Secretos de Cuba
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“”” ASUNTOS GENERALES.”””

Mensaje por EstebanCL el Vie Oct 05, 2007 10:41 am

“”” ASUNTOS GENERALES.”””





Imagino estar nuevamente allí, sentado en contra de mi voluntad, escuchar lo que continuamente debía consumir con esa oscura obligatoriedad y amenaza sorda. Cuento los días para la asamblea siguiente, se repartirán bonos para comprar televisores, quizás un refrigerador que nos alivie un poco la existencia y Juana pueda hacerle durofrío a los niños con guachipupa de fresa. El secretario está allí, sentado en la mesa que preside la reunión mensual, trimestral, semanal, anual, quién pudiera recordarlo, solo me acuerdo del himno nacional, tan cansado de que sea usado, como yo. Tan aburrido de escuchar las mismas cosas, los mismos planes, metas que solo se alcanzaban en la imaginación de aquellos que se encontraban frente a nosotros. Cifras y más cifras recorren los metros que me separan de la mesa, entran y vuelven a salir de mis oídos. En todos no ocurre lo mismo, entran y se quedan como cualquier virus de computadora, destruyendo las pocas neuronas que se encuentran atrincheradas, el estómago es cómplice de la voz.

Estoy esperando el punto donde siempre culmina la reunión, algunas veces es divertido, sobre todo, cuando reparten algo. Nos enteramos de cosas que no vienen al caso, no tienen relación con los planes de producción, ni con las metas comprometidas, ni con la emulación. A Juan le pegan los tarros, no participa activamente en los trabajos voluntarios, no hace guardia del comité, sus hijos se quedarán sin el refrigerador. Uno de los secretarios anota la asistencia, se sabe el santo y seña de todos los presentes. Otro, anota algo en su agenda, es roja, es una señal de que ha participado en algún congreso de esos, donde todos levantan mansamente la mano, sin saber por qué, sin medir las consecuencias de sus actos. Lo hacen por reflejo condicionado, esperan la hora del receso, allí le darán una suculenta merienda. Escribe sin parar, sin levantar la mirada, es probable que el caso de Juan sea analizado más adelante, en el seno del núcleo, Juan no es militante, nunca lo será por tarrú. Espero desesperadamente por “Asuntos Generales”, siempre esperé durante medio siglo, es largo el camino que nos queda para culminar la asamblea. Luego, habrá otro himno y cada uno partirá como enemigo hasta el siguiente día en que volvemos a ser compañeros.

Los tiempos han cambiado, tal vez sea la causa de mi desesperación. Dijeron que se podía hablar con “sinceridad”, así como así, de la noche a la mañana todo va cambiando y ya se puede hablar, eso dicen. ¿Qué hemos hecho entonces? Maullar mientras lamemos la mano de nuestro amo, nadie hablaba. ¡Hay que esperar! La mesa es la misma, un poco más destartalada. El escenario se encuentra falto de pintura y algunos cuadros han sido sustituidos, agregaron uno de un burro venezolano. Los secretarios no son los mismos, Manolo falleció de un infarto al miocardio, nadie habla de las posibles causas, no existe el estrés en la vida cotidiana, tampoco es preocupante comer con exceso de grasa, nadie se alarma, no la hay. Antonio se fue de la isla por el bombo de visas, tal vez se llevó su agenda roja llena de historia y la lea un día en cualquier programa televisivo de Miami. Quizás siga escribiendo datos interesantes sobre la gente que acude al café del Versailles, aquí no es prioridad conocer quién le pega los tarros a quién. Tal vez no, es probable que nunca pase por esa cafetería por temor a encontrarse con Juan, él sabe que aquel salió en balsa, no sabe si llegó a estas playas, pero lo persigue su fantasma. Margocita, ¡ohhh!, ¿cuántos la recordarán?, era simpática y muy activa, muy educada. Era la encargada de las actividades culturales y tenía tremendo poder a pesar de su juventud, el grupo de danza ensayaba en horas laborables y el administrador no podía decir nada. Dicen que se casó con un cubano americano, dejó embarcado al grupo de teatro, ahora tienen que trabajar toda la jornada, bueno, no tanto, hay que descontar el tiempo que se gasta en manifestaciones y asambleas como estas. Dice un socio que Margocita tiene un forito en Internet y que desde allí se descubre su militancia y nostalgia por sus tiempos de pionerita.

Llegan los que van a presidir la asamblea y ocupan los puestos que una vez pertenecieron a Manolo, Antonio, Margot y otro jabaíto del que no recuerdo su nombre. El secretario general acerca el micrófono y se produce un agudo silbido que retumba en nuestros oídos. Bebo sale disparado hacia el equipo de audio, bueno, lo hace a la velocidad que le permite la artritis y mueve un botón, el ruido desaparece. Su cabellera está nevada, y cuando a un negro le salen canas, dicen que tienen cien años. Es el único sobreviviente, bueno, él y el equipo de audio. Toc, toc, toc, se escucha por las viejas bocinas de corneta que tenemos a nuestras espaldas, dejamos lo que estamos haciendo y nuestras miradas se fijan en la mesa. Todos son jóvenes, pudieron haber nacido por el año ochenta o después, solo han visto esto. El secretario invita a ponernos de pie para escuchar las notas del himno nacional. Al combate corred, bayameeeeeses, que la Patria os contempla orgullooooosa…El himno está aburrido de escuchar las mismas cosas durante medio siglo, las mismas metas, los mismos planes, los mismos retos. Nadie de los presentes es de Bayamo, el país se encuentra destruido, pero no fue por causa de un incendio. Nadie corre a combatir, algunos piensan en remar, la Patria observa, piensa, espera, sufre, no hay razones para sentirse orgullosa.

Termina el himno y se sienta a descansar hasta el próximo acto, la próxima asamblea, la próxima reunión, la próxima concentración. Uno de los secretarios de turno lee el orden del día, nada ha cambiado, puede que sí, dicen que se puede hablar con sinceridad y valentía. Otro de los secretarios pasa lista visual de los presentes y anota algo sobre un papel, se conoce el santo y seña de todos los asistentes. El secretario que está sentado al lado derecho del secretario que preside la asamblea, abre una agenda roja, es muy probable que haya asistido a algún congreso de esos, donde todos levantan la mano por reflejo condicionado. Espero por el punto de “Asuntos Generales”, es la parte más divertida de cualquier reunión donde se reparte algo, ya nadie hablará sobre los tarros que le pegan a Juan, es algo tan natural, vivimos en una sociedad donde hombres y mujeres tienen los mismos derechos. Tengo tantos deseos de hablar, expresar lo que llevo acumulado desde hace casi medio siglo, manifestar lo que verdaderamente siento por todo lo que ha ocurrido, exponer mi opinión sobre los males que nos afectan, proponer soluciones para algunos de nuestros problemas, tengo tantas ganas de hablar. Mi vista se dirige a la mesa y recorre los rostros de quienes nos presiden, nada ha cambiado en este aspecto. El secretario general habla y habla sin parar, hace mención de logros que nunca hemos logrado, cita números y más números que entran y salen por todos los oídos, como el virus que destruye las memorias en las computadoras. Mi vista recorre con fingida ingenuidad a todos los presentes en busca de algo, todos saben por qué lo hacemos. Nada ha cambiado, hay gente que no pertenece a nuestro centro, que no vive en nuestra cuadra, que no pertenece a nuestra circunscripción. Gente con caras de segurozos, es fácil identificarlos, es como si pertenecieran a otra raza, poco importa el disfraz, la gente los conoce. Nace la incertidumbre, crece el temor, aumenta la desconfianza. El secretario que está sentado al lado derecho del secretario que preside la asamblea saca un bolígrafo del bolsillo de su guayabera, se dispone a escribir.

¡Asuntos generales! Anuncia la secretaria que está sentada al lado derecho del secretario que está sentado al lado derecho del secretario que preside la asamblea, alguien levanta la mano.

-Yo quisiera hacerle una crítica al compañero Alberto, nosotros comprendemos las condiciones actuales del transporte, pero debe hacer un esfuerzo para superar esas constantes llegadas tardes.

-¿Quién es el compañero Alberto? Preguntó el secretario de la agenda roja. Alberto levantó la mano y aquel escribió algo.

-Otro compañero que desee plantear algo. Invitó uno de los secretarios que pertenecía al equipo de secretarios que presidían aquella asamblea. Levanté la mano.

-¿Qué desea exponer, compañero? Preguntó la secretaria que estaba sentada al lado derecho de uno de los secretarios. Muy culta ella, era la responsable de todas las actividades culturales. Muy valiente, había logrado que el conjunto de danza formado entre los trabajadores del centro, ensayara en horas laborables. Sentí deseos de soltar todo lo que llevaba guardado durante casi medio siglo, pensaba hacerlo y lo tenía en la punta de la lengua, pero aquel instinto de protección que llevamos en nosotros, disparó una sorda alarma. Recorrí con la mirada a todos los presentes y volví a descubrir que nada había cambiado, nada justificaba la presencia de gente extraña. El secretario de la agendita roja no me preguntó el nombre, conocía el santo y seña de todos los presentes, escribió algo inmediatamente después de haberme levantado. ¿Y si pierdo el trabajo?, ¿y si pierdo el derecho a discutir la vivienda?, ¿cómo resuelvo el televisor?

-¿Qué desea exponer, compañero? Insistió aquella muchachita.

-Yo creo que el compañero Alberto puede hacer un pequeño sacrificio para superar esa falta que le señalaron, solo es necesario levantarse treinta minutos antes de lo acostumbrado y probar, él es un buen compañero. Sentí vergüenza de mí al sentarme, pero no iba a sacrificar el bienestar de mi familia por esas tontas ideas que corren por mi mente. Total, nadie dijo nada, nadie dice nada, nadie dirá nada, ¿por qué me tengo que suicidar? Poco se habló y todas las intervenciones se enfocaron en asuntos sin importancia. Se escuchó otro himno que una vez importaron y mantuvieron entre rejas por varios años. El secretario del centro unió su mano derecha con la izquierda del secretario que estaba a su derecha. Después, levantó la mano derecha del secretario que se encontraba a su izquierda. Cada secretario levantaba la mano del secretario que se encontraba a su lado hasta formar una armoniosa cadena. Yo sentí cuando alguien me levantó la mano izquierda y luego la derecha. Entonces, todos, comenzamos a corear las letras de un himno que habíamos importado y cuyas letras había olvidado. ¡Arriiiiiiiiiba, los pobres del mundo! ¡De pieeeeeeee, los esclavos sin pan! Decía al comienzo, mientras aquella cadena humana tan simpática, comenzaba a balancearse por reflejo condicionado.







Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2007-10-05



Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.

Otros trabajos pueden encontrarse en las sig. direcciones:


http://www.conexioncubana.net/index.php?st=content&sk=blogcategory&id=176&sitd=416&showcatname=ok
http://www.amigospais-guaracabuya.org/#casanas
http://www.conexioncubana.net/blogs/esteban/




EstebanCL
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