de poder hablar sin miedo, como debe ser. Creando mentes enfermas de simulación que ya después no saben realmente, ni siquiera, quiénes son, ni como piensan. Convirtiéndolas en autómatas que solo pueden pensar en sobrevivir a cualquier precio.



“Hay víctimas y culpables a ambos lados de la línea que separa a los adversarios”, dice Ariel Hidalgo en ese auto-culpa que quieren caer muchos aquí y allá. Yo me pregunto si alguna vez pusieron en la lista de culpables a aquellos que realizaron el atentado a Reinhard Heydrich, el más alto representante del Tercer Reich en el protectorado de Bohemia y Moravia, ocupado por la Alemania nazi. Todo lo contrario.



Como ese ejemplo hay miles en la historia, y nadie siente culpa alguna por haber quitado del medio a un asesino como fuera este nazi. Que los tiempos han cambiado, también es verdad, pero nadie puede sentirse mal porque la justicia haya llegado a tiempo en casos parecidos. A fin de cuentas, la justicia en el caso cubano está por llegar, y el único modo, será en los tribunales.



Lo siento por aquellos que se auto-culpan antes de tiempo. Mi gran culpa es haber nacido en un sistema que me obligó de cierta manera a ser quien no quería ser, por lo que luego pagué el precio por rebelarme. Hoy estoy convencida, y lo sigo repitiendo que, sin justicia, no habrá jamás patria.

odioafifo
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