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Tipica historia de una madre y esposa cubana abandonada.

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Tipica historia de una madre y esposa cubana abandonada.

Mensaje por ElpidioValdez el Lun Dic 12, 2011 5:10 pm

Mucho se ha hablado , prosado, poetizado y calafateado la cubania y orgullo nacional cubano, pero no por ello es menos cierto la triste realidad de muchos que se averguenzan en ocasiones de ser cubanos y sentirses impotentes de ayudar como quisieran a sus compatriotas oprimidos y en desgracia o de tener que admitir tener el dudoso merito nacional de sufrir la dictadura mas larga de la historia contemporanea.

Pero no solo por eso nos deberiamos avergonzar y uno de esos tristes fenomenos cubanos es la separacion de familias o /y el abandono de nuestros hijos o familiares a que se les arreglen como puedan al garete en la Cuba de los Castro, la hambruna y la deshumanificacion que esta conlleva.




Este es uno de los ejemplos, multipliquen esta historia quizas muy tipica por MIL o quizas 10 MIL.

Hace cincuenta y dos años, la mujer de mi historia era una joven de veinte cinco años, llena de ilusiones y de sueños. Su extracción era humilde, pero su familia se había preocupado porque estudiara para que se abriera camino y se hiciera de un mejor futuro. Comida, según me cuenta, nunca les faltó.

Cuando la sorprendieron los arrolladores cambios sociales, ella había terminado la Superior, y recién comenzaba a trabajar en una tienda de la calle Galiano. Ganaba poco, pero como vivía en la casa materna, su salario le alcanzaba para ayudar a su madre y darse ella algunos gustitos, tales como: salir a merendar al Ten Cent con sus amigas, comprarse ropa nueva en el cumpleaños, para fin de año y quizás para alguna que otra ocasión.

Un día en que salía del trabajo, se cruzó con un joven y ambos se quedaron mirándose, como poseídos por un encantamiento. Ella vestida toda de blanco, porque era verano, y el con un uniforme verde olivo y unos collares de semillas, colgando de su joven cuello.

Pronto se casaron y sin darse cuenta, comenzó a identificarse con las ideas de su joven esposo, y cada vez más se vio involucrada en sus actividades revolucionarias. No pasó mucho tiempo sin que llegara su primer hijo, para entonces ya su esposo no vestía de verde, y trabajaba como camionero en una empresa. Sus dos salarios juntos apenas alcanzaban para cubrir los gastos de los tres. Un día, me cuenta, se levantó muy temprano y sorprendió a su esposo llenando apresuradamente una maleta: se pensaba ir del país en una lancha y le había dejado una nota de despedida en el refrigerador. Por más que le suplicó y se deshizo en llanto, el no la escuchó, estaba decidido. ¡No aguanto más!, -le dijo.

Se quedó sola con su hijo, ya parte de su familia se había ido, y muchas de sus amigas también. Ella nunca se decidió a hacerlo: aún creía que al menos su hijo tendría un futuro mejor. Además no quería dejar atrás a su madre y amaba a esta tierra.

Pasando muchos trabajos y carencias, pues no supo más del hombre que había amado, fue sacando adelante a su hijo y logrando que éste también estudiara y hasta se hiciera de un título universitario. Años después, también éste se marcho, buscando nuevas oportunidades y porque estaba harto, -según le dijo-, de pasar tantas privaciones.

Así, ahora, a sus setenta y siete años, esta pobre mujer va a la calle y se para a las salidas de los agro-mercados, a vender unas bolsas grandes (jabas) confeccionadas por ella misma con materiales que recicla, pues su magro retiro alcanza a penas para sobrevivir, y aunque su hijo le manda de vez en cuando una ayudita, también tiene familia que mantener y no gana mucho. ¡Pensar que trabajé y me sacrifiqué tanto por un futuro mejor, y nunca ha llegado ni llegará, al menos para mi!



ElpidioValdez
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