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PASTORAL DE LOS OBISPOS CUBANOS 08/09/60

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PASTORAL DE LOS OBISPOS CUBANOS 08/09/60

Mensaje por Invitado el Mar Nov 06, 2007 2:58 pm

Pastoral de los Obispos Cubanos - 8 Agosto 1960


"Condenamos, en
efecto, el comunismo, en primer lugar, porque es una doctrina esencialmente
materialista y atea, y porque los gobiernos que por ellos se guían figuran
entre los peores enemigos que ha conocido la Iglesia y la humanidad en toda su
historia".


A
nuestros amados fieles:






No
creó Dios nuestro Señor el mundo para los bienes que de él pudieran obtenerse,
gracias al ingenio y al trabajo del hombre, sirviesen solo para hacer más grata
la vida de unos pocos, mientras innumerables seres humanos estuviesen
careciendo de los medios adecuados para satisfacer sus necesidades más
elementales. Una más justa distribución de la riqueza ha sido siempre y
continúa siendo punto esencial de la doctrina católica.






De
aquí que la Iglesia acoja siempre con la más viva simpatía cuantas medidas
puedan a contribuir a elevar el nivel de vida de los humildes






Las
reformas sociales que, respetando los legítimos derechos de todos los
ciudadanos, tiendan a mejorar la situación económica, cultural y social de los
humildes, tienen apoyo moral de parte de la Iglesia.






Faltaríamos
sin embargo a nuestra obligación de decirles a nuestros fieles, y al pueblo de
Cuba, toda la verdad, si en balance de los aspectos positivos y negativos del
histórico momento que hoy vive nuestra Patria, no les dejáramos saber también
con no menor claridad, nuestras principales preocupaciones y temores.






Podríamos
señalar algunos puntos en que las medidas de carácter social antes mencionadas
no han sido llevadas a cabo con el respeto debido a los derechos de todos los
ciudadanos con que fueron inicialmente anunciados, pero creemos será mejor que
nos ciñamos a un problema de extraordinaria gravedad que ninguna persona de
buena fe puede negar en este momento, y es el creciente avance del comunismo en nuestra Patria.






En
los últimos meses el Gobierno de Cuba ha establecido estrechas relaciones
comerciales, culturales y diplomáticas con los gobiernos de los principales
países comunistas, y en especial con la
Unión Soviética. Nada tendríamos que decir desde el punto pastoral acerca de
los aspectos estrictamente comercial o económico de estos acercamientos, pero
sí nos inquieta profundamente el hecho de que, con motivo de ellos, haya habido
periodistas gubernamentales, líderes sindicales y aún algunas altas figuras del
gobierno que hayan elogiado repetida y calurosamente los sistemas de vidas
imperantes en esas naciones, y aún hayan sugerido en discursos pronunciados
dentro y fuera de Cuba, la existencia de coincidencias y analogías, en fines y
en procedimientos, entre las revoluciones sociales de esos países y la
Revolución cubana.






Nos
preocupa este punto muy hondamente, porque el catolicismo y el comunismo responden a dos concepciones del
hombre y del mundo totalmente opuestas, que jamás serán posible conciliar.






Condenamos,
en efecto, el comunismo, en primer lugar,
porque es una doctrina esencialmente materialista y atea, y porque los
gobiernos que por ellos se guían figuran entre los peores enemigos que ha
conocido la Iglesia y la humanidad en toda su historia. Afirmando engañosamente
que profesan el más absoluto respeto a todas las religiones, van poco a poco
destruyendo, en cada paso, todas las obras sociales, caritativas, educacionales
y apostólicas de la Iglesia y desorganizándola por dentro, al enviar a la
cárcel con los más variados pretextos, a los obispos y sacerdotes más celosos y
activos.






Condenamos
también al comunismo por ser un sistema
que niega brutalmente los más fundamentales derechos de la persona humana.
Porque para alcanzar el control total del Estado sobre los medios de producción
establecen en todas partes un régimen dictatorial, en que un pequeño grupo de se
impone por medio del terror policial al resto de sus conciudadanos. Porque
somete completamente a la economía y a la política, sacrificando muchas veces
el bienestar del pueblo a las ambiciones y conveniencias del grupo gobernante.
Porque va anulando progresivamente el derecho de propiedad y convirtiendo a la
larga a todos los ciudadanos, más que en empleados, en verdaderos esclavos del
Estado. Porque le niegan al pueblo el derecho que tienen de conocer y de todos
los medios de información y no permiten que les lleguen a los ciudadanos otras
opiniones que las que mantiene el grupo gobernante. Porque subordinan
indebidamente la vida familiar al Estado, impulsando a la mujer a dejar el
hogar para que realice, fuera de su casa, las más duras tareas, y educando a
los hijos en la forma que el Gobierno desea, sin contar a derechas con la
voluntad de los padres.






Al
condenar la Iglesia las doctrinas y procedimientos comunistas, no lo hace, por tanto, en una forma parcial, en nombre
de determinados grupos de la sociedad que pudieran verse afectados por el
establecimiento de un régimen de esta índole; lo hace en nombre de derechos
inalienables de todos los hombres, que, en una forma o en otra, son vulnerados
sin escrúpulos por el gobierno comunista.







Recuerden,
pues, nuestros hijos, díganlo bien alto a toda Cuba, que la Iglesia nada teme
de las mas profundas reformas sociales siempre que se basen en la justicia y en
la caridad porque busca el bienestar del pueblo y se alegra de él, porque ama
al pueblo y quiere su bien, no puede por menos condenar las doctrinas comunistas. La Iglesia está y estará siempre en
favor de los humildes, pero no está ni estará jamas con el comunismo.


No
se le ocurra pues a nadie, pedirle a los católicos en nombre de una mal
entendida unidad ciudadana, que nos callemos nuestra opinión a estas doctrinas,
porque no podríamos acceder a ella sin traicionar nuestros más fundamentales
principios. Contra el comunismo
materialista y ateo, está la mayoría absoluta del pueblo cubano, que es
católico y que sólo por el engaño y la coacción podría ser conducido a un
régimen comunista. Que la Santísima
Virgen de la Caridad del Cobre no permita que esto llegue jamás a suceder en
Cuba.






Así
lo pedimos a Dios Nuestro Señor por la intercesión de nuestra Excelsa Patrona.


Manuel,
Cardenal Arteaga, Arzobispo de La Habana; Enrique Arzobispo de Santiago de
Cuba; Evelio, Arzobispo Coadjutor y Administrador Apostólico de La Habana,
Obispo de Matanzas; Carlos, Obispo de Camagüey; Manuel, Obispo de Pinar del
Río: Alfredo, Administrador Apostólico de Cienfuegos; José, Obispo Auxiliar de
La Habana; Eduardo, Obispo Auxiliar de La Habana.

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