Secretos de Cuba
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Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

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Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por porfin libre gonzalez el Lun Mayo 21, 2007 7:31 pm

Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Cursaba el tercer año de la residencia en mi especialidad. Una casa, mujer y dos hijos, más hambre almacenada en un refrigerador ruso. Tras varios días de profunda meditación y hastiado de ver la cara de resignación de mi mujer al contarme que la policía había irrumpido en casa de mi amigo Alfredo, en medio de una productiva creación de flores plásticas para macramés. Arrasaron, se llevaron la maquinaria, la materia prima, lo que estaba ya hecho, el dinero y por supuesto a Alfredo, que pasaría una vacaciones en 100 y Aldabó con los gastos pagos. El problema analizado por el prisma egoísta de nuestra hambre crónica radicaba en que Alfredo nos vendía a precio casi de costo dos sacos de flores semanales que a su vez revendíamos a terceros revendedores lo que representaba una entrada adicional de trescientos pesos semanales. Una vez más me veía abocado a la vieja sentencia de mi abuelo: Cuando la miseria entra por la puerta, el amor salta por la ventana. La cara de mi mujer se iba transfigurando día a día en el rostro de la resignación y la desidia se apoderaba de ella. Sus frases eran breves pero contundentes: No hay aceite, queda arroz para tres días, no hay keroseno, ni toques ese pan que es para los niños. Este detalle era uno de los más terribles, llegar a envidiar la comida de los muchachos. Sentados frente al Rubin 205 a la hora de los animados veíamos como nuestras raciones de pan eran devoradas frente a nuestros ojos con la voracidad de unos infantes que llegaban hambrientos de una escuela carente de merienda. Por la mañana nuestros pequeños consumían su ración establecida por el gobierno y por la tarde consumían la nuestra ante nuestra ambivalencia emocional. Por un lado la satisfacción como padres de saber que nuestros hijos comían y por el otro un deseo irrefrenable de masticar, de convertirnos en niños para que nuestros padres nos dieran su pan.
En medio de una Leyland superviviente que aun hacía el servicio hasta nuestro barrio marginal, del cual besaría cada calle, hacinado a un nivel de seis personas por metro cuadrado y rodeado de los efluvios glandulares de mis congéneres surgió la idea: ¡Eureka!,¡Haré zapatos!. En el trayecto preparé a conciencia los cimientos de la nueva empresa. Tenía dos socios del barrio con experiencia en el giro y yo aportaría el capital con el ahorro de la venta de las flores plásticas.La sonrisa de mi mujer ante mi nuevo proyecto empresarial me trajo el Louvre a casa, jamás he visto otra expresión labial tan semejante a la Gioconda pero mi decisión era definitiva. Previa visita a los socios del barrio y su acuerdo total, teníamos un hambre común, decidimos los próximos pasos.
Obtener:
1. Juego de hormas del 22 al 10, con los 1/2 por supuesto.
2. Adquirir pegamento.
3. Obtener cantidades suficientes de vynil y tela para forro.
4. Conseguir material para zuelas y tacones.
5. Puntillas de zapatero.
6. Hilo de pescar fino para los tejidos.
7. Torno para pulir los tacones.
8. Moldes para los diferentes números.
9. Búsqueda de compradores al por mayor.

El taller se repartiría entre la casa de un socio y la mía. La cobertura de un médico escondía a los ojos de la policía la existencia de la sede de un empresario de la industria del zapato.Como detalle excepcional de la ejecución del plan, les diré que fuimos una tarde a una fábrica de hormas ubicada en la calle Palatino. Una MZ 250 con un conductor del barrio émulo de Paolo Rossi y yo detrás. Todo preparado a través de un muro lateral inmenso de unos tres metros, un saco con las hormas volando hacia mí y volando simultáneamente un fajo de 1200 pesos cubanos. Legalidad ilegal entre dos hombres que jamás vieron sus caras y lo mejor, un viaje por las principales arterias de la capital con un saco de yute repleto de hormas, a todo riesgo en una ciudad con la proporción de policías más alta del mundo. El precio lo valía, la mantequilla del pan y un pedazo de carne ocasional para los hijos, todos para uno y uno para todos, unos mosqueteros habaneros dispuestos a todo por un trozo de pan.
El plan funcionó con algo a mencionar, sólo conseguimos vynil carmelita y estuvimos a punto de ser excomulgados por el Papa por extinguir la prestigiosa misión de las Carmelitas Descalzas. El rostro de la madre de mis hijos recobró su sonrisa habitual, no la de la Gioconda si no la sonrisa de siempre con aires de malecón iluminado con destellos intermitentes del Morro y la frase inquisidora se trasmutó en un acogedor: ¿Cómo te fué el día, papi?.
Una tarde de mayo pude percibir el alcance interprovincial de nuestra empresa, una paciente pinareña aquejada de un dolor abdominal se acostaba en la camilla de mi consulta con unos apaches carmelitas hechos en mi empresa clandestina. Entre verguenza por mi condición de médico empresario y el regocijo de mis éxitos de venta pensé en mis hijos y la cara que pusieron cuando entré en casa con un viejo Sony de 21 pulgadas a color comprado a un marinero mercante. A partir de entonces los animados y los actores de las aventuras tomarían color, como si se curaran de la anemia crónica, como nuestras ansias de compartir una ración diaria de 250 gramos de pan.


Porfin Libre González

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por rafaelrodriguez el Mar Mayo 22, 2007 4:07 pm

porfin,gracias por esto que escribiste a pesar de esa dura realidad que describes sale tu arte de escritor,gracias es muy bello.

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por Martin Fierro el Mar Mayo 22, 2007 4:21 pm

Te felicito, por buen escritor, por buen padre, por buen esposo y por trajinar a castro.

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por armando aguilar el Mar Mayo 22, 2007 6:22 pm

Gracias, hermano Porfin por darle un color diferente a nuestra tragedia con ese bello escrito. Cosas como estas alientan nuestra esperanza.
Un abrazo.

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por porfin libre gonzalez el Miér Mayo 23, 2007 7:19 am

Hermanos , muchas gracias por sus halagos y la estima que me profesan. Creo que además de denunciar con cifras económicas y relatos de hechos contra los derechos humanos, otra forma de denuncia es exponer las experiencias vividas por un cubano de a pie para sobrevivir en ese "paraíso del proletariado" que en realidad es un verdadero infierno. Hace unos días veía unas fotografías de amigos del barrio y sus hijos y me espanté. Eran rostros tristes, sin esperanza y con una delgadez severa que no es otra cosa que el reflejo del hambre.
Hay que hacer algo por Cuba, no quiero llegar a la vejez rumiando impotencia o evitando hablar del tema para no evidenciar que no hice nada. Hay que hacer algo por nuestra tierra.
Un gran abrazo para todos,
Porfin

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

Mensaje por cniagara el Miér Abr 08, 2009 9:50 pm

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Re: Cuando el robo iba colgado de mi llavero.

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