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ESCRITOS PROFANOS

Mensaje por QBANO 76 el Lun Ago 27, 2007 3:32 pm

Antonio Sanchez Garcia
blogs.noticias24.com

El socialismo como coartada



“Preocupa que se quieran construir modelos socialistas basados en la historia, cuando se deben superar los defectos socialistas del siglo XX. Uno de ellos fue antagonizar. Hoy en día el contrato social consiste en que un pueblo confiere legitimidad a un gobierno a cambio de ciudadanía y participación. Espero que el famoso socialismo del siglo XXI incluya esto.”
José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA


En mayo de 1955, el congresista Rafael Díaz-Balart leyó en el Capitolio cubano un encendido discurso de protesta
contra la moción que pretendía – e impuso – dictar una amnistía favorable a los responsables por el asalto al Cuartel Moncada y en particular al responsable por la sangrienta aventura, esposo de su hermana Mirta Díaz-Balart, el abogado Fidel Castro. El argumento con que el cuñado en ejercicio y líder del Capitolio rechazó cualquier amago de amnistía fue categórico. Dijo entonces textualmente: “Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñará al pueblo el verdadero significado de lo que es la tiranía, un régimen totalitario inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años.” [url=][/url]
Díaz-Balart sabía de qué hablaba. De allí el carácter premonitorio de su discurso. Conocía íntimamente al sujeto, con el que conviviera algunos meses recién casados Fidel y Mirta y a quienes recibiera en su apartamento de Manhattan. Habían viajado juntos por los Estados Unidos y se habían confesado sus mutuas aspiraciones. Sabía al dedillo de sus tropelías facinerosas como pistolero en el ambiente gangsteril que imperaba en la Universidad de La Habana a fines de los 40’s, el muerto que se había echado a su espalda en una heladería solamente para complacer y agradar a Manolo Castro, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, a quien pretendía sumarse. Castro, Fidel, era un pistolero dispuesto a matar a su madre por alcanzar fama y gloria. Como en efecto. Pero además de todo ello, era el perfecto prototipo fascista: “Porque Fidel Castro no es más que un psicópata fascista, que solamente podría pactar desde el poder con las fuerzas del comunismo internacional, porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el ropaje seudoideológico para asesinar, robar, violar impunemente todos los derechos y para destruir en forma definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y jurídico de nuestra República”. Estas palabras no fueron escritas post festum: fueron redactadas y leídas en mayo de 1955, a cuatro años del asalto definitivo al poder. Mayor y más exacta premonición, imposible.
Ambos elementos constitutivos de la personalidad de Castro: su ilimitada crueldad y su talento para situarse del lado que permitiera la legitimación de su pleno y totalitario ejercicio del Poder, han sido señalados por la más acabada y certera biografía escrita sobre el personaje, la de Norberto Fuentes, que bajo el título “Autobiografía de Fidel Castro, Primera Parte”, apareciera publicada en Barcelona, España por las Ediciones Destino en 2004. Conocedor profundo de los hermanos Castro y del entorno que gobierna la isla desde el triunfo de la revolución y el asalto al Poder por Fidel, hace cuarenta y ocho años, quien fuera ghostwritter de Raúl Castro y consentido de la nomenclatura militar y policíaca del aparato, Norberto Fuentes, puede dar fe de la auténtica coartada que ha significado el socialismo para legitimar el más despótico, atrabiliario y siniestro ejercicio del poder vitalicio en la desgraciada isla del Dr. Castro en toda su historia.
Pienso en las palabras de Rafael Días Balart mientras Venezuela se despeña por las laderas del totalitarismo en el mejor estilo de los fascismos autocráticos de todo signo y condición, mientras se esgrime, como entonces en Cuba, la coartada del socialismo. Etiquetada como del siglo XXI, adjetivada con el petróleo – miseria y populismo en un solo atado - y contrabandeada mediante una sedicente reforma constitucional. Contrariamente a lo que pretenden los amanuenses del teniente coronel, tal totalitarismo no se encuentra programado en los escritos del socialismo científico, cuya intención inmediata, una vez asumido el poder por el proletariado en tanto clase emancipada – allí donde existiera - y tras el logro del pleno desarrollo de las fuerzas productivas y tecnológicas de las respectivas sociedades industriales, era avanzar hacia una auténtica democratización de la sociedad, la aniquilación del Estado y la entrega del poder a los productores. Una utopía que malversada por Lenin y Stalin, los creadores del bolchevismo, el socialismo en un solo país, su conversión en religión de Estado y la erección del más totalitario de los sistemas jamás vería la luz. Lo que vio la luz no fue la mojiganga paradisíaca de la engañosa consigna marxiana “de todos según sus capacidades a todos según sus necesidades”, sino el más espantoso y despótico ejercicio del poder en manos de un psicópata como Stalin. Suficientemente adobado de persecuciones, purgas, asesinatos masivos, etnocidios, campos de concentración, hambrunas y la mortandad más espantosa inducida por régimen alguno en la historia. Ante el cual incluso el nazismo hitleriano y el holocausto se quedan cortos. Se calcula en cien millones la suma de cadáveres deudores del socialismo real.
La mejor herencia del socialismo científico fue asumida por la socialdemocracia alemana ya a fines del siglo XIX y luego de la derrota nazi-fascista, expurgada del espantoso lastre del leninismo y del estalinismo, irradiada a toda Europa y los Estados Unidos. Ninguna de las sociedades desarrolladas del mundo de hoy es comprensible sin ese fundamental ingrediente democrático y social. Forma parte constitutiva de las sociedades democráticas modernas. Ha sido un correctivo al capitalismo salvaje criticado con tanto acierto en El Capital. El lastre totalitario sólo vegeta en Corea del Norte y en Cuba, con sus regímenes dictatoriales, totalitarios. Sumidos en la miseria y la pobreza, su socialismo verbal demostró no ser más que la coartada de siniestros dictadores vitalicios.
¿Es lo que pretende Hugo Chávez con su bizarro “socialismo petrolero”? ¿Es lo que se persigue con este fraude constitucional? Interesante saberlo.

QBANO 76
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