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Tomado de la Revista Cubana Consenso (Polémica dela juventud

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Tomado de la Revista Cubana Consenso (Polémica dela juventud

Mensaje por vox populi el Mar Oct 16, 2007 1:30 am

Polémica:
La juventud cubana y la crisis de valores
Apuntes para un debate


Lucía Morera
http://www.desdecuba.com/18/articulos/7_02.shtml



La lectura del artículo Un juguete viejo y otros nuevos escrito por Juan Lázaro Besada como colaboración para la revista digital Consenso desde Cuba, me ha motivado a meditar sobre el controvertido tema de la juventud en la sociedad cubana actual, sus proyecciones y las causas de éstas. Debido a lo extenso que podría resultar un texto que pretenda abarcar todo el amplio espectro de un fenómeno tan complejo como el referido, y fundamentalmente porque no me considero capacitada para realizar por mí sola semejante análisis, he decidido ceñirme a los tópicos que se desarrollan a propósito de ciertas conductas desviadas de una parte significativa de los jóvenes estudiantes de la enseñanza politécnica de la capital, que fueran tema para un artículo del periodista Gabriel Dávalos (Granma, 8 de junio de 2007, p. 3), y que motivó las líneas de Besada.
A fin de considerar objetivamente ambas propuestas –la de Dávalos y la de Besada- y toda vez que el texto de este último llama a un debate profundo sobre el tema, realicé inicialmente una cuidadosa lectura del artículo de Dávalos titulado Una preocupación ¿Fiesta de disfraces?, que sirve de soporte temático al de éste, para después confrontar los presupuestos de ambos trabajos y, en función de éstos, exponer los míos.
Basta una lectura del artículo publicado en Granma, para comprobar que el análisis de Gabriel Dávalos es mucho más serio que el que propone Juan L. Besada. Si bien la prensa oficial suele caracterizarse por la reticencia a la hora de ahondar en las causas reales de los problemas que aquejan a la sociedad cubana actual, y por una habilidad extraordinaria para evitar responsabilizar al gobierno y a sus instituciones en la medida que les corresponde, no es menos cierto que este artículo en particular tiene el mérito de cuestionarse la calidad de la enseñanza y de señalar no sólo la responsabilidad de la familia –que sin dudas tiene la obligación ineludible de velar por sus hijos- sino que apela también a la de la escuela como institución encargada de capacitar a estos jóvenes. En determinado momento de su trabajo, Dávalos se pregunta dónde está la exigencia de los centros de enseñanza que permiten a sus estudiantes asistir a las aulas usando el uniforme de manera estrafalaria. Finalmente, y teniendo en cuenta el entonces ya cercano fin de curso, se cuestiona qué nivel de exigencia docente y extracurricular hay con aquellos jóvenes (que no son todos pero sí una cantidad significativa de ellos) que en horario de clases se la pasan deambulando por la ciudad.
No puede negarse, teniendo en cuenta la proverbial censura de la prensa oficial frente a las críticas que se relacionen con las sagradas instituciones del Estado, que el hecho de introducir alguna duda con relación a la calidad de la enseñanza y poner en tela de juicio la efectividad de los planes de estudio en Cuba es, cuando menos, una actitud crítica, aunque no se compartan necesariamente todos los presupuestos contenidos en el texto. Si Dávalos publicó su trabajo porque estaba autorizado “desde arriba” para ello, es algo que desconocemos, pero eso no le resta mérito: enuncia el mal y apunta al menos a una parte importante de sus causas, aunque –por razones obvias- no a todas.
En cuanto al trabajo de Besada, debo reconocer que no logré entender qué relación existe entre el título y su contenido, pero tal detalle bien podría pasar como una nimiedad formal si se compara con la importancia del tema que se aborda, a saber, lo que define como la crisis ética y moral de la juventud cubana y que, por mi parte, considero un fenómeno extendido a la sociedad en su conjunto y no solo a los jóvenes. De hecho, la juventud es el segmento de la población cubana menos responsable por las difíciles condiciones de vida del país, y a la vez la más frágil y victimizada por éstas.
En verdad, no entiendo en qué medida el análisis de Juan L. Besada resulte mucho más serio y profundo que el de Dávalos. Besada señala que aquel se queda en las ramas, pero él mismo, a su vez, se queda en las hojas, como se puede apreciar a simple vista. El análisis que propone, para superar el de Dávalos, persigue aclarar cuál es el verdadero afán de estos jóvenes, quienes dilapidan su tiempo en actividades bien alejadas de aquellas a las cuales deberían estar dedicados y plantea que ante un problema como este –el ausentismo juvenil a las aulas y sus implicaciones éticas, morales y sociales- hay que tener coraje para llegar hasta sus esencias. Evidentemente, tampoco parece que el coraje haya animado a Besada a la hora de buscar “las esencias”, y por las dudas se apresura a encomiar al gobierno cubano con la clara intención de que nadie vaya a imaginar que él tiene algo en contra. Es así que entona el viejo sonsonete de todos los que no se quieren comprometer demasiado, cuando dice que No se puede negar que la Revolución ha invertido e invierte cuantiosas sumas en la educación. La proliferación de centros educacionales de todo tipo, incluyendo las sedes universitarias y los politécnicos de las más diversas especialidades atestigua esto. (continúa...) >>


(para leer el artículo "Un juguete nuevo y otro viejo" que polemiza con éste...) >>


Última edición por el Mar Oct 16, 2007 2:15 am, editado 3 veces

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Re: Tomado de la Revista Cubana Consenso (Polémica dela juventud

Mensaje por vox populi el Mar Oct 16, 2007 1:31 am

Polémica:
La juventud cubana y la crisis de valores
Apuntes para un debate (2)




Lucía Morera
http://www.desdecuba.com/18/articulos/7_02.shtml


Para Besada, pese a que no es un periodista oficial y no corre el peligro inmediato de perder su trabajo a causa de sus criterios, es más fácil y menos riesgoso endilgar la responsabilidad completa a la desidia, la negligencia y la falta de interés de los jóvenes para aplicarse a los estudios a fin de garantizar la Cuba del mañana. A juzgar por la opinión de este autor, la causa del ausentismo de los jóvenes estudiantes a sus aulas es que buscan conseguir esos pesos convertibles que les permitan tener acceso a las mercancías que, de otra forma les están vedadas. Lleva todavía más lejos su inquisitoria cuando añade que detrás de esta razón se esconde la vergonzosa proliferación del jineterismo, con todas sus variantes que corroen a la entidad social, a partir del contacto de los jóvenes con los turistas extranjeros. Es decir, nos presenta una juventud con naturales tendencias a la holgazanería, la apatía y el vicio. No puedo estar de acuerdo con eso.
El devaneo se torna penoso cuando, por un lado, este autor parece criticar la división de la economía cubana en pesos corrientes y pesos convertibles -con el consecuente abismo que se crea entre aquellos que tienen o no acceso a la segunda-, y los costos sociales que ello genera; mientras por otro lado deplora las desviaciones éticas y morales de estos jóvenes con aspiraciones a determinados bienes materiales a pesar de que la Revolución Cubana luchó y lucha por darle a cada cubano la posibilidad de ser aquello que desee ser, desde artista hasta científico, pasando por todas las ramas imaginables de la actividad humana. Al parecer, para Besada la revolución cubana es un ente abstracto que no tuvo nada que ver con la introducción de dos tipos de monedas diferentes en el país, como tampoco tiene responsabilidad en el restablecimiento y consolidación de las profundas diferencias sociales cuya erradicación era uno de los pilares de su programa originario. Es así que este autor se enreda, tratando de quedar bien con Dios y con el Diablo, y prefiere responsabilizar en concreto a los que no están en condiciones de defenderse -los jóvenes- y en cierto modo impreciso a la “falta de ética”; como si ésta fuese un producto que también pudiera adquirirse en divisas y, por tanto, esos jóvenes “desviados” no pueden acceder a ella. Ingenuidad o despiste, lo cierto es que estamos ante la típica actitud de quien evade tomar el toro por los cuernos y cae lamentablemente en el arte de hablar sin decir nada. Besada acusa a Dávalos de no ofrecer soluciones… y nos deja esperando las suyas.
Finalmente, a contrapelo de que nos conmina a que pensemos en ello con seriedad y busquemos las fórmulas más adecuadas para frenar esta involución que tanto daño nos hace y cambia la imagen de un país tan digno como el nuestro, la tesis de Besada apunta a un blanco tan errático como su propio texto: los jóvenes están indisciplinados, son vagos y no tienen interés en los estudios, la culpa la tienen las divisas –que este autor parece ignorar cómo han venido a parar entre nosotros- o la división entre los que las poseen y los que no, y dice que es preciso que pensemos en ello y lo solucionemos. Otro tema de interés hubiese sido conocer el concepto que tiene este autor de lo que es “digno”. Sugiero a Besada retomar todo desde el principio y lanzarse de cabeza; aunque debe recordar que la ética a la que tanto apela lleva implícita una alta cuota de riesgo.
Pues bien, he aquí mi modesto e incompleto aporte a un posible debate: consiéntase a los cubanos ejercer su talento y obtener los beneficios materiales que se deriven de ello, reciban salarios dignos que les permitan vivir de su trabajo y no estar obligados a transgredir las leyes, ejerzan todos los derechos cívicos, económicos, sociales y de cualquier índole como naturales de este país sin el vejamen de ser relegados como ciudadanos de tercera categoría (después de la clase dirigente y gerencial, después de cualquier extranjero). Cuando los cubanos tengan la libertad de vivir y acceder a los bienes de consumo con el fruto de su propio esfuerzo, cuando no tengan que subsistir violando cotidianamente las leyes que supuestamente aprueban, cuando sus hijos no crezcan en la doble moral que hace de sus padres delincuentes involuntarios, cuando esos propios hijos tengan comprobado que el trabajo es una fuente honrada y valiosa para alcanzar bienes materiales (los necesarios y también los presuntamente superfluos), volverá a surgir en los jóvenes el interés por el estudio y la superación y se empeñarán en aprender y en prepararse para su vida laboral en lugar de estar soñando con banalidades o, sencillamente, con irse definitivamente del país. Porque, aunque comparto el criterio de Dávalos con respecto a las limitaciones de los actuales planes de estudio y en cuanto a la necesidad de elevar la exigencia docente y familiar, no creo que cambiar esto, por sí solo, sea la solución definitiva a la crisis de valores que enfrenta la sociedad cubana.
Los jóvenes de hoy están hartos de discursos, de precariedades y de falsas promesas, sobre todo de aquellas que dibujan un futuro ideal y siempre inalcanzable. El resultado lo tienen en sus casas, en las frustraciones de sus padres, que ayer eran los jóvenes llamados a construir ese mismo futuro. No quieren eso para sí. Muchos jóvenes cubanos de hoy no entienden el concepto de una patria en la que valen menos que cualquier extranjero, y quizás justamente por eso les resulta más promisorio ser extranjeros ellos mismos. Es una solución errada, pero muchos no encuentran otra. ¿Acaso es tan difícil entenderlo?

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(para leer el artículo "Un juguete nuevo y otro viejo" que polemiza con éste...)
Fuente del articulo :http://www.desdecuba.com/18/articulos/7_02.shtml
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