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El complot del KGB

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El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:22 am

Ricardo Valencia Con reportes de Óscar Martínez, Olga Kravets y J. Espinoza

Laprensagrafica.com


Corre 1979. Nikolai Leonov, uno de los jefes del servicio de espionaje soviético (KGB), se reúne con Schafik Hándal en Moscú. Ahí hilvanan un plan para conseguir que la Unión Soviética ayude de forma directa a la futura guerrilla salvadoreña. Aunque Leonov duda de que la aventura salvadoreña triunfe, el plan que tejen tiene éxito. Ese fue el inicio de una relación que llevó a Moscú no solo a proporcionar armamento, sino también a dar entrenamiento militar y de inteligencia a los rebeldes. 27 años después de que el Kremlin aprobó esa operación, “rigurosamente secreta”, Enfoques habla con Leonov y demás involucrados. Sus declaraciones, junto con documentos secretos del KGB, desvelan lugares, protagonistas y fechas, y prueban que la Unión Soviética envió pertrechos militares y entrenó a cuadros guerrilleros.


‘‘Cuando usted llegue, pida a la recepción que le comunique con la mujer rusa. Después, yo me acercaré a hablar con usted.” Son las indicaciones para la única entrevista de noviembre de 2006. Nikolai Leonov, de 78 años, había escogido como escenario un hotel frente al malecón de La Habana, en Cuba.
Pero al llegar frente a la consola de agujeros y cables que hacía de conmutador del hotel, lo único que queda claro es que el general, ex director del Departamento de Análisis del Comité para la Seguridad del Estado de la Unión Soviética (KGB, por sus siglas en ruso), había cambiado de idea.
Semanas antes, Leonov había descartado reunirse en Moscú. Entonces, tras una larga negociación vía telefónica, fijó una fecha y un lugar. En un principio, quiso cortar de tajo cualquier posibilidad de encuentro. “Debe hablar con Schafik Hándal, él tiene más detalles de la operación.” Ignoraba que Hándal, ex secretario general del Partido Comunista de El Salvador (PCS), había muerto 10 meses antes. Al ver tapada esa salida, intentó restarse perfil. “Recuerde que tengo muy poco que decirle”, advirtió, antes de, finalmente, aceptar la entrevista. Su intuición lo alertaba de que se encaminaba a un punto que Leonov prefiere evitar: un complot fraguado entre 1979 y 1980 y que involucraba a El Salvador. El espía fue quien ayudó a Hándal a convencer a la cúpula soviética de poner aviones y dinero en el traslado de toneladas de armas occidentales para la guerrilla salvadoreña. En esos años, Leonov era conocido como uno de los agentes soviéticos con mejor información sobre Latinoamérica.
En el vestíbulo del hotel, la rusa se limita a dar dos números de teléfono. En uno de ellos, la voz de una mujer da una serie de indicaciones.
Sucede que en estos días de noviembre de 2006, Leonov se hospeda en una casa a menos de 10 metros de una de las entradas del “Laguito”. Los cubanos dicen que en esta propiedad, rodeada de árboles, vive el mismísimo Fidel Castro. El Laguito también es el claustro de su hermano Raúl. Desde el triunfo de la revolución, Leonov es recibido en La Habana como un huésped de honor.
Esas relaciones motivaron que un día de 1979, Kiva Maidanik, historiador ruso y miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), se acercara a Leonov. Maidanik aspiraba a una sola cosa: que el espía hablara con su amigo. Ese amigo era un hombre regordete de 49 años, latinoamericano. Era Schafik Jorge Hándal, político de calle desde 1944 y secretario general del PCS desde 1973. El salvadoreño soñaba con recibir del PCUS armamento para una naciente guerrilla que ya daba señales en otros grupos políticos de izquierda. Hándal pretendía ayudar a vencer al régimen de El Salvador, apoyado por Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Es decir, los enemigos de Moscú y del KGB en aquellos días de guerra fría.
Leonov, por sus nexos en Moscú y en La Habana, y por el rango que tenía, era el eslabón ideal para el plan que intuía Hándal. “Yo recibía toda la información que llegaba al Comité (para la Seguridad del Estado) y la analizaba para enviar informes”, recuerda Leonov sobre su labor al frente del Departamento de Análisis. El encuentro entre el salvadoreño y el espía tuvo un solo resultado: un complot multinacional, amparado por uno de los aparatos de inteligencia más sofisticados del mundo, para dotar de armas a las que al cabo de unos meses se llamarían Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). El brazo armado del PCS tuvo presencia en sitios como el volcán de Guazapa, el de San Salvador y en el sur de Usulután. Este último significó, a principios de los ochenta, uno de los puntos más importantes de entrada de armas para la insurgencia.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:23 am

Esta es la historia de la alianza entre Hándal y uno de los hombres vivos que más conoce de los pasos secretos del oso ruso por Latinoamérica, y el relato inédito de una conspiración mundial con conexiones en Cuba, Vietnam y Nicaragua.
Enfoques tuvo acceso a decenas de informes que la URSS clasificó en su momento como “rigurosamente secretos” o “archivos secretos especiales”. Algunos fueron firmados por Yuri Andropov, director del KGB desde 1967 hasta 1982, cuando se convirtió en el antepenúltimo presidente de la Unión Soviética. Los documentos se complementan con el testimonio de más de 30 participantes o conocedores del plan, incluidos ex agentes de inteligencia cubanos, salvadoreños y soviéticos.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:23 am

Las dudas de Moscú


La casa de Leonov en La Habana tiene uno de los escasos autos nuevos que circulan en la isla estacionado en el porche. Si afuera es un horno, dentro de la vivienda es una nevera. El aire acondicionado se siente propicio para el gélido origen del huésped ruso. Una cubana que frisa los 50 años saluda y hace la compañía hasta la sala. Un minuto después aparece Leonov, lento pero altivo. Se arrellana en uno de los sillones y estira sus piernas. Este hombre en pantuflas llegó a ser el número dos del KGB entre 1985 y 1991, mismo período en que lograron tener dos agentes infiltrados en la CIA y en la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos.
Leonov sobrepasa los 1.75 metros de altura y tiene una cabellera blanca que parece una corona. Esa corona contrasta con el rojo de su rostro quemado por el sol. Leonov no es de quienes usa el chiste para romper el hielo y prefiere interrogar al reportero. Luego hilvana locuaz una especie de monólogo sobre la historia de El Salvador desde Francisco Morazán hasta la década de los ochenta. Su español es perfecto, pero su verbo se esfuma cuando se le menciona el nombre de uno de los conspiradores: “Con Maidanik somos conocidos solamente”. Hace entonces un viaje mental hacia la frontera entre los años setenta y ochenta, justo cuando nace el complot. En esos días la URSS estaba en manos de Leonid Brezhnev y los sandinistas acababan de tomar el poder en Nicaragua y se tildaban de marxistas leninistas. En Washington, el presidente Jimmy Carter se acercaba al inicio de su último año de gobierno, pues perdería la reelección.
Si para los revolucionarios latinoamericanos se acercaba el tiempo de triunfar sobre el capitalismo, para Moscú la meta era sobrevivir en un conflicto mundial en el que su enemigo, Estados Unidos, empezaba a tomarle distancia, y en el que los problemas internos de la Unión Soviética, como el estancamiento científico y económico, estaban por mostrarse en su más cruda realidad. Por eso el Kremlin tenía dos caras que ofrecer a los movimientos latinoamericanos. Yuri Pavlov, responsable de Latinoamérica en la cancillería soviética, resume la faz más comprensiva de la doctrina Brezhnev: “Había un sentimiento (una certeza) de quién ganaría la guerra fría, y apoyábamos políticamente a la guerrilla contra la derecha”. El PCUS daba casa, comida y salud a los salvadoreños que aterrizaban en la URSS. Nada más. Supuestamente.
Pero los soviéticos tenían un lado más árido. Brezhnev temía que cualquier apoyo a las guerrillas fuese visto como una provocación a los Estados Unidos y que esto acelerara la velocidad en una carrera que temían perder. Svetlana Savranskaya, encargada de los documentos de la URSS en los Archivos Nacionales de Seguridad, en Washington, establece las paradojas que enfrentaba el Kremlin sobre Latinoamérica. “Los soviéticos sabían que por un lado era su obligación ideológica apoyar a los salvadoreños, pero por otro, tenían que ver el balance geopolítico con los norteamericanos.” Por eso Pavlov habla de apoyo “político”.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:23 am

A las pretensiones de Hándal se oponía otro escollo. Los análisis de quienes podían apoyarlo no les daban ningún chance de victoria a las FAL ni al resto de organizaciones preguerrilleras. En octubre de 1979 se produjo el golpe contra el general Carlos Romero, y solo un mes más tarde, en noviembre, se sumó otra dificultad. “Estábamos emproblemados con la invasión de Afganistán como para pensar en un país sin importancia estratégica”, revela Leonov, sin complejos de culpa. Pero eventualmente él mismo halló la forma de descifrar el tablero del ajedrez que Moscú jugaba con Washington, y con Hándal supieron sortear los obstáculos.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:24 am

Jugada maestra


Schafik había tocado a la puerta indicada. El servicio secreto soviético tenía experiencia en suministrar pertrechos a rebeldes en diversas partes del mundo. En 1976, el KGB había manejado un envío de armas procedentes de Vietnam. “10,000 metralletas estadounidenses y 10 millones de sus cartuchos para ayudar a varios partidos comunistas y a los representantes de los movimientos de liberación nacional en los países extranjeros”, establecía una resolución del KGB (ver documento en página 4). Andropov firmaba.
Leonov y Hándal se repartieron las tareas. El salvadoreño haría los arreglos necesarios con los gobiernos participantes en la operación y el ruso intentaría persuadir al comité central del Partido Comunista soviético. Hándal, entonces, escribió al PCUS una solicitud de apoyo para transportar armas provenientes de Vietnam. El pedido entraba a las entrañas de un dinosaurio burocrático. Con todo, el 20 de abril de 1980, los soviéticos accedían a transportar “entre 60 y 80 toneladas de armas de fabricación occidental” en aviones de Aeroflot (ver documentos en páginas 4 y 5). Las naves volarían entre Hanoi, la capital vietnamita, y La Habana. La operación debía realizarse entre septiembre y octubre del mismo año. “Los gastos de transporte (…) cargarlos a cuenta de fondos asignados por el plano del Presupuesto Estatal (…)”, dispone el documento. Los “camaradas salvadoreños” usarían los pertrechos para luchar contra el Gobierno, que, para abril de 1980, lo constituía una junta civil-militar.
Así fue como nació un fenómeno que, ya en plena guerra intestina salvadoreña, desconcertó al Pentágono: el aparecimiento en manos de la guerrilla del FMLN de fusiles asignados al Ejército estadounidense. En muchos casos, las armas que decomisaba el Ejército salvadoreño tras los enfrentamientos con los rebeldes eran fusiles M-16. Y continuarían apareciendo durante toda la década, tal cual lo detallan cables secretos del Departamento de Estado de Estados Unidos. Esos pertrechos eran calificados por los soviéticos como “armas trofeo”, ya que la guerrilla del Vietcong las había arrebatado al Ejército norteamericano en la guerra de Vietnam.
Las entre 60 y 80 toneladas de armas que Hándal logró en su gestión no eran despreciables. Aunque no se detalló el equipo específico que se transportó, ese peso equivale a unos 15,000 fusiles M-16, suficientes para armar un ejército.
Cuando en la entrevista Leonov ve frente a sí todos esos detalles de la operación, niega haber sido un eslabón de aquella cadena. Pero reportes del KGB, incluidos en el libro “El archivo Mitrokhin”, evidencian que el espía no solo participó en esa operación, sino que volvió a conspirar con Hándal para otro envío en 1981 y, cuatro años después, hizo una petición adicional ante el PCUS (lea la segunda entrega, el domingo 13 de mayo). La segunda gestión fue rastreada por la inteligencia de los Estados Unidos, que la cita en su Libro Blanco de 1981.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:24 am

A Leonov no solo lo contradicen los documentos Mitrokhin. Maidanik revela detalles del cómo se planeó el complot e involucra al ex espía soviético. El historiador había sido el principal provocador de aquella reunión y quien llevaba en sus hombros la gestión salvadoreña ante Moscú. José Luis Merino, el jefe del estado mayor de las FAL y de la guerrilla del FMLN, dimensiona la importancia del ruso: “Kiva puso a disposición de Schafik sus contactos con altos funcionarios del Ejército y del Gobierno soviético”.
La relación de Hándal y Maidanik era tan estrecha que a mediados de los ochenta Maidanik fue padrino de la boda de Schafik con la lingüista Tania Bichkova. Se conocieron en los setenta gracias a un amigo en común, el escritor Roque Dalton.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:24 am

Perfil de espía


El puesto de Maidanik como miembro de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética lo obligaba a enviar análisis e informes a los políticos del PCUS. Esto le dio acceso a información de inteligencia tan precisa que pudo etiquetar a Leonov como agente del KGB. El espía tenía ya una larga amistad con Raúl Castro, ahora ministro de Defensa de Cuba. Se conocieron en 1953. Tres años después, Raúl le presentó a un joven argentino que colaboraba, durante su exilio en México, con los afanes revolucionarios de los Castro. Ese joven era Ernesto Guevara. Poco después, la Policía mexicana detiene a “el Che” y le encuentra una tarjeta de presentación a nombre de Leonov, a la sazón un funcionario de la Embajada soviética en Ciudad de México. En 1963, Fidel Castro visita la URSS y Leonov es el intérprete en el encuentro con el líder soviético, Nikita Kruschev.
En 1979, cuando Leonov accedió a conspirar junto a Hándal, el historiador se encargó de afinar muchos de los detalles. Tanto Hándal como el director del KGB tendrían que definir paso a paso un proceso que concluyó con la autorización del PCUS en abril de 1980.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:25 am

Citas en el piso de Tania


Para entonces, la lingüista, hija de un ucraniano y una rusa, se había integrado a los complotistas, pero aún no era esposa de Hándal. Había puesto su apartamento en Moscú a disposición de las reuniones. Ella usaba su apellido de soltera, Bichkova.
Hándal nunca aprendió ruso, y por eso, en 1977, el PCUS le había asignado a Tania como intérprete. Pocos meses después, el mundo de Hándal la tragó totalmente. “Sus amigos entonces se hicieron mis amigos”, recuerda Tania.
La última vez que Bichkova vio a uno de los amigos de su fallecido esposo fue en enero de 2006: Kiva Maidanik caminaba con visible dificultad detrás del féretro de su entrañable amigo salvadoreño. El historiador iba a fallecer 11 meses después, el 24 de diciembre, en Moscú. “Ahí estaba la crema y nata de la intelectualidad rusa”, relata la esposa del ex candidato presidencial del FMLN, al referirse a las exequias del historiador.
En la última entrevista antes de su muerte, Maidanik detalló a Enfoques el papel de la lingüista en el complot: “Todas las citas sucedieron en el apartamento de Tania y no en un lugar oficial”. Los planes pactados entre Leonov y el secretario del PCS no se cerraron en una oficina en la Lubyanka —sede del KGB—, sino en el piso de una mujer de universidad. Leonov calcula que en el apartamento de Tania sostuvieron dos o tres encuentros antes de que terminara 1979. “El archivo Mitrokhin”, un libro escrito con base en reportes del KGB en manos de la inteligencia británica, brinda más detalles sobre las fechas de las pláticas. Leonov se reunió con Hándal en las vísperas del 15 de octubre, día del golpe de Estado en El Salvador. Días antes, había visitado a los sandinistas que comandaban en Nicaragua —según palabras del espía— “una revolución abandonada por nosotros”.
En uno de esos encuentros en la casa de Tania, Leonov disparó a mansalva su provocadora premisa sobre las oportunidades de triunfo en El Salvador. “Schafik, miro calva la situación. No les sucederá igual que Nicaragua. Ustedes son más ricos que Nicaragua y además se ubican demasiado cerca de los Estados Unidos, tanto que ellos pueden enviar a su ejército”, valoró. Hándal defendió la viabilidad de la lucha y la oportunidad de superar obstáculos como la pequeñez del territorio salvadoreño.
“Ustedes son los que deciden qué hacer en su país. Están más cerca del terreno”, admitió el jefe del KGB. El PCS para entonces ya había retado uno de los designios que el Kremlin dictaba a los partidos comunistas del mundo, cual era el de no meterse a la lucha armada. “Varios líderes soviéticos nos expresaban su preocupación de que al conformar la guerrilla perdiéramos la acumulación que teníamos en el terreno electoral”, explica José Luis Merino.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:25 am

A pesar de las divergencias con Moscú, Schafik Hándal logró conservar durante toda la guerra la representación moral del FMLN ante los países comunistas del mundo. Esto lo colocó bajo la lupa de los Estados Unidos. El matutino estadounidense “The New York Times” lo calificó, en 1981, como “el rebelde latino bien conectado”, pues lo identificó como el contacto de la guerrilla salvadoreña con la URSS.
Una de las fuentes del artículo era un informe de inteligencia estadounidense que revelaba una gira de Schafik —alias Simón— “desde Vietnam hasta Moscú” en busca de armas, el año anterior. Los norteamericanos fechaban este nuevo complot simplemente en 1980. “El archivo Mitrokhin” parece confirmar aquel evento, y lo coloca entre junio y julio, ya dos meses después de que el PCUS había autorizado el transporte de las armas desde Vietnam, atendiendo el pedido original de Hándal.
La revelación de Washington, que fue una bomba para La Habana y para Moscú, no detuvo los planes, pero fortaleció la tesis de la administración de Ronald Reagan, de que El Salvador era solo un escenario más de la guerra fría. Sin embargo, cuando los estadounidenses escribían una lista de culpables externos de la turbulencia salvadoreña, Cuba ocupaba la casilla número uno.
No estaban nada lejos de la realidad. La conspiración entre Hándal y Leonov se hubiese complicado sin el compromiso de Fidel Castro. Para evitar sorpresas, el salvadoreño viajó antes de abril de 1980 a La Habana a sacarle un compromiso personal a Fidel. Los soviéticos habían exigido el respaldo del cubano y del presidente de Vietnam, Le Duan, como condición para el tímido “sí”.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:26 am


El compromiso de Fidel


Schafik Hándal visitó Cuba y Vietnam. En ambos países cerró un trato con sus máximos representantes. En la resolución de las máximas autoridades soviéticas de abril de 1980, sale a relucir el grado de compromiso de Castro con Hándal. “En cuanto a trasladar el embarque de La Habana a El Salvador, Hándal tiene un acuerdo personal con el camarada F. Castro.” Pero el secretario del PCS aplicaba el refrán “A Dios rogando y con el mazo dando”, pues no se limitaba a pedir el favor a Moscú. “El camarada Le Duan le aconsejó dirigirse a los camaradas soviéticos para transportarlas”, dice el informe. Para inicios de la década de los ochenta, Vietnam era para la URSS el ícono del pueblo que había vencido al imperialismo norteamericano contra el que peleaban los soviéticos. Un anzuelo perfecto para un Brezhnev que sentía un compromiso moral.
Aunque el PCUS terminó accediendo al pedido salvadoreño, pasados 27 años, Leonov sigue empeñado en decir lo menos posible. Son las 9 de la noche en la casa junto al Laguito y, tras una hora de conversación, no entra en confianza. Permanece distante, pero se transforma de repente al hablar de uno de sus temas favoritos: Cuba. La gente que ha estado cerca de Leonov percibe que el ruso se vuelve más jovial al entrar en contacto con los cubanos. “En el KGB dividíamos los archivos de Latinoamérica en dos: una categoría para todos los países de la región y otra solo a Cuba”, revela. Continúa con un elogio: “Para su revolución no nos necesitaron”.
Pero, ¿qué había hecho Leonov para cabildear entre las estructuras del PCUS y que finalmente estas aceptaran aquella riesgosa operación hilvanada entre 1979 y 1980? Al escuchar la pregunta, el verbo caudaloso y fuerte de Leonov se convierte en un riachuelo en tiempo de calor. Se limita a contestar con simples “no”. Otra vez, el agente de inteligencia afronta una crisis de amnesia repentina.
Al recordarle el relato que él mismo ayudó a construir para el libro “Tres preguntas sobre Rusia”, del español Rafael Poch de Feliú, encuentra una estrecha rendija. El autor asegura: “Leonov convenció personalmente a Brezhnev de que esas armas norteamericanas eran ideales para combatir contra los intereses norteamericanos en El Salvador sin la menor implicación soviética”. Entonces, el ex oficial del KGB acomoda su cabeza y asiente: “El español tomó muchas cosas de mi libro”. Ni una palabra más.
Contrario al general, Maidanik nunca olvidó el episodio con Poch. “Yo atestigüé la conversación de Leonov con Rafael”, dice el historiador, “mas no tengo comentarios. Es un asunto delicado.”
Son las 10 de la noche en La Habana. El rostro y ojos de Leonov parecen somnolientos. El ex número dos del servicio secreto de pronto se cansa de hablar de las conspiraciones. El ex espía se ha negado a hablar de algunas de esas operaciones. Pero guarda un conejo en la chistera. “En 1985, se me volvió a acercar Kiva con un mensaje de Schafik. Quería que les hiciera otro favor”, revela Leonov. El ex agente empieza a narrar otro complot en las alturas del Kremlin.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:28 am

Contacto en México, D.F.
Un día a principios de los años ochenta, un agente de inteligencia cubano vigila un encuentro entre militantes de las FPL y espías soviéticos en la capital mexicana.


Por esos días, el argentino Jorge Massetti trabajaba como agente de inteligencia del Departamento de América del Partido Comunista de Cuba. En su mente daba vueltas al último encargo de su jefe, que consistía en montar una operación que se realizaría fuera de la isla.
Massetti llegó a Ciudad de México a principios de la década de los ochenta. Días antes, su superior, el cubano Manuel Piñeiro —conocido como Barbarroja— le había encomendado “limpiar” el sitio en donde se encontrarían militantes de las salvadoreñas Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y agentes del servicio secreto soviético destacados en la Embajada de la Unión Soviética en la nación azteca. El lugar estaba en el sector comercial conocido como Zona Rosa. Uno de los militantes de las FPL trabajaba para uno de los órganos de información de la organización guerrillera salvadoreña.
Massetti explica que “limpiar” se refiere a “detectar si en el perímetro hay presencia de otros servicios de inteligencia extraños”.
Así lo hizo junto a otros tres espías. Estuvieron vigilando la zona hasta que constataron la idoneidad de la calle para la cita. Para Masseti, México era la segunda escala de un viaje que lo había llevado a Managua, Nicaragua, donde encontró a uno de los encargados de inteligencia de las Fuerzas Populares de Liberación.
El contacto en Managua, quien aceptó hablar con Enfoques con la condición del anonimato debido a razones de seguridad, relata que al argentino después de aterrizar se le entregó un pasaporte nuevo. “Les fabricamos documentos de países sudamericanos para que pudieran viajar con esa cubierta”, revela el hombre, de 50 años de edad.
“A mí me llamó por teléfono Barbarroja y me dijo que Massetti iba a verme en Managua, pero yo no sabía la razón del viaje.” El Departamento de América se encargaba del traslado de armas al FMLN. Además, tenía una estructura de inteligencia paralela al resto de servicios de espionaje cubanos.

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Re: El complot del KGB

Mensaje por Anonymou el Dom Jun 03, 2007 5:28 am

Salvador Guerra, ex jefe militar de las FPL, asegura que los órganos de comunicación de su organización en México tenían una misión oculta. “A través de esas unidades establecíamos relaciones con las embajadas, y cuando nos vinculábamos con ellas, siempre existía la posibilidad de que hablásemos con espías”, comenta. El KGB conocía la importancia de las FPL en la guerra salvadoreña y por eso deseaban el contacto directo, que quedó establecido aquel día en México. Un informe de la inteligencia soviética calificaba a Salvador Cayetano Carpio, líder de las FPL hasta 1983, como una de las figuras dominantes en la insurgencia.

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Re: El complot del KGB

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