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DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

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DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

Mensaje por Anonymou el Lun Oct 22, 2007 12:03 pm

Infosearch:
Fidel Nuñez
Analista
Jefe de Buró
Latinoamérica
Dept. de InvestigacionesLa Nueva Cuba
Octubre 19, 2007






Discurso de la secretaria Rice en la Organización de los Estados Americanos
Decmocracia es esencial para progreso social, político y económico en las Américas


“Existe sólo una fuerza capaz de sacar de la pobreza a la gente, de reducir la desigualdad económica, y de arremeter contra la exclusión social en las Américas, y eso es el crecimiento económico sostenido, impulsado por el comercio justo y libre.”, dijo la secretaria de Estado Condoleezza Rice en el dicurso que pronunció en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

A continuación una traducción del discurso de la secretaria Rice:

(comienza el texto)


Declaraciones en la Organización de los Estados Americanos


Encuentro organizado por el Consejo de Relaciones Exteriores

Secretaria Condoleezza Rice

Washington D.C.

9 de octubre de 2007

SECRETARIA RICE: Muchas gracias. Gracias, Carla, embajadora Hills, una amiga desde hace años, por tu amable introducción.

Me gustaría darle las gracias también al secretario general Insulza por recibirnos aquí en la sede de la Organización de los Estados Americanos, organismo al cual ha aportado usted un liderazgo fantástico y, de hecho, a todo el hemisferio. Gracias.

También quisiera darle las gracias al Consejo de Relaciones Exteriores por auspiciar este encuentro y por invitarme aquí para hablar ante ustedes. Tengo que reconocer que nunca he visitado la oficina en Washington del Consejo, a pesar de que he sido miembro de esta organización durante muchos, muchos años. Pero eso se debe a que el Consejo aprovecha la oportunidad de organizar sus encuentros en lugares maravillosos como este. Es maravilloso estar aquí hoy en este magnífico salón.

Quiero darle las gracias también a los miembros del cuerpo diplomático que se encuentran aquí y a los distinguidos invitados, damas, caballeros. Me encuentro ante ustedes hoy para hablar sobre los acuerdos comerciales que hemos concretado con Perú, Colombia y Panamá. El Congreso votará próximamente sobre estos tres acuerdos. Estos acuerdos son importantes para nuestra economía, pero también importan por el efecto que tendrán en nuestros intereses nacionales, en nuestros intereses nacionales en este hemisferio, en nuestra habilidad de dirigir dichos intereses de modo eficaz y en nuestra capacidad de influir, de modo positivo, en los acontecimientos que tengan lugar en esta región.

Lo que está en juego es el éxito de lo que denominaré nuestra comunidad panamericana: la perspectiva de un hemisferio que consta de países soberanos que viven en libertad, prosperidad y paz, una visión que los dirigentes de Estados Unidos, de ambos partidos, han cultivado desde la fundación de nuestra república. Por ese motivo, para entender el valor verdadero de estos acuerdos comerciales, tenemos que tomar distancia durante un instante y examinar nuestro hemisferio desde una perspectiva más amplia.

En Estados Unidos siempre hemos considerado que somos parte de una comunidad panamericana más amplia. Aquí, en la sede de nuestra unidad hemisférica, la estatua de nuestro propio George Washington se alza orgullosa junto a las otras de los liberadores de América: Juárez, Martí, Bolívar, y muchos otros. Estados Unidos ha considerado siempre que nuestro éxito está vinculado al éxito de nuestros vecinos, y en nuestros mejores momentos hemos respaldado la independencia de América Latina, la política del buen vecino, la Alianza para el Progreso, y hemos dirigido nuestros esfuerzos a la creación de una comunidad panamericana próspera.

En el año 2001, el hemisferio estuvo muy cerca de concretar una histórica transición hacia las sociedades libres, los libres mercados y la democracia. Una de las primeras medidas del presidente Bush fue de apoyar una iniciativa regional de formalización de este nuevo consenso en la Carta Democrática Interamericana, la cual firmaron todos los países de la región, con la excepción de uno solo, y que declara que “la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas”.

Desde entonces, los ciudadanos de la región, cuyos dirigentes elegidos gobiernan en modo democrático, comercian libremente, abren mercados, luchan contra la pobreza y amplían las oportunidades para todos, han reiterado este consenso repetidas veces. Puede que las excepciones a esta norma sean llamativas, pero se dirigen en dirección opuesta a la que se dirige el hemisferio en su conjunto.

Lo que está claro es que la democracia es ahora el motor de cambio más importante de nuestra región. Millones de personas que en otro tiempo estaban al margen de sus sociedades—los pobres, los marginados, los pueblos indígenas y los afrolatinos—se han convertido ahora en ciudadanos que participan en sus sociedades. Y han lanzado lo que el presidente Bush ha denominado una “revolución de las expectativas” en lo que respecta a empleos buenos, oportunidades, seguridad personal y justicia social.

Gracias a la democracia, nuestros vecinos han vuelto a examinar sus prioridades nacionales y han redefinido sus intereses nacionales, que han perseguido en modo práctico. Nuestro hemisferio se vuelve más competitivo en miles de maneras, y deberíamos tener presente que nuestros vecinos no nos están esperando.

¿Cómo puede una democracia crear desarrollo económico y social para todos, en especial para los 209 millones de hombres, mujeres y niños que viven aún sumidos en la pobreza? Ése es el desafío definitivo que hoy encara nuestra región. No es un debate sobre ideología, sino un debate sobre intereses. Las democracias, tanto de izquierdas como de derechas, enfocan las reformas de libre mercado que tuvieron lugar en la última década en la justicia social, un enfoque que, francamente, no existía. Amplían el denominado consenso de Washington para que se convierta en un nuevo consenso realmente panamericano.

En cierto modo, la situación que atraviesa actualmente nuestra región recuerda a la situación de Europa occidental en el último siglo, un momento en que los viejos conflictos ideológicos dieron pie a un consenso cada vez más amplio en apoyo de la libertad política y económica, un momento en que las democracias luchaban por combatir la pobreza y crear un desarrollo duradero. Y, lo que es más importante, un momento en que nosotros, en Estados Unidos, ampliamos nuestra asistencia de seguridad, de diplomacia y de desarrollo, abrimos nuestros mercados, y nos comprometimos de modo estratégico, bipartidista y sostenido al éxito de nuestros aliados.

Hoy, contraemos un compromiso parecido con nuestro hemisferio para el éxito de nuestra comunidad panamericana. Líderes de ambos partidos iniciaron este compromiso en la pasada década. Ahora, se ha avanzando más en esa dirección.

Hemos profundizado nuestra alianza histórica con los pueblos de la región, los vínculos entre nuestra sociedad civil y nuestras empresas, universidades y grupos religiosos. Ese fue el objetivo de la Conferencia sobre las Américas organizada por la Casa Blanca en fechas recientes.

Al mismo tiempo, mantenemos nuestro profundo compromiso diplomático. El presidente Bush ha realizado más viajes a países en este hemisferio que cualquier presidente estadounidense. La visita más reciente tuvo lugar en marzo, cuando dijo que la ayuda a las democracias latinoamericanas para crear la justicia social para sus pueblos sirve los intereses nacionales de Estados Unidos. Así que trabajamos de manera práctica y apoyamos el éxito de todos los gobiernos democráticos responsables, tanto de izquierdas como de derechas. No cobramos un precio ideológico por nuestra alianza.

Con la finalidad de fortalecer la comunidad panamericana, estamos transformando nuestras relaciones con las principales potencias de la región: Brasil, México, Chile y Colombia. Hemos encontrado propósitos comunes que confieren una función de líder y parte interesada a democracias en nuestra región y al sistema internacional más amplio. Al mismo tiempo, hemos renovado nuestras relaciones con amigos en el Caribe y colaborado con la comunidad internacional para reestablecer la estabilidad y la esperanza en Haití.

Para proteger nuestra comunidad panamericana, hemos forjado un nuevo plan de seguridad regional que se arraiga en la cooperación multilateral entre las democracias y se enfoca en combatir las amenazas mundiales y transnacionales a nuestro hemisferio, como por ejemplo las pandillas criminales y el terrorismo, los desastres naturales y las enfermedades.

Para completar nuestra comunidad panamericana, ayudamos al pueblo cubano a prepararse para la transición a la democracia. Aquí en este edificio se encuentra la mesa que utilizaron los representantes de la Unión Panamericana cuando se inauguró este edificio en 1910. Una de las sillas originales en esa mesa tiene un rótulo que dice “Cuba”. Pero hoy, cuando las democracias de la OEA se reúnen, aquí mismo en la planta de abajo, Cuba no tiene un silla en la mesa. El orgulloso pueblo cubano se merece libertad y oportunidades, se merece el derecho a reclamar su lugar entre los países libres de nuestro hemisferio.


Última edición por el Lun Oct 22, 2007 12:05 pm, editado 1 vez

Anonymou
Invitado


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Re: DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

Mensaje por Anonymou el Lun Oct 22, 2007 12:04 pm

Por último, para hacer llegar a todos la promesa de nuestra comunidad panamericana, ayudamos a nuestras democracias amigas a crear oportunidades y justicia social para sus pueblos, porque, tal como dijo una vez el presidente Kennedy: a no ser que todos los hombres y mujeres de las Américas “participen en la prosperidad cada vez mayor, fracasará nuestra alianza, nuestra revolución, nuestro sueño y nuestra libertad”.

El alivio de la deuda es uno de los modos en que podemos ayudar a ampliar las oportunidades. Por ese motivo, hemos encabezado la iniciativa mundial de perdonar deudas por más de 17.000 millones de dólares a nuestros vecinos más pobres de la región. La asistencia extranjera también puede ayudar. Por lo tanto, con el liderazgo del presidente Bush y el apoyo bipartidista del Congreso, Estados Unidos ha duplicado la ayuda exterior que destina a este hemisferio. Al mismo tiempo, a través de nuestra Corporación del Desafío del Milenio, utilizamos nuestra asistencia como incentivo para que los gobiernos consoliden las instituciones democráticas que combaten la pobreza y la corrupción, inviertan en sus pueblos y creen desarrollo sostenible.

No obstante, en última instancia, existe sólo una fuerza capaz de sacar de la pobreza a la gente, de reducir la desigualdad económica, y de arremeter contra la exclusión social en las Américas, y eso es el crecimiento económico sostenido, impulsado por el comercio justo y libre. Nuestros vecinos entienden que el paradigma del desarrollo ha cambiado, que el desarrollo en la región no puede ser interno solamente, sino que ha de venir de la competencia exitosa en los mercados mundiales, y de las instituciones democráticas que se utilizan para ampliar las oportunidades para los pobres y los vulnerables.

Desde que tomó posesión del cargo, el presidente Bush ha hecho de la ampliación comercial una de sus máximas prioridades. Aprovechando las bases que sentaron los presidentes Bush y Clinton con NAFTA, hemos firmado acuerdos comerciales con diez países más, de los cuales Perú, Colombia y Panamá son los más recientes. Ahora tenemos el potencial de crear una cadena ininterrumpida de socios comerciales desde Tierra del Fuego hasta el Círculo Polar, una comunidad que ahora incluye Costa Rica, cuyos ciudadanos votaron hace tan solo dos días a favor de aprobar el CAFTA. Nuestros vecinos desean comerciar libremente con nosotros y ese debería enfocar la atención de nuestro Congreso en su responsabilidad de cumplir nuestras promesas con Perú, Colombia y Panamá.

Estos acuerdos comerciales beneficiarán a los trabajadores y las compañías estadounidenses, permitiéndoles competir en igualdad de condiciones en los nuevos mercados, crear empleos y oportunidades en nuestro país y abordar la riqueza de todos en nuestra economía. Como dijo el presidente en fechas recientes, los tres acuerdos “encarnan los valores del libre mercado: normas transparentes y justas, respeto por la propiedad privada y resolución de controversias de conformidad con el derecho internacional”.

Estos acuerdos también contienen las obligaciones labores y ambientales más estrictas de cualquier otro acuerdo comercial en cualquier parte del mundo. Y esas obligaciones quedan supeditadas a los mismos procedimientos de resolución de controversias, compensaciones y sanciones que rigen para las otras disposiciones del acuerdo.

Ahora bien, sé que para muchos trabajadores estadounidenses, competir en la economía mundial supone cierta desorientación e inseguridad, temen que los empleos, ahorros y atención de la salud que tienen hoy puede que no existan el día de mañana. Entiendo que muchos sienten que la globalización puede no ser la marea que pone a flota todas las barcas. La responsabilidad de fortalecer la situación de los trabajadores de este país se extiende al quehacer diplomático de nuestro país, y yo me tomo muy en serio ese deber. Por ello, nuestros diplomáticos emplean todos los artículos en la ley y todos los medios de persuasión para proteger y promover los intereses de los trabajadores estadounidenses en la economía mundial.

En Estados Unidos también tenemos que seguir invirtiendo en nuestros pueblos. Justamente la semana pasada presencié una de esas inversiones a largo plazo durante la visita que con mucho gusto realicé junto con el congresista Charlie Rangel a la escuela Harriet Tubman en Harlem (Nueva York). En esta extraordinaria escuela, niños marginados descubren a través de la educación que sus horizontes no tienen límites. Es el tipo de inversión que nosotros como país tenemos que realizar para preparar a todos nuestros ciudadanos a alcanzar el éxito en el siglo XXI. Y junto con la reorientación y la formación profesional, nuestros trabajadores no necesitan un trato justo, puesto que, después de todo, la educación es la fuerza más importante del mundo para la igualdad y la inclusión social y la transformación personal.

Sé que los estadounidenses están bien preparados y que competirán bien. Por lo tanto, confío en que aprobaremos estos acuerdos comerciales, en que podemos avanzar en una economía globalizada como un país que está seguro de sus dirigentes y de su capacidad de competir.

Pero les diría que, quizás el valor más importante de aprobar estos acuerdos comerciales será el impacto positivo que tendrán en la prosperidad y estabilidad de nuestra comunidad panamericana, una comunidad cuyo bienestar es fundamental para los intereses de Estados Unidos.

Anonymou
Invitado


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Re: DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

Mensaje por Anonymou el Lun Oct 22, 2007 12:04 pm

Perú, Colombia, y Panamá están ahora en el umbral de un éxito nacional de gran alcance. Los acuerdos comerciales con Estados Unidos ayudarían a impulsar mucho el desarrollo político, económico y social de nuestros socios -- haciendo sus instituciones democráticas más transparentes y responsables, más efectivas en combatir la pobreza y la corrupción, aplicar la ley, e invertir en la educación, la salud y la oportunidad para sus pueblos.

Al decretar en ley estos acuerdos comerciales, nuestro Congreso enviaría una señal a cada ciudadano de estos países, a la gente de todo el hemisferio y a los inversionistas de todo el mundo que Perú, Colombia, y Panamá están comprometidos con la democracia y el crecimiento económico, que están institucionalizando sus reformas y que Estados Unidos está completamente comprometido a que tengan éxito.

Ahora bien, sé que algunos se preguntan acerca del buen criterio y oportunidad de estos acuerdos. Algunos quizás se pregunten: ¿Cómo podemos darnos el lujo de aprobarlos ahora? Yo les preguntaría: ¿Cómo podemos darnos el lujo de no aprobarlos ahora?

¿Cómo podemos dejar de cumplir nuestro acuerdo con Panamá? Un país que hace apenas dos década fue gobernado por un delincuente y narcotraficante internacional; un país que ha abrazado la democracia y expande su economía en más de 8 por ciento por año; y un país situado en la ruta navegable estratégica -- del Canal de Panamá -- por el que dos tercios de sus embarques anuales se dirigen a nuestra costa nacional. Un acuerdo comercial con Estados Unidos podría ayudar a Panamá a transformarse de una vez por todas en un pilar de estabilidad y prosperidad democráticas.

¿Cómo podemos dejar de cumplir nuestro acuerdo con Perú? Un país que apenas hace una década fue destrozado por la violencia guerrillera y cuya economía se desplomaba en picada; un país que está comprometido a sacar a sus ciudadanos de la pobreza e instalarlos en la economía formal; y un país que en el curso de dos administraciones democráticas, a pesar de la crítica en el país y en la región, se ha resuelto a comerciar libremente con Estados Unidos. Pocas cosas podrían ayudar a Perú a combatir la pobreza más efectivamente que lograr su acuerdo comercial con nosotros.

Y quizás, sobre todo: ¿Cómo podemos dejar de cumplir nuestro acuerdo con Colombia? Un país que, hace siete años -- hace apenas siete años estaba al borde de convertirse en un estado fallido, cuyo territorio era refugio de narcoterroristas y cuyo pueblo huía de sus hogares por millares; un país con el que nosotros como nación hicimos un compromiso estratégico, apoyado por presidentes y Congresos de ambos partidos, y financiado con miles de millones de dólares de ayuda de Estados Unidos; un país que, en los últimos cinco años, ha reducido los secuestros en 76 por ciento, los atentados terroristas en 61 por ciento y los asesinatos en 40 por ciento y que ha ampliado el poder soberano de ese estado democrático y restaurado la esperanza de su pueblo.

Reconocemos que este progreso contrasta con los acontecimientos sombríos del pasado de Colombia, especialmente con el asesinato de líderes laborales y de otras personas inocentes. Los crímenes como éstos nos preocupan profundamente. Y el presidente Uribe ha comprometido a su gobierno a llevar a los responsables ante la justicia, a proteger la vida y libertades de todos sus ciudadanos y a demostrar que no habrá impunidad para ningún crimen -- pasado, presente o futuro.

A pesar de sus conflictos actuales, Colombia va por una trayectoria de cambio positivo -- políticamente, económicamente y socialmente. Verdaderamente, la transformación de Colombia en menos de una década de estado fallido a democracia próspera constituye una de las victorias más grandes para la causa de los derechos humanos en nuestro mundo de hoy.

La aprobación de estos acuerdos comerciales no es un interés partidista con miras estrechas; es de interés nacional crítico. Y los miembros de ambos partidos lo comprenden. Comprenden también que estos acuerdos son un paquete indivisible. En palabras de 43 demócratas prominentes – ex embajadores, funcionarios de gabinete, expertos de política y congresistas, todos dijeron que "el rechazo de estos acuerdos retrasaría los intereses regionales de Estados Unidos durante una generación". De manera que necesitamos dejar absolutamente bien sentado las consecuencias de un fracaso.

¿Qué señal enviaría el fracaso a nuestros socios democráticos en las Américas?

Podemos contestar a esa pregunta con una palabra: retirada. Sería una retirada de nuestra responsabilidad de liderazgo y una renuncia de nuestra influencia en las Américas. Sería apartarnos de tres líderes democráticos que representan las aspiraciones de sus ciudadanos de justicia social, crecimiento económico y comercio con Estados Unidos. Y sería una retirada de nuestro esfuerzo histórico y bipartidista de construir una Comunidad Panamericana exitosa -- unida en la paz, en la prosperidad y en la libertad.

Perú, Colombia y Panamá están entre nuestros mejores socios en la región. Sus gobiernos han demostrado valentía y han hecho compromisos estratégicos con nosotros con estos acuerdos comerciales. Las tres legislaturas de sus países han aprobadlo estos acuerdos por amplios márgenes y esperan que Estados Unidos cumpla con su parte del trato.

Si no completamos estos acuerdos eso sería un gran golpe a estos tres países y no podemos asumir que podrían recuperarse fácilmente. Enviaría una señal clara a toda la región de que no se puede confiar en que Estados Unidos cumpla sus promesas. A fin de cuentas, si no estamos dispuestos a apoyar el éxito de Colombia, una nación a la que hemos comprometido miles de millones de dólares en ayuda en el transcurso de muchos años, otros tendrían el derecho de preguntar qué posibilidad hay de que nosotros los apoyemos.

Anonymou
Invitado


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Re: DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

Mensaje por Anonymou el Lun Oct 22, 2007 12:05 pm

Debemos preguntarnos también: ¿Qué señal mandaría el fracaso a los enemigos de la democracia en nuestro hemisferio?

Hay algunos en la región que quieren propugnar hacia un futuro de políticas autoritarias y economías controladas por el estado. En verdad, esa es una agenda retrógrada con una larga historia de agudizar la pobreza y la miseria. La revolución verdadera en las Américas la dirigen hoy líderes democráticos responsables, como Bachelet y Lula, Vásquez y Uribe, García y Torrijos, Calderón y Saca.

Sus gobiernos democráticos, y muchos otros, de izquierda a derecha, profundizan el consenso panamericano de crear oportunidad para todos mediante los mercados libres, el crecimiento económico y la democracia. Esta es la verdadera historia de los últimos años: No el llamado "Giro a la izquierda" del que tanto oímos.

El autoritarismo quizás sea una idea que compite con la democracia de mercado libre, pero no es una alternativa -- porque una lleva al éxito y la otra lleva al fracaso. Tratar de aliviar la pobreza y la desigualdad en las Américas con el autoritarismo es como tratar de desafiar las leyes de la gravedad. La única pregunta es cuánto daño hará a nuestra región esta fallida idea. Y en gran parte grande, la respuesta está en nosotros -- en si apoyamos a las democracias responsables que quiere más participación, más asociación y más comercio con Estados Unidos. No menos.

Finalmente, debemos preguntarnos: ¿Qué señal mandaría el fracaso a las naciones del mundo, a amigos y enemigos, a los aliados y a los enemigos. ¿A ese respecto, cómo sería interpretado fracaso por un antiguo aliado como Corea, que ha completado su propio acuerdo de libre cambio con nosotros? Este acuerdo fortalecerá la economía de Estados Unidos y ayudará a nuestro aliado democrático a aumentar su seguridad y prosperidad en un Asia que cambia rápidamente. Apoyamos plenamente nuestro acuerdo de libre comercio con Corea y esperamos que el Congreso lo apruebe.

Señoras y señores, en este momento de oportunidad sin precedente, nosotros en Estados Unidos no podemos ser introvertidos, ser temerosos, hablar de las acciones de otros o dudar y desesperar. En vez de eso, debemos seguir siendo lo que los estadounidenses siempre hemos sido -- optimistas y, definitivamente, sí, idealistas. Debemos seguir abiertos al mundo y seguir activamente comprometidos. Debemos preparar a nuestros pueblos, especialmente a nuestros niños, con la educación y las oportunidades que alimentan y nutren la esperanza en el futuro. Y sobre todo, debemos estar seguros de nuestra habilidad de competir y prosperar -- no como un país, sino como parte de una Comunidad Panamericana.

Hace casi 100 años, al dedicar este edificio, mi antecesor Elihu Root, el primer secretario de Estado en viajar a América Latina, describió este edificio como "una expresión verdadera de Panamericanismo…una declaración de la lealtad a un ideal" y un recordatorio "de la afirmación perpetua de unidad, interés común, propósito y esperanza entre las repúblicas".

Eso era entonces y sigue siendo hoy.

El ideal fundador de nuestra Comunidad Panamericana, que perdura a través de muchos siglos y que mantenemos, es la esperanza de que la vida en el hemisferio signifique una ruptura con el Viejo Mundo y un nuevo principio para toda la humanidad: la promesa de libertad y dignidad, y gobierno según la ley, la oportunidad de realizar todo su potencial, sin importar la clase o cultura, raza o religión, y la creación de un nuevo sistema político internacional, basado en el respeto mutuo y la cooperación entre las naciones independientes.

Nosotros y nuestros vecinos en este hemisferio estamos ahora más cerca que nunca de lograr ese ideal. Y ahora, como antes, Estados Unidos tiene una responsabilidad especial de seguir adelante. Por lo tanto, cumplamos los acuerdos con nuestros socios – Perú, Colombia y Panamá -- y mostremos al mundo que la Comunidad Panamericana está viva y bien y sigue siendo una esperanza para toda la humanidad.

Muchas gracias.

(termina el texto)

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos

Anonymou
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Re: DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

Mensaje por Anonymou el Lun Oct 22, 2007 12:06 pm

¡CONDOLEEZA RICE PARA PRESIDENTE DE UNITED STATE OF AMERICA!

Anonymou
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Brillante!

Mensaje por cubano de verdad el Mar Oct 23, 2007 12:26 am

Brillante, sencillamente brillante!
Gracias Toño
Un abrazo
Cubano de verdad

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Re: DISCURSO DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE EEUU EN LA OEA

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