Secretos de Cuba
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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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“”” SERVILLETAS.”””

Mensaje por EstebanCL el Sáb Feb 23, 2008 9:12 pm

“”” SERVILLETAS.”””





Los otros días estuve por casa de Roberto, nos reunimos de vez en cuando para gusanear un poco entre laguer y laguer. Debo confesar que siempre ha sido muy moderado en público, pero cuando pasa de la cuarta cerveza se le afloja la lengua, siempre he dicho que el alcohol tiene poderes mágicos. Después que se pone contento, porque no se puede negar que un estado de semi embriaguez la gente muestra una alegría del carajo. Borracho no, hay gente que le hace daño la curda y se ponen agresivos, tristes, nostálgicos, gritones, bailadores, ligones, calientes, atrevidos, faltos de respeto, etc. Una buena borrachera puede conducir una persona a momentos impredecibles de las cuales se abochornan al siguiente día si fue mala. Otros no, son celebrados, mucho más si fue el que puso la curda, casi siempre es perdonado y llega a ser admirado. La gente buscará alguna excusa para justificar ese mal día, hoy no estaba para él y le cayó mal, pero no es así. ¡Coño! Yo conozco a Roberto desde que era un chamaco y se inició, puedo asegurarle que posee una cultura alcohólica superior a la de cualquier ser humano. Así las cosas, se han establecido niveles dentro de ese terreno que pueden asegurarte un título universitario y cuando no hasta nobiliario. No faltará aquel que sin exageración diga algún día, ese hombre es un Caballero, y ahí mismo crecerá tu fama.

A Roberto se le ponen los ojos chiquitos cuando anda en nota, yo creo que a todos nos pasa lo mismo. Se le enreda la lengua como a todo el mundo, casi siempre después de la décima cerveza. Bueno, depende del porcentaje de alcohol que tenga la consumida ese día. Recuerdo que en nuestras primeras reuniones me dio por comprar una con el nueve por ciento, y para qué fue aquello, Roberto lograba llegar a la séptima con muchos sacrificios e insistencia. ¡Claro! Yo no me había detenido a estudiar su situación, llevaba muy poco tiempo en Canadá y arrastraba el lastre del picadillo de soya y todo el período especial, estaba fuera de fonda. Tampoco hubo mucha necesidad de insistir, era muy corto el tiempo transcurrido para eliminar de la mente ese mal hábito adquirido en la isla. No sé si me comprendan, algo acaparador y bastante pilón. Tragaba, tragaba y lo hacía apurado, como temiendo que la cerveza se acabara. ¡Tranquilo, men! No se va a acabar nunca, todos los mercados están repletos de bebida, pero él desconfiaba, parecía un camello acabado de atravesar el desierto de Sahara de norte a sur, no tenía fondo. Luego, aquella vieja teoría de los borrachos cubanos que consta dentro de sus reglamentos como un sagrado mandamiento: “No orines durante el consumo de las primeras cervezas”. No existía explicación alguna a esas antiguas leyes, no decían si era por ausencia de servicios sanitarios, para que el organismo asimilara el máximo de alcohol posible, no sé, no sé, nadie ha dado una explicación científica. El Caso es que Roberto se extendía más allá de la media normal, varias veces me detuve a observarlo y siempre me mantuvo con la duda esa capacidad de almacenamiento, como si las tripas se les extendieran por todo el cuerpo. No era para menos, mi socio tiene unos cinco pies de estatura, ni un poco más, ni un poco menos. Súmale a ello que es bien flaco, imagino que su pantalón tenga a todo reventar veintiocho de cintura, no más. Debe suponerse que la vejiga sea proporcional al organismo humano, pero en su caso no creo tenga otra cosa dentro del abdomen, o sea, es una vejiga con inteligencia. ¡Coño! Ahora que hablo de él me pongo a darle taller al asunto y mis sospechas confirman mis suposiciones. Roberto casi no come, lo hace igualito que cualquier Gorrión, bebe como un camello, pero siempre dice que no tiene hambre, sus mojoncitos tienen que ser como los de los chivos.

El momento oportuno para gusanear con él no puede extenderse más allá de la séptima cerveza, después de ella se le enreda la lengua, se le cierran los ojitos, se levanta al baño constantemente tratando de mear toda el agua consumida en el último oasis encontrado en el desierto. No coordina las ideas, habla mucha mierda y confunde a Castro con Celine Dion, Madonna con Maradona, Pérez Roque con Carlos Ruiz de la Tejera, te discute que Celia Sánchez hizo famosa la canción del Yerberito. Bueno, después de la octava hay que tirarlo a mierda y no hacerle caso, insiste, insiste en lo mismo y te dan deseos de meterle un botellazo en la cabeza como hacían en las malas pilotos del barrio. Para hablar mal del gobierno tiene que ser entre la tercera y la sexta, está contento y valiente. ¡No, miren pa’que vean!, nunca ha sido agresivo, ni fresco, ni falta de respeto. La curda le pide cama, nada de sangre, se puede, se puede beber con él sin temores a un espectáculo o llamadas de los vecinos a la policía.

Eso sí, para poder gusanear tranquilo y arreglar el mundo como hacen los buenos borrachos, hay que hacerlo en privado, su mujer no puede estar presente. Ya saben cómo es eso, siempre lo mismo, y para que lo sepan, cansa. Que si ustedes no van a tumbar a Fidel desde aquí, que pa’qué se rompen la cabeza con los problemas de Cuba. ¡Vivan su vida, coño!, les va a caer mal la cerveza y se gastaron la plata pa disfrutar. ¡Pero carajo! Su mujer solo habla de pacotilla, que si los precios de la carne, que si el pollo, que si el papel sanitario está en especial. El papel del butin, el que es suavecito y viene doble, y no se rompe. Porque no hay nada más desagradable que estar limpiándote y se rompa el papel y te embarres los dedos. Tampoco me explico esa obsesión nuestra que mantiene atado nuestro culo a la isla, son pocas las reuniones donde no salga a la palestra el papel sanitario. Pero ya le agarré el tumbao, les pongo música si es en mi casa la reunión y las acomodo en la cocina para que se maten hablando de precios. Me voy con el Robert para mi oficina y allí hablamos tranquilos, claro, hasta los límites de alcohol explicado anteriormente. Pero esa no es la lucha de su mujer, yo sé que sus miedos tienen como fundamento que yo pueda envolver a Roberto en mis gusanerías. ¡Pero, carajo!, si nunca lo he invitado a nada, yo solo escribo, pero hasta de eso tiene pánico. Yo la comprendo, pero no es para tanto tampoco. Bueno, el problema fue que a ella le costó mucho trabajo convencerlo para regresar a Cuba. Solo me enteré de aquella aventura cuando regresaron, ustedes saben cómo es eso, la curda te levanta el espíritu de vez en cuando y crees de verdad que puedes combatir un león en medio de un coliseo. Pero cuando te falta el alcohol puedes claudicar y eso le pasó a mi socio. Se los digo yo, era un plantado, lo fue hasta un día, el día que le faltó la curda y pensó en la abuelita, la tía, la sobrinita. Eso es normal, pienso yo, no todo el mundo puede ser héroe y menos aún mártir. Ella me lo dijo y esperó alguna condena de mi parte, pero se equivocó, no soy nadie para juzgarlo. Entonces me contó de sus temores durante aquel vuelo, lo imagino con un pamper de adulto y buena marca comprado en uno de esos especiales de los que ella se encuentra al tanto. Pero nada, seguimos siendo tan socios como siempre, ya ha regresado varias veces a la isla y no se le escapan tantos peos durante el vuelo.

A lo que iba, mi socio no me dijo nada de la visita de su cuñada cuando me invitó a su casa, tampoco era una obligación, me tenía reservada esa sorpresa. Bueno, ya estaba allí y no podía decirle que declinaba su invitación, pero me dio unas ganas tremendas de mandarlo al carajo, ustedes no se imaginan. El lío es que la doña estuvo por acá hace unos años y se me calentó la cabeza escuchándola hablando tan bien de aquello. No solo he tenido esa experiencia con ella, un día me empujaron a Miguelón en el carro y se le ocurrió abrir la boca para defender aquello. ¡Miren! Arrimé el carro a la acera, había un frío que ustedes no pueden imaginarse. Si vuelves a abrir la jaiba en lo que nos resta de recorrido hasta tu casa, voy a detener el auto nuevamente y te vas a bajar a patadas por el culo, ya lo sabes, le dije. Creo que fue la última vez que me habló de política, por allá anda el mariconzón, pidiéndole a la sobrina que le ponga una carta de invitación. Como si el billete para cubrir esos gastos se recogieran en un árbol sembrado en el patio de la casa, allá está, cagando pelos, así se morirá por pendejo, porque no tuvo timbales para comenzar desde cero y sacar a sus hijos.

Ya estaba en la casa de Robert y saludé con esa mezcla de educación e hipocresía a su cuña. El socio no se llevó el pase, pero su mujer sí, ella tiene mucha más maldad y carretera que él. Al rato nos encontrábamos en la sala hablando de nuestros temas, ese día evitamos secretamente gusanear y todo se desvió a los problemas de los carros, el precio de la gasolina, las nevadas y costo de los mecánicos. Le seguí la rumba para que no se sintiera incómodo, además, no creo me haya invitado con el fin de molestarme. Yo hablaba, él hablaba, contaba las cervezas consumidas, me dijo se había tomado dos antes de mi llegada mientras atendía el lomo de puerco que descansaba en el horno. Yo hablaba y él hablaba, pero tenía la única oreja disponible orientada hacia el comedor y hubo oportunidades en los que perdía el hilo de la conversación, me concentraba en lo que hablaban las mujeres. ¿Qué les cuento? La misma historia, los mismos cuentos, las mismas mierdas de su cuñada, todo en Cuba era perfecto, había de todo. Si su mujer mencionaba, porque ya les dije que la esposa de Robert amaba la pacotilla, pues si ella mencionaba una marca de jabón, allá le salía la hermanita y le daba una disertación de jabones existentes en el mercado cubano. Digo yo, entonces la gente de allá habla mucha mierda. La mujer de Robert sacó mantequilla para no sé que mierda y allá salió su cuñadita. Hablaron de zapatos marca Aldo, ella sabía de otras marcas. Mencionaron autos y no les cuento, dijeron algo de las rentas y para qué les cuento. ¡Hasta el eclipse, coño! Hasta eso era mejor en Cuba, solo le faltaba decir que allí la nieve era más blanca y atractiva. Por mi madre, estuve a punto de reventar en varias oportunidades, pero me contuve, ese no era mi problema, no me encontraba en mi casa. Por su boca hasta los Play Station andaban por la libre y hablaba con orgullo de su retiro. Saco cuentas, porque no soy malo para ellas, ¿cuánto le darán de retiro? ¿Doscientos cincuenta pesos cubanos? Lo dudo, pero supongamos que así sea, dividido entre veinticinco, diez dólares mensuales. ¡Coño! Si es feliz con eso, ¿qué derecho tenemos a destruir esa felicidad? Sin embargo, algo me sacó de todas esas malignas cavilaciones.

-¡Saca las servilletas que hay en esa gaveta! Dijo la mujer de Robert en una pequeña pausa, creo que se disponían a montar la mesa.

-¿Te acuerdas la costumbre de nosotros cuando montábamos la mesa en casa? Fue la voz de su hermana, la cuñadita de Robert.

-No te entiendo. Le contestó la mujer de Roberto a su hermana.

-¡Sí, chica! Cuando venía visita a la casa y sacábamos todos los trapos para decorar la mesa.

-No te entiendo, Matilda. Le volvió a responder.

-Chica, ¿no recuerdas que poníamos el mantel, sacábamos todos los cubiertos y poníamos servilletas?

-¿SERVILLETAS? Tú me disculpas Matilda, pero desde que tengo uso de razón no recuerdo haberlas usado en casa.

-¿Cómo vas a decir que no? Siempre las usamos.

-¿Qué en nuestra casa usamos servilletas? Matilda, yo creo que te está patinando el coco. Si en Cuba no había papel para limpiarse el culo, ¿crees de verdad que alguna vez existieron las servilletas?

-¡Qué sí! ¿No recuerdas que íbamos con mamá a comprarla?

-¡Claro que no! Nunca, las nuevas generaciones de cubanos nunca pudieron comprar servilletas, no las había.

-¡Qué sí! Lo que pasa es que has perdido la memoria.

-Que no he perdido nada, te asimilo todo lo que pueda generar tu imaginación, pero no me vengas ahora de que en la isla se vendió servilletas. Robert y yo pactamos una pausa y nos dedicamos a escuchar aquel interesante diálogo, yo creo que él pudo adivinar mis pensamientos. Nos conocíamos desde Cuba y comprendía el esfuerzo que yo realizaba para contenerme y no participar en un debate tan estúpido. Conocíamos perfectamente a la familia y sabíamos que Matilda mentía en algo tan insignificante como la existencia de una servilleta en la vida de un cubano.

-¿Te acuerdas, consorte? No sé qué rayos le iba a decir después, pero me salió.

-¿De qué mi ambia?

-De aquellos tiempos, nosotros sí podíamos. No quiero meterme en la discusión para evitarte malestar, pero esta vieja olvidó que las únicas veces que visitó un cabaret fue con nosotros. Tú sabes de qué carajo te hablo, cuando aquello podía entrar los cubanos, pero los salarios que siempre han ganado no les han alcanzado para estos lujos, ¿te acuerdas, mi socio?

-¡Claro que me acuerdo! Debo confesar que Roberto no estaba alegre aún ni se había levantado para ir al baño.

-¡Oye! Y que venga esta vieja con esas historias a la altura del juego. ¡Asere! Tenemos que morir todos los que pertenecemos a esta **** generación y que los chamas decidan cuál será su destino.

-¡No te envenenes, asere! No vale la pena por una servilleta de mierda.

-Es verdad, una cosa tan insignificante como eso.

-Tú no sabes nada, desde que llegó la computadora no para de tener virus y aparecen una pila de números telefónicos desconocidos en las llamadas de larga distancia.

-¡Cómprate otra computadora, tumba el servicio de larga distancia!

-No había pensado en eso.

-¡La mesa está servida! Dijo alguien desde el comedor.

-Con servilleta y todo, como en los mejores tiempos. Dijo Matilda, me hice el sordo.







Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2008-02-23



Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.

Otros trabajos pueden encontrarse en las sig. direcciones:


http://www.conexioncubana.net/index.php?st=content&sk=blogcategory&id=176&sitd=416&showcatname=ok
http://www.amigospais-guaracabuya.org/#casanas
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Re: “”” SERVILLETAS.”””

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 23, 2008 9:19 pm

Estos son los escritos( y los de PorFin) que no me pierdo.

Cocotudo!!! Por no decir coj...........( tu sabes!!, por aquello de la barrita azul de respeto al foro.)

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Re: “”” SERVILLETAS.”””

Mensaje por francisco germes cuesta el Sáb Feb 23, 2008 11:25 pm

Como dice Nuestro Hermano Caminante, el articulo está Cojo.udo.
Te Felicito Esteban, Como siempre Magnifico, Muchas Gracias por tan buena recreación artistica.
Caminante, la barrita es verde!! ó estabas tomandote algun lague con la lectura.

Saludos y Respetos a los Buenos.

Paco

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Re: “”” SERVILLETAS.”””

Mensaje por armando aguilar el Sáb Feb 23, 2008 11:31 pm

Me sumo al criterio de mis hermanos caminante y paco.
Hermano Esteban, sencillamente genial.
Un abrazo.

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Re: “”” SERVILLETAS.”””

Mensaje por EstebanCL el Dom Feb 24, 2008 3:06 pm

Hola Caminante, Paco y Armando..

Gracias muchachos, creo que como están las cosas es mejor reírnos algo de la vida, esto no hay quien lo tumbe y tampoco quien lo arregle, a reír entonces.

Un abrazo..

Esteban

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Re: “”” SERVILLETAS.”””

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