Secretos de Cuba
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¡Cuba y sólo Cuba! Lo demás, ¡Solavaya!

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¡Cuba y sólo Cuba! Lo demás, ¡Solavaya!

Mensaje por freedom of expression el Jue Abr 10, 2008 6:09 pm

Por Iria González-Rodiles
¡Cuba y sólo Cuba! Lo demás, ¡Solavaya!

Si
en verdad es así, que son marxistas y el marxismo es movimiento,
aplíquenlo, porque históricamente se ha demostrado todo lo contrario, o
sea, que el marxismo significa rigidez, atascamiento, y, de moverse,
involución. O mejor, como dijo Ray Nagin, alcalde de New Orleans al
Presidente George Bush y a su teamwork: ¡muévanlo!


No
importa quién propicie el cambio en Cuba, si Los Estados Unidos o la
Unión Europea, si La Habana o Miami, si el Vaticano o Suiza, si los
disidentes, los “revolucionarios” o los mismísimos Extraterrestres,
pero ¡que cambie ya!
Cuba no aguanta más, ¿quién
lo ignora, señores? Por eso, que venga el cambio de mano de quien sea,
pero que termine la desgracia, que acabe el estancamiento, que Cuba
eche a andar, que se inserte en el mundo moderno, para que salga de la
parálisis quincuagenaria en que se ha visto sumergida. Que concluya el
drama en la Isla ipso facto, porque Cuba no merece el martirio, ni el
quebranto. Es primorosa, cordial. Cuba es un tesoro, está llena de
riquezas naturales, culturales, espirituales.
Los jóvenes, los niños, las
nuevas generaciones, no merecen una continuidad de añejas trifulcas
políticas que han resultado vanas, áridas, desgarrantes, para todos los
cubanos, de antes y de ahora, de adentro y de afuera, de todas las
partes. Pero ahora existe la excelente oportunidad de evitar iguales o
peores sufrimientos y contiendas a la Amada Tierra Natal, a los cubanos
del presente y del futuro.
Para el atolladero cubano resulta convincente, casi en su totalidad, lo expuesto por Teilhard D. Chardin en la Revista Les Etudes del 20 de Octubre de 1927:

“Ni en la derecha ni en la
izquierda, se encuentra un espíritu verdaderamente progresivo…uno se
une a un partido u otro porque hace falta escoger si se quiere actuar
(*).
Pero cada uno en el lugar
que ocupa no se siente en realidad a sus anchas, se siente mutilado,
rebelde. Todos quisieran algo más amplio, más comprensivo, y más hermoso… los torbellinos de los partidos, si los seguimos pasivamente, nos arrastran hacia lo irrespirable, ¡necesitamos aire! ¡Hace falta unirnos! No frentes políticos, fascistas o populares, sino un frente general de avanzada HUMANA.

No importan los políticos, ni
las políticas, lo que importa es que Cuba cambie. No importa si el
cambio proviene de la derecha o la izquierda, del centro derecha, del
centro izquierda o del centro de la Tierra. Lo importante es que
cambie. ¡Decídanse ya, por Dios!
Tal como dicen los versos de un poeta cubano (no muy consecuente con éstos, en la práctica): “La derecha y la izquierda / son mis manos al aire”.
(Y no es que mi vida en Suiza me haya conducido a la neutralidad, sino
que he continuado el aprendizaje –iniciado como disidente en Cuba—
sobre la auténtica democracia, el Estado de Derecho y el respeto a los
Derechos Humanos).
“Cambio” he dicho, sin “s”
–no “cambios”—, porque no es lo mismo, aunque parezca igual. Cada
palabra posee su valor, su poder, su efecto en la comunicación humana…
y su significado.
“El cambio” presupone una
renovación profunda de la sociedad, del país: un renacimiento político,
social, económico y humano, “con todos los cubanos y para el bien de
todos los cubanos”. Sin exclusiones. Y es preferible realizarlo
progresivamente, que de forma violenta; sin atropello, pero con notable
ascendencia, apreciable.
“Los cambios” se limitan a
paliativos y atenuantes que sólo calman los ánimos, alivian penurias,
esperanzan a ingenuos y entretienen la opinión pública internacional.
Son semejantes a una catarsis temporal que, de manera cíclica,
retornará a la crisis –objetiva y espiritual— disimulada de forma
momentánea.
Pero, para no limitarme al
laberinto de las palabras y las definiciones, para no quedarme en el
plano teórico, en la palabrería, tengo dos sugerencias concretas,
inmediatas, para el cambio:
Primero, conceder la
libertad a todos los presos de conciencia y políticos. (Recordad que
Batista –el dictador, el “monstruo horrendo”— concedió la amnistía a
los asaltantes sobrevivientes de los Cuarteles de Bayamo y Santiago de
Cuba, pese al sangriento resultado de la acción armada).
Segundo, realizar
elecciones generales y directas, con observadores internacionales y con
la participación –si así lo deciden— de todas las organizaciones
disidentes, que también deben tener acceso a los medios informativos
para divulgar sus proyectos políticos. Al respecto, una incidental:
Sean quienes sean los
elegidos –Martha Beatriz o Raúl Castro, Vladimiro Roca o Payá Sardiñas,
Oscar Elías Biscet o Carlos Lage— tendrá que aceptarse la soberana
decisión del pueblo cubano.
Porque el cambio no es un
relevo en el poder o de poderes, ni la sustitución de un sistema por
otro, con sus respectivos políticos de turno.
En el cambio nos va el alma
cubana, los destinos de la Isla, el orgullo de ser cubanos, el
prestigio de la nación, y no los caprichos de un hombre en la recta
final de su vida, no en los políticos de turno de ningún lugar –o
aspirantes al turno—, no en los rencores y odios inoculados, no en las
mezquinas venganzas potenciales.
¡Hay que cambiar porque
Cuba lo precisa! ¡Sólo cuenta tener coraje y corazón! Pero, como canta
el dúo de jóvenes cubanos “Buena Fe”: “Es que siguen sin hacer lo que hay que hacer, es que siguen sin amar lo que hay que amar, ¡solavaya, solavaya!”.

Algunos me dirán que, por el
momento, quienes ostentan el poder en Cuba son los llamados a dar los
primeros pasos en el cambio: los marxistas, los comunistas, los
socialistas o quienes así se definen.
Viene a mi memoria –¡cuánto
ha llovido!— una rumbita de los primeros años del triunfo
insurreccional contra Batista (también llamado revolución), cuando yo
pertenecía a la Asociación de Jóvenes Rebeldes y que cantábamos en las
plenarias y asambleas:
“El marxismo significa movimiento, eh, eh, movimiento, eh, eh, movimiento, eh, eh”.

Pues bien, si en verdad es
así, que son marxistas y el marxismo es movimiento, aplíquenlo, porque
históricamente se ha demostrado todo lo contrario, o sea, que el
marxismo significa rigidez, atascamiento, y, de moverse, involución. O
mejor, como dijo Ray Nagin, alcalde de New Orleans al Presidente George
Bush y a su teamwork: ¡muévanlo!

Pero, para todos los
implicados en la problemática cubana, sin excepciones, será muy útil
meditar en una moraleja, de un sabio espectacular:
“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein.

Porque no es lo mismo ser patriota que patriotero, periodista que propagandero, maverick que vocero, político que politiquero.

¿Quién tendrá el coraje, la
inteligencia, el desapego al poder, la bondad, el amor suficientes por
Cuba? No lo sé. Está por ver. Pero quien sea capaz de asumir el cambio,
sea bien recibido. Veremos quién le pone el cascabel al gato… digo a
Cuba.
(*) Aunque de acuerdo a
mi experiencia personal, no creo necesaria la militancia en ningún tipo
de partido para actuar en los asuntos patrios, mucho menos si se es
periodista.

........................................................................................................................................................................


Iria González-Rodiles

Es
periodista cubana independiente. Fundadora de la Agencia CubaPress.
Escribe para la prensa alternativa desde 1995. Hoy reside en Suiza.




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