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Red Avispa: los rostros del reverso

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Red Avispa: los rostros del reverso

Mensaje por Miranda el Lun Oct 18, 2010 10:53 am

Opinión

Red Avispa: los rostros del reverso



Miguel Fernández-Díaz|
Miami| 18-10-2010 - 4:37 pm.









La irrupción de un ex agente de la Red Avispa en la televisión de Miami viene a confirmar lo sabido por simple deducción.





Cartel en La Habana.

Ed Levy López, ex agente Ariel de la Dirección de Inteligencia (DI) de Castro y desertor de su Red Avispa, está dando desde el pasado 11 de octubre una serie de entrevistas para el programa A Mano Limpia (Canal 41 de Miami), que muestran la otra cara del espionaje castrista en EE UU, oculta bajo el revuelo propagandístico por la liberación de “los cinco héroes”.
Desde luego, no hace falta testimonio alguno para demostrar que agentes de Castro infiltrados en EE UU son espías antes que veladores de exiliados terroristas. No podía ser menos si el discurso y hasta la enseñanza escolar en Cuba difunden la letanía de que tras cualesquiera hechos en contra de Castro está la CIA.
De modo que escurrirse hacia la Florida para cumplir la sublime misión de vigilar a terroristas del exilio vale tanto como ir a vigilar a la CIA, que será la peor agencia del peor gobierno del mundo, pero no deja de ser órgano de un Estado extranjero. A este elemental silogismo pudiera agregarse la proclividad de los infiltrados de Castro a buscar trabajo en bases aéreas estadounidenses antes que en empresas cortadoras de césped o limpiadoras de piscinas de las casas de la “mafia terrorista” de Miami.
Miami en vilo
Sin embargo, Levy López viene con su serio testimonio a causar malestar cultural en los medios de Miami, donde es cosa de periodismo examinar con retardo (en ambos sentidos del término) por qué Castro salió el 28 de septiembre pasado con una estrellita en la gorra y concluir que así apela a símbolos para aferrarse al poder, como si Castro necesitara de la política simbólica luego de haber llegado al colmo de la dictadura: ejercerla sin ningún atributo formal de mando. Ni qué decir de otros análisis, como urdir una posible vuelta de Castro al poder porque cambió del atuendo deportivo a las camisitas de mangas cortas, ni de las informaciones “de primera mano” acerca de que le habían administrado extremaunción, se le había caído el pelo o había estado ya 3 meses convaleciente (1992) por cáncer intestinal.
De ahí que resulte natural, tras haber soltado que Castro mismo era responsable del desmantelamiento de la Red Avispa, que Levy López tuviera que insistir en explicarlo, pues el interés se inclinaba a esclarecer por qué había decido comparecer ahora ante las cámaras, que es otro avatar de la pregunta más socorrida a los recién llegados en los barbiquiús de fin de semana en Hialeah: Y tú, ¿por que viniste ahora?
Levy López alegó que Castro puso la Red Avispa en peligro al ligarla con la Operación Escorpión, que se consumó (febrero 24, 1996) con el derribo a cohetazos de dos avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales. Todavía puede añadirse que fue temerario ante los agentes del FBI que viajaron a La Habana a investigar in situ (junio 16-17, 1988) los atentados con bombas (1997) a instalaciones turísticas por mercenarios centroamericanos.
Castro entregó información tan copiosa que debió haber solicitado inmunidad para sus agentes, si su misión era vigilar a la mafia terrorista de Miami. No haber formulado esta solicitud indica ya que la Red Avispa tenía otras misiones. Y Castro asumió el riesgo de lo que acaba de quejarse Raúl Castro en su discurso (octubre 6, 2010) por la proclamación del Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado: “Hemos brindado oportunamente al gobierno de los Estados Unidos abundante información sobre actos terroristas cometidos contra Cuba. El caso más conocido se produjo en los años 1997 y 1998 (…) Como única respuesta, el FBI en Miami (…) concentró todas sus fuerzas en perseguir y enjuiciar a nuestros [cinco] compatriotas”.
Fuera del juego
Levy López corrigió a Raúl Castro con la indicación de que no fueron cinco, sino diez arrestados de entrada (septiembre 12, 1998) y media docena después, así como otros escapados o escondidos, que sumarían alrededor de 30 avispas conocidas. Aquí aflora un indicio acaso más significativo que la estrellita en la gorra de Castro el Viejo, que pudo haber traído su causa hasta del mero capricho de Dalia Soto del Valle por aquello de “qué linda luce ahí”. Al ser abordado por Lucía Newman (CNN) en Oporto (octubre 19, 1998) sobre el operativo del FBI en Miami contra la Red Avispa, Castro puntualizó: “No nos interesan en absoluto informaciones militares”, es decir: sabía por dónde vendrían los tiros. Y como no podía determinar de antemano quiénes serían los “héroes”, se abstuvo de volver sobre el asunto hasta precisarse, antes de comenzar el juicio (noviembre 27, 2000), que eran cinco. Empezó entonces la contracandela propagandística de que se habían infiltrado, pero no eran espías.
A Castro sí le interesaban informaciones militares, tal y como confirmó el caso de Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia Militar (DIA, por sus siglas en inglés) estadounidense, de quien el canciller de la indignidad, Felipe Pérez Roque, expresó “profunda admiración y respeto” en foro on line sobre terrorismo. El caso de los esposos Myers, tan cerca del Departamento de Estado en Washington como lejos de la “mafia terrorista” de Miami, vino a ponerle la tapa al pomo.
Levy López atestigua que, por fuera del rejuego de agitación y propaganda en torno a la liberación de “los cinco héroes”, los cinco villanos que originalmente colaboraron con la Fiscalía dejaron claro ante la judicatura federal de EE UU —como ahora el propio Levy López ante la televisión hispana de Miami— las intenciones de la Red Avispa. Levy López confirmó lo que se había reportado sobre la confesión del avispa Alejando Alonso (Franklin): tenía órdenes de buscar puntos en los cayos de la Florida por donde pudieran desembarcar hombres, armas y explosivos.
Además, las parejas de avispas Joseph -Amarilys Santos y Linda-Nilo Hernández atestiguaron que sus misiones consistían en penetrar las redes informáticas del Comando Sur y espiar las bases aéreas de Homestead (Florida) y Fort Bragg (Carolina del Norte), respectivamente. Otra pareja conyugal de avispas arrestadas después (septiembre 20, 2001), George y Marisol Garí, revelaría el intento infructuoso del primero por colarse a espiar en la base aérea MacDill (Tampa) y la gestión exitosa de la segunda, empleada federal del Servicio Postal en el aeropuerto de Miami, para interceptar la correspondencia de cubanoamericanos fichados por la DI castrista.
Guía para perplejos
El espionaje en pareja es aconsejable no sólo por regla psicosociológica de estabilidad emocional, como pudiera ser el caso del profesor Carlos Álvarez (Universidad Internacional de la Florida) y su esposa, Elsa Prieto. También hay necesidad operativa: un hombre espiando solo en Miami se torna sospechoso por no traer a la mujer que dejó en Cuba. Así y todo reina la confusión sobre las visas denegadas a Adriana Pérez y Olga Salanueva, esposas de Gerardo Hernández y René González, respectivamente. La prensa de Miami aguanta hasta el comentario de que “el gobierno de Estados Unidos ha dado razones distintas e incoherentes para las denegaciones”. No hace falta llamar a Washington para saber que Salanueva se entrenó como radista en Cuba y entró a EE UU (1997) para incorporarse junto a su esposo en la Red Avispa. De ahí que fuera deportada (noviembre 22, 2000) y eso es razón suficiente para excluirla de visado. Pérez se adiestraba en Cuba con igual propósito y en eso se alborotó el panal. ¿Por qué dar visa a una avispa en capullo?
Ya las voces alternativas del exilio cubanoamericano profirieron insultos contra el Canal 41 y tacharon a Levy López de mentiroso, pasando por alto que ahí están los documentos intercambiados entre los agentes de Castro en el sur de la Florida y su “centro” en La Habana, que acreditan el logro más significativo del contraespionaje estadounidense: haber descifrado los códigos de la DI castrista.
El Comité Nacional por la Liberación de los Cinco había escogido ya el reportaje Cuba usó alucinógenos al adiestrar a sus espías (junio 4, 2001) para denunciar que El Nuevo Herald y la Casa Blanca se habían confabulado con vistas a incrementar la hostilidad de Miami hacia “los cinco héroes”. Así pretendió apuntalarse el alegato de la defensa: cambiar la sede del juicio, como si en otro lugar algún jurado pudiera tragarse la mentira de que infiltrados al acecho no conspiraran para espiar.
Ahora la radio alternativa de Miami endilga aviesas intenciones al Canal 41 por sus entrevistas a Levy López y vocifera, en franco desatino, que se trata de una vieja historia que El Nuevo Herald no publicó en su momento (2001) porque el testimonio de Levy López no era confiable. Nada supo El Nuevo Herald de Levy López hasta que afloró en A Mano Limpia. Si algo relacionado con el espionaje castrista tuvo dificultades para ver la luz en El Nuevo Herald fue precisamente el testimonio del agente Alex sobre cómo la DI entrena a sus espías con alucinógenos: desde Portugal se intentó modificar esa historia a través del sistema informático interno del periódico. Cabe aguardar que Levy López atestigüe también sobre la penetración de la DI en los medios de Miami.
Por supuesto que las declaraciones de Levy López dan pie a la discusión. El predecesor de Gerardo Hernández al frente de la Red Avispa, Hugo Soto (Horacio), confió a Levy López que había suministrado las armas para el atentado (febrero 28, 1990) contra Luis Posada Carrilles en el bulevar Vista Hermosa (Ciudad de Guatemala). Cuba niega haber participado y parece lógico que así sea, porque Posada Carriles vivo es pieza clave de la propaganda castrista. Pero no puede echársele la culpa al mensajero, sino advertir que castristas y anticastristas suelen arrogarse acciones imaginarias. Los agentes del imperialismo yanqui muertos por quienes se reúnen a conversar en las casas del combatiente dentro de la Isla no tienen mejor parangón que los milicianos muertos en los cuentos de las barberías de Miami.
Coda
La misión cardinal de la Red Avispa es tan evidente para Washington y La Habana que abundar en testimonios y razonamientos dista mucho de influir en las gestiones por liberar a “los cinco héroes”. En su peculiar conmemoración del pasado Día de la Rebeldía Nacional, Castro aprovechó el pie forzado que dio el finado Lucius Walker para predecir que “el fin de año pueden preparar ya”. Es posible que Castro esté al tanto de negociaciones secretas con la Casa Blanca. No importa que el Departamento del Estado niegue y reniegue. Nadie reportó a tiempo, por solo citar un ejemplo, la reunión en Ciudad México (noviembre 23 de 1981) entre Alexander Haig y Carlos Rafael Rodríguez. También pudiera estar recibiendo informes de inteligencia demasiado optimistas para mantenerlo contento. Tal y como explicó el ex seguroso Domingo Amuchástegui, la DI se atiene a las convicciones e intuiciones personales de Castro (Cuban Intelligence and the October Crisis, en Intelligence and National Security, volumen 13, 1998, número 3, página 110). O simplemente Castro deslizó algo sin reflexionar, acaso su propia esperanza infundada, como consecuencia de su proceso de envejecimiento. Así y todo, no sería extraño que la Casa Blanca esperara al paso de las elecciones intermedias el próximo noviembre para liberar a los cinco espías penitentes de la Red Avispa, con la certidumbre de que las voces de protesta del exilio anticastrista ya habrían enronquecido en las elecciones siguientes (2012).

Miranda
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