Secretos de Cuba
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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

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HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

Mensaje por VIVA CUBA LIBRE el Vie Oct 12, 2007 9:59 pm

Plinio Prieto Ruiz (1923-1960)



FUSILADOS PRIMERO Y SENTENCIADOS DESPUES


Nació en Santa Clara, Las Villas, Cuba, el 21 de Junio de 1923. Fué el tercero de cuatro hermanos, hijos del matrimonio Dr. José R. Prieto y la Dra. Maria C. Ruiz.
Siendo muy pequeño su familia se trasladó a Nueva York, E.U.A., aprendiendo sus primeras letras en la escuela pública de aquella ciudad por lo que desde temprana edad dominaba ambos idiomas: inglés y español.
Al cabo de 6 años volvieron a Cuba, terminando su primera enseñanza en el Colegio de los Hermanos Maristas, en la Víbora, Habana. Estudió bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de la Víbora y se matriculó en la Universidad de La Habana, en la Escuela de Derecho, carrera que no terminó por distintas circunstancias. Más tarde fué nombrado profesor de inglés en la Escuela Superior #3 "Marta Abreu", de Marianao. Después de 12 años de ejercicio, fue separado del cargo por aquel gobierno, por sus actividades políticas.
Organizador del Segundo Frente del Escambray, estuvo alzado en las Lomas del Escambray con el grado de Comandante. Mas tarde en cuanto se dió cuenta de las intenciones del asesino que tomó el poder (Fidel Castro) comenzó a conspirar en su contra volviendo a alzarse en las lomas del Escambray.
Por una delación fué sorprendido y hecho prisionero en el pueblo de Cumanayagua. De allí fué trasladado a Topes de Collantes y enseguida al "G-2" de La Habana. A los diez dias de haber sido hecho prisionero lo trasladaron a Santa Clara para la celebración del juicio, siendo fusilado antes de dictarse la sentencia, con cuatro compañeros, los mártires: PORFIRIO RAMIREZ, PORFILIO RAMIREZ, SINESIO WALSH, JOSE PALOMINO Y ANGEL RODRIGUEZ DEL SOL.
Fué ejecutado el 12 de Octubre de 1960, siendo asistido en sus últimos momentos por el Padre Olegario de Cifuentes, quien ha escrito un documento para la historia, titulado: "Ultimos momentos de la vida de Plinio Prieto" donde hace constar que murió como lo que siempre fué: un valiente. Sus últimas palabras: "tengo fé en Dios y en los hombres".
Estaba casado con la Sra. Amparo Posada, quien fué su compañera inseparable en sus luchas revolucionarias. De su matrimonio dejó dos hijos " Georgina y Fernando. Tenía al morir 37 años de edad.
!!SU SACRIFICIO NO SERA EN VANO!!
!!CUBA SERA LIBRE!!


PLINIO PRIETO

PORFILIO RAMIREZ

SINECIO RIOS

ESTOS FUERON LOS VERDADEROS REVOLUCIONARIOS LOS QUE LUCHARON POR EL RETORNO DE LA DEMOCRACIA, CONTRA LA DICTADURA BATISTIANA, NO POR UNA NUEVA TIRANIA COMUNISTA A LA CUAL PLINIO PRIETO AUN SIENDO COMANDANTE Y OTROS MAS CON DIFERENTES CARGOS SE OPUSIERON RAPIDAMENTE PORQUE ELLOS NO TRAICIONARON AL PUEBLO, MURIERON POR LA LIBERTAD EL BIEN Y LA JUSTICIA Y ESO NUNCA LO PODREMOS OLVIDAR.


GLORIA ETERNA A TODOS LOS MARTIRES DE LA PATRIA.


''HAY UN LIMITE AL LLANTO SOBRE LA SEPULTURA DE LOS MUERTOS Y ES EL AMOR INFINO A LA PATRIA Y A LA GLORIA QUE SE MIRA SOBRE SUS CUERPOS; Y QUE NO TEME, NI SE ABATE, NI SE DEBILITA JAMAS; PORQUE LOS CUERPOS DE LOS MARTIRES SON EL ARTAL MAS HERMOSO DE LA HONRRA.''
JOSE MARTI.

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Re: HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

Mensaje por VIVA CUBA LIBRE el Vie Oct 12, 2007 10:10 pm


por José Ramón Prieto
“En los últimos momentos, me dijo estas palabras que son todo un testamento: “Si tiene
oportunidad de ver a mi señora, a los niños y a mi vieja, dígales que les quiero mucho, que les guardo
el último recuerdo y que “muero con una fe a plenitud en Dios y en los hombres”.
Este es el último mensaje de Plinio Prieto Ruiz, según el escrito del RP Olegario Cifuentes:
“Últimos momentos de la vida del comandante Plinio Prieto Ruiz” después de oír su confesión, poco
antes de morir por Cuba con sus cuatro compañeros: Sinesio Walsh Ríos, José Palomino Colon, Ángel
Rodríguez del Sol, y Porfirio Ramírez Ruiz, alzados en El Escambray contra Fidel Castro… Era la
noche del 12 de Octubre de 1960 en el campo de tiro de la finca “La Campana”, cerca de Santa Clara,
ciudad donde unas cuatro décadas después, el Papa Juan Pablo II diría su primera misa en Cuba.
Antes, a las tres p.m. un evento –teatral y macabro- tiene lugar en el teatro de oficiales del
Regimiento de Santa Clara, al que llaman “juicio militar revolucionario”. Mi hermana, Liana Prieto-
Arcia y yo, empujados por una estampida humana al abrirse las puertas, terminamos sentados en las
butacas del público. En el amplio escenario apenas caben los miembros del tribunal militar, las mesas,
los testigos, fiscales y abogados; luego, con cierta confusión, hacen entrar por el fondo a más de 150
patriotas acusados.
Después de largas horas de aquel espectáculo hasta el agotamiento de todos los presentes, el
Primer Teniente Claudio M. López Cardet, Presidente del Tribunal, serio y ceremonial, anuncia “un
receso de 24 horas para dictar sentencia”… citando a los presentes “en este lugar.” Soy testigo...
Al salir del teatro de oficiales, cae la tarde. Nos vamos a la casa de mi tío “Lalo”, Dr. Eduardo
Ruiz, conocido cirujano de Santa Clara, donde están reunidos mi madre y unos cuarenta de familia,
más amistades. Pasa el tiempo lentamente. Mi familia –bien conocida allí- no recibe noticias. ¿Donde
estaría Plinio? ¿Podríamos, tal vez, visitarlo?... ya entrada la noche, de pronto, mi madre, visiblemente
agitada, me dice: “Pepe, tengo un mal presentimiento”... y me pide que obtenga noticias, lo que todos
ansiábamos. Salgo a indagar guiando un carro orientado por Osvaldo Somarriba, esposo de mi tía
Alicia Ruiz seguidos por otro con Liana y otros familiares. Sin rumbo preciso, visitamos varios puntos
militares… Nadie sabe nada.
Por último, en alguna posta nos acercamos a un guardia armado –según supe luego, del
Escuadrón 31. Me identifico como hermano de Plinio Prieto al preguntarle por él. El guardia cruza su
fusil… “Tienen que retirarse de aquí” dice amenazante… y, al ver que no nos movíamos, turbado y
vacilante, ahora sí me responde: “Ah, sí… si son los que iban a fusilar… ya los fusilaron.”
Liana se echa en mis brazos llorando. “Mi hermanito” murmura entre sollozos. La noche
siguiente, en el cementerio, mi madre –la encorva el dolor- se arrodilla penosamente sobre un
montículo de tierra coronado por una sencilla cruz de madera recién pintada de blanco. Se abraza a la

tierra que magulla su fina piel, gritando entre sollozos sin consuelo: “Plinio”, “Plinio”, “Plinio”.


Callamos largo rato, hasta que alguien dice unas breves palabras de consuelo –sonaban lejanas- y, no
las puedo recordar………..
Luego queda en aquel cementerio de Santa Clara, un montículo de tierra con una sencilla cruz
blanca... flores… y, un manto de innumerables gotitas de sangre invisibles que la tierra acogió del
último abrazo amoroso de nuestra madre. “Bello gesto” de otra madre mambisa lista a dar la última
gota de su sangre por la vida de uno de sus hijos. No ha habido tal… “receso de 24 horas para dictar
sentencia” que –muy serio- decretó el juez militar.
Según el relato del Padre Olegario: “... fueron colocados frente al pelotón de milicianos, los
cuales hicieron la descarga con armas automáticas de las llamadas metralletas ante la mirada de mas
de dos mil milicianos y soldados... en la noche del doce de Octubre... a las once y veinte, en que tuvo
lugar la ejecución”...
Otra fuente añade: ... “Antes, un gesto de Plinio detiene la ejecución -sereno, con un último
acto de burla desafía y frustra el claro mensaje de terror del tirano a sus propios seguidores - Luego,
con otro gesto les indica que continúen...” pero hay más, esta otra fuente revela un procedimiento
sadístico: “...apuntándoles a las rodillas, les disparan con fusiles automáticos… luego, ya en el suelo
y retorciéndose de dolor, les dan el tiro de gracia”.
En Cuba comunista –de hoy y de entonces- solamente existe un ser con poder para ordenar a
otros este acto inhumano, perverso, infame, cruel y cobarde: el tirano comunista… vil-bestia-inmunda,
mentiroso-compulsivo, siniestro-psicópata-genocida.
A través del tiempo y el espacio... trasciende... junto al conmovedor adiós a la familia, el breve
y poderoso mensaje póstumo de fé de uno de tantos miles de patriotas cubanos caídos, que no
olvidamos:
....“Muero con una fé a plenitud en Dios y en los hombres”…

José Ramón Prieto

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Re: HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

Mensaje por VIVA CUBA LIBRE el Sáb Oct 13, 2007 1:58 pm

por nuevoaccion.com
PORFIRIO “EL NEGRO” RAMIREZ


Por Roberto Jiménez



La historia de Porfirio Ramírez es la historia de su pueblo Nace en 1933, cuando una generación de jóvenes cubanos hacía que la República se vistiera de largo y estrenara pasos propios. Allá en la finca “San José” del pueblo Antón Díaz, provincia de Las Villas- en cuya casita vivió toda su vida- se empinó desde el surco el gigante que habría de continuar la obra de “la generación del treinta” , contribuyendo a mantener la integridad de la patria y el histórico afán de libertad y justicia del pueblo cubano. Creció en el campo, en él juega por primera vez y en él suda bajo el rigor de los trabajos agrícolas.

Comienza sus estudios en la escuela rural de Antón Díaz. Los continúa en la vecina ciudad de Santa Clara, hasta graduarse de la Escuela Profesional de Comercio, donde es nombrado profesor siendo muy joven.

Siempre trabajando para costearse sus estudios de alumno brillante, ingresa en la recién creada Universidad Central de Las Villas. Estaba involucrado de lleno en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Su condición de líder natural y su temeridad lo señalan demasiado entre las fuerzas represivas urbanas. Se alza en armas en las montañas villareñas con la Organización Auténtica.

En 1959 la revolución triunfante es el marco de las grandes esperanzas del pueblo. Porfirio, ahora con grados de capitán y rodeado de una aureola de leyenda, saca personalmente de la cárcel a cuantos sabe que han sido detenidos injustamente. Regresa a la vida civil y a la universidad, donde despliega una intensísima actividad por hacer del joven centro docente uno de máxima calificación académica, a la vez que comprometido estrechamente con su comunidad. Trabaja como Contador del Gobierno Provincial. Es elegido abrumadoramente a los más altos cargos de la Asociación de Alumnos de la Facultad de Ciencias Comerciales, donde está a punto de graduarse, y de la Federación Estudiantil Universitaria, de la que fue presidente hasta sus últimos momentos.

Dirigente honesto y parco en palabras, enemigo de la demagogia, es un convencido de las ideas civilistas y democráticas. Lo caracterizan su sencillez, y su sonrisa franca para todos.

Su popularidad trasciende el recinto universitario provincial y se proyecta nacionalmente. Está entregado de lleno a la restauración de la democracia en una Cuba que quiere sea cada vez más justa. Pronto va creciendo su inconformidad ante la traición que se vislumbra y el creciente avance del totalitarismo.

El 23 de agosto de 1960, de la mano de su hermano, “El Niño” Ramírez, regresa a las montañas del Escambray, que durante anos serían escenario de una de las mas heroicas gestas liberadoras de nuestro pueblo, increíble epopeya librada por los más humildes hijos de la patria, que hicieron derroche de valor y sacrificio frente a la más brutal y masiva represión que recuerda nuestra historia, financiada y dirigida por la Unión Soviética.

Porfirio es hecho prisionero. El 12 de Octubre, mientras en las calles de Santa Clara se reprimen manifestaciones juveniles, en el campamento militar “Leoncio Vidal” de la ciudad es sometido a una atropellada farsa de juicio que terminó sin dictarse sentencia; cruel engaño, porque habían decidido fusilarlo, como lo hicieron esa noche, pero temían a la reacción popular.

Porfirio Ramírez entregó su vida y su sonrisa y entró en la historia de Cuba engendrando el futuro. Para sus verdugos fue una trampa, porque su soberbia y su fanatismo los cegaron, y al ametrallarlo, tan cobarde y apresuradamente -le temían en su inconfesable admiración por él- se hicieron reos de su propia torpeza.

Aquella noche del crimen sin nombre, en el campamento militar de La Campana, cerca de Santa Clara, se inmortalizó la figura del joven presidente de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.

Aquel 12 de Octubre marcó un hito en la lucha del pueblo cubano frente a la barbarie comunista, entonces incipiente.

Junto a Porfirio cayeron también Plinio Prieto, Sinesio Walsh, Angel Rodríguez del Sol y José Palomino Colón, todos también patriotas íntegros de legendario valor.

Han pasado los años... Los responsables del crimen deben saber que no pudieron matar a sus víctimas. Se suicidaron los verdugos y sus cómplices y su causa ha muerto.

Aquellos cinco héroes viven en la incansable lucha de su pueblo.
12 DE OCTUBRE DE 1960: LA MASACRE


Todavía por aquel tiempo era política del gobierno permitir la asistencia de sacerdotes a los que iban a ser ejecutados. Era una forma de proyectar una imagen engañosa para encubrir ante la opinión mundial y nacional la verdadera naturaleza de un proceso en el que, poco después, se desató una campaña nacional rabiosamente anticlerical y antirreligiosa en general. También así se ganaba tiempo para preparar las condiciones que permitieran manipular las reacciones adversas que se derivaran de los futuros pasos ya programados en el secreto esquema totalitario.



El grupo que en este caso se proponían ejecutar tenía la característica, sin precedente hasta aquel momento, de que no se trataba de personas vinculadas real o falsamente a crímenes cometidos por el régimen derrotado. En cuanto a Porfirio - el más conocido y popular - se trataba de un dirigente estudiantil de origen campesino, que se había alzado en armas contra Batista, por lo que al triunfo revolucionario ostentó grados de capitán, y habiendo retornado a la vida civil, se convirtió en figura nacional como dirigente de la FEU de la Universidad de Las Villas. Plinio Prieto(foto de la izquierda) y Sinesio Walsh fueron también oficiales del Ejercito Rebelde, José Palomino fue un intachable integrante del Ejército Constitucional.

Fue por todo ello que los verdugos accedieron a la petición de Plinio, recién nombrado jefe de El Escambray, de formación católica, para que se le permitiera ver a un sacerdote.

El juicio, montado como un vulgar circo en el campamento militar “Leoncio Vidal”, de Santa Clara, tuvo lugar durante el día 12 de Octubre. En las calles de la ciudad se reprimían manifestaciones por la vida de “El Negro” Ramírez, muy querido por la población local. Al caer la noche se anunció un receso en el juicio hasta el día siguiente para dictar sentencia. Así fue anunciado también por los medios de comunicación nacional, lo cual dio lugar posteriormente a que se generalizara la idea errónea de que la ejecución había tenido lugar el 13 de octubre.

Aquella noche, sin embargo, unos militares tocaron apresuradamente a la puerta trasera de la iglesia “La Pastora”, de Santa Clara, atendida por sacerdotes Capuchinos, para que “un cura” los acompañara al momento y sin excusas. El tal cura resultó ser el fraile español Olegario de Cifuentes, aldeano recio, ya maduro, quien había sufrido en su patria los horrores de la guerra civil.

A la mañana siguiente el padre Olegario expuso con detalles, a un compañero universitario de Porfirio, todo lo sucedido aquella noche. Poco tiempo después, ya expulsado de Cuba, reiteró el mismo relato en varias comparecencias públicas desde Caracas. Éste, en síntesis, fue su testimonio:

El sacerdote fue conducido discreta y apresuradamente al campo de tiro militar “La Campana”, ubicado en una zona rural no lejos de la ciudad de Santa Clara, donde se encontraban los prisioneros fuertemente custodiados. El ambiente era de preparativos acelerados en medio de una evidente improvisación. A campo abierto el padre Olegario dedicó unos minutos a cada uno de los cinco hombres que iban a morir. Confesaría a la mañana siguiente, todavía conmocionado, que a pesar de ser un hombre curtido por su experiencia personal en España, nunca podría olvidar la serenidad y la convicción conque aquellos hombres le hablaron de las razones por las que iban a morir. Repitió -como quien cumple una misión, de la que hacía partícipe a su interlocutor, quien esto escribe- detalles como las palabras conque Plinio le transmitiera su mensaje final: “Muero confiando en Dios y en los hombres”, y como los cinco bromeaban entre sí y desafiaban con su valor natural a los militares presentes. Por ejemplo, expresó que Porfirio tenía en su boca un tabaco sin encender y uno de los militares se acercó y le ofreció la llama de un fósforo, a lo cual “El Negro” le contestó con una carcajada que no era hora de preocuparse por ese detalle si en unos minutos se lo iban a llenar de huecos.

Poco después de las 9 P.M. se improvisó apresuradamente el escenario. Las luces de los jeeps y camiones militares se concentraron en los prisioneros, todos de pie y atados. Ninguno aceptó que le vendaran los ojos. Frente a ellos se organizaron los integrantes del pelotón, distribuidos en dos filas: unos delante, rodilla en tierra, y los otros parados detrás. Todos con armas automáticas, cuyas ráfagas se repitieron sin cesar mientras los cuerpos caían.

Al cabo del crimen se impuso un pesado silencio que duró largos minutos. Los verdugos y sus cómplices presentes quedaron paralizados, nadie se atrevía a acercarse a los cuerpos sin vida.

Contó el padre Olegario que se vio precisado a asistir al médico forense, pudiendo constatar que algunos, como Porfirio, tenían impactos de frente en la parte superior del cráneo y en la espalda, por haber caído hacia delante, y otros los presentaban debajo de la mandíbula con desgarramientos a sedal en el pecho, por haberse proyectado su cuerpo hacia atrás con las primeras ráfagas.

Una verdadera masacre.

Con ese crimen pretendían ahogar en sangre y terror al incipiente brote guerrillero de El Escambray. Sin embargo, no sólo en El Escambray, sino en toda Cuba - inclusive donde no existían montañas - se multiplicaron durante años los grupos de alzados, con derroche de heroísmo sin límites.

Este testimonio lo escribí por el compromiso que el padre Olegario me transmitió aquella mañana en la Iglesia "La Pastora" de Santa Clara.



NOTA DE NUEVO ACCION: Exactamente un mes menos un día antes del fusilamiento de estos cinco patriotas-- el trece de septiembre de 1960--, Armando Pérez Roura, vestido de miliciano hacía su entrada triunfal detrás del entonces Ministro de Trabajo del Castrismo(Augusto Martínez Sánchez) al Edificio Radiocentro(foto de la izquierda), sede de las Empresas CMQ propiedad de la Familia Mestre, para proceder a su intenvención a nombre del Gobierno "Revolucionario". Y exactamente dos meses y 4 días después, injuriaba la memoria de estos mártires, acusando a todos los que luchábamos en contra de la naciente tiranía de "gusanos y lacayos al servicio del imperialismo yanqui", mediante una asquerosa nota publicada en el Diario "Revolución", el día 16 de diciembre de 1960, y que terminaba con el odiado Patria o Muerte. El mismo que hoy lee sus nombres en la lista de héroes de Cuba caidos por Dios y por la Patria, pretendiendo que somos idiotas y que ya olvidamos como mientras estos patriotas estaban alzados en armas en las montañas él defendía miserablemente a un desgobierno, a pesar de no haber luchado contra Batista, sino todo lo contrario.

Hoy anda también por estos lares, el Ex jefe de la Policía de Santa Clara, el ex Capitán Pedro Pérez Perdomo, que alumbrara con las luces de su jeep, el paredón de fusilamiento de "La Campana", donde en aquella aciaga noche se asesinó a estos hermanos nuestros.

No anidamos, ni alentamos odios ni venganzas, pero ¡como nos gustaría oir de estas personas una nota de arrepentimiento sincero! y que dejaran a un lado la altanería y la soberbia y entonaran el necesario mea culpa para que el pueblo de Cuba Y LA HISTORIA los puedan perdonar.

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Re: HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 13, 2007 7:05 pm

Admiro tu ecuanimidad y tus sentimientos de perdon, para quienes, "cambiaron la casaca" ante mejores dividendos o resultados.

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Re: HOMENAJE A PLINIO PRIETO RUIZ

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