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La otra cara del eje Caracas-La Habana

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La otra cara del eje Caracas-La Habana

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 22, 2007 6:26 am

Por: Fernando Luis Egaña

La cubanización del poder público venezolano tiene una contrapartida en la venezolanización de la sociedad cubana. Sin proponérselo, Chávez puede estar ayudando a construir el sepulcro a la era y al legado de Fidel Castro.

El tema de la cubanización de Venezuela tiene tantas facetas que se ha hecho un lugar común afirmar que quién en manda en Miraflores es el viejo Fidel. Sin duda que nunca antes la conducción del Estado nacional había estado tan sujeta a una influencia externa específica, como lo que ejerce, desde su insuperable experiencia, el más longevo dictador del mundo sobre el ya sexenal presidente venezolano.

La "revolución bolivariana" es hermana menor de la revolución cubana, suele reiterar el señor Chávez en sus arranques heroicos. Eso no está en disputa, pero toda moneda tiene dos caras y la que representa el llamado eje Caracas-La Habana no es la excepción. El tema, por tanto, de la venezolanización de Cuba tiene su lugar debajo del sol. En nuestro país, ha sido un empresario de impecable tradición capitalista, Alberto J. Vollmer, quien primero ha pulsado la tecla.

Escribió Vollmer para el vespertino TalCual que Cuba se estaba convirtiendo en una posesión venezolana, que ya no podía vivir sin nuestro petróleo, y que la falta de su suministro tendría un efecto más devastador que un tsunami o que otra invasión de Bahía de Cochinos. El influjo venezolano también se siembra en el campo de las expectativas sociales, económicas y hasta políticas del pueblo cubano. Las red de relaciones que se derivan del eje Caracas-La Habana tienen un impacto profundo en el denominado "mar de la felicidad".




Los números de Fidel

En un reciente discurso ante la Asamblea del Poder Popular, Fidel Castro afirmó que el número de "voluntarios" cubanos en Venezuela era de 25 mil. Cifra quizá conservadora pero no definitiva ya que, por lo general, el régimen de permanencia de los médicos, paramédicos, asesores técnicos, deportivos y de "seguridad," es de carácter rotatorio. Si la multiplicamos por dos –lo cual es razonable si tomamos en cuenta los seis años largos de la "revolución bolivariana" y los casi dos años del despliegue de las "misiones"-- tendríamos que, en números redondos, 50 mil cubanos han formado parte del "voluntariado" en Venezuela. Puede que sean más.

Cuba cuenta con 11 millones 200 mil habitantes, lo que implica la existencia aproximada de 280 mil familias. Si las cifras antes mencionadas fueran, como creo, realistas, podrían significar que una de cada cinco o seis familias cubanas ha tenido, en tiempos recientes, a uno de sus miembros en Venezuela. Se trata de una conexión social y directa a gran escala que, lejos de pasar inadvertida al interior de Cuba, puede estar generando efectos de profundas consecuencias.

Un conocido empresario venezolano-alemán que lleva 20 años de relaciones comerciales con Cuba, decía en estos días que para un cubano ser seleccionado para venir a Venezuela, era como para un venezolano ganarse un premio de lotería. Las condiciones de vida en extrema dificultad del cubano común hacen de la posibilidad de venir a vivir en Venezuela una genuina esperanza de mejoramiento personal y familiar. Inclusive en circunstancias de trabajo y habitat que serían consideradas precarias de acuerdo a los estándares venezolanos.

Ello se entiende no sólo por el acceso a beneficios materiales de la vida diaria, imposibles de alcanzar para un ciudadano silvestre en Cuba, sino por el disfrute de libertades públicas, como la de expresión o movimiento, que no tienen cabida bajo el régimen fidelista. Para una médica de Cienfuegos, morar en un torreón de Barrio Adentro en cualquier barriada popular de Caracas, puede que sea un salto cuántico en su estilo de vida.

La revolución cubana ha emprendido tres grandes "cruzadas internacionalistas" que han supuesto la movilización masiva de personas a destinos extranjeros: para la guerra de Angola y otros países africanos en la década de los 70, para la Nicaragua sandinista en los años 80, y ahora a Venezuela. La diferencia es abismal entre el castigo angoleño o nicaragüense y el premio venezolano. Para buena parte de nosotros, Venezuela va en franco retroceso, pero para un cubano de a pie se trata de un avance exponencial. Se hace lógico y natural, entonces, que la sociedad cubana ponga su mirada en una realidad que día a día está conociendo más y mejor: la realidad venezolana que, a pesar de todos los pesares, le lleva incontables caballerías de ventaja al comunismo castrista.

Anonymou
Invitado


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Re: La otra cara del eje Caracas-La Habana

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 22, 2007 6:27 am

El Alba: una especie de plan Marshall para Cuba

Se comenta que Fidel Castro, aunque ateo, piensa que a Chávez se lo mandó Dios. De la caída del Muro de Berlín, en 1989, hasta el triunfo electoral de Chávez, en 1998, Cuba atravesó un desierto de 10 años que la dejó aún más extenuada que antes. Sin el doble subsidio soviético, a la venta de petróleo y a la compra de azúcar, la economía cubana se hundió a niveles subsaharianos. Las cosas han empezado a cambiar desde entonces.

Venezuela le suministra 75 mil barriles diarios de petróleo lo que equivale, al precio promedio de la cesta venezolana en el 2005, la bicoca de 1.100 millones de dólares por año. Ya hasta la propia Casa Amarilla ha perdido la cuenta de los convenios de cooperación y asistencia que las plumas de Chávez y Castro han suscrito. Uno de los hermanos Chávez, Adán, es el embajador en La Habana, y otro, Nacho, es el "coordinador" de los acuerdos.

Aunque sea prácticamente imposible --por ahora-- contabilizar el monto del subsidio venezolano a Cuba, lo cierto es que se extiende en áreas tan diversas como el servicio de la deuda externa, la importación de productos a través de "traders" cubanas, la construcción de obras públicas y el fomento de negocios bi-nacionales. Esto último mediante un mecanismo de triangulación en virtud del cual, el Banco Industrial de Venezuela le abre líneas de crédito a empresas estatales cubanas, que a su vez compran bienes y servicios a empresas venezolanas, y al final la deuda se saldaría con un porcentaje de los ingresos recibidos por el turismo criollo en Cuba….

Es probable, así mismo, que el tema del aprovechamiento de las "reservas excedentarias" del BCV tenga que ver con los planes de cooperación con Cuba. El Alba, o "Alianza Bolivariana para las Américas", parece que se sustenta en la botija llena del fisco nacional. En todo caso, no puede dejarse de reconocer que la contraparte cubana, bien en la atención médica en la isla, bien con el "voluntariado internacionalista" en Venezuela, desarrolla una labor de innegable proyección, tanto en los beneficios sociales como en las implicaciones políticas. Y en ambos lados del "eje".

El tema sucesoral

Casi octogenario, Fidel Castro debe estar tratando de "amarrar" la sucesión de su era. Su peor pesadilla será la premonición de su paisano, el escritor Heberto Padilla, según la cual la bandera norteamericana llegaría a cubrir la geografía de Cuba. El futuro "post-mortem" de la revolución cubana luce incierto y el potencial de violencia no debe subestimarse. Pero el factor Chávez, por aquello de que nadie sabe para quien trabaja, puede estar poniendo de su parte para una eventual transición democrática.

Para Miraflores la continuidad de la "revolución cubana", con todo y afeites, es lo ideal. Chávez ha hecho de Fidel su símbolo o fetiche, como se prefiera. Para Fidel, la única garantía disponible para que su "obra" no corra una suerte parecida a la de otros "socialismo reales", es la acrecentada influencia del petro-estado bolivariano. Si el eje Caracas-La Habana, con su Alba, su supuesto "socialismo de Siglo XXI" y su retórica anti-gringa, es el modelo a enseñar a lo largo y ancho de la región, entonces su supervivencia es prioritaria para el sustento de Chávez. Pero, ¿será posible?

A pesar que la venezolanización de Cuba también debe generar su dosis de resquemores por los privilegios y preferencias que ya tienen los venezolanos en el país antillano, el "efecto demostración" que surge del contacto masivo y directo entre decenas de miles de nacionales de una sociedad encerrada en un sistema totalitario, y las características y valores de cultura democrática de la vida venezolana en general, de seguro que contribuirá, más allá de las aspiraciones de control de las voluntades oficiales, a abrir las opciones de un horizonte democrático para la escarmentada nación cubana. Que desde luego no estará exento, por algunas de las razones acá señaladas, de un complejo y accidentado camino,

Anonymou
Invitado


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