Secretos de Cuba
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HEROES ANÓNIMOS

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HEROES ANÓNIMOS

Mensaje por lamismis el Sáb Sep 01, 2007 4:26 pm



Por Hugo J. Byrne



Algo que siempre me ha sorprendido es la eterna búsqueda de héroes de
ficción en este país, como el personaje de las inverosímiles películas
de aventuras producidas o dirigidas por el castrista Steven Spielberg
"Indiana Jones", aún cuando la historia esté siempre pletórica de
héroes reales. No es posible imaginar aventuras más increíbles que las
que viviera Theodore Roosevelt, antes y después de su paso por la
presidencia. O las del Mayor General Frederick Funston del Ejército
Libertador de Cuba, quien más tarde fuera también General del Ejército
Norteamericano y ganador de la Medalla de Honor del Congreso en la
campaña de Filipinas, donde personalmente apresara al líder de los
insurrectos, Emilio Aguinaldo.

También sucede a menudo que ignoramos los
portentos de muchos héroes, quienes por modestia o simple casualidad no
aparecen en los archivos de la historia. Las hazañas de individuos como
Alvin York o Audie Murphy llegan a nosotros a veces exageradas o
distorsionadas por factores anecdóticos que podrían contribuir
injustamente a empañar su fama, aunque nunca a disminuírla, pues está
basada en la narración de acontecimientos que, en su día, muchos y
diversos testigos presenciaron.

Pero las acciones heroicas de otros muchos han
quedado inéditas en la historia. Por eso se les rinde colectivo
homenaje, como lo hace la llama eterna que alumbra la tumba del
"Soldado Desconocido" en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia.
Esa tumba guarda los restos de un soldado muerto en acción durante la
Primera Guerra Mundial, cuyo cadáver nunca pudo identificarse, pero con
ella se honra la memoria de todos aquellos cuyos sacrificios anónimos
contribuyeran a preservar nuestras libertades.

Sabiendo de un héroe real y reciente, ponemos
con este trabajo un grano de arena para que sus actos heroicos sean
conocidos y venerados por sus compatriotas. Este ensayo no hubiera sido
escrito sin la invaluable información recogida en un excelente artículo
del compatriota y veterano de Bahía de Cochinos José Juara Silverio, en
una publicación de exiliados camagüeyanos y en la revista de la Brigada
y la gran ayuda de otros amigos y hermanos del exilio. Estos son el
también camagüeyano Alberto Montalván, el inigualable director de la
Revista Electrónica Guaracabuya y veterano de la Brigada 2506, Miguel
Uría y el actual Presidente de la Asociación de Veteranos de la
Brigada, el legendario Félix I. Rodríguez.

Nuestra historia empieza con la capitulación
del Teniente General del Ejército Imperial Japonés Tomoyuki Yamashita
en la isla filipina de Luzón el 3 de septiembre de 1945. Yamashita era
conocido por el sobrenombre de "el Tigre de Malaya" por su espectacular
victoria casi cuatro años antes sobre los británicos del Teniente
General A. E. Percival. Un día después del ataque a Pearl Harbor el
aguerrido soldado nipón al frente de sólo 36,000 efectivos desembarcó
al norte de Malaya, cortando el Itsmo de Kra que separa esa penísula de
Tailandia y empujando a los 70,000 soldados de Percival hasta la isla
de Singapur en el extremo sur de la Penísula. Percival rindió esa plaza
el 15 de febrero de 1942, escasamente 10 semanas después del desembarco
japonés. La superioridad numérica de los británicos era engañosa, pues
sus fuerzas eran una amalgama de tropas disímiles y de dudosa calidad.

Retirado del frente de combate por el Premier
Hideki Tojo al concluir la campaña de Malaya, Yamashita fue encargado
de la defensa de Filipinas después que Tojo se viera obligado a
renunciar en 1944. Derrotado decisivamente en las sucesivas campañas de
Leyte y Luzón, Yamashita rehusó rendirse, refugiándose en el intrincado
terreno de esa isla norteña del Archipiélago Filipino. Cuando Japón
decidiera capitular en agosto del 45, Yamashita, obedeciendo a sus
superiores, descendió de su refugio montañoso a principios del mes
siguiente, con su estandarte, su sable y pistola.

El primer soldado norteamericano que se
encontrara Yamashita era un paracaidista de la División 82, quien
requisando la bandera y el sable, aceptó la capitulación del Jefe de
todas las fuerzas japonesas en Filipinas. El nombre de ese paracaidista
es Manuel Pérez García, oriundo de la provincia de Camagüey, en Cuba.
No fue por casualidad que el general japonés se tropezara con Pérez
García de entre quienes en primera línea cazaban a los remanentes de su
ejército. El guerrero cubano siempre luchaba en avanzada, por lo que
había sido herido repetidamente en el sangriento combate cuerpo a
cuerpo de Luzón. Ya ostentaba tres "Corazones de Púrpura", tres
"Estrellas de Plata" y tres "de Bronce", sumando más de ochenta
condecoraciones y otras muchas citaciones por valor frente al enemigo.
Pérez García tiene el record de oponentes muertos en combate individual
en el teatro del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial (83), por lo que
recibiría un trofeo especial de su división de paracaidistas.

Manuel Pérez García nació el 23 de julio de
1909, por lo que al presente se aproxima a los 96 años de edad. Muy
joven ingresó al Ejército Nacional de Cuba, del que eventualmente daría
honrosa baja después de servir en él por varios años. Posteriormente
emigró a Estados Unidos, en donde lo sorprendería el ataque a Pearl
Harbor. Pérez García ofreció voluntariamente sus servicios al Ejército
Norteamericano, cubriéndose de gloria. Al final de esa guerra el joven
cubanoamericano regresaría a la vida civil.

Al invadir el tirano comunista Kim Il Sung a
Surcorea en 1950, Manuel Pérez García se presenta de nuevo como
voluntario. Esta vez sus servicios son declinados en deferencia a su
pasada contribución, razón por la que el entonces Presidente Harry S.
Truman le envía una hermosa carta de agradecimiento. En esa carta el
Presidente Truman escribe elocuentemente: "Usted ha cumplido más allá
de su obligación con Estados Unidos, como su brillante hoja de
servicios lo demuestra". Esa guerra, sin embargo, constituye para Pérez
García su máxima y más dolorosa contribución a la libertad: Su hijo, el
Sargento Jorge Pérez Crespo perece en combate heroico en la Península
coreana.

Siempre el peremne voluntario a la lucha sin
cuartel por la dignidad humana y esta vez en su patria de origen,
Manuel Pérez García se enlista en la unidad militar que más tarde se
llamaría Brigada de Asalto 2506. Sus 51 años no lo arredran a servir de
nuevo en un batallón de Paracaidistas al mando del inolvidable
Alejandro del Valle. Comparte el entrenamiento rudo y riguroso con sus
compañeros, más de 30 años más jóvenes, sin la menor queja ni
jactancia. Es disciplinario por excelencia y no titubea en regañar
duramente a sus compañeros al verlos transgredir esa disciplina. En
suelo cubano combate con valentía y arrojo, enfrentando la derrota y la
prisión con honor y estoicismo y encarando a sus carceleros con tal
increíble desafío que lo tomaban por loco.

Los dos personajes centrales de esta crónica
tuvieron destinos muy diferentes. El General Yamashita fue acusado de
crímenes de guerra el 25 de septiembre de 1945. Aunque siempre declaró
su inocencia y desconocimiento de las atrocidades cometidas por sus
subalternos, Yamashita fue convicto de las mismas por un tribunal
militar norteamericano y ejecutado por ahorcamiento en Manila el 23 de
febrero de 1946. Sufrió idéntico y controversial castigo que el
recibido por el Teniente General Masaharu Homma, quien conquistara
Corregidor y a quien se responsabilizó por los horrores de la "marcha
de la muerte" de Bataan.

Por contraste, el captor de Yamashita,
paracaidista Manuel Pérez García aún vive en Estados Unidos, cincuenta
años después del drama de Luzón, rodeado del respeto y la admiración de
sus antiguos compañeros veteranos de la Brigada de Asalto 2506.
Recientemente Pérez García donó al Museo de la Brigada más de veinte de
sus condecoraciones de guerra, el trofeo que le otorgara la famosa
División Aerotransportada 82, la carta del Presidente Truman y la
bandera del Teniente General Tomoyuki Yamashita, héroe caído del Sol
Naciente.

lamismis
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