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EL MAL INCONFESABLE

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EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:23 pm

EL MAL INCONFESABLE


UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS ESCRITORES CUBANOS



Pío E. Serrano, España


I. E L S Í N D R O M E


Karl Jaspers cuenta en su autobiografía que en una oportunidad, al preguntarle a Heidegger cómo era posible que Alemania fuera gobernada por un hombre de tan escasa formación intelectual y con una manifiesta vocación para la violencia como Hitler, el autor de Ser y tiempo le respondió que esos detalles carecían de importancia y agregó “mire usted sus preciosas manos”. La anécdota, sencilla en su expresión pero brutal en su significado, revela la invalidez moral de algunos intelectuales en ciertas circunstancias límite. Heidegger, irreemplazable pieza en la historia de las ideas, ocultaba su feblez moral en posiciones antimodernistas, antisemitas y anticatólicas. Mientras articulaba en gélida retórica las enseñanzas fenomenológicas de Husserl, Heidegger se deslizaba hacia el encantamiento del nacionalsocialismo y el disfrute de sus privilegios, hacia la emoción estética de aquellas “preciosas manos” que, al tiempo, se teñían del sucio bermellón de la sangre.

El 15 de febrero de 1933 Heinrich Mann es destituido de la presidencia de la sección de literatura de la Preussische Akademie, acusado de formar parte de lo que los nazis llamaban despectivamente “Asphalterliterat”, los intelectuales y escritores que no seguían las directrices del nacionalsocialismo, y debe marchar al exilio. Poco después, Gottfried Benn, una de las figuras cumbre de la poesía alemana de entreguerras, fue designado jefe interino de la sección de poesía de la Academia, y el 24 de abril del mismo año, en una charla radiofónica, proclamaba “la renuncia de la libertad de pensamiento a favor del nuevo Estado totalitario”.


El joven Klaus Mann, hijo de Thomas y sobrino de Heinrich, apasionado admirador de la obra de Benn, le escribe una desconsolada carta al poeta desleal el 9 de mayo, donde le formula las siguientes preguntas: “¿Entre quiénes se encuentra usted allí (en la Academia)? ¿Qué ha podido inducirle a usted a poner su nombre –que ha sido para nosotros la suma del más alto nivel intelectual y de una pureza verdaderamente fanática- a disposición de aquéllos (los nazis), cuya falta de nivel es absolutamente sin par en la historia europea, y de cuya impureza moral el mundo se aparta con horror? ¿Cuántos amigos ha tenido que perder usted (...) y qué clase de amigos habrá ganado al fin entre las filas de la otra banda? ¿Quién le va a comprender a usted allí?”.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:24 pm

Gottfried Benn, el poeta amado por los jóvenes escritores alemanes que ya comenzaban a engrosar el exilio, responde a Klaus Mann el 25 de marzo en una carta pública, donde afirma que, con el nuevo Estado totalitario, los obreros alemanes vivían mejor, “trabajan con más entusiasmo (...); lo que el Partido Socialista no pudo conquistar para la clase trabajadora, se lo ha dado esta nueva forma nacional de socialismo: un sentido vital que los empuja”.
Con una cierta simetría a la experiencia de un buen número de escritores cubanos, la excelencia de Benn, a pesar de su obstinada confesión filonazi, no pudo escapar al repudio ontológico que los regímenes totalitarios sienten hacia la auténtica sensibilidad creadora. En 1934 fue expulsado de la Unión de Escritores Nacionales, calificado de “cerdo”, “******”, “judío” y “comunista”. Con todo –y continúa la simetría-, Benn todavía intentó hacerse perdonar por sus verdugos presentando un registro genealógico que “demostraba” su condición de “ario puro”.

Los escritores alemanes de la época debieron afrontar la resistencia (generalmente sellada en los campos de concentración), el exilio (250 escritores prefirieron emigrar) o la traición.

Gottfried Benn, sobreviviente de la guerra, todavía dispuso de tiempo para exculparse, reconsiderar sus extravíos ideológicos e, incluso, para ser perdonado por quienes, desde el exilio y desde la cárcel, lo habían considerado como un tránsfuga. Amparado en una suerte de resignación esperanzada y no exento de cierto patetismo, recibe, a partir de 1951, el reconocimiento a su escritura que le fuera negado por aquéllos que ofuscaron su conciencia moral.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:24 pm

En el mismo año en que Gottfried Benn es recibido por la nueva sociedad alemana que da sus primeros años en una postguerra ansiosa por olvidar su propia pesadilla bajo el Tercer Reich, Albert Camus publica El hombre rebelde, probablemente uno de los ensayos más incisivos sobre la maldad de los regímenes totalitarios del siglo XX. Frente a la caracterización del hombre rebelde como el que dice “no”, el que ha comprendido que “las cosas han durado demasiado”, el que afirma “hasta aquí, sí; más allá, no”, Camus desarrolla lo que llama la “ideología de consentimiento”, o sea, el secuestro del estado de rebelión, la mascarada que actúa en nombre de la revolución, el hartazgo del esclavo de su propia condición de serlo.

Las dos ideologías totalitarias del siglo intercambian sus rotros como un feroz Jano que, semejante a su vez a un tribucálico Asmodeus, todo lo quisiera devorar. Sobre todo, derrotar al hombre, persuadirlo de su destructibilidad. Que no se equivoque, doblegarlo hasta la reconciliación con su propia abyección sólo requiere un poco más de atención que el hecho meramente burocrático de asesinarle, y es más productivo. Ambas, nos dice Camus, “identifican sus medios con el cinismo político”; sin embargo, precisa con agudeza los fines que los distinguen, si bien advierte “Todo revolucionario acaba en opresor o en hereje”.

Para el filósofo franco-argelino el fascismo nunca tuvo entre sus fines liberar al hombre en su conjunto, se conformaba con liberar a algunos, sometiendo brutalmente al resto. Para ello no vacila en exaltar la figura del verdugo por el verdugo mismo. Por su parte, el comunismo, amparado en una retórica espuria, declara una mayor grandeza de intención al pretender liberar a todos los hombres, si bien, sometiéndolos a todos previamente a un feroz sojuzgamiento. Una provisionalidad, de hecho, sine die. Para ello, el comunismo, redentorista en extremo, exalta, paradójicamente, la figura del verdugo por la víctima. La dialéctica del proceso termina por engendrar una espiral en la que, sucesivamente, víctima y verdugo permutan interminablemente sus papeles. Son las consecuencias últimas de aquella ideología de consentimiento.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:25 pm

En 1989 el escritor francés Maurice Blanchot afirmaba: “Hoy no pienso en otra cosa que en Auschwitz”. Si sabemos que Blanchot no estuvo en los campos de concentración, ni era judío, ni gitano, ni homosexual; que tampoco conocieron el horror sus familiares, ni amigos cercanos, habría que preguntarse cuál es la razón por la cual medio siglo después de aquel ejercicio burocrático del crimen el anciano pensador se obstinaba en una reflexión aparentemente vencida por el tiempo.
Quizá la primera respuesta sea que pensar en Auschwitz es también considerar que hubo un “adentro” y un “afuera”, que mientras unos hombres eran reducidos a cenizas, otros se empeñaban en desconocer el sometimiento masivo, miraban hacia otro lado, no se sentían concernidos. Sin embargo, Auschwitz no fue un acontecimiento puntual, estático, más bien fue un proceso. Para muchos que estuvieron “afuera”, que se sintieron libres de su implicación y se desentendieron, llegó también el momento de engrosar las filas de los de “adentro”. Para la violencia irracional de los totalitarismos no hay inocencias impunes. Todo hombre, en principio, es un enemigo a destruir. Su propia condición humana –la flama de libertad que ontológicamente reposa en cada uno- invita al crimen. El temor, el disimulo, el enmascaramiento, ni siquiera la lealtad al verdugo son suficientes para preservar al incauto.
En Blanchot anidaba el estremecimiento que produce la conciencia de la precariedad humana. Su endeblez. Su capacidad ilimitada para la ignominia, tanta como para el heroismo en el otro extremo. Conservar la memoria de Auschwitz es tanto como preservar la sospecha de nuestro entorno: quiénes de los que nos rodean irían “adentro” y quiénes, desde “afuera”, contemplarían imperturbables la rendición de la condición humana. En este sentido, Auschwitz no caduca.
Otra consideración sería la certidumbre de que el horror no perece. Siempre es contemporáneo. Se podrá mirar hacia atrás, sin piedad hacia el verdugo, y perdonar a los cómplices que callaron –es tan humano el miedo-, pero no se olvidará. Ciertos estigmas de la historia permanecen como una mancha sostenida sobre la piel de la humanidad. En este sentido, su función es profiláctica, pretende salvarnos de la reincidencia en el mal.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:25 pm

II. E L M A L

Desde fecha temprana, en una fase en que el régimen cubano todavía se protegía en el prestigio de los atributos revolucionarios, comenzó a tejerse el acoso de una política de domesticación de los escritores que, con el tiempo, se haría sistemática. El vértigo casi carnavalesco de aquellos primeros años, la calculada indefinición del proceso, una temblorosa certeza de que para alcanzar la libertad de todos valía la pena ajusticiar y sojuzgar a algunos impidieron a muchos comprender el verdadero alcance del dictum “Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”, lanzado sobre los escritores en la Biblioteca Nacional el 26 de junio de 1961. El suplemento Lunes de Revolución fue clausurado y su redacción dispersa. Inmediatamente después -como Goebels creara la Unión de Escritores Nacionales a semejanza de sus pares en la Europa del Este y con la misma intención de encorsetar al gremio- se fundó la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Fueron pocos los que se estremecieron con esta primera vuelta de tuerca.
El clima de epicidad en que se vivió la primera mitad de la década del sesenta -aquellos años que una perturbada melancolía recuerda como los “tiempos heroicos” por encima de la realidad fratricida, de la manipulación emocional de los discursos redentoristas- cegó eficazmente la conciencia moral de gran parte de los escritores (y de una importante mayoría de la población), encandilados por las “preciosas manos” del caudillo que conducía la nación (“con las mismas manos”) hacia un fondón del que nunca se recuperaría. Sólo una voz se atrevió a expresar su miedo, la de Virgilio Piñera.
Después llegaron, puntuales, las nuevas humillaciones colectivas. Las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), que no sólo abrieron sus portones a homosexuales, religiosos y desafectos varios, sino que, por una parte sembró una pesadilla de sospechas, inquietudes e inseguridades en amplios sectores del gremio (algunos llegaron a la delación) y, por otra, forzó a la mayoría a un silencio cómplice y culpabilizador. Quizá las UMAP constituyeron uno de los primeros casos donde se pusiera de manifiesto la compleja dialéctica de los de “adentro” y los de “afuera” que ha acompañado la historia del régimen, dos categorías sujetas a mutaciones diacrónicas en su significado. Entonces los de “afuera” contemplaron imperturbables la rendición de la condición humana; los de “adentro” sufrieron todos la degradación impuesta. A algunos de los de “afuera”, a pesar de sus reiteradas manifestaciones de lealtad, les llegó su hora de pasar “adentro”; otros de “adentro” insistieron en plegarse al verdugo, y a su excarcelación se incorporaron a los de “afuera”, como si aquello no les concerniese.



A continuación, la experiencia autónoma del grupo “El Puente” fue cancelada, y sus miembros forzados al exilio o enviados a la cárcel. Sobre ellos caía también la lápida del descrédito y, nuevamente, el gremio miró hacia otra parte o se encerró en el silencio. Mientras, Ché Guevara, con la sacrosanta ira del ángel del Paraíso, expulsa del Jardin de los escogidos a los escritores al negarles su autenticidad revolucionaria (El hombre y el socialismo en Cuba, 1965), una de las descalificaciones más incisivas que el gremio habría de sufrir en silencio y que ha continuado ejerciendo un oscuro poder paralizante sobre la perturbada conciencia de la mayor parte de nuestros escritores. La nueva religión secular del Estado había hablado por la intermediación de uno de sus apóstoles, uno de “los doce” sobrevivientes del desembarco fallido del yate Granma, y su palabra tenía el peso de una revelación redentorista, infalible e incuestionable.

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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:26 pm

En 1966 la publicación de Paradiso, novela de Lezama Lima, se ve interrumpida por una orden de secuestro que se prolongaría durante décadas. En 1967 los cachorros revolucionarios de El Caimán Barbudo calcularon mal sus atribuciones y dieron pie a una molesta e insólita polémica que envolvía a Heberto Padilla y a Lisandro Otero, Cabrera Infante mediante. La cúpula del suplemento cultural de Juventud Rebelde fue cesada y disuelta: unos insistieron en dar pruebas de su lealtad puesta en dudas poniéndose al servicio del Ministerio del Interior y de su nueva campaña de fomento de la novela policiaca como instrumento de amedrentamiento de la población; otros, sencillamente, pasaron a la producción. El gremio, preocupado por no agravar el juicio guevarista que se suspendía sobre sus cabezas, callaba.
La próxima vuelta de tuerca, brutal, habría de llegar en 1968 con la premiación por la UNEAC de la pieza teatral Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat y el libro de poemas Fuera del juego de Heberto Padilla y su inmediata descalificación por las instancias políticas del régimen. Una reducida edición de ambos títulos todavía pudo circular de manera restringida, acompañada por la obscenidad de un prólogo condenatorio. La agresión, certera y contundente, a dos de las figuras más representativas de la generación del 50 no dejaba lugar a dudas sobre la voluntad de sometimiento de la política cultural del régimen. En las filas de los escritores se coagulaba la inquietante certeza de una ideología de consentimiento.
Por entonces se hizo visible la presencia de un amplio núcleo de intelectuales negros que sometía a un creciente cuestionamiento su identidad cultural. Una postura molesta a las autoridades, que sólo concebían la cultura como una vía homogénea y unívoca, donde no tenían lugar las particularidades de ningún género. La experiencia terminó con la represión del grupo, su disolución y dispersión. Quienes contemplaron este nuevo ejercicio de represión desde la seguridad de su piel blanca pensaron, equivocadamente, que estar “afuera” de la conciencia negra les permitiría escapar del repudio ontológico que los regímenes totalitarios sienten hacia la auténtica sensibilidad creadora.

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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:26 pm

El “caso Padilla” (1971) puso en evidencia que el régimen podía derrotar al hombre, persuadirlo de su destructibilidad. El poeta se había equivocado nuevamente, y esta vez los verdugo exhibieron la eficacia de sus mejores instrumentos para asolar su voluntad. El gremio supo que el régimen podía prescindir de su asesinato, bastaba, y era más productivo, con doblegarlo hasta reconciliarlo con su propia abyección (o, cuando menos, su escenificación). Pareció que entonces, al menos como eco de la repulsa internacional que el proceso había generado, el gremio reaccionaría; pero, no, todavía el terror lo paralizaba y el documento de repulsa al poeta desbordaba de firmas adheridas.
La década gris, eufemísticamente reducida a “quinquenio”, comenzaba con aquel zarpazo y continuaba con su institucionalización en el marco del Primer Congreso de Educación y Cultura, clausurado con una escuetata consigna: “El arte es un arma de la Revolución”. Aplaudida por el gremio, no podía ser más explícita la renuncia a la libertad de pensamiento. Los primeros en sufrir sus consecuencias fueron los autores, directores y actores de teatro, sometidos a un verdadero progrón, bajo el siniestro nombre de “parametraje”, fueron acusados y represaliados por decenas de “conducta impropia” y “debilidad ideológica”. A continuación, con la aprobación de la “ley contra la propaganda enemiga” se cerraba formalmente el nudo de la censura, instrumentada eficazmente por la creación de un Ministerio de Cultura. Comenzaba lo que John Reed ha calificado una “prisión de terciopelo”. Todavía algún escritor se atrevió a publicar un elogio de la autocensura, mientras otros debieron sufrir con dignidad lustros de apartamiento y marginalidad.
La muerte de José Lezama Lima y de Virgilio Piñera, la soledad de sus velatorios, se alzaron en la misma década como una metáfora del desamparo y de la calculada ignorancia que el régimen mostraba hacia aquellos que habían sido calificados de “tibios”, renuentes a manifestar prolijas y reiteradas lealtades.
Los incómodos que se resistieron a morir –José Lorenzo Fuentes, Manuel Ballagas, Reinaldo Arenas, Nicolás Guillén Landrián, René Ariza, Ángel Cuadra, Rafael Cartaya, Ariel Hidalgo...- fueron a la cárcel. Algunos pudieron marchar al exilio, como José Triana, Calvert Casey, Nivaria Tejera, Eduardo Manet, Juan Arcocha...
En la década del ochenta se produjo un renuevo generacional y en el escenario cultural se percibió una doble tipología de protagonistas. Frente a la pasividad, cuando no complicidad, de las generaciones mayores, los jóvenes de los ochenta, en primer lugar los artistas plásticos, abordaron la escena con un desenfado desconocido anteriormente.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:27 pm

Con el derrumbe de los países comunistas de la Europa del este y con la grave crisis económica que supuso la pérdida de la subvención soviética, el régimen cubano, desbordado por la urgencia de sobrevivir, facilitó los permisos de viajes al extranjero de artistas y escritores, sobre todo aquellos capaces de generar entradas de divisas. Paralelo a un endurecido discurso oficial, los más jóvenes, continuaron ganando nuevos espacios de expresión crítica y, algunos, como Raúl Rivero y el nuevo periodismo independiente, alcanzaron los límites de una disidencia interior aparentemente tolerada. Para la mayor parte, sin embargo, se impuso el reino de la doble moral: el juicio íntimo, secretista, vertido discretamente en el extranjero que deslegitima al régimen junto a la aquiescencia y las discretas muestras de lealtad públicas en el interior.
Sin embargo, cuando las fisuras excedieron las fronteras de tolerancia marcadas por el régimen, éste procedió a aplicar la represión ejemplificadora. Los firmantes de la “Carta de los Diez” –entre ellos Manuel Díaz Martínez, Manuel Granados, María Elena Cruz Varela y José Lorenzo Fuentes- debieron sufrir la violencia pública organizada y la cárcel antes de marchar al exilio. Eran, para el régimen, lo que la poderosa maquinaria propagandística de Goebbels calificaba de “Asphalterliterater”, los marginales antisistema, los renuentes a acatar las lealtades exigibles. Siguiendo un conocido ritual, Díaz Martínez fue groseramente descalificado en carta pública, firmada, todavía, por una gruesa representación del gremio.
En 1996 Raúl Castro lanza una nueva amenaza contra las tentaciones críticas. Es la denuncia a los “quintacolumnistas”. El régimen refuerza su posición con la aprobación de la Ley 88 de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, conocida como “Ley Mordaza”. Su primera víctima fue el Centro de Estudios Americanos, adscrito al Comité Central del Partido. Más adelante, los economistas firmantes del manifiesto “La Patria es de todos” son enviados a la cárcel.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:27 pm

Entre el 7 y el 9 de abril de 2003 el régimen cubano dicta sentencia de muerte para tres jóvenes negros acusados de secuestrar una lancha, sin poner en riesgo la vida de sus ocupantes, al tiempo que condena a penas de entre 6 y 27 años de prisión a un conjunto de ciudadanos integrado por periodistas independientes, activistas de derechos humanos, bibliotecarios independientes, sindicalistas libres, miembros de agrupaciones políticas alternativas e integrantes del Movimiento Cristiano Liberación, gestor del Proyecto Varela.
Nunca antes el régimen se había atrevido a aplicar una represión masiva de tan alto alcance contra ciudadanos en el ejercio de una oposición pacífica, abierta, nada conspirativa y desarmada. Las circunstancias de la severidad de las penas de prisión y que la mayoría de las los condenados a prisión ejercieran su actividad en el ámbito de la cultura, pueden ser interpretadas como la articulación de una medida ejemplarizante lanzada al gremio, una hosca advertencia de que el régimen no admitirá, en adelante, ningún tipo de deslealtad. La revelación de la infiltración en los grupos de agentes encubiertos de la policía política añadía un giro siniestro a la advertencia.
Con los procedimientos habituales, el régimen dispuso pronto de un “Mensaje desde La Habana para los amigos que están lejos”, donde una parte significativa del gremio se apresuraba a confirmar sus lealtades. Una encuesta del corresponsal de El País en La Habana daba a conocer las evasivas, cuando no inícuas, opiniones de un sector del gremio sobre el poeta Raúl Rivero, condenado a 20 años de prisión. Antiguos amigos y colegas del poeta encarcelado generalizaban sobre su poética, los más dignos; otros, además, advertían sobre los consecuentes peligros de “ponerse al servicio del enemigo”. Estos y otros que se apuntaron a la infamia, continuaron, desde las pantallas de La Jiribilla, la campaña de deslegitimación de Rivero y sus compañeros de prisión.
Quizá se haya llegado a ese punto de inflexión que Albert Camus señalaba como la toma de conciencia de que “las cosas han durado demasiado” y que sólo se puede afirmar “hasta aquí, sí; más allá, no”. Los fronteras de la autoestima y el respeto por sí mismo advierten, aunque sea secretamente, del hartazgo del esclavo de su propia condición.

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:28 pm

Ninguna instancia exterior, ninguna pulsión extraña, salvo la propia violencia del régimen, la desmedida insolencia con que envía a la cárcel a pacíficos agentes culturales de la disidencia interna, sitúan al gremio en la coyuntura más ingrata de las décadas pasadas. Sólos ante su conciencia, estoy seguro, son muchos los miembros del gremio que se cuestionan, angustiados, los límites de la abyección. Prepotente, el régimen les ha lanzado el envite. La respuesta sólo les compete a ellos. Desde el exilio no se está capacitado para señalar opciones que conduzcan a la pérdida de las magras retribuciones a la lealtad o al disimulo, a la marginación o la cárcel. Pero esta vez, como nunca antes, se alza, desde el interior de la Isla, ante aquellos que conservan rescoldos de dignidad, y estoy seguro de que son muchos, la denuncia, el ejemplo y el sufrimiento de casi un centenar de víctimas. Será difícil mirar hacia otro lado.
Albert Camus advertía: “Todo revolucionario acaba en opresor o en hereje”. Sin duda el régimen, en sus postrimerías, ha querido forzar al gremio. Una invitación envenenada. Ahora cada uno, ante el inconfesable espejo de su conciencia, tendrá que vencer el lógico y humano temor para recuperar su integridad o rendir sus armas, entregarse a la brumosa ideología de consentimiento y convivir, en adelante, con un malestar resignado y patético.



Pío E. Serrano

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Re: EL MAL INCONFESABLE

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 4:28 pm

Nota. El autor reconoce su deuda con los siguientes autores y textos:

Antoni Mora, “Los hombres destruidos, la escritura del desastre. El ‘después de Auschwitz’” de Maurice Blanchot; Juan Gregorio Avilés, “”El mal inconfesable. M. Blanchot-M. Duras”; Alfonso Galindo Hervás, “Estar dormido o estar durmiendo. Blanchot y lo político” y Tomás González, “Luis Fernando Moreno Claros, Martin Heidegger”, en Espinosa. Revista de Filosofía, III, 4, Murcia, Primavera/Verano de 2003.

José Manuel López de Abiada, Introducción y estudio a Gottfried Benn, Barcelona, Ediciones Júcar (Los Poetas, 47), 1983.

Hermann Kurze, Thomas Mann. La vida como obra de arte, Barcelona. Galaxia Gutenberg, 2003.

Albert Camus, El hombre rebelde, en Ensayos, Madrid, Aguilar, 1981.

En Revista Fundación Hispano Cubana, Nº 18, 2004

Anonymou
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Re: EL MAL INCONFESABLE

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