Secretos de Cuba
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“El mito de Cuba ya se ha despedazado en gran parte”

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“El mito de Cuba ya se ha despedazado en gran parte”

Mensaje por Opossum el Lun Jul 14, 2014 8:24 pm

El escritor y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, conversa sobre Cuba en la primera parte de una entrevista con 14ymedio

YOANI SÁNCHEZ, Madrid | Julio 14, 2014
Mario Vargas Llosa, escritor, político, excelente analista y mejor conversador, me recibió en su casa de Madrid para esta entrevista. Los minutos pasaron volando con su proverbial gracia para dialogar y me regaló estas reflexiones suyas sobre democracia, libertad, literatura, América Latina y Cuba. Hoy las comparto con los lectores de 14ymedio que de alguna manera estuvieron, sin estar, en aquel salón iluminado por la luz del verano y por la lucidez del escritor.

Pregunta: Sé que Cuba ha sido una parte importante de sus pasiones, por no decir de sus grandes obsesiones...

Respuesta: Absolutamente. La Revolución cubana fue para mi como para muchísimos jóvenes, la aparición de una posibilidad con la que muchos soñábamos y que nos parecía inalcanzable. Una revolución socialista, que fuera al mismo tiempo socialista y libre, socialista y democrática. Eso les puede parecer hoy día un acto de ceguera, una insensatez, pero no lo era en ese momento. En ese momento eso era lo que nos pareció la Revolución cubana, hecha no por, sino fuera del Partido Comunista, una Revolución que tenía detrás de sí toda una gesta heroica. En los primeros momentos de la Revolución cubana, lo que nosotros queríamos ver en ella era lo que buscábamos .

Una Revolución que iba a hacer las grandes reformas sociales, que iba a acabar con la injusticia y al mismo tiempo iba a permitir la libertad, la diversidad, la creatividad y que no iba a adoptar la línea soviética del control estricto de todas las actividades creativas y artísticas. Creíamos que iba a permitir la crítica y eso es lo que queríamos ver en la Revolución cubana y eso es lo que durante un buen número de años yo vi en ella, a pesar de ir a Cuba, a pesar de estar vinculado muy directamente a la Casa de las Américas, en la que llegué a formar parte del comité. Eso era lo que veíamos, porque la Revolución cubana tuvo la habilidad de alimentar esa ilusión.

P: ¿En qué momento empieza a tener dudas?

R: De las cinco veces que fui a Cuba en los años sesenta, la cuarta vez coincidí con las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y fue un choque saber que se habían abierto prácticamente campos de concentración donde llevaban a los disidentes, los ladrones, los homosexuales, los religiosos. Me impresionó mucho especialmente por el caso de un grupo que supongo conozcan, El Puente. Muchas de las chicas y de los chicos que integraban aquel grupo yo los conocí, había entre ellos lesbianas y gays, pero todos eran revolucionarios, absolutamente identificados con la Revolución. Buen número de ellos fue a esos campos de concentración, donde hubo hasta suicidios.

A mi me afectó mucho eso, porque me parecía que era imposible que algo así ocurriera en Cuba. Así que le escribí una carta privada a Fidel Castro, donde le decía: “Comandante realmente no entiendo, esto no encaja dentro de mi visión de Cuba”. Entonces me invitaron a visitar Cuba y a tener una reunión con Fidel Castro. Éramos unos diez o doce, que de alguna manera habíamos hecho una manifestación de sorpresa con lo que ocurría. Esa es la única vez que he conversado con Fidel Castro, fue toda una noche, desde las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana. Fue muy interesante y aunque me impresionó, no me convencieron sus explicaciones. Me dijo que lo que ocurría es que muchas familias de guajiros muy humildes, que tenían hijos becarios, se quejaban de que esos hijos habían sido víctima de “los enfermitos”, así les decía Fidel. Los gays y las lesbianas eran para él “los enfermitos”. Me dijo que había que hacer algo, que quizás había habido excesos, pero que se iban a corregir.

Recuerdo que el Che Guevara ya había salido y no se sabía dónde estaba. Entonces Fidel Castro –durante aquella conversación- hacía alusiones de por dónde podía estar y aparecer el Che. Además era muy histriónico, se paraba sobre la mesa, contaba cómo habían hecho emboscadas, era una personalidad muy aplastante, pero allí me di cuenta que él no admitía interlocutores, solo oyentes. Era casi imposible poder introducir alguna pregunta, aunque fuera breve. Fue la primera vez y desde entonces yo quedé con muchas dudas, muchas angustias que no me atrevía a hacer públicas y seguí volviendo a Cuba hasta el apoyo de Fidel a la intervención de los países del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia.

P: ¿Cómo vivió la entrada de los tanques soviéticos en Praga en 1968?

R: Eso me impresionó tremendamente y fue la primera vez que hice pública una carta con críticas a Cuba. Escribí un artículo que se llamó El socialismo y los tanques, diciendo que no era posible que si Fidel había defendido siempre la autonomía, la soberanía de los pequeños países, ahora que un pequeño país quería dar su versión propia del socialismo pues lo invadían los tanques soviéticos y Cuba apoyaba eso. ¿Cómo es posible? A pesar de eso me volvieron a invitar, pero cuando regresé a Cuba había ya una situación de pánico entre los intelectuales. Mis mejores amigos ya no me hablaban o me mentían. Había terror. Era pocas semanas antes de la prisión de Heberto Padilla y el poeta estaba totalmente fuera de sí, hablaba de una manera enloquecida, sentía que se le cerraban los espacios y que muy pronto ya no iba a poder ni siquiera funcionar.

El problema principal con Cuba no es que aún despierte fantasías y deseos revolucionarios, sino que el problema es el olvido
Estuve con Jorge Edwards, justo en los meses que él describe en Persona non grata . Recuerdo que gracias a Jorge, que era diplomático, pudimos llevar a José Lezama Lima a comer en uno de esos comedores donde sólo podían ir los diplomáticos. Pobre Lezama, comió con una felicidad, a él le gustaba mucho comer. Hablamos de todo menos de política, claro está. Pero al salir, al despedirnos, recuerdo que me apretó la mano y me dijo: “Tú te has dado cuenta en el país en el que yo estoy viviendo”, le respondí que sí, pero me volvió a apretar la mano y repitió: “Pero te has dado cuenta en el país en el que yo estoy viviendo” y le contesté: “Sí, me he dado cuenta”. Esa fue la última vez que lo vi.

Al poco tiempo vino la captura de Padilla, la carta que escribimos varios y que significó la ruptura de un número importante de intelectuales que no éramos comunistas pero que habíamos hecho nuestra la causa de la Revolución cubana. Para mi fue muy importante, porque yo recuperé una libertad que había perdido durante esos años, por ese chantaje que fue tan eficaz de “no dar armas al enemigo”, “no puedes atacar a la Revolución cubana sin convertirte tú en un aliado del colonialismo, del imperialismo o del fascismo”. Bueno, pues a partir de entonces fui muchísimo más libre y me quedó por siempre, hasta ahora, la idea de haber contribuido de alguna manera a crear ese mito y a apoyar un sistema –que ya tiene 55 años- que ha convertido a Cuba en un campo de concentración y que ha frustrado a por lo menos tres generaciones de cubanos.

Quizás esa es la razón por la que yo he sido tan insistente en mis críticas a Cuba, es una manera de ejercitar una autocrítica. Porque creo que nosotros contribuimos muchísimo, y en eso el régimen cubano fue sumamente hábil, para conseguir esa adhesión intelectual, periodística, académica que contribuyó tanto a crear ese mito, que todavía –aunque parezca mentira y felizmente en círculos cada vez más pequeños- sobrevive. El mito ya se ha despedazado en gran parte .

El problema principal con Cuba no es que aún despierte fantasías y deseos revolucionarios, sino que el problema es el olvido, el desinterés. Mucha gente se siente harta del tema cubano y entonces hay un gran desapego. Muchas veces cuando se trata que el tema cubano pase a la agenda, hay un escepticismo tal, como si no fuera un fenómeno social y humano. ¿Qué puedes hacer contra un terremoto, contra un tsunami? nada, pues Cuba es como un terremoto o un tsunami para mucha gente.


http://www.14ymedio.com/entrevista/Mario_Vargas_Llosa_0_1596440346.html

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Re: “El mito de Cuba ya se ha despedazado en gran parte”

Mensaje por raptor f/22 el Mar Jul 15, 2014 11:56 am

muy interesante,sobre todo el final y el porque en su vision de el mito que aun sobrevive en muchos y la inacion de montones de paises hacia nuestro problema

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Re: “El mito de Cuba ya se ha despedazado en gran parte”

Mensaje por Opossum el Mar Jul 15, 2014 1:46 pm

“A mi padre le debo el odio al autoritarismo que él encarnaba”
El escritor Mario Vargas Llosa conversa sobre literatura, democracia y América Latina en la segunda parte de una entrevista con 14ymedio

YOANI SÁNCHEZ, Madrid | Julio 15, 2014
Durante la conversación mantenida con el escritor y Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en su casa de Madrid, hablamos de su pasión por Cuba y su decepción con el mito revolucionario tal y como reflejamos ayer en la primera parte de esta entrevista. Hoy, comparto con los lectores el resto de este diálogo, centrado en la democracia, la literatura y América Latina.

Pregunta. ¿Cómo ve ahora mismo la salud del modelo democrático y de las libertades ciudadanas en América Latina?

Respuesta. Si lo comparamos con el ideal, claro tendemos a deprimirnos. Pero si comparamos América Latina desde el punto de vista democrático con lo que ha sido hasta relativamente hace pocos años, hay un progreso considerable.

Cuando yo era joven América Latina era una hilera de dictaduras y las democracias como Chile y Costa Rica eran realmente la excepción a la regla. Eso ha cambiado radicalmente hoy en día, ya prácticamente no hay dictaduras militares. Hay una dictadura. que es la de Cuba; una cuasi dictadura, que es Venezuela, y después democracias que son muy imperfectas. Se encuentran distintos grados de calidad y hay algunas democracias latinoamericanas que son muy elementales y otras más avanzadas. Sin embargo, la tendencia democrática predomina sobre la tradición autoritaria que fue tan fuerte en nuestros pueblos.

Mi impresión es que eso no es casual, se debe a que hay consensos sobre la democracia muchísimos más amplios que en el pasado. Existe una derecha que ha aceptado que la democracia es preferible a la dictadura, que da más garantías institucionales, para la propiedad y para la empresa. Tenemos además una izquierda que tampoco era democrática, que ha ido aceptando –o resignándose- a la democracia. Lo que explica casos como el de Uruguay, donde una izquierda muy extrema toma el poder y, sin embargo, la vía democrática funciona, la libertad de expresión funciona, incluso funciona la economía de mercado. Eso explica también el fenómeno de La Concertación en Chile, que respetó los preceptos de la democracia y no cambió la política económica de la dictadura, porque dio buenos resultados. La Concertación respeta ese modelo pero amplía de la libertad económica a la libertad política, lo que trae a los chilenos un período extraordinario de prosperidad y bonanza.

Esa tendencia hacia la democracia va a continuar, con altibajos, pero difícilmente habrá un retroceso que restablezca la tradición autoritaria que fue tan catastrófica para América Latina.

P. ¿Cómo incluye usted el caso de Perú?

R. Los peruanos hemos tenidos muchas dictaduras a lo largo de nuestra historia. Si hago un balance desde mi nacimiento hasta la fecha, probablemente hemos vivido más dictaduras que gobiernos democráticos. Quizás la gran diferencia es que las últimas dictaduras que nosotros hemos tenido, desde la del General Velasco Alvarado hasta la de Alberto Fujimori, tuvieron consecuencias tan catastróficas que de alguna manera han vacunado a parte de la población contra la idea de que una dictadura es lo más eficiente para traer prosperidad económica o para alcanzar la justicia social.

Nosotros hemos vivido dictaduras de derecha y de izquierda y han traído una corrupción generalizada o un empobrecimiento atroz del país, como durante la época de Velasco, que fue una dictadura militar más bien de izquierdas, o con el primer período de Alan García, que no fue una dictadura pero fue un gobierno populista, que con sus nacionalizaciones y su desafío a todos los organismos internacionales empobreció al país bárbaramente. Finalmente la dictadura de Fujimori, que ha sido probablemente la que más ha robado. Una investigación de la Defensoría del Pueblo calculó en 6.000 millones de dólares más o menos lo que robó y sacó al extranjero el régimen de Fujimori. Para un país pobre como Perú, eso es notable.

Todo eso hace que cuaje, a partir del año 2000, un consenso que en Perú no había habido a favor de la democracia política y la libertad económica. Consenso a favor de la democracia política había habido en algunos períodos, pero de libertad económica no había habido nunca. Hoy en día por primera vez lo hay. Ese consenso ha traído al Perú unos 15 años tan buenos, tan prósperos, que mi esperanza es que eso dure hasta que llegue a ser irreversible. Aunque la verdad es que nada es irreversible, como ha demostrado la historia moderna.

P. En el prólogo de un poemario para niños escrito por José Martí, él afirma "Hijo, espantado de todo me refugio en ti". ¿En su caso, se habrá espantado tanto de la realidad como para encontrar refugio en la literatura?

R. Sí, la literatura fue mi refugio cuando yo era niño, cuando conocí a mi padre con el que tuve una relación muy difícil. Lo conocí cuando tenía 11 años y era una persona muy autoritaria que me aisló prácticamente de mi familia materna, con la que yo había vivido el "paraíso" prácticamente. Mi padre era muy hostil a mi vocación literaria. Apenas la descubrió, él pensó que eso era un fracaso terrible en mi vida. A él le debo muchas cosas: haber descubierto el miedo y haber descubierto el odio al autoritarismo que él encarnaba. La hostilidad de mi padre a mi vocación literaria hizo que yo me aferrara a esa vocación y que encontrara en ella un refugio, una manera distinta de vivir esa vida de miedo que yo tenía en la casa de mis padres, por culpa de mi padre.

Eso lo veo ahora, en esa época no lo veía. La literatura era una forma indirecta de resistir a la autoridad de mi padre haciendo algo que él detestaba y que él quería eliminar de mi vida. Escribir se convirtió en algo más importante, más trascendente, más íntimo que lo que había sido. Hasta entonces, era como una especie de juego en el que mi familia materna me celebraba. Con mi padre era un riesgo escribir poemas y "cuentecitos", pero a la vez era una manera de defender la libertad y la autonomía que yo perdía ante él.

Sí, en mi juventud la literatura fue un refugio, pero en mi vida la literatura ha sido para mí mucho más que eso. En la literatura podemos vivir aquello que en la propia vida no podemos experimentar. Somos seres dotados de imaginación y de deseos, eso nos hace eternos insatisfechos porque nunca la vida va a darle a nadie todo aquello que desea. Quisiéramos vidas más diversas, más ricas y más intensas que la que tenemos. Para eso hemos inventado la literatura, para eso existen las ficciones, para compensarnos de lo limitada que es nuestra vida.

Así que la literatura es refugio, pero también la posibilidad de completar esas vidas incompletas que estamos obligados a tener. Sin embargo, la literatura es mucho más que eso, porque a la vez que aplaca ese apetito de experiencias distintas, lo atiza, atiza la necesidad que se traduce en mayor insatisfacción. Si leemos mucho nos convertimos en seres profundamente insatisfechos con el mundo tal y como es. Nada nos hace descubrir de una manera tan vívida, tan persuasiva, que el mundo está mal hecho y que es insuficiente para satisfacer las aspiraciones humanas como la buena literatura.

Cuando se sale de la lectura de una gran novela, como El reino de este mundo de Alejo Carpentier, o de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o de un cuento de Jorge Luis Borges, ¿qué cosa descubres? que la realidad es muy pobre comparada con esa realidad maravillosa que te ha hecho vivir, con esa fantasía, esa lengua. Eso nos hace seres insatisfechos y seres rebeldes, que queremos que el mundo sea mejor que como es y ese es el motor del progreso. Lo que hace que el mundo haya ido evolucionando, que hayamos salido de las cavernas y que hayamos llegado a las estrellas. La literatura es un extraordinario estímulo para la insatisfacción y la rebeldía, también una crítica permanente contra lo existente. Si no hubiera esa crítica y esa insatisfacción hacia lo existente, la literatura no existiría.

P. ¿Entonces la literatura es culpable de muchas insatisfacciones?

R. Yo creo que sí y la mejor prueba de eso es que todos los regímenes que han tratado de controlar la vida de la cuna a la muerte, lo primero que han hecho es tratar de controlar la creación literaria. Tratan de someter a la ficción, porque han visto un peligro en esa libre creatividad que la ficción significa. Dictaduras religiosas, dictaduras ideológicas, dictaduras militares... lo primero que hacen es establecer sistemas de censura. Yo creo que no se equivocan, porque de alguna manera la literatura es una fuente de sedición, discreta e indirecta, pero una fuente de sedición.

P. Preside la Fundación Internacional para la Libertad (FIL). ¿Cómo evalúa el trabajo de la fundación? ¿Siente que ha arado en el mar?

R. No sé si ha tenido el efecto que hubiéramos querido tener. De hecho existe, llevamos doce años, hemos hecho muchísimas conferencias, seminarios, difundiendo las ideas liberales. Defendemos la democracia, pero dentro de la democracia defendemos la doctrina liberal, contra la que hay muchos prejuicios. Incluso la palabra liberal ha sido satanizada y esa es una gran victoria de la izquierda más dogmática, haber convertido a la palabra "liberal" en una mala palabra, como asociada a la explotación, a la injusticia, a la dictadura.

La tarea de la Fundación Internacional para la Libertad es combatir esa satanización de la doctrina liberal y difundir la cultura que ha traído las mayores reformas y transformaciones a la sociedad desde la creación de la democracia, de la idea de los Derechos Humanos, de la idea del individuo como el pilar de la sociedad, dotado de unos derechos y deberes que deben ser respetados y ejercidos con plena libertad. Ese es el tipo de ideas que queremos difundir y ¿hasta qué punto lo hemos logrado? Algo hemos hecho y creo que sería peor si no hiciéramos las cosas que hacemos, aunque sean insuficientes.

http://www.14ymedio.com/entrevista/Mario_Vargas_Llosa-literatura-fuente-sedicion_0_1597040284.html

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