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LA HABANA A LAS 2 PM

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LA HABANA A LAS 2 PM

Mensaje por vox populi el Vie Jul 20, 2007 6:39 pm






Imagínense que usted está en Cuba. Son las 2 de la tarde y esta varado en algún punto de la ciudad de la Habana y necesita trasladarse hasta su casa. Pongamos que la distancia es de más de 10 kilómetros. Pongamos también que usted no cuenta con ningún medio de transporte propio y que tampoco tiene un nivel económico suficientemente alto como para darse el lujo de parar un taxi en CUC (Peso cubano convertible, es decir el primo del dólar) o que ya esta cercano a fin de mes y ni siquiera puede intentar montarse en un “botero” (taxis privados en pesos cubanos).

No queda otra solución que usar el transporte público. Usted se va a la parada lleno de fe pensando que el primer ómnibus que muestre su nariz va a ser precisamente el suyo (si usted no tiene fe mejor no use nuestro transporte publico, cómprese una bicicleta o acostúmbrese a caminar como si estuviera en África).

Es bueno señalar que en la Habana en el horario de mayor demanda una ruta de ómnibus que pase cada 20 o 25 minutos es muy buena. Lo normal es que la frecuencia esté entre 30 y 40 minutos, habiendo algunas que pasan cada una hora y otras cada dos horas (son las rutas de ómnibus que solo tienen un ómnibus, por lo tanto hay que esperar que el ómnibus haga el recorrido completo y vuelva a salir, esto no es la generalidad pero existe).

Con estos truenos lo normal es que usted este preparado para la lluvia, es decir que este listo para subirse en cualquier objeto en movimiento con capacidad para llevarlo hasta su destino. Usted no estará mirando demasiado si se acaba de montar en un platillo volador o en una replica del Titanic con ruedas. El asunto es que sea capaz de transportarlo. Y es ahí donde comienzan los problemas.

Para tratar de resolver esta grave situación existen (supongo) determinadas personas en el gobierno. La lógica indica que esas personas radiquen en el ministerio del transporte, pero bien puede ser que exista el Instituto Nacional para el Uso Racional y Planificado del Transporte Urbano, es decir el INURP (acá en Cuba se usa mucho eso de los nombres por siglas, nuestros expertos dicen que “tienen gancho” y que “la población los fija fácilmente”).

El asunto es que como somos un país pobre, bloqueado y sin acceso a los grandes créditos internacionales, a los compañeros del INURP no les queda más remedio que hacer magia y comprar ómnibus usados que en otros países ya han desechado por tener más kilómetros recorridos que la orbita terrestre al sol. También se aceptan donaciones de grupos de solidaridad con Cuba y otras instituciones parecidas. Lo normal en estos casos es que tanto las compras como las donaciones provengan de países desarrollados, cuyos ómnibus se renuevan cada cierto tiempo.

Es así que llegan a Cuba ómnibus de Holanda, Alemania, Francia y España. Como el problema del transporte urbano es tan grave los compañeros del INURP dejan los burocratismos y las formalidades a un lado y hacen todo lo posible para que estos ómnibus pasen a dar servicio lo más rápido posible. Esto indica que a los ómnibus no se les hace NADA, ni siquiera quitarle los carteles originales. De ahí es que usted pueda fácilmente identificar sus orígenes leyendo sus advertencias en francés para que conserve el ticket, o le brinde el asiento a los minusválidos. Los carteles que están en alemán o en el lenguaje que se habla en Holanda, son totalmente ilegibles para mí y cuando uno trata de leerlos en español suenan a mala palabra “DIESKIMLTSHUBER” (esto es un ejemplo ficticio).

A veces la prisa por usar el ómnibus es tal que ni siquiera se le retira la información de la ruta original o las propagandas que tiene el ómnibus por fuera. Así usted puede encontrarse algunos ómnibus en la Habana que anuncian una ruta desde Plaza Cataluña (creo que eso queda en Barcelona) hasta el Pau de no se qué. O puede leer cómodamente la propaganda de una agencia de viajes en España que nos invita a todos a conocer Ámsterdam con este texto: DATE UNA ESCAPADA A HOLANDA (de más esta decir que este texto en otro país puede pasar normalmente pero en Cuba tiene una tremenda fuerza subliminal).

Pero todos estos detalles son nimiedades que pueden pasarse por alto (acuérdese que usted aun está en la parada esperando su ómnibus, repleto de fe y confiado en que no va a tener que esperar 40 minutos). Pero existe un detallito que si viene a dar el traste con el tremendo esfuerzo de los compañeros del INURP y es el hecho de que estos países de donde provienen los ómnibus generalmente tengan climas más templados y con mucha menos humedad que nuestra Cuba querida. Por lo tanto estos ómnibus vienen dotados de unos sistemas de ventilación (léase ventanas) extremadamente pequeñas y discretas. Puestas casi al nivel del techo y con aberturas que permitan solamente el intercambio de oxigeno necesario.

Este tipo de ómnibus tienen mucho sentido en París, Munich o la dichosa Ámsterdam pero en la Habana de 30 grados centígrados a la sombra y humedad relativa del 75%, estos ómnibus se vuelven cámaras de gas rodantes.

Y ya llegamos al desenlace de nuestra historia, ya lleva 29 minutos esperando. A su lado una señora sin fe cuenta la historia de que ayer estuvo más de 45 minutos en esta parada. Usted tiene cosas que hacer, tiene planes en su vida y quiere luchar por ellos. Pero ahora lo importante es llegar al lugar de su destino donde lo espera el amor de su vida, o el editor que le va a publicar su novela en 20 idiomas y lo hará famoso, o simplemente su perro con ganas de que le sirva la comida de hoy.

Y de pronto… ¡SORPRESA!!! Un ómnibus completamente vacío asoma su nariz y se detiene en la parada anunciando que lleva el recorrido que usted necesita.

Usted se monta, se sienta y se felicita por tamaña suerte. El ómnibus arranca y de pronto usted nota algo raro. El aire comienza a faltarle, la piel segrega sudor en cantidades industriales tratando de contrarrestar la temperatura que poco a poco comienza a subir. El ómnibus sigue camino y en cada parada se sube más gente. Las paradas resultan milagrosas ya que en ese instante en que el ómnibus abre sus puertas una oleada de aire fresco inunda el ómnibus impidiendo la muerte por asfixia.

Media hora después usted llega a su destino. Cuando se baja del ómnibus ya no es la misma persona que subió. Ahora es un desecho. Un sobreviviente de un campo de exterminio. Sus signos vitales están en los mínimos posibles y usted se arrastra a su casa a beber toneladas de agua fría y a refrescarse un poco, tratando de olvidar este infierno que acaba de vivir. No quiere ni pensar en el mañana porque sabe que esta tortura que acaba de vivir volverá a repetirse por el resto de sus días como el castigo de Prometeo.

PD: Esta experiencia que acabo de contar en tono de parodia es perfectamente real y es vivida día tras día por miles de personas en la ciudad de Habana. Para colmo de males existe una agencia de transporte oficial llamada “Transmetro” de la cual me atrevería a asegurar que el 90% de sus ómnibus tienen este problema de ventilación. También los nuevos ómnibus articulados destinados a sustituir a los “Camellos”, presentan el mismo defecto.

Y a mi personalmente, más que el insoportable calor me preocupa el hecho de que nadie haga nada al respecto. Nadie se preocupe y mucho menos se ocupe de resolver un problema que es casi un asunto de humanidad. En este caso no puede haber excusas de recursos disponibles. No se puede apelar al bloqueo yankee. Es otro tipo de bloqueo el que impide que las personas que están a cargo del transporte público hagan bien su trabajo y respondan correctamente por sus errores. El asunto es que esa vez no puede haber justificaciones. A estos ómnibus HAY QUE HACERLES VENTANAS antes de ponerlos a circular.

Y como no vale de mucho presentar el problema sin una solución propongo que a partir de ahora se cree una comisión integrada por el ministro, los viceministros y los jefes de departamento en el ministerio de transporte. Esta comisión debe probar en su propio pellejo cada ómnibus antes de ser puesto a disposición de la población. Recomiendo 100 personas en el ómnibus con una ruta desde Boyeros hasta el Parque Central a las 12 del día. Algo me dice que si esta idea mía se llevara a efecto muy pronto dejaríamos de tener ómnibus sin ventanas. Desgraciadamente la misma lógica me indica que este mecanismo nunca llegara a implementarse. Como dice el dicho “Todos somos iguales, pero unos somos mas iguales que otros”.



Fuente del articulo Blog Blog Mi isla al mediodía

Posted by Vox Populi

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