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Ortodoxias y teorías de la conspiración

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Ortodoxias y teorías de la conspiración

Mensaje por odioafifo el Miér Abr 21, 2010 11:27 am

OPINION en http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/1271-ortodoxias-y-teorias-de-la-conspiracion.html
Ortodoxias y teorías de la conspiración

Martes 20 de Abril de 2010 13:33 Joaquín Badajoz, Miami




A juzgar por dos comunicados casi simultáneos, de emisores que aparentemente no tienen nada en común, todos los que, de una forma u otra, participamos de la sociedad informativa, opinando o distribuyendo noticias, somos tontos útiles de alguna gran conspiración mediática o, en el peor de los casos, terroristas virtuales, agentes a sueldo de un poder oscuro y siniestro. Lo curioso es que pudiera ser precisamente lo contrario. Aquellos que pretenden bloquear la transparencia informativa, ¿tendrán algo siniestro que esconder?
La explosión de la galaxia mediática en millones de terminales, enlazadas entre sí mediante comunidades virtuales, ha creado la base tecnológica para la clonación a gran escala de la información a través de canales alternativos. Ese bombardeo de bytes retransmitidos y reflejados en el espejo de la blogósfera puede a veces dar la impresión de una gigantesca componenda. Pero nunca antes, hay que admitirlo, el debate sobre un tema tuvo tantas aristas, enriquecido por las visiones y percepciones particulares, ni permitió una cobertura tan completa como hasta hoy.
Apenas dos década atrás, toda serialización significativa estaba restringida y controlada por líderes del sector mediático, y esas comunicaciones eran proveídas casi exclusivamente por las agencias de cable, los pool internacionales y los servicios informativos y periodísticos de las cadenas televisivas, la prensa y la radio. Un desmesurado poder en las manos de unos pocos. Ahora, a pesar de que falta mucho por conquistar, algo se ha logrado por cambiar dicho panorama. La multiplicación, amplificación y rebote de noticias, por la que compiten hoy en día, casi en igualdad de condiciones, portales Web de las grandes agencias mediáticas, bitácoras o blogs personales, páginas de perfil de Facebook, mensajes Twitter y demás plataformas virtuales, tiene un valor inmensurable para el desarrollo de la sociedad moderna, permitiendo un acceso más democrático, libre y dinámico a la noticia en tiempo real.
Esta democratización de las comunicaciones, por su naturaleza un tanto anárquica y desorganizada, desarticula el monopolio de la información, lo pone en jaque y se resiste a alinearse tras un objetivo común. En primer lugar, porque se trata de un universo de microespacios personales, en los que cada usuario es a su vez ideólogo y censor. Aunque en teoría puedan orquestarse conspiraciones y extensas campañas mediáticas, llevarlas a la práctica a gran escala es bastante más complejo, ya que para sintonizar todos esos puertos diversos debe de existir una poderosa causa unificadora que difícilmente puede fabricarse en un "laboratorio ideológico".
De hecho, ya hoy en día es bastante difícil negociar con un zar de los medios de comunicación la discreción o el encubrimiento de una noticia políticamente incorrecta, sin que se corra el riesgo de que se filtre y distribuya por otros canales, arriesgando de esa forma la credibilidad y la ética periodística de los medios que dirige. Como ha sucedido. Un ejemplo de esto es el portal desdecuba.com, que hospeda el blog Generacion Y, con más visitas mensuales de manera periódica que la mayoría de los sitios oficiales cubanos —y como promedio más que todos ellos juntos. ¿Cuál es la razón para que una plataforma alternativa tenga más exposición que todos los portales gubernamentales en un país donde el estado controla la información? Su credibilidad. No en balde los aduaneros totalitarios le temen tanto a la multiplicación prodigiosa de Internet.
El hombre de la ciberépoca tiene el privilegio de ser parte de ese mega-loop centrífugo, ya sea como emisor, espejo o receptor, pudiendo incluso si lo desea tener un rol interactivo, analizando, comentando o añadiendo datos a las noticias publicadas. Tiene, además, el derecho y la posibilidad de desechar lo que considere basura cibernética, no sea afín con su credo o simplemente no le interese.
Lo que resulta sospechoso es que algunos gobiernos, instituciones y personas parcelarios, cerrados y paranoicos que disfrutan de esos privilegios de la aldea global para diseminar su ideología, se atrincheren detrás del fantasma de las viejas teorías conspirativas cuando la maquinaria regresa de rebote.
La parte, como un todo
Desde hace semanas, después que la muerte por huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, las respuestas del aparato represivo contra las manifestaciones pacíficas de las Damas de Blanco y el estado de gravedad del opositor Guillermo Fariñas recorrieran el mundo —provocando, como es lógico, el repudio internacional— el gobierno cubano ha comenzado a denunciar la existencia de un gran complot orquestado por el capitalismo internacional contra Cuba.
Otro tanto ha insinuado el Vaticano, a partir de que la conducta pederasta de ciertos prelados haya ocupado los titulares del mundo, con artículos que le reclaman a la Santa Sede medidas más severas contra los culpables. ¿Qué hay de cierto tras esas supuestas conspiraciones anticubana y anticatólica, como ellos las han denominado? En principio, nada. Por una simple razón: ni esos curas pedófilos son buenos católicos ni los que desgobiernan Cuba buenos cubanos.
Las "campañas" orquestadas o espontáneas comienzan a comportarse como tales cuando la parte es interpretada como un todo. Desde esta estructura monolítica las responsabilidades se disuelven y es imposible diferenciar un elemento del cuerpo que lo contiene. Esa ha sido siempre la operación defensiva de las ortodoxias más trasnochadas, enrollarse en sí mismas como un puerco espín, convertir un dedo índice en un desmesurado cañón. Toda crítica, por puntual que sea, se transforma inmediatamente en ataque al conjunto de una ideología. De esta manera intentan reunir bajo una misma bandera a todos sus simpatizantes o correligionarios.
Pero sucede que la historia ya ha demostrado de sobra que los repliegues de tortuga solo proporcionan victorias pírricas temporales y casi siempre arrastran cismas. Desviar la atención sobre la gravedad de esas situaciones que el mundo aborrece, con subterfugios totalmente inaceptables dentro de la lógica moderna, hace más daño que todas las conspiraciones reales e imaginarias. Juan de Antioquia, llamado Crisóstomo, boca de oro, uno de los padres y doctores de la iglesia católica, ya lo advertía: "el camino del infierno está empedrado de cráneos de sacerdotes". Quizás refiriéndose a algo que también desvelaba al desaparecido arzobispo Fulton Sheen, una autoridad moral incuestionable, siervo de Dios en proceso de canonización, y uno de los pioneros en el uso de los medios sociales de comunicación para la evangelización, lo que hoy llamamos teleevangelistas: el pecado de los curas es más abominable porque no actúan en nombre propio sino in Persona Christi.
¿Por qué en vez de insinuar campañas anticatólicas y pretender que la fumata, la histeria y la paranoia puedan surtir algún efecto no se toman acciones puntuales? Se trata de una jugada simplista e irresponsable, que una religión con dos mil años de magisterio no puede darse el lujo de aprobar so pena de pasar al almacén de la historia. Se impone una respuesta conciliar, la reestructuración de la iglesia en torno a su fe, y la respuesta enérgica de las autoridades eclesiásticas y civiles frente a conductas inaceptables tanto en el terreno teológico como legal. Eso es lo que el mundo pide, incluidos los fieles católicos. Nada más. Cerrar filas en torno a los culpables de actos pederastas e intentar poner sordina a la resonancia mediática, lejos de aplacar el problema, convierte a la cátedra de Pedro en cómplice de una práctica que no es sólo anticatólica, sino antihumana y contranatural.
Aunque etimológicamente conspirar signifique compartir el mismo aire, perseguir propósitos comunes, el término ha adquirido una connotación siniestra, en cuanto supone cocinar intrigas, actuar desde el clandestinaje y la sombra en contra de un enemigo común. Pero en este caso las demandas son claras: no se acusa a un enemigo sino a una práctica. Se está denunciando un crimen y los responsables deben hacer algo efectivo por remediarlo. Ese es también el caso de la "conspiración contra Cuba".
Ortodoxia contra derechos y libertades
Desde hace semanas el gobierno de la isla ha convocado a una contraofensiva y despertado las más acéfalas fuerzas intelectuales contra el supuesto complot mundial. Todos los artículos y comentarios publicados por esa intelligentsia son increíblemente endebles, absurdos, tautológicos y pecan de la misma deficiencia teórica: lejos de analizar el asunto pretenden a capa y espada, sin argumentos, defender a la "revolución atacada". Es irónico advertir que esa jauría lleve el mimetismo a un nivel tal que lo único que produzca sea una versión política de esa ordinaria conducta canina que se conoce como chasing tail behavior. Son discursos vacíos, que no dicen ni aportan nada en el orden teórico, porque simplemente "se muerden la cola". Repiten lo que un amo o su ignorancia les dictan al oído. Y se nota que lo hacen temerosos —la arrogancia los descubre— porque no conocen el terreno por el que resbalan.
Ningún análisis serio sobre la situación cubana puede darse el lujo de jugar con arquetipos maniqueos. Hay millones de matices, uno por cada cubano de adentro y de afuera, para ser exactos. Y en lo único que parece estar la mayoría de acuerdo es en que la situación del país es insostenible —yo diría intolerable— y exige un cambio: llámese (r)evolución, reforma, transición; póngasele el color político que mejor se entienda. Y lo cierto es que la dictadura —porque otro nombre no tiene un gobierno de 51 años— sigue apostando a la ortodoxia sectaria: cada crítica es una agresión, cada fuga humana un acto de ingratitud y mezquindad, cada opositor un agente de la CIA, cada ineficiencia del sistema un sabotaje de Estados Unidos.
Esta bien que un gobierno totalitario y testarudo siga alimentándose de esas intransigencias, eso demuestra su naturaleza cruel y su voluntarismo político; pero ¿qué persona medianamente inteligente puede repetir estas estupideces sin cuestionárselas?
¿En que país del mundo, en qué momento histórico, el hombre ha aceptado alguna unanimidad que no fuera impuesta? Por eso esa campaña en defensa de Cuba es tan sospechosa. Los que la firman y suscriben no solo muestran una total enajenación política sino, lo que es peor, un profundo desconocimiento de la naturaleza humana.
No dudo que haya algunos que se creen obligados a defender "el último bastión de sus ideas" a costa del sacrificio y el sometimiento de ese pueblo que sirve de conejillo de indias para un experimento socialista que derivó en un gobierno personalista y autocrático. Para esos, sólo una frase del escritor socialista británico William Morris: "Los hombres luchan y pierden la batalla, y cuando aquello por lo que lucharon llega, a pesar de la derrota, resulta que no era lo que se proponían; entonces otros hombres deben luchar por lo mismo, pero llamándole de otro modo".
Hay otros, sin embargo, que herederos de la vieja escuela estalinista, atacan y pretenden desprestigiar al pensador ante la impotencia para discutir sus ideas. Uno de los más lamentables ejemplos es el publicado en la edición digital de Granma el pasado 16 de Abril: Al agente Montaner, "ni un tantico así", firmado por el canadiense Jean-Guy Allard, residente en La Habana. No vale la pena detenerse en la andanada de improperios y acusaciones que Allard lanza contra Carlos Alberto Montaner, a raíz de su debate con el cantautor Silvio Rodríguez. Son puro pataleo de ahorcado, porque aún cuando esa "biografía política" de Carlos Alberto Montaner fuese cierta, eso no presupone que sus reflexiones y análisis no sean válidos, certeros y aporten variables neurálgicas para la solución de la ecuación cubana.
Relativizar y subjetivar la verdad contenida en un discurso a partir de descalificar al mensajero, es sustraerla de su carácter absoluto, de su condición de punto de intercepción entre los hechos y la realidad. Una estrategia además de irresponsable, demagógica. ¿De dónde surge la peregrina tesis de que un hecho verificable es más cuestionable, o menos cierto, según quién lo esgrima? La verdad sólo se relativiza en el tiempo. Es unidimensional en el presente histórico porque se conforma a partir de una conciencia común, de hechos reales, creencias y valores colegiados, debatidos en el seno de la sociedad. Eso evita que hombres, gobiernos o grupos sociales, puedan imponer su propia interpretación de la verdad sobre los otros.
De esa premisa relativista se alimentaron algunos de los crímenes más horrendos que ha experimentado la humanidad: la esclavitud, el holocausto, las dictaduras militares, los genocidios y atropellos de gobiernos totalitarios. Y en virtud de esa misma verdad relativa, el mundo miró hacia otro lado. Desde hace más de medio siglo existen derechos y libertades universales, que no son imposiciones del mundo capitalista sino todo lo contrario: conquistas del pensamiento progresista y de los movimientos cívicos. Algo que al parecer desconocen los autores de la campaña mediática convocada por el gobierno cubano.
Nadie está pretendiendo exportarle a Cuba un modelo aleatorio, sino luchando porque en la isla se respeten y disfruten esas mismas conquistas universales, y puedan conciliarse e integrarse en una plataforma común, en igualdad de condiciones, las aspiraciones de todos los cubanos. Ese sueño de los hombres de buena voluntad, sólo llegará a materializarse cuando el debate nacional tenga la libertad necesaria para moverse fuera de las cotas impuestas por la ortodoxia ideológica, algo que no depende del embargo ni de ningún otro factor exógeno. Mientras eso no suceda, ni siquiera en el terreno del pensamiento, el cubano estará condenado a seguir reproduciendo valores y antivalores artificialmente impuestos.
Irónicamente, la mejor prueba de esa inflexibilidad crítica son los mismos artículos publicados en el marco de su ofensiva. No sólo parecen un calco unos de otros, (des)variando sobre los mismos puntos, e incluso respondiendo a similares pies forzados; sino que también invitan a los mismos convidados de piedra, repiten excusas trilladas, se valen de las mismas estratagemas descalificatorias, como una casa de espejos por la que se mueven distorsionadas, múltiples versiones de un mismo cuento. El cuento de la buena pipa: el de la revolución cubana. A la que le debemos agradecimiento perpetuo por habernos librado de una dictadura sangrienta, pero mucho más corta que esta bajo la que ya han nacido tres generaciones de ciudadanos, como si liberar a un pueblo diera luego derecho a esclavizarlo. La que se autoproclama artífice de todos nuestros éxitos, pero no se responsabiliza con ninguna de nuestras miserias. La que siempre encuentra chivos expiatorios para cada una de sus crueldades.
Los pocos que apoyan la "campaña estatal" desde la isla o desde fuera, deben tener claro que no se trata de proteger una ideología, sino de ponerse a favor, o en contra, del progreso de la humanidad y de la libre determinación de los pueblos. A favor o en contra de una dictadura hereditaria. A favor o en contra de un pueblo amordazado. Valdría por una vez resistirse a los chantajes de la ortodoxia ideológica y ponerse del lado de los débiles. Porque en este caso sí se trata de una conspiración, orquestada desde La Habana, para seguir justificando su intransigencia revolucionaria. Un eufemismo, como muchos otros, que sólo pretende ocultar la naturaleza inmoral y autocrática de un estado corrupto y carcelario, un gobierno que se resiste a terminar su romance eterno con el poder.

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Re: Ortodoxias y teorías de la conspiración

Mensaje por Opossum el Vie Jun 20, 2014 10:59 pm

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