Secretos de Cuba
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Cuba y la triste realidad de sus dos caras

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Cuba y la triste realidad de sus dos caras

Mensaje por el guayabero el Lun Nov 05, 2007 4:24 pm

"....Observo mucho malestar, la gente se queja de todo y ya no se
traga la excusa del embargo. Las cifras oficiales indican que el
comercio con Estados Unidos ha crecido más de 100 veces durante el
gobierno de Bush, 2001- 2006, es el de mayor crecimiento y el tercero
del continente, después del comercio con Venezuela, el más importante
del mundo, y con Canadá..."


Por Maria Elena González Deluca

Analitica/Noticuba Internacional

Lunes, 5 de noviembre de 2007


La conciencia de un privilegio incómodo fue inevitable hace unos días,
mientras compartíamos con un grupo de académicos europeos la excelente
cerveza cruda, dispensada por un sofisticado y estilizado envase de
vidrio, y disfrutábamos de la noche cálida del Caribe, en la Plaza
Vieja, cuidadosamente restaurada, de La Habana colonial. El lugar
recuerda a Sevilla, o a alguno de esos preservados espacios cuadrados
de calles empedradas, rodeados de antiguos edificios, las plazas
europeas, donde los turistas pasean, comen, beben, conversan y miran.
De regreso por calles que bajo la luz mortecina tienen un misterioso
atractivo, entramos al Floridita y salimos quejosos por el ambiente
ajetreado y por el daiquiri con sabor a limonada y precio inflado para
turistas.
Disfrutamos cada mañana el desayuno buffet cuya abundancia y calidad
invita a los excesos, el hotel manejado por Sofitel de Francia, el
Sevilla, en La Habana vieja, es de primera, encantador con sus cien
años de existencia, renovado, con todos los servicios, incluso
Internet carísimo a 6 pesos convertibles la hora. Vamos al Hotel
Nacional, elegante y señorial, de sólida y ecléctica arquitectura, con
una vista maravillosa al mar, jardines impecables, en las terrazas
mesas y enormes sillones de mimbre con mullidos cojines, ocupados por
turistas que consumen costosas bebidas. El servicio de su restaurante,
el Aguiar, es de refinada elegancia: la mantelería impecable, la
hilera de 3 copas para cada tipo de bebida al frente de cada plato y
la fila de cubiertos a los lados, los mesoneros profesionales,
correctos, atentos al protocolo, elegantes en black tie, las lámparas
de cristal, los enormes espejos, y la pianista que toca en el piano de
cola crean una atmósfera de lujo. La comida y la bebida inmejorables.
Varios restaurantes en La Habana acogen con esa clásica elegancia
burguesa a los turistas que recorren la ciudad. Una tarde de calor
bochornoso asistimos a un agasajo oficial en la Marina Hemingway. Es
un exclusivo complejo residencial de lujo, con canales y casas
espectaculares que rentan los acaudalados turistas extranjeros dueños
de los lujosos yates amarrados a su frente, como en cualquier canal de
Miami Beach. El acceso rigurosamente controlado.

En estos lugares se consume lo mejor, se disfruta todo lo bueno que
puede comprar el peso cubano convertible (1 cuc = 0.80 $) que manejan
los turistas. Allí no hay cubanos, excepto los trabajadores y uno que
otro invitado. Es la Cuba del turista y de unos pocos privilegiados
donde todo funciona bien y muy bien, hay abundancia, hay riqueza, y se
puede ser feliz en esa Cuba exclusiva, donde cada centavo de cuc que
se gasta es para el Estado, el dueño de todo y de todos.

Pero la mayor parte de esta reciente visita la pasamos, con una amiga,
gastando suela por las calles de La Habana, la de los cubanos de a
pie, la de la gente que anda a la caza del "rebusque", la de los/as
jóvenes jineteros/as que no discriminan edad y apariencia ante la
vista de extranjeras/os que puedan regalarles un momento de disfrute
del lujo reservado a los turistas. Admiramos el malecón de los tiempos
de la ocupación americana, la monumental arquitectura, la imponente
ciudad colonial, el refinamiento de la sacarocracia cubana visible en
los majestuosos palacios con poderosas columnas, grandes escalinatas,
bronce, cristal, vitrales, hermosas rejas de elaborada factura,
maderas preciosas ornamentadas, el mármol de carrara por todas partes,
en edificios públicos, en mansiones privadas, en paseos públicos, en
monumentos, en grandes plazas.

La gran burguesía, creadora de esas fastuosas construcciones que
completan en El Vedado y Miramar el paisaje urbano prerrevolucionario,
fue tan poderosa que su antiguo esplendor se advierte pese a la ruina
deplorable de su grandiosa arquitectura. Es agobiante ver los
edificios que resisten como restos de una guerra, sin ventanas,
oscuros, con aguas de incierta procedencia corriendo libremente, con
paredes descascaradas, escalinatas derruidas, muros agrietados,
remendados, apuntalados. Estremece el ánimo ver la gente que habita en
ellos, sentados en los umbrales, parados en las puertas, viendo el
mundo pasar con mirada hostil o cansada, niños descalzos en la mugre.
Pasamos días metiéndonos en donde la prudencia permitía y la
curiosidad nos llamaba, sin impedimentos, viendo y hablando con gente
sencilla, en encuentros casuales, haciendo preguntas simples que
conducían muchas veces a largos, inesperados y dramáticos testimonios.
Taxistas, caleseros, mesoneros, transeúntes, profesoras, vendedores,
empleados, un jubilado, el cuidador de una escuela, un miembro seglar
de la orden franciscana, una médico. Las quejas son unánimes y
coincidentes y los juicios duros, desafiantes. Varios recuerdan que
cuando la URSS los amparaba, comían completo y estaban mejor.
Observamos desencanto, poca resignación, y rabia que alguno manifiesta
con una palabrota.

La libreta de racionamiento determina los productos y cantidades que
el Estado reparte al mes: 6 libras de arroz y de azúcar, 6 huevos, el
equivalente de un vaso escaso de aceite, un trozo de carne o pescado,
un jabón de aseo cada dos meses y uno para la ropa cada tres. Nada de
granos, ni frutas, ni variedad de legumbres, leche sólo para niños
menores de 7 años. Una abuela protesta porque no consigue manteca para
untar el pan que le da a sus nietas, así "aguantan". La escuela da
"una comida fuerte a los estudiantes" para que "aguanten" las 8 horas,
nos dice el cuidador de un plantel donde asisten niños de 7º a 9º
grado, entre 12 y 14 años: un pan con queso, o con mortadela, una
hamburguesa, arroz, o un huevo con pan; no se permite, en aras de la
igualdad, que lleven comida de su casa. La escuela, a dos cuadras del
Capitolio, exhibe un cartel: "Bienvenido Presidente Chávez", Ah,
¿estuvo por aquí?, preguntamos. "Nooo", responde sin malicia, a él lo
llevan a las escuelas mejores. Allá también. Otro día, una profesora
guarda la comida que nos sirven en un agasajo para su hijo de 11 años,
en la escuela no come completo. Su esposo médico trabaja en Yaracuy y
cuando puede envía algunos lujos como cereales, leche -hoy un lujo
también aquí-, y otras cosas así.

Las cifras oficiales indican que en Cuba no hay desnutridos, o muy
pocos. Entonces ¿cómo hacen? Porque la gente no miente sobre la
escasez de alimentos. Se las rebuscan y cuando pueden van a los agros.
¿Qué es eso? Son los agromercados donde se consiguen a "precio de
mercado", un huevo a 2 cuc, productos que ofrecen cooperativas o
pequeños productores particulares, el Estado retiene el equivalente
del 90 % del beneficio. Los agro, los precarios abastos donde
"funciona el mercado" también son del Estado. Pero, ¿acaso no hay una
agricultura productiva en esos suelos que parecen tan fértiles? No, la
producción agrícola es muy baja porque pocos están dispuestos a
trabajar por nada. La caña de azúcar, es una sombra de lo que fue.
Cuba es una sociedad que no produce. Los turistas son la gran fuente
de ingresos.

Unos dicen que la atención a la salud está bien, otros la cuestionan,
algunas medicinas deben conseguirlas por "la libre" (el mercado), las
toallas y sábanas en los hospitales de tan usadas dan grima, hay
muchos consultorios cerrados y la espera es larga porque los médicos
los mandan a Venezuela y Bolivia. "Claro nos faltan muchas cosas" nos
dice una médico dermatólogo, con más de veinte años de servicio, que
gana 26 cuc. Lo más importante es que les falta una alimentación
adecuada, el primer mandamiento de la salud. Las mejores clínicas, las
de lujo, son para los extranjeros, o sus gobiernos, que pagan la
atención en convertibles. Allí no van los cubanos.

Todos pueden tener una carrera universitaria si lo quieren, así hay
mesoneros agrónomos, caleseros ingenieros, mucamas graduadas en
biología. Otros rechazan la oportunidad ¿para qué estudiar? Una
mansión prerrevolucionaria en El Vedado, en estado ruinoso, sin
ventanas, con escalones rotos, es la sede de una Universidad para
adultos, allí se estudian licenciaturas, nos dice un vecino. También
hay clases por televisión para presos o amas de casas, es el programa
"Universidad para todos", un físico, un astrónomo, un
internacionalista, un economista, una geógrafa, imparten clases,
ninguno deja de mencionar a la revolución, citar al comandante y
criticar al imperio; el economista critica la propiedad privada y la
privatización del conocimiento en el sistema capitalista, y remata con
mucha convicción: "esto explica que en el capitalismo la ciencia no
avance". Uno entiende que sólo un presionero mental aceptará esa
mentira. Los cubanos sólo tienen dos periódicos: Granma y Juventud
Rebelde, que en 4 páginas despachan lo que la población debe saber.
Nadie se entera de nada que el Estado quiera silenciar. Tampoco tienen
acceso a Internet, excepto en algunos centros autorizados o eludiendo
controles, como lo hace Yoani la autora del blog más popular en estos
días. Una minoría tiene correo electrónico. Las direcciones y
contraseñas se venden en el mercado negro.

"Aquí el Estado es dueño de todo" repiten cuando uno pregunta "¿Y esto
es suyo?". Cada institución del Estado tiene compañías que administran
determinados bienes. La "Oficina del Historiador" se encarga de las
restauraciones, mueve las brigadas que pintan y reparan, administra
los fondos, también las donaciones extranjeras, y controla mediante la
compañía "Fénix", los museos, los sitios históricos, los monumentos,
los caballos y carruajes que pasean turistas. El historiador, Eusebio
Leal, tiene fama de buen relacionista, obtiene fondos para las
restauraciones, sabe halagar a los capitalistas extranjeros para
conseguir donaciones. Y como todo lo histórico atrae al turista, que
deja dinero, los empleados de turismo se consideran privilegiados,
porque del turista reciben propinas y a veces pueden evadir los
controles y guardarse algún dinerillo extra.

Observo mucho malestar, la gente se queja de todo y ya no se traga la
excusa del embargo. Las cifras oficiales indican que el comercio con
Estados Unidos ha crecido más de 100 veces durante el gobierno de
Bush, 2001- 2006, es el de mayor crecimiento y el tercero del
continente, después del comercio con Venezuela, el más importante del
mundo, y con Canadá. Un seglar de la orden de San Francisco, con quien
converso largamente, confirma mi impresión. "¿Hasta donde llegará
esto? " pregunto. Esto, dice, es una enorme falacia y la gente se da
cuenta. Sin duda, cómo no darse cuenta. Hay dos Cubas, la falacia es
que la Cuba revolucionaria cree que derrotó al mercado, pero vive de
la otra Cuba, la de los turistas, donde funciona el mercado,
controlado pero mercado. La revolucionaria es una especie de gran
"Apartheid" para los nativos, excluidos de la Cuba que disfruta de
todo lo que no pueden tener pero quieren. Se exige a los cubanos poner
el hombro a la revolución, "priorizar los recursos del país para el
turismo", que trae el dinero de las economías de mercado y mantienen
la segregación. No tienen otra opción, son los mismos cubanos que
desfilan con banderitas en las convocatorias oficiales, "intenta no ir
y verás", nos dicen. Mayor falacia imposible.

Cuba, me dice el seglar, no tiene gobierno actualmente porque el que
mandaba terminó su vida política y está a punto de concluir su vida
biológica. En todo caso ya no manda, pero nadie lo desafiará mientras
viva. El sucesor oficial, no es capaz y no lo respetan. Pero aunque se
habla de transición, el gobierno teme ceder poder porque sabe que si
cede un poco puede se forzado a conceder más. Y todos temen perder el
poder. Sin embargo, "esto está llegando a su fin". Mi impresión es que
desaparecido el jefe máximo, las presiones por el cambio van a ser muy
fuertes y si el gobierno niega los cambios las protestas van a ser
difíciles de contener.

Dos cosas colmaron mi indignación. Una fue en nuestra visita al parque
donde venden los helados Copelia. Pregunté a la joven que nos servía
por qué en un local contiguo había una larga cola de gente y donde
estábamos nosotros había muy pocos clientes. Allá venden helados para
los cubanos, respondió. Pero, ¿son los mismos helados? No, fue la
respuesta. ¿Por qué? Por la calidad ¿Cómo?: "Los de allá son
artificiales, estos son naturales". Efectivamente, los naturales son
más caros, se pagan en cuc, los otros son hielo con sabor artificial,
se pagan en pesos cubanos. Mantener la revolución exige sacrificar
hasta el simple placer de tomarse un buen helado.

Otra experiencia la refirió una escandalizada profesora de la
Universidad de la Laguna, de las Islas Canarias. En la ciudad de
Trinidad, una madre se le acercó y le ofreció a su hijo de 12 o 13
años. "Mi bambino por un peso" fue la oferta por los servicios del
precoz jinetero.

Mi indignación, sin embargo, no es con los cubanos. El drama que
viven, el trato brutal que reciben, llena de tristeza. Mi indignación
es con los turistas de la izquierda mundial, indiferentes, cegados por
su espeso velo revolucionario, arrogantes en su profunda deshonestidad
intelectual y cobardía moral, que en nombre de la solidaridad
revolucionaria han perdido el sentido más elemental de la solidaridad
humana. Visitan Cuba y salen elogiando la dignidad del pueblo cubano y
los logros de la revolución, en educación y salud. O, cuando algo de
honestidad les impide seguir con la impostura, sencillamente callan.
Parece más importante el sueño de la utopía y la membresía del club de
los políticamente correctos que el sufrimiento de un pueblo entero.

Afortunadamente los cubanos parecen estar cambiando y se dan el lujo
de lanzar advertencias: "No dejen que les pase esto en Venezuela", nos
dijo un calesero que al saber de nuestra procedencia nos advirtió que
nos daría un paseo equivalente a una lección. Por algo trabaja para la
Oficina del Historiador.

el guayabero
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Re: Cuba y la triste realidad de sus dos caras

Mensaje por alexovera el Miér Nov 07, 2007 1:07 pm

que buen relato hermano, porque ya me permito llamarte asi, ademas recuerda que soy de holguin....jejejeje!!!!
tienes razon 110%...
aqui en ecuador me indigno con los comunistoides, que son ricos, van a cuba cada año, a buscar turismo sexual, joven , bonito y baratisimo, y sin embargo quieren hablarme bien de "mi comanadante"... en verdad el mundo entero le debe una excusa, QUE NO LE ACEPTAREMOS, a nuestra querida y sufrida isla y su gente,pero no , ahi esta el mundo, impacible ante tamaña tragedia, votando casi unanime por el cese del bloqueo ....que pena... saludos a tu mujer, es mi compatriota , no???
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Re: Cuba y la triste realidad de sus dos caras

Mensaje por Invitado el Miér Nov 07, 2007 1:14 pm

Gracias por compartir informacion amigo Guayabero,Sandra

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Re: Cuba y la triste realidad de sus dos caras

Mensaje por el guayabero el Miér Nov 07, 2007 4:18 pm

gracias a ustds Sandra y mi hermano Holguinero Alex

saludos de corazon pra ustds

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