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Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:22 pm

DICTADURAS Y DICTADORES


Los clásicos de la sociología definen a las dictaduras como los sistemas políticos que se contraponen a las democracias liberales. Las engloban por haberse establecido y sustentado mediante una violencia excepcional, anormal e ilegítima, no obstante que algunas de ellas tengan inicialmente un espíritu progresista, al superar a las monarquías, tiranías o democracias formales que hayan enmascarado la dominación colonial, latifundista o monopólica. Destacan como una constante que las dictaduras surgen de crisis sociales, sea para precipitar la evolución en curso, como se ha visto en procesos revolucionarios con Vladimir Ilich Lenin en Rusia, Gamal Abdel-Nasser en Egipto y Fidel Castro en Cuba, o para frenarlos, siendo lo acaecido bajo Francisco Franco en España, Augusto Pinochet en Chile y Efraín Ríos Montt en Guatemala; unos u otros siempre al margen o contra los procedimientos legales preestablecidos.
Concuerdan en que esos regímenes autoritarios se han mantenido por la fuerza, apoyándose en estructuras militares sostenidas por partidos únicos creados a tal efecto o dominando los preexistentes. Les atribuyen criterios arbitrarios de gobierno, suprimiendo las garantías y libertades de los ciudadanos. Indican que el conflicto permanente y agitador de la conciencia colectiva del ser humano entre ricos y pobres, privilegiados y excluidos, opresores y oprimidos suele sacudir el consenso político de los países. Entonces los aparatos de Estado son desbordados por la movilización social y política, haciendo inservibles las instituciones tradicionales, generando condiciones inéditas, repentinas o inesperadas, en donde suelen aparecer las dictaduras, casi todas buscando el amparo de los sectores sociales más desfavorecidos de la población.
La indagación histórica y el reportaje periodístico han demostrado que el campo de rastreo es inconmensurable. Dictadores no son sólo los que gobiernan sin elecciones con salvaguardas de un Estado de Derecho, reprimen a la oposición y cercenan la libertad de prensa y opinión, sino también aquellos que supuestamente admiten instituciones o portadas legislativas, ejecutivas y judiciales de gobierno, cuando en realidad concentran el poder en sus propias manos, como un método extremo para sustituir el consenso que otorga la consulta electoral con transparencia democrática.
La relativa popularidad de algunos dictadores antes de caer en desgracia, fugaz o permanente, vincula a lo largo del siglo pasado a los autoritarismos fascistas, nazi y comunistas. Detrás de fachadas populistas, nacionalistas y revolucionarias todos ellos siguieron credos absolutistas y autocráticos, violando persistentemente los derechos humanos y concentrando en un hombre la voluntad de decisión en la cúspide de las sociedades, haciendo uso de la violencia y aferrados a la norma de que para perpetuarse en el poder, el fin justifica los medios.
En ese ancho universo, las mujeres de los dictadores formulan incógnitas en la literatura política. Sus actuaciones invitan a una lectura pendiente, quizá complementaria y tal vez diferente a la observada por sus maridos en la administración del poder. En cada pareja que adquiere notoriedad pública a raíz de uno de sus dos miembros, conocer a un cónyuge puede esclarecer sobre el otro. Este libro explora algunos retratos de mujeres de fin de siglo, que han acompañado sentimentalmente a Fidel Castro, Augusto Pinochet, Ferdinand Marcos, Alberto Fujimori, Jorge Rafael Videla y Slobodan Milosevic, pero antes de abordarlos vale sin duda la pena detenerse en otras que convivieron con dictadores más lejanos, los cuales irrumpieron con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial. La elección de Antonio de Oliveira Salazar, José Stalin, Adolf Hitler y Francisco Franco se impone por las cualidades devastadoras de los mismos, debiendo a su vez recordarse que Europa nos ha procurado los más dañinos dictadores, pudiendo afirmarse con espanto que han sido los peores de todo el siglo. Viene a cuento para poner en cuestión teorías que afirman que los dictadores empiezan y terminan en el Tercer Mundo, acuñándose el cínico vocablo de dictaduras bananeras para banalizar a las que han azotado Asia, África y América Latina. Fue en la Europa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en donde se concibieron los refinamientos más truculentos para hacer del discurrir cotidiano una pesadilla intolerable. En los albores de este nuevo siglo Estados Unidos ha tomado el relevo de una enseñanza sintetizada y sistematizada en el Viejo Continente.













SALAZAR

Sin embargo, durante la larga existencia de Antonio de Oliveira Salazar, hubo varias mujeres con las cuales mantuvo relaciones amorosas, aunque casi siempre fueron romances muy discretos, particularmente después que alcanzara la presidencia del Consejo de Ministros, el 5 de julio de 1932. Había nacido el 28 de abril de 1889 en el pueblo de Vimieiro, cerca de Santa Comba Dão, parte de una región agrícola situada a unos 230 kilómetros al noroeste de Lisboa. Descendiente de una familia campesina, de magros recursos, Salazar fue el hijo varón deseado por sus padres, que ya tenían cuatro hijas. Como muchas familias pobres de la época, la Iglesia Católica financió sus ocho años de estudios de seminarista en la ciudad de Viseu, 290 kilómetros al noroeste de Lisboa, adonde llegó con su hermana mayor Marta en 1905. Fue precisamente allí que surgió su primer amor juvenil con Felismina Oliveira, dos años mayor que él, tenida por una beata incorregible, en cuyo domicilio residía su hermana Marta. La atracción entre los jóvenes ocurrió inmediatamente de conocerse. Luego, Felismina comenzó a acompañar a Marta todos los sábados, durante las visitas a su hermano Antonio en el convento, encendiendo el deseo. Paulo Campos, su amigo íntimo por entonces, confesó que servía de mensajero entre los dos enamorados. Salazar le dijo una vez que, si Felismina lo aceptaba como novio, estaba dispuesto a dejar el seminario. Al tomar ella conciencia de los propósitos de Salazar se asustó, asimilándolos a una declaración pecaminosa. Felismina creía no tener el derecho de arrancar de la entrega a Dios a un joven que cursaba su primer año de Teología.
No obstante, el coqueteo continuó. Felismina comenzó a compartir las vacaciones de verano con la familia de Salazar, en la casa de campo de Vimieiro. La muchacha cumplió 19 años junto a ellos, anotando en su diario: «Oh Dios, aquello no era una simple amistad. Él quería imitar escenas amorosas, era amor lo que buscaba y yo cada vez tenía más miedo. ¡Amar a un seminarista!». Adobando el sabroso escarceo amoroso empezó a terciar Herminia, la hermana de Felismina, quien no cesaba de advertirle que de-bía darle vergüenza que la vieran con Salazar, encubriendo que competía para conquistarlo. Herminia fue aún más lejos en sus esfuerzos, con el objetivo de romper las relaciones entre Felismina y Salazar. Con el ánimo de separarlos les escribió a ambos pidiéndoles que no se reunieran más en Vimieiro, al constatar que aumentaban los comentarios de los vecinos en Viseu. Al llegar las vacaciones del verano de 1908, Herminia se hizo invitar junto a su hermana a Vimieiro, donde Salazar era ya tratado por los campesinos como «el señor cura» y tenía fama de gran orador. El desengaño de Felismina se produjo cuando percibió que había dejado de reinar en el corazón de Antonio, sorprendiéndolo en Viseu en compañía de Natalia de Sousa, hermana de un colega seminarista. Era evidente que Salazar galanteaba con otras mujeres y eso, para Felismina, fue un golpe demoledor.
En 1910 Salazar advierte que no tiene vocación para dedicarse al sacerdocio, matriculándose en la Universidad de Coimbra como estudiante de Derecho. Habían terminado las relaciones amorosas con la beata Felismina, que le guardaba fidelidad, permaneciendo amarrada a él en sus pensamientos. Veinte años más adelante, Felismina Oliveira fue la primera mujer que ocupó en Portugal las funciones de inspectora escolar, cargo que la mantenía cerca de Salazar, a quien dirigía directamente innumerables denuncias. En una de ellas le decía: «Ayúdeme a ser peligrosísima, que yo no tengomiedo». La fe católica le había impedido ceder al asedio amoroso de Salazar y que se uniesen en matrimonio, pero durante toda la etapa de la dictadura lo secundó espiritualmente en la mística nacionalista y la defensa de la Patria «amenazada por los comunistas». Felismina terminó entregando su vida a «la causa salazarista». El dictador sacó provecho, y no sería la única mujer amada y utilizada para sus fines políticos.
El 10 de octubre de 1910, cuando Salazar arribó a Coimbra, se proclamó la República Portuguesa. La famosa universidad que lo registraba como alumno era centro de choques entre estudiantes monárquicos y republicanos. En esos antros cultivaría amistades cruciales, como con Manuel Gonçalves Cerejeira, quien sería más tarde el cardenal patriarca de la ciudad de Lisboa, ejerciendo esas funciones mientras Salazar era presidente del Consejo de Ministros. El joven estudiante comenzó a frecuentar la casa de la pianista Gloria Castanheira y allí surgió un romance muy fugaz con una muchacha de 16 años, Julia Etelvina. Las clases de piano eran un pretexto para encontrarse y, como es habitual en estos casos, se juraron amor eterno. Salazar era cinco años mayor que Julia y esa diferencia de edad fue suficiente para que la madre de la joven cortara el romance cuando lo descubrió, echándole en cara al ex seminarista haber abusado de la confianza de la familia.

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:24 pm

STALIN

Desde un año antes de la muerte de Lenin el 21 de abril de 1924, Stalin era omnipotente en la Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas (URSS). Del inexpugnable centro de gravedad del régimen, no han filtrado indicios serios que establezcan relaciones con mujeres, posteriores a Nadia, aunque los rumores mencionan a Vera A. Davidoya, destacada cantante del Bolshoi, cuyo talento y compañía Stalin apreciaba, pues disfrutaba mucho de la ópera y de sus encuentros con músicos y artistas. Se lo sindica también comprometido sentimentalmente con Rosa Kaganovitch, hija de uno de sus más estrechos colaboradores. Con todo, se lo recorta más bien replegado sobre sí mismo, abroquelado en el círculo reservado de las familias de sus dos esposas, los Svanidzé, de Kato, y los Alliluyev, de Nadia, con quienes tenía un hilo permanente de contacto mediante una línea telefónica directa y especialmente tendida a tales fines. Eugenia, la esposa de Pavel, hermano de Nadia, fallecido en 1939, se convirtió fugazmente en la confidente de Stalin, pero durante la Segunda Guerra Mundial ella se distanció, temerosa de las intrigas del Kremlin. No obstante, la lejanía física cavó su fosa entre Stalin, constantemente en Moscú a la cabeza del Estado asentado en los procesos judiciales de limpieza interna desencadenados a partir de 1936, en marcha hacia la guerra contra el nacionalsocialismo alemán en 1941, y sus parientes, guarecidos fuera de la capital. Las purgas generalizadas en todos el país y la trayectoria inestable de sus dos familias, se sucedieron al enclaustramiento y muerte de su propia madre el 4 de junio de 1937, a cuyo entierro no asistió. Ella se apagó sin entender, en los rudimentos de su cultura georgiana, quién era y qué hacía su hijo, lamentando hasta el final que hubiera dejado trunca su carrera de cura. Se extinguió en la parvedad de sus dos piezas, siempre en el número 10 de la calle Catedral de Gori, en las bucólicas colinas del Cáucaso, bañadas por las remotas tradiciones helénicas, romanas y cristianas de la historia de sus pobladores, que precedieran las costumbres de mongoles, turcos y persas. En tramas probablemente urdidas por sus espías y consejeros, por acción, error u omisión, Stalin diezmó a sus seres queridos en la orgía de sangre con que depuró el este europeo, satelizando repúblicas contiguas y operando un blanqueo o lavado ideológico y político sobre millones de personas que podría caratularse de genocidio, con motivos de equivalente calado a los de causas raciales, étnicas y religiosas. María, una hermana de Kato, y su esposo, Mariko, fueron condenados a largas penas de destierro, finalmente ejecutados en 1941. Alexandre Svanidzé, padrino de Nadia, fue fusilado, imputándosele colaboración con el trotskismo. Por precaución, la esposa de Iakov, el hijo de Stalin con Kato, detenido en Alemania, al que su padre no quiso canjear por un general nazi, fue mantenida en prisión durante dos años. Alekis Kapler, pareja sentimental de su hija Svetlana, estuvo cinco años en la cárcel y otros cinco asignado a residencia fuera de Moscú. Svetlana obtuvo de su padre después la autorización para casarse en 1944 con un amigo de su hermano, de religión judía y apellido Morozov, con el cual tuvo un hijo de nombre José, como el abuelo, pero los cónyuges se divorciaron. Al separarse, la policía desvalijó la casa secuestrando las pruebas materiales del matrimonio. Svetlana volvió a casarse en la primavera de 1949 con Yuri Zdanov, de cuya unión nació en 1950 Nadejda, la nieta del dictador que rastreó los antecedentes que fueron tan útiles para los biógrafos. Al igual que con su nacimiento, existen dos fechas para atestar el acto final de Stalin. Su muerte oficial fue el 5 de marzo de 1953 en sus habitaciones del Kremlin, cuando ya hacía tres días que era cadáver fulminado por un derrame cerebral.











HITLER

El 2 de mayo de 1938, después de la anexión de Austria, Hitler redactó su testamento, depositándolo en la Cancillería. Manifestó su voluntad de legar sus bienes al partido, enumerando, sin embargo, a los beneficiarios de su herencia, encabezando la lista con Eva Braun, antes que su hermana Paula y su hermanastra Angela. El 1 de septiembre de 1939 Hitler desencadenó la guerra. Al acercarse el fatal epílogo, hubo un encendido cruce de mensajes escritos, tras que Adolf saliera ileso del atentado del 20 de julio de 1944 en que se lo dio por muerto. Inquieta, Eva telefoneó al cuartel general y no consiguió sosiego. Adolf le escribió con el ánimo de calmarla que estaba bien «no te preocupes, quizá un poco cansado» esperando «volver pronto a casa para descansar en tus brazos», reconociendo tener «una gran necesidad de paz, pero mi obligación para con el pueblo alemán precede todo lo demás». Como prenda de entrega y gratitud Hitler le anunciaba el envío «del uniforme de ese desgraciado día», símbolo «de que la providencia me protegió y ya no tenemos que temer a nuestros enemigos». Firmaba A. H. «de todo corazón». Al borde del colapso ella le derramó el torrente que fluía de lo más profundo de su alma: «Querido, estoy fuera de mí. Me muero de miedo, estoy próxima a la locura. Aquí hace buen tiempo, todo parece tan pacífico que me avergüenzo. Sabes que siempre te he dicho que me moriré si te pasa algo. Desde nuestro primer encuentro he jurado seguirte a todas partes, incluso a la muerte. Sabes que sólo vivo por tu amor. Tu Eva».
El 9 de febrero de 1945 Eva Braun celebró en Munich su cumpleaños con retraso. Fue una fiesta con un tono de despedida porque arreciaban los bombardeos. Puso fin a sus actividades sociales y pintó su coche de gris para camuflarlo si podía ser identificado, lanzándose al mes siguiente a atravesar Alemania por carretera para ir al encuentro de Hitler en Berlín. Adolf se emocionó con el gesto y trató de disuadirla que retornara a Munich pero ella no cambió de parecer. La pareja se instaló en el búnker subterráneo de los jardines de la Cancillería. El 13 de abril de 1945 hay constancias de que Eva Braun se informó ante el teniente general Gerhard Engel de cómo dispararse un tiro certero que la matara. Rechazó la posibilidad de escapar por vía aérea, en un avión previsto solo para ella listo para ser conducido por la mejor piloto femenina de Alemania. Parecía encajar con naturalidad el cañoneo constante con que el Ejército Rojo asediaba a la capital del Tercer Reich, mostrándose «muy feliz de estar cerca de él precisamente ahora». El 20 de abril fue el cumpleaños 56 de Hitler, que dos días después resolvía quedarse hasta el final en la capital. El 24 de abril Eva fue informada que de Munich solo quedaban ruinas. Dos días más tarde redactó su testamento. Legó a su padre el Mercedes cabriolet, a su madre la mitad de los abrigos de pieles, alfombras, dinero en efectivo y el gran cuadro del Führer. Su gran cantidad de perfumes, zapatos, ropas y alhajas las repartió en el papel entre sus hermanas y amigas. A su hermana Ilse le debía corresponder la casa de Munich, sus muebles y su VW. A su otra hermana Margret le dejaba sus escritos. La instruía que destruyera «toda mi correspondencia privada y sobre todo las cosas de negocios», pidiéndole fuera al Berghof, la residencia particular de Hitler en el valle del Oberslazberg, para que hiciera desaparecer también «un sobre dirigido al Führer que se encuentra en la caja fuerte del búnker». En cambio, «las cartas del Führer y mis apuntes para las respuestas (cuaderno azul encuadernado en cuero) te ruego las envuelvas en material impermeable y las entierres. ¡Por favor, no las destruyas...!».











FRANCO

Con Francisco Franco quedó el tendal, y los sucedáneos de asesinatos, venganzas y fusilamientos, cárceles abarrotadas y el hambre extendiéndose en una población atemorizada, acomodaron una tiranía en el terror emanando de un hombre que solo decía ser responsable ante Dios y la historia. Carmen Polo no estuvo ausente de ese cuadro, escogiendo respaldar totalmente a su marido, negándose a interceder por ninguna de las víctimas. Se la describe como una mujer preocupada por las apariencias, con una gran cantidad de collares encima, ruda con los sentimientos, imbuida de ciertas imágenes de cómo debían ser las cosas. Su extrema codicia se unía a una gran frialdad, tamizada por una religiosidad extrema. El rosario vespertino y las misas diarias que ella comulgaba junto a él desde antes se instauraron en el Palacio del Pardo de Madrid donde fijaran aposentos el 15 de marzo de 1940, pasaron a integrar el libreto cotidiano hasta el fin de sus días. El Generalísimo firmaba las sentencias de muerte después del desayuno, mientras ella ignoraba los pedidos de clemencia de huérfanos, viudas, esposas, novias e hijos, parientes de los que su marido despachaba al cadalso. Su moral cristiana hervía en bailes de beneficencia y en limosnas que se encargaba de promocionar en actos de la Cruz Roja, precediendo su entrada por la Marcha Real, como si fuera la reina del país. Carmen fue la intendente del palacio dictatorial, mandando en la vida privada del Caudillo, y en la de su hija y siete nietos.Atendía también los haberes de ella y su esposo, haciéndolos fructificar como si Dios se los hubiera dado para mayor gloria. En 1942 hizo constituir a su medida el Patronato de Protección a la Mujer, o más vulgarmente conocido como la Obra españolísima, para ocuparse de la moral femenina y de las buenas costumbres corrompidas de tantas impurezas dejadas por los «rojos». En sus discursos aseveraba que el conocimiento analítico puede perturbar las finas arterias de la feminidad, y que el talento creador ha sido reservado por Dios para las inteligencias varoniles. Al escuchar por Radio Nacional de España al poeta de origen peruano Felipe Sassone recitar «A Albertina de la Rosa/ le hiede mucho la cosa/ ¿y quieren que no le hieda/si la fornica Albareda?», Carmen lo persiguió para meterlo en la cárcel, de la que se salvó gracias a su embajada en Madrid que le dio cobijo. Preconizando esos valores la dictadura de Franco se asemejaba a la de Hitler, en la consigna Kinder, Kirche und Küche (o sea, niños, iglesia y cocina).

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:26 pm

LOS AMORES DE FIDEL CASTRO



















La exaltación de sus bravuras y ardores ha hecho de su fogosidad un factor de seducción extraordinario, que convoca mujeres a raudales, dentro y fuera de Cuba. Cuatro de ellas se distinguen, jugando cada una en sus propias circunstancias, un papel importante en la trayectoria de Fidel, aunque siempre en un plano secundario y, a veces, puramente utilitario. Aquel desmayo en el verano caribeño, arengando a las masas bajo el cielo plúmbeo de La Habana, reprodujo sus rostros en la nostálgica galería del Comandante. En la ceremonia secreta de su conciencia, puede que haya desfilado inicialmente la esposa oficial, Mirta Díaz-Balart, con quien se casó en 1948 y de quien se divorció en 1955. De esta unión surgióel hijo reconocido públicamente, Fidel Castro Díaz-Balart, que ha ocupado cargos importantes en el gobierno cubano. La amante insuperable en su período de militante y conspirador, anterior a las etapas decisivas de la lucha guerrillera fue Natalia «Naty» Revuelta, una hermosísima rubia de ojos verdes salida de la aristocracia cubana, con quien mantuvo una relación escondida, porque ambos estaban casados. Con Naty tuvo a su «hija rebelde», Alina Fernández Revuelta, exiliada en Miami desde 1993 y que lo considera un «tirano». La fiel amiga, secretaria y compañera de la guerra de guerrillas y del triunfo revolucionario le tocó ser a Celia Sánchez Manduley, cinco años mayor que él, cuya cercanía conservó en una especie de matrimonio, sin llegar a contraer nupcias, extendiendo un vínculo de fidelidad intrigante hasta su muerte, debida a un cáncer pulmonar, el 11 de enero de 1980. Después del fallecimiento de Celia se casó con Dalia Soto del Valle, su discreta mujer del presente. Con Dalia ha tenido cinco hijos, compartiendo el lecho más de tres décadas.
Si con Dalia tuvo cinco, los hijos de Fidel sumarían siete en total, tomando en cuenta otros dos que tuvo con Mirta y Naty respectivamente. Al menos es la cifra difundida casi subrepticiamente por la televisión cubana en 1999, pero su veracidad ha sido puesta en crisis por la existencia de otros dos hijos más, cuya identidad está prácticamente confirmada. De todas estas mujeres, sólo Naty Revuelta hizo escasas referencias públicas a sus enredos afectivos con Castro, apareciendo algunas cartas en el diario español ABC, admitidas como auténticas por Fidel.





LUCIA HIRIART










Agazapada detrás del telón, Lucía Hiriart reaparecía en el centro de la escena nacional en las fechas decisivas, autónoma de su marido, inmisericorde, sacando provecho personal. El 11 de septiembre de 1980, se realizó en Chile un plebiscito convocado por la dictadura para suplantar la Constitución Nacional de 1925 y perpetuar su filosofía neoliberal y autoritaria en el poder, sentando las bases para que sus personeros preservaran la herencia política de Pinochet. Los próximos presidentes no podrían remover a los Comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, que se elegirían por mecanismos inherentes a la casta militar, aparejando un Consejo de Seguridad Nacional con participación de los jefes de Ejército, Marina, Aviación y Carabineros, que podía incluso vetar a un candidato presidencial surgido de elecciones democráticas. El futuro Senado tendría senadores designados por los militares con mandato de ocho años, y a los ex presidentes se les reservaban escaños vitalicios, uno de los cuales se destinaba a Pinochet, en la eventualidad de que dejara la presidencia. Lucía hizo campaña con su marido por el referéndum, en la cual estuvo prohibida la propaganda de la oposición. No hubo registros electorales, los locales para emitir sufragios estuvieron bajo control del Ministerio del Interior, que no permitió la asistencia de observadores independientes. La tiranía se alzó con el 68 por 100 de los sufragios e impuso una nueva Constitución. La victoria sorprendió a los mismos Pinochet, que ante el temor de una derrota y para eternizar a Lucía en el sillón tronal de los CEMA, hicieron reformar la normativa, asentando que su jefa no debía ser la mujer del presidente sino la del Comandante en jefe del Ejército.
En junio de 1982 comenzó la peor crisis económica que debió enfrentar la dictadura. Se devaluó la moneda y bajaron las persianas centenares de empresas. Pronto el desempleo sobrepasaría el 30 por 100. Junto con la recesión detonaron las primeras protestas masivas contra el régimen. Como su marido, Lucía se mostró despiadada frente al desastre que comenzó a enfrentar la clase media chilena y los más pobres. Ante todo, se mofó del diagnóstico «de los representantes de políticas internacionales que han tenido la arrogancia de decir que Chile vive una crisis económica, lejos tan dramática como algunos países del mundo», pero como no podía negarla y sentía que la situación cuestionaba al gobierno de su esposo, descargaba el fardo de la penuria en quienes la padecían: «En la época de bonanza, cuando pasearon, gozaron bastante, compraron joyas, lindas casas... y ahora lloran. Ésa es la gente linda, que de linda no tiene nada. Que lloren. Se lo merecen». Sangrando por la herida de una dictadura anublada por la desilusión y el desengaño, para ella las protestas eran «acciones de fachada para crear caos, desorden, vandalismo. Protestan por la cesantía, es verdad que existe, pero se están tomando todas las medidas posibles para disminuirla. Con gritar, destrozar calles, viviendas, con el saqueo y robo no va a desaparecer, al contrario, va a producir mayor pobreza». En la violencia que engendraba la política sostenida por su consorte, Lucía no veía otra cosa que «una jauría de perros rabiosos, que pueden morder hasta a su propio amo». Agitaba con grandilocuencia el fantasma del retorno del marxismo, personificado en Salvador Allende, resucitado según ella en la vuelta de algunos exiliados «que vienen de vivir en países donde el aborto es legitimado por la ley, la pornografía está al alcance aún de menores, en donde salen a la luz revistas procaces, con insultos de igual calidad, y se les permite su distribución».
En esos términos reiteraba su balance al cumplirse diez años del golpe militar el 11 de septiembre de 1983. Con gran despliegue en el diario oficialista La Nación, explayó la autocomplacencia y la justificación de la dictadura. Estimó que con su marido no habían defraudado al pueblo. Consideró apresurado devolver el gobierno a los civiles, perdidos en sus ambiciones de poder, «políticos desocupados», que «han soliviantado el espíritu de los ciudadanos con su retórica demagógica y desfachatada que por años se les ha oído». Menospreció a la democracia constriñéndola a criterios aristocráticos, habilitando apenas a la población a solucionar sus problemas locales, como las calles sin pavimentar o la falta de canchas de fútbol, humillando a su pueblo, al que no le reconoció la estatura de elegir libremente un presidente y un modelo político para el país. Volviendo a la carga contra los exiliados, los trató de canallas. Justificó que hubieran sido echados del país, y que hubiera listas de personas que no podían reingresar. Desestimó las valederas razones de los refugiados, caratulándolos de ?autoexiliados?, quienes por haberse formado profesionalmente en Chile antes de escapar, debían estar «agradecidos» ya que, con esa formación, les era factible abrirse camino en el extranjero.

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:29 pm

IMELDA MARCOS










El aprendizaje de Imelda al costado de Ferdinand fue doloroso, hasta que saltó el cerco, se puso de su lado, incursionando en los vértigos del consumo y la usura inextinguible del poder. La risueña y bienintencionada provinciana asimiló con penas y llantos el concubinato de Marcos con Carmen Ortega, y los cua-tro hijos que terminó pariendo esa relación, que contaba con la aquiescencia de su suegra Josefa Edralín, una solidaridad que la enloquecía. Con moral quebradiza se encerraba en su habitación a escuchar novelas radiofónicas y tras conciliábulos con amigas, se resignó y sometió a la doble vida de su esposo, que se instaló a vivir con ella en el barrio San Juan de Manila, en la calle Ortega, a pesar de los celos que le despertaba ese apellido. El siquiatra del Hospital Presbiteriano de Nueva York la puso ante el dilema de separarse o aferrarse a Marcos, habiendo ya concebido dos de los tres hijos que tendrían: María Imelda, «Imee», en noviembre de 1955 y en septiembre de 1957 Ferdinand Jr., «Bong Bong». Le costó decidirse a sostenerlo en su lucha política y sacarle todo el jugo posible. Desconsolada pero dispuesta, se dejó inscribir en la coreografía de la vida matrimonial que imponía la carrera política ascendente de Marcos. Lo acompañó en la campaña proselitista para que en 1959 trocara diez años de diputado por la banca de senador. En 1960 tuvieron la tercera hija, Irene. El 1963 Marcos asumía la presidencia del Senado, antesala de la elección como presidente de Filipinas el 9 de noviembre de 1965.
Ducho en la mentira, astuto e inescrupuloso, financiado por una mafia de contrabandistas de cigarrillos, Marcos se internó en una campaña por la presidencia sucia y venal que dejó un saldo de 117 homicidios políticos, a la que se lanzó cambiándose de chaqueta, pasándose del Partido Liberal al Nacionalista. El Palacio de Malacañán acogió a un mandatario sumergido en la venta de certificados de nacionalidad filipina a inmigrantes chinos, que negociaba solapadamente las reparaciones de guerra, pagaba con cheques falsos, engatusaba a compañías extranjeras quitándoles tierras, y le conseguía armas a Achmed Sukarno cuando combatía a los holandeses para independizar Indonesia. Imelda disolvía el tedio y el aburrimiento atendiendo invitados, aderezando mesas para desconocidos y se entrenaba en acaudillar criados y sirvientas. Promovió el cambio de nombre de la calle Ortega por el de Marcos para resarcirse de la envidia por las vi-das sentimentales paralelas de su marido. Se sobreponía al aislamiento prendiéndole velas a san Agustín y huyendo hacia adelante envuelta en los fastos protocolares. Aplacaba con la gula los sacudones de abatimiento y desánimo al compartir el quehacer cotidiano con un hombre que la engañaba constantemente con otras mujeres y quien reservaba sus mejores horas a la política. Sus afanes dinásticos la impulsaron a asumir los Ministerios de Urbanismo y Vivienda y la Gobernación de la región de Manila, creyéndose preparada para funciones de gobierno, quizá motivada por un complejo de inferioridad en virtud de sus orígenes humildes y a la luz de su limitada estatura intelectual, como persiguiendo borrar un pasado lúgubre con un presente atiborrado de responsabilidades políticas, en la magnificencia de la ostentación. En las cumbres del egocentrismo mandó demoler las casas de su infancia y adolescencia, en Manila y Taclobán, construyendo otras en las inmediaciones, haciéndolas museos, dando una escobada a los vestigios del ayer, adulterando sus antecedentes de cara al futuro. Bautizó Avenida Marcos la arteria de Sarrat, en Ilocos Norte, el feudo donde se criara su marido, remodelando la vivienda en una exposición permanente para curiosos y turistas, con las libretas escolares del dictador, sus fotos deportivas, y las medallas de mentidos méritos militares de Ferdinand en la Segunda Guerra Mundial. «Los buenos negocios curan los peores decaimientos», resumiría el exquisito periodista español Manuel Leguineche, al detallar cómo Imelda se fue amoldando a los credos de su esposo, acompasando el glamour con una cadena de cohechos, zalamerías, abrazos, canciones, discursos, llantos y adulaciones, tornando la elegancia social de los regalos en un engranaje de premios y castigos para juntar poder. Se reveló como una máquina de succionar votos, desplegando una actividad descomunal: insomne, con horarios a merced de su propia arbitrariedad, mudaba de vestidos hasta ocho veces en una misma jornada, mantenía centenares de entrevistas por semana y conducía un batallón de secretarias que respondían 2.500 cartas diarias. Imelda y su marido, en su exclusivo beneficio, malversaron desde el comienzo fondos públicos y otros extraídos de recaudaciones de beneficencia o de donaciones destinadas a quienes padecían hambrunas o terremotos en otras latitudes. Con el añadido de la sustracción sistemática de partes sustanciales de la ayuda financiera internacional acordada al Estado y de los créditos de los organismos multilaterales a las alicaídas arcas del Tesoro Nacional, los Marcos forjaron la famosa red de cuentas banca-rias suizas, antillanas, panameñas y en Hong Kong, Liechtenstein y Australia que los harían tristemente célebres, con los seudónimos de Jane Ryan para ella y William Saunders para él, o inmersos en una nube de sociedades de figuración en un sinfín de paraísos fiscales, secundados por una alucinante lista de testaferros. El tándem utilizó capitales e información privilegiada de la presidencia comprando y vendiendo productos, tierras y empresas, anticipándose a las fluctuaciones de los precios en los mercados. Perpetraron transacciones espurias con la caña de azúcar, el ajo, la banana, el coco, la hotelería, las industrias farmacéutica, nuclear, petrolera, de la cerveza y del cemento, haciendo florecer un parque inmobiliario de 29 casas y apartamentos en Filipinas, especulando en las bolsas internacionales, comprando cuatro edificios en Nueva York evaluados en 350 millones de dólares (el Crown Building, el Herald Center, y los del 200 de Madison Avenue y de 40 de Wall Street), una mansión en Beverly Hills, una casa en Roma y un castillo en Nueva Jersey, más un ático en el barrio residencial de Kensington de Londres.







SUSANA HIGUCHI









En marzo de 1992 Susana Higuchi rompió lanzas con Alberto Fujimori, denunciando a los dos hermanos y a la cuñada del presidente, de sacar provecho de las donaciones de ropa usada provenientes de Japón, que tenían como destinatarios los desposeídos del Perú. Los acusó de venderlas en comercios «y sólo llevan estropajos a las poblaciones de escasos recursos del país, lo bueno lo venden a tiendas». Lamentó que ella no pudiera hacer nada para impedirlo «porque sólo soy la esposa del presidente y no tengo ni voz, ni voto». Fujimori ordenó de inmediato una parodia de investigación judicial, reiterando su línea de conducta y el plan moralizador que enarbolaba para el país, pero salió enseguida de viaje al Japón en su primera visita oficial dejando a la Primera Dama en Lima, marcando con el gesto la desaprobación frente a la acusación de Susana. En ausencia de Fujimori el Ministerio Público echó cerrojo al sumario, y, sin tardar, Susana morigeró su testimonio. Desvió hacia el periodismo el origen de la información, aclarando que la ropa era distribuida por una ONG llamada Apenkai, al parecer un ente por encima de toda sospecha. Con el tiempo se supo que detrás de esa organización operaban los Fujimori acusados por Higuchi. Se conoció a su vez más adelante, que la noticia del desvío de la ropa había sido filtrada por Leonor La Rosa, agente del Servicio de Inteligencia, la que se rebeló ante lo que estaba sucediendo y yéndoselo a contar a Susana.

Ambas serían víctimas de la dictadura. En diferentes fechas fueron conducidas al « ótano» del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) para ser torturadas con el objeto de torcerles la voluntad. Lo lograron con Susana, consiguiendo que en más de una oportunidad diera marcha atrás en sus denuncias. Ello no disminuyó la hostilidad de la recua presidencial, que le quitó el soporte protocolar para sus labores humanitarias. Hasta allí había realizado 35 viajes al interior del país, colaborando como ingeniera y Primera Dama en tendido de redes de agua aportando a la fundación Niños del Perú, obteniendo financiamiento para 27 aldeas que albergaban a menores en estado de abandono. A Leonor la torturaron hasta dejarla tullida, internada clandestinamente en un hospital al mismo tiempo que arrojaran descuartizada en un descampado a Mariella Barreto, también empleada del SIN, que perdió la vida por razones análogas a las que movilizaron a Leonor. Cuando ésta fue descubierta maltrecha por una periodista de televisión que filmó y emitió un reportaje sobre su estado, le cayó encima la imputación penal de revelar secretos oficiales. No le quedó otro camino que refugiarse en Suecia, a donde viajó con un salvoconducto del ACNUR para protegerse de Montesinos, un exilio que Fujimori trató de evitar chantajeándola con dinero. Correspondería al presidente Alejandro Toledo desagraviar a Leonor La Rosa. El 18 de febrero de 2002 la indemnizó con 120.000 dólares, otorgándole una pensión médica vitalicia. Ahora Leonor La Rosa es la única testigo que confirma el cautiverio y las sevicias con que atormentaran a Susana Higuchi en «El Sótano», a la que le tocó llevarle comida a su celda, donde permanecía a oscuras y desnuda, por órdenes de Montesinos y con el consentimiento de Fujimori. Éste dice hoy que estas alegaciones son mentiras y que las marcas de descargas eléctricas en el cuero cabelludo de Susana provienen de un tratamiento oriental para dejar de fumar llamado Moxibustionen que consiste en aplicar sobre distintas partes del cuerpo un cocimiento hirviente de hiervas.
Pero el 5 de abril de 1992, Fujimori daba otra vuelta de tuerca. Se disparaba disolviendo las instituciones de la República, un rocambolesco autogolpe mediante el cual acalló a la oposición. Susana que vivía maritalmente con él fue sorprendida por la noticia. Esa noche su esposo la invitó a ver televisión, surgiendo en la pantalla con solemnidad, para suspender la vigencia de la Constitución, dando paso a un gobierno «de Emergencia y Reconstrucción Nacional». Y cuando «me preguntó qué me parecía su decisión le dije que no estaba de acuerdo, eso es propio de una dictadura». El castigo no se hizo esperar. Por temor a que hiciera declaraciones contrarias Fujimori la sometió a un tratamiento preventivo, otra vez en «El Sótano». Años después ante la inminente caída de Fujimori, se decidió comenzar a contar lo que le había hecho, desgranando con voz cansina: «me silenciaron, si no dije nada en contra del 5 de abril fue porque no pude, me encerraron de nuevo en el SIN y me torturaron». Le devolvieron la libertad pero su espíritu quedó fisurado. Con el ánimo agrietado, en efecto, el 8 de mayo renunció al ofrecimiento que había aceptado cuatro meses antes, de postularse para la Alcaldía de Lima. El 23 de mayo siguiente la fiscalía de la Nación archivaba las diligencias por la venta de las donaciones de ropa provenientes del Japón. Al otro día, Susana leería un comunicado justificando el golpe, al que catalogó de «respuesta histórica para revertir el rumbo del Perú», una medida «bastante difícil para mi esposo, pero la tuvo que tomar para superar la democracia irreal en la que se vivía».

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:30 pm

ALICIA RAQUEL HARTRIDGE


















El peregrinaje de los Videla para sanar a su hijo Alejandro no conoció fronteras. La familia se despidió de Hurlingham con los saludos del año nuevo de 1956. Ascendido al rango de mayor, Jorge Rafael se incorporó como asesor de la delegación argentina en la Junta Interamericana de Defensa, en Washington. En la capital estadounidense confirmaron que no existía solución para la enfermedad del niño. Le diagnosticaron que su cerebro no se había desarrollado normalmente durante su gestación, y que ya no lo haría. El mal era irreversible. Los médicos norteamericanos recomendaron que el joven fuese internado en un lugar conveniente, para aliviar las alteraciones que iría sufriendo, ya que el cuadro de oligofrenia profunda combinada con epilepsia, progresaría paulatinamente.
Alicia Raquel desembarcó en Washington con su cuarto hijo, Rafael Patricio, nacido el 6 de mayo de 1953, hoy oficial del Ejército. En un país para ella prácticamente desconocido, sin hablar el idioma, con la terrible carga en sus espaldas de Alejandro, indomable en su locura, comenzó a gestar su quinto hijo. El 25 de enero de 1958 dio a luz a María Isabel, que llevó el nombre de su madre, muerta de cáncer cuando ella tenía 10 años. Dos meses después Jorge Rafael terminó su misión en Washington y la familia retornó a la Argentina, pasando a integrar la Subsecretaría de Guerra como oficial de Estado Mayor.
La familia recuperó su casa y las relaciones en el barrio de Hurlingham, exhibiendo los signos exteriores de la vida normal que llevaban antes del viaje a los EE.UU. Volvieron a encontrarse con sus amigos del Movimiento Familiar Cristiano, con el matrimonio Silveyra, y Alicia Raquel inscribió a su hijo Alejandro en los talleres organizados por las monjas francesas que dos décadas después serían víctimas de la dictadura de su marido. El resto de los hijos nacerían en ese paraje suburbano. El 7 de febrero de 1961, Alicia Raquel tuvo su sexto hijo, Fernando Gabriel, y cinco años después vendría el séptimo e inesperado embarazo. Como una curiosa marca del destino, Pedro Ignacio, el menor, el más parecido a Videla, nació el 24 de marzo de 1966, exactamente diez años antes de que su padre comandara el último golpe de Estado en la Argentina del siglo xx. A diferencia de sus hermanos, Pedro Ignacio no tuvo ocasión de convivir con Alejandro y presenciar el empeoramiento y sus brotes violentos. Casi dos años antes del nacimiento del último de los Videla, el 28 de marzo de 1964, Alicia subió a Alejandro al viejo Renault 4 L que tenían y, con el teniente coronel al volante, llevaron al joven a la Colonia Montes de Oca, un hospital para enfermos mentales sin recursos económicos y para personas abandonadas, ubicado a 100 kilómetros de la Capital Federal.
Sus vecinos y amigos consultados recuerdan que, hasta que dejaron Hurlingham, los Videla visitaban a su hijo adolescente de alrededor de 15 años de edad. Si bien ninguno se atrevió a hacerles comentarios al respecto, de eso no se hablaba, tampoco tuvieron noticias del joven hasta que pasaron muchos años. «Desde que lo internaron -manifiesta una vecina que prefiere preservar su nombre-nunca hablaron más de él, como si hubiera desaparecido, nadie lo nombraba, ni siquiera supe de su existencia cuando Videla era presidente, porque siempre hablaban de siete hijos, pero mostraban a los seis y al jovencito ni lo mencionaban, después entendí por qué», reflexiona la mujer, impresionada por lo que se enteraría años más tarde.






MIRIANA MARKOVIC
















El glosario de Miriana y Slobodan fotografía la primera fantasía política de la pareja una tarde de otoño en 1968 cuando, aprovechando un día de franco en la guarnición de Zadar, en las orillas croatas del Adriático, Milosevic paseaba con Markovic mirando vidrieras. Se habían casado el 14 de marzo de 1965. Él se había recibido de abogado en 1964 y cumplía con el obligatorio servicio militar. Graduada en sociología, ella viajaba desde Belgrado para visitarlo. La temporal separación inflamaba el desasosiego entre ellos, preservado en un manojo de cartas cubiertas por un papel floreado, que aún permanece en los archivos de la pareja. Vestido con el uniforme del ejército, del brazo y por la calle, Slobodan detuvo la marcha por el interés de Miriana en observar un afiche de Tito en uno de los escaparates. Hablando para el auditorio de su marido, ella afirma que dijo: «Un día, la fotografía de Slobodan estará ahí, tal como la de Tito ahora».
La casa de Pozarevac legada por los abuelos maternos de Miriana será el hogar de la pareja, donde se criarán los hijos, Marija y Marko, el sitio predilecto para las vacaciones, práctico además para los padres por la cercanía de Belgrado. Slobodan solía ir y volver en el día a sus oficinas de la capital, cuando entre 1968 y 1978 dirigió Technogas, la compañía petrolera del Estado, o al integrar en los cuatro años siguientes el Consejo de Administración del Beobank, la entidad bancaria yugoslava de ahorro, préstamo y comercio de los belgradenses. Miembro de la dirección de la Liga de los Comunistas, en 1984 Milosevic alcanzará la jefatura del partido en Belgrado. El 17 de julio de 1985 se postulará a la presidencia de los comunistas, conquistando el cargo al año siguiente. Estos pasos previos marcarán su profesionalización en la política, irresistible ascenso a la conducción del gobierno serbio, una vez dimitido su titular, Ivan Stambolic, el 1 de diciembre de 1987.
En la casona de Pozarevac Miriana cultivará un amor efervescente para con sus hijos; un orgullo adorado «pues son muy valerosos y tienen un sentimiento patriótico muy fuerte». En su diario personal quedarán traslucidas la admiración por el talento y cualidades de sus vástagos. De Marko escribió que es «un joven valeroso en su corazón, e imaginativo en los negocios». Reveló su emoción cuando el muchacho la telefoneaba desde su automóvil para decirle simplemente que la amaba, contando como una grata extravagancia las cuatro duchas diarias del joven. A Marija le dedica párrafos que resaltan sus dotes de encanto, con individualidad, inteligencia y conciencia. La presenta como intrépida tanto para vestirse como para mostrar sus convicciones políticas e ideológicas, sintetizando: «yo siempre supe que tendría una hija bonita y valerosa», reconociendo que le puso ese nombre en homenaje a la legendaria heroína serbia de la Segunda Guerra Mundial, Marija Bursac, paradigma del valor y la energía. Lo cierto es que Marko nunca gustó de los estudios. A duras penas consiguió un diploma de una universidad privada cuyo dueño, Bagoljub Karic, fue amigo de los padres, y mecenas internacional de Miriana en la publicación de sus libros fuera de Yugoslavia, también inductor para insertarla como miembro honorario en universidades rusas.
«Nosotros somos una familia europea moderna», ha resumido Miriana. Padres e hijos coincidían en los gustos por los programas televisivos de entretenimiento, prefiriendo por igual los grupos de rock Bjelo Dugme (Botón blanco), bosnios de Sarajevo, Novi Folsili (Nuevos Fósiles) y Magazin, croatas de Croacia. Marko dio rienda suelta a sus apetitos por las carreras de autos, las armas de fuego y el comercio. Su cadena de tiendas libres de impuestos en las fronteras yugoslavas le permitieron ganar mucho dinero: diez millones de marcos alemanes al mes, según los cálculos de la prensa yugoslava. Se hizo importador especializado en artículos de lujo y cigarros. Varias boutiques le pertenecen y se ufanaba de ser dueño, en Pozarevac, de su propia y despampanante residencia, de un bar, de un negocio de equipos de radio y de una panadería; y de la discoteca más grande de los Balcanes, que bautizó Madonna, estampando una enorme estrella roja en su puerta. Sus 19 accidentes automovilísticos son antológicos, como su yate de origen griego, al que se le adjudica el valor de cinco millones de marcos alemanes.
Por su lado, Marija no escondió su repugnancia por los estudios, cambiando varias veces de colegio. Se recibió en una escuela de turismo, casándose muy joven con un diplomático 13 años mayor que ella, de quien se divorció rápidamente. Su incursión en el periodismo no ha sido para nada brillante. Pasó casi desapercibida en el cotidiano Politika y en su revista dominical, Politika Illustre, puestos obtenidos gracias a que era amante de Hadzi Dragan Antic, el redactor en jefe inyectado por su madre. Antic adquirió más tarde una estación de radio y televisión llamada Kosova, fundada por el mismo Bagoljub Karic que dirige la universidad privada que concedió una licencia de «gestión» a su hermano Marko, trampolín internacional para los libros y los honores académicos de su madre. Marija no usa peines de color amarillo, por consejo de Miriana, para que no le traigan mala suerte y su inestabilidad afectiva ha taladrado la prensa amarilla con una colección de amantes que, además del lecho, han gustado de las mieles del poder. «No me caso y no estoy embarazada», respondía provocadoramente. Ostenta portación de armas y protagonizó algún zafarrancho cuando detuvieron a su padre para llevárselo al TPIY. Con una botella de brandy y una sobredosis de calmantes circulándole por el torrente sanguíneo, disparó cinco proyectiles al aire de un revólver 38 Smith and Weson, «por disgusto» y pretendiendo torcer una realidad adversa, horadando «el cielo morado» a balazos desde el patio de la casona presidencial. Al igual que su hermano, una fortuna incalculable la matricula con una pléyade de testaferros, cuyos tentáculos alcanzan Suiza, Gran Bretaña, Chipre y Australia. La arrogancia y la defensa acérrima de los padres unen indisolublemente a Marko y Marija, que lloraron al ver Underground, la laureada película de Emir Kusturica. Miriana y Slobo parecían ser encarnados en una patética pareja que esclaviza a inocentes en la oscuridad de un sótano y la ignorancia de los tiempos. Marija podría suscribir las declaraciones de Marko a la revista NIN: «Con, o sin mi padre, yo soy todavía joven, guapo y valeroso. Siendo un intelectual joven yo no veo ninguna buena razón para justificar mi conducta ante aquellos que representan una capa moral y política decadente de la sociedad». Los dos hijos han coincidido en que las acusaciones contra Slobodan y Miriana lanzadas por sus actuaciones políticas son meros «celos».
La vivienda de Pozarevac guarda bajo llave los vestigios de cuatro generaciones, trayectorias de antepasados y descendientes de Miriana. Desde que Milosevic cayera en desgracia, sus ocupantes la han dejado librada a los apagados crujidos del abandono. Las puertas permanecen cerradas, los postigos echados, y Marko, quien solía pasar de tanto en tanto acompañado por sus escoltas personales mientras sus padres continuaban en los fragores del combate político en Belgrado, se ha internado en la clandestinidad desde el 6 de octubre de 2001, probablemente refugiado en alguno de los dos países donde se concentrarían el grueso de las «inversiones» familiares: China y Rusia. En todo caso, a Pozarevac ya no puede regresar. Sus bienes inmuebles visibles han sido saqueados. Y junto a seis de sus amigos, ha sido inculpado de proferir amenazas de muerte contra un miembro de la oposición política a sus padres, delito penado con seis años de cárcel. En tanto, se lo señala como el máximo potentado económico de Serbia y animador de la red de transacciones opacas de la familia, detrás de sociedades pantallas, cómplices, intermediarios y una abultada retaguardia de cuentas en la banca helvética. Los nuevos gobernantes serbios calculan el botín en 4.000 millones de dólares. Miriana niega en bloque, pero en el sumario que Slobodan Milosevic dejó abierto en Belgrado, se lo acusa de adquisición ilegal de dos viviendas y de apropiación de bienes del Estado, malversación y fuga de capitales. Al margen de todas esas peripecias del lavado de dinero, en los jardines de la casa de Pozarevac continúan creciendo las azucenas blancas, la flor preferida de Vera, que Miriana suele llevar en su cabellera como reconocimiento a su madre.

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:39 pm

Videos de Dictadores














http://www.youtube.com/watch?v=TTSC4VLNQGE

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Guest el Lun Oct 15, 2007 4:41 pm

http://schlecter.blogspot.com/2006/12/dictadores-y-otras-alimaas.html

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Re: Dictadores mas crueles, fotos y nombres.

Mensaje por Opossum el Miér Mayo 28, 2014 8:13 pm

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