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Un desgarrador testimonio desde Cuba

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Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por Invitado el Mar Oct 05, 2010 8:53 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Vicente Escobal

MIAMI, Florida, octubre, www.cubanet.org -Acabo de recibir desde Cuba un testimonio. Su autor me pidió mantenerse en el anonimato. Yo le prometí cumplir su deseo. Al concluir su narración Alberto – el nombre con el cual me pidió que lo identificara – escribió esta breve nota. “…Y ruego a todas las personas afectadas por mi indigno comportamiento que hagan un esfuerzo por perdonarme”. Una aclaración. Alberto, personalmente no te perdono.

Íntegramente reproduzco a continuación lo escrito por ti y que sea Dios quien se encargue de tu alma.

“Yo nací a mediados de la década de 1950 en un pequeño pueblo de una provincia del centro de Cuba, en el seno de una familia campesina. Mi padre poseía una pequeña parcela, heredada de mi abuelo, y mi madre se ocupaba de las tareas del hogar.

El 28 de mayo de 1958 mi papá fue detenido por efectivos de la policía, acusado de conspirar contra el régimen de Fulgencio Batista. Una semana más tarde su cadáver fue hallado al costado de un camino vecinal. Nunca supimos por vías oficiales la causa de su muerte aunque para todos quedó claro que fue asesinado. A partir de ese momento me convertí en el hijo de un mártir de la revolución, una categoría que me ha perseguido durante toda mi vida.

Cuando triunfó la revolución a mi padre le rindieron muchos homenajes. Incluso años más tarde, al crearse una Cooperativa de Producción Agropecuaria, le pusieron su nombre. Yo sentía una extraña mezcla de orgullo y tristeza cada vez que pronunciaban el nombre de mi padre, concediéndole la dimensión de un héroe de la Patria.

Un día, mientras cursaba mis estudios preuniversitarios, el director del plantel me llamó a su oficina para informarme que ‘un compañero’ quería conversar conmigo. ‘El compañero’ resultó ser un oficial del Ministerio del Interior.
Luego de una interminable charla, en la cual se resaltaba constantemente la figura de mi padre, fui reclutado por el G-2 (seguridad del Estado). Me asignaron un seudónimo y varias tareas, entre ellas conocer e informar las actividades de uno de mis mejores amigos, cuyo hermano había participado en un alzamiento contra el gobierno revolucionario y fue fusilado en la Prisión de La Cabaña.

Yo debía mantener mi anonimato y no dar la más mínima señal de mis actividades. El oficial asignado para atenderme insistía en ese detalle casi obsesionadamente. Logre ‘penetrar’ a la familia de mi mejor amigo, simulando solidaridad por la muerte de su hermano y dejando correr sutilmente algunos comentarios abiertamente contrarios a la revolución. Aquella familia estaba destrozada. No había ninguna señal de conspiración. El dolor era muy intenso.

En los informes que yo rendía periódicamente al G-2 me refería a esa circunstancia. Pero la jefatura no se satisfacía con la idea de que una familia cubana estuviera hundida en tan profunda pena. ‘Son contrarrevolucionarios, son nuestros enemigos, tienes que ser más objetivo en tus informes’. ¿Qué quería aquel oficial? Quería que yo mintiera. Y así lo hice.

A partir de ese momento, en los informes me dediqué a inventar actividades contrarrevolucionarias, conspiraciones, planes de sabotaje, atentados. Un día me entregaron un artefacto explosivo y me pidieron lo colocara debajo de un asiento del carro del tío de mi amigo. Era ‘la evidencia’ que necesitaban.

Cumplí la misión. Arrestaron al hombre y su esposa y, además, a seis presuntos colaboradores, entre ellos a mi mejor amigo. Todos fueron condenados a la pena de muerte por fusilamiento, excepto la mujer, quien recibió treinta años de prisión.

Me entregaron una carta firmada por un alto oficial del G-2 (ya fallecido) en la cual me felicitaba por el éxito de aquella operación y me ordenaba, entre otras cosas, desvincularme de la familia a la cual yo había contribuido a duplicar su dolor.

No pude concretar mi sueño de ingresar a la universidad, pues el Alto Mando tenía reservada para mi otras ‘importantísimas misiones’. Me reubicaron en la ciudad de La Habana donde me instalaron en un pequeño apartamento en un conocido barrio de la capital. Fui insertado laboralmente en la dependencia de un importante ministerio con la misión de vigilar las actividades de ‘ciertos elementos desafectos a la revolución que allí trabajaban y que se encontraban involucrados en el tráfico de divisas’. Construyeron una nueva leyenda sobre mi persona e incluso me asignaron otro seudónimo. Me involucré a fondo en el ‘negocio’ del trasiego de dólares. Gracias a mis actividades fueron enviados a los tribunales más de treinta personas, muchas de ellas inocentes de los cargos que les imputaron. Adquirí fama de ‘tipo duro’.

Las misiones eran cada día más riesgosas. Cada acción que realizaba ponía en juego mi vida. Debo confesar que fueron tantas las actividades que realicé y tantas las personas con las que establecí todo tipo de relación que llegó en un momento en que no sabía distinguir entre mi verdadero yo y el que me habían construido. Vivía bajo un estado de permanente tensión emocional y física.
Durante más de veinte largos años redacté informes falsos, participé en conspiraciones imaginarias, dañé la moral de muchísimos compatriotas, ofendí a mujeres envueltas voluntaria o involuntariamente en el sórdido ambiente de la contrainteligencia. Mentí, falsifiqué documentos, edité fotos muy comprometedoras con el ánimo de dañar la imagen de ‘un enemigo’, me ‘alambré’ en incontables ocasiones con el propósito de grabar la conversación con un ‘amigo’. Escuché conversaciones telefónicas y hasta fingí ser un extranjero para implicar a un infeliz vendedor clandestino de tabacos en una causa contrarrevolucionaria porque me pidieron que le hiciera creer a aquel desdichado muchacho que yo era un agente de la CIA. Vigilé a mis propios compañeros, sobre todo a aquellos que no resultaban del agrado del Alto Mando por razones totalmente personales, básicamente la envidia y el resentimiento.

Los primeros años como agente del G-2 resultaron excitantes. Me sentía comprometido con la revolución y dispuesto a llegar hasta donde ella me llevara. No me detenía ante nada ni por nada. Los juicios morales y éticos los deseché de mi vida. Lo único que importaba era garantizar la continuidad de la revolución y preservar la figura del Comandante en Jefe a cualquier precio, incluso el de la mentira, la falsedad, la simulación y la muerte.

Hoy, convencido del alcance y consecuencias de mi miserable comportamiento, he decidido garabatear someramente esta triste historia, concentrándome en los hechos que a mi juicio contienen una mayor relevancia desde el punto de vista de la moral y la decencia. Estoy abochornado y arrepentido. Mis actos no contribuyeron para nada a la construcción de una sociedad decorosa. Fui (soy) la víctima de un sistema indigno capaz de convertir a un ser humano en una marioneta, un instrumento de su infinito apetito de poder.

Acuso a Fidel Castro, a su hermano Raúl, a los oficiales del Ministerio del Interior y de la Contrainteligencia que destruyeron mi vida. Y ruego a todas las personas afectadas por mi indigno comportamiento que hagan un esfuerzo por perdonarme”.

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por Zurama el Miér Oct 13, 2010 3:28 am

"Chivato Arrepentido"

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por Hiram Mendoza el Miér Oct 13, 2010 3:52 am

Y todavia Emilio y Gloria hablan de "borron y cuenta nueva" a estos las "mieles del poder y dinero" si de le subieron al trasero.
Hay que actur como el Wajiro, debemos llevar a Juicio a los torturadores, a los que permanecen escondidosen el exilio, a los Ministrillos y Generaluchos de Castro, que viven en Miami amparados por las televisoras de Miami, hay que juzgar a los traidores del pensamiento Martiano!
Podran correr, pero no podran esconderse

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por Bijirita el Dom Oct 17, 2010 12:44 am

Que lo perdone Dios, yo soy humana y con miles de defectos, yo como parte de ese pueblo cubano no lo perdono, es un cobarde y padece de la peor cobardia, dar empujones para no caer, hay que ser muy vil para perjudicar a una persona sabiendo muy bien que es inocente y si su padre fue de esos buenos cubanos que dio su vida por liberarnos de lo que consideraron en su momento un mal gobierno debe estar revolcandose donde quiera que este al ver la clase de porqueria que engendro, el unico responsable de sus actos es el mismo, conozco a muchos que fueron militares, que fueron militantes y nunca hicieron algo semejante, porque en sus naturalezas no esta ser tan bajo y vil, en Japon lo mandarian a hacer el haraquirikiri en Cuba le dirian, tirate del pente de bacunayagua desgraciado.

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por camilo harley el Dom Oct 17, 2010 1:06 pm

ESE TIPO NO TIENE PERDON DE DIOS Y MUCHO MENO DE LOS HOMBRES EN LA TIERRA,COMO PUEDE ESTE MOUNSTRO VIVIR CON TODO ESO EN SU CONSIENCIA?

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por glezbo el Dom Oct 17, 2010 2:04 pm

Este tipo es uno de los muchos que, viendo el desenlace mas cercano cada dia, no puede dormir bien mientras los recuerdos de los muchos que fueron a la prision y al paredon con su ayuda lo atormentan hasta que al final tenga su cita definitiva con Lucifer.

Quizas este sea el peor castigo para este tipo de criminales, la eterna tortura del saberse utilizados por los castros y ahora, al termino de sus vidas y del regimen, hacer el resumen, saberse culpables y rogar por un perdon que no merecen y nunca tendran.

Saludos y respetos, Glezbo.

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por El tuerto el Dom Oct 17, 2010 2:31 pm

Perdonen la intromision,..Pero,.y Donde esta la Hermana Doña Milan,..?Leo sus post y aparece como invitada,..se fue,..?Sory,.por preguntar,.pero me llamo la atencion que hace unos dias no la veo por aqui,.[pueden mover este mensaje si lo creen inoportuno]Saludos y Respetos a Todos el tuerto.

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

Mensaje por cubanin33 el Lun Oct 18, 2010 12:59 pm

Actuaciones como esta esta llena cuba y muchas familias tienen el triste record de tener alguien del G2,en sus filas.En cuanto a si debo en lo personal perdonar esta actitud,puedo perdonar pero no olvidar ell daño que se ha hecho,en cuanto cuba tenga una democracia,la justicia debe actuar y estos hechos y señores deben rendir cuentas e ir a la carcel,o porque no ser fusilados tal y como sus victimas,que paguen x lo que han hecho,ya era mayorcitos cuando decidieron ser "chivatos del G2",y ademas de gratis.,como el caso de Alberto hay muchos,creo que cuando las cosas empizen a cambiar seran los primeros en huir de cuba para no ser juzgados.
Lo siento Alberto,que dios se apiade de tu alma,y sea el quien te absuelva,que tus malas acciones te persigan y sean tus azotes de conciencia diarios,el mal ya esta hecho.

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Re: Un desgarrador testimonio desde Cuba

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