Secretos de Cuba
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A/Ladino y La Lámpara Maravipetrolosa… o El Reto de la Economía... ó la Economía del Reto...: ¡¿Qué más da?!

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A/Ladino y La Lámpara Maravipetrolosa… o El Reto de la Economía... ó la Economía del Reto...: ¡¿Qué más da?!

Mensaje por Invitado el Lun Nov 29, 2010 3:01 am

Especiales, Opinión, Aurelio Alonso
El reto de la economía sigue siendo para Cuba esencial
23 Noviembre 2010

Intervención del sociólogo cubano Aurelio Alonso en el Coloquio
Internacional “La América Latina y el Caribe entre la independencia de
las metrópolis coloniales y la integración emancipatoria”, que sesiona
en Casa de las América, de La Habana.

Yo diría que lo que nos congrega en esta conmemoración de 1810, un
conjunto de coincidencias. La primera tal vez es casi de Perogrullo:
las independencias fueron vulnerables a un síndrome de reversibilidad,
desembocaron en otra dependencia, y de este lado del Atlántico lo que
resultó más universal fue esa reversión. La única independencia inmune
fue la anglosajona, nacida con una voracidad que llevaba la marca de
la nueva colonialidad.

La segunda coincidencia sería, a mi ver, la necesidad de establecer la
distinción entre independencia y emancipación. Emanciparse es hacerlo
“del despotismo, de la ignorancia, de la miseria” (A. Roig) buscando
precisar esta distinción, algo diferente, y de otra complejidad, más
profundo y definitivo que desprenderse de una relación de dominación
externa, aunque muy estrechamente ligado a ello.

La tercera convicción que nos trae al debate, es la constatación es la
lucidez de los libertadores de la importancia del peso de la unión,
explícita desde Bolívar cuando buscaba con ansias que esta surgiera
del mismo proceso de independencia del yugo colonial español, y en
Martí, que pudo percibir más directamente la vulnerabilidad de
nuestras naciones ante el imperio que ya se había formado en el Norte,
y proclamar que salvar la independencia que quedaba pendiente -la de
Cuba y la de Puerto Rico-, era imprescindible para salvar la
independencia de América.

Los líderes de la Revolución cubana de 1959 pudieron comprobar muy
pronto, en la práctica, el peso que representaba como condición de la
propuesta emancipatoria, el grado de correspondencia que se pudiera
dar en el escenario latinoamericano con el proyecto cubano. Por eso
cifraron la consolidación de la victoria cubana en lo que podía
suceder en América Latina (Segunda Declaración de La Habana). No
querían “exportar la revolución”: comprendían lo que Bolívar y Martí
(y otros) también habían comprendido.

¡Cinismo sobre Cinismo porque Cubacastrista Sí Exportó revoluciones
en paquetitos de a guerrillas y al por mayor al tan codiciado escenario tricontinental, en la dorada época de las Terroríficas Revoluciones “bendecidas” por la Teología de La Liberación!

Por eso cuando hablamos de integración emancipatoria como meta de
nuestro tiempo histórico, como tarea pendiente desde la gesta de 1810,
no hay que olvidar que han corrido dos siglos de la dominación, y el
rumbo histórico del continente, supuestamente descolonizado, padeció
hasta hace poco de una colonialidad casi impune. Solo ha sido en el
último cambio de siglo, bajo la presión de los efectos de la
globalización capitalista, que una perspectiva de integración ha
logrado retornar a la agenda latinoamericana con una significación
emancipatoria.

Integración es el término que define, en las condiciones de nuestro
tiempo, el camino del fortalecimiento del proyecto nacional
-revolucionario o reformador- que aspire a contar un soporte
multinacional para rescatar soberanía, gobernabilidad, y medios para
dar respuesta a las urgencias de los pueblos; para decirlo en términos
de estrategia política. Sin alcanzar este soporte, las posibilidades
de resistir a las presiones hegemónicas son sumamente reducidas -no
inexistentes, y Cuba ha demostrado que hasta en las condiciones más
adversas la única opción es resistir, que plegarse a la hegemonía no
admite salida. Y que no es imposible.

La Clave de la Supervivencia del engendro Fasocastrista ES ESA, LA
DESESPERADA NECESIDAD DE: ¡“un soporte multinacional para rescatar soberanía, gobernabilidad, y medios para dar respuesta a las urgencias de los pueblos; para decirlo en términos de estrategia política"!…: Petróleo, Materias Primas; Armas; Insumos Productivos… Financiamiento…

Cuando caracterizamos esta integración como “emancipatoria”,
precisamente la diferenciamos de las otras. No es un adorno del
lenguaje. Pensamos en una integración que supera en horizonte a los
experimentos regionales surgidos en la segunda mitad del pasado siglo,
algunos, propios de la modernidad de la dependencia, otros filtrados
en entresijos de la película formada por las relaciones de dominación.
Frecuentemente con una aspiración poco viable de consolidarse como
mecanismos jurídicos multinacionales de defensa -Mercosur, Pacto
Andino, Caricom, etc.- debilitados prácticamente hasta el
desvanecimiento dentro de la globalización neoliberal. Reanimados, sin
embargo, con un nuevo aliento gracias a los cambios ocurridos en el
continente a comienzos del siglo.

La otra expresión del concepto es un verdadero contrasentido. Me
refiero a la noción de una integración panamericana -hoy se insinúa
entre los defensores de que todo quede como está:
“paniberoamericana”-. Un dispositivo de concertación
intergubernamental la prefigura: la OEA. No es que haya que desconocer
que el cambio de correlación en su interior puede hacer salir de la
OEA consensos deseables, coyunturalmente, pero el conflicto
geopolítico y geoeconómico de las dos Américas, si lo consideramos
como algo estructural, no admite una verdadera integración. Toda la
historia reciente de nuestra América demuestra que la integración -ese
hecho signado por la modernidad del que la Unión Europea se propone
modélica- tiene que ser emancipatoria. Es decir, generar el efecto de
unidad que Bolívar reclamaba, o carecerá de significado.

¡Dilo por lo claro Fascistón: “0” América desde Alaska hasta la Patagonia y Sí CONFRONTACIÓN NORTE-SUR ó “Sin Todos” y para El Bien de Unos pocos Castrofágicos Tricontinentalistas!

Pero la integración emancipatoria ha de ser otra cosa, distinta de
todo esto… o no será. Sin tomar modelos prestados, en primer lugar
porque no podemos olvidar que nos planteamos un proceso de integración
de países que clasifican como la periferia del sistema-mundo. La
condición de emancipación supone una integración que no se limite a
transformar el Sur, sino que imponga su legitimidad ante el Norte, y
tendrá que hacerlo a partir de su resistencia. Históricamente, además,
en la perspectiva inmediata, un proceso de integración emancipatoria
entre países periféricos se nos presenta únicamente en la agenda de la
América Latina. La OPEP hubiera podido aportar un grano, en los
setenta, a un proyecto similar en el Medio Oriente, pero la codicia de
los insaciables emires árabes y los oligarcas venezolanos condujeron
sus pasos a la Banca norteamericana y europea.

Al Monotemático de la Integración Sureña, ahora se suma La Diatriba
NADA DISIMULADA Contra la OPEP porque, ¡¿qué puede hacer un “bloque tricontinentalista” SIN PETRÓLEO?!... para Fidel Castro y sus Pandilleros del ALBAsur se impone el mismo dilema de Hitler en su fracasado intento de acceder al petróleo de Los Urales; Hitler perdió la Batalla de Tanques del Arco de Kursk, y Fidel Castro Cia. Están Perdiendo el soplo de aire emulsionado con petróleo que la supuesta “integración Latinoamericana” con los ALBInos del Sur le podría suponer… de todas formas, del Lobo de la OPEP aunque sea un pelo goriláceo de Chávez…

Cuando me planteo el espacio de Cuba en esta integración, lo primero
que tomo en cuenta es el tiempo histórico. La Revolución Cubana
cumplió cincuenta años. El nuevo escenario de transformación en
América Latina, en el que al fin la Revolución Cubana se puede
insertar, legítimamente, en su contexto continental, tiene solo diez
años. No es un tema de almanaque. Lo que subrayo es que este escenario
de hoy cuenta, por una parte, con una apreciable frescura y adolece,
por otra, de una falta de acumulación experimental. Los cubanos
contamos con una acumulación de experiencias muy rica; pero, a veces,
nos puede faltar la frescura para incorporar flexiblemente las
transformaciones que la época demanda.

Como primer experimento de cambio radical en América Latina, el cubano
se ha caracterizado, sobre todo, por mostrar su capacidad de resistir
a todo tipo de presiones del imperio. ¡A todo tipo de presiones! A las
directas, y a las ejercidas a través de otros contextos geográficos. A
las económicas y a las armadas, a las diplomáticas y a las culturales.
Diría que se obligaba a Cuba a resistir en soledad, prácticamente
aislada. Ante el “caso cubano” se impuso, como nunca antes, el
panamericanismo imperial.

Tampoco contamos los cubanos con la referencia de un modelo socialista
viable de desarrollo, porque el modelo soviético, que identificaba la
socialización con la propiedad estatal (y otras cosas) contraponía
plan y mercado, consagraba el ejercicio del voluntarismo en la
planificación económica, configuraba una nueva burocracia, y
desestimulaba el trabajo. En suma, presentaba fuertes contradicciones.
Es ahora que en Cuba se plantean los cambios que pueden llevar al
sistema a la configuración de un socialismo viable.

¡Jajajaja…¿para qué ¿necesitamos? YA a Los Rusos si tenemos, al
doblar la esquina, El Surtidor de Combustible casi Regala´o?… y ese
que NOS regala el petróleo le compra armas, y piezas de repuesto para
la técnica de combate de las FAR a Los Rusos y nos la pasa por debajo
de la mesa...?!


El experimento socialista desarrollado en Cuba hasta nuestros días
comporta, para Nuestra América -para el futuro que vemos despuntar a
comienzos del siglo presente- el carácter del experimento precursor.
Un experimento cuya capacidad de resistencia frente a las presiones
imperialistas, cuyos logros y cuyas frustraciones tienen que ser
evaluadas con atención en la difícil tarea de ingeniar los caminos.
Pero un experimento sin el cual difícilmente el siglo XXI americano
hubiera comenzado como comenzó.

El reto de la economía sigue siendo para Cuba el reto esencial. Como
en los primeros días, podría añadirse. Hoy con un nivel de
irregularidades en el espectro de las relaciones económicas internas
generadas por el solapamiento de los efectos de la caída de los
noventa y los de un paquete insuficiente de reformas. Deformaciones en
la economía interna que no padecía antes de los noventa. Pero hoy
cuenta también con un capital profesional que no tenía entonces. El
experimento socialista cubano se acopla a este momento de cambio
continental con ese capital, el de contar con más del 12 o 13% de la
población cubana con un nivel escolar profesional. Es decir, un alto
nivel de población universitaria. Aunque también comporta una
contradicción, que parte de la baja la tasa de aprovechamiento que el
sistema cubano tiene la capacidad de hacer, en sus condiciones
actuales, de ese capital profesional.

¡Excelente “observación”, amiguito “sociólogo”, pero que lleva a una
Conclusión Intrínseca:

“La Base Económica Determina La Superestructura”… ¿No?...:

Luego, el “Experimento Fasocastrista” NUNCA PUDO CREAR UNA BASE ECONÓMICA porque carece de fundamentos económicos viables y sostenibles… pero hay que reconocer que han tenido “suerte” de poder vivir de Parásitos: Primero de los Rusos y ahora de Hugo Chávez…!

Estimo importante también, en la perspectiva de la integración
emancipatoria, que Cuba descubriera por primera vez en la América
Latina que la soberanía no es un tema jurídico. Y también, diría yo,
que se acercara así a otra comprensión de su verdadera naturaleza.
Nosotros de algún modo creímos, con la victoria del 1959, y volvimos a
creer aún cuando derrotamos la invasión diseñada, armada y apoyada
desde los EE.UU. en 1961, que la soberanía estaba plenamente lograda,
y no es así. Evidentemente la soberanía hay que defenderla todos los
días, mientras prevalezca un orden y una hegemonía imperial. Y ahí
está la clave de la capacidad de resistir. Y de subsistir, dentro de
esa resistencia, con un proyecto que aspire a imponer la justicia
social y la equidad por encima de la lógica de la ganancia.
No hablo de borrar la lógica de la ganancia, es evidente que no puede
darse así: la cuestión sería ampliar progresivamente los espacios a la
lógica de la justicia social y de la equidad frente a la lógica de la
ganancia, sin sacrificarla. Si se sacrifica la ganancia ¿con qué vamos
a costear lo otro? Seguramente va a darse con exigencias distintas en
cada una de nuestras experiencias. La cuestión es no perder la
brújula.

Insisto, para terminar, en que Cuba es una demostración de que no
valen los modelos, sino las experiencias sistematizables. Tenemos una
experiencia, hay que ver ahora en qué medida esa experiencia es capaz
de autocorregirse, de mejorarse, de hacerse sistematizable, de servir
a otros como experiencia pero no como modelo -recuerdo a Fidel Castro
en 1979 cuando prevenía al sandinismo de que no nos imitaran: “no
caigan en nuestros errores”, dijo en varias ocasiones-. Y creo que
también hay goznes conceptuales que son muy importantes, esenciales, y
que tenemos que relativizar, revisar, actualizar, someter a la crítica
de la historia conceptos que reclaman una connotación socialista
creíble, como los de irreversibilidad, de transición, de democracia,
de desarrollo, y otros muchos.

Tenemos que introducir flexibilidad, diversidad y a la vez
consistencia en esta tarea que tenemos por delante. Tenemos mucho que
debatir y reflexionar
.

¡Y al final, qué tanto Principios ni Justicia… Ni Integración propiamente dicha; AQUÍ LO QUE NECESITAMOS ES DINERO, RECURSOS MATERIALES Y FINANCIAMIENTO… PARA SOBREVIVIR Y CONTINUAR OPRIMIENDO AL PUEBLO… Porque La Mal Llamada “Revolución Cubana” NO ES UN MODELO VIABLE Y SOSTENIBLE DESDE EL PUNTO DE VISTA ECONÓMICO (Sin entrar en más detalles)…: Y si la sueltan, a "la revolución" Fasocastrista, SE CAE DE SUS PROPIOS PIES!

Muchas gracias. (¡No, Muchas Gracias a Ti, "sociólogo" Castrosociópata, por permitirnos conocerlos mejor cada día más…!)

Casa de las Américas, 23 de noviembre de 2010
(Tomado de La Ventana)

http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/11/23/el-reto-de-la-economia-sigue-siendo-para-cuba-esencial/

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