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La luz de la esperanza

Mensaje por odioafifo el Jue Mayo 20, 2010 8:00 am

La luz de la esperanza
Martha Beatriz Roque Cabello
LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - Cada viernes el periódico Granma dobla el número de páginas; de ocho pasa a dieciséis. Dos de ellas desde hace algunos meses, están dedicadas al debate de cómo solucionar los problemas de la economía. Semanalmente se publican las opiniones de los lectores, sin salirse de la regla socialista, y algunas de ellas, si no fuera por la situación tan difícil por la que atraviesa el país, moverían a risa, porque demuestran una ignorancia total de lo que está sucediendo.
La mayoría de los ciudadanos que suscriben las carta abogan por soluciones que van, desde privatizar algunos servicios y producciones, hasta colectivizar o convertir en cooperativistas a algunos trabajadores. Pero todas son recetas dentro del socialismo tropical, de personas que apoyan al gobierno y hacen sus planteamientos tímidamente.
Algunos se refieren a modelos económicos como los de China y Vietnam, con la particularidad de que el Estado ponga coto al problema de los impuestos y centralice el abastecimiento de materias primas e insumos para mantener la equidad.
En lo que si coincide la mayoría es en que hay que hacerlo con calma, tal y como ha dicho Raúl Castro en sus discursos.
Sin embargo, los que están fuera de este contexto de complacencia con el régimen, saben que la situación existente en el país no puede esperar, porque cada día que pasa el deterioro crece, y no sólo el descalabro económico, también el social y político. La sociedad, enferma como está, no requiere de curitas para solucionar los problemas. Hay que extirpar el mal de raíz, y trabajar duro para que el ser social se convierta nuevamente en lo que fue: hombres y mujeres con conciencia nacional, que trabajaban para labrar su futuro y el de su familia. Generaciones enteras que trasladaban sus valores a las siguientes, entre ellos el amor a la Patria.
De seguir el estado social por el que atravesamos, Cuba podría atravesar por situaciones sociales difíciles, como las que atraviesa México, y se pudiera esperar cualquier tipo de descomposición, más allá de la que en estos momentos se evidencia.
No es una reacción alarmista, pero sí un llamado a concientizar la realidad. Los seres humanos no asimilan los cambios psicosociales rápidamente, y prueba de ello es que han transcurrido más de tres generaciones en nuestro país, para llegar a este estado de daño generalizado.
La lista de los malos hábitos de convivencia es interminable. Dentro de cada cubano, en la medida que han pasado los años, han tomado cuerpo males como la vagancia, la irrespetuosidad, la mentira, la falta de ética, la chivatería; formas de vida que van acompañadas del cansancio y la falta de esperanza.
Estamos hablando de una población económicamente activa, que suma alrededor de 4 millones de individuos, de la que sobra más de un millón -según los cálculos oficiales-. La realidad permite afirmar que muy pocos de los que trabajan crean bienes y servicios, debido precisamente al mal de la vagancia, que el propio sistema ha fomentado dentro de la masa de trabajadores.
Por otra parte los hábitos de respeto ese han perdido entre los jóvenes. El lenguaje de la calle ha sustituido en algunos barrios al español.
La necesidad de viviendas y de sitios de esparcimiento es un problema que afecta a millones de cubanos. La falta de lugares adecuados para que las parejas se amen como Dios manda, es un elemento que afecta la ética, sobre todo de la juventud.
El enfrentamiento en los barrios, centros de trabajo, escuelas, con el fin de obtener algunos beneficios que el gobierno concede, tales como teléfonos, televisores, autos, viajes al extranjero, carreras universitarias, exacerban el nivel de chivatería.
La escasez y los sacrificios que se les impone a los cubanos aumentan con los días.

Veinticuatro horas no alcanzan para resolver los problemas acumulados. Es como un túnel oscuro que no permite ver la luz de la esperanza.
La luz de la esperanza
Martha Beatriz Roque Cabello

LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - Cada viernes el periódico Granma dobla el número de páginas; de ocho pasa a dieciséis. Dos de ellas desde hace algunos meses, están dedicadas al debate de cómo solucionar los problemas de la economía. Semanalmente se publican las opiniones de los lectores, sin salirse de la regla socialista, y algunas de ellas, si no fuera por la situación tan difícil por la que atraviesa el país, moverían a risa, porque demuestran una ignorancia total de lo que está sucediendo.
La mayoría de los ciudadanos que suscriben las carta abogan por soluciones que van, desde privatizar algunos servicios y producciones, hasta colectivizar o convertir en cooperativistas a algunos trabajadores. Pero todas son recetas dentro del socialismo tropical, de personas que apoyan al gobierno y hacen sus planteamientos tímidamente.
Algunos se refieren a modelos económicos como los de China y Vietnam, con la particularidad de que el Estado ponga coto al problema de los impuestos y centralice el abastecimiento de materias primas e insumos para mantener la equidad.
En lo que si coincide la mayoría es en que hay que hacerlo con calma, tal y como ha dicho Raúl Castro en sus discursos.
Sin embargo, los que están fuera de este contexto de complacencia con el régimen, saben que la situación existente en el país no puede esperar, porque cada día que pasa el deterioro crece, y no sólo el descalabro económico, también el social y político. La sociedad, enferma como está, no requiere de curitas para solucionar los problemas. Hay que extirpar el mal de raíz, y trabajar duro para que el ser social se convierta nuevamente en lo que fue: hombres y mujeres con conciencia nacional, que trabajaban para labrar su futuro y el de su familia. Generaciones enteras que trasladaban sus valores a las siguientes, entre ellos el amor a la Patria.
De seguir el estado social por el que atravesamos, Cuba podría atravesar por situaciones sociales difíciles, como las que atraviesa México, y se pudiera esperar cualquier tipo de descomposición, más allá de la que en estos momentos se evidencia.
No es una reacción alarmista, pero sí un llamado a concientizar la realidad. Los seres humanos no asimilan los cambios psicosociales rápidamente, y prueba de ello es que han transcurrido más de tres generaciones en nuestro país, para llegar a este estado de daño generalizado.
La lista de los malos hábitos de convivencia es interminable. Dentro de cada cubano, en la medida que han pasado los años, han tomado cuerpo males como la vagancia, la irrespetuosidad, la mentira, la falta de ética, la chivatería; formas de vida que van acompañadas del cansancio y la falta de esperanza.
Estamos hablando de una población económicamente activa, que suma alrededor de 4 millones de individuos, de la que sobra más de un millón -según los cálculos oficiales-. La realidad permite afirmar que muy pocos de los que trabajan crean bienes y servicios, debido precisamente al mal de la vagancia, que el propio sistema ha fomentado dentro de la masa de trabajadores.
Por otra parte los hábitos de respeto ese han perdido entre los jóvenes. El lenguaje de la calle ha sustituido en algunos barrios al español.
La necesidad de viviendas y de sitios de esparcimiento es un problema que afecta a millones de cubanos. La falta de lugares adecuados para que las parejas se amen como Dios manda, es un elemento que afecta la ética, sobre todo de la juventud.
El enfrentamiento en los barrios, centros de trabajo, escuelas, con el fin de obtener algunos beneficios que el gobierno concede, tales como teléfonos, televisores, autos, viajes al extranjero, carreras universitarias, exacerban el nivel de chivatería.
La escasez y los sacrificios que se les impone a los cubanos aumentan con los días.

Veinticuatro horas no alcanzan para resolver los problemas acumulados. Es como un túnel oscuro que no permite ver la luz de la esperanza.

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