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Es ésta la respuesta?

Mensaje por Invitado el Lun Abr 18, 2011 4:49 pm

Leyendo en Penúltimos Días encontré este análisis profesional sobre las causas y motivos del comportamiento actual de los cubanos.Se me ocurre que aquí esta la respuesta (o al menos parte) a la gran interrogante.Cuantas veces,casi a diario nos preguntamos ¿que nos pasa a los cubanos?.La autora,Berta Luna,lo analiza todo y da un diagnostico clínico y profesional y no me queda otra opción que aceptar que tiene totalmente la razón.Invito a los hermanos foristas a leerlo con detenimiento.Lo encuentro todo muy lógico.Es la respuesta?,puede que lo sea.............. El estado como normativa o la soga al cuello.Al instaurarse el contrato social entre los cubanos y el Estado, cuando sea que haya ocurrido, se dio un fenómeno que la psicología social describe como conformidad: la influencia que ejerce una persona o grupo sobre otra persona, que lo lleva a aceptar normas y conducta. Esta presión también es llamada influencia social normativa, es decir que nos conformamos con la capacidad del grupo de recompensarnos y castigarnos. Muchos psicólogos (V. L. Allen, por ejemplo) concluyen que la presión normativa es resultado de una obediencia pública sin aceptación privada (véanse los ejemplos de prisioneros de las guerras coreanas y vietnamitas, ampliamente estudiados por los psicólogos sociales). Sería la popularmente llamada “doble moral”, cuando el individuo que reacciona a la presión normativa lo hace por miedo o ansiedad. Según las investigaciones de Asch, la fuerza de la normativa varía, entre otras cosas, en dependencia del tamaño del grupo: a grupos mayores más conformidad. La obediencia y la conformidad son dos factores importantes de presión dentro la influencia social, que fueron estudiadas en laboratorios y que nos ayudaron a comprender casos tan dramáticos como la muerte de millones de judíos durante el Holocausto o el suicidio masivo de Jamestown, Guyana en 1978. Hay otros aspectos que se agregan al concepto, como que en las primeras etapas de formación del grupo (entiéndase sociedad) es más fácil suscitar la conformidad que en las últimas (entiéndase nuevas generaciones) así como que en las etapas de turbulencia del grupo, es menos probable que tenga lugar. Aunque se han hecho muchas investigaciones sobre los factores personales o diferencias personales que influyen en la conformidad, no meritan destacarse por cuanto el fenómeno social cubano destaca por la masividad del conformismo. Es un fenómeno donde lo que cuenta es la masa, no las excepciones.

De lo social a lo personal significativo.
La pregunta a la que quiero llegar es: ¿hasta dónde el efecto de la Influencia social normativa en Cuba ha pasado de ser un fenómeno sociológico macrosocial, a un fenómeno con raíces en la conciencia individual, que se han ido profundizando y erosionando las conductas que van de lo estrictamente personal (procreación) hasta conductas de adhesión masiva al régimen, dígase actos de repudio, participación en manifestaciones políticas, etc.? Recuerdo hace años, en consulta, que una joven (hija de un preso político) me manifestó su negativa a tener hijos, si ello consistía en someterlo a las escaseces materiales y a una sociedad decadente y aquello me sorprendió: no estaba preparada para una afirmación tan categórica, la de alguien que renuncia a satisfacer sus propias necesidades por su inconformidad con el sistema imperante.

La cultura de los nuevos valores (o antivalores).
Muchos años han pasado desde ese primer pacto social, y muchas otras manipulaciones han movido el inconsciente colectivo del cubano: el uso de un excelente mercadeo, la represión a todos los niveles y el uso extremo de la deslegitimación como forma de desacreditar a sus “enemigos“, entiéndase imperialismo yanqui, en primer lugar, y todo(s) lo(s) demás. Este fenómeno macrosocial, acompañado de diversos mecanismos (como la compra de voluntades, el contubernio de las fuerzas de izquierda en todo el mundo, etc.), ha conducido, a mi juicio, a una sociedad psicopatizada. El cambio de modos y costumbres, la negación de todo lo precedente, otras conductas, actitudes, motivaciones, y un largo etcétera (porque en el dossier de una conducta psicopática pueden haber conductas completamente disonantes e inadecuadas) conforman una nueva cultura, que ha tenido que mimetizarse con los tiempos que le ha tocado vivir. Una cultura impuesta, por conveniencia del sistema y que no está acorde con los tiempos reales de la humanidad, sino con la temporalidad de un régimen que busca permanecer cerrado a diferentes formas de pensamiento. Para este proceso podría incluso usarse el término transculturación, que apareció en el terreno de la antropología a partir del año 1940, y que fue ideado por Fernando Ortiz. La mayoría de las transculturaciones son conflictivas, en especial para la cultura “receptora”, máxime cuando los rasgos culturales son impuestos.

Teorías vs totalitarismo.
Las teorías sociales nos dicen que el ser humano tiene una gran capacidad de aprendizaje. A nivel de grupo es que aprende patrones de conducta para poder sobrevivir con arreglo a unas pautas propias de la especie y del grupo social. Pero el totalitarismo supone una consecuente negación de la persona como un elemento individual que posee libre albedrío, y más bien considera al hombre en función de la sociedad: el ser humano es humano en cuanto a que es parte o miembro de una sociedad, no en cuanto a su autoconciencia como persona. Si cotejamos ambas cosas, tendríamos a un cubano que sufre de desindividuación. Son muchos años de sumergirse en el grupo y perder su identidad, y cuando esa identidad se pierde, no se siente tan responsable por su comportamiento, por lo que se congela su capacidad de aprendizaje y renuncia al libre albedrío para que otros decidan por él. Su conducta, entonces, se vuelve impulsiva y emocional.
Es abrumadora la cantidad de ejemplos que vienen a mi memoria; todos los cubanos, emigrados o no, hemos sido testigo y partícipes en muchos casos, de estas conductas.
Desde un primer momento estuvo claro que en Cuba la comunicación corría en una sola vía; sólo el emisor comunicaba, sin apenas réplicas y casi ninguna retroalimentación. Por eso la necesidad de comunicación fue haciéndose cada vez mas urgente entre los ciudadanos, pero reducida al circuito privado del hablar “inter-nos”. Tanto fue —y es así— que se estableció una cierta forma de lenguaje en código, inteligente y barrio pinto, medio en broma (para apaciguar la ansiedad) y medio en serio, que puede resumirse en el letrero que vi una vez en casa de un conocido músico del grupo Irakere: “Prohibido hablar de la COSA”. Existe la necesidad de esa comunicación, siempre y cuando no ocupe el espacio público ni viole los códigos de la conformidad (hablar bajito y entre nos), lo cual significa acatar la normativa social impuesta.

¿Cómo ha influido todo esto en la emigración?.
La realidad siempre se impone y los fuertes mecanismos de presión, a fuerza de repetitivos, van perdiendo influencia; hoy el desastre económico y la falta de libertad asfixian al ciudadano de a pie. Hay una sola palabra que puede resumir en términos de sentimientos lo que sucede en lo más íntimo de nuestra conciencia: frustración por eso que suele llamarse “privación decreciente”, la pérdida de lo que pensábamos que podríamos tener. La frustración ha sido causa de revueltas y revoluciones porque a toda frustración le corresponde una conducta agresiva. Se trata de una teoría estudiada por todas las ciencias de la conducta: si a una frustración no corresponde una agresión, ésta se acumula; pero si el causante de la agresión se disculpa (o culpa a otro) el enojo y la agresión disminuyen, o se canalizan, o se reprimen, etc. Desde mi modesta opinión, en el cubano hay demasiado contenido reprimido (y esto quiere decir inconsciente) y algunas teorías psicológicas explican esto como causa de enfermedad mental. Es como estar encerrado en un callejón sin salida, sin comunicación, sin libertad para una conducta agresiva abierta y mucho castigo por infringir la norma. Resultado: huyo contra lo que no puedo, de la misma manera que huyo de la situación fóbica, afrontando a veces un riesgo incluso mortal.
Dejando fuera de juego muchos otros conceptos igual de importantes, como motivaciones, actitudes, sentimientos, necesidades, etc., y los cambios históricos en cada momento (son 52 años) que harían esta reflexión interminable, o un análisis sociológico y de antropología cultural que definan al cubano pre-revolucionario, concluyo que emigrar resulta para el cubano la respuesta más lógica, posible, creíble, fácil y estadísticamente esperada, aunque no la necesaria, (como cualquier conducta neurótica) en términos psicológicos, tanto clínicos como sociales.
¿Es que nuestra cultura seguirá eternamente en la anomia? Tengo la esperanza de que volveremos a lo que éramos, de que nos deslizaremos suavemente y despacito a lo que fuimos por los cauces de la herencia cultural y genética, aunque habrá mucha agresividad que canalizar primero, eso no se podrá evitar. Otros serán los problemas económicos que derivan de una población envejecida. Espero que después del castrismo un nuevo orden nos ayude a acomodar esto.

Berta Luna
Miami


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