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De comederos y comensales

Mensaje por Miranda el Miér Dic 08, 2010 5:05 pm

De comederos y comensales



Diciembre 7, 2010 at 17:23 · Clasificados en Sin Evasión


Fotografía de Orlando Luis



Varios días atrás estuve leyendo algunos trabajos que se publican en un sitio que se mueve entre lo oficioso y lo oficialista. Contrario a lo que muchos puedan creer, resulta interesante confrontar puntos de vista opuestos a los propios, sobre todo si aportan elementos que nos fuerzan a afinar los argumentos, o –como es el presente caso– cuando se trata de testimonios que permiten encarar una realidad que, desde cualquier posición que se le mire, afecta a muchos, con independencia de las simpatías políticas o de la ideología de cada quien.
No me propongo desmenuzar un artículo, sino comentar uno de los temas que se aborda: la supresión de los comedores obreros como una manera de aliviar los abrumadores “subsidios” que pesan sobre ese padrazo bonachón que dicen es el Estado. La “medida” fue anunciada a viva voz hace más de un año en los medios nacionales y se implementó experimentalmente en varios ministerios, cuyos trabajadores recibirían la suma de 15 pesos (moneda nacional) en sustitución de cada almuerzo. Muchos de esos trabajadores acogieron con verdadero beneplácito el final de sus comedores, y no era para menos: aquel que asistiera al trabajo los 24 días laborables de cada mes percibiría por ese concepto un total de 360 pesos por encima de su salario. Si se tiene en cuenta que la suma era la misma para todos los trabajadores, con independencia de su escala salarial y de la complejidad o responsabilidad de la plaza laboral que ocupasen, los empleados de menores ingresos tendrían un sustancial incremento de sus entradas, en algunos casos superiores al propio salario. Queda implícito que los trabajadores de los centros que no fueron seleccionados para el experimento esperaban ansiosos e ilusionados con que, finalmente, la medida se extendiera a todos.
Con la entusiasta inmediatez que caracteriza cualquier iniciativa revolucionaria en este país, se inició el experimento a fin de verificar los resultados para extenderlo a la totalidad de los centros de trabajo. Sin embargo, aunque no se ha vuelto a mencionar el asunto, paulatinamente han ido desapareciendo muchos comedores obreros de un sinnúmero de centros sin que sus trabajadores reciban a cambio retribución alguna, ya que no se contaban entre los elegidos del inicio del gran experimento. Estos excluidos, pues, ya no tienen comedor obrero ni reciben el beneficio de los salvadores 15 pesos. No obstante, se mantiene el cumplimiento de las 8 horas laborales de rigor establecidas en las leyes. Hay que anotar, a manera de paréntesis, que dichas leyes también establecen que no se pueden cumplir 8 horas sin horario de almuerzo, así que –con maligna habilidad– las administraciones de cada centro de trabajo han tenido el cuidado de mantener una hora de receso destinada al almuerzo de los trabajadores, tiempo en que ellos deben procurarse la alimentación, ya sea haciendo extracciones de su exangüe peculio para comprar “en la calle” lo que aparezca al menor precio posible (y por tanto sin calidad alguna) o mermando sus no menos desfallecidas reservas alimentarias hogareñas, con todos los inconvenientes que ello conlleva. Por cierto, a pesar del malestar, no tengo información de que se haya producido la menor huelga de trabajadores… Ni se va a producir, pueden darlo por sentado.
Ahora bien, más allá de la pequeña tragedia gastronómica y financiera de referencia, ¿no resulta verdaderamente cínico que el experimento del gobierno decidiera destinar 15 pesos a cada trabajador para que se procurase el almuerzo? Según como yo lo veo, si las propias autoridades concibieron que esa suma era la indispensable para que una persona pudiera adquirir los alimentos correspondientes a un simple almuerzo; si –además– se sabe que el salario medio de un cubano es de aproximadamente 300 pesos, ¿no equivale esto al reconocimiento oficial de que el salario en Cuba a duras penas alcanza solo para garantizar una comida al día a una persona? Este es, a mi modo de ver, el quid del problema. El drama no estriba, como parece proyectarse en la opinión de algunos afectados, en que se les asignen o no 15 pesos extra por cada almuerzo o en que les mantengan un comedero (que no “comedor”) que les garantice una mísera y generalmente pésima ración de alimentos en su trabajo a un precio simbólico. La verdadera tragedia es que el salario devengado después de un mes de trabajo no resulta suficiente siquiera para satisfacer la mínima alimentación de un individuo, no ya de una familia; que el Estado patrón –consciente de ello– se lave las manos con el asunto y que las víctimas de siempre continúen soportando en silencio el desprecio y la altanería de

Miranda
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