Secretos de Cuba
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La lenta muerte del Castrismo

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La lenta muerte del Castrismo

Mensaje por Alana el Miér Jul 28, 2010 6:17 am

La lenta muerte del castrismo
Fernando Mires (Chile)

1.

Miremos
hacia la Cuba de hoy: un Fidel canceroso y senil. Un Raúl que se sujeta
en las sotanas de curas católicos para no caer definitivamente en el
abismo. Una Habana maloliente, destartalada y maltratada, pero sobre
todo, emputecida y violada. Cientos de presos salidos de cárceles
infernales, negociados a cambio de un puñado de dólares que permitan
respirar algunos minutos más a los esbirros del régimen. Prisioneros en
mortales huelgas de hambre. Mártires de la democracia. Blogueros
valientes, inclaudicables. Mujeres vestidas de blanco. En fin, todo eso,
y muchos más, son los símbolos precisos de la lenta muerte de un
sistema social injusto, de una dictadura implacable, de un error
histórico cuyas magnitudes son muy superiores al tamaño de la hermosa
Isla.

La dictadura del los Castro agoniza, y el problema para
Raúl y sus secuaces es como saltar hacia el otro lado del abismo, o lo
que es parecido: como realizar una transición económica desde el
comunismo salvaje hacia el capitalismo social de mercado, salto mortal
que llevará más temprano que tarde a otro salto aún más mortal: el salto
que va desde una sangrienta dictadura militar hacia una democracia
moderna.

Ambos saltos son muy superiores a las fuerzas de Raúl y
los generales que lo siguen. De ahí que en estos momentos de triste
agonía, Raúl y los suyos contemplan el otro lado del abismo, hacen como
que van a saltar y luego dan un paso atrás, aterrados. Quizás Chávez, el
adalid del socialismo del siglo XXl -remedo venezolano de ese remedo
cubano que no era más que un remedo soviético- pueda mantenerlos
intubados un tiempo más. Quizás para Raúl y los suyos el problema no es
sobrevivir sino simplemente retardar el momento de la muerte final.

Cuba
no muere, pero en Cuba más de algo está muriendo. Y, por lo mismo,
naciendo. Tal vez algún día Pablo Milanés hará un canto a lo que está
naciendo. Pero por el momento nadie sabe lo que es. En cualquier caso,
después de haber leído el magnífico libro escrito por Jaime Benson tengo
la impresión de que ese “algo” que muere (y que nace) es más que el fin
de uno de los últimos regímenes exponentes del “socialismo real”.

2.

Por
supuesto, en Cuba muere uno de los últimos exponentes del socialismo
real. Y lo peor, muere antes de haber nacido, y si seguimos con atención
los capítulos “económicos” (sobre todo los dos primeros del texto) del
libro de Jaime Benson, tendríamos que decir que, además, muere antes aún
de haber sido concebido. En ese punto el destino de Cuba no se
diferencia demasiado del que corrieron los regímenes satélites de la
URSS después de la caída del imperio soviético. Todos perecieron en
medio de un socialismo imaginado por las correspondientes dictaduras
como fase inferior del comunismo, periodo de supuesta transición hacia
la sociedad perfecta, fase que constituye uno de los objetos preferidos
del análisis de Benson.

No está de más recordar que todas esas
economías del pasado reciente llamadas socialistas obedecían las líneas
de un plan llamado de transición; por lo general, de una doble
transición, a saber: la transición del capitalismo al socialismo y la
transición del socialismo al comunismo. Parodiando a Trotsky quien
postuló la tesis de la revolución permanente, podríamos decir que las
dictaduras comunistas se orientaron de acuerdo a la tesis estalinista de
la “transición permanente”.

El mismo término “socialismo real”
quería significar que ese socialismo que imperaba en esas naciones era
el “hasta ahora” posible, parte de una transición que alguna vez iba a
terminar en el socialismo sin transición: el comunismo total, el fin de
la historia, el más allá de todo más acá.

La ideología del
socialismo como transición permanente cumplía, a su vez, el objetivo de
justificar a las más diferentes perversiones políticas de nuestro
tiempo.

De todas esas perversiones quizás la más perversa era y
es la perversión dictatorial pues hasta ahora nadie ha sabido de un
proceso de construcción del socialismo que haya sido realizado en
términos democráticos.

La dictadura socialista -y ese es el
punto que diferencia a las ideologías comunistas de las ideologías
socialistas democráticas- no significa sólo una ruptura con la
democracia sino que es, o nos ha sido vendida, como “una necesidad
histórica” ; una etapa que hay quemar para acceder a la siguiente. Una
necesidad, es decir, un medio del que se sirve la historia en ese camino
que culminará, de acuerdo a la ideología marxista, en la realización
del comunismo: “fase superior del socialismo”

Efectivamente, el
marxismo es la única ideología de nuestro tiempo que justifica e incluso
exalta a la dictadura como el mejor sistema de dominación política
posible. Esa, y no otra, es la razón por la cual tantos dictadores han
sido atraídos por la ideología marxista aún sin haberse dado el trabajo
de leer a Marx (como confesó una vez Castro y como confesó recientemente
el “neo-marxista” Chávez). Es decir, mientras los dictadores no
socialistas, desde Trujillo a Pinochet, los dictadores socialistas no
solamente no niegan la existencia de sus dictaduras sino, además, las
enaltecen como partes de una fase “científicamente” programada,
destinada a realizar la (infinita) transición que se extiende desde el
capitalismo al comunismo. En ese punto Karl Marx tiene más de alguna
culpabilidad.

En el Manifiesto Comunista, así como en sus breves
trabajos destinados a comentar los luctuosos acontecimientos que dieron
lugar a la Comuna de París, Marx, llevado por su innegable ímpetu
literario, utilizó, y más bien como metáfora, el concepto de dictadura
pero no para referirse a un régimen político determinado sino a una
estructura socioeconómica dividida en clases sociales: la dictadura de
la clase capitalista sobre la clase proletaria. Luego -según Marx- la
revolución socialista (o comunista) debería invertir los términos y en
lugar de la dictadura de la burguesía, establecer la dictadura de la
clase obrera: “la dictadura del proletariado”. El audaz Lenin, a su vez,
desvió el sentido literario del concepto de Marx y otorgó al concepto
de “dictadura” un significado supuestamente “científico” escribiendo
incluso una apología a “la dictadura del proletariado” en ese panfleto
que encandiló la mente de Chávez titulado “El Estado y La Revolución”.
El mismo Lenin -sin duda uno de los más eximios manipuladores
ideológicos de la modernidad- se las arregló después para concebir una
“dictadura del proletariado” sin proletariado, esto es, una dictadura
del Partido del Proletariado. El “gran aporte” del castrismo al
marxismo- leninismo fue, a su vez, concebir una dictadura militar en
nombre del partido, en nombre del pueblo, en nombre de todo: “la
dictadura del militariado” que eso fueron y son las diversas dictaduras
tercermundistas que ha asumido el socialismo como ideología de
transición perpetua, siniestra familia a la que pertenecen Gamal Abdel
Nasser en Egipto, Muammar al-Gaddafi en Libia, Sadam Husein en Irak,
Baschar Assad en Siria, Robert Mugabe en Zimbawe, Fidel Castro en Cuba y
tantos otros dictadores “socialistas” de la modernidad tardía.

Los
ilustres personajes nombrados tienen, además de la ideología
socialista, algo muy en común. Todos han sido dictadores en naciones
inmersas en esa creación politológica europea llamada Tercer Mundo.

3.

De
acuerdo a las casi siempre arbitrarias denominaciones geopolíticas de
la Guerra Fría, el primer mundo estaba formado por las economías
capitalistas altamente desarrolladas, el segundo por el mundo comunista y
el tercero por todo aquello que sobraba, sobre todo en África y en
América Latina. El Tercer Mundo era, en efecto, el mundo destinado a ser
repartido entre los otros dos mundos.

En algunas naciones de
ese “resto del mundo” que era el tercero, tuvieron lugar revoluciones
anticoloniales de liberación nacional que, al recibir apoyo soviético,
entraron como clientes a formar parte del imperio dirigido desde Moscú.
De ahí que el mundo comunista se dividía en tres esferas: 1. la del
núcleo imperial formado por Rusia y las naciones anexadas durante el
periodo Lenin- Stalin 2. Las llamadas “democracias populares” en la
Europa del Este, y 3. Los “socialismos tercermundistas”.

La Cuba
castrista gozaba de un doble status. Por una parte era una “democracia
popular” con todos los derechos y deberes que esa denominación
implicaba, y por otra, era un “socialismo del Tercer Mundo” al estilo
sirio o iraquí. De acuerdo a ese segundo status, Fidel Castro intentó
continuamente perfilarse como un líder del Tercer Mundo, primero en
contra de la URSS (periodo guevarista) y cuando eso ya no fue posible,
al servicio de la URSS. Es en ese marco donde deben entenderse las
aparentemente absurdas intervenciones de las tropas cubanas en países
africanos, las intervenciones ideológicas en el Chile de la Unidad
Popular, y la ocupación de puestos claves (económicos y militares) en la
Venezuela de Chávez. El castrismo ha sido y es radicalmente
intervencionista.

Ahora bien, después del derrumbe del “segundo
mundo”, el comunista, el concepto de Tercer Mundo ha perdido toda
relevancia ideológica. Hoy sirve sólo como metáfora para designar a las
naciones pobres de la tierra, que son muchas. Sin embargo, después de la
caída de la URSS y del fin de las “democracias populares” continuaron
existiendo como islotes separados de contextos políticos y
territoriales, diversos “socialismos” del Tercer Mundo. El más
importante de todos, China, ya no pertenece ni al Tercer Mundo ni mucho
menos al socialismo. Por el contrario, es una de las principales
potencias capitalistas de la tierra y, como muchos economistas opinan,
la verdadera locomotora del mercado mundial. Otras naciones
“socio-tercermundistas” como Vietnam, han pasado a formar parte del ágil
y agresivo capitalismo sudasiático, incorporando además en sus
gobiernos formas avanzadas propias a las democracias occidentales. De
ahí que del antiguo socialismo del Tercer Mundo queda muy poco. La
nación más relevante, no por su economía sino por sus arsenales
atómicos, es Corea del Norte. En el mundo árabe perviven todavía algunos
reductos socio-tercermundistas (Libia, Siria, Sudán) pero no son más
que despojos de lo que alguna vez fue el ambicioso proyecto “nasserista”
destinado a desarrollar un socialismo árabe, militar y laico bajo el
amparo del imperio soviético.

Las pocas dictaduras
socio-tercermundistas que todavía subsisten son muy similares entre sí.
En todas gobierna el Ejército bajo el mando de algún cruel y anciano
caudillo. En todas prima el más aterrador atraso económico y cultural, y
en todas aumentan las cárceles donde van a parar no sólo quienes
piensan distinto al régimen, sino los que simplemente piensan. Se trata,
está de más decirlo, de dictaduras agónicas, y tarde o temprano, como
ya está ocurriendo en la Cuba castrista, desaparecerán de la faz de la
tierra, o como ya ocurre en el caso árabe, serán tragadas por otros
proyectos históricos como por ejemplo, el islamista. Mas, como acontece
en el caso castrista, la muerte de esas dictaduras socialistas suele ser
lenta, muy lenta.

Esas dictaduras –y en este punto tiene razón
Jaime Benson- son el verdadero rostro del “socialismo del siglo XXl”. Es
que no hay más; definitivamente no hay más.

El proyecto
chavista visto desde esa perspectiva no es otra cosa que el último
intento castrista para sobrevivir en América Latina. Pero la lenta
muerte del castrismo arrastra consigo al chavismo. Sin un proyecto como
el castrista, que ya casi no existe, el gobierno militar de Chávez –
siempre que la ciudadanía venezolana lo permita- sólo podría sobrevivir
bajo la forma de una dictadura militar clásica, una más de las tantas
que conoce América Latina. Sin embargo, esa forma de gobierno también se
encuentra en extinción. La Cuba castrista, que ya no es parte de un
proyecto socialista imperial como ocurrió durante la existencia de la
URSS, que ya no es parte tampoco del “socialismo del Tercer Mundo”, ha
revelado al fin, en el momento de su lenta muerte, su verdadero rostro:
el de una vulgar dictadura latinoamericana, caudillesca, populista y
militar.

No Marx ni Lenin, ni siquiera Stalin viven en Castro.
Tampoco Martí ni Guiteras. Pero sí Machado y Trujillo, Somoza y Batista,
han regresado desde ultratumba para morir nuevamente, cubiertos esta
vez bajo ese piadoso manto ideológico que eso, y no más, es la ideología
del socialismo del siglo XXl.

Pero tampoco hay ningún motivo
para regocijarse. Cuando derrocado Batista los guerrilleros de la Sierra
Maestra entraron en la Habana, traían consigo la promesa de un mundo
mejor. Fue por eso que no sólo en Cuba sino que en muchas naciones del
mundo, recibimos a la joven revolución con los brazos abiertos. Cuando
Cuba fue anexada por la URSS a iniciativas del propio Fidel, muchos
supimos que ese mundo mejor estaba muy lejos de ser representado por los
hermanos Castro. Mantuvimos todavía una que otra esperanza en que, en
algún momento -pese al caso Huber Matos, al caso Cienfuegos, o al caso
Padilla- “la revolución” regresaría a ese momento democrático y popular
que le dio origen. Pero la revolución siguió adelante, hasta que
terminó, como todas las revoluciones, devorándose a sí misma.

4.

Mi
ruptura personal con la Cuba de los Castro la realicé después del golpe
de Estado de Pinochet en Chile. Desde ese momento prometí posicionarme
en contra de todo gobierno que mantuviese cárceles repletas de presos
políticos, que obligara a miles a abandonar su patria y vivir en el
exilio, que en vez de políticos, gobernaran militares. Cuba era una de
esas naciones. Decidí entonces romper con la Cuba castrista y comencé a
escribir en 1975 un libro que diera testimonio de esa ruptura. El libro
fue publicado recién en 1978, en Medellín, Colombia. El título de ese
libro es: “La revolución no es una isla”. Algunos de mis amigos habían
realizado esa ruptura algo antes que yo. Otros la realizaron después.
Otros, mucho después. Algunos no la realizaron jamás. Estos últimos son
para mí un enigma.

5.

El libro de Jaime Benson tiene la
particularidad de hacer revivir, paso por paso, los diversos momentos y
estadios atravesados por la Cuba castrista. Para decirlo en clave
semiótica, se trata de un libro de-constructivo. Las discusiones
ideológicas en las que participaron teóricos como Mandel y Bettelheim,
los objetivos nunca alcanzados, el terror estatal, la utopía de la
revolución continental, la locura del Hombre Nuevo, las zafras
milagrosas, los interminables discursos de Fidel, la lógica de la lucha
armada, en fin, pasaje tras pasaje nos son presentados diversos momentos
ya olvidados de un proceso que nunca fue lineal..

De-construcción
dificilísima. Jaime Benson ha resistido, por ejemplo, la tentación de
analizar todo eso que sucedió desde la perspectiva presente-pasado, que
es lo que hacen muchos. Por cierto, como el autor de una novela
policial, Benson conoce el final trágico de esa historia, pero la va
narrando como si no lo supiera, es decir, desde una rigurosa perspectiva
pasado- presente que es y debe ser la del buen historiador. En ese
sentido se trata de un libro no ideológico. El autor no quiere
fundamentar ninguna gran verdad ni mucho menos una visión del futuro.
Benson deja que los hechos hablen por sí solos; y los hechos, hablan.
Esa es quizás una de las razones que me impulsa a preguntar nuevamente
acerca del enigma ya mencionado.

¿Cómo puede ser posible que
todavía existan personas de las cuáles yo pienso que son suficientemente
sensibles e inteligentes o por lo menos, normales, y que sin embargo
siguen prestando su apoyo a “eso” que hoy es el castrismo? Entre esas
personas hay algunas que han sufrido bajo dictaduras militares, que han
perdido deudos y amigos, que han vivido el exilio, que han sido incluso
torturados y a pesar de todo eso no sienten o no son capaces de expresar
un mínimo de solidaridad con las víctimas, las miles de víctimas del
militarismo castrista ¿Cómo puede ser posible que existan esos seres que
nunca han sido muy fieles en sus vidas privadas pero que con respecto a
la Cuba castrista mantienen una fidelidad a toda prueba, dignas del más
apasionado de los amores? ¿Cuáles son los mecanismos que llevan a esos
individuos a tratar de traidores y renegados a todos aquellos que viendo
el rostro horroroso de la realidad se niegan a decir que ese rostro es
bello? Creo que ya ha llegado el momento de intentar algunas respuestas.
Para comenzar, debo afirmar que no creo en el poder hipnótico-erótico
de Fidel Castro. Deben existir otras razones.

Una, la que se me
viene primero a la mente, es la razón ideológica. Para explicar mejor
dicha suposición es preciso entender que las ideologías no sólo son
sistemas de ideas petrificadas, sino, además, verdaderos programas de
pensamiento. Hay quienes al adscribir a una ideología introducen en sus
mentes un sistema de programación que los obliga a pensar en términos
exclusivamente inter-ideológicos, de tal modo que cualquier intento para
llevar una discusión más allá del programa ideológico internalizado,
está condenado al fracaso. Esas personas pueden estar muy vivas en otras
esferas de la vida cotidiana; en la literatura, en el arte, por
ejemplo. Pero si tú intentas discutir políticamente con ellas, activas
de inmediato la programación ideológica. Esa es la razón que me ha
llevado a pensar que las ideologías en muchos casos son patológicas, del
mismo modo como muchas patologías son ideológicas.

Ahora, uno
de los elementos centrales de la programación ideológica castrista dice
más o menos así: independientemente a los errores cometidos en Cuba, hay
que tener en cuenta que Cuba es socialista, y por lo tanto, Cuba se
encuentra situada en una fase superior al capitalismo.

Está de
más decir que dicho recurso ideológico reposa en una creencia basada en
una suerte de naturalismo historicista (materialismo histórico de
acuerdo al léxico marxista) heredado de la doctrina positivista y que la
ideología marxista hizo suya. De acuerdo a dicho naturalismo, muy
presente en diversos institutos de sociología latinoamericanos, la
historia sigue una línea que la impulsa a avanzar hacia adelante,
produciendo formaciones sociales cada vez más evolucionadas. Por lo
tanto, que en Cuba se pueden cometer todas las atrocidades imaginables
está justificado de antemano pues la naturaleza socialista de Cuba es
superior a la de cualquier país capitalista.

Es evidente que
para mantener un programa de pensamiento como el descrito, se requiere
de una firme creencia en la idea de la progresividad histórica. Sin esa
creencia, la ideología, efectivamente, no funciona. No hay, en verdad,
ideología sin creencias. Pero las creencias son, a su vez, bases del
pensamiento religioso. Esa constatación me lleva, por lo tanto, a un
segundo intento de explicación. La formularé como tesis: se trata de la
ausencia, o baja presencia de religiosidad que, en América Latina,
aunque parezca lo contrario, es evidente. Esa ausencia de verdadera
religiosidad (espiritualidad) es la que, a su vez, permite la entrada
triunfal de las ideologías. De acuerdo con Hanna Arendt, las ideologías
no son religiones, pero pueden substituir perfectamente a las
religiones.

Hay que precisar que bajo el término religiosidad no
entiendo nada parecido a eclesialidad, ni tampoco a determinadas
adscripciones formales o rituales a diversas confesiones y religiones.
Religiosidad significa antes que nada establecer una relación de
comunicación con una instancia que si bien pertenece a este mundo no
sólo es de este mundo, instancia que es antes que nada espiritual, y por
lo mismo, adquiere, para los creyentes, la categoría de divina. En
cierto modo, y la tesis no es mía sino de Peter Sloterdijk (“Zorn und
Zeit”), el ser humano al ser pensante (metafísico) es portador de un
potencial trascendente. Sin embargo, y sigo también aquí a Sloterdijk,
ese potencial puede ser invertido en un objeto adecuado, que en una
religión es Dios, pero también puede, y de hecho es lo que ocurre más
frecuentemente, en la divinización de un objeto no religioso que suele
ser otra persona, un cantante entre los más jóvenes, o un deportista, y
en la política, una ideología reencarnada en la presencia de un líder al
cual le son conferidas propiedades sobrehumanas. En ese caso estamos
frente al síndrome de la idolatrización que en la vida política, sobra
decirlo, suele ser muy frecuente. También es frecuente que, frente a la
incapacidad de encontrar a Dios hay quienes optan por depositar ese amor
destinado a Él, en cualquier pobre diablo. Si mal no recordamos, hasta
Hitler fue divinizado por un pueblo enloquecido.

No obstante,
más allá de cualquier intento racional de explicación, hay algo que
parece cada vez, aún para las personas más ideologizadas, imposible de
ser negado. El castrismo está llegando lentamente a su hora final. Con
ello quiero insinuar que de a poco nos aproximamos al momento en que
después del derrumbe definitivo, cuando sean reveladas todas las
verdades que ha ocultado el régimen, muchos de los que todavía hoy
defienden ese “socialismo” tomarán su cabeza con ambas manos y
preguntarán: ¿“Cómo pude haber apoyado a “esto?” Así pasó después de la
caída del nazismo. Así pasó después del derrumbe del comunismo.

No,
no estoy juzgando a Fidel Castro ni a los suyos. Al fin y al cabo nadie
es nadie para juzgar a nadie. Por el contrario, soy de los que piensan
que hubo una vez en Cuba un joven idealista, lleno de ideas y arrojo,
capaz de morir pero también de matar por una utopía. Como él hubo varios
en la isla, y los hay y los habrá en muchas otras partes. Ese joven,
así como quienes lo siguieron, imaginaron en su ardiente fantasía que no
sólo había que derribar una tiranía sino, además, cambiar el mundo. Por
lo tanto el problema no sólo está en la mente de esos jóvenes sino
también en quienes creyeron en ellos. El problema es que para cambiar al
mundo había que hacer, desde el comienzo, una división tajante entre
quienes cambian el mundo y quienes debían ser cambiados. Y, como suele
ocurrir, hubo muchos que no querían ser cambiados de acuerdo a quienes
querían cambiarlos. Esos jóvenes decidieron entonces cambiarlos por la
fuerza, para terminar así convirtiendo a todo un pueblo en un objeto de
cambio. De este modo la isla que iba a cambiar el mundo fue convertida
en una mazmorra que al serlo, terminó cambiando a quienes querían
cambiar el mundo. Fue así que los Castro y muchos otros se convirtieron
de liberadores en carceleros. Y esa cárcel siguió creciendo, y creció
hasta tal punto, que hasta los propios carceleros llegarían una vez a
ser prisioneros. Porque en el fondo Raúl Castro lo sabe: él es un
prisionero, uno de los tantos que pululan en esa cárcel que es Cuba. Un
prisionero que, por si fuera poco, no puede huir. Porque además de un
prisionero, él, Raúl, es su propio carcelero.

Fidel Castro, en
cambio, no lo sabe; o no quiere saberlo. He escuchado con atención sus
últimos mensajes. Nos habla de guerras atómicas, de colapsos ecológicos,
del fin del mundo: en fin de aterradoras visiones apocalípticas.

No
es necesario ser un eximio psicoanalista para entender que las visiones
apocalípticas son reproducciones de ese colapso personal cuya
posibilidad porta cada uno: la muerte. Fidel Castro ha descubierto tal
vez que él también es un ser mortal, un simple mortal entre tantos.
Sabe, pero no quiere saber, que todo aquello que fundó sobre la sangre
derramada está muriendo y que el socialismo cubano no es más que la
ruina de lo que nunca fue. En gran medida Fidel, el Patriarca, ha
buscado refugio en el triste otoño de su senilidad. De esa senilidad que
lo protege de sí mismo, o de esas verdades de las que no quiere saber
ni escuchar porque esas verdades no son otra cosa que sus miedos. Sus
propios, terribles e infinitos miedos.

NOTA DEL AUTOR: Este
artículo ha sido escrito como prólogo al libro “Castrismo y Socialismo”-
“Crítica a los fundamentos del socialismo siglo XXl” escrito por Jaime
Benson, Profesor Catedrático en el Departamento de Economía en el
recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. Como si fueran
tocados por una vara mágica para que aparezcan justo en el momento
preciso, hay libros que traen consigo el extraño signo de la
oportunidad. Es el caso de éste libro y cuyo subtítulo es “Los
fundamentos del socialismo del siglo XXl”. De acuerdo al autor, el
llamado socialismo del siglo XXl no significa ningún aporte teórico; no
trae consigo nada nuevo; no es más que la prolongación del castrismo del
siglo XX hacia el siglo XXl. De ahí que no deja de ser muy interesante
mencionar que el libro al que hago referencia y que me honro en prologar
ha sido terminado justo cuando está finalizando una historia que
atravesó y marcó todo el universo latinoamericano: la tortuosa historia
de la revolución cubana.

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Re: La lenta muerte del Castrismo

Mensaje por Aurelio Cruz Hernández el Miér Jul 28, 2010 11:31 am

Me parece muy interesante lo que publicas en tu post.

El Castro moribundo, sin fuerzas para caminar sin ayudas, sin energías para nada más allá de una pataleta. Está fuera de combate.

El hermano oficinista, leal, muy débil y poco aceptado entre los generales. La pataleta del moribundo silenciándolo durante varios días lo ha dejado todavía más débil como presidente.

Machado Ventura es demasiado cuestionado por los aspirantes a tomar el mando.

Total: el OCASO de la dictadura castrocomunista es evidente. Pero ¿qué vendrá de inmediato? Probablemente un golpe de estado de algunos generales.

No creo que resulte en una dictadura menos feroz, pero la eliminación de los Castro acabará qon lo que quede de la nostalgia castrista en el mundo.

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Re: La lenta muerte del Castrismo

Mensaje por raptor f/22 el Jue Jul 29, 2010 1:06 am

adivinar lo que ya pronto esta llegando ,no es facil
como es el derrumbe definitivo,que lo propiciara,y cuando, es tarea de preclaros adivinos,de que se esta acabando no hay dudas,pero que pasara ,despues de un par de dias de confusion, a su caida,cono eso si es dificil,el que suba durara poco,los que al principio lo apoyen le viraran la espalda ,unos por envidia ,otros por oportunismo.de que la matazon viene ,claro es imposible lo contrario,primero se liquidaran entre ellos mismos,unos para limpiarse,otros para posicionarse,surgiran los nuevos capitalistas ex,comunistas (ver urss/rusia actual )despues de unos meses de confusion e incertidumbre y de los intentos de los que querran aplacar la justa ira del pueblo para salvar no al pais,como diran si no a los victimarios y entonces unas decenas de muertos pesaran mas para cnn cnbc,new york times,la oea y la comunidfad europea mas que los miles de muertos del castrismo durante 51 anos.lo que si creo que no aparecera un nuevo mesias o al menos no lo aceptaran,ni los de aqui ni los de alla.vendra el corre/corre de los que iran a "invertir"para lucrar con la desgracia,la ignorancia de el mercado libre,y la falta de fe con la que quedara ese pueblo,El futuro no sera peor que lo que hemos pasado pero por al menos un par de anos no sera facil,pero como decia agustin tamargo CUBA PRIMERO CUBA DESPUES Y CUBA SIEMPRE.

No me considero profeta ,pero creo firmemente en lo que digo

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Re: La lenta muerte del Castrismo

Mensaje por glezbo el Jue Jul 29, 2010 10:52 am

Articulo cortesia de Conexion Cubana, abunda en la tesis sobre la lenta muerte del castrismo, sus irreales proyectos muy acordes con la megalomania del dictador y sus consecuencias en la economia nacional cubana. Debiese ser lectura obligatoria para los trolls que todavia tienen los coj.... de venir a defender al Kagastro pensando que hemos olvidado como y porque ha destruido nuestra Patria.

Saludos y respetos, Glezbo.



Planes de desarrollo








Por Guillermo Ferrer




Los planes monumentales en la historia de la Isla han
marcado el camino de nuestro desarrollo en espiral descendente. Siempre fue y siguió siendo algo grandilocuente, magnífico de imaginar, faraónico que de haber funcionado y llegado a buen término, a todo el
mundo –incluidos nosotros, los que lo hemos padecido–, hubiera asombrado y enorgullecido lograr metas tan significativas.

“Los planes”, tarde o temprano, se transformaban en objetivos de la política nacional y de ahí en más, la catarata de consignas, pancartas y habladurías para demostrar que lo negro era blanco, alcanzaba niveles
alucinantes. Había que tirar hacia delante aunque la bicicleta estuviese sin ruedas o las de repuesto fueran cuadradas. No importaba el costo económico y moral, porque sólo se trataba que la idea estratégica de
nuestros líderes tenia que llegar a buen puerto aunque el globo nos estallara en el rostro antes de comenzar a inflarlo. Tendríamos tiempo y oportunidad, en el fragor de la lucha, de culpar a alguien por no haber cumplido correctamente las consignas o por alguna influencia malévola de nuestro eterno y siempre presente Vecino del Norte.


El drenaje de la Cienaga de Zapata donde cultivaríamos arroz hasta sobre el lomo de los caimanes. Favorecería una
producción arrocera capaz de inundar el mercado chino y de paso –aunque no lo más importante–, satisfacer los lamentos y las penurias de los estómagos de los isleños que esperaban algún resultado.

La Central Nuclear de Cienfuegos. Solucionaría los problemas energéticos del desarrollo isleño con modernísima tecnología tipo Chernobil que gracias a Dios, nunca funcionó sino tendríamos otros problemas mucho mas graves.

La textilera Celia Sánchez.- en Santa Clara no dio los resultados esperados. La flota mercante, fue desmantelada por mala operatoria. La flota pesquera nunca satisfizo nuestros requerimientos de pescado y así podemos mencionar una tras otra, hasta el agobio.

La formación de una Brigada (siempre lenguaje castrense) de equipos pesados, que tendría la “misión” de emular con la hazaña de nuestros mambises e ir de Oriente a Occidente limpiando malezas, allanando terrenos que luego se entregarían para ser administrados por grandes cooperativas o lo que fuese. El cuerno de la abundancia emitiría la mejor de sus notas, soplado por el dueño de esa
inteligencia incansable que con ojo de águila regía los destinos de nuestro país.

Como es lógico suponer, se la llamó “Brigada Invasora
Che Guevara”, razón por la cual los resultados fueron los esperados: Arrancaron las maquinas con gritos de combate y banderas desplegadas, todos juntos y mirando fijamente un objetivo lejano como Opera de Pekín y la descojonación que fueron dejando tras de sí fue de leyenda. Tomó
tanto impulso esta cruzada que al llegar a la parte más occidental, por poco se pasan de largo para continuar su trabajo en la Florida sin haber solicitado el permiso correspondiente al gobierno de los EUA. ¿Quién iba a pensar que después de tanto esfuerzo, un pequeño detalle –no muy importante pero necesario–, traería tanta dificultad al proyecto? ¿Quien cultivaría y recogería las cosechas? La cosa fue que continúo siendo un obstáculo llevar una simple papita a la mesa de los sacrificados
cubanos.

Cómo olvidar en esta reseña, el tan cacareado “Cordón
de la Habana”, inolvidable para nosotros, que lo sufrimos, sin esperar ojos empañados por lágrimas de emoción, solidarias y comprensivas, al percibir la magnitud del cable que nos estábamos comiendo. De acuerdo a lo planificado, cultivaríamos café de una variedad que no necesitaba las virtudes de las húmedas montañas que cobijaban una de las variedades mas apetecidas por los conocedores de este grano. Y no sólo café, qué va. También habría lugar para viandas, hortalizas, ganadería, cítricos, todo lo necesario para colmar los estantes del mini mercado más exigente.

Un programa de radio cubría este proyecto, cantaba sus virtudes y ensalzaba sus resultados (¿?). Con este plan se prometió –como otras tantas promesas incumplidas- solucionar el problema de alimentación de una concentración poblacional importante.El resultado fue que, al final, regresó todo a foja cero y los revolucionarios y los
que no lo eran quedamos con la tapa de la olla levantada mirando el fondo, preocupados y con gran desconcierto. Nuevamente a barruntar las mil y una formas de cómo resolver el puchero cotidiano.

Las montañas del Escambray, escenario de una lucha cruenta contra las bandas armadas por la CIA y donde muchos buenos cubanos de uno y otro bando dejaron sus vidas y sus ilusiones, también recibieron el oportuno empujón “hacia el desarrollo”. Enormes movilizaciones, miles de hombres y mujeres en condiciones precarias se
dieron a la tarea de sembrar café, de forma tal que hasta las cuevas fueron inundadas por las laboriosas manos de la fuerza movilizada. Eso sí, antes se convenció a los bichos que las habitaban que debían ceder voluntariamente sus lugares a favor de la causa y poner un poco de buena
voluntad ¡Caramba! Nuevamente, el problema de quién atendería todo lo sembrado echó por tierra la brillante idea y salvó al mercado cafetalero mundial de ser dominado por la producción de nuestra querida isla.

La ganadería no fue excepción ¿Cómo dejar escapar a las vaquitas de esa fuente nacional inagotable de iniciativas? “El hombre” tomó en sus manos las riendas con fuerza, como suele hacerlo. Alimentó con su entusiasmo, su autoridad indiscutible y su sabiduría ganadera (¿?) un proyecto de reforma y desarrollo de la población bovina. Puso a su hermano mayor al frente de un plan experimental que sería referente de los objetivos logrados. Se gastó una fortuna importando ejemplares de las mejores razas para cruzar con los díscolos y malhumorados cebúes nacionales.

Un destello de sol en tanta oscuridad, de tanta joda genética, de los establos cubanos y como una visión de Homero, Ubre Blanca surgió y todos los cubanos tuvimos una vaquita de teta prolifera que en ese momento batió el record mundial y se transformó en ejemplo indiscutible de la hazaña ganadera cubana. La algazara propagandística,
la medición de cada gota de leche se transformó en asunto de interés nacional y todos seguimos boquiabiertos el proceso de hasta dónde llegaría ese chorrito salvador.

La vaca tuvo su estatua, los dirigentes pudieron darse golpes de pecho y toquetearse las nalgas cariñosamente. Nosotros, el pueblo, no tuvimos leche, pero sí el enorme orgullo de una vaca con indiscutible vocación millonaria-¿Suficiente?-

Qué decir de la Zafra de los Diez Millones en los años 70. De la construcción de la Academia Naval más grande de América Latina, que formaría (esa era la intención) a cuanto hermano tercermundista quisiera capacitarse en nuestra tierra. El buque de pasaje África-Cuba que inundó de estudiantes africanos nuestras fronteras. Se compró uno de los buques más modernos y caros para convertirlo en buque escuela (José Marti) que tuvo la virtud, por un
viajecito que se dio el Comandante a Jamaica, hacer buenas migas con el Capitán. Este habilidoso personaje, astuto y malicioso como pocos, le cayó en gracia y su carrera fue meteórica, llegando a Viceministro de
Transporte, lo que le permitió arrastrar tras de sí a sus hermanos, todos los cuales crearon una importante cofradía en la Marina Mercante y de Pesca. El daño producido y los mecanismos para evitar estas situaciones nunca quedan aclarados ya que los que forman parte de la burocracia gobernante pueden moverse libremente en el sistema, siempre que no cometan el desatino de criticar al Jefe.

No pueden quedar fuera de esta lista los planes con la industria farmacéutica para emular con las grandes transnacionales, el troquelar médicos como chorizos para inundar el mundo con la sabiduría de nuestros galenos. Tener la mayor cantidad de campeones olímpicos para así demostrar al mundo lo requetebueno que era el socialismo en Cuba.

¿Cuáles han sido los resultados? ¿Qué problemas reales se han resuelto con solidez a futuro? Comprendo que el proceso cubano tenga simpatizantes. Siempre se trabajó para construir una imagendigerible hacia el exterior. ¿Cómo no tener una imagen así los intrépidos gladiadores en lucha constante contra el imperialismo? ¿Cómo no serlo si pensamos que nuestras necesidades se resuelven allí, en una pequeña isla del Mar Caribe? ¿Cómo no serlo si otros son los que ponen el pellejo mientras yo disfruto de las aristas agradables de la sociedad de mercado o me alojo en un cómodo hotel de las bellísimas playas cubanas? ¿Cómo no serlo si por un jabón o cualquier artículo de uso
cotidiano puedo gozar del sexo criollo? ¿Cómo no serlo si un país bloqueado hace lo que mis huevos por blandos no permiten?

Cada día se buscan mejores lubricantes con el conocimiento que la fricción de no existir tendría que inventarse para
que el mundo como lo conocemos funcione. El bloqueo de no existir, tendría que ser también inventado. Cuántas cosas ha justificado, cuántas injusticias ha permitido. Lástima que los norteamericanos, en su prepotencia, nunca advirtieron el gran favor que le regalaron a su
archienemigo de siempre. Seria interesante preguntarnos: ¿Qué se hizo de todo el financiamiento ruso y del ya extinto campo socialista que inundó la isla de equipos, mercaderías, asesores de todo tipo, combustible, armamento, una lista infinita que durante muchísimos años
permitió las estupidez y el aventurerismo desmedido. ¿Qué falló?… ¿Qué falló?… Y no culpemos “al bloqueo” de la inutilidad manifiesta de dirigentes incapaces de garantizar el desarrollo armónico de un país y no solo los aspectos que “políticamente” le son más convenientes.

Desearía, por un instante y no de forma permanente para no pecar de oportunista, que todo simpatizante a ultranza del proceso cubano, esos que gritan que continuemos en la lucha, que no aflojemos; los que desmayan por ver a Fidel o caen en trance profundo en su presencia; los que graban en su cuerpo rostros y consignas, que todos ellos cambien su lugar por el de un cubano común y corriente que anda con el culo en la mano a ver cómo resuelve cualquiera de sus problemas cotidianos. De aquel que quiere irse del país, auque desfallezca de hambre frente a una panadería. Otro que está de reuniones y de leer discursos intoxicado hasta la nuca o el que no quiere continuar siendo parte de un proyecto que dejó de interesarle.

Cuando la práctica sazone con su contundencia habitual el desvelo idealista, la simpatía a ese ideal que desde lejos
apoyan y revientan las bolas hablando sin saber cómo es el cuento, podrán referirse a lo que han vivido, renunciando de paso a los asaditos, la chupadera de vino y al derecho de abrir la boca para decir lo que les plazca. Entonces y sólo entonces, entonando consignas caribeñas o algún cántico celta, podrá relevar al cansado cubano y seguir, si es que aguantan, acompañando al Comandante en su viaje hacia
el futuro.

Al final, sólo será considerada como importante la posición que frente al Imperialismo mantuvo el hombre y los demás serán temas menores, puro bla-bla-bla de mentes poco desarrolladas y comprometidas. Tendremos que soportar un monumento con su brazo extendido señalando el camino que debemos seguir y escuchar hasta el agobio, que desde algún lugar nos observa preocupado y paternal a los que continuarán la lucha por la que nuestro querido líder dedicó toda su vida y para desgracia de todos, también la nuestra.

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Re: La lenta muerte del Castrismo

Mensaje por Xochimilco el Vie Jul 30, 2010 6:53 pm

En cuba con los castros al frente jamas habra libre empresa,pues castro no quiere a personas enrriquecidas.pues saben bien que si un dia dejan que se hagan de dinero las personas,se corrompera too y las mismas armas que ellos usan para reprimir,seran compradas por el pueblo,por eso es que los castros no pueden dejar crecer a las personas,pues saben bien el poder que tiene el dinero,y lo que muchas personas serian capaces de hacer por dinero,pues el mismo tuvo las ayudas de figuras adineradas que lo apoyron para hacer su robolucion,son tacticas necesarias para la supervivencia de los dictadores,no dejar jamas a sus oprimidos prosperar en ningun sentido y mucho menos economicamente,tampoco los puede dejar alimentarse bien,pues es una tactica usada para hacer lentas las reacciones del cerebro,la fuerza de espiritu y entorpece la claridad del pensamiento,y asi cada tactica denigrante que aplican,son las necesarias para que el pueblo se mantenga pisado sin protestar,y asi poder controlarlos con mayor facilidad,no es que no se pueda hacer dinero,porque son otros los motivos,ni se puede dar comida por la libre,pues eso haria que las mentes de los cubanos,se desviaran hacia el,por lo cual esas tacticas son de vida o muerte,por eso jamas de los jamaces,castro permitira la libre empresa ni la prosperidad economica.Atentamente Xochimilco

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Re: La lenta muerte del Castrismo

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