Secretos de Cuba
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Atraco a la Esperanza

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Atraco a la Esperanza

Mensaje por porfin libre gonzalez el Lun Oct 29, 2007 9:13 pm

Aun puede verle por la camisa azul. A intervalos agita el brazo en la distancia y responde. Conoce estas costas al dedillo, las domina desde que correteaba tras su padre en las frecuentes pescas, desde su lejana adolescencia cuando venía con los amigos y acampaban un fin de semana lejos del bullicio de la ciudad. Siempre le gustó la mar pero hoy no le habla ni lanza sus avíos en busca de roncos ni rabirrubias, hoy despide a un hijo balsero. El mismo ayudó a seleccionar el punto de salida y les indicó la hora mejor para aprovechar la corriente que les alejara de la costa, al fin y al cabo sabía que la decisión del hijo era irreversible y lo mejor era ayudarle. Les sugirió que el atardecer era la hora ideal pues las primeras doce horas contarían con la ausencia del sol y les permitiría un mayor esfuerzo sin el castigo del sol.
Entregó todos sus ahorros para comprar los barriles de petróleo que sirven de flotadores para la balsa y parte de la armazón de madera la ayudó a conseguir con una vieja amistad. Desde que Ignacio le confesó los planes de irse del país en una balsa comprendió que quizás no le vería más por lo que se esforzó en garantizar que todo llegara a buen fin, pues de esta manera tendría una posibilidad de verlo, tal vez dentro de unos años, pero al menos atesoraría esa esperanza. Hace años que esa palabra la ha borrado del lenguaje, sólo menciona esperanza cuando visita a una amiga que tiene tal nombre, la vida le ha dado demasiados golpes, tantos que casi le cuestan la existencia, ha perdido todo y lo único que le queda se le aleja en busca del horizonte con una camisa azul.
A unos veinte metros de él, junto a la orilla los de familiares del resto de los tripulantes de la balsa acompañan con la vista el lento desplazamiento de esta. Mientras unos se abrazan, otros cantan himnos a Yemayá, la diosa del mar del panteón yoruba. Abilio se abraza a una botella de aguardiente destilado por él mismo de forma artesanal, a la que da grandes sorbos tratando de caer con rapidez en ese sopor alcóholico donde las penas se adormecen junto con la lengua. Desde su posición, sentado sobre una piedra elevada reza por su hijo más pequeño y saluda a la osha de cabecera, dueña de los mares e implacable en los castigos:
¡Omío Yemaya Omoloddé! ¡Yemaya Ataramawa!
Se mantiene lejos del grupo, aunque estos le observan a cada rato, velan por el anciano que saben que se queda solo tras la partida del vástago. Desde hace unos diez años, cuando su vida comenzó a huir del bienestar buscó amparo lejos de las iglesias donde encontró siempre la paz espiritual en los momentos difíciles y se refugió en el mundo de Orunmila. Inmerso en el sincretismo religioso de la isla, encontró en los orishas y el sonoro canto de los tambores, un leve oasis de paz en su vasto desierto de miserias. Buscó en los orígenes, tratando de proporcionar orden a un alma que mezclada a fuerza de tanta desgracia escudriña por alivio entre varios dioses. Dioses menos lejanos, que se identifican con los mares, los ríos y la exuberante flora caribeña, dioses con árboles preferidos, con sabor a ebbó de cuatro esquinas, que se acercan al repique de los tambores y el ron, de baile, de oración cantada por caderas sudorosas de mulatas ágiles como gacelas y sensuales como las madrugadas, donde Abilio lleva a descansar sus lágrimas.
La balsa apenas se vislumbra en la inmensidad que ya va tomando un color oscuro por la proximidad del crepúsculo. No identifican a los suyos en el pequeño punto que se pierde en el oleaje, pero no se retiran de la costa, esperarán una hora más por si alguna razón imprevista les obliga a regresar. El anciano ya siente el sopor inconfundible del alcohol correteando por los canales neuronales y tras perder de vista la embarcación, rompe a llorar en silencio con la cabeza entre las manos. Hoy más que nunca confirma la predicción del babalawo que le entregó la mano de Orula: "Vela mucho por tus hijos y tus hermanos, porque de no ser así, vivirás la vejez en un espantosa soledad. Es tu destino, es tu signo".
Ya de noche, dos jóvenes del barrio se le acercan y le ayudan a subir al viejo camión Ford que les llevará de regreso. Le ofrecen uno de los pocos bancos disponibles en la plancha descubierta entre dos ancianas. El viento frío de la noche le refresca y tras el viaje de dos horas le dejan frente a la vieja casa de madera que aun conserva vestigios de la última vez que se pintó de blanco, hace más de diez años. Otra vez solo, pero esta vez siente el peso de la verdadera e inmensa soledad en los hombros. Tiene una sensación de rareza antes de entrar, le parece que aquella no es su casa, se agarra de los recuerdos y ve a su difunta Mariela abrirle la puerta entre regaños a Ignacio y a Antonio que corretean entre ráfagas de M-16 y AK 47 plásticas compradas recientemente. Mariela le besa entre los destellos de sus inmensos ojos verdes y mientras le pregunta como le fue el día, le acompaña al interior cumpliendo con su ritual diario de amante esposa. Y ahora la nada, la más inmensa nada, nadie, sólo él que se resistió a la proposición de Ignacio de acompañarle con la excusa que ya no tiene valor para desdeñar, tiene demasiados huesos de su familia en el cementerio de Colón que abandonar, no puede, coño, no puede.
La reja herrumbrosa emite un chirrido que agradece en medio de tanto silencio y entra en casa. Se deja caer sobre el desvencijado butacón y extrae de la mochila la botella de aguardiente aun por la mitad. Frente a él, el rostro de Antonio le mira con una sonrisa a medias desde un cuadro inmenso, casi a tamaño natural, vestido con su uniforme de campaña días antes de partir hacia Cuito Cuanavale. Junto a él, desde otro cuadro algo más pequeño Mariela le observa con esa mirada dulce congelada para siempre por la fotografía. Se bebe un trago enorme de esos que servirían de ariete contra el hígado más resistente y regresa a los rostros que tanto ama. Sí, porque a pesar de los años y de la muerte, los ama, se resiste a pensar en pasado. Cree no sin razón que el pretérito es la verdadera muerte de todo. Comienza a conversar o mejor dicho a hablar, ya no está Ignacio que le recrimina por hablarle a los cuadros.
- Mira que te lo dije, coño. -Se dirige a la foto del hijo-. ¿De qué valió tanta guerra y tanta entrega?. Habrás visto desde donde estás a tu hermano metido entre esos barriles a buscar la muerte. Te lo advertí, que nada, nada vale la pena que no sea la familia. Y tú que si la patria, que si el partido, que si el internacionalismo proletario y toda esa mierda que te metieron en la cabeza. El imbécil fui yo por no meterte un zopapo el día que me dijiste que te ibas a presentar voluntario en el Comité Militar, aunque a decir verdad ya el zopapo me lo habrías dado tú con ese cuerpo que Dios te dió, o tu madre con tanto invento en esa cocina. ¿Verdad, Mariela?.
Mira hacia el retrato de su mujer y no puede reprimir las lágrimas. Otro buche capaz de hacer palidecer de envidia a un suicida. Dirige la mirada por segunda vez hacia el rostro de Antonio.
- Mi hijito.., no sabes cuanto te extraño. Mi niñito lindo...- respira profundo y exhala suavemente mientras pasa el antebrazo por el rostro atajando las lágrimas- El que debía morir era yo, no tú. No está bien que los hijos se mueran primero que los padres. Mamá no aguantó y yo resisto porque Dios hace viejos a los cabrones para que sufran más. Me dijeron que moriste como un hombre, ¿y qué y por qué?. Como un hombre hay que vivir para morirse de viejo al lado de los suyos y no ver a un viejo como yo llorando delante de un retrato. ¿Medallas?,¿de qué me sirven tus medallas?, me gustaría verte, fíjate, nada más que verte aunque fuera de lejos, verte casado y con nietos que no me dejaran leer el periódico. Mi hijito...., me gustaría haberte dado la mano, apretar tus dedos y besarlos antes de que te fueras, lavar tu cuerpo, besar esos pies que mordía para que rieras cuando te cargaba. Te extraño, mi hijo, te extraño.
Otro buche letal y se levanta. Camina hasta el retrato de Mariela que prosigue mirándole con esos destellos verdes.
- No debías haberte ido, vieja. Me dejaste solo con esta jodida tarea que es vivir entre ausencias. Y ahora que Ignacio se fué, ¿que me queda?. ¿Una carta y unos dólares de vez en cuando?. Me voy a traer los huesos de ustedes para el jardín, no sé como puede hacerse eso, pero ¿qué otra cosa puedo hacer?. Los quiero a ustedes y a nadie más. ¿Por qué no vienes una noche, por qué no te vuelves un fantasma de esos y me sales aunque sea una vez?. Todo el mundo le tiene miedo a los muertos y yo estoy loco por hablar con ustedes, que me saquen aunque sea una noche de esta realidad que me aplasta, de este castigo que es vivir sin tener lo que se ama, sin palabras, sin una caricia, sin ni siquiera la rutina de una bata de casa de la cocina a la cama?. Vengan juntos, o mejor llevénme para no seguir colgado de estos retratos que me matan cada madrugada o como esta tarde que Ignacio se fue como ustedes, vivo pero a la distancia de una carta que es como una muerte. ¿Hace falta carta de invitación para un infarto, una trombosis o que le pase por arriba una guagua a uno?. Coño.
Se vuelve a dejar caer en el butacón y no se levanta. Se duerme envuelto entre los destellos verdes de la mirada de Mariela y la sonrisa sin par de Antonio, exacta, idéntica, a de la primera vez que pronunció una palabra sencilla pero de caracteres mágicos: Papá.
(continuará)
Porfin Libre González


Última edición por el Mar Oct 30, 2007 6:35 am, editado 1 vez

porfin libre gonzalez
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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por francisco germes cuesta el Lun Oct 29, 2007 10:01 pm

Muchas Gracias , Hermano Porfin, por este regalo.
En este momento lo envio a algunos amigos y familiares por emails.

Cuantos Cubano se veran retratados en este relato??

Cuantos sufrimientos a causado EL TRASTAJO Y SUS IDEAS MALEFICAS!!

Mis respetos a ti.

Saludos y abrazos a mi sobrina.

Paco

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por Rafael alfonso el Lun Oct 29, 2007 10:09 pm

GRACIAS PORFIN , ESTAREMOS PENDIENTES POR LA CONTINUACION .

R.A.

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por bauta el Mar Oct 30, 2007 9:18 am

Ahora voy saliendo para el trabajo, en cuanto vuelva lo leo y le cuento, pues soy seguidor de sus escritos.

eltipodebautatrabajador

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por bauta el Mar Oct 30, 2007 8:29 pm

magistral amigo Porfin. tambien he enviado muchos escritos por email al igual que francisco germes. son escritos que tienen que recorrer el mundo.

elguajirodebauta.

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por porfin libre gonzalez el Mar Oct 30, 2007 8:32 pm

@bauta escribió:magistral amigo Porfin. tambien he enviado muchos escritos por email al igual que francisco germes. son escritos que tienen que recorrer el mundo.

elguajirodebauta.

Gracias hermano:
Su opinión es muy importante para mí. Muchas gracias,
Porfin

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por Invitado el Mar Oct 30, 2007 8:37 pm

Gracias amigo Porfin...un abrazo,sandra

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por porfin libre gonzalez el Mar Oct 30, 2007 8:49 pm

@Sandra escribió:Gracias amigo Porfin...un abrazo,sandra

Estimada Sandra:
No le conozco en persona, pero usted tiene la magia de trasmitir dulzura con la brevedad de sus mensajes, es como si hablara con el alma y de esa virtud sólo disponen las personas de buen corazón y de alma pura y transparente.
Mis respetos y mi reverencia,
Porfin

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por Invitado el Mar Oct 30, 2007 8:55 pm

Amigo..la verdad es que siempre lo leo con temor.....porque siempre lloro con sus escritos......pero no se culpe,la culpa es del dictador, que provoca que un hombre que nacio para escribir poesias de amor.....tenga que escribir prosa de dolor...
No nos conocemos....pero pronto sera,y tenga la seguridad que jamas he escrito una mentira...un saludos a las damas de la casa y recuerde que siempre estoy pronta para llorar con sus relatos...Sandra y familia

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por freedom4ever el Miér Oct 31, 2007 2:38 am

Para PFLG:

Desgarrador, impactante. De verdad que has logrado en unas lineas abrir una de las tantas puertas que nuestra alma nacional mantiene oculta, clandestina, como si el dolor fuera un delito.

Estremecedor. Felicidades de todo corazon. Me enorgullece ver cosas como esas en este foro. Cosas asi nadie las puede desvirtuar. Ese dolor sale del fondo del alma y comienza su metamorfosis hasta llegar a estrella que ilumina y mata. Esa es la verdad que sale del manantial del sufrimiento silente de nuestro pueblo.

Viva Cuba libre!

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Re: Atraco a la Esperanza

Mensaje por Opossum el Mar Jun 03, 2014 3:34 pm

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Re: Atraco a la Esperanza

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