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DEstruccion genetica y la Critica al Trashumanismo

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DEstruccion genetica y la Critica al Trashumanismo

Mensaje por ElpidioValdez el Dom Sep 23, 2012 1:12 pm



El Transhumanismo es tanto un concepto filosófico como un movimiento intelectual internacional que apoya el empleo de las nuevas ciencias y tecnologías para mejorar las capacidades mentales y físicas con el objeto de corregir lo que considera aspectos indeseables e innecesarios de la condición humana, como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento o incluso en última instancia la mortalidad. Los pensadores transhumanistas estudian las posibilidades y consecuencias de desarrollar y usar la tecnología con estos propósitos, preocupándose por estudiar tanto los peligros como los beneficios de estas manipulaciones.[1]

El término "Transhumanismo" se simboliza como H+ (antes >H), y es usado como sinónimo de "humano mejorado".

Aunque la primera vez que se usó el término transhumanismo data de 1957, el significado contemporáneo se desarrolló en la década de 1980, cuando un grupo de científicos, artistas y futuristas establecidos en los Estados Unidos empezó a organizar lo que desde entonces ha crecido hasta constituir el movimiento transhumanista. Los pensadores transhumanistas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta devenir en posthumanosA pesar de lo reducido del número de personas que se calificarían a sí mismas como tales, las visiones transhumanistas de una humanidad futura profundamente transformada han atraído a un gran número tanto de críticos como de partidarios de todo tipo. Ha sido descrito por Francis Fukuyama como «la idea más peligrosa del mundo»,[3] mientras que Ronald Bailey considera que es un «movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad

CRiticas a este movimiento.

Las críticas al transhumanismo proceden de dos puntos de vista: los que cuestionan la verosimilitud de las metas transhumanistas (críticas prácticas), y los que cuestionan los principios morales del transhumanismo (críticas éticas). Sin embargo, estas dos corrientes a menudo convergen y se solapan, particularmente cuando se considera la ética de cambiar la biología humana sin conocer por completo su funcionamiento.

Los críticos con el transhumanismo a menudo ven las metas transhumanistas como amenazas a los valores humanos. Algunos añaden que los esfuerzos transhumanistas de mejorar la condición humana podrían desviar recursos de búsqueda de posibles soluciones sociales. Como muchos transhumanistas apoyan cambios no tecnológicos de las sociedades, como la difusión de las libertades políticas y de procreación, y muchos críticos apoyan avances en áreas como las telecomunicaciones y la medicina, la diferencia a menudo es cuestión de énfasis. A veces, sin embargo, hay fuertes desacuerdos acerca de los principios involucrados, con visiones divergentes de la humanidad, la naturaleza humana y la moralidad de las aspiraciones transhumanistas. Al menos una de las autodenominadas organizaciones socialmente progresivas, el Center for Genetics and Society (centro para la genética y sociedad), ha nacido con la meta específica de oponerse a los objetivos transhumanistas que puedan conllevar modificaciones transgeneracionales de la biología humana, como la clonación humana y la aplicación de la ingeniería genética en humanos. En sintonía con esta organización, la publicación ecologista World Watch, detractora habitual de los organismos genéticamente modificados, ha mostrado su preocupación ante la posibilidad de aplicar tales tecnologías en humanos, dedicando un número a hacer un compendio de todas las líneas de crítica articuladas hasta el momento.[58]

[editar] Críticas de inviabilidad técnicaEl sociólogo Max Dublin, en su libro Futurehype: The Tyranny of Prophecy (que se podría traducir como “Exagerando el futuro: la tiranía de la profecía”), comenta varias predicciones fallidas pasadas acerca del progreso tecnológico y argumenta que las predicciones futuristas modernas serán también desacertadas. También critica lo que ve como cientifismo, fanatismo y nihilismo en el transhumanismo y encuentra paralelismos históricos entre las religiones milenarias y las doctrinas marxistas.[59]

En su libro de 2002 Redesigning Humans: Our Inevitable Genetic Future ("Rediseñando humanos: nuestro inevitable futuro genético"), el biofísico Gregory Stock, a pesar de sus simpatías hacia el movimiento transhumanista, se muestra escéptico acerca de la viabilidad técnica o la posible popularidad de una cyborguización de la humanidad al estilo de la predicha por Raymond Kurzweil, Hans Moravec y Kevin Warwick. Cree que durante el siglo XXI, muchos humanos se integrarán profundamente en sistemas mecánicos, pero seguirán siendo principalmente biológicos y pronostica que los cambios principales en la forma y el carácter no provendrán del cyberware, sino de la manipulación directa de la genética, el metabolismo y la bioquímica.[60]

Los pensadores que defienden la verosimilitud del cambio tecnológico masivo a corto plazo enfatizan lo que describen como un patrón de incremento exponencial en las capacidades tecnológicas humanas. Este énfasis es muy claro en la obra de Damien Broderick, especialmente en The spike (1997) (La púa), que contiene pronósticos sobre un futuro radicalmente modificado. Kurzweil desarrolla esta línea con más detalle en su libro de 2005 The singularity is near (La singularidad está cerca). Broderick destaca que muchas de las predicciones que parecían imposibles en los inicios de la ciencia ficción se han cumplido, como la energía nuclear y los viajes espaciales a la luna. También argumenta que las predicciones actuales se basan en el racionalismo, y que observadores como Kurzweil han predicho con éxito pasadas innovaciones.[61]

[editar] Críticas de inmoralidadLas acusaciones de inmoralidad proceden tanto de sectores religiosos como laicos.

La primera categoría se basa en lo supuestamente inapropiado del hecho de que los seres humanos se coloquen a sí mismos en el lugar de Dios. Este punto de vista está ejemplificado por la declaración del Vaticano de 2002 Comunión y corresponsabilidad: Personas humanas creadas a imagen de Dios,[62] en la que se declara que “Cambiar la identidad genética del hombre como persona humana mediante la producción de seres infrahumanos es radicalmente inmoral”, puesto que tal cosa supondría que “el hombre tiene pleno derecho de disponer de su propia naturaleza biológica”. Al mismo tiempo, califican la creación de un superhombre o de un ser espiritualmente superior como “impensable”, dado que la verdadera perfección sólo puede provenir de la experiencia religiosa.

La segunda categoría se centra en los intentos de alcanzar las metas humanistas mediante la modificación genética de los embriones humanos para crear “bebés de diseño”. Estas críticas ponen énfasis en la cuestión de la biocomplejidad y la impredecibilidad de los intentos para guíar el desarrollo de los productos de la evolución biológica. Este argumento, elaborado en particular por el teólogo Stuart Newman, se basa en que la clonación de animales es proclive a errores y perjudicial para el desarrollo del embrión. De acuerdo con esto, aplicar estos procesos a los embriones humanos crearía riesgos inaceptables, y realizar experimentos en humanos, particularmente los que tengan consecuencias biológicas permanentes, sería una violación clara de los principios que gobiernan la experimentación con humanos (véase la Declaración de Helsinki). Además, dado que obtener mejores resultados en la manipulación de otras especies no sería inmediatamente aplicable a los seres humanos sin previa experimentación, no cabría ningún camino ético para la manipulación genética de humanos en las etapas iniciales del desarrollo.[63]

Sin embargo, desde un punto de vista práctico, los protocolos internacionales sobre investigación de la condición humana no representan un obstáculo legal a los intentos de los transhumanistas de mejorar sus capacidades mediante la ingeniería genética. De acuerdo con la experta en leyes Kirsten Rabe Smolensky, las leyes existentes protegerían a los padres que eligiesen mejorar el genoma de sus hijos.[64]

Los pensadores religiosos que apoyan las metas transhumanistas, como los teólogos Ronald Cole-Turner y Ted Peters, rechazan el primer argumento, sosteniendo en cambio que la doctrina de la co-creación obliga al uso de la ingeniería genética para mejorar la biología humana.[65] [66]

Los transhumanistas y otros partidarios de la ingeniería genética no rechazan completamente el segundo argumento, pues hay una gran incertidumbre sobre los resultados de los experimentos en ingeniería genética en humanos. Sin embargo, los transhumanistas dicen que el mayor riesgo descansa en no usar ingeniería genética, porque las tecnologías actuales ya amenazan el entorno[67] y un gran número de humanos muere por causas potencialmente solucionables. Esto implica que los beneficios potenciales de las tecnologías de mejora humana superan los peligros potenciales, así que el imperativo moral, si hay alguno, sería empezar a usar estas tecnologías tan pronto como sea posible.[68] Además, los transhumanistas añaden que “alterar la naturaleza” es algo que los humanos han hecho durante milenios con beneficios tangibles.[69] Ante esto, el bioético James Hughes sugiere la posibilidad de construir modelos computerizados del genoma humano, así como de las proteínas y los tejidos que se encuentran codificados en el mismo. Los avances exponenciales en la bioinformática permitirán, según Hughes, anticipar los posibles efectos de la ingeniería genética en humanos mediante su previa experimentación en un modelo virtual.[24] Por su parte, el profesor de salud pública Gregory Stock considera los cromosomas artificiales como una opción más segura que las técnicas de ingeniería genética existentes.[70]

[editar] Críticas sobre la concepción del cuerpo humanoLa filósofa Mary Midgley, en su libro de 1992 Science as Salvation, identificó el origen de la noción de alcanzar la inmortalidad mediante la trascendencia del cuerpo humano (recogido en la propuesta transhumanista de transferencia mental) en un grupo de pensadores científicos de principios del siglo XX, entre ellos J.B.S. Haldane. Midgley considera estas ideas «sueños y profecías cuasi-científicos» que involucran una visión escapista del cuerpo humano junto a «fantasías auto indulgentes y descontroladas». Su argumento se centra en lo que considera especulaciones pseudocientíficas, fantasías irracionales conducidas por el miedo a la muerte, y lo remoto de sus puntos de vista escatológicos.[71]

Lo que ha sido percibido como desdén por la carne en los escritos de Marvin Minksy, Hans Moravec y algunos transhumanistas, ha sido también el objetivo de otras críticas por lo que consideran que es una concepción instrumental del cuerpo humano.[22] Reflejando una línea de la críticas feministas al transhumanismo, la filósofa Susan Bardo considera «las obsesiones con la figura, la juventud y la perfección física contemporáneas», que considera afectan por igual a hombres y a mujeres, pero de formas distintas, como «las manifestaciones lógicas (aunque extremas) de las ansiedades y fantasías presentes en nuestra cultura».[72] Algunos críticos cuestionan otras implicaciones sociales del énfasis del movimiento en la modificación del cuerpo. El científico político Klaus-Gerd Giesen, en particular, ha declarado que la preocupación transhumanista en alterar el cuerpo humano representa la consecuencia final del individualismo y la mercantilización del cuerpo propia de la cultura de consumo.[73]

Nick Bostrom dice a este respecto que el deseo de rejuvenecimiento, en particular, y de trascender las limitaciones naturales del cuerpo humano, en general, es pancultural y panhistórico, y por tanto no guarda una correspondencia unívoca con la cultura del siglo XX. Argumenta que el programa transhumanista es un intento de canalizar ese deseo en un proyecto científico en consonancia con el Proyecto Genoma y alcanzar así la esperanza más antigua de la humanidad, y no una fantasía pueril o una tendencia social.[1]

[editar] Críticas a la posible trivialización de la existencia humanaEn el libro de 2003 Enough: Staying Human in an Engineered Age, el ético ambientalista Bill McKibben argumentó extensamente contra buena parte de las tecnologías apoyadas por los transhumanistas, incluyendo la elección en la línea germinal, la nanomedicina y las estrategias de prolongación de la vida. Aseguraba que estaría moralmente mal que los humanos modificaran aspectos sustanciales de sí mismos (o de sus hijos) en un intento de superar limitaciones universales como el envejecimiento, la mortalidad, y la limitación biológica de las habilidades cognitivas o físicas. Los intentos de mejorarse a sí mismos a través de tal manipulación conllevarían eliminar las barreras que forman el necesario contexto de la experiencia humana y su libertad de elección. Argumenta que en un mundo donde tales limitaciones hubieran sido superadas por la tecnología, la vida humana habría dejado de tener sentido. Debería incluso renunciarse, según McKibben, al objetivo de la elección parental en la línea germinal con objetivos claramente terapéuticos, puesto que de permitirse no tardarían en surgir tentaciones de llevar la modificación a terrenos como el de las capacidades cognitivas. McKibben afirma que es posible que una sociedad renuncie voluntariamente a ciertas tecnologías y pone por ejemplo la China Ming, el Japón Tokugawa y a los actuales Amish.[74]

Los transhumanistas y otros partidarios de la modificación tecnológica de la biología humana, tales como el periodista científico Ronald Bailey, rechazan, por extremadamente subjetivas, las afirmaciones de que la vida sería percibida como carente de sentido si algunas de las limitaciones humanas fueran superadas gracias a las tecnologías de perfeccionamiento humano. Desde su punto de vista, dichas tecnologías no eliminarían el grueso de los retos a los que se enfrentan el individuo y la sociedad. Sugiere que una persona con mayores capacidades se enfrentaría a mayores y más complejos retos, y continuaría encontrando un sentido en la lucha por superarlos y alcanzar la perfección. Bailey también argumenta que los ejemplos históricos de McKibben son equívocos y que llevan a distintas conclusiones cuando se estudian con detenimiento.[75]

[editar] Críticas al desigual acceso a la tecnologíaAlgunos autores críticos con la corriente del transhumanismo libertario se han centrado en las consecuencias socioeconómicas que estas tecnologías tendrían sobre sociedades con crecientes desequilibrios en la renta. Bill McKibben, por ejemplo, sugiere que las tecnologías de perfeccionamiento humano estarían desproporcionadamente a disposición de aquellos con más recursos financieros, ampliando, por tanto, la brecha entre ricos y pobres y creando una brecha genética.[76] Lee Silver, biólogo y divulgador científico que acuñó el término reprogenética y que ha apoyado sus aplicaciones, ha mostrado, no obstante, su preocupación de que tales métodos podrían crear una sociedad profundamente dividida entre los que tienen acceso a tales tecnologías y los que no, si las reformas de carácter socialdemócrata continúan sin ir al paso del avance tecnológico.[77] Los críticos que expresan tales preocupaciones no aceptan necesariamente la tesis transhumanista de que la modificación genética sea un valor positivo; al parecer de algunos, debería ser desanimada, o incluso prohibida, puesto que dotaría de aún más poder a aquellos que ya son poderosos.

Estas críticas también son compartidas por los transhumanistas no-libertarios, especialmente los denominados transhumanistas democráticos en el seno de la WTA, que creen que los problemas sociales y ecológicos deben ser tratados mediante una combinación de reformas políticas y tecnológicas (tales como una renta básica universal o las energías alternativas). Por tanto, el bioético James Hughes, en su libro Citizen Cyborg: ¿Por qué las sociedades democráticas deben responder ante el hombre rediseñado del futuro? considera que los progresistas y en especial los tecno-progresistas deben formular y aplicar políticas públicas (tales como bonos de sanidad pública universal que cubran las tecnologías de perfeccionamiento humano) con el objetivo de atenuar la división causada por la disparidad en el acceso a las tecnologías emergentes, en lugar de sencillamente decidir prohibirlas. Esta última opción, argumenta, sería aún más peligrosa, pues podría agravar el problema, originando una situación en la que estas tecnologías solo estarían a disposición de los ricos, bien en el mercado negro o en países donde dicha prohibición no se aplicase.[78]

[editar] Críticas sobre las repercusiones en el orden socialSe han argumentado varios motivos por los que una sociedad que adoptase tecnologías de perfeccionamiento humano podría acercarse a la distopía descrita en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932). Ciertos autores, como Leon Kass, han mostrado su miedo a que las prácticas y las instituciones que consideramos fundamentales en una sociedad civilizada serían perjudicadas o destruidas.[79] En su libro de 2002 Our Posthuman Future, y en un artículo publicado en el 2004 en la revista Foreign Policy, el economista político y filósofo Francis Fukuyama se refiere al transhumanismo como una de las ideas más peligrosas del mundo puesto que, según él, podría minar los fundamentos igualitaristas de la democracia liberal a través de lo que llama la pérdida de un Factor X consustancial a la "naturaleza humana".[80] Por su parte, el filósofo social Jürgen Habermas usa un argumento similar en su libro de 2003 The Future of Human Nature, en el cual afirma que la autonomía moral depende de la no-dependencia de las decisiones unilaterales externas. Habermas afirma por tanto que la ética de la especie humana se socavaría mediante las modificaciones genéticas en el embrión.[81] Los críticos como Kass, Fukuyama, y varios autores cristianos mantienen la postura de que intentar modificar la biología humana no solo es intrínsecamente inmoral sino que supone una grave amenaza al orden social. En consecuencia afirman que la aplicación de dichas tecnologías llevaría a la naturalización de las jerarquías sociales o a facilitar nuevos métodos de control social en manos de regímenes totalitarios. El pionero de la inteligencia artificial Joseph Weizenbaum critica lo que considera tendencias misantrópicas en las ideas y en el lenguaje de algunos de sus colegas, en concreto en Marvin Minsky y Hans Moravec, que, al devaluar la importancia del organismo humano per se, apoyan un discurso que podría abrir el camino a políticas sociales segregantes o antidemocráticas.[82]

En un artículo publicado en el 2004 por la revista Reason, el libertario Ronald Bailey contestó los supuestos de Fukuyama argumentando que la igualdad política nunca ha estado basada en la biología humana. Afirma que el liberalismo no se asienta sobre la idea de la igualdad efectiva entre los seres humanos sino sobre la igualdad de derechos políticos ante la ley, constituyendo una igualdad de jure. Bailey indica que los efectos de la ingeniería genética bien podrían atenuar las desigualdades en lugar de exacerbarlas, poniendo a disposición de la mayoría lo que solía ser el privilegio de unos pocos. Desde este punto de vista, el liberalismo político constituye ya el marco para la solución de los derechos humanos o posthumanos, puesto que en tales sociedades la ley no distingue entre potenciales adquisitivos, educativos o genéticos.[4]

[editar] Críticas al peligro de deshumanizaciónTanto el activista biopolítico Jeremy Rifkin como el biólogo Stuart Newman aceptan que la biotecnología tiene el poder de llevar a cambio profundas modificaciones en la identidad de los organismos. Sin embargo se oponen a la modificación genética de los humanos ante el temor de que se difumine la frontera entre el hombre y su creación.[83] [84] El filósofo Keekok Leeve considera tales cambios como producto de una acelerada modernización en la que la tecnología se ha usado para transformar lo natural en artefactual.[85] Llevado al extremo, esto podía llevar a la creación y esclavización de monstruos tales como clones humanos, quimeras y biorrobots. La posibilidad de llegar a tales escenarios ha provocado peticiones de una prohibición o moratoria indefinida internacional sobre la ingeniería genética en humanos.[86]

En la revista Reason, Ronald Bailey ha acusado a estas críticos de la investigación en animales de caer en el alarmismo cuando figuran que tales experimentos llevarán a la creación de criaturas subhumanas con una inteligencia o cerebro parecidos a los del ser humano. Bailey insiste en que el único objetivo de dichas investigaciones es lograr avances médicos.[87]

Una respuesta diferente procede de los teóricos de la personalidad, transhumanistas que objetan contra lo que consideran una antropomorfobia al estilo de lo que el escritor Isaac Asimov llamó el complejo de Frankenstein. Según su visión, cualquier clon humano, animal modificado o inteligencia artificial que demostrase ser autoconsciente, sería considerado una persona merecedora de respeto, dignidad y derechos de ciudadanía. Consecuentemente argumentan que el problema no estaría en la creación de supuestos monstruos, sino en el factor-repugnancia y en el especismo que juzgaría y trataría a tales seres como monstruosos.[18] [48]

[editar] Amenaza de un regreso a la eugenesia coercitivaAlgunos críticos al transhumanismo alegan que hay un sesgo en favor de los no discapacitados en conceptos como «limitaciones» y «mejora». Algunos incluso consideran las ideologías y los programas pasados de eugenesia coercitiva, darwinismo social y la búsqueda de una raza superior, como advertencias de lo que la aplicación de las tecnologías eugenésicas podría fomentar no intencionadamente. Algunos temen futuras guerras eugenésicas: el retorno a la discriminación genética promocionada por el estado, y violaciones de los derechos humanos tales como la esterilización obligatoria o incluso el asesinato de personas con defectos genéticos y, particularmente, la segregación racial y el genocidio de las «razas» percibidas como inferiores. El profesor de derecho sanitario George Annas y el profesor de derecho tecnológico Lori Andrews son dos críticos relevantes que sostienen que el empleo de estas tecnologías podría llevar a una guerra de castas entre humanos y posthumanos.[86] [88]

Durante la mayor parte de su historia, la eugenesia se ha manifestado como un movimiento para esterilizar contra su voluntad a los «incapacitados genéticamente» y fomentar la cría selectiva de los genéticamente aptos. Las principales organizaciones transhumanistas condenan fuertemente la coerción que involucran tales políticas así como rechazan las suposiciones racistas y clasistas en las que se basan, junto a las nociones pseudocientíficas de que se puedan lograr mejoras eugenésicas en un plazo razonable mediante la cría selectiva de humanos. La mayoría de los pensadores transhumanistas abogan en cambio por una «nueva eugenesia», una forma de eugenesia liberal igualitaria. En su libro de 2000 From Chance to Choice: Genetics and Justice, los expertos en bioética Allen Buchanan, Dan Brock, Norman Daniels y Daniel Wikler argumentan que las sociedades liberales tienen la obligación de fomentar la adopción de las tecnologías de mejora eugenésicas tanto como sea posible (en cuanto tales políticas no infrinjan los derechos reproductivos de los individuos o ejerzan presiones a los padres para que empleen estas tecnologías) para maximizar la salud pública y minimizar las desigualdades que pueden resultar de las dotes genéticas naturales y el acceso desigual a los mecanismos de perfeccionamiento genético. Los transhumanistas que sostienen estas opiniones se distancian sin embargo del término «eugenesia» (en favor del término «reprogenética») para evitar que su postura se confunda con las teorías y prácticas de los movimientos eugenésicos de principios del siglo XX.[89] [90] [91] [77]

[editar] Amenazas a la supervivencia del ser humano como especieImpresionado por un párrafo del anarco-primitivista Manifiesto Unabomber escrito por Theodore Kaczynski (citado en La era de las máquinas espirituales de Kurzweil[8] ), el informático Bill Joy se convirtió en un firme crítico de las Tecnologías emergentes.[92] En su ensayo de 2000 titulado ¿Por qué el futuro no nos necesita? escribe que los humanos posiblemente acabarían asegurando su propia extinción desarrollando las tecnologías apoyadas por los transhumanistas. Menciona como ejemplo el escenario del goo gris en el que nanobots autorreplicantes fuera de control consumirían ecosistemas enteros dando como resultado una ecofagia global.[93] Las advertencias de Joy tuvieron eco entre grupos que apoyan un mayor control sobre el desarrollo tecnológico o bien se oponen al mismo. El activista Kalle Lasn, por ejemplo, participó en una parodia del Manifiesto Cyborg escrito en 1985 por Donna Haraway viendo en el mismo aspectos tecno-utópicos que por otra parte ella misma critica.[94] Lasn argumenta que debería renunciarse completamente al desarrollo de nuevas tecnologías puesto que sirven inevitablemente a los intereses de las corporaciones con devastadoras consecuencias sobre la sociedad y el medio ambiente.[95]

En su libro Nuestra hora final, el astrónomo real británico Martin Rees afirma que el avance científico-técnico traerá consigo tantos riesgos de desastre como oportunidades de progreso. En todo caso Rees no propone detener la investigación sino que reclama controles de seguridad más estrictos y tal vez limitaciones a la tradicional transparencia científica.[96] Partidarios del principio de precaución, como el movimiento ecologista, también defienden un progreso lento o un freno en ciertas áreas peligrosas. Algunos ven en la inteligencia artificial y en la robótica, formas alternativas de vida inteligente que podrían poner en peligro la supervivencia de la humanidad.[97]

Los transhumanistas no descartan restricciones concretas sobre las tecnologías emergentes que vayan encaminadas a minimizar el riesgo existencial, aunque por lo general consideran que las propuestas basadas en el principio de precaución son poco realistas o incluso contraproducentes. En la serie de televisión Connections, el historiador de la ciencia James Burke analiza varios puntos de vista sobre el cambio tecnológico, incluyendo el precaucionismo y el restriccionismo sobre la libre investigación. Burke pone en cuestión el pragmatismo de dichos enfoques, concluyendo que el mantenimiento del statu quo en la investigación y desarrollo supone también riesgos, como por ejemplo el agotamiento de los recursos naturales del planeta. La respuesta transhumanista habitual es la de apoyar que la sociedad tome medidas conscientes para alcanzar los beneficios de tecnologías limpias y seguras en lugar de anclarse en lo que consideran son posturas anti-científicas o tecnófobas.[98]

Una solución propuesta por el transhumanista Nick Bostrom es el desarrollo tecnológico diferencial en el que se intentaría influenciar el ritmo de desarrollo tecnológico, retrasando la aparición de tecnologías potencialmente peligrosas al tiempo que acelerando la consecución de las más beneficiosas y seguras, especialmente de aquellas que ofreciesen alguna protección contra los efectos adversos de las primeras.[39]

LOs rastros mas antiguos de biotecnologia aplicada a creacion de mixtos o hibridos de animales y humanos proviene de los sumerios chequeen la foto de abajo.












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Re: DEstruccion genetica y la Critica al Trashumanismo

Mensaje por Gandalf el Sáb Nov 22, 2014 9:51 pm

Seria bueno que Maduro fuera seleccionado para semejante experimento pues sin lugar a dudas que es un Tarado perfecto o un perfecto tarado.

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Re: DEstruccion genetica y la Critica al Trashumanismo

Mensaje por Gandalf el Dom Dic 07, 2014 10:32 pm

Stepen Hawking, nos esta alertando acerca de los peligros que representa para la especie humana el desarrollo de potentes computadoras con posibilidades de autodesarrollarse independientemente de la voluntad humana. En la pelicula de Tom Crusise Oblivion de abril 19 del 2013. La tierra esta desvastada y desolada posterior a una guerra contra los Aliens, Todo el Planeta esta siendo dominado por una superpotente computadora.
Este post que parece pero no es ciencia ficcion tambien nos alerta sobre esos peligros. Agradezco a mi amigo Elpidio por brindarnos estos temas y me encantaria poder continuar leyendo toda su interesante fantasia. Pues quien no sea capaz de desarrollar la fantasia nada tiene nada de creativo y mucho menos de humano.

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Re: DEstruccion genetica y la Critica al Trashumanismo

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