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LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

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LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:38 pm

LA DEBILIDAD EN LA FUERZA



Por : Américo Martín



Toda la estructura del estado está reproducida en la contrainteligencia cubana del MININT. Para cada unidad administrativa u organización de masas, hay un oficial ININT que enlaza al jefe del organismo, el secretario del partido y el jefe de seguridad. Nadie puede saber quienes son los informantes del MININT en el centro de trabajo o estudio, ni siquiera el jefe administrativo o el secretario del partido, porque ellos también son vigilados
Me encontré nuevamente con Barba Roja en el edificio del Comité Central, fortaleza a la que se llega subiendo por una rampa cuidadosamente vigilada por hombres armados. Era una estructura gris de aspecto monacal, en el estilo patentado por los comunistas del este europeo. Al llegar a la entrada descendimos del carro oficial que nos transportaba y pude ver, al frente, al Apóstol mirando la plaza vacía. Un hombre de seguridad me condujo al ascensor. Al abrirse la puerta del piso superior, desde un pequeño cubículo me saludó agitando la mano Norberto Hernández Curbelo, hasta hacía poco embajador de Cuba en Venezuela y con quien solía reunirme en Caracas. Por fin llegamos al despacho de Piñeiro. Estaba parado bajo el dintel de la puerta. Con un amplio gesto me invitó a pasar. La oficina impresionaba por su magnitud y la ordenada disposición del mobiliario, los libros, papeles y teléfonos. Ya me había reunido antes con este hombre cordial y ocurrente y pronto lo volvería a hacer, esta vez con la participación de Fidel. Me impresionaron sus manos, pequeñas y bien cuidadas y su aspecto general, distinto al desaliñado y desenfadado personaje que conocí en 1959, recién caído Batista. Entonces Cuba era un carnaval libertario; hoy reina un silencio de cementerio. Piñeiro siempre trabajó en seguridad y por eso fue el fundador y alma del Departamento América, en el cual nos encontrábamos. La era romántica de la revolución había pasado. Ahora las figuras más temidas eran los militares de alto rango, los hombres de seguridad y Tropas Especiales y los aventureros del Departamento de Barba Roja. El ambiente general era opresivo. Todos se cuidaban de alguien o de algo. Incluyendo los líderes del partido y el propio Piñeiro.
Ya tarde, al salir de la oficina, me acompañó en un paseo informal hasta la calle. Se venía la noche encima y entonces, bruscamente, me sondeó:
- ¿Estás con los chinos o con los soviéticos?
Suponiendo que la pregunta fuera de encargo, preferí cuidar mi respuesta.
- Ni con uno ni con el otro, respondí. Hoy pelean y piden solidaridades pero mañana pueden entenderse dejando a los felicitadores en el medio de la calle, batiendo palmas inútiles.
No dijo nada pero sospeché que no le había disgustado lo que dije. Al fin y al cabo algo es algo y el asedio contra los maoístas había comenzado en serio.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:38 pm

Civiles y Militares: encuentros y desencuentros

En la historia de Cuba republicana se alternan los civiles con los militares La coexistencia produjo recíprocas influencias: la tendencia militar a intervenir en los asuntos políticos y la tendencia en los políticos a valerse de los medios militares. El presidente civil Ramón Grau San Martín propició la invasión militar de República Dominicana organizando un ejército de 1.500 caóticos voluntarios, y el civil Carlos Prío Socarrás fue desde fines de la década de los años 1940 uno de los principales organizadores y financistas de la Legión del Caribe organización diseñada para combatir con las armas las dictaduras. En la acera opuesta el militar general Fulgencio Batista llegó a ser uno de los más refinados y astutos políticos de todos los tiempos, no especialmente dotado para desempeñarse en escenarios de guerra.
. Prío, Sánchez Arango, Tony Varona y otros líderes de la llamada Generación de 1930 -todos ellos destacados dirigentes civiles-organizaron grupos revolucionarios para derrocar por las armas la dictadura batistera y en cambio Batista ganó la presidencia en las elecciones de 1940 y le puso el ejecútese a la emblemática Constitución de ese año, que fuera recibida como la más democrática y avanzada de Latinoamérica. Por si fuera poco, cumplido su mandato legal entregó pacíficamente el poder a Grau San Martín cuando éste a su vez lo derrotó en las elecciones de 1944. Pero a pesar de todo eso, Batista había levantado en 1933 a los sargentos desde el cuartel de Columbia para obtener la renuncia del efímero gobierno encabezado por Carlos Manuel Céspedes (h) y volverá a las andadas al dirigir el golpe de estado de 1952 que abriría el camino hacia el callejón bloqueado en que se encuentra Cuba en la actualidad..
Castro es una buena muestra de semejante híbrido militar-civil. Sin que las circunstancias le resultaran muy propicias fue – o intentó serlo- dirigente estudiantil desde su ingreso en la Universidad en 1943; más tarde se recibirá abogado de la República, y poco después es nombrado candidato del partido ortodoxo a la Cámara de Diputados en las elecciones que fueron abortadas por el golpe de Batista. En esas ocasiones la flauta no le sonó. En cambio alcanzó mayor reputación en el oficio de las armas. El futuro señor de la guerra fue también un joven de armas tomar en la lucha que estremeció a Cuba durante los años 1949 entre pandillas terroristas universitarias. Su vocación bélica, no obstante su formación civil se hizo presente en la organización del Movimiento 26 de Julio. Fue esa, en definición de Norberto Fuentes, una maquinaria militar dotada de un excelente equipo de propaganda. La anatomía y funcionamiento del M 26-7 le daban el carácter de grupo armado más que de un partido político: sus formas organizativas y disciplina fueron siempre de naturaleza militar. A partir de entonces, Fidel logró la admiración internacional ya no como líder civil, sino como comandante de una guerra irregular de la que emanarán las poderosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba-
Por voluntad del caudillo, el sistema cubano se afinca ante todo en esas fuerzas armadas y en un sistema avasallante de inteligencia y contrainteligencia, además de los CDR y Federación de Mujeres, que actúan bajo tutela militar y están integradas a los planes de defensa centralizados en Fidel y Raúl. Los dos máximos jefes de la revolución y el exangüe Comité Central no confían en el pueblo al que tanto invocan. Las menciones al papel hegemónico del proletariado y campesinado plagan sus discursos, sin ser otra cosa en realidad que letra muerta, habida cuenta del énfasis absoluto que el régimen ha puesto en el perfeccionamiento del instrumento militar y en los intimidantes mecanismos de vigilancia que asedian también al “hombre de la calle”, vale decir a esos mismos proletarios y campesinos del discurso oficial.

Anonymou
Invitado


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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:39 pm

Curiosa institucionalización del proceso revolucionario

En la década de los años 1980, la revolución cubana desfallecía. Fidel tenía casi la convicción de que el socialismo naufragaría. Expresó en Cienfuegos las preocupaciones que lo angustiaban, durante el acto de celebración de la fecha aniversaria de la revolución; y lo hizo con inusual franqueza. Manifestó su temor de que la Unión Soviética estallara en mil pedazos dando lugar a la desintegración de la Meca del comunismo y a la independencia de varias de las Repúblicas que la venían formando. El tiempo le daría la razón. Inquieto por otra parte por lo que el futuro depararía a la revolución cubana, intentó mostrar alguna flexibilidad en su política interior. De alguna manera el espíritu de cambio que soplaba en el mundo socialista se estaba trasladando por la fuerza de la realidad a la hermética Cuba fidelista. Fue entonces cuando se inició el proceso de rectificación del estilo y quedaron arrumbadas por un tiempo teorías ardorosamente discutidas desde los tiempos del Che Guevara, como las referidas al Hombre Nuevo y a los estímulos morales en la gestión de la economía (*). El espacio para el nuevo experimento sería toda la Isla y el método el desarrollo de un debate interno sin restricciones. Corolario del esperado cambio sería la institucionalización del Estado socialista. Dada la magnitud del viraje propiciado, Fidel convocó a un nuevo Congreso del Partido Comunista.
Como era previsible la institucionalización postulada en el Congreso de los comunistas no pasó en ningún momento de ser un buen deseo. Una cosa es dragonear con sonoras generalidades y otra aplicar en el terreno lo que se ofrece. Y en ese punto precisamente se puso de manifiesto la imposibilidad de reformar un sistema internamente derruido como aquel. Abel Sardiñas, en nombre de Fidel, fue el encargado de anunciar el inicio de la amplia controversia sobre la histórica institucionalización de la revolución cubana. Sardiñas habló con voz sentenciosa y solemne. Pero percatándose de repente que en su intervención podía haber ido más lejos de lo que tuviera en mente Fidel Castro, refrenó la elocuencia de sus palabras y emprendió casi inmediatamente el retroceso. El debate –insistió- sería amplio, conforme a lo prometido, pero ¡cuidado!, nada que ver con los cálculos del enemigo.
Sin concesiones a quienes propugnan reformas liberales al estilo europeo
(*) La polémica sobre los “estímulos” está lejos de ser ociosa. En ella está la clave del desenlace del socialismo real que dominó la vida del planeta en el siglo XX. Los estímulos morales se basaban y buscaban la materialización del Hombre Nuevo de la utopía comunista. Para incentivar el trabajo y la productividad no debería recurrirse a premios materiales como alzas de salarios y bonificaciones especiales, sino a medallas honoríficas y placas para los “héroes del trabajo”. Esta insensatez terminó siendo abolida en todas partes y durante varios años en Cuba. El “retorno” a los guevaristas estímulos morales ha sido más que todo retórico.
¿Y qué decir del pluralismo? Tampoco llegó muy lejos este otro rasgo de las democracias dignas de ese nombre. En este punto, Sardiñas dejó los circunloquios aparte y procedió a rechazarlo de manera terminante:
Jamás. La historia prerrevolucionaria demostró la ineficacia del sistema multipartidista y además José Martí no necesitó varios partidos sino que fundó uno solo (1)
Esta vistosa política, vendida como un nuevo golpe de timón aperturista para enmendar errores y correr, ahora sí, hacia el futuro, fue melancólicamente abandonada y luego despreciada. Sobrevino entonces un nuevo viraje, esta vez de signo contrario y claramente dirigido hacia el pasado. La causa de tal retroceso obedeció a que las aperturas económicas y anunciadamente políticas del régimen desataron súbitas e incontrolables fuerzas y agudizaron los problemas internos del fidelismo. Dos décadas después, Fidel puso el epitafio sobre el cadáver de la reforma democracia alentado por los sucesos de Venezuela. Había aparecido un nuevo caudillo que se deshacía en elogios hacia el jaqueado líder cubano.
Fue una verdadera suerte, ni buscada ni esperada, que Chávez sobreviviera a los sucesos del 11 de abril del 2002 y entablara una relación con Fidel que bien podría reputarse de milagrosa. Animado por el potencial venezolano, Castro decidió mandar al diablo las vacilaciones aperturistas y pareció volver a las andadas de los años 1960. Escapa a toda lógica –salvo que la ansiedad de destruir el imperio norteamericano con el método de la confrontación violenta se haya convertido en convicción en Fidel y Chávez- el desigual tejido comercial que configura hoy la relación entre estos socios. Venezuela se ha echado al hombro a la arruinada Cuba sólo porque quiere colocar de nuevo a Fidel en el sitial de gladiador antiimperialista. Ni siquiera la vieja Unión Soviética incurrió en la descabellada generosidad con su aliado en que ha caído –y probablemente sucumbido- el proceso bolivariano. Si a aquella economía le resultó imposible seguir cargando con el disparate cubano, se percibe ya que Venezuela no podrá sostener semejante fardo por mucho tiempo, muy a pesar de que en 2006 y 2007 se mantengan muy elevados, como parece probable, los precios del petróleo.
Al imaginar el postfidelismo deberíamos reflexionar sobre la manzana envenenada que van a recibir el o los posibles sucesores de Castro. No les será fácil digerirla ni hacerlo sin el peligro de rupturas probablemente inesperadas. Fidel ha creado un mecanismo inexorable que solo él puede entender y operar. Quien ocupe su puesto no lo hará como un heredero normal en un país cualquiera. La complejísima estructura del poder fidelista parece la obra de un desquiciado pero no es así; tiene lógica, si se quiere, muy sabia. Es la lógica de quien se siente –con razón o sin ella- asediado por enemigos en buena parte creados por su desbordada imaginación. Castro ha envejecido en el mando. Durante todo el tiempo su preocupación principal ha sido salvar la revolución, vale decir: impedir que nadie tenga la ocurrencia de arrebatarle el poder. Se comprende que muchos de los escudos que se han venido levantando con el fin de proteger el régimen cubano puedan ser válidos solamente para el piloto que los ha diseñado, y allí radica su fuerza. Pero podría perfectamente ocurrir que, como el carro de fuego de Apolo en manos de su hijo Faetón, destruya al impreparado auriga que quiera ocupar su puesto. La fuerza, convertida en debilidad.
Aparte de las muy importantes razones históricas y de las relacionadas con su indudable carisma, el componente esencial de los fuertes cimientos sobre los que se levanta el poder de Fidel Castro es de una naturaleza más tangible, material, fácilmente mensurable. A lo largo de casi cinco décadas de haber conquistado el poder, el caudillo ha venido construyendo una hermética estructura de mando paralela a la del Estado cubano, tal como se describe éste en el ordenamiento legal. No obstante, ese Estado, el mencionado y detallado por la Constitución y las leyes, es en buena medida una fachada del poder real que desde la sombra se impone a todo ser viviente en Cuba. Porque mientras el Estado verdadero no se divisa con facilidad, salvo en la preeminencia del caudillo, el ornamental se exhibe con maniática minuciosidad. Es la realidad invertida que creía ver Platón: la sustancia no está en las sombras que vemos. Los sentidos nos engañan: ante nosotros se levanta un mundo que sólo de manera muy imperfecta refleja la inalcanzable verdad. Reunidas ambas dimensiones en el caso del modelo cubano, ofrecen a la vista una caótica duplicidad y triplicidad de competencias, una adiposa burocratización e insólitos niveles de corrupción.
Fidel Castro es el Presidente del Consejo de Estado, del Consejo de Ministros y del Consejo Militar que tutela en tiempos de guerra las actividades de MINFAR y MININT. Por si fuera poco, es Comandante en Jefe de las FAR y Primer Secretario del Partido Comunista. Tantas funciones concentradas en una sola persona no se vieron ni siquiera en esas versiones modernas del absolutismo monárquico que son los estados socialistas marxista-leninistas, surgidos y en su mayoría fallecidos durante el siglo XX. Es un poder tan absoluto como el de Luís XIV o el de cualquiera de los reyes de origen divino que fueron cuestionados en el Siglo de las Luces y derribados paso a paso desde fines del siglo XVIII. Lo peculiar del caso cubano actual es que casi ninguna de las competencias de Castro es honorífica: el caudillo no permite a nadie que las ejerzan por él, así se paguen altos costos por ineficiencia, se paralicen áreas enteras de la Administración y se desorganicen actividades fundamentales. En tiempos de guerra, este hegemón se convierte automáticamente en comandante directo de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, los dos repartimientos administrativos más relevantes y temidos. No podemos descansar en la esperanza de que los tiempos de guerra, como en la mayoría de los países, sean excepcionales. El concepto en sí no está precisado en la Constitución, quedando su significado a la libre interpretación del propio caudillo. Y ya sabemos que sus definiciones al respecto son buidas y elásticas. Por ejemplo, no ha cesado de hablar de inminentes invasiones, ni de ver una peligrosa conspiración contrarrevolucionaria en la más inocente de las actividades de la vigilada disidencia. Tiempos de guerra, pues
Las órdenes inapelables que Castro emite en cualquier ocasión o hace fluir a través de la estructura de la Administración Publica y en parte fuera de ella, se cimentan en el Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe (en adelante G.C.A.C.J). Como es lógico, este grupo sólo le rinde cuentas al Comandante en Jefe. Nadie más puede solicitarle informes, por mas nimios que sean, ni mucho menos impartirle instrucciones. Nada de raro tiene que del G.C.A.C.J emanaran muy pronto los principales delfines. Obsecuentes, brillantes, ávidos de poder pero sin plena conciencia del carácter vicario del que se les había concedido, los delfines ocuparon los lugares estelares del Estado, sólo para descubrir la precariedad de su recién alcanzada prominencia.
El problema es que ni siquiera los delfines pueden considerarse fuera de peligro mientras viva Fidel. Eso lo sintieron como una llaga de luz en su piel, dos antiguos delfines hoy caídos en desgracia: Roberto Robaina y Carlos Aldana. Ambos alcanzaron las más altas posiciones en el partido y el Estado. Aldana, alguna vez jefe del Despacho de Raúl y responsable del Departamento Ideológico, recibió delicadísimas encomiendas, como la de negociar el retiro de las tropas cubanas de Angola. Al igual que Robaina y Ochoa, cayó sobre su humanidad el sambenito de la corrupción. Parece en efecto demostrado que Aldana incurrió en serios y reiterados delitos contra los caudales públicos. Era pues un corrupto, pero a sabiendas de todos lo que no fue óbice para que se le llegara a considerar el verdadero sucesor de Fidel. La causal empleada para defenestrarlo fue macabra. En el engranaje de la revolución, si los inmorales no llegan a ser una amenaza o perdonándole tendenciosamente sus delitos no son percibidos como tales, seguirán progresando en el proceso fidelista. Eso sí, deberán perfeccionarse en el arte de la adulación y ser útiles a tiempo completo ¿Y quien determinará que llenen tales requisitos? El propio Fidel, el mismo mandatario caprichoso que entre una cosa y otra y sin previo aviso, puede hundir al más cercano de sus colaboradores (*)

Anonymou
Invitado


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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:39 pm

El Castillo de Kafka

En la cima del organigrama del GCACJ aparecen el Jefe del Departamento, las secretarías correspondientes, traductores e intérpretes. En un
segundo nivel figura el Coordinador General que tiene bajo su dependencia la
Sección de Control y el grupo de Informática, la Estadística y las Comunicaciones. A su vez, la Estadística cuenta con un variado plantel integrado por muchos de los mejores y más formados profesionales de Cuba. Se les asigna a Demografía, Abastecimientos, Salud, Producción, Consumo,
Exportación e Importación, Finanzas, Transporte, Construcción, Agricultura (en los subsectores vegetal, ganadero y piscícola) Energía, Estudios Políticos y
Archivos. Un rápido examen de esas funciones permite concluir que repiten aproximadamente las ejercidas por la Administración formal quedando por fuera aparentemente solo dos áreas importantes: educación y relaciones exteriores. Aparentemente, he dicho. En realidad las orientaciones que se aplican en todos los repartimientos administrativos son impuestas por Fidel Castro, abastecido por su GCACJ
Obsérvese que en la Administración visible, formal, los niveles más altos
(*) No quiero decir que ésta pueda ser una enfermedad propia de las revoluciones y sólo de ellas. En las dictaduras tradicionales y en general donde no exista un estado de derecho o el que haya sea muy precario, sucede exactamente lo mismo. El proceso bolivariano de Venezuela, que está lejos de ser una revolución, incurre con harta frecuencia en lo mismo. La impunidad de los funcionarios y líderes oficialistas se ha hecho proverbial. Las recientes denuncias del magistrado defenestrado Luis Velásquez Alvaray, por ejemplo, se volvieron contra él denunciante únicamente porque se atrevió a disentir de las más encumbradas autoridades

son el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros, el Comité Central del Partido Comunista y el Consejo Militar. Todos sin excepción son presididos y dirigidos por el caudillo. Y no se detiene ahí su omnipresencia en la innumerable
extensión del Estado. Algunos Departamentos o incluso simples programas que
a criterio del Comandante en Jefe sean especialmente significativos pueden caer bajo su dirección personal, que ejerce pasando por encima de Ministerios o
instancias superiores. Ya se ha hablado de las licencias que el hombre se toma
en relación con cualquier nivel administrativo, sólo guiado por lo que en un momento dado llame su atención (*)
Es fácil saber cuándo ocurre eso. Basta seguir la historia de sus grandes decisiones internas o internacionales para darse una idea de cómo ejerce el
poder Fidel Castro. Organizador directo de operaciones militares encubiertas en prácticamente todos los continentes, ya lo hemos visto dirigiendo hasta en los detalles más inocuos los desembarcos de Punto Fijo y Machurucuto en Venezuela, los altibajos de la guerra en Nicaragua, las operaciones del Movimiento Farabundo Martí en El Salvador o la abortada guerrilla argentina encabezada por Ricardo Masseti. No todas las iniciativas de Castro son, como las mencionadas, plenamente clandestinas. En realidad muchas de las actividades que se escenificaron en África y Medio Oriente se dotaron de una cierta legalidad y por lo tanto se desarrollaron a la luz del día. Fueron asumidas
(*) Para entender el laberinto de la administración pública del Estado cubano, me han sido muy útiles las notas y referencias recogidas por Eduardo Prida, cuya buena disposición en la dura faena de esclarecer el mecanismo totalitario, es digna de encomio (2)

públicamente por Cuba en respuesta a llamados de gobiernos tambaleantes, pero de todas maneras aun en esos casos el hecho es que numerosas de las operaciones relacionadas fueron cuidadosamente invisibles. En todas ellas está la presencia directa del caudillo, aunque muchas veces perjudicando más que favoreciendo sus propósitos, tales las guerras conducidas por Ochoa y demás oficiales del ejército expedicionario cubano en Nicaragua, Argelia, el Congo, Angola, Guinea Bisseau, Etiopia-Somalia. Para registro público se asegura que Fidel fue más comandante de todas ellas que lo hayan sido los generales en el terreno. Por supuesto, es falso, pero Castro lo cree al punto de ufanarse de su habilidad para desarrollar guerras teledirigidas, en medio de los fáciles aplausos de sus fieles. No tiene el menor inconveniente en recoger y borrar hechos y hasta elogios que él mismo hubiera prodigado. En este sentido, Fidel pudo matar dos veces a Ochoa. La primera, de espaldas al paredón de fusilamiento; la segunda, al destruir su obra de la cual, al igual que todos los cubanos, decía sentirse orgulloso. El máximo líder resolvió mentir con fría impasibilidad:
“Las decisiones fundamentales fueron tomadas desde Cuba (…) Nosotros teníamos compañeros que tenían que cumplir allí las ordenes. Las instrucciones y los planes del Estado Mayor (…) La dirección de las operaciones militares estaba aquí en Cuba (…) Ochoa en ese momento era muy ineficiente (…) Nosotros le dimos la misión administrativa general pero no la dirección de las tropas” (3)
Fidel mentía a sabiendas y eso no se le escapó a un gran número de militantes acostumbrados a celebrar las victorias de los ejércitos cubanos y a enaltecer al más gallardo de sus oficiales: Arnaldo Ochoa. Era tan apreciada la reputación del general Ochoa, que los militares del ejército soviético aceptaron su jefatura en el casi único escenario africano en que la URSS participó con tropas. Las fuerzas soviéticas, cubanas y etíopes se enfrentaban a la aguerrida Somalia en defensa del régimen de Mengistu Haile Mariam. Nadie objetó que la jefatura de las fuerzas coaligadas recayera en Ochoa y no era para menos. La batalla principal en Somalia, la de Kara Marda, junto con la de Cuito Cuanavale en Angola (*) levantaron el prestigio de Ochoa a la altura de los grandes generales de este tiempo. Eso, como es natural, mortificaba a Fidel y de allí su mezquino alegato a favor de las operaciones “teledirigidas” por él, desde La
Habana. He ahí de nuevo la fuerza como expresión de la debilidad.
Es importante subrayar la directa relación anudada por Fidel con Tony de la Guardia y Manuel Piñeiro, por la conexión que ambos tenían con actividades
en gran escala emprendidas secretamente por el gobierno cubano, tales como la lucha -guerrillera o no, armada o política- en las Américas del Norte, el Centro (incluida la región del Caribe) y el Sur. Decir Antonio de La Guardia y Manuel
Piñeiro es también decir, por una parte, Tropas Especiales y Moneda Convertible (MC) que eran secciones del MININT, y por la otra, Departamento
América, herramienta de la lucha armada latinoamericana en las décadas de los 60 y 70, así como de las complejas manipulaciones fidelistas que envolvieron a
(*) Con una salvedad digna de tomarse en cuenta. La batalla de Kara Marda fue exitosa no sólo porque se capturaron las montañas que escondían a los aguerridos soldados somalíes, sino porque las fuerzas conjuntas comandadas por el general Ochoa sufrieron pocas bajas. Fue una victoria limpia y clara. En cambio en Cuito Cuanavale las fuerzas fidelistas perdieron una cantidad inaceptable de hombres. Las cifras de muertos cubanos, por escandalosamente altas, se ocultaron al pueblo de la Isla y hasta donde fue posible hacerlo, al mundo. Fue –en palabras de Benigno- una victoria pírrica

los presidentes Allende y Velasco Alvarado. Para guardar la flexibilidad exigida
por la naturaleza de su misión, el Departamento América -mientras existió con ese nombre- era autónomo en relación con el partido, el gobierno y el Ministerio
del Interior (*)

La autonomía de órganos públicos obedece en Cuba, más que a una necesidad derivada de la flexibilidad funcional, a la prerrogativa, en cabeza del caudillo, de extender su directo control sobre áreas que considera decisivas del hacer público. En última instancia lo decisivo será el temor de que importantes sectores del poder cobren vida y se desarrollen con dinámica propia. Pero como
eso, por lógicas razones, resulta difícil, la Administración Pública sigue dominada por la ambigüedad supramencionada después de cinco largas décadas

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:39 pm

El Consejo de Estado

El Consejo de Estado ha adquirido una influencia determinante tanto en el gobierno como en el partido mismo, aunque se trate de un poder reflejo, vicario. Cuenta con 23 miembros. Son los más altos representantes del poder político. Antes he advertido que la estructura constitucional del Estado Cubano es poco más que una mascarada pero conviene precisar que también ella está signada

(*) Al terminar de detallar la arquitectura del poder fidelista, volveré sobre las actividades de Tony de La Guardia y Manuel Piñeiro, precisamente por ser las operaciones encubiertas una parte muy significativa de las largas dimensiones del brazo de Fidel y al propio tiempo una fuente de la constante expansión de su inmenso predominio.

por la ambigüedad. Los órganos supremos del poder carecen de luz propia. No son nada si los comparamos con Fidel, pero en relación con los ciudadanos su dominio y la impunidad de sus actos son aplastantes, no obstante que su
estabilidad dependa del capricho del César revolucionario. Bastaría pasar la lista de esos nombres para comprender el juego de los ascensos y las caídas en desgracia que han marcado por décadas el proceso revolucionario cubano. Hay detalles extremadamente llamativos en esa nómina, encabezada por supuesto por Fidel y Raúl. El general Ramiro Valdés fue incorporado a ella después de haber sido separado de todos sus cargos por causas no claramente determinables. Reivindicado, seguramente por decisión del máximo líder, aparece en la cumbre. Es un salto que sólo se explica por secretas razones
políticas, porque Valdés fue un hombre de Fidel, incluso a efectos de neutralizar
un poco a Raúl. El historial de Valdés en la lucha armada y al frente del MININT le granjeó una reputación de valiente, apto y leal al comandante en jefe, pero al mismo tiempo se le consideraba sanguinario, corrupto y como ya se ha dicho, enemigo de Raúl. Es de aceptación común que la rivalidad entre Raúl Castro y Ramiro Valdés se remonta cuando menos a los primeros días del triunfo de la revolución. Envidia, celos y profundas diferencias en el temperamento y en la forma de conducir la guerra alimentaron el conflicto, en cuyo desarrollo juega un papel importante la calculada protección que Fidel le dispensaba a Ramiro, a quien Raúl quería fuera del movimiento o peor: en la cárcel o quizá de espaldas al paredón.
El Consejo de Estado no sólo es la cumbre del poder visible sino que tiende a extender el ámbito de su competencia. De hecho, sustituyó a la Asamblea Nacional del Poder Popular (en adelante ANPP) en lo concerniente a la función legislativa, que en cualquier parte se reserva el Parlamento. En teoría, desde luego, no es así, pero ya sabemos que en Cuba hay -digámoslo de esta manera- una realidad virtual y otra material. Los órganos de la administración se duplican incesantemente como en un cuarto de espejos.
Forzosamente debemos dudar de la existencia verdadera de lo que se
presenta a nuestra vista. Nada es como parece y eso vale también para las competencias legislativas. Por su naturaleza, las decisiones del Consejo de Estado no deberían sobrepasar los límites de lo consultivo, pero desde el momento que se imponen a otros niveles del estado y especialmente a la ANPP, adquieren carácter vinculante, lo que no podría ocurrir sin arrebatar y
apropiarse de competencias atribuidas por la Constitución a otros órganos. Lo irónico es que -insistimos: siempre en el papel- la ANNP tiene facultades constitucionales. Esto es más de lo que podría aspirar cualquier otro parlamento en países donde rija el estado de derecho. ¿Por qué semejante licencia? La respuesta es simple como el pan: porque el gobierno dispone de un fácil y nada engorroso instrumento para modificar cuando lo considere conveniente su propia constitución. Se trata pues de musculatura postiza.

Anonymou
Invitado


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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:40 pm

Ricardo Alarcón: difícil equilibrio

Todo eso explica la falta de fuerza real de un hombre como Ricardo Alarcón, muy a pesar de la alta visibilidad que durante largo tiempo le han proporcionado sus muchos cargos en el gobierno y su condición de presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). En rigor, esas posiciones no han pasado de darle un poder virtual; y es comprensible si tenemos presente la índole de la ANPP. La natural capacidad política de Alarcón no puede desplegarse sobre la cubierta del barco de papel que, con un nombre tan pomposo, le ha tocado en suerte comandar. De la índole falaz de semejante cuerpo legislativo se percatara el menos avisado de los observadores, no bien se detenga a pensar en la forma como se eligen sus febles representantes. La tercera parte de ellos es designada a dedo por el Partido Comunista. El resto resulta de escogencias por barrios sin la más mínima posibilidad de debates plurales, porque el único partido tolerado es el oficialista y en consecuencia los nominados lo serán por las organizaciones comunistas del sector. El voto, por supuesto, es a brazo alzado quedando borrada la cobertura del secreto. Nadie podrá elegir libremente candidatos o postularlos, nadie podrá escapar de la temible vigilancia de los oficiales de inteligencia y contrainteligencia. Incluso en países donde la libertad política está celosamente resguardada y pocos temen proclamar los nombres de quienes hayan favorecido en los comicios, se ha consagrado el secreto del voto como la mejor manera de proteger la incorruptibilidad de la institución del sufragio.
Se explica entonces por qué en Cuba se excluye esa previsión. Siendo el de la Isla un sistema totalitario, debe asegurarse que no haya voces disonantes en la ANPP y por eso todo el dispositivo electoral es abierto a la vigilancia del Estado. En este pomposo órgano previsto en la Constitución no podrán colarse disidentes marrulleros, desde que no pueden ni siquiera ser postulados. No lo serán sino quienes gocen de la irrestricta confianza del caucus revolucionario. Poder tan escaso de poder como el mencionado, no está en capacidad de sorprender a nadie con alguna ley o resolución inesperadas. Carente por completo de autonomía real, en esta peculiar legislatura no hay ni podrá haber sorpresas de ningún tipo. Sus deliberaciones, cuando las haya, serán intrascendentes.
Sobra decir que los legisladores no están protegidos por la inmunidad parlamentaria y están conscientes de ser sujetos, por supuesto, de privilegios pero en última instancia sus derechos humanos y libertades fundamentales carecen de abrigos constitucionales o legales. A sabiendas de que el encumbrado de hoy puede precipitarse al suelo en cualquier momento, las discrepancias no afloran sino dentro de los parámetros permitidos por Fidel. Perder el respaldo en la cumbre puede ser desagradable en las sociedades democráticas pero siempre hay la opción de ejercer políticas de oposición en el marco de un estado de derecho, que coloca todas las autoridades bajo la supremacía de la ley y tiene entre sus principios la alternabilidad. En cambio en un territorio donde no haya garantías ni para los más altos funcionarios, en el que todo esté invadido por un clima de terror, y donde por si fuera poco el sistema –por mandato constitucional- es irrevocable, el pan de hoy puede convertirse inesperadamente en muerte súbita o tortura o reclusión infinita en cárceles inhóspitas. Mal puede esperarse que en condiciones tales la ANPP haga otra cosa que aprobar cuanto antes y sin modificaciones lo previamente resuelto en las esferas privativas del caudillo. Se sigue de esto la innecesidad de consumir demasiado tiempo en debates parlamentarios, tal como ocurre en las sociedades democráticas. Allí donde prevalece el estado de derecho, el Parlamento es la institución clave, trátese de regimenes presidencialistas, parlamentarios o presidencialistas bajo control parlamentario. Porque conforme al principio de legalidad la ley se impone a todos y es el Parlamento el competente para dictarla (*)
Es natural que en Cuba los legisladores se reúnan apenas en dos ocasiones cada año y únicamente por cuatro días cada una. Y a veces menos. En el brevísimo tiempo del dispuesto para cumplir sus obligaciones constitucionales, la ANPP no puede hacer cosa distinta –ni se atrevería a
hacerla- a la de sancionar perentoriamente los proyectos de ley presentados por el Consejo de Estado. No hay representante capaz de hacer alguna objeción, así sea menor. Todos levantan la mano como aplicados revolucionarios, empezando por su presidente Ricardo Alarcón Quesada.
Pero por otra parte, Alarcón es tenido como uno de los dirigentes que, con

(*)Es verdad, en muchas sedicentes democracias, los poderes fácticos se imponen al principio de la supremacía legal por haber un evidente predominio de elites privilegiadas, pero aún en los casos más extremos en este sentido, quedan siempre abiertas numerosas rendijas para que una oposición fuerte aliente la renovación del mando tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo y los estados y poderes locales.


Lage y Pérez Roque, pudiera jugar un papel importante en el postfidelismo. Prefiero no dudarlo. Lo conozco personalmente y sé que sabe moverse en aguas cenagosas. Sobrevivió a los manejos de Aníbal Escalante a la sombra del canciller Raúl Roa. Es hábil, inteligente y no exhibe especiales máculas de corrupción, lo que ya es decir. Alarcón tiene nombre pero no fuerza. No sería imposible que la proyección virtual que le confiere su condición de presidente del enclenque poder legislativo deviniera real en la confusión que desatará la muerte de Fidel. Así por lo menos ocurrió en el caso de Joaquín Balaguer, tenaz
Presidente de Republica Dominicana a las finales del trujillismo, que con sangre fría e inaudita habilidad le proporcionó enorme potencia a un cargo de fachada, y
después se convirtió en el hombre fuerte de la democracia dominicana. Es improbable que lo mismo suceda con Alarcón, pero el postfidelismo es una dimensión desconocida en la que nada puede descartarse. Al entrar de lleno en el tema de la transición me ocupare de nuevo de la interesante situación de los líderes civiles y las opciones que puedan tener frente a los militares.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:40 pm

El Consejo de Ministros y el MININT


El Consejo de Ministros es un órgano auxiliar del máximo líder. A diferencia de la ANPP cumple funciones importantes, como las de llevar la gestión ordinaria, que tanto aburre a Fidel. Muy raramente el caudillo preside sus
reuniones, salvo cuando a su capricho haya algo interesante. Obedientes, los ministros deciden conforme a los deseos del caudillo y si los desconocen tratarán de adivinarlos. En cualquier caso si algo de lo aprobado no satisface al hombre, sencillamente el asunto se desestima sin necesidad de una nueva reunión convocada para proceder por contrario imperio a su anulación. Las resoluciones se ajustan a las pautas dictadas por el GCACJ. No le falta razón al máximo líder en no asistir casi nunca al C.M. ¿Para qué hacerlo si todo lo que este órgano decide está preelaborado por su Grupo de Apoyo, bajo su hermética y diaria vigilancia? Sea por la crónica inasistencia de Fidel o porque éste la aliente, reina en el C.M. una pugna plagada de envidia, mezquindad y zancadillas. ¿Preocupa eso al caudillo? En absoluto. Más bien debería pensarse lo contrario. Castro podría estar insuflándola con el fin de alentar una conflictividad que, preservándole el estatus de árbitro de la causa, lo libre del temor a la formación de coaliciones soterradas, susceptibles de minar su inmenso poderío. En el fondo es una malévola manera de fortificar –más, si cabe- su desproporcionada fuerza interior.
En la medida en que la estructura se proyecta hacia la base de la sociedad las complejidades y el entrevero de competencias se multiplican. En medio de algo parecido al caos organizacional, el punto estable es Fidel. En tiempos de Abrantes y de La Guardia, los militares asignados al MININT y a Tropas Especiales se sentían moralmente ubicados en un lugar muy especial en relación con los de las FAR, al punto de que con frecuencia se saltaban las formalidades del saludo militar, que en cualquier institución armada se debe a los oficiales de grado superior.
El MININT tiene tres viceministros: Seguridad Personal, Seguridad del Estado y Orden Interior. El primero se ocupaba de la protección de Fidel, tarea convertida por Abrantes en una verdadera obsesión. Eran tantos detalles que muchos de ellos escapaban a la mirada de águila de Castro (*), al punto de resignarse a poner su integridad física, su preciada seguridad personal, en manos de otro. Se colocaba así en una clara situación de impotencia. Eso debió
atormentarlo cada vez más. Y era comprensible. Desde el desvanecimiento de la era romántica de la revolución perdía relativamente el control de su propia vida.
Si dadas esas alarmante premisas, al MININT se le hubiera ocurrido hacerle un atentado mientras velaba por su seguridad personal, quizá no hubiese tenido escapatoria. Y en verdad, José Abrantes había montado una diabólica, maniática e impenetrable malla de protección alrededor del caudillo. De nuevo, era esa la fortaleza del líder máximo y también su debilidad. Nadie nunca lo había colocado tan fuera del alcance del enemigo, pero igualmente nadie que sepa lo había tenido tan al alcance de la mano

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:41 pm

La sacralización del caudillo

Tal como se dice arriba, Fidel preside de hecho y derecho las FAR y MININT en tiempos de guerra. De esa manera lo establece la Ley de Defensa

(*) Mirada de Águila. La metáfora es de la escritora norteamericana Georgie Anne Geyer quien pese a escribir un interesante y bien documentado libro donde no ahorra criticas a la política y vida personal de Fidel Castro, deja translucir una cierta fascinación por el personaje, muy típica de no pocos intelectuales de países industrializados frente a los llamados fenómenos telúricos del tercer mundo (4)

Nacional promulgada en 1992, fecha contemporánea con el derrumbe de la Unión Soviética. Es difícil no ver la relación entre ambas cosas. La caída del
imperio soviético dejaba a Cuba sin sombrilla protectora y en consecuencia obligada a fortalecer su rigor interno, en abono de lo cual, entre otras fuertes decisiones, estuvo la de concentrar todavía más el poder, pero también a desconcentrarlo en perjuicio de Raúl, como se verá.
En la imposibilidad física de ser gobernadas directamente por Fidel, se inspiran en él y lo tienen por líder único las llamadas desde tiempos de Stalin correas de transmisión, aunque dependan directamente de otros niveles y feudos de la organización. Cuando ya no esté el caudillo, cada uno de estos feudos podría recuperar su territorio porque ya no habrá quien conserve la unidad moral de la organización (*)
Si algo se llevará Fidel a la tumba es su aura de jefe insustituible. Para conservar la unidad de la revolución sobre el légamo de contradicciones y pugnas en todos los niveles del movimiento, esa presencia mística y mítica, como la de un inalcanzable emperador chino, fue inevitable y necesaria. Se trataba del único pegamento que sostenía en última instancia la revolución. Es ésa, quizá, la principal y exclusiva arma de dominio en manos de Fidel. Es por lo tanto su fuerza. Pero también su debilidad porque, desaparecido del panorama,
(*) Correas de transmisión. Nombre ciertamente apropiado porque el partido y el estado soviético, en su afán por objetivar las conductas militantes, postularon y en buena medida logró, construir un partido concebido como el motor de una maquinaria, en cuyo centro está el partido, que dirige a sectores sociales con la ciega operatividad de una correa de transmisión. De allí la tradicional subordinación acrítica a las decisiones del partido comunista y otros similares por parte de sus movimientos juveniles, femeninos, sindicales, campesinos y otros.


nadie estará en condiciones de ocupar semejante sitial sin emprender cambios considerables que, por lo mismo, podrían abrir el camino a fuerzas incontrolables. La sacralización del caudillo cubano no es del todo original. Con ese ingrediente se edificó el pedestal de Mao Zedong y de Kim il Sung cuya función integradora era la misma que reposa en hombros de Castro. Era igualmente un aura celestial el que rodeaba a las antiguas dinastías chinas. El territorio era inmenso, no había administración directa que llegara a todos los rincones y mantuviera el funcionamiento y la independencia. Sólo quedaba el prestigio sagrado del emperador, razón por la cual debía ser constantemente
reverenciado para acentuar sus útiles y necesarios rasgos celestiales. En Cuba esa es precisamente una de las funciones del partido y de sus correas de
transmisión. Nada de lo que diga el caudillo debe perderse. Al final de sus largas oraciones se celebran reuniones en locales de la organización, talleres, establecimientos educacionales, etc. para estudiar las orientaciones del líder y encontrar profundos significados en aquel vasto océano de palabras, en su mayor parte improvisadas.
“En los centros de trabajo, el partido y la Unión de Jóvenes Comunistas realizan actividades políticas de diversos tipos en las que se exige la participación de los ciudadanos. Esas actividades incluyen la lectura y análisis de los discursos del Comandante en Jefe” (5)
Una de las correas de transmisión más importantes en Cuba es la Federación de Mujeres Cubanas, dirigida desde siempre por Vilma Espin. Vilma era una muy activa dirigente desde sus tiempos clandestinos junto a Frank País, hasta bien entrada la revolución. Algunos de los compañeros del grupo de Frank la recuerdan con admiración y respeto. Era austera, capaz y buena organizadora. Con la edad, claro, debe haber perdido vitalidad pero ganado experiencia.
Rodeada de gente suya que en parte ha envejecido con ella ha reproducido en lo interno del movimiento el cisma burocracia privilegiada-militancia obediente que ya es marca de fábrica del Estado y será probablemente uno de sus detonantes, cuando la poderosa sombra de Fidel no pueda protegerlo. Registremos sin embargo que Vilma es otro bastión de Raúl sin olvidar que tiene una gran presencia en las empresas agrupadas en Gaesa, a estas alturas un pútrido absceso que suscita rumores y resquemores crecientes (*)
La CTC y la Unión de Jóvenes Comunistas, amelladas en su perfil crítico, yacen impotentes pero son muy efectivas en labores de vigilancia y control, además de ser instrumentos para la movilización, fundamentalmente forzada, durante los actos de masas. El Ejército Juvenil del Trabajo fue creado para desempeñar actividades de respaldo agrícola pero cuenta con una dirección militarizada. Es probable que también aquí encuentre respaldos el Ministro de
las FAR. Los Destacamentos de Respuesta Rápida y el Sistema Único de
(*) Se cree que con los años el matrimonio ha llegado a ser ficticio en lo afectivo, cosa muy corriente por cierto en nuestros días. Pero si aludo a este hecho trivial, puramente doméstico y por lo tanto totalmente fuera del interés de los propósitos de esta obra y de su autor, es para ratificar que cualquiera que sea el estado de la relación matrimonial, aparentemente se mantiene firme la comunidad de intereses y la siempre estrecha colaboración política entre los dos. Una encomiable relación civilizada.


Vigilancia y Protección se combinan para golpear cualquier disconformidad pública o realizar los llamados actos de repudio que aterrorizan a la población. Las Milicias de Tropas Territoriales fueron recreadas en la década de los 1980 cuando Fidel, Raúl y el gobierno revolucionario recibieron la infausta noticia de que ya no podrían contar con la asistencia militar soviética en un eventual conflicto con EEUU y que tampoco podría sostenerse la masiva ayuda económica de la que Cuba venia disfrutando durante unos 30 años. Ante noticias tan alarmantes, el viraje ordenado por Fidel fue de vértigo. La forma como quedaron afectadas su política internacional y las FAR, será analizada más tarde, junto con la sucesión del caudillo y el tema militar en su conjunto. Los
rasgos que prevalezcan en el postfidelismo deberán mucho a la naturaleza de
estos cambios. No se puede comprender lo que ocurra al desaparecer Fidel sin ponderarlos con la mayor seriedad y serenidad posibles.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:41 pm

El Big Brother de la Corte de los Milagros

Con todo, el alcance del caudillo es mayor que eso. Domina el estado, la oposición al estado y el curioso universo de las actividades subterráneas. Gabriel García Márquez, en frase muy celebrada por el caucus cubano y por el propio caudillo, dijo que en Cuba Fidel era el jefe del gobierno y simultáneamente el jefe de la oposición. Quería dejar constancia de que el máximo líder conducía con mano firme la revolución pero al mismo tiempo era su más implacable crítico. Y no cabe dudarlo. En realidad cuando las fallas de las políticas trazadas por el máximo líder se muestran abrumadoras, arremete contra ellas con el fin de librarse de culpas. Sus críticas generalmente van a los llamados a ejecutar las visionarias políticas formuladas por él; inevitablemente dirá que el error no estuvo en la formulación sino en los ejecutores. Pero a veces ataca los propios contenidos de las políticas fracasadas haciendo ver que nada tuvo que ver en su elaboración. De nuevo la culpa será de otros, esta vez de los técnicos y diseñadores del gobierno, como si hubiera alguno capaz de hacer algo sin requerir previamente la aprobación de Castro.
Fidel sabe que nadie va a contradecir sus afirmaciones, aun las más exageradas. Estudiando un cruce de ganados del cual el líder se sentía muy ufano, Rene Dumont, agrónomo de celebridad mundial, reaccionó escandalizado. Los técnicos cubanos, balbucientes, habían objetado tímidamente aquel absurdo sólo para soportar las fulminantes y airadas replicas del caprichoso sabelotodo. Contra las advertencias de los profesionales, el cruce siguió adelante, por mis cojones. En la visita de Dumont, los apabullados técnicos, escucharon –seguramente con salvaje alegría, que se cuidaron de enterrar en sus corazones- la escandalizada opinión del ilustre visitante, pues habían sido convocados para la ocasión. El agrónomo francés le preguntó a Fidel: ¿pero quién autorizó este criminal cruce de animales? Impávido, respondió el personaje: ya no tengo en quien confiar Es un hábito viejo. Es una forma natural de mentir. Mi segunda naturaleza, como lo confesó el joven Castro a uno de sus maestros en el Colegio Belén que se interesó en saber por qué el aprovechado joven le mentía tanto, pese a ser su admirador.
Es fácil ser “jefe” de la oposición en un medio en el que nadie –salvo el propio Fidel- se atreverá a contradecir al poder. Pero no se dude que lo es. Es jefe del gobierno, de la oposición, de la economía paralela y por supuesto también de la subterránea en la que se trasiegan los oscuros negocios del lavado, narcotráfico y fuga autorizada de divisas. Ha querido controlarlo todo y algo peor: ha querido vigilar cada actividad formal o subrepticia, abierta o soterrada, legal o ilegal. Es lo más cercano que pudiera imaginarse al Big Brother. Un dispositivo de vigilancia que penetra hasta en los dormitorios con el fin de hacer gráficas o videos y grabaciones que podrían ser utilizadas contra las víctimas, lleva las informaciones más comprometedoras a la atenta mirada de Fidel.
El caudillo se ha convertido en un maniático de la vigilancia y por eso el de Cuba es un pueblo vigilado como pocos en la historia. Tal como ha venido
funcionando, el sistema fidelista ha sido una de las obras humanas que más se han acercado al modelo totalitario perfecto, diseñado por George Orwell en su sombría novela, 1984. Está en primer lugar la dirección general de información, órgano de inteligencia dependiente del Minint. Y por supuesto, en las FAR opera inteligencia militar. Pero luego aparece la dirección de contrainteligencia, justificada sin duda para enfrentar el espionaje que, por la belicosidad fidelista, es una presencia tan real como lo es el espionaje cubano en la isla y en otros países. Como todos han de ser vigilados, no pueden quedar fuera los vigilantes mismos, y de allí la dirección de recontrainteligencia.
“Toda la estructura del estado está reproducida en la contrainteligencia cubana del MININT. Para cada unidad administrativa u organización de masas, hay un oficial MININT que enlaza al jefe del organismo, el secretario del partido y el jefe de seguridad. Nadie puede saber quienes son los informantes del MININT en el centro de trabajo o estudio, ni siquiera el jefe administrativo o el secretario del partido, porque ellos también son vigilados” (5)
La estructura de funciones duplicadas que en buena parte no dependen de sus jefes naturales sino directamente de Fidel, alcanza un nivel desproporcionado en el área de inteligencia. Los vigilantes vigilados que acabamos de mencionar están impetrados en estructuras autónomas que desbordan toda idea de racionalidad administrativa. Fidel lo ha querido así. Esa es su fortaleza. El porcentaje de funcionarios dedicados a labores de inteligencia excede en muchos puntos al de los países occidentales ¿Pero a quién responderán cuando el caudillo se vaya? Se pueden arriesgar las conjeturas más audaces pero nadie podría saberlo con certeza porque como se expone al final el sistema está diseñado para que, al vigilarse unos a otros y duplicarse las funciones, nunca nadie pueda ocupar cómodamente el vacío postfidelista, carente como está de la información que sólo Fidel maneja en su provecho. Esa es su debilidad.
Es sabido que tanto en su política de seguridad interna como, sobre todo,
la internacional, Fidel se apoyó durante algo más de treinta años en Tropas Especiales y el Departamento América. Aquél dependía formalmente del MININT; éste, del Comité Central. En realidad ambos estaban conectados a Fidel. Por simple lógica organizacional debió clarificarse el ámbito de cada uno e incluso su jerarquía. ¿Dependían los jimaguas (*) La Guardia de Barba Roja, o por el contrario, éste de aquellos? La respuesta es negativa en ambos casos. La responsabilidad la asignaba Fidel según las situaciones abordadas. Por ejemplo, es verdad como dice Benigno que gran parte del Departamento América se trasladó a Chile para apoyar y controlar al presidente Allende, pero también estuvieron allí los La Guardia, cumpliendo tareas sumamente delicadas, como las relacionadas con la protección de Allende incluso en el Palacio de La Moneda. En momentos críticos, por disposición de Fidel todas las fuerzas cubanas allí concentradas debían ponerse a la orden de Patricio La Guardia.
Aunque Tony dependía del Ministro del Interior José Abrantes, a la sazón
uno de los funcionarios más poderosos del sistema y hombre de confianza del caudillo, conservaba una muy estrecha relación personal y directa con Fidel, a través de la cual se trasegaban órdenes especialmente delicadas. Por las denuncias y acusaciones que, fundadas en un impresionante cúmulo de indicios y evidencias, vinculan a los hermanos Castro con el negocio del narcotráfico, y a pesar de que De la Guardia fuera fusilado probablemente con el objeto de librar de sospechas al líder máximo, no hay manera de sostener que Tony, como
(*) jimagua. De uso popular en Cuba para referirse a hermanos o hermanas gemelas

tampoco su hermano Patricio ni Arnaldo Ochoa, realizaran sus actividades ilegales de naturaleza criminal a espaldas de Fidel. Y no sólo porque dada la gran magnitud de las operaciones difícilmente hubieran podido escapar de la avasallante contrainteligencia revolucionaria y de la obsesiones del caudillo, sino por el tipo de relación que los gemelos cultivaron con Fidel. Aficionado como ellos a los deportes, Castro compartía buenos ratos con Patricio y Tony en la práctica del velerismo, la pesca mayor o la submarina mientras imaginaban y planificaban las más escandalosas extravagancias. Hombres de acción, los La Guardia eran dados a organizar actos de fiera audacia en cualquier parte del planeta. Por su exorbitancia esos actos no hubieran podido evadir, si se lo hubiesen propuesto, el fino olfato del desconfiado caudillo. No tenían tampoco por qué hacerlo, precisamente por haber demostrado Fidel tanta o más inclinación aventurera que la de los gemelos. Las operaciones encubiertas, preparadas personalmente y tuteladas por Castro, cubren un desmesurado diapasón. Su autoría, al principio negada, ha sido admitida tiempo después por el liderazgo de la Isla. Tony especialmente era el tipo de “cuadro” que siempre le ha gustado a Castro, y por eso las grandes muestras de afecto y cercanía que le dispensaba.
La contrainteligencia, es decir la vigilancia extrema de Fidel, opera por supuesto en el sistema de las empresas militares que se estudian en la parte final. Entre las empresas afiliadas al holding GAESA figura el Departamento VI, cuya función es vigilar cuidadosamente todo el personal de las empresas que giran en la orbita del Ministro de las FAR. Es una esfera de contrainteligencia. Vigila incluso a los agentes de vigilancia. Es verdad: las facultades de Fidel han mermado seriamente. Divaga, olvida, gaguea. No quiere salir de Cuba atenazado por el miedo a los atentados y el miedo al ridículo. La gradual decadencia del dictador absoluto da lugar a todas las incógnitas. La teoría del Raúl que ya tomó el poder reduciendo a Fidel a ser una sombra de sí mismo no es por supuesto más que una licencia sin fundamento real, pero nace de la percepción de que el jefe del terrible engranaje cubano ya no está en condiciones de gerenciarlo en la forma que lo venía haciendo.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:44 pm

El ocaso de los “cuadros” de Fidel

Una estructura tan complicada como la resumida hasta aquí no puede ser operada por gente corriente. Es menester contar con una lealtad irracional, un espíritu de entrega total y una amoralidad necesaria no sólo para cumplir sino para denunciar. No todos encajan en el molde y por eso la columna vertebral del estado y el partido comunista reside en los cuadros de la revolución. El militante concebido por el caudillo, cuando menos desde el comienzo de la década de los 1950 y especialmente durante los preparativos del asalto al Moncada, tenía una inocultable índole aristocrática. Las personas normales no llenan las condiciones exigidas por el cartabón castrista, lo que de antemano condena el fidelismo a ser empresa de grupos cerrados. Porque en efecto, el militante debe gozar de excelente salud física, preferiblemente practicar deportes, soportar las inclemencias de la naturaleza, recorrer enormes distancias, escalar montañas y, en fin, ser incondicionalmente leal y estar dispuesto a realizar cualquier actividad
temeraria y no teoricista (*) –la expresión es suya- cual los viejos intelectuales
comunistas dedicados a la lectura del marxismo, según Fidel, en el aislamiento de sus bibliotecas. El esquema se hizo más estricto cuando a los líderes de la
revolución, Fidel y el Che, se les metió en la cabeza que el núcleo revolucionario debía ubicarse en la loma, cargado de yerros, además. Desde entonces, quien no pusiera el pellejo en juego en correrías guerrilleras simplemente no era un revolucionario. Ciertos intelectuales de izquierda que por dejarse seducir por los hombres de acción pueden llegar más lejos que ellos, convirtieron aquellas manías en toda una teoría revolucionaria, la teoría del foco. El pequeño grupo de elegidos podía desencadenar la revolución como la pequeña rueda hace girar la grande. En su desprecio al hombre de la ciudad, que por serlo no puede darse el purificador baño russoniano en selvas y montañas, Debray escribió:
“El hombre de la ciudad, así sea camarada, si se pasa la vida en la ciudad es un burgués sin saberlo” (6)
La teoría del buen salvaje siempre tendrá su público en Europa que es donde tuvo su origen. La novedad es que ese salvaje ya no era manso como el de las visiones románticas del Viejo Mundo desde principios del siglo XIX. Tiene empuñadas las armas revolucionarias, premisa de ciertas guerras irregulares. Pocos podrían entrar en un zapato chino como ése. La elite postulada por
(*) Atención. Formular ideas perniciosas con envoltura de seda es típico de Fidel. Atacando a los teoricistas lo que en realidad se proponía era relegar a los críticos. Un teoricista suele investigar, esculcar experiencias de otros y opinar. Exactamente lo que en su engranaje rigurosamente vertical ha sido proscrito en la revolución.
Fidel constituyó siempre una minoría. Las masivas movilizaciones de enfervorizados seguidores, particularmente en la primera hora de la victoria, estaban signadas por la obediencia pero no por la participación. La famosa comunicación de Fidel con el pueblo cubano no fue nunca una vía bidireccional sino unilateral. Las nutridas concentraciones en la Plaza de la Revolución para aprobar a brazo alzado las dos Declaraciones de La Habana, no tuvieron traza de democracia. Fidel no interactúa, actúa; no se comunica, informa. Un hombre dirigiendo una elite superpuesta al pueblo. Esa exactamente era la esencia del antidemocrático modelo de Lenin, aun cuando para el jefe bolchevique, más racional que Fidel, el criterio para formar parte de la minoría dirigente no era fundamentalmente el aspecto físico o la sumisión vasalla al caudillo, sino el político- ideológico
Por otra parte, este modelo no es sino una proyección del mismo Fidel, tan dado a los deportes desde su temprana edad escolar. Castro quería que todos los revolucionarios escalaran montañas, atravesaran a nado ríos desbordados, caminaran largas distancias, practicaran deportes, se doblegaran sin chistar a su jefatura y dominaran el arte de la lucha armada. Quien no llenara tales requisitos no encajaba en los parámetros castristas de los tiempos heroicos de la revolución. De allí que desde muy temprano la revolución tomara un carácter fuertemente personalizado, voluntarista. De semejante cocción salió la teoría del foco guerrillero. Fidel embarcó en su fantasía todo un movimiento hemisférico, mientras insultaba a aquellos que no se sintieran atraídos por el simplismo de su receta

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:44 pm

En la fórmula cubana, por el hecho obvio de encajar tan perfectamente en ella, confluyen plenamente Fidel Castro y los jimaguas Patricio y Antonio de la
Guardia. Tony, considerado generalmente como el mejor oficial de Inteligencia cubano, se permitía acceder libremente al Despacho del Comandante en Jefe,
aparte de utilizar expresiones y derrochar gestos desenfadados con él. Era ésta una licencia vedada a los demás dirigentes, no importa cuánto peso tuvieran en la estructura del poder. En los primeros tiempos los dirigentes cubanos se permitían tratar a su líder con la graciosa efusividad caribeña. Con el tiempo esa conducta fue condenada y proscrita. Las restricciones en la forma de dirigirse o de acercase a Fidel fueron surgiendo progresivamente en la medida en que se quiso conferirle al caudillo la majestad de un príncipe intocable. Tales medidas incluían e incluyen aún a Raúl Castro, aunque tal vez en este caso mediaran también razones de seguridad. Porque efectivamente, por razones de seguridad
Fidel y Raúl no pueden frecuentar juntos los escenarios públicos, y deben reducir escrupulosamente los privados a lo estrictamente necesario. El régimen,
previsivo, no quiere que algún atentado haga desaparecer el gentilicio castrista del panorama revolucionario. Registremos de paso que es tan distinto el temperamento de estos dos hermanos –asunto tratado extensamente en la parte primera de esta obra- que seguramente esa disposición no les impone un especial sacrificio.
(*)Vale la pena preguntarse qué hubiera hecho Castro con el físicamente impedido Mariátegui, a quien tanto admiran los líderes de su estirpe, tal vez porque no está en el mundo de los vivos.



El régimen fidelista ya no está en capacidad de repetir el esfuerzo que
llevó a cientos de miles de soldados a extender virtualmente la revolución a todo el planeta. Fidel envejece y su obra agoniza. Cuba no cuenta ahora con el poderío militar del campo socialista y no serían las precarias fuerzas militares del régimen chavista las que pudieran cubrir ese hondo vacío. El ímpetu residual de aquella revolución que se lanzó a la conquista del universo ha desaparecido y en la imposibilidad de emplearse en gloriosas jornadas guerreras se vuelca sobre la sociedad cubana misma y no propiamente para cumplir tareas directas de seguridad, ampliamente abastecidas por MININT. El caudillo se ha resignado a canalizarlas en parte hacia tareas civiles empresariales mientras la obsolescencia tecnológica de sus Fuerzas Armadas avanza incesante, en la medida en que ya no cuenta ni con divisas suficientes para la adquisición de armamento moderno ni con acceso a la más avanzada tecnología militar. Obviamente, la desnaturalización parcial de las funciones de la institución armada crea peligrosos abscesos. La energía sobrante del fidelismo ya no halla en qué ocuparse. Los cuadros predilectos de Fidel, entrenados en el internacionalismo, carecen hoy de oficio. No hay hazañas en el horizonte. Atraídos por las oportunidades de provecho personal abiertas por las empresas militares, tratan de incardinarse en ellas para obtener lo que bien pueden considerar un premio a las luchas de toda la vida. El entorno del caudillo se llena de resentidos. Inútiles con sus galones que no deslumbran a nadie, se sienten relegados. Sus vínculos militares los convierten en resentidos peligrosos.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:45 pm

¿Qué estuvo haciendo el general Ramiro Valdez, el antiguo rival de Raúl Castro, antes de ser reivindicado por Fidel? Empresario en el jugoso negocio de artículos electrónicos, propietario de residencias lujosas y de una flota de automóviles de todas las marcas, pudo temer que, sin la protección que le brindaba Fidel, Raúl ya en el mando le pasara recibo. Ahora desde su flamante posición en el Consejo de Estado tendrá a su disposición mejores maneras de defenderse. Valdez fue un militar de acción. Debe conservar relaciones en las FAR. Es difícil creer que, siendo un aventurero de pedigrí, se resigne a esperar cómo se desenvolverá el postfidelismo sin hacer uso de los recursos que obren en su poder. Pero en general los antiguos cuadros de Fidel ya no son ni la sombra de lo que fueron en la etapa rebelde y romántica de la revolución. Con pocas excepciones han ido decayendo uno tras otro en la medida en que lo hace la revolución misma.

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:45 pm

De Barba Blanca a Barba Roja

Por la intimidad que guardaba con Fidel, cuando Tony de la Guardia tomó la decisión de buscar moneda convertible a través de actividades de narcotráfico e hizo uso de medios inocultables como barcos, aviones y embajadores, se despertó en los observadores la curiosidad de conocer cuál pudiera haber sido el papel jugado por el caudillo en aquellos manejos. Podía sentirse su presencia en el fondo del escenario. Porque luce francamente muy cuesta arriba que Castro no hubiera estado al tanto, y por lo demás según su costumbre, no dirigiera –o pretendiera hacerlo, para el caso lo mismo- cada una de las operaciones concertadas. Esa primera o una de las primeras armazones del tráfico de cocaína tuvo como escenario Panamá, gobernada entonces por
Manuel Antonio Noriega, lo que ya permite intuir el sentido oculto de las estrechas relaciones entabladas entre los dos caudillos. Noriega participó en esa y en las sucesivas operaciones acordadas, pero aparentemente no gozaba de la confianza de los jefes del cartel de Medellín, que por tal motivo prefirieron asentarse –también con la participación cubana- en la Nicaragua sandinista. Todavía no había surgido el Cartel de La Habana, del que tantas veces se ha
hablado, pero sin duda aquel primer paso no desmereció de todo lo que se hizo posteriormente. Llevaba la marca de Tony de la Guardia…y de Fidel. En un ensayo presentado por el mayor Juan Carlos Figueredo en la Escuela Superior de la Fuerza Aérea venezolana, se describen los pormenores de esta operación. Participaron el narcotraficante Reinaldo Ruiz (a) Barba Blanca y las autoridades cubanas que lo proveyeron de todas las facilidades del caso para que, a cambio de un pago en dólares, utilizaran Cuba como puente hacia EEUU. Factores decisivos fueron los altos oficiales de inteligencia cubanos encabezados por Tony de la Guardia, entre los cuales figuraba Miguel Ruiz Poo, presidente de Interconsult, una compañía mercantil fantasma residenciada en Panamá y dependiente de la corporación cubana CIMEX. Por lo visto, Interconsult parecía ser una tapadera de negocios ilegales (*)

(*) Se ha denunciado uno especialmente refinado e inmoral: el trafico ilegal de refugiados cubanos, cuyos familiares en EEUU pagaban buenas cantidades en dólares a cambio de hacer salir de Cuba a sus parientes, rumbo a Norteamérica y con visa de Panamá, vale decir: de Noriega, quien, huelga decirlo, cobraba puntualmente su parte en el negocio


De la Guardia ordenó la suspensión de las actividades cuando se enteró de la detención de Barba Blanca, su esposa y su hijo, que también trabajaban en el negocio del narcotráfico. Fue interceptado por agentes de la DEA en el
Aeropuerto Omar Torrijos de Panamá. El problema es que ya no había tiempo
de volver atrás. No hubo manera de borrar huellas. Eran demasiado nítidas.
Adicionalmente, Tony debió comprender que le sería muy difícil impedir que
brotaran testimonios comprometedores, como en efecto ocurrió. Tony y los hermanos Castro fueron virtualmente desnudados en el juicio radicado en Florida. Tampoco fue posible evitar que en el proceso iniciado en Cuba con la denominación de Causa 1, se pronunciaran palabras inconvenientes. Llorando, quebrado anímicamente, Miguel Ruiz optó por revelar el entramado durante el proceso que llevó a la muerte a Ochoa, Tony La Guardia, Padrón y otros. Remató su delicada exposición con afirmaciones sumamente graves:
“Yo sabía, maldita sea, que los americanos se estaban acercando y Tony me dijo: Fidel ya sabe y te voy a decir algo, Fidel ya lo tiene resuelto” (7)
Y en verdad: lo tenía resuelto al hacer caer las cabezas de muchos para salvar la suya. Si a partir de la creación de la sección MC (siglas que los
guasones del partido no leían con el nombre oficial de Moneda Convertible sino
con el de Marihuana y Cocaina), el narcotráfico llegó a ser una industria con
participación de la mafia de La Habana. El Departamento América, sin ser para nada ajeno –como se verá- a esas actividades, se especializó en otro género de guerra encubierta: la del fomento de movimientos revolucionarios en el Hemisferio.
Entre Barba Blanca y Barba Roja hubo sólidos vasos comunicantes (*)
debido a que una de las aplicaciones del dinero extraído de fuentes criminales fue siempre el financiamiento de movimientos revolucionarios irregulares. MC no
surgió de la nada. Su antecesor fue la empresa CIMEX, aparentemente la primera bajo forma de sociedad anónima adscrita al MININT. La diferencia entre las actividades de Piñeiro y Tony consistía en que mientras las manejadas por éste tenían como objeto principal proveer de dinero a las exhaustas finanzas de la arruinada Tesorería, las encomendadas a Piñeiro se enfocaban en promover la subversión hemisférica y ninguna fuente de financiamiento mejor que la proveniente de los carteles de la red de estupefacientes. Tony, hombre valiente como pocos, también cumplía con versatilidad actividades revolucionarias muy
arriesgadas. De hecho, el Departamento América se convirtió en un superpoder que imponía embajadores y otros funcionarios diplomáticos a fin de extender su organización transamericana. Estos espías-diplomáticos muy pronto recibieron
la instrucción de entenderse con Pablo Escobar, Carlos Ledher y capos de otros países, hasta que Cuba instaló su propio Cartel. Algunos casos que alcanzaron
celebridad evidenciaron el matrimonio de las drogas y la exportación de revoluciones. Sospechoso de narcotráfico, Fernando Ravelo, el embajador cubano en Colombia (y luego en Nicaragua), era miembro del Departamento
América

Anonymou
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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

Mensaje por Anonymou el Dom Abr 15, 2007 3:45 pm

Dicho sea en sentido metafórico porque las relaciones de Barba Blanca con los funcionarios cubanos pese a ser intensas duraron poco y casi seguramente el famoso narcotraficante no conoció personalmente a Piñeiro, aunque sin duda mantuvo relación con varios de sus colaboradores directos. En la actualidad purga una larga sentencia en EEUU. A su vez, el narcotráfico no ha sido tan pasajero: entró para quedarse en la isla


El Partido Comunista Cubano, con varios nombres por obra de las condiciones de su lucha, era el más antiguo entre todos los existentes hasta que la revolución acabó con la lucha política. Integrante de las dos primeras fórmulas unitarias animadas por Fidel, terminó absorbido después del fracaso de la intentona antifidelista dirigida por Aníbal Escalante, uno de sus dirigentes más destacados. Después del triunfo de la revolución en 1959 surgieron, primero, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) cuyos integrantes fueron el Movimiento 26 de julio, el Directorio Revolucionario 13 de marzo y el Partido Socialista Popular (comunista). Finalmente todo lo anterior quedó abolido y comenzó el régimen de partido único. Se fundó, históricamente por segunda vez, el Partido Comunista de Cuba, único permitido por la Constitución. Fue un paso hacia la unidad pero también hacia la concentración del poder, la quiebra del pluralismo y de hecho la consagración de un presidente vitalicio. Pero en ese momento se dividieron administrativamente las funciones de seguridad que desde 1960 venía dirigiendo Barba Roja, incluso antes de la creación de la Dirección General de Investigación (DGI), madre del Departamento América. Entre las atribuciones asignadas a Piñeiro sobresalía la exportación de la revolución fidelista y de sus métodos, razón por la cual probablemente al Comité Central del Partido Comunista le pareció que este organismo debía ser una dependencia suya. Y así en efecto se dispuso, recibiendo la nueva unidad administrativa el nombre de Departamento América. La DGI había estado en la estructura del MININT, órgano ejecutivo del cual era viceministro Barba Roja. Era aquél un vínculo puramente formal porque las actividades de Piñeiro eran tuteladas básicamente por Fidel. Semejante situación se mantuvo, más acentuada, en la relación real entre el Departamento América y el Comité Central del Partido, entre otras razones porque mientras el MININT es un repartimiento administrativo de diario funcionamiento y organización jerarquizados, el Comité Central –como se ha dicho- no tiene sustancia propia. Es un nivel que sólo funciona cuando es convocado por el Buró Político. Predominan en sus sesiones las resoluciones previamente aprobadas en el Buró Político o en el entorno de Fidel. Sin desconocer su enorme gravitación política, el Buró Político es también y en alguna medida un órgano inoperante, que baila al son de las pulsiones del caudillo. La actividad cotidiana de la dirección política es ejecutada por el Secretariado, sin pretender por ello asumir más poder que el de llevar las tareas administrativas más corrientes.
En síntesis, el Comité Central, el Buró Político y el Secretariado, no obstante su alta significación y su elevado estatus, sólo dirigen por sí mismos las tareas residuales. Es Fidel quien asume el control personal de todo lo que sea significativo en Cuba, salvo en frentes sectoriales y específicos donde se levantan otras jefaturas auténticas. Lo cierto es que las actividades de Piñeiro fueron encubiertas hasta para el Comité Central, al cual supuestamente estaban supeditadas, pero no para Fidel, quien por el contrario solía idear buena parte de ellas y reservarse el derecho de aprobarlas todas. Por supuesto, eso no niega que por temor, codicia o para encubrir errores, el Departamento le ocultara cosas al caudillo o se las presentara de modo favorable a la propia gestión de Piñeiro y los suyos. Trasladar culpas propias a otros, aprovechar su posición para formar un circuito de agentes femeninos para su servicio personal o íntimo o apropiarse de dinero fueron prácticas nada infrecuentes que se le han reprochado por trascorrales a Barba Roja durante sus más de tres décadas al frente de la seguridad de Cuba. Muchos han calificado a Piñeiro con la nota de corrupto, sin regatearle su muy certificada capacidad.

Anonymou
Invitado


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Re: LA DEBILIDAD EN LA FUERZA

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