Secretos de Cuba
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¿Qué le han hecho a mi Cuba?

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¿Qué le han hecho a mi Cuba?

Mensaje por Exilio Nostalgio el Jue Oct 18, 2007 5:14 pm


Hay noches donde el dolor se acerca a la ventana de la conciencia, mira a través de los barrotes y extendiendo sus garras nos intenta robar verdades y principios. Por ello algunas verdades las guardo lejos del alcance del dolor, para que no me las hurten ni en esas madrugadas de vigilia donde el desconsuelo por lo perdido se agiganta y su fortaleza adquiere proporciones hercúleas. No debo ocultar que en algunas de esas noches, han cedido algunos barrotes y he sentido los arañazos de sus zarpas en sitios recónditos de mi yo interior, son las pocas veces donde he estado a una trinchera de pensar que es posible la derrota de mis razones de vivir. Esa tiniebla de angustias, de desasosiego por no saber hasta donde resistiré, me ha obligado hasta a montar guardia en mi corazón, último reducto donde guardo mi gran verdad: soy cubano.
Y como cubano, con una infancia de sonrisas colgadas en los destellos del Morro, con una juventud prendida a los labios de mujeres que hoy ya madres de espigadas proles, contornean sus caderas sobre las plazas de mi ciudad natal, a veces me cuestiono el busilis del azar de mi nacimiento en una tierra destinada a ser esclava de una doctrina cimentada en la apología del odio al semejante. Nadie ama como un hijo de Cuba, pero a la par nadie odia como él, es su estigma particular, ama y mata por la misma razón, pero siempre toma una u otra decisión regido por un concepto muy próximo al equilibrio de las antítesis, su enorme bondad.
No escapo a las marcas de mi nacionalidad, es más, me vanaglorio de ellas pero cuando me enfrento al nítido espejo de la madurez, pulido por cincuenta eneros de dictadura en mi nación no puedo menos que palidecer. ¿Qué han hecho con mi pueblo, que han hecho con sus hombres, mujeres y niños?. De la misma manera que las otroras arcas de nuestra riqueza nacional han sido expoliadas para sostener el ego del emperador verdeolivo, la vileza del sátrapa ha logrado esquilmar valores que en nuestra Cuba se recibían a manera de dote desde esa institución primordial en la educación de los hombres de bien: la cuna. Los valores cívicos y morales han sucumbido a una exéresis cuidadosa ejecutada a la perfección por instrumentos sofisticados importados del infierno, consignas, lemas y conductas que preconizan la anteposición del dogma mayor ante valores tan elementales como la familia. Nada frena el castigo ante la deserción de las ideas de la élite, se debe traspasar la frontera más venerable si es necesario para preservar la obra de la bestia, todo, absolutamente todo debe servir de combustible si lo requiere la hoguera del líder, los valores tradicionales, la amistad, la hermandad, los lazos filiales. La delación se eleva a la categoría de acto heroico, la envidia es un arma que impulsa, el odio a lo diferente es una máxima y de colofón la sangre, como si con la sangre de inocentes o culpables se pudiera fundir el granito del altar de una república libre.
Somos los fusilados vivientes de un sistema, nos ametrallaron más que aquellos que en días no lejanos fueron amarrados a los fosos de La Cabaña, porque aquellos fueron libres tras escuchar las órdenes del oficial del pelotón y nuestra ejecución fue lenta, concienzuda. Cada mañana bajo la atenta mirada de los profesores partidistas debíamos clamar a viva voz que queríamos ser asesinos, clavando en lo más profundo de nuestras mentes sostenidas por escuálidas anatomías hambrientas, el paradigma fulminado tras su rendición en la Quebrada del Yuro. Fuimos cuidadosamente masacrados a diario, con pañoletas rojas anudadas al cuello recordándonos la exposición al patíbulo marxista a la menor tendencia a disentir. Fuimos lanzados en masa al matadero espiritual de decenios de una república con defectos, pero libre, con derechos elementales por los que fuimos cuidadosamente execrados a jurar fidelidad al dogma del odio, a la teoría y práctica de la estafa y la mentira. Somos la generación fantasma de un sueño que preconizaba igualdad mientras injertaba la disparidad más ascentral, la relación siervo señor como si naciéramos para retroceder en la historia, víctimas de un determinismo geográfico espantoso, el ver la luz primera en la Cuba bajo el dominio del dictador Fidel Castro Ruz.
¿Qué nos han hecho?. A modo de conejillos nos inocularon por todas las vías posibles la ideología de turno, como si a modo de herramientas desechables fueramos capaces de traicionar como lo hacían nuestros líderes, que hastiados de la traición a sus entonces hermanos se traicionaban entre ellos, mostrándonos a modo de vitrina donde se colgaran advertencias como jamones curados, una purga quinquenal entre sus filas tan secuencial como nuestros huracanes tropicales. Desde 1959 a la fecha los purgados fueron borrados de la pseudohistoria promulgada en los libelos del partido como si no hubieran existido y los que un año antes eran primera plana de carteles, en meses pasaban al limbo de los olvidados, en espera de una resurrección que no llegaría jamás, porque todos conocen el rencor de la bestia: Sin perdón.
Pero hay que tener en cuenta que los purgados deben ocupar los últimos sitios en la larga hilera de los necesitados de compasión. Al final ellos formaron parte de la misma maquinaria que les tomó de combustible, ahora intento referirme al ciudadano común, que no goza de prebendas ni oportunidades, los que por llamarlos de alguna forma les nombraré de "horizonte estrecho". ¿Qué le han hecho a este hombre?
Se les educó en la mentira, en la desidia, en la vileza, se les inculcó que para obtener mejoras no es requisito indispensable la superación personal y el trabajo sino la sumisión total al tirano. Ser miembro de los órganos represivos implica un status de vida superior a la media y la generosidad de una política de ojos cerrados de las autoridades ante cualquier maniobra ilegal. Todo está permitido, mientras no te opongas a las directivas "de arriba" como comúnmente denominan los cubanos de a pie a la élite.
El cubano de hoy, opta por el robo antes que por el trabajo, cierto es que ejerce un mecanismo de supervivencia elemental, pero esto le desmoraliza, le convierte en blanco fácil de los mecanismos represivos que otorgan patentes de corso a cambio de invidencia policial y le convierte de la noche a la mañana en un colaborador. La miseria ha sido convertida en un sistema de control estatal, en una línea política eficaz, pues la pobreza revierte los valores morales y crea un hombre sin principios, que cambia delaciones por la comida de sus hijos. ¿No estamos ante la más brutal política de la historia?
Esa es la Cuba de Castro y su hombre nuevo. Una Cuba donde el hombre tendrá que hacer acopio de toda su fuerza moral para volver a tomar como línea de conducta el principal pilar de cuaquier sociedad: la prosperidad se gana con el sacrificio y el sudor de su frente, no con el desarrollo de habilidades funestas y abyectas como el robo y la inmoralidad, no con la venta de su cuerpo al mejor postor.
Cuba volverá a ser lo que fue, una sociedad de hombres libres y decentes, donde el robo más que un delito penal era considerado una afrenta a la verguenza de la familia, de esa madera está forjado el cubano. Costará trabajo y esfuerzo pero tengo fe en mi pueblo, porque esta noche como otras noches el dolor se agiganta, pero hago guardia frente a las garras sangrientas que me rasgan el honor y la dignidad de ser cubano, no le dejaré llegar a mi corazón.
Exilio Nostalgio.

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