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Carta 08

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Carta 08

Mensaje por WES el Lun Oct 11, 2010 7:26 pm

VISTO EN P.D.
http://www.penultimosdias.com/
La traducción al español de la CARTA 08 que promovió el Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo y por la que ha sido sentenciado a 11 años de reclusión por la dictadura comunista china

Carta 08


I. Prólogo
Han pasado cien años desde la redacción de la primera constitución china. En 2008 se celebra asimismo el sexagésimo aniversario de la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el trigésimo aniversario de la aparición del Muro de la Democracia de Pekín y el décimo aniversario de la firma por parte de China del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Nos estamos acercando al vigésimo aniversario de la masacre de estudiantes que se manifestaban a favor de la democracia en Tiananmen en 1989. El pueblo chino, que ha soportado verdaderas catástrofes en materia de derechos humanos e innumerables pugnas a lo largo de esos mismos años, en general ve ahora claramente que la libertad, la igualdad y los derechos humanos son valores universales de la humanidad y que la democracia y el gobierno constitucional forman el marco fundamental en que preservar esos valores.
Al apartarse de esos valores, la política de «modernización» del gobierno chino ha resultado ser desastrosa. Ha despojado a la gente de sus derechos, destruido su dignidad y corrompido el desarrollo normal de las relaciones humanas. Como consecuencia, preguntamos: ¿Hacia dónde se dirige China en el siglo XXI? ¿Continuará con la «modernización» bajo el autoritarismo?, ¿o abrazará valores humanos universales, se unirá a la mayoría de las naciones civilizadas y establecerá un sistema democrático? Estas cuestiones son de todo punto ineludibles.
El impacto que produjo Occidente en China en el siglo XIX puso de manifiesto un sistema autoritario en decadencia y marcó el comienzo de lo que a menudo se ha dado en llamar «los cambios más importantes de los últimos milenios» ocurridos en China. Siguió un «movimiento de auto-fortalecimiento» cuya finalidad no era otra que la consecución de la tecnología para construir buques cañoneros y otros objetos occidentales. La humillante derrota naval china a manos de Japón en 1895 vino a confirmar la obsolescencia del sistema de gobierno chino. Los primeros intentos de cambio político en época moderna tuvieron lugar con las reformas del infortunado verano de 1898, pero fueron cruelmente aplastados por los ultraconservadores de la corte imperial china. Con la revolución de 1911, que dio origen a la primera república asiática, parecía que finalmente el autoritario sistema imperial, de varios milenios de existencia, podía considerarse enterrado. Pero los conflictos sociales en el interior de nuestro país y las presiones externas impidieron que eso fuera así; China se convirtió en un mosaico de feudos gobernados por caudillos y el sueño de la nueva república se desvaneció.
El fracaso tanto del «auto-fortalecimiento» como de la renovación política llevó a que muchos de nuestros antepasados se preguntaran seriamente si nuestro país no adolecería de alguna «enfermedad cultural». Este clima dio origen, durante el Movimiento del Cuatro de Mayo de finales de la década de 1910, a una corriente en defensa de «la ciencia y la democracia». No obstante, entre el persistente caos provocado por los caudillos feudales y la invasión japonesa [iniciada en Manchuria en 1931], ese esfuerzo también se malogró.
La victoria sobre Japón en 1945 proporcionó a China una nueva oportunidad de avanzar hacia un gobierno moderno, pero la derrota de los nacionalistas por parte de los comunistas en la guerra civil hundió a la nación en el abismo del totalitarismo. La «nueva China» que emergió en 1949 proclamó «la soberanía del pueblo», pero en la realidad supuso la instauración de un sistema en el que «el Partido es todopoderoso». El Partido Comunista de China se hizo con el control de todos los órganos del estado y de todos los recursos sociales, económicos y políticos, lo que ha dejado una larga estela de desastres respecto a los derechos humanos, entre los que cabe citar la Campaña Antiderechista (1957), el Gran Salto Adelante (1958-1960), la Revolución Cultural (1966-1969) la Masacre del Cuatro de Junio [Plaza de Tiananmen] (1989) y la actual represión de todas las religiones no autorizadas y la supresión del movimiento weiquan [movimiento que tiene como objetivo defender los derechos civiles promulgados en la Constitución China y luchar por los derechos humanos reconocidos en las convenciones internacionales que el gobierno chino ha suscrito]. A lo largo de todo este tiempo, el pueblo chino ha pagado un precio descomunal. Han muerto decenas de miles de personas, y varias generaciones han visto su libertad, su felicidad y su dignidad humana brutalmente aplastadas.
Durante las dos últimas décadas del siglo XX la política gubernamental de «Reforma y Apertura» proporcionó al pueblo chino cierto alivio de la pobreza generalizada y el totalitarismo de la época de Mao Zedong, y supuso un aumento considerable de la riqueza y el nivel de vida de muchos chinos así como la reinstauración parcial de la libertad económica y los derechos económicos. La sociedad civil empezó a prosperar, y la gente enseguida exigió más derechos y más libertad política. Al tiempo que la élite dirigente se inclinaba hacia la aceptación de la propiedad privada, empezó también a modificar su postura de rotunda negación de «derechos» hacia un reconocimiento parcial de los mismos.
En 1998 el gobierno chino suscribió dos importantes convenios internacionales sobre derechos humanos; en 2004 enmendó la constitución para incluir la frase «respetar y proteger los derechos humanos»; y este año, 2008, se ha comprometido a promover un «plan nacional de acción en derechos humanos». Desgraciadamente, la mayor parte de estas mejoras políticas no ha trascendido del papel en que se escribieron. La realidad política es —salta a la vista— que China tiene muchas leyes pero no un estado de derecho; tiene una constitución pero no un gobierno constitucional. La élite gobernante continúa aferrada a su poder autoritario y se opone a cualquier medida que conduzca a un cambio político.
Los demoledores resultados son una corrupción oficial endémica, el debilitamiento del estado de derecho y de los derechos humanos, la degradación de la ética pública, un capitalismo basado en el favoritismo, una creciente desigualdad entre ricos y pobres, el expolio del entorno natural así como de los entornos histórico y humano, y el recrudecimiento de una larga lista de conflictos sociales, sobre todo, en los últimos tiempos, de la creciente animosidad entre las autoridades y la gente corriente.
Al tiempo que esos conflictos y crisis se intensifican, y que la clase dirigente, con total impunidad, sigue atenazando y despojando a los ciudadanos del derecho a la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad, vemos cómo los más desprotegidos de nuestra sociedad —los grupos vulnerables, la gente que ha sido reprimida y vigilada, que ha sufrido crueldad e incluso tortura, y que carece de espacios adecuados para canalizar sus protestas y de tribunales que escuchen sus quejas— se están volviendo cada vez más combativos, aumentando así la posibilidad de un conflicto violento de proporciones catastróficas. El declive del sistema actual ha llegado a un punto en el que el cambio ya no es opcional.

II Nuestros principios fundamentales
Este es un momento histórico para China, y nuestro futuro pende de un hilo. Al revisar el proceso de modernización política de los últimos cien años o más, queremos reiterar nuestra adhesión a valores básicos universales como los que destacamos a continuación:
La libertad. La libertad constituye el núcleo esencial de los valores humanos universales. La libertad de expresión, de prensa, de reunión y de asociación, la libertad para fijar el lugar de residencia, para declararse en huelga, para manifestarse, para protestar, etc., son distintas expresiones que adopta la libertad. Sin libertad, China permanecerá siempre alejada de los ideales de la civilización.
Los derechos humanos. Los derechos humanos no los otorga ningún estado. Todas las personas nacen con el derecho inherente a la dignidad y la libertad. Los gobiernos están para defender los derechos humanos de sus ciudadanos. Es el pueblo quien debe autorizar el ejercicio del poder del Estado. La sucesión de desastres políticos en la historia reciente de China es una consecuencia directa del desprecio del régimen gobernante hacia los derechos humanos.
La igualdad. La integridad, la dignidad y la libertad de las personas —independientemente de su situación social, ocupación, sexo, condición económica, origen étnico, raza, religión o convicciones políticas— son iguales para todos. Debe garantizarse el principio de igualdad ante la ley, así como la igualdad de derechos sociales, económicos, culturales, civiles y políticos.
El republicanismo. El republicanismo, que sostiene que debe equilibrarse el poder entre las diferentes secciones del gobierno y que los conflictos de intereses deben encauzarse, se asemeja al ideal político tradicional chino de «justicia en todo bajo el cielo». Permite que diferentes grupos de interés y colectivos sociales, y gente de distintas culturas y creencias, ejerzan el propio gobierno de manera democrática y reflexionen con el fin de alcanzar soluciones pacíficas de cuestiones públicas basándose en el acceso equitativo al gobierno y en la competencia libre y honesta.
La democracia. Los principios fundamentales de la democracia son que la soberanía reside en el pueblo y que éste elige a su gobierno. La democracia tiene estas características: (1) El poder político se origina en el pueblo y la legitimidad de un régimen procede del pueblo. (2) El poder político se ejerce a través de las decisiones que toma el pueblo. (3) Los cargos más importantes en todos los niveles del gobierno se determinan a través de elecciones periódicas competitivas. (4) Aunque se honra la voluntad de la mayoría, se protegen la dignidad, la libertad y los derechos humanos de las minorías. En pocas palabras, la democracia es el medio moderno de conseguir un verdadero gobierno «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».
Gobierno constitucional. Un gobierno constitucional es aquel que gobierna a través de un sistema y unas normas legales y que lleva a la práctica los principios que se detallan en una constitución. Eso significa proteger la libertad y los derechos de los ciudadanos, limitar y definir el alcance del poder legítimo de gobierno y proporcionar el aparato administrativo necesario para servir a esos fines.

III. Lo que nosotros propugnamos
El autoritarismo está en franca decadencia en el mundo; también en China la era de los emperadores y los caciques lleva camino de desaparecer. Ha llegado el momento de que en todo el mundo los ciudadanos sean dueños de los estados. Para China el camino que nos sacaría del atolladero en que nos encontramos pasa por librarnos del autoritarismo que supone el concepto de dependencia de un «señor ilustrado» o de un «honrado funcionario», e inclinarnos hacia un sistema de libertades, democracia y estado de derecho, y hacia el fomento de una conciencia moderna de ciudadanos que consideran los derechos como algo fundamental y la participación como un deber. Por consiguiente, y con ese espíritu del deber de ciudadanos constructivos y responsables, hacemos las siguientes sugerencias sobre el gobierno de la nación, los derechos de los ciudadanos y el desarrollo social:
1 Una nueva Constitución. Deberíamos revisar nuestra constitución actual, anular las disposiciones que contradicen el principio de que la soberanía reside en el pueblo y convertirla en un documento que verdaderamente garantice los derechos humanos, autorice el ejercicio del poder público y sirva de soporte legal para la democratización de China. La constitución debe ser la suprema ley del país y ningún individuo, grupo o partido político podrá infringirla.
2 La separación de poderes. Deberíamos establecer un moderno sistema de gobierno en el que se garantice la separación de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Necesitamos una Ley Administrativa que determine el alcance de la responsabilidad gubernamental y prevenga el abuso de poder administrativo. El gobierno debería rendir cuentas ante los contribuyentes. La división de poderes entre los gobiernos provinciales y el central debería basarse en el principio según el cual los poderes del gobierno central son aquellos que específicamente le confiere la constitución y todos los demás pertenecen a los gobiernos locales.
3 Una democracia representativa. La elección de los miembros de los cuerpos legislativos de todos los niveles debería realizarse mediante elecciones libres, y la democracia representativa debería observar principios justos e imparciales.
4 Una magistratura independiente. El estado de derecho debe estar por encima de los intereses de cualquier partido político y los jueces deben ser independientes. Se necesita crear un tribunal supremo constitucional e iniciar procedimientos de revisión constitucional. En cuanto sea posible, deberíamos abolir todos los Comités de asuntos políticos y legales que en la actualidad permiten que los dirigentes del Partido Comunista diriman casos políticamente delicados por adelantado y extrajudicialmente. Deberíamos prohibir terminantemente el uso de cargos para fines privados.
5 El control público de los funcionarios públicos. El ejército debería responder ante el gobierno nacional, y no ante un partido político, y debería ser más profesional. Los militares deberían jurar lealtad a la constitución y ser imparciales. Los partidos políticos deben estar prohibidos en el ejército. Todos los funcionarios, policía incluida, deberían ser imparciales, y la práctica actual de favorecer a un partido político a la hora de contratar a los funcionarios públicos debe terminar.
6 La garantía de los Derechos Humanos. Deben garantizarse los derechos humanos y el respeto a la dignidad humana. Tendría que haber un Comité de Derechos Humanos, responsable ante el órgano legislativo supremo, que previniera los abusos de poder por parte del gobierno en lo que a violación de derechos humanos se refiere. Una China democrática y constitucional debe garantizar sobre todo la libertad personal de sus ciudadanos. Nadie debería ser objeto de arrestos, detenciones, citaciones, interrogatorios o castigos ilegales. El sistema de «rehabilitación mediante el trabajo» debe ser abolido.
7 La elección de los gobernantes. Debería haber un sistema completo de elecciones democráticas basado en la máxima «una persona, un voto». La elección directa de los responsables administrativos de los condados, las ciudades, las provincias y la nación debe ponerse en práctica sistemáticamente. El derecho a celebrar elecciones libres de forma periódica y a participar en ellas como ciudadano es inalienable.
8 La igualdad entre campo y ciudad. Debe abolirse el sistema de registro de residencia de dos niveles. Dicho sistema favorece a los que residen en las ciudades y perjudica a los que residen en el campo. En su lugar deberíamos establecer un sistema que proporcione a todos los ciudadanos los mismos derechos constitucionales y la misma libertad en la elección del lugar de residencia.
9 Libertad de asociación. Debe garantizarse el derecho de los ciudadanos a agruparse libremente. El actual sistema de registro de asociaciones no gubernamentales, que requiere que cualquier grupo tenga que ser «aprobado», debería sustituirse por un sistema por el cual los grupos sencillamente se registren de manera voluntaria. La formación de partidos políticos debería regirse por la constitución y las leyes, lo que significa que debemos abolir el privilegio otorgado a un partido para monopolizar el poder y garantizar los principios de competencia libre y justa entre los partidos políticos.
10 Libertad de reunión. La constitución debe establecer que las reuniones pacíficas, las manifestaciones, las protestas y la libertad de expresión son derechos fundamentales del ciudadano. No debe permitirse que estos derechos sean objeto de injerencias ilegales u obstrucciones anticonstitucionales por parte del partido en el poder y el gobierno.
11 Libertad de expresión. Deberíamos hacer que la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad académica fueran universales, y garantizar de ese modo que los ciudadanos puedan informarse y ejercer su derecho a la supervisión política. Estas libertades deberían verse confirmadas por una Ley de Prensa que suprima todas las restricciones políticas que pesan sobre la prensa. Habría que derogar la disposición que, en el actual Derecho Penal de China, se refiere al «delito de incitación a subvertir el poder del Estado». Habría que poner fin a la criminalización de las palabras.
12 Libertad religiosa. Debemos garantizar la libertad religiosa y de creencias, y establecer la separación entre religión y estado. No debe haber injerencia gubernamental en actividades religiosas pacíficas. Deberíamos abolir cualquier ley, regulación o normativa local que limite o suprima la libertad religiosa de sus ciudadanos. Deberíamos invalidar el actual sistema por el que se requiere que los grupos religiosos (y sus lugares de culto) obtengan la aprobación oficial con antelación y sustituirlo por un sistema en el que el registro sea opcional y, para aquellos que decidan registrarse, automático.
13 Educación cívica. Deberíamos eliminar de nuestras escuelas los programas y exámenes políticos destinados a adoctrinar a los estudiantes en la ideología estatal y a inculcar el apoyo al gobierno de un único partido. Deberíamos sustituirlos por una educación cívica que fomente los valores universales y los derechos de los ciudadanos, que desarrolle la conciencia cívica y promueva las virtudes cívicas al servicio de la sociedad.
14 Protección de la propiedad privada. Deberíamos establecer y proteger el derecho a la propiedad privada y promover un sistema económico de mercado libre y justo. Deberíamos suprimir los monopolios del gobierno en el comercio y la industria y garantizar la libertad de crear nuevas empresas. Deberíamos establecer un Comité de Propiedades Estatales, responsable ante la legislatura nacional, que supervise el traspaso de empresas estatales al sector privado de manera justa, competitiva y ordenada. Tendríamos que poner en marcha una reforma agraria que promueva la propiedad privada de la tierra, garantice el derecho a comprar y vender tierra y permita que el verdadero valor de la propiedad privada se refleje adecuadamente en los mercados.
15 Reforma fiscal y financiera. Debemos establecer un sistema de finanzas públicas regulado democráticamente y responsable, que proteja los derechos del contribuyente y observe los procedimientos legales. Necesitamos un sistema en el que los ingresos públicos de un cierto nivel de gobierno —central, provincial, regional o local— se supervisen a ese mismo nivel. Es necesario llevar a cabo una gran reforma fiscal que suprima los impuestos injustos, simplifique el sistema tributario y reparta equitativamente la carga fiscal. Los miembros del gobierno no podrán subir los impuestos, ni imponer otros nuevos, sin una deliberación pública y la aprobación de una asamblea democrática. Sería conveniente reformar el sistema de la propiedad con el fin de alentar la competitividad entre una variedad más amplia de participantes en el mercado.
16 Seguridad social. Deberíamos implantar un sistema, adecuado y justo, de seguridad social que cubra a todos los ciudadanos y asegure el acceso a la educación, la atención sanitaria, la jubilación y el empleo.
17 Protección del medioambiente. Debemos proteger el medioambiente y promover un desarrollo sostenible y comprometido para con nuestros descendientes y la humanidad entera. Eso supone que hay que insistir en que el estado y los funcionarios de todos los niveles no sólo hagan lo que tienen que hacer para conseguir esas metas, sino que además acepten la supervisión y la participación de organizaciones no gubernamentales.
18 Una República Federal. Una China democrática debería comportarse como una potencia responsable y contribuir a la paz y el desarrollo de la región de Pacífico Asiático mediante el acercamiento a los demás con espíritu de igualdad y justicia. En Hong Kong y Macao deberíamos apoyar las libertades que ya existen. Con respecto a Taiwan, deberíamos declarar nuestro compromiso con los principios de libertad y democracia y a continuación negociar de igual a igual, dispuestos siempre al compromiso y a la búsqueda de una fórmula que permita una unificación pacífica. Deberíamos afrontar las disputas en las zonas de las minorías nacionales de China con una mentalidad abierta, tratando de encontrar un marco operativo en el que puedan prosperar todos los grupos étnicos y religiosos. Por último deberíamos tener como objetivo la federación de las comunidades democráticas de China.
19 Verdad en la reconciliación. Deberíamos restablecer la reputación de todos los individuos, y también la de sus familias, que se han visto estigmatizados políticamente en pasadas campañas o que han sido tachados de criminales por sus ideas, manifestaciones verbales o por su fe. El Estado debería compensar a estas personas. Todos los prisioneros políticos y los presos de conciencia deben quedar en libertad. Habría que crear una Comisión de la Verdad encargada de hallar hechos relacionados con injusticias y atrocidades pasadas, de depurar responsabilidades, con la justicia por delante, y, sobre esta base, buscar la reconciliación social.
China, como gran nación del mundo que es, como uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y como miembro de la Comisión de derechos humanos de este mismo organismo, debería contribuir a la paz mundial y al avance de los derechos humanos. Desgraciadamente, en la actualidad somos el único país entre los más importantes que sigue enlodado en políticas autoritarias. Nuestro sistema político continúa generando crisis sociales y desastres en lo que se refiere a derechos humanos, y de ese modo no sólo condiciona el propio desarrollo de China sino que también limita el progreso de la civilización humana en su conjunto. Eso tiene que cambiar, realmente no puede ser de otra manera. La democratización de la política china no puede posponerse más.
En consecuencia, nos atrevemos a poner en práctica el espíritu crítico anunciando la Carta 08. Confiamos en que nuestros conciudadanos tengan una impresión semejante de crisis, de responsabilidad y misión, tanto si están dentro del gobierno como si no, y que, independientemente de su condición social, dejen a un lado las pequeñas diferencias y suscriban los más amplios objetivos de este movimiento ciudadano. Juntos podemos trabajar por la consecución de importantes cambios en la sociedad china y por el rápido establecimiento de un país libre, democrático y constitucional. Podemos hacer realidad las metas y los ideales que nuestro pueblo no ha dejado de perseguir desde hace más de un siglo, y contribuir con un nuevo y brillante capítulo a la civilización china.

WES
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