Secretos de Cuba
Bienvenido[a] visitante al foro Secretos de Cuba. Para escribir un mensaje hay que registrarse, asi evitamos que se nos llene el foro de spam. Pero si no quieres registrarte puedes continuar y leer toda la informacion contenida en el foro.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Facebook
Anuncios
¿Quién está en línea?
En total hay 63 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 63 Invitados :: 3 Motores de búsqueda

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 1247 el Jue Sep 13, 2007 8:43 pm.
Buscar
 
 

Resultados por:
 

 


Rechercher Búsqueda avanzada

Sondeo

Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

54% 54% [ 42 ]
42% 42% [ 33 ]
4% 4% [ 3 ]

Votos Totales : 78

Secretos de Cuba en Twitter

¿Con todos y para el bien de todos?

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

¿Con todos y para el bien de todos?

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 03, 2010 11:05 am

OPINION

¿Con todos y para el bien de todos?

Jueves 24 de Junio de 2010 11:23 Arnaldo Yero, Miami




De la misma forma que bajo una Constitución que garantice el disfrute de la libertad política el Estado no puede dictarle una ideología específica a la ciudadanía, un pueblo que aspire a una república "con todos y para el bien de todos" no puede aceptar la imposición de un sistema de partido único.
No obstante, dichas contradicciones han convivido en el castrismo sin que sus responsables se hayan preocupado por las consecuencias de su propuesta política. Después de todo, ahí estuvo "la ayuda desinteresada de la Unión Soviética" para financiar los disparates económicos, las aventuras militares y los llamados logros sociales de la revolución.
Pero ahora, tras el fracaso de la utopía marxista-leninista, cuando la ayuda exterior no alcanza para sufragar los gastos del Estado paternalista y la viabilidad misma del país depende de la transición hacia un sistema que libere el potencial de los cubanos, dichas contradicciones se convierten en un obstáculo insalvable para la cúpula gobernante.
La cuadratura patriótica del círculo
El artículo 1 de la Constitución de 1976 dice que: "Cuba es un estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana".
Ahora bien, una república con todos y para el bien de todos debe ser, por definición, inclusiva, no excluyente, para que pueda dar cabida a la diversidad de intereses, opiniones, preferencias, criterios, creencias, convicciones, iniciativas y tendencias que conviven en cualquier sociedad.
Sin embargo, el Partido Comunista de Cuba, que según sus estatutos es fiel al ideal comunista y cuyo objetivo esencial es la construcción del socialismo, representa solamente a aquella parte de la población que comparte dichos objetivos, razón por la cual se ve forzado a combatir resueltamente cualquier otra corriente.
Si el PCC representa solamente a sus seguidores y combate a los que piensan de manera diferente, ¿quién representa a los que no comparten el ideal comunista? ¿Quién ampara a los que prefieren la "ideología burguesa" haciendo uso de su supuesta libertad política? ¿Quién promueve y defiende los intereses de los que no tienen fe en el marxismo-leninismo tras su fracaso en todo el planeta?
Como los partidos existen para agrupar y representar a los partidarios de las distintas tendencias políticas dentro de la sociedad, la representación de todas las tendencias solamente es posible mediante un sistema pluripartidista que abra espacios para la tolerancia civil y en el que se respeten y protejan los derechos individuales de todos los ciudadanos, independientemente de su filiación partidista. Es por eso que el sistema de partido único castrista es inconstitucional, a menos que todos los cubanos sean realmente marxista-leninistas y aspiren en todo momento a la construcción del socialismo.
Dado que lo anterior es imposible, el régimen castrista tiene dos opciones lógicas para cumplir cabalmente con el espíritu y la letra de su ley fundamental: o establece un sistema pluripartidista que permita la representatividad y participación política sin exclusiones, o cambia el primer artículo de la Constitución y elimina la frase "con todos y para el bien de todos" y su referencia fugaz a la libertad.
El dilema, como la cuadratura del círculo, es insoluble para el régimen, pues su perpetuación en el poder depende precisamente del sistema de partido único, pero su legitimidad estriba en que supuestamente encarna las aspiraciones de libertad de José Martí y de todos los revolucionarios cubanos de todas las épocas.
¿Batalla de ideas o mercado de ideas?
El subterfugio utilizado por el régimen para evadir la solución de sus propias contradicciones ha sido utilizar la propaganda, la demagogia y el terror para descalificar la condición ciudadana de los contrarios, de ahí que, según el discurso oficial, todo el que se oponga a la revolución es un apátrida y un agente del imperialismo, es decir, alguien que pierde sus derechos por ser un enemigo del país; o es un delincuente común, es decir, alguien que merece estar en la cárcel y hasta morir en una huelga de hambre si fuera necesario, sin el menor atisbo de solidaridad humana… O es sencillamente un "gusano", es decir, alguien que ha perdido su condición humana misma.
Como resultado de lo anterior, el régimen mantiene a la oposición fuera del juego político mediante una "batalla de ideas" que no es más que una camisa de fuerza ideológica, cuando lo que se necesita para salir del atolladero actual es abrir un mercado de ideas, con la participación de todos, donde la sociedad pueda escoger libremente aquellas propuestas políticas y económicas que mejor se adapten a la realidad concreta del país. Es decir, que el sistema de partido único castrista, además de inconstitucional por excluyente y antidemocrático, es también contraproducente.
Una cosa dice el borracho…
Analicemos el primer párrafo del capítulo 1 de los Estatutos del PCC, para ver hasta qué punto concuerda con la visión martiana que el régimen dice promover:
"El Partido Comunista de Cuba es fruto genuino de la Revolución y máxima expresión de la voluntad unitaria del pueblo cubano, de cuyos mejores hijos nutre sus filas sobre la base de la ejemplaridad y con métodos de masa".
¿Qué quiere decir la voluntad unitaria del pueblo cubano? ¿Que todos los cubanos piensan igual? ¿Que todos los cubanos están de acuerdo con el sistema de partido único? ¿Que todos los cubanos están de acuerdo con los fines y métodos del gobierno?
Si interpretamos la frase en el sentido implícito de que todos los cubanos están imbuidos de la misma voluntad política representada por el PCC, baste recordar que más de un millón y medio de los ciudadanos del país viven en el exilio; que miles fueron fusilados por combatir al régimen o han desaparecido ahogados en el Estrecho de la Florida tratando de escapar del "paraíso" socialista; que decenas de miles han pasado por el presidio político desde 1959; y que desde 1948 los cubanos no han podido expresar su voluntad en unas verdaderas elecciones libres, mediante el voto directo y secreto, sin temor a posibles represalias. ¿Es esto acaso a lo que aspiraban Martí, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte, Frank País, José A. Echeverría, Menelao Mora, René Ramos Latour y tantos otros que dieron su vida por la libertad de Cuba? ¿Es esto a lo que aspira realmente el pueblo cubano de hoy?
La legitimidad a toda costa
Los gobiernos democráticos basados en el constitucionalismo liberal —las llamadas democracias representativas—, dimanan su poder y legitimidad del consentimiento de los gobernados, expresado por medio de elecciones periódicas libres entre diversos partidos y candidatos, que los autorizan a representar los intereses del pueblo por un tiempo determinado.
El régimen castrista, al no poder legitimarse en unas elecciones pluripartidistas libres ni poder convencer a toda la sociedad para que adopte sus objetivos políticos, opta por falsear la realidad, deshumaniza a sus contrarios, se apropia de los símbolos patrios y secuestra la historia del país para justificar su mandato a perpetuidad, de ahí que el PCC reclame ser, al mismo tiempo: "fiel continuador del Partido Revolucionario Cubano que fundó José Martí" y continuador del primer Partido Comunista de Julio Antonio Mella y Carlos Baliño, pero también de las organizaciones revolucionarias que combatieron contra la dictadura de Fulgencio Batista, entre las que se encontraban los auténticos, los ortodoxos, el Directorio Revolucionario, el Segundo Frente del Escambray y otras; todas ellas anticomunistas —incluyendo la organización del llano del 26 de julio—, y todas ellas eliminadas por Fidel Castro con el apoyo de su hermano Raúl.
La realidad, sin embargo, no se deja atrapar por la propaganda, y la corrupción rampante, la ineficiencia administrativa, el deterioro material y moral de la sociedad, el estancamiento político y económico del país, el éxodo de la juventud y hasta los índices de suicidio, desmienten el discurso oficial, cuya lógica no resiste la sola mención de la libertad política en el primer artículo de la Constitución socialista, aunque los estatutos del PCC digan otra cosa.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: ¿Con todos y para el bien de todos?

Mensaje por maph el Vie Dic 20, 2013 10:24 am

Invitado escribió:OPINION

¿Con todos y para el bien de todos?

Jueves 24 de Junio de 2010 11:23 Arnaldo Yero, Miami




De la misma forma que bajo una Constitución que garantice el disfrute de la libertad política el Estado no puede dictarle una ideología específica a la ciudadanía, un pueblo que aspire a una república "con todos y para el bien de todos" no puede aceptar la imposición de un sistema de partido único.

No obstante, dichas contradicciones han convivido en el castrismo sin que sus responsables se hayan preocupado por las consecuencias de su propuesta política. Después de todo, ahí estuvo "la ayuda desinteresada de la Unión Soviética" para financiar los disparates económicos, las aventuras militares y los llamados logros sociales de la revolución.

Pero ahora, tras el fracaso de la utopía marxista-leninista, cuando la ayuda exterior no alcanza para sufragar los gastos del Estado paternalista y la viabilidad misma del país depende de la transición hacia un sistema que libere el potencial de los cubanos, dichas contradicciones se convierten en un obstáculo insalvable para la cúpula gobernante.

La cuadratura patriótica del círculo

El artículo 1 de la Constitución de 1976 dice que: "Cuba es un estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana".

Ahora bien, una república con todos y para el bien de todos debe ser, por definición, inclusiva, no excluyente, para que pueda dar cabida a la diversidad de intereses, opiniones, preferencias, criterios, creencias, convicciones, iniciativas y tendencias que conviven en cualquier sociedad.

Sin embargo, el Partido Comunista de Cuba, que según sus estatutos es fiel al ideal comunista y cuyo objetivo esencial es la construcción del socialismo, representa solamente a aquella parte de la población que comparte dichos objetivos, razón por la cual se ve forzado a combatir resueltamente cualquier otra corriente.

Si el PCC representa solamente a sus seguidores y combate a los que piensan de manera diferente, ¿quién representa a los que no comparten el ideal comunista? ¿Quién ampara a los que prefieren la "ideología burguesa" haciendo uso de su supuesta libertad política? ¿Quién promueve y defiende los intereses de los que no tienen fe en el marxismo-leninismo tras su fracaso en todo el planeta?

Como los partidos existen para agrupar y representar a los partidarios de las distintas tendencias políticas dentro de la sociedad, la representación de todas las tendencias solamente es posible mediante un sistema pluripartidista que abra espacios para la tolerancia civil y en el que se respeten y protejan los derechos individuales de todos los ciudadanos, independientemente de su filiación partidista. Es por eso que el sistema de partido único castrista es inconstitucional, a menos que todos los cubanos sean realmente marxista-leninistas y aspiren en todo momento a la construcción del socialismo.

Dado que lo anterior es imposible, el régimen castrista tiene dos opciones lógicas para cumplir cabalmente con el espíritu y la letra de su ley fundamental: o establece un sistema pluripartidista que permita la representatividad y participación política sin exclusiones, o cambia el primer artículo de la Constitución y elimina la frase "con todos y para el bien de todos" y su referencia fugaz a la libertad.

El dilema, como la cuadratura del círculo, es insoluble para el régimen, pues su perpetuación en el poder depende precisamente del sistema de partido único, pero su legitimidad estriba en que supuestamente encarna las aspiraciones de libertad de José Martí y de todos los revolucionarios cubanos de todas las épocas.

¿Batalla de ideas o mercado de ideas?

El subterfugio utilizado por el régimen para evadir la solución de sus propias contradicciones ha sido utilizar la propaganda, la demagogia y el terror para descalificar la condición ciudadana de los contrarios, de ahí que, según el discurso oficial, todo el que se oponga a la revolución es un apátrida y un agente del imperialismo, es decir, alguien que pierde sus derechos por ser un enemigo del país; o es un delincuente común, es decir, alguien que merece estar en la cárcel y hasta morir en una huelga de hambre si fuera necesario, sin el menor atisbo de solidaridad humana… O es sencillamente un "gusano", es decir, alguien que ha perdido su condición humana misma.

Como resultado de lo anterior, el régimen mantiene a la oposición fuera del juego político mediante una "batalla de ideas" que no es más que una camisa de fuerza ideológica, cuando lo que se necesita para salir del atolladero actual es abrir un mercado de ideas, con la participación de todos, donde la sociedad pueda escoger libremente aquellas propuestas políticas y económicas que mejor se adapten a la realidad concreta del país. Es decir, que el sistema de partido único castrista, además de inconstitucional por excluyente y antidemocrático, es también contraproducente.

Una cosa dice el borracho…

Analicemos el primer párrafo del capítulo 1 de los Estatutos del PCC, para ver hasta qué punto concuerda con la visión martiana que el régimen dice promover:

"El Partido Comunista de Cuba es fruto genuino de la Revolución y máxima expresión de la voluntad unitaria del pueblo cubano, de cuyos mejores hijos nutre sus filas sobre la base de la ejemplaridad y con métodos de masa".

¿Qué quiere decir la voluntad unitaria del pueblo cubano? ¿Que todos los cubanos piensan igual? ¿Que todos los cubanos están de acuerdo con el sistema de partido único? ¿Que todos los cubanos están de acuerdo con los fines y métodos del gobierno?

Si interpretamos la frase en el sentido implícito de que todos los cubanos están imbuidos de la misma voluntad política representada por el PCC, baste recordar que más de un millón y medio de los ciudadanos del país viven en el exilio; que miles fueron fusilados por combatir al régimen o han desaparecido ahogados en el Estrecho de la Florida tratando de escapar del "paraíso" socialista; que decenas de miles han pasado por el presidio político desde 1959; y que desde 1948 los cubanos no han podido expresar su voluntad en unas verdaderas elecciones libres, mediante el voto directo y secreto, sin temor a posibles represalias. ¿Es esto acaso a lo que aspiraban Martí, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte, Frank País, José A. Echeverría, Menelao Mora, René Ramos Latour y tantos otros que dieron su vida por la libertad de Cuba? ¿Es esto a lo que aspira realmente el pueblo cubano de hoy?

La legitimidad a toda costa

Los gobiernos democráticos basados en el constitucionalismo liberal —las llamadas democracias representativas—, dimanan su poder y legitimidad del consentimiento de los gobernados, expresado por medio de elecciones periódicas libres entre diversos partidos y candidatos, que los autorizan a representar los intereses del pueblo por un tiempo determinado.

El régimen castrista, al no poder legitimarse en unas elecciones pluripartidistas libres ni poder convencer a toda la sociedad para que adopte sus objetivos políticos, opta por falsear la realidad, deshumaniza a sus contrarios, se apropia de los símbolos patrios y secuestra la historia del país para justificar su mandato a perpetuidad, de ahí que el PCC reclame ser, al mismo tiempo: "fiel continuador del Partido Revolucionario Cubano que fundó José Martí" y continuador del primer Partido Comunista de Julio Antonio Mella y Carlos Baliño, pero también de las organizaciones revolucionarias que combatieron contra la dictadura de Fulgencio Batista, entre las que se encontraban los auténticos, los ortodoxos, el Directorio Revolucionario, el Segundo Frente del Escambray y otras; todas ellas anticomunistas —incluyendo la organización del llano del 26 de julio—, y todas ellas eliminadas por Fidel Castro con el apoyo de su hermano Raúl.

La realidad, sin embargo, no se deja atrapar por la propaganda, y la corrupción rampante, la ineficiencia administrativa, el deterioro material y moral de la sociedad, el estancamiento político y económico del país, el éxodo de la juventud y hasta los índices de suicidio, desmienten el discurso oficial, cuya lógica no resiste la sola mención de la libertad política en el primer artículo de la Constitución socialista, aunque los estatutos del PCC digan otra cosa.

maph
Miembro Activo

Cantidad de mensajes : 433
Valoración de Comentarios : -585
Puntos : -152
Fecha de inscripción : 09/11/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.