Secretos de Cuba
Bienvenido[a] visitante al foro Secretos de Cuba. Para escribir un mensaje hay que registrarse, asi evitamos que se nos llene el foro de spam. Pero si no quieres registrarte puedes continuar y leer toda la informacion contenida en el foro.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Facebook
Anuncios
¿Quién está en línea?
En total hay 82 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 82 Invitados :: 2 Motores de búsqueda

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 1247 el Jue Sep 13, 2007 8:43 pm.
Buscar
 
 

Resultados por:
 

 


Rechercher Búsqueda avanzada

Sondeo

Respecto a la normalización de relaciones o el intercambio de presos realizado el miércoles como parte del acuerdo entre Cuba y EEUU

54% 54% [ 42 ]
42% 42% [ 33 ]
4% 4% [ 3 ]

Votos Totales : 78

Secretos de Cuba en Twitter

Sobre el encuentro de ciberdisidentes en Dallas: una crónica en primera persona (1 de 3)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Sobre el encuentro de ciberdisidentes en Dallas: una crónica en primera persona (1 de 3)

Mensaje por LoriG el Vie Abr 23, 2010 8:34 pm

Sobre el encuentro de ciberdisidentes en Dallas: una crónica en primera persona (1 de 3)



Traido de Penultimos Dias

Uno de los hábitos más sorprendentes de la democracia norteamericana es el relativo anonimato político en que caen los presidentes una vez que han agotado sus respectivos periodos de mandato. No es sólo una cuestión de lógica bipartidista, ese ciclo pendular con el que Demócratas in partenza olvidan a los Conservadores por venir, o viceversa. Lo que me llama la atención es la escasa influencia real de los mandatarios salientes en las administraciones de sus sucesores, esas vacaciones forzadas a las que son relegadas personas que unos meses antes dispusieron de una dosis de poder difícil de igualar en los registros de la política moderna.
Para que esta ley silenciosa de la rutina política de la Casa Blanca no socave el innegable peso cívico de la tradición presidencialista, el sistema norteamericano ha encontrado una institución cuyo papel fundamental es justamente el equilibrio entre la experiencia política acumulada por sus presidentes y la no injerencia en la lógica diaria de la Administración en funciones. Se trata de las Bibliotecas-Museo Presidenciales, feudos simbólicos que los ex presidentes de EE UU instalan en sus estados natales, con el objetivo de desarrollar un ideario o un programa que prolongue, por así decirlo, el espíritu del gobierno saliente. Por supuesto, en el caso de presidentes vivos, no se trata sólo de simples archivos o espacios reivindicativos para historiadores, sino de instituciones dedicadas a preservar un legado o un ideario, y que en la mayor parte de los casos ejercen su influencia al constituirse como think tanks o proporcionar asesorías puntuales a congresistas o funcionarios.
Los centros de este tipo más conocidas por los cubanos son, creo, el Carter Center o el Clinton Global Iniciative, instituciones sostenidas por la iniciativa privada y dotadas de un perfil más o menos filantrópico, que responde al ideario de presidentes en apacibles retiros.
El recién creado George W. Bush Institute es, al menos formalmente, una institución de este tipo, aunque a diferencia de sus predecesoras, pretende jugar un rol más activo. Dinámica casi obligatoria, pues ya se sabe que la presidencia de George W. Bush fue particularmente polémica, y que revisar el legado de sus ocho años en el gobierno implica, por fuerza, retomar cuestiones mucho más candentes que la filantropía demócrata.
Los cuatro pilares sobre los que se pretende desplegar la acción del nuevo instituto son Freedom (Libertad), Opportunity (Oportunidad), Responsibility (Responsabilidad) y Compassion (Compasión). Algo hay, por supuesto, de filantropía, y dado el peso de cierta manera religiosa de entender la acción social —con el que cargan por igual demócratas y republicanos—, en muchos aspectos las labores del Instituto podrían parangonarse con las de sus homólogas precedentes. Sin embargo, la insistencia del George W. Bush Institute en colocar una idea nada relativista de la Libertad como el centro de un programa ambicioso a largo plazo significa adentrarse en un terreno más arriesgado, condenado por fuerza a suscitar el debate, pero también a ejercer efectos necesariamente políticos a otra escala. Algún comentarista ha visto el nacimientos de este nuevo think tank como parte de una compleja operación de rehabilitación del legado político de George W. Bush. Algo tiene de razón, me parece. Pero incluso esos comentaristas reconocen que se trata de una operación muy hábil, intelectualmente ponderada y que puede tener más alcance real que cualquier esfuerzo de sus predecesores.
Este largo preámbulo puede servir para entender mejor el sentido de un evento como The Conference on Cyber Dissidents: Global Successes and Challenges, que organizado por el George W. Bush Institute y Freedom House, tuvo lugar el Dallas el pasado 19 de septiembre. Hasta donde yo sé, se trata de la primera vez que se convoca algo semejante: por lo general los debates centrados en los nuevos medios rehuyen el llamado “factor humano”, son hospedados por instituciones académicas —y despojados, por ende, de cualquier programa de acción real que trascienda el intercambio de especulaciones políticamente correctas.
El concepto de ciber-disidencia, funciona, entonces, como bisagra: por un lado, remite al entramado teórico que vincula el ejercicio de la libertad y los Derechos Humanos con las nuevas tecnologías y la polémica sobre el alcance de los nuevos movimientos contestatarios dentro de sociedades cerradas (una vieja preocupación de las dos administraciones de Bush). Por otra, proyecta un programa práctico (véase, por ejemplo, el resumen de esta exposición de Freedom House) para hacer frente a algunos de los desafíos más evidentes de la actual política exterior norteamericana, de la que muchos bloggers son actualmente testigos de excepción.
De esta manera fue diseñado el programa del evento, cuya versión detallada pueden consultar aquí (10 páginas en PDF).
Se trataba, por supuesto, de una oportunidad excepcional —y no sólo para un cubano. En eventos de este tipo, es difícil tener la posibilidad de conversar y ser escuchado al mismo tiempo por bloggers, especialistas en tecnología, políticos en activo, ex políticos que trabajan como consejeros, periodistas de algunos de los medios más influyentes y empresarios de las principales compañías de comunicaciones de hoy. Pero lo que me pareció más interesante es que las pretensiones de este debate o conversación iban más allá de reflexiones teóricas para ayudar realmente a personas concretas que están tratando de abrir espacios de libertad en sociedades autoritarias. Incluso gente como Ethan Zuckerman, que no apoyó la presidencia de Bush, ha tenido grandes elogios para lo que sucedió allí. Su intervención, por cierto, de la que hablaré luego, fue de las más interesantes.
Por esas razones profesionales —y por muchas otras, más personales, que no necesitan ninguna explicación puesto que desde hace mucho actúo como una persona libre y nunca he ocultado mis simpatías políticas— decidí asistir al evento. El resultado me ha parecido magnífico.
En el curso de esta crónica concebida en tres partes, que espero concluir la próxima semana, me gustaría contar muchas de las cosas que allí sucedieron. Por hoy, para no extenderme demasiado, prefiero esbozar una reflexión general. En los últimos meses, el gobierno cubano ha endurecido la represión y desechado cualquier signo de diálogo con la oposición —e incluso con las variantes de contestación interna que florecen entre sus propias filas. En el plano interno, ha empezado a tomar medidas concretas para inmovilizar a la disidencia tradicional, a los ciberdisidentes y a los bloggers independientes en la isla. En el plano internacional, está ejerciendo una alianza con otros gobiernos autoritarios para intercambiar tecnología y tácticas de contrainsurgencia digital y lucha antidisidente. Mientras que los bloggers seguimos funcionando mayormente de manera aislada, y hemos dejado a la espontaneidad el repertorio de acciones disponibles, los gobiernos de Cuba, Venezuela, Irán y otros, disponen de acceso privilegiado a la tecnología china y de varios manuales de estrategias para abortar “protestas 2.0″, probados en diversos sitios como Bielorrusia, China, Irán o Rusia. Esos gobiernos están empezando a funcionar en red, a compartir satélites, a financiarse unos a los otros, a intercambiar servicios para mantener un estricto control sobre los ciudadanos. Cosas como esta, por ejemplo, no pueden ser combatidas desde la espontaneidad: los bloggers y ciberactivistas que buscamos un cambio político real y una apertura del espacio público en nuestras respectivas sociedades debemos aprovechar todas las oportunidades de intercambiar experiencias, comunicar sugerencias y diseñar acciones comunes, que van desde el intercambio de software hasta la denuncia de personas que colaboran en las campañas de descrédito, pasando por el diseño de redes de apoyo y mecanismos de difusión inmediata de todas las acciones de represión.
En las actuales circunstancias, cualquier gobierno, empresario, presidente o institución que pueda colaborar con estos objetivos para desarrollar un credo de libertad y democracia será un apoyo necesario y bienvenido.
(Continuará)
Ernesto Hernández Busto
Barcelona

LoriG
Soporte Tecnico

Cantidad de mensajes : 1660
Edad : 46
Localización : Miami
Valoración de Comentarios : 229
Puntos : 1900
Fecha de inscripción : 13/01/2007

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.