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El acoso, un arma de la Seguridad del Estado cubano

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El acoso, un arma de la Seguridad del Estado cubano

Mensaje por traslaverdad el Lun Jul 14, 2014 10:25 am

Oscar Casanella, de 35 años, investigador del cáncer en La Habana, afirma que él sólo quería celebrar una fiesta en honor de Ciro Díaz, un amigo suyo desde hace años que toca en un grupo de música punk-rock.
El problema es que su amigo Díaz es el guitarrista principal de Porno Para Ricardo, un grupo cuyas canciones llenas de obscenidades incluyen ataques al ex gobernante cubano Fidel Castro, como por ejemplo: El comandante quiere que yo lo aplauda / después de hablar su mierda delirante.
De modo que la fiesta de Casanella se convirtió en un ejemplo de cómo el sistema comunista de Cuba trata de moler a los ciudadanos que le resultan incómodos, empezando con amenazas de bajo nivel y aumentando la presión si el blanco de las mismas se niega a corregir su conducta.
Los agentes de la policía y la Seguridad del Estado de Cuba pueden golpear a disidentes, arrestarlos por breves períodos para acosarlos o intimidarlos, allanar sus viviendas, confiscar sus teléfonos y computadoras, espiar sus conversaciones y expulsarlos de la escuela.
“Pero también pueden aplicar presiones psicológicas de baja intensidad, como llamadas anónimas a media noche, un carro que te pasa muy de cerca, un agente que se para ahí solo para enseñarte que te están vigilando”, dijo el disidente Guillermo Fariñas a una concurrencia de Miami el año pasado.
Casanella dijo que Díaz, íntimo amigo suyo desde el preuniversitario, lo llamó al final de un viaje a Europa para avisarle que regresaba a La Habana el 6 de diciembre del 2013, un viernes. Casanella le prometió una fiesta de bienvenida en su propia casa ese sábado.
“Este fue el preámbulo de su historia kafkiana”, escribió Lilianne Ruiz, quien reportó por primera vez el caso el 4 de julio en Cubanet, un website de noticias sobre Cuba radicado en Miami.
El jueves antes de la fiesta cuatro hombres y mujeres de unos 60 años que él no conocía se le acercaron cuando salía de su casa en el municipio Plaza de La Habana y lo amenazaron, dijo Casanella el jueves a el Nuevo Herald.
“Me dijeron: ‘no puedes hacer ninguna actividad ni ninguna fiesta por estos días, hay personas que pueden hacerte daño e incluso nosotros te podemos hacer daño’”, dijo. El les preguntó qué derecho tenían a amenazarlo, pero ellos se negaron a identificarse y se fueron.
Casanella dijo que él supuso que los cuatro sabían de la fiesta a través de la vigilancia por parte de la Seguridad del Estado de las llamadas telefónicas de Díaz o tal vez de las suyas propias. El ha estado en reuniones del grupo disidente Estado de SATS, pero dijo que no se consideraba a sí mismo un disidente.
Esa misma noche telefoneó a la policía para reportar el incidente, pero no le hicieron caso, dijo. Cuando fue el sábado a la estación de policía más cercana, los agentes se negaron a anotar su queja. Pero llamaron a uno de los hombres que lo habían amenazado, y “delante de mí le dijeron que parara y lo trataron como a un niñito”.
Vecinos le dijeron luego que los cuatro eran antiguos miembros del Comité de Defensa de la Revolución de su barrio, una organización de vigilancia progubernamental, quienes estaban operando como una especie de auxiliares de la Seguridad del Estado, dijo el investigador del cáncer.
Entonces Casanella salió de la estación de policía pensando que ese sería el fin del acoso. Pero al llegar a su casa, dos hombres vestidos de civil se identificaron como agentes de la Seguridad del Estado. Le dijeron que querían hablar con él adentro de la casa, pero se negaron a mostrar identificación alguna.
“Parecían más delincuentes que agentes, y yo les dije que no”, afirmó Casanella. Los hombres entonces subieron de tono las amenazas. “Me dijeron que me iban a joder la vida a mí y a mi familia, que me iban a meter preso, que yo podía pensar lo que yo quisiera pero no podía decirlo”.
La fiesta se celebró ese sábado de todos modos, dijo el investigador, con unas 50 personas bebiendo y bailando mientras que cuatro hombres vestidos de civil vigilaban el frente y la parte de atrás de la casa, y una vecina anotaba las chapas de todos los carros estacionados afuera.
Las presiones se recrudecieron el lunes, cuando Casanella regresó a su trabajo en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, donde está preparando su doctorado. Su supervisor, Pedro Fernández Cabezas, le advirtió que podría perder su trabajo. El ambiente de su trabajo “se volvió hostil”, y fue dejado fuera de una nueva e importante linea de investigación.
Peor aún, fue rechazado cuando apeló a Lorenzo Anasagasti, supervisor y mentor suyo quien lo había patrocinado para una beca en Suiza en el 2011-2013. “Si la Seguridad del Estado me dice que tengo que trasladarte fuera del Oncológico lo hago, porque yo quiero más a mis hijos que a ti”, dijo Anasagasti según Casanella.
“Ya yo estaba muy nervioso, y lo que él dijo me derrumbó desde el punto de vista psicológico”, recordó Casanella.
No sucedió nada más hasta abril, cuando fue llamado a la estación de policía de su barrio para una reunión con el capitán José Antonio Blasco Pérez. El capitán lo llevó a una habitación con tres agentes de la Seguridad del Estado. De nuevo, no dieron sus nombres, sólo amenazas.
Ellos llamaron a sus amigos disidentes ““mercenarios, terroristas”, dijo Casanella. Ellos le dijeron que podían hacer que lo despidieran o lo transfirieran a un trabajo de investigación menos importante o incluso a una clínica de barrio común y corriente. Le dijeron que podían hacerles daño a sus familiares.
El pidió presentar una queja a la policía allí mismo, dijo. La policía se negó de nuevo.
Casanella sonaba casi incrédulo mientras contaba su historia, y dijo que había preguntado repetidas veces a los agentes de la Seguridad del Estado, la policía y sus supervisores qué derechos tenían a amenazarlo y a tratar de obligarlo a abandonar a sus amigos.
El reunió cartas de apoyo de algunos trabajadores de su instituto. Escribió cartas de queja al gobernante cubano Raúl Castro, al Ministerio del Interior, el cual está a cargo de la policía y la Seguridad del Estado, e incluso a una fiscalía.
La fiscalía le respondió en una carta del 1 de julio. La policía y la Seguridad del Estado no tienen constancia ni recuerdo alguno de haberse reunido con Casanella, le dijeron.
JUAN O. TAMAYO
JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM

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