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Nosotros, los disidentes...

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Nosotros, los disidentes...

Mensaje por Invitado el Miér Jun 23, 2010 10:56 am

No quiero endilgar a nadie adjetivos que no desea. En general, yo misma he sido siempre bastante remisa a aceptar etiquetas, sobre todo cuando ya de por sí la “taxonomía” social oficialista es aquí tan pródiga en definiciones equívocas que convierten a un opositor político en un traidor a la patria, a un individuo que expresa con libertad sus propias ideas en un asalariado del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos o a los bloggers alternativos que practican lo que se ha dado en llamar periodismo ciudadano en “ciberterroristas”. Todos, sin excepción, somos colocados en un gran saco con un rótulo temible: “disidentes”, lo que automáticamente nos convierte en “despreciables mercenarios al servicio del imperio”. Los cubanos comunes y corrientes con los que una se cruza en medio de los callejeos cotidianos, o los propios vecinos que saludan cuando coincidimos en las escaleras del edificio en que convivimos, han acabado por incorporar en su psiquis que los que llevamos sobre nuestros hombros y rostros el epíteto de “disidentes”, somos una suerte de apestados contagiosos, tales como la dama de la letra escarlata, los judíos con su estrella amarilla bajo la Alemania nazi o los leprosos obligados a usar cascabeles en tiempos del medioevo.

Esto que les comento es un preámbulo necesario. Lo crean o no, en mi barrio vive un matrimonio de ancianos tan candorosos y francos que se mostraron ofendidos cuando alguien les advirtió prudencia porque yo soy una disidente. Ellos protestaron: “No diga usted eso de ella, que es una buena persona y esa es una familia muy educada y decente”. Esos simpáticos viejos y yo nos encontramos con frecuencia en la bodega, la carnicería o el agromercado y conocen perfectamente mis opiniones políticas (que nunca les he ocultado y con las que simpatizan, por cierto); sin embargo, no permiten que se me “injurie” con el odioso mote de disidente. Yo, sencillamente, no puedo ser “eso”.
Otro ejemplo no menos simpático es el de otro señor de edad avanzada, uno de los que me sirve de fuente de información sobre lo que acontece en el barrio y hasta me alumbra con sus atinados comentarios, al que le expliqué en una ocasión que me dedico al periodismo ciudadano y que lo que escribo solo puede ser leído en Internet. “¡Ah, eres periodista!”. Le dije que algo parecido. “¿Y te atreves a escribir las cosas que hablamos, así de fuertes?”. Le respondí que sí y añadí que –como él debía saber- soy una disidente. “¡Eso sí que no! Tú no estás con el gobierno y criticas todas las cosas malas, que son muchas, pero disidentes son los que quieren que nos invadan los americanos”. Me di por vencida: con sus más de 70 años y su bajo nivel de instrucción, él posiblemente entendería primero cómo se administra un blog que el concepto verdadero de lo que es un disidente. Así de demonizado está el término.
En consecuencia, siempre uso esa palabra dispuesta a escuchar una réplica, incluso cuando la aplico a un desobediente civil como yo. Algunas personas se ponen quisquillosas, quizás porque conocen el poder de las palabras. Es por eso que aquí y ahora pido permiso a todos los que disienten con el gobierno, a los presos políticos, a los que difunden la verdad sobre la dictadura cubana, a los que luchan pacíficamente por promover cambios hacia la democracia en Cuba, a los periodistas independientes, a los bloggers y a todas las organizaciones cívicas no afiliadas al gobierno para referirme a ese gran conjunto como DISIDENTES. Asumo que todos en ese variado grupo tenemos en común la clara conciencia de la necesidad de cambios en nuestro país, la voluntad de hacer y decir lo que consideramos necesario para promover por medios pacíficos esos cambios, el espíritu democrático y de libertad, y la esperanza de un futuro mejor para todos los cubanos, entre otros principios. Nos une también el riesgo que esto entraña en un país donde una larga dictadura de medio siglo detenta el poder absoluto y comienza a comprender que ese poder no será eterno.
Acostumbrados a ver en el gobierno al enemigo astuto y poderoso, quizás no nos hemos percatado de cuánto hemos estado creciendo en los últimos años. Cada vez somos más los cubanos que dentro de la Isla elevamos nuestra propia voz. Cada vez aparecen más grupos que se enfrentan a la dictadura. Se va resquebrajando la cáscara del miedo, por eso es de esperar que las autoridades apretarán cada vez más la tuerca y reprimirán con mayor saña. Pese a que ya se avizoran señales del futuro final del régimen, sería prematuro y precipitado mencionar plazos; queda mucho camino por recorrer para encontrar un consenso, un destino común, pero tengo la impresión que desde hace algún tiempo los disidentes han comenzado a abandonar la beligerancia y, respetando las mutuas diferencias, hemos comenzado a solidarizarnos unos con otros. Eso es un primer paso y un símbolo de salud.
Quiero, pues, agradecer hoy públicamente a todos los disidentes razonables el fin de las hostilidades. No se trata en estos momentos de la supuesta “unidad” que solo se basa en firmar propuestas de vez en vez. La muerte de Orlando Zapata, el sacrificio de Guillermo Fariñas y la constancia de las Damas de Blanco han tenido el poder de convocatoria que no habían logrado antes las arengas políticas o los programas de uno u otro líder. Curiosamente, esta vez casi nadie está reclamando protagonismos y casi todos estamos empujando en el mismo sentido y con similares fuerzas… Voto porque tanta humildad se mantenga. Todo indica que en la pluralidad, en la solidaridad y en el respeto a las diferencias sobre la base del civismo están los verdaderos gérmenes de la fortaleza de la disidencia.

DelBlog: Sin Evasion.

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Re: Nosotros, los disidentes...

Mensaje por Gandalf el Miér Jun 23, 2010 11:21 am

Gracias por el post, es bien alentador, Milan.

Gandalf
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