Secretos de Cuba
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Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

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PARA EL NUREMBERG CUBANO

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PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Dom Ago 19, 2007 4:29 pm

General de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra
Fidel es uno de los pocos casos en que se conjuga brillantemente lo político y lo militar

Abelardo Colomé Ibarra, General de Cuerpo de Ejército, es fácil al diálogo, extremadamente amable, sensible, abierto, con un fondo tremendamente humano y casi paternal. Furry, como le llaman cariñosamente todos sus compañeros, se reveló durante la guerra de Angola como un buen jefe militar; es miembro del Buró Político, del Consejo de Estado, Ministro del Interior y lleva en su pecho la estrella de "Héroe de la República de Cuba". Padre de seis hijos, desde joven le gustó la música instrumental, pero nunca aprendió a bailar. Con sus 67 años, es una de las personas más admiradas, respetadas y queridas por los revolucionarios cubanos, no sólo por su valentía, sino también por su modestia, abnegación y espíritu de sacrificio. Es un espejo en el que todos debiéramos mirarnos
(Tomado del libro Secretos de Generales)
LUIS BÁEZ


De su infancia, ¿qué recuerda?

Soy oriental. Nací en Santiago de Cuba. En un barrio que se llamaba La Beneficencia. De esa etapa no recuerdo nada porque era muy pequeño. Lo que no se me ha olvidado es cuando vivíamos en Cuartel de Pardo No. 505 y Aguilera. Ahí transcurrió mi infancia.
Mi mamá era obrera de la fábrica de galleticas Bieiro, en Santiago. Papá era gastronómico. Trabajó en El Baturro y en otros cafés. También fue empleado de los almacenes que estaban cerca de la Alameda Michelsen.
La vieja tiene noventa años. El viejo ya murió. Ella llevaba el timón de la casa. Era una mujer de carácter fuerte. Nunca le dije mamá, siempre la llamé por su nombre de Marta.
¿Quién ejerció más influencia sobre usted?

Mi madre. Era una mujer muy tenaz. Iba y venía a pie del trabajo. Subía y bajaba las lomas santiagueras para ir a la fábrica de galletas que estaba a una distancia considerable de nuestra casa.
De esa manera ahorraba diariamente veinte centavos, pues el ómnibus valía cinco kilos y como venía a almorzar a casa, eran cuatro viajes los que tenía que realizar.
La vieja me sonaba duro. Tenía una correa ancha y cada vez que la sentía en mi cuerpo, me ardía que era del carajo. Cuando podía, la cogía y se la botaba en el escusado de la casa. Al otro día conseguía otra.
De niño era muy inquieto. A mí me gustaba compartir con muchachos mayores. Me ponía a jugar con ellos a las cartas, especialmente siete y media, de a cinco y diez centavos. Si me agarraba, me daba tremenda pela.
Yo la vigilaba. Cuando la veía venir me escondía en una tapia en la parte de arriba del escusado y me ponía a leer las historietas de muñequitos que se publicaban en periódicos y revistas. Ahí permanecía hasta que se volvía a ir para el trabajo.
Los seis de enero se celebraban los Reyes Magos, como todo niño tenía ilusiones de poseer determinado juguete. Según la tradición, les escribía una cartica, les ponía maíz, agua y yerbas para que se cumplieran mis deseos. Después los reyes dejaban lo que les daba la gana. Aquello resultaba funesto, decepcionante.
Papá nunca me pegó. Él venía, almorzaba y se acostaba. Lo que le gustaba era que mi hermana Miriam y yo lo peináramos. Esa influencia de la vieja duró hasta que cumplí los quince años.
Fíjate qué clase de persona es, que mi padre murió hace más de veinte años y ella no ha dejado de vestirse de luto o medio luto. Nunca más ha ido a una fiesta. Es una mujer extraordinaria.
¿Cómo le fue en los estudios?

No fui buen estudiante. Los primeros grados los hice en una escuela pública donde una hermana de papá era maestra. Me llevaba aprisa. Si realizaba alguna travesura propia de un niño de cinco o seis años, me obligaba a estirar las manos y con la regla me sonaba.

En los días de la lucha insurreccional en plena Sierra Maestra.

Ya más grandecito, empecé a asistir a Juan Bautista Sagarra, una escuela privada. También estaban matriculados los hermanos Babúm. Nos cogimos tremenda antipatía, gratis. A cada rato nos entrábamos a puñetazos y como eran tres, siempre tuve que echar las peleas en desventaja.
También con Pepito Cuza estaba permanentemente en bronca. Jugábamos basketball y como él era un gallito de pelea, cada vez que me daba un golpe, se lo respondía y siempre terminábamos fajados.
El propietario de esa escuela tenía otro colegio de muchachas llamado Herbart, con reglamento tan estricto, que un alumno con el uniforme puesto no le podía dirigir la palabra a las jóvenes.
La secundaria la hice en la escuela pública Romeo. Al terminarla, como me gustaba más la cosa manual, matriculé en Artes y Oficios para hacerme técnico electricista, pero no llegué a terminar el primer año. Lo que sí me metía en todas las manifestaciones.
¿Por qué razón?

Como no me gustaba estudiar me incorporaba a las manifestaciones de protesta, para librarme de las clases y no por sentimientos revolucionarios.
Era la época en que los muchachos del barrio nos reuníamos para hacer cuentos, maldades, un mundo bastante normal sin mayores penas ni glorias, hasta que se produce el ataque al Moncada.
¿Dónde lo sorprendió?

En esos momentos vivía por el reparto Santa Bárbara. Cuando sentí los disparos me encaramé en el techo de la casa para tratar de ver qué estaba pasando. El comentario general era que los guardias se estaban fajando entre sí.

El General Colomé es extremadamente amable, sensible y admirado por su modestia.

Los viejos se volvieron a mudar. Esta vez para San Agustín y San Basilio. En la esquina había una farmacia en la que trabajaba como mensajero mi amigo Benigno Bravo.
Después que terminaba las clases me enganchaba detrás de él en una motocicleta y lo ayudaba a distribuir las medicinas a domicilio. También repartía mandados con Jesús, un chino cubano hijo del dueño de una bodega.
Por cierto, antes de acostarme iba a tomar por cinco centavos cada uno, en unión de Daois Santiago Díaz, un amigo de la infancia, un batido de zapote (mamey) exquisito. Jamás he vuelto a empatarme con un batido tan sabroso.
Benigno me fue introduciendo poquito a poco en los quehaceres revolucionarios. Él estaba vinculado con Emiliano (Nano) Díaz.
Empezó a darme pequeñas tareas que consistían en trasladar armas en la motocicleta. En una ocasión llevamos hasta una ametralladora 30.
Aún no era un convencimiento sólido, sino más bien un poco de aventura y de indignación contra los asesinatos y golpizas que le propinaban a la gente en Santiago.
Ante mis ojos crecía la figura de los compañeros que se enfrentaban valientemente a esa situación.
Ese sentimiento de rebeldía se me fue impregnando y comencé a poner bombas, quemar ómnibus, a ejecutar cualquier tipo de acción incluyendo prácticas de tiro.
¿Dónde practicaba?

En Barracones, un barrio de prostitutas que existía en Santiago. Practicaba en un campo de tiro 22. Cada bala costaba un medio, que poníamos de nuestro bolsillo. Hasta que llegó el 30 de Noviembre.
¿Cuál fue su participación?

En esos momentos me encontraba bajo las órdenes de Nano Díaz. La noche del veintinueve no pude pegar los ojos. Nos estrenamos los uniformes verde olivo con el símbolo del 26 de Julio.
Ese día, en la mañana, nos ubicamos en el medio de la avenida Victoriano Garzón, entre la gasolinera y el instituto preuniversitario, que hoy lleva el nombre de Cuqui Bosch.
Nano con su ametralladora, y yo con mi rifle Mendoza, le tirábamos al avión Catalina de reconocimiento, cada vez que volaba sobre nosotros.
Como donde nos encontrábamos no pasaba nada, decidimos ir para la estación de policía, ya que habíamos escuchado que se estaba combatiendo.
Nos montamos en un camión y cogimos hacia dicho lugar. Dos cuadras antes de llegar, los guardias comenzaron a dispararnos.
Atravesamos el camión en medio de la calle y respondimos el fuego. Aquello se puso muy caliente. Nano dio la orden de que cada uno se fuera por su lado y encontrarnos más tarde en una casa del reparto Vista Alegre.
Después de permanecer escondido dos, tres días, volví a mi casa sin problemas de ningún tipo. Nadie se metió conmigo ni me fue a buscar la policía.
En toda mi etapa de lucha clandestina jamás me cogieron preso, nunca me dieron golpes. Me metía en cuanta manifestación se produjera, pero mis piernas eran muy ligeras o los policías muy lentos.
¿Por qué Furry?

No es nombre de guerra. Desconozco qué relación tiene Abelardo con Furry. El problema es que mi hermana, cuando chiquita, no sabía pronunciar Abelardo y me empezó a decir Furry. Y Furry se me quedó para toda la vida.
¿En qué momento se alzó?

Formé parte del primer grupo de jóvenes santiagueros que Frank País envió de refuerzo a la Sierra Maestra. Nano fue el que me comunicó que me iba para las montañas, adonde llegué el 10 de marzo de 1957.
Los primeros rebeldes con que nos tropezamos estaban dirigidos por el Che. Nos llevamos una impresión muy mala al ver aquella gente churriosa, hambrienta, sin zapatos. Pensé: ¿junto a esos son los que vamos a pelear

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Dom Ago 19, 2007 4:39 pm

E n estas entrevistas a generales encontradas en el Granma se nota la devocion que sienten estos asesinos por el tirano mayor y su hermano, es hora de ir redactando la lista, para luego es tarde. Saludos
P.D. Yo tomaria esta entrevista como las primeras declaraciones de este asesino en su juicio.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Dom Ago 19, 2007 4:47 pm

General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías
Fidel es un ciclón humano

La entrevista con el General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías (Polo) fue la que más trabajo me costó conseguir. No le gusta hacer declaraciones, ni hablar en público, ni sentarse en la presidencia de un acto. Era la primera entrevista que concedía en su vida el actual Jefe del Ejército Occidental, miembro del Buró Político y Héroe de la República de Cuba. Polo es un militar muy sencillo y con profunda calidad humana. Los pocos ratos libres de que dispone, los dedica a disfrutarlos con sus nietos. Valió la pena esperar y convencerlo de que nos narrara diversos aspectos de su vida. No es un problema de falsa modestia. Polo es así

(Tomado del libro Secretos de Generales)

LUIS BÁEZ

—¿Su padre, a qué se dedicaba?

—El viejo era campesino. Tenía una finca. También era propietario de una tienda-bar y una panadería. Hoy se diría que la finca era de cultivos varios. Ese es un nombre que inventaron después del triunfo revolucionario.
—¿De dónde es usted?

—De Yara.
—¿Fue al colegio?

—Sí. El último grado que aprobé fue el sexto.
—¿En qué momento entró en la Revolución?

—Me inicio en los quehaceres revolucionarios después del desembarco del Granma, de lo que me enteré por la revista Bohemia. El ataque al cuartel Moncada me fue indiferente.
Tenía doce años. En aquella época no había la cultura política que existe hoy en día. Militaba en la Agrupación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF). Era el aparato juvenil de la masonería. En la logia a la que asistía estaban conspirando.

En la Asamblea Nacional en diciembre pasado, el General Polo sostiene un ameno y jocoso intercambio con el Comandante en Jefe sobre la lucha guerrillera.

Mediante los masones comencé mi lucha contra la tiranía. Además de las simpatías que sentía hacia los rebeldes.
—¿Cuáles fueron sus primeras actividades?

—Me metí en una célula. Vendí bonos. En una camioneta del viejo en la que distribuíamos el pan, llevábamos gente para la Sierra.
—En su pueblo, ¿qué se decía de los alzados?

Instante en que Fidel prendió sobre su pecho el título de Héroe de la República de Cuba. "Todavía no me lo creo. Considero que es un honor muy grande", comentó el General.

—Existían muchos comentarios de "radio bemba". Había la leyenda de que Fidel era un adivino. También se referían a él como el doctor.
Muchos no entendían cómo un hombre con su posición económica estuviera enrolado en ese tipo de actividad. Igualmente mentaban al Che.
—¿Cuándo se alzó?

—En noviembre de 1957.
—¿Por dónde entró?

—Por Pozo Azul en la zona de Hanabanita. Actualmente pertenece al municipio de Bartolomé Masó en la provincia de Granma. Allí vi por primera vez torear.
—¿Quién era el torero?

—Raúl Castro.
—¿En qué sitio?

—En casa de Domingo Torres, un guajiro de la zona que mantenía con dignidad tres mujeres.

Raúl es muy claro, realista, preciso. Dice las cosas muy claramente. Al pan, pan y al vino, vino, como se dice en el argot popular.

En cualquiera de las tres casas que se quedaba a dormir, dejaba puesta una contraseña, que podía ser un sombrero o una cotorra dentro de su jaula. De esa forma las otras dos mujeres sabían donde se encontraba.
—¿A qué tropa se incorporó?

—A la de Crescencio Pérez. Solo estuve tres meses. Después del segundo combate de Pino del Agua pasé a la Columna 1.
—¿Qué encomienda le dieron?

—Estaba bajo las órdenes de Pepín Quiala. Ese compañero era uno de los jóvenes santiagueros que había mandado Frank País de refuerzo a la Sierra Maestra. Un día, cerca de La Plata, Quiala me presentó a Fidel.
—¿Cómo fue el encuentro?

—Era la primera vez que hablaba con él. Tenía tremendo temor. Cuando aquello, una de las leyendas que corrían por la Sierra era que Fidel solo con mirarte sabía si eras valiente o no. Tremenda zozobra.
—¿Supo a qué conclusión llegó?

—Realmente nunca lo supe, pero sí me incorporó a la Comandancia de la Columna 1 José Martí, que estaba directamente bajo sus órdenes y ahí permanecí hasta el final de la guerra. Eso me permitió conocer de cerca su inteligencia y valentía.
Recuerdo una oportunidad que andábamos por Las Mercedes con la intención de atacar un cuartel, que Fidel se puso a explicarnos cómo se preparaba y tiraba un cóctel Molotov. Quiala tiró varios y ninguno explotó. Fidel cogió la botella y se le prendió en la mano. Aquello fue del carajo.
El ataque al cuartel de Guisa duró varios días. Los guardias pelearon intensamente. No se querían entregar.
Fidel planteó combatirlos con un tanque que teníamos en nuestro poder. Nunca había visto tan de cerca ese tipo de arma y mucho menos montarme en él en condición de artillero. Un guardia que se había rendido nos sirvió de guía.
Nos encontrábamos a diez o quince metros del objetivo donde estaban atrincherados los soldados. Le disparé cincuenta y cinco cañonazos. Casi ninguno dio en el blanco. Gasté todos los proyectiles.
Momentos antes Fidel había sido el profesor, él, montado en un caballo y nosotros, apuntando hacia él por el centro del tubo, para tomar la puntería: una clase magistral, que duró más de media hora.
El otro combate con un tanque fue en Maffo. En esa ocasión de jefe de la dotación puso a Pedrito Miret. Fui de artillero. En un momento determinado a Fidel se le ocurrió mandar a buscar una pipa de gasolina a Palma.
—¿Con qué intención?

—Meter la manguera por dentro del cañón, regar el combustible para después, con el disparo, incendiar el almacén BANFAIC desde donde combatían los soldados. Afortunadamente, la gasolina no llegó pues no estaría haciendo la historia. Eso ocurría por la madrugada.
—¿Le gustan los tanques?

—Verlos desfilar. La vida del tanquista es muy dura. Son esclavos. Es la madre del resto de las armas. Aunque me considero, por lo que conté anteriormente, el primer tanquista y artillero vivo.
—La primera vez que estuvo debajo de los tiros, ¿cómo reaccionó?

—Con un poco de acobardamiento, pero dispuesto a no dejarme vencer. En el bautismo de fuego la gente piensa: "Ser yo o no ser", "soportar o no soportar".
El miedo se siente. Lo importante es sobreponerse. A mí me pasó. Cuando aquello existía un arma llamada M-1. Tenía la característica de que el disparo te pasaba a cincuenta metros y uno creía que le había cruzado por encima de la cabeza.
En los primeros tiempos me impactaba. El triunfo de la Revolución me sorprendió en el central América, en Contramaestre.
—¿Cuándo vino para la capital?

—Formé parte de los rebeldes que acompañaron a Fidel en su recorrido desde Oriente a la capital y que la historia recoge como la Caravana de la Libertad.
Por primera vez venía a La Habana. Me impactó el alumbrado. Al pasar por Tallapiedra y ver una locomotora moviéndose por arriba me impresionó. Nunca había visto una ciudad tan grande.
—¿Cuáles eran sus aspiraciones?

—Toda mi vida me gustaron dos cosas: dentro de las Fuerzas Armadas ser piloto y en la vida civil, administrador de un hotel.
—¿Con qué grado terminó la guerra?

—Teniente.
—¿En qué momento lo ascendieron?

—A los pocos días del triunfo revolucionario, en el campamento de Managua, se formó tremenda bronca porque algunos rebeldes se querían llevar las armas largas para sus pueblos y no se les permitió. Un grupo se insubordinó.
Todo eso duró hasta que se apareció Fidel. Entró dando patadas. En menos de un minuto todo el mundo se deshizo de las armas largas.
Los castigó pero a los pocos días volvió y los perdonó. Les dio permiso para ir a sus casas pero sin el armamento. Todo fue producto de la inexperiencia. La gran mayoría eran analfabetos.
En medio de esa situación me vio y preguntó: "¿Polito, qué tú eres?". Le digo que primer teniente. Volvió a tomar la palabra y respondió: "cuando menos capitán".
Al otro día amanecí con mis nuevos grados. Así fue mi primer ascenso el catorce de enero de 1959.
La mayoría de las columnas estaban en Managua, salvo alguna gente que estaba de escoltas.
Un tiempo después Fidel mandó un grupo de rebeldes para la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, debido a que había problemas en el presidio. Envolvió la operación como si fuera una maniobra. Me quedé en Managua.
Resuelta esa situación, Fidel nos mandó para la Sierra. Antes había designado a Aldo Santamaría al frente de la escuela de Minas de Frío.
En unión de reclutas subimos diez veces el Pico Turquino. Al terminar la misión, me nombró jefe de una Columna de Artillería que acababa de crear.
—¿Cuándo viajó por primera vez al exterior?

—En 1960, a Checoslovaquia, a estudiar artillería. Al salir Fidel me dijo que aprendiera el manejo del cañón autopropulsado SAU-100.
En un avión Britannia hicimos el viaje ciento quince compañeros. Una buena cantidad eran rebeldes que no sabían leer ni escribir.
Ninguno sabíamos el idioma. Uno de los compañeros, que era analfabeto, fue el que nos sirvió de traductor.
—¿Cómo ocurrió eso?

—El compañero era más negro que el betún y tuvo la suerte de "empatarse" con una checa.
Aprendió el idioma de memoria. Al final, el hombre se volvió loco. Nunca más se ha recuperado. No era para menos.
—¿Cómo les fue?

—Muy mal. Pasamos seis meses con la misma ropa. La embajada no nos ayudó.
Algunos compañeros fueron a las fábricas a buscar que le regalaran ropa. Les entregaron unos trajes de la época de Luis XV.
Por una cuestión de dignidad jamás fui a pedir absolutamente nada a nadie. Muchos rebeldes hicieron igual que yo.
El negro Fidel Vargas, que medía más de seis pies se "ligó" con una checa cuyo marido administraba un restaurante.
Cuando el hombre no estaba, algunos de nosotros íbamos a que nos mataran el hambre.
En un momento determinado se formó tremenda bronca entre los que eran hijos de viejos comunistas y los que habíamos bajado de las montañas.
Los checos casi siempre se ocupaban de resolverles a ellos los problemas. El Che nos visitó, pero no pudo resolver la situación. Se celebró una reunión en un teatro y varias sillas no quedaron sanas.
La invasión de Playa Girón sorprendió a Guillermo García reunido con el grupo para tratar de arreglar los problemas. Permanecimos quince meses en Checoslovaquia.
—¿Qué aprendió?

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Dom Ago 19, 2007 4:48 pm

—Artillería, el manejo de los SAU-100 y la conducción de tanques.
—A su regreso a Cuba, ¿en qué lo pusieron?

—Me hicieron jefe de la Brigada de Artillería 1900, de Caimito. Al año me nombraron jefe de la División de Infantería 1270. Posteriormente, me situaron al frente de la artillería.
En 1964 concluí mis estudios en la Escuela Básica Superior. Cinco años más tarde pasé el Curso Académico Superior (CAS) desde el punto de vista militar y en 1982 me gradué en mando y estado mayor de nivel operativo-estratégico en la Academia del Estado Mayor General de la URSS.
Se puede considerar la misión internacionalista más difícil de mi vida
—¿Estuvo en Etiopía?

—Sí, en 1978 al mando de una Gran Unidad de Tanques.
—¿Cuál fue la diferencia entre la guerra de Etiopía y la de Angola?

—En Etiopía el teatro de operaciones era diferente. Se adaptaba un poco a la guerra regular y en Angola era una mezcla de regular e irregular.
En Etiopía teníamos un enemigo similar. Con la misma escuela y educado con los mismos profesores, porque los somalos habían sido preparados por los soviéticos; también nosotros, y los etíopes estaban en el mismo camino.
O sea, nos encontramos en acciones combativas, dos tropas con la misma escuela y otro que se estaba introduciendo en dicha escuela, aunque tenía una preparación occidental, pero estaba en el tránsito hacia esa enseñanza, aunque no les dio tiempo a asimilarla. Ellos siempre rechazaron la escuela soviética.
Los etíopes tenían sus características propias y además, su idiosincrasia. El soldado etíope es muy combativo.
Tanto Etiopía como Angola son pueblos agradecidos. Hay que decir que, donde quiera que los cubanos llegábamos, éramos recibidos con gran cariño.
Me recuerdo en Etiopía que los soviéticos, cuando arribaban a un lugar, decían que eran cubanos para que los dejaran pasar. Eso nos daba todavía más orgullo de ser cubanos. En esa misión estuve alrededor de un año.
—¿Cuándo visitó a Angola por primera vez?

—Mi primer viaje a Angola fue a finales de octubre de 1975. A fines de diciembre fui designado jefe del Frente Sur, de reciente creación.
Sumando todas las misiones que cumplí en dicho país hasta 1989, fueron alrededor de nueve años en total.
Participé directamente en la planificación y dirección de las unidades, primero para el rechazo de las tropas invasoras sudafricanas y posteriormente, en la aplicación de la ofensiva en todo el Sur del territorio angolano, que permitió la liberación de esa importante región hasta las fronteras con Namibia.
—¿Qué idea llevaba?

—Aplicar lo que había aprendido en las escuelas militares y en mis años de guerrillero, pero la vida me demostró que la realidad era completamente distinta.
En las escuelas nos pintaban las trincheras del enemigo a cien o doscientos metros, pero cuando nos encontrábamos en el terreno era otra cosa.
Cada país, población, tiene sus propias características. La experiencia es importante, pero es imprescindible adaptarla a las condiciones de cada lugar.
—Al llegar a Luanda, ¿qué le llamó la atención?

—Ver una población que se movía como si no estuviera pasando nada.
Llevaban una vida ajena a lo que ocurría en sus alrededores. Desconocían que a doscientos o trescientos kilómetros al sur, su gente se estaba matando.
Lo del Sur se justifica un poco por la distancia. Pero lo peor era que también ignoraban que a veinte o treinta kilómetros al norte, su país igualmente estaba en guerra. Algo verdaderamente increíble.
—¿Qué representó para usted recibir un mensaje del Comandante en Jefe en que le planteaba que no arriesgara su vida?

—Resultó emotivo, pero trataba de cumplir cabalmente las enseñanzas que el propio Fidel nos había dado.
Él ha estado siempre en primera fila corriendo todo tipo de riesgos y su vida vale más que la nuestra.
Manteníamos un permanente contacto con el Comandante en Jefe, diariamente se le enviaban los cables con las informaciones. Todo lo respondía y daba las instrucciones pertinentes.
Fidel es muy previsor. Una de sus constantes era el cuidado que teníamos que tener con la exploración y el minado. Cualquier descuido podía costar una vida.
Eso nos golpeó mucho. Te mandaba a situar un cañón en un lugar, un tanque en otro sitio. Dónde había que atacar, cómo hacerlo, con cuántos hombres, etc. Se lo sabía todo al dedillo. La mayoría de las veces tenía la razón.
—¿Qué no olvidará de esa guerra?

—La confianza de los combatientes en Fidel. La gente fue a pelear a Angola porque consi-deraba que lo había pedido Fidel. Todo el mundo fue estrictamente voluntario.
Hubo muy pocos que no resistieron aquello y viraron para Cuba, pero la mayoría se portó muy valiente.
Tuvimos mas de dos mil muertos, ya fuera por una malaria, una mina o un combate. Los actos de heroísmo estuvieron a la orden del día.
Lo mismo en Cangamba, Cuito-Cuanavale; los pilotos, la lucha contra bandidos, en los tanques, la artillería, en las columnas, la defensa de los puentes.
En cualquier arma, nuestros hombres siempre estuvieron dispuestos a dar sus vidas. Muchos, al arribar a Luanda, bajaban la escalerilla del avión con cuidado pues les habían metido tanto miedo con las minas que llegaban erizados.
Después cogían confianza y se volvían un poco negligentes. Ese descuido les costó la vida a unos cuantos.
—En su opinión, ¿qué importancia tuvo esa guerra para los cubanos?

—Mucha importancia. La guerra en Angola nos fortaleció política e ideológicamente. Para este periodo especial ha sido decisivo.
Fueron trescientos mil cubanos los que pasaron por esas tierras. Nos revitalizó como en 1959.
—En los acuerdos suscritos con Sudáfrica en 1976, ¿qué papel desempeñó?

—Fui el encargado de suscribirlos en nombre del MPLA. Los angolanos me nombraron su representante. La firma se efectuó en la frontera con Namibia.
Viajamos en un Aloutte, helicóptero francés, pero estábamos preocupados que a la hora de marcharnos no fuera a arrancar, pues tenía problemas con la batería. No nos falló.
El ambiente estaba tenso. No sabíamos cómo iban a reaccionar los sudafricanos. Me imagino que a ellos les pasaba igual que a nosotros.
Solo llevamos una compañía como seguridad, aunque el resto de las tropas estaban listas para cualquier contingencia.
Al preguntarme a quién representaba les respondí que al MPLA. Nadie me quería creer. Todos dijeron que a Fidel.
Cumplimos con todo lo acordado. Ellos no. Era el 27 de marzo de 1976.
—¿Qué opinión tiene del ejército sudafricano?

—Es un ejército muy bien preparado, inteligente. Llegaron a perfeccionar diversos tipos de armas para combatir a las guerrillas y a nosotros.
Contaban con un mejor armamento en los momentos iniciales y al final de la última contienda, incluso, tenían seis o siete bombas nucleares. Siempre estuvimos bajo el peligro nuclear.
Hay tres ejércitos incontrolables: sudafricanos, israelíes y cubanos. Los tres con diferentes ideologías.
Los soviéticos jamás nos pudieron controlar a pesar de que lo intentaron en más de una ocasión.
—¿En que consistió el golpe final que se le dio a los sudafricanos?

—En que fuimos superiores en la aviación. Eso resultó decisivo. Fue primordial la construcción de aeropuertos en el Sur.
También contamos con una poderosa defensa antiaérea. Avanzamos sobre la frontera de Sudáfrica con más de mil tanques y otros medios.
La Agrupación del Sur tenía entre cubanos y angolanos más de cuarenticinco mil hombres sobre las armas sin contar otros aliados.
—¿Cuál fue su momento más triste?

—El día que comenzó la Operación Tributo se hizo una actividad oficial de despedida en el aeropuerto de Luanda.
Es imposible describir lo que sentía al contemplar, en los pequeños osarios, los restos de compañeros que, más que amigos, fueron mis hermanos.
Los dirigentes angolanos lloraron al igual que los cubanos. Allí todos lloramos. Fue un momento de honda emoción.
—¿Con anterioridad había llorado?

—En la guerra no puedes demostrar el más mínimo síntoma de debilidad. Muchas veces lloré internamente, pero mis hombres jamás se percataron; en ocasiones ni eso puedes hacer, por muy duro que sea.
A todos los combatientes los consideraba mis hijos. Cualquier cosa que les pasaba a ellos la sentía en carne propia, pero no se los podía demostrar.
Ya hoy no tengo por qué ocultar ese sentimiento. Angola me convirtió en un ser humano mucho más sensible.
—¿Cómo valora la sensibilidad en el revolucionario?

—Si no eres sensible no puedes ser revolucionario. Puedes tener un carácter duro, pero tienes que poseer alguna fibra de sensibilidad. Si no cuentas con esas condiciones, eres única y exclusivamente un farsante.
—¿Es amante de la lectura?

—Mucho. Todas las noches antes de acostarme leo alrededor de una hora, libros relacionados con cuestiones militares. También me interesan los asuntos históricos, las biografías y las memorias.
—¿Qué tipo de música le gusta?

—La antigua. Sobre todo el bolero y un poco el cha cha cha. Aunque no sé bailar.
—¿Cómo marcha el Ejército Occidental?

—Al igual que los otros ejércitos marchamos bien. En los últimos años hemos realizado enormes esfuerzos para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de nuestros oficiales y soldados.
Laboramos duro para cumplir las tareas estratégicas planteadas por el Ministro de las FAR.
—¿Mantiene contacto con la población?

—Permanentemente. Mi auto lo verás siempre lleno de gente. Constantemente estoy "dando botella". Aunque sean dos cuadras, les pregunto de todo. Hablan con mucha sinceridad. Se manifiestan contra los funcionarios, instituciones. Critican lo que tengan que criticar.
Me emociono cuando observo la confianza que tienen en las Fuerzas Armadas para la solución de muchos de nuestros problemas.
Lo más impactante es la enorme fe que el pueblo posee en Fidel y en Raúl. Es algo muy hermoso.
Vale la pena luchar y morir si es necesario por un pueblo tan extraordinario y por dos jefes de la estatura política y moral de Fidel y Raúl.
—¿Cómo son sus relaciones con Raúl Castro?

—Excelentes. No conozco a una persona más sencilla, sensible, humana y atenta al más mínimo detalle, que nuestro Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Es capaz de hacer, con tu familia, lo que uno no hace.
Como militar es muy claro, realista, preciso. Dice las cosas muy claramente. Al pan, pan y al vino, vino, como se dice en el argot popular. Cuando se termina la reunión es el amigo, el hermano.
Con Raúl se puede hablar sobre cualquier tipo de problema, incluyendo los personales, por difíciles que sean.
Siempre te da un consejo sano. Está fuera de serie. Él y Fidel se complementan de una manera increíble.
—En pocas palabras, ¿cómo definiría a Fidel?

—Si en la Sierra existía la leyenda de que Fidel era adivino, hoy puedo afirmar que es profeta.
Tiene una extraordinaria visión para prever el futuro en el orden político, militar y social. Esa es una de sus grandes virtudes. Es un hombre que en los momentos más delicados se crece, con una dignidad y honor mucho más altos que el Pico Turquino. Su sola presencia conmueve. Lo transforma todo. Es un ciclón humano.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Dom Ago 19, 2007 5:29 pm

BUENO LA PRIMERA FILA COMPLETA SEGUN MI OPINION, QUISIERA SABE



General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías

General de Cuerpo Ejército Sixto Batista Santana

General de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa Martín





General de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Sola

General de Brigada Luis Pérez Róspide




General de Brigada (r) José Legró Sauquet





General de Brigada (r) Harold Ferrer Martínez




General de Brigada José Ramón Fernández

General de Brigada Filiberto Olivera Moya

General de Brigada Delsa Esther Puebla Viltre

General de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra

General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera





General de División Ermio Hernández Rodríguez
General de División Ulises Rosales del Toro

General de División Ramón Pardo Guerra

General de Brigada Calixto García Martínez

General de Brigada Rafael Moracén Limonta

General de Brigada Enrique Acevedo González

General de División Antonio Enrique Lussón Batlle

General de División Orlando Almaguel Vidal

General de Brigada Harry Villegas Tamayo (POMBO)

General de División Samuel Rodiles Planas

General de División Enrique Carreras Rolas

Vicealmirante Pedro M. Pérez Betancourt

General de División Rubén Martínez Puente

General de División Néstor López Cuba

General de División Raúl Menéndez Tomassevich

General de Brigada Moisés Sio Wong

General de División Rogelio Acevedo González





General de Brigada Silvano Colás Sánchez

General de Brigada Lino Carreras Rodríguez

General de Brigada (r) Juan Escalona Reguera

General de Brigada (r) Rolando Kindelán Bles R LA DE USTEDES.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Lun Ago 20, 2007 9:56 am

No olviden estas caras en muchos de estos hombres hoy tiene Raul depositada su confianza para reprimir a nuestro pueblo.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por vellavista el Lun Ago 20, 2007 9:59 am

Y DE ALGUNOS QUE FALTAN Y HAN HECHO O MAS DAÑOS QUE ESTOS PERROS.

UN SALUDO
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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Lun Ago 20, 2007 11:51 am


CARLOS LAGE DAVILA
Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Vicepresidente del Consejo de Estado.
Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, desde 1992.
Nació el 15 de octubre de 1951.
Ingresó en el Partido en 1976.
Doctor en Medicina y Licenciado en Ciencias Sociales.

En su etapa estudiantil, fue dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios a nivel de Escuela y de Región. En la Facultad de Ciencias Médicas fue entre otros, Vicepresidente de la Federación Estudiantil Universitaria y Miembro del Comité de la Unión de Jóvenes Comunistas.
Asistió como Delegado al X, XI y XII Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes, al último de ellos presidiendo la Delegación Cubana.
Es Miembro del Comité Central del Partido desde 1980 y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde 1976.Ha ocupado, entre otros, los siguientes cargos: Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de La Habana y Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba; Segundo y Primer Secretario del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas; Integrante del Equipo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe, y trabajó al frente de la Secretaría del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros .
Formó parte de la representación de nuestro país a la VIII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados y a la I y II Cumbres Iberoamericana. Asistió al 51 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en noviembre de 1996, para presentar el Proyecto de Resolución Cubana sobre el Bloqueo.

Cumplió Misión Internacionalista en la República de Etiopía como Médico Especialista en Pediatría y fue Jefe del Contingente Médico Cubano en ese país.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

Mensaje por PLACETA el Lun Ago 20, 2007 11:53 am

Osmany Cienfuegos Gorriarán


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Osmany Cienfuegos Gorriarán (4 de febrero de 1931) es Vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba. Miembro del Comité Central del PCC. Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Arquitecto.

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Re: PARA EL NUREMBERG CUBANO

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