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¿Qué ha cambiado mi opinión?

Mensaje por odioafifo el Dom Mar 02, 2008 9:50 am



¿Qué ha cambiado mi opinión?



En el pasado, no sólo por análisis, sino también por críticas, muchos de mis colegas me tomaron como un rebelde sin causa. El libro “Natumaleza Cubana”, publicado en 1998, pudiera ser considerado un buen ejemplo y punto de partida. No creo que yo haya escrito algo más anticastrista (y dañino al régimen) que ese libro. Pero los adjetivos espantaron pronto a sus lectores. Mera manera hipócrita de estos de cerrar las páginas de 12 años de experiencia de primera mano en la Cuba actual. Por supuesto nada de esto me agradaba mucho, pero entendí que quizás ese era el precio a pagar para poder hoy día mantener distancias.



Entonces nació “Cubriendo y Descubriendo” (junto al maravilloso documentalista Agustín Blázquez). Lo mismo. Hace un par de años tomé conciencia de que había empezado a modificar mi opinión. El pueblo cubano tiene más creyentes que lectores. Un rumor emitido por el régimen es más efectivo que la librería Universal repleta de pruebas publicadas. La guerra biológica de Fidel Castro contra de los Estados Unidos no fue tomada en serio hasta que un sicario del propio Castro lo confirmó en el programa de un dominicano. La introducción de especies exóticas en Cuba no fue tomada en serio hasta que un diario pro-castrista de Miami confirmó el hecho minimizándolo a una sola especie de pez.



Desde que la gente en el exilio, saturados de información hasta alcanzar la sobredosis, son capaces de creer las historias y los bretes de un lunático, o de considerar a las aventuras de Flash Gordon como algo más preocupante que el armamentismo del temible Irán, yo me siento cada vez más distanciado de esa masa de mediocres. La promiscuidad cibernética es fatal (por no decir letal) para un pueblo tan mal educado. Somos tan incultos, estamos tan enajenados, tan robotizados, y tan interesados en la bobería, que somos capaces de creer en todo lo que nos pongan delante. Tanto es así que incluso llaman castristas a aquellos que combaten a los que desde el exilio lo han mantenido en el poder. Como si el Estrecho de la Florida cambiara con un “abracadabra” las ideologías.



Desde hace un par de meses analizo desde esta nueva perspectiva de la promiscuidad cibernética todo lo que me envían. Mis hábitos de lecturas no han cambiado, pero he comenzado a fatigarme con las dificultades que encuentro para accionar socialmente con toda esta gente que me escribe. No hace mucho una amiga cubana me decía que daría todo lo que pudiera para encontrar en su hogar algo que la hiciera recordar el análisis y la mesura. “Me hace falta -decía- hallar un poco de civilidad en esta casa”. De alguna manera, no me sorprendió. Ni siquiera implantando un electrodo gigante como el de la libertad, en el interior de la sociedad exiliada, se es capaz de atenuar ese egocentrismo enfermizo que nos enrarece.



Hace 50 años el régimen de Castro implantó en Cuba un sistema social que sí fue capaz de exterminar la empatía humana. Un comportamiento social que, de haber seguido activo, nos hubiera permitido ver en nuestros compatriotas criaturas con buenas intenciones, buenas emociones y cierta autonomía social. Sólo estos sentimientos hubiesen bastado para que cada cubano viera en el prójimo la fantasía de la reciprocidad. Pero ¿cómo se puede creer en la autonomía (o en la autarquía económica) de un pueblo que no es capaz de reclamar derecho laborales, para que no le reclamen después un mejor aprovechamiento de su jornada laboral?



El cubano muestra hoy día un exacerbado patriotismo que no va más allá de ser un sentimiento simulado. La doble moral pudiera ser ella misma definida como la simulación gratuita de nuestros sentimientos menos divulgados. Hace poco, supe de un padre que decía adorar a su hija y al final, resultó que su “amor paterno” era pura simulación para atraer la atención sobre su maltrecha situación personal. Comenzó pidiendo ayuda para ella, y cuando esta ya estaba en camino, terminó acusándola de ser agente del castrismo. Ergo, el ostracismo social no es más que el fallido intento de los miserables incapaces de vivir dignamente con su soledad. Pocos lo logran, y el teclado juega entonces el role de esa cara humana que no pueden abofetear.



Los hay que desde un pequeño puesto de gasolina comienzan megalómanas cruzadas contra los molinos de viento. Y los hay, que ni siquiera son capaces de dejar pasar la primera línea de esos supuestos guerreros para comprender las falsas esperanzas y las constantes frustraciones que los derrotarán antes de plantar batalla. Es en estos casos en los que yo veo a mis amigos del exilio fantasear más de lo debido. ¿Cuántos no ven al promotor promoviendo, como si la cruzada, sus campañas, y todas sus acciones fueran parte de una realidad ya materializada? Que cuatro de los cien gatos que se ocupan de escribir sobre Cuba se hagan eco de una idea, no quiere decir que la idea haya calado en la conciencia popular. Y ya para rematar, ¿de qué conciencia popular hablo?



Todavía no veo ningún artículo intitulado “Raúl Castro celebrará muy pronto su primer aniversario en el poder” Y entonces, recuerdo al amigo al que yo mismo critiqué en un principio y que ha sido, de los hasta ahora entrevistados, el más acertado. Puedo imaginar que haya miles de personas capaces de describir correctamente a Raúl Castro, más uno sólo lo ha logrado hasta el momento. Esta excepción se llama Delfín Fernández y fue el primero en decir que Raúl era peor que Fidel. Nada de pragmático, nada de coqueteos con un asesino. Este amigo, al que yo mismo tildé de charlatán, ha demostrado saber del nuevo dictador, tanto como Natumaleza Cubana sabía de especies introducidas en los ecosistemas cubanos.



Llevo años tratando de explicar que detestar el chauvinismo incurable del cubano, no puede ser acusado de propaganda anti-cubana. Todo en vano. Por eso, justo ahí, cambié mi forma de atender a los asuntos de Cuba. Desde entonces me di cuenta dónde estaban mejor empleadas mis energías. Hoy, ya no me ocupo tanto de criticar al dictador como a aquellos que lo han mantenido en el poder. Desde que Natumaleza Cubana y Cubriendo y Descubriendo pasaron tan inadvertidos, me he convertido en un crítico cultural que mete en su colimador esa falsa identidad y orgullo nacional. Hoy por hoy soy un crítico del comportamiento alardoso del cubano, y no soy neutral (a pesar de vivir en Suiza), y eso me hace feliz.



Carlos Wotzkow

Bienne, Marzo 2, 2008


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