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Los hijos de la Bestia o la Diócesis del Mal.

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Los hijos de la Bestia o la Diócesis del Mal.

Mensaje por porfin libre gonzalez el Lun Ago 27, 2007 6:56 pm

Los cubanos nacidos en 1959 tienen hoy o están a punto, cuarenta y ocho eneros. En plena madurez intelectual, los ya nacidos bajo la nueva era astrológica funesta, llamada con fines populistas revolución, consumen sus almanaques a uno y otro lado del Estrecho de la Florida. En este artículo me referiré a los que educados estrictamente bajo el manto castrista, deambulan por Cuba inmersos en una crisis prolongada de valores. Exhalaron su primer llanto en una maternidad sorprendida, los vetustos edificios veían desfilar a su alrededor hordas de jóvenes barbudos de uniformes verdeolivos adornados con brazaletes rojinegros. Quizás quienes dominaban la videncia pudieron adivinar en el color de los mismos el futuro que les esperaba, pero en toda la historia quienes usaron brazaletes e incluyo a fenicios, griegos, romanos, bizantinos y otros, utilizaron el brazalete con fines estéticos y no como premonición de un futuro inmediato: rojo como la sangre que se despeñaría en cascadas desde los cuerpos de los fusilados y negro, en clara alusión al horizonte que se vislumbraba para la mayor parte de la población cubana. Pura y sana envidia siento ahora por Catalina, la vidente más famosa de mi barrio pero a quién ni siquiera las cartas ofrecieron un claro pronóstico, la pitonisa aun rumia sus achaques, asistiendo puntualmente a las reuniones del CDR para que no le perjudiquen el negocio. Menos cocos, menos plátanos encorbatados con lazos rojos en las ceibas, menos clientela, pero aun alguno busca en sus ancianas manos y consejos, el alivio a sus penas de amores.
Los pequeñines comenzaron sus andaduras en una sociedad volteante, que a modo de camión concretera, daba vertiginosos giros a los patrones que regían por tradición la sociedad cubana, cívicos, culturales, políticos y económicos. Todo a volina sin distinción mientras nuestros abuelos pegaban el párpado superior al frontal sin encontrar explicación: ¿El Armagedón?. Nada más cercano a la realidad, justo a partir de enero de 1959, los corderos de la buena fe tendrían que enfrentarse al dragón, el comunismo soviético, la bestia, una revolución convocada para los pobres y devenida en perenne sistema de enriquecimiento para una élite y el falso profeta, Fidel Castro Ruz. Parafraseando el filme de Tomás Gutièrrez Alea, el inolvidable Titón, estaba en su génesis una verdadera pelea cubana contra los demonios y al contrario de la producción cinematográfica con una duración de ciento treinta minutos, esta prometía décadas de sufrimiento y dolor. La primera guerra mundial se extendió de 1914 a 1918, la segunda guerra mundial concluyó en seis años y un día, pero a los cubanos le esperaba un holocausto de represión y barbarie de cinco decenios. Estos niños de 1959 estaban condenados a sufrir la estafa más hábil ejecutada en el siglo XX: el socialismo cubano.
Tras la ejecución del porteño pupilo de Hashsha-shin, "el viejo de la montaña", en Bolivia en los sesenta, uno de los cuatro jinetes del único Apocalipsis tropical conocido, los querubines levantaron sus manitas a diario, bajo orientación del partido comunista en un repetitivo requiem: Seremos como el Che. Y comenzó la mentira a formar parte del cubano. ¿Procedencia?: Humilde. Si un tío paterno fue propietario de una ferretería, un central azucarero o un simple triciclo de venta de granizado quedaba borrado ipso facto del árbol genealógico familiar como por encanto, todos de la noche a la mañana pasaron a engrosar las filas de los desposeídos y a enarbolar la consigna de turno: Proletarios de todos los países, uníos. Si los padres vestían de cuello y corbata tenían rezagos pequeño burgueses, si el abuelo decía "señor" era un producto innato del capitalismo, a partir de ahora todos eramos "compañeros" o "camaradas" en una apología temporal a Mafiosi, término reservado años más tarde a quienes reclamaban libertad desde tierras miamenses. El pequeñín de la familia se pulía, se torneaba en base a nuevos conceptos demoledores, implacables, incuestionables, lo arcaico condenado al paredón, hasta las tradiciones religiosas y el querubín comenzó a adorar a los nuevos dioses bajados de la Sierra Maestra en tanques, como llegó un dia Pizarro al Cuzco en sus corceles. Todo a la hoguera, escapando solo la acostumbrada Caperucita roja de los hermanos Grimm gracias al color de su atuendo.
¿Y qué hacen ahora estos jóvenes maduros bajo el fogueado sistema de supervivencia comunista?. Gerentes de empresas mixtas en menor escala, traficantes de poca monta en el mercado negro y en su mayor parte atletas de alto rendimiento a bordo de bicicletas Forever de fabricación china, que les recuerdan a modo de epitafio lo que les espera por pedalear, más claro ni el agua: Forever, para siempre, hasta que la muerte nos separe, la más descomunal mentira pronunciada por mi tío Aurelio de Güira de Melena, el día que se casó, el más mujeriego de la provincia.
No hay momento fijo para que estos mismos educandos y las generaciones siguientes se hagan eco de la leal frase, gastada por el uso en actos oficiales. Comandante en Jefe, ordene. Haciendo uso de la riqueza del castellano clamarán: Comandante en Jefe, le sepultaremos. Y ofrecerán a sus hijos el sueño de todo padre, lo que ellos no tuvieron: la libertad:
Porfin Libre González.

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Re: Los hijos de la Bestia o la Diócesis del Mal.

Mensaje por Opossum el Miér Jun 11, 2014 9:25 am

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