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Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

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Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:36 am

Por: Enrique J. Santos ( El Parchedigital.com)







Cuando Filadelfo Peláez Suárez murió, Cuba era tierra española. Hijo de Alfonso Peláez y Cristina Suárez, Filadelfo dejaba al morirse en suelo habanero el día dieciséis de julio del año mil ochocientos noventa y cinco, una joven viuda en Asturias llamada María López y Riego. Viuda y al cargo de dos hijos de los tres que el matrimonio había tenido: María, Valentina y José. Las niñas murieron pronto; una, a los días de nacer; la otra, a pocos años de vida. Quince años más tarde, José iniciaba su aventura americana. Un cuarto de siglo jalonado y marcado a fuego por sucesivas idas y venidas. Un proyecto de futuro que solamente cortarían la muerte de su esposa Ulpiana Rodríguez, la temprana orfandad de sus cuatro hijos Albina, María, Ramón y Rosario… y el comienzo de la Guerra Civil.

José Peláez López había salido de su casa en Oviñana a eso de las cuatro (hora temprana en que noche y día empiezan a preparar el campo de pelea por saber quién manda) de un dieciséis de septiembre del año del señor de mil novecientos diez. Iniciaba así un viaje por mar que le llevaría a pisar tierra platense un mes más tarde, el dieciocho de octubre. La independencia de Cuba en el noventa y ocho, y quizá el recuerdo del padre muerto y sepultado de enfermedad terrible en La Habana, hicieron variar el puerto de destino del “americanito” José: Buenos Aires. Argentina, en esos tiempos, era la potente voz de promisión a que atendían jóvenes italianos, franceses y, claro, españoles. Y sobre todo españoles norteños, ya gallegos, santanderinos, vascos o asturianos. Asturianos como José…

Así podrían empezar miles de historias. Y así empezaría una que un nieto de José escribiera un día, tras repasar recuerdos, historias contadas y revisar con la lupa del cariño una y otra vez las hojas del diario de José. Así, digo, podrían empezar miles de historias, de esas que aíslan trozos de vida propia o ajena para recoserlos sobre un cañamazo de sueños y fantasmagorías, de fantasía y realidad, de ficción y de caminos reales. Lo que, al fin, constituye todo ese “resto” que llamamos literatura.

Verán. Si tomamos en consideración el hecho cierto y no pura ficción de que el José de que hablaba fue mi abuelo… Y si recurrimos a la ficción pura y dura de que a mi bisabuelo Filadelfo no lo hubiese cogido el mortal tifus… yo podría haber sido un cubano... Y rizando más el rizo de lo supuesto, si mi abuela no hubiese muerto joven, o si no hubiese habido Guerra Civil española, o al menos sucediera años más tarde… yo podría haber sido un argentino.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:37 am

Les explico. Estoy algo bastante más que contento (orgulloso, diría, si se me interpretase ajustadamente tal expresión) de ser español. Y asturiano, claro. Y avilesino, por supuesto. Pero creo que, como tantos españoles y sobre todo asturianos, sé sentir como propias aquellas tierras hispanas. Y, lo que es más importante, a sus gentes, a las personas hermanas (realmente, esa es la desgastada palabra) que las viven.

Y dirán ustedes con no poca razón: ¿Y a mi, qué se me da en todo esto?

Yo quería rellenar folio y medio de algo que se llamase así: “Cuba en el corazón”. Recordaba allá a comienzos de los setenta cuando se puso título semejante a una antología de poetas de acá y de allá, españoles y americanos, que juntaron sus emociones para catar la pena común del sangriento golpe de estado del general Augusto Pinochet en Chile.

Cuba en el corazón…Me suena bien. Y, además, es cierto. Muchos llevamos a Cuba en el corazón, igual que se lleva el mejor broche con la mejor perla en el mejor traje para la mejor fiesta. Y muchos, si tuviésemos que escoger sitio para vivir en tierra americana, no miraríamos a NY, ni a Miami, ni a LA… Si yo tuviese que escoger exilio americano, pues solamente eso me obligaría a dejar mi tierra y mi ciudad, pensaría en dos sitios: La Habana y Buenos Aires. No sé si por este orden exacto, creo que no. Pero sí que serían esos dos.

La Habana y Buenos Aires, son literatura, pasión, vida, música, historia, leyenda, trabajo, misterio... Aunque huela a tópico: tango y son, zamba y habanera, maraca y bandoneón. Cuba es Martí, es Lezama, es Carpentier y es Cabrera Infante. Cuba es… Reinaldo Arenas y Severo Sarduy. Buenos Aires es antes que nada Julio (Cortázar, claro), pero también el extraño y anglófilo Borges, o el exquisito renacentista Mújica Laínez, o el misterioso Bioy, o el desgarrado Santos Discépolo de los tangos… Y todos, Martí, Lezama, Cabrera, Arenas, Severo, Cortázar, Borges, Laínez, Bioy, Discépolo… somos nosotros. Son… nuestra “otra” literatura, nuestra “otra” historia. Y nosotros, la de ellos, su historia y su pasado. Y hasta, hoy, su futuro. Como ayer ellos lo fueron nuestro. Y eso… escriba o diga lo que quiera Galeano.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:37 am

Cuba, La Habana… puesta en pantalla grande con un Redford navegando peligrosamente entre un régimen podrido que vivía sus últimos días, la dictadura torpe y tosca del ex-sargento Fulgencio Batista que chapoteaba entre muerte y juego, prostitución y ruleta, pobreza extendida y mafia generalizada y gobernante.

Los aires de Sierra Maestra apretaban, metían prisa. Entre todos, americanos de los USA incluidos, habían decidido que ya sobraba Batista.

José Rodríguez Martínez poseía en Santiago de Cuba un boyante taller de coches (allí le llaman “garage”, con afrancesada “g” y pronunciado a la inglesa), con representación incluida de una reputada marca neumáticos (“gomas”) de coche (“carro”). José era un asturiano emigrante a Cuba desde su San Pedro de la Ribera natal. En su casi medio siglo de vida cubana, ya era un cubano. Llegó de muy joven, aproximadamente al mismo tiempo en que José Peláez llegaba a Buenos Aires. En mil novecientos cincuenta y ocho, José hizo su primera visita a Asturias. De su familia, quedaba más bien poco: su madre Albina Martínez, había muerto casi veinte años atrás, su hermana Ulpiana, veintitrés años antes, su otra hermana María, un año antes… Solamente quedaba viva su hermana Sara. Y sus sobrinos Albina, María y Ramón. José pudo ver la amplitud del portón del garaje (esa vez, sí, con “j” y para guardar coches) que su familia había preparado en los bajos de la casa familiar de San Pedro de la Ribera... para cuando llegase el “haiga” del indiano José. Un “haiga”, claro, que no trajo, porque José Rodríguez Martínez era un hombre sensato y sabía de esas cosas de rentabilidades y economías.

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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:37 am

José Rodríguez, Tío José, era hermano de mi abuela, Ulpiana Rodríguez. O sea, cuñado del otro José, José Peláez, mi abuelo.

Era otoño, pues, cuando José Rodríguez Martínez vino a Asturias. Hablaba, no sin admiración contenida por la prudencia, de un tal Fidel Castro. Era el tal Castro el líder de unos jóvenes que andaban por las montañas pegando tiros para acabar con la dictadura de Batista. Del mafioso Batista. José, como muchos cubanos, ayudaba económicamente a los barbudos de Fidel. José no era un hombre político, claro que no: pero conocía el significado de la palabra libertad.

Menos de dos meses después de la partida para Cuba de Tío José, Fulgencio Batista salía con todo cuanto aun le quedaba por esquilmar en Cuba, cargado en dos aviones, con su familia. Terminaría, como otros dictadores, en España. E invirtiendo parte de su manchada fortuna, por cierto, en empresas entonces de poca monta, hoy auténticos gigantes económicos… levantados sobre los millones sangrados al pueblo cubano. La escena puede vivirse a través de los ojos de Redford y muy literalmente contada en la película “Havana”.

Los barbudos entraban en Cuba. Todos lo festejaron. Por allí andaban Matos, Cienfuegos, Guevara, los Castro, Menoyo… y tantos. Días de fotos con palomas, abrazos y aun medallas de santos y vírgenes en el pecho bajo la camisa convenientemente desabrochada… Había estallado la libertad. O… eso parecía.Libertad y Cuba eran dos conceptos que no habían discurrido muy parejos. Desde su independencia, la Perla del Caribe de la Corona de España supo de tutela de los USA, de democracia formal, de elecciones incluso… Pero no de libertad. En los sesenta años justos que habían transcurrido desde que una España derrotada en guerra naval sobre todo,“cediera” a los Estados Unidos la Isla mediante el Tratado de París de 24 de octubre de 1898, Cuba conoció y supo de la “tutela” norteamericana, institucionalizada con la Enmienda Platt de 1901.

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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:38 am

Cuba conoció y supo de las dictaduras de Gerardo Machado con un régimen de terror político y asesinatos de estado que duró desde el año 25 al 33. Cuba conoció y supo del golpe instigado por los USA para derrocar a Machado… y que abrió la puerta al no menos dictador Batista, mediante el golpe militar que derribó a Grau para poner como hombre de paja al coronel Mendieta… al año de haber derribado entre todos a Machado. Cuba vio y supo como los intereses americanos, y sobre todo los de la Mafia, dominaron la política cubana, e hicieron a Batista maquillar su régimen dictatorial con una Constitución (1940) y un gobierno del propio Batista… ¡apoyado por los comunistas cubanos! Grau San Martín vence en las elecciones del año 44 y Prío Socarrás en las del 48. Cuba vio y supo de un período de expansión económica en los cuarenta, sobre todo por la Guerra Mundial y el alza de precios de los productos exportables desde Cuba. Pero nada es perfecto, y Cuba vio y supo de un nuevo golpe de Fulgencio Batista (promovido desde los más bajos instintos de la Mafia americana, Luciano incluido) que dio paso a una nueva dictadura militar pura y dura encabezada por el propio Batista… compartiendo el poder con los capos de la Cosa Nostra.

Batista se fue tras las campanadas del fin del año 1958. El año nuevo, habían decidido (de nuevo y desde el 98) los norteamericanos, sería castrista... Un castrismo avant la lettre, claro Y en esto, llegó Fidel. Y la Revolución. Y el partido único. Y las nacionalizaciones de las grandes empresas. Y las expoliaciones de las pequeñas empresas y negocios. Y la doctrina única y el dogma.

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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:38 am

Se arrumbaron las medallas de santos y vírgenes que antes se lucían sobre el pecho. Y comenzó el bloqueo. Y llegó el hambre, mitigada con la “ayuda” soviética. Y los tractores. Y los planes. Y los misiles. Y Bahía Cochinos. Y las purgas. Y los fusilamientos. O sea, más fusilamientos. Y las cárceles. Y la represión sobre los homosexuales. Y el encarcelamiento de poetas, críticos literarios, directores de cine, novelistas… Y el caso Padilla. Y… vuelta a empezar.

José Rodríguez Martínez perdió su negocio. Cogió a sus hijos, los primos Cuca, Blanca, Felo y Fidelina, y se fue a los Estados Unidos. Y allí murió José Rodríguez Martínez añorando su Cuba no natal, pero si vital y amada. Y sus hijos rehicieron su vida ejerciendo sus profesiones y carreras universitarias. Todos menos el marido de una de sus hijas, que supo de la cálida acogida de las cárceles de la revolución aun durante muchos años, y al que ni siquiera las buenas gestiones hechas por la familia asturiana y desde Avilés con el embajador Luis Amado Blanco a través de su antigua vecina y amiga del alma Ana de Valle, pudieron sacar de allí. Decían que por tozudo, el ingeniero, por no ceder, por no aceptar… Cosas de las revoluciones, ya se sabe...

Mi paisano Fernando Morán, escritor, embajador y ministro, dice en su libro “Una política exterior para España” (Ed.Planeta, 1980) lo siguiente: “En su origen la revolución castrista no representaba una ruptura con los antecedentes nacionalistas de otros movimientos que se venían gestando en el continente y que en absoluto significaban la creación de un sistema socialista ni mucho menos la adscripción de un país latinoamericano –ubicado a unas decenas de kilómetros de la costa norteamericana- al bloque dirigido por la URSS. La voluntad inicial de los hombres de Sierra Maestra que entran en La Habana con el apoyo tardío de la burguesía liberal y la colaboración apresurada del partido comunista se inscribía en el sentido de la revolución guatemalteca de Arbenz, teniendo como antecedente mediato la revolución mexicana de 1910. Lo que se pretendía era una reforma radical, pero dentro de una concepción liberal y sin cuestionar el sistema capitalista. Pero la voluntad de cambio era tan firme y el entusiasmo revolucionario tan grande que había de rebasar los cauces iniciales”.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:38 am

O sea, como casi siempre. Cosas de las revoluciones, ya se sabe...

Lo que realmente no se terminó sabiendo (aunque sí intuyendo desde su principio, para quien no quiso engañarse a sí mismo) sino casi cincuenta años después, fue que la llamada revolución cubana iba a derivar en un régimen de absoluta falta de libertades. De tal manera, que ni siquiera en Cuba puede decirse más de cuarenta años después que se hubiere cambiado libertad por bienestar económico. O simplemente libertad por reforma estructural del sistema capitalista. O, como poco, por las efectivas reformas sociales básicas. Cosas de las revoluciones, ya se sabe...

Así, durante años el ejercicio libre del pensar y su manifestación pública a través del escrito o de la palabra… no es que esté prohibido, que sí lo está, al menos hacerlo al margen de los dogmas llamados revolucionarios. Sino más bien pareciera, hasta no hace mucho y con honrosos ejemplos que acabaron sistemáticamente entre rejas, que se hiciera efectiva la reflexión de Graham Greene en sus a modo de peculiares memorias, “Una especie de vida”, cuando dice que “es mejor permanecer ignorante de uno mismo y olvidar las cosas propias fácilmente”.¿Socialización de la propiedad privada? Puede que sí… Pero les cuento un caso conocido de niño por mí. Doña María era una señora cubana que se había casado con Colás, un amigo de mi familia materna. Colás tenía su pensión, no excesiva. Doña María, unas rentas que le daba la casa de su propiedad en que había vivido en Cuba. Nada que diera para lujos. Pero ambos vivían en Avilés desahogadamente, con churros en el Café Busto todas las tardes y algún que otro dispendio similar a unos puros. Habanos, claro.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:39 am

Con la revolución, el administrador se quedó con la casa de Doña María. Con la propiedad, quiero decir. Y eso después de mucho tiempo de no enviarle el dinero de las rentas desde Cuba a España, como venía haciendo desde tiempo atrás. Colás y Doña María, hubieron de irse a vivir a la vieja casa de Colás, el pueblo cudillerense de Valdredo. Allí estiraron con mucha dignidad y ánimo jovial de recién casados la pensión de él, en ausencia de las justas rentas de ella… que ahora “se” había “socializado” su administrador. Ya se sabe: las revoluciones son así… tienes estas cosas…

Bien. Nótese que hasta aquí he metido con calzador pequeñas historias personales que tienen un denominador común: los protagonistas habían nacido todos a distancias no mayores de cinco kilómetros los unos de los otros. Y son todos miembros de una familia o de un círculo de amistades muy cercanas…

Entonces, la pregunta viene por sí sola: ¿Cuántos José Rodríguez, Colás, Doña María, habrá en todo el concejo de Cudillero? ¿Y cuántos en toda Asturias? ¿Y cuántos más en todo el norte de España? ¿Y cuántos en España entera… por limitarnos a asuntos de hispanocubanos solamente? Quizás muchos, en Cuba y en España, piensen hoy aun y hasta en contra de la lógica de la Historia que es el precio a pagar por una revolución. Y hagan suya la cita de Greene. O sea, que “es mejor permanecer ignorante de uno mismo y olvidar las cosas propias fácilmente”.

Pero…, ¿realmente se han parado a pensar con unos gramos de objetividad si están en lo cierto, no ya en el precio de la revolución, sino en el hecho que dan por tan seguro de que en Cuba efectivamente sí que ha habido una auténtica revolución?

Bueno, es posible que esta sea una pregunta propia de un espíritu pequeñoburgués, como el mío, embebido estúpidamente de lecturas de Locke, Mill, Russell o Montesquieu. Casi seguro. Como casi seguro que esa es la “pequeña diferencia” que exista entre, pongamos por caso, el que escribe y un tal Llamazares, un suponer: la concepción de “libertad” que tenga cada uno. Pequeña, es posible; pero como (antes de correr aquellas púdicas cortinas de la cama) Spencer Tracy le dice a Katharine Hepburn que dicen los franceses (“La costilla de Adán”, 1949): ¡¡Viva la diferencia!!

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:39 am

Esa diferencia, es enteramente culpable de algo tan sencillo como esto: ¡¡nos hace enteramente libres!!

Otros, hoy, allá en una Cuba convertida en macroprisión flotante y a la deriva para discrepantes, deben callar. O sufrir las consecuencias. ¿Acaso la libertad no es revolucionaria? ¿Acaso la libertad no hace libres? Pero la teología revolucionaria piensa en todo; y, gracias a sus exégesis evangélicas camufladas de teoría política, desde hace mucho sabemos que hay libertad y “verdadera libertad”. Al igual que conocemos que hay “verdadero socialismo” en sustitución del socialismo portador de la utopía de la igualdad. Y como también sabemos que si a la violencia la llamamos la adjetivamos de revolucionaria, para algunos es aceptable.

Aunque si nos damos real cuenta, revolución para una parte tan importante de la ciencia como lo es la Mecánica, no es otra cosa que un giro o vuelta que da una cosa sobre su eje. O dicho mucho más toscamente: girar por completo… para volver siempre a la posición de inicio. ¿Será por eso que siempre las revoluciones lo ponen todo perdido? Es posible, tal vez sea así.

No sé a estas alturas qué pensarían los protagonistas de mis añadidos personales al asunto central de este artículo. Es difícil, están muertos. Y enterrados. Como lo está Filadelfo Peláez, mi bisabuelo, en Cuba. Otros, los hijos de José Rodríguez, están vivos, pero ya son más que medionorteamericanos. Otros, sus hijos, los nietos y biznietos de José... son estrictamente norteamericanos. Cuba les queda cercanamente lejos. O lejanamente cerca, da lo mismo.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

Mensaje por Anonymou el Mar Mar 13, 2007 5:40 am

¿Y los cubanos que viven en la isla? De éstos, la inmensa mayoría no ha conocido otra cosa que Fidel y su revolución. Es difícil, por tanto que se forjen una idea exacta de su realidad, de sus libertades, de su situación, de su futuro. He dicho difícil, no imposible. Ellos, sobre todo ellos, sí que podrán decirle cargados de razón al comandante abuelito adoptivo del niño balsero (el supermediático “Eliancito”que aunque crecido todavía da tanto juego al régimen), al octogenario Fidel, aquello que Franz Kafka le decía a Hermann Kafka en el párrafo final de su “Carta al padre”: “Ni siquiera tu desconfianza en los demás es tan grande como la desconfianza en mí mismo en que me has educado”.

Pero, ya se sabe... Cosas de las revoluciones...

Para terminar, otro recuerdo personal. Me recuerdo en mi primera juventud cantando al alimón con “Mandi” (el cirujano avilesino doctor Solís, para la vida oficial y el protocolo), aquella canción de Luis Aguilé (argentino errante, él) que hablaba de cómo había dejado enterrado su corazón… cuando salió de Cuba. Entonces, yo no entendía del todo como mi amigo del alma y de canción, “Mandi”, entraba tan en trance hasta la lágrima al cantarla. La cosa es simple, con el tiempo lo entendí: él había nacido en Cuba. Y, visto así… la cosa cambia.

¿Qué desear para el futuro de sus hermanos cubanos un españolito como quien escribe, plagado de complejos pequeñoburgueses, amante de la libertad y de la palabra libre para todos… y que lleva, como muchos otros, a Cuba en el corazón? Tras pensarlo serenamente, sólo una cosa. Solamente una: que “cubalibre” se escriba separado y con mayúscula inicial… que signifique mucho más que ron y cocacola mezclados... Y que no se beba… ¡sino que se viva!

Eso, sería tanto como decir que la pareja de enamorados que sale en la fotografía que acompaña este artículo, además de besarse, o sea, expresarse su pasión... podrían manifestar también en alta voz y sin problemas esa otra pasión que en todas las partes siente el ser humano por algo que muy comunmente se le suele recortar o arrebatar: la libertad.


Amén. Es decir: que así sea.

Anonymou
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Re: Una crónica sentimental: Cuba en el corazón

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