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Hombre patria.

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Hombre patria.

Mensaje por WES el Miér Sep 22, 2010 10:49 am

Hombre patria.


by Ramón Muñoz Yanes
on Wednesday, September 22, 2010 at 10:27am




Nada más apetecible para un hombre que la libertad. La libertad es palpable, tiene la textura de hoja batida por el viento pero solo la adquirida cuando vuela desde las alturas, en busca del mejor sitio para posarse. Su olor recuerda la ola que abraza interminable la orilla, que a modo de amante perenne se desdobla en otras miles para eternamente convertirse en abrazo y a veces tiene voz, con tono similar al primer llanto del hombre. Tiene que ser mujer para ser tan perfecta y erigirse en madre de todas las esperanzas, tiene que gemir sin duda placentera y para adquirir condición humana tiene por fuerza mayor que ser rencorosa, huidiza de los hombres que alguna vez la dejaron escapar.
La tierra de la que se aleja se hace árida, estéril, devoradora de hijos que se arrojan al mar buscando una salvación execrable y agria llamada exilio. A modo de sacerdotisa de Hécate, trocada en Medea irracional no escatima ofrendas a la libertad perdida, aun cuando el puñal se arrastre iracundo por el cuello de sus propios hijos, ni titubea al poner barrotes a sus infantes cuando se atreven a nombrar la amante ausente. La tierra sin libertad extravía hasta su dulce nombre de patria, su piel adquiere un tinte hostil y el rostro recuerda al insomne carcelero, se transforma a tal punto que adquiere matiz de mazmorra lo que un día fue útero fecundo. Pobre de los pueblos que se atreven al maltrato de su herencia, condenados a vivir en tierras grilletes, a penar inconsolables por tierras extrañas en busca de una libertad que no les pertenece.
Las tierras distraídas por algún Moisés de ocasión, embriagadas por cantos de color olivo y el olor adictivo de la sangre, dejan escapar libertades a cambio de promesas. Pobres tierras, pobres hijos, pobres seres condenados a rumiar una existencia nefasta engalanada por un carnaval de consignas, verdaderas ferias de carencias acristaladas con mañanas de infortunios.
Hasta la esperanza huye de las tierras de tiranos, espantadas de las ergástulas amamantadas a gusto por las razzias de sus propios hijos. La paz cabalga sobre sueños en la estampida, como colofón definitivo a la obra del Efialtes malnacido de sus entrañas. Todo perdido, irremediablemente hundido en el pantano de la barbarie.
Hasta un día. Algún que otro atardecer la tierra por equivocación aparentemente intrascendente, tiene su parto real que le asusta sobremanera, acostumbrada a tanto aborto. Le nace un hijo que no gime, grita. Este no busca escapar a la sombra de libertades conquistadas por otros, no busca amparos forjados por extraños. Este es diferente, se alza, grita, canta odas a los derechos usurpados, esgrime la lira de los desamparados y habla en nombre de los que carecen de pan para sus hijos. Este lanza miradas que vuelan entre barrotes y que otean a placer la tierra robada, la de nuestros abuelos, la nuestra, a salvo de ideologías o ancladas a políticas de nombres seductores. Este puede a golpe de coraje ver la verdadera patria, se impone, declama los versos de la libertad perdida, desviste a sus carceleros hasta hacerles ver su condición de esclavos. Rechaza libertades a precio de destierro, se niega a rumiar una vejez contemplando la patria desde la distancia. Este es un hombre, le ha llamado Oscar para no llamarlo león y delatar su condición de hombre patria. Cuanto sueño, cuanta esperanza, cuanta lágrima amarrada a su armadura de hombre digno, a salvo de tiranos, a salvo de beneficios ofrecidos por extranjeros. En nombre de todos, Dr. Oscar Elías Biscet, eres patria.

WES
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