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El Sentimiento: Lenguaje del Alma

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El Sentimiento: Lenguaje del Alma

Mensaje por Armando Capiro el Jue Abr 15, 2010 11:35 pm

El sentimiento es el lenguaje del
alma.






Si quieres saber hasta qué punto algo es cierto para ti; presta
atención a lo que sientes al respecto.


A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con
frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos
sentimientos se oculta tu más alta verdad.


El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo.
De nuevo. Si tú quieres.


Le
dije a Dios que sí quería, pero que en ese momento deseaba aún más una
respuesta completa y detallada a mi primera pregunta. He aquí lo que Dios me
dijo:


También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y
los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al
comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los
pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las
simples palabras.


Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el
vehículo de la experiencia que es un magnífico medio de comunicación.


Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y
la experiencia, utilizo las palabras En realidad, las palabras resultan
el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones
equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.


¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son
simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos,
pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la Verdad.
No son el objeto real.


Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La
experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no
puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son
los llamados sentimientos; y también los pensamientos.


La suprema ironía del asunto es que
vosotros hayáis dado tanta importancia a la Palabra de Dios, y tan poca a la
experiencia.



En efecto, dais tan poco valor a la experiencia que, cuando
vuestra experiencia de Dios difiere de lo que habéis oído sobre Dios, automáticamente
desecháis la experiencia y os quedáis con las palabras, cuando debería
ser precisamente lo contrario.


Vuestra experiencia y vuestros sentimientos sobre algo representan
lo que efectiva e intuitivamente sabéis acerca de ello. Las palabras únicamente
pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir
lo que sabéis.


Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico,
aunque no sistemáticamente, pues ni todos los sentimientos, ni todos los
pensamientos, ni toda la experiencia, ni todas las palabras proceden de Mí.


Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre.
Muchos pensamientos y muchos sentimientos han sido promovidos por causas que no
son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan también
de dichas causas.


La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber
la diferencia entre los mensajes de Dios y los que proceden de otras fuentes.
Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:


Vuestro Pensamiento más Elevado,
vuestra Palabra más Clara, vuestro Sentimiento más Grandioso, son siempre Míos.
Todo lo demás procede de otra fuente.



Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería
resultar difícil, ni siquiera para el principiante, identificar lo más Elevado,
lo más Claro y lo más Grandioso.


No obstante, te daré algunas directrices:


El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.


Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El
Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.


Alegría, verdad, amor.


Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los
otros. No importa en qué orden se encuentren.


Una vez determinado, utilizando estas directrices, qué mensajes
son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo único que falta es saber si Mis
mensajes serán tenidos en cuenta.


La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen
demasiado buenos para ser verdad. Otros, porque parece demasiado difícil
seguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría,
porque no se reciben.


Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la
ignoráis; especialmente a ésta la ignoráis.


Vuestro mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si
simplemente hubierais escuchado a vuestra experiencia. El resultado de que no escuchéis
a vuestra experiencia es que seguís reviviéndola, una y otra vez, puesto que mi
propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tenéis que
recibir el mensaje, Antes o después.


Sin embargo, no os forzaré. Nunca os coaccionaré; ya que os he
dado el libre albedrío -la facultad de hacer lo que queráis-, y nunca jamás os
lo quitaré.


Así pues, seguiré enviándoos los mismos mensajes una y otra vez, a
lo largo de milenios y a cualquier rincón del universo en el que habitéis.
Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayáis recibido y
los hayáis escuchado con atención, haciéndolos vuestros.


Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de
momentos, durante un millón de años. No podéis pasarlos por alto si realmente
escucháis. No podéis ignorarlos una vez los hayáis oído verdaderamente. De este
modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me
habéis hablado, Me habéis rezado, habéis intercedido ante Mi, Me habéis
suplicado. Pero ahora puedo responderos siquiera sea como lo estoy
haciendo en este momento.

El sentimiento es el lenguaje del alma.

Si quieres saber hasta qué punto algo es cierto para ti; presta atención a lo que sientes al respecto.

A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad.

El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo. De nuevo. Si tú quieres.

Le dije a Dios que sí quería, pero que en ese momento deseaba aún más una respuesta completa y detallada a mi primera pregunta. He aquí lo que Dios me dijo:


También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las simples palabras.

Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el vehículo de la experiencia que es un magnífico medio de comunicación.

Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y la experiencia, utilizo las palabras En realidad, las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.


¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos,
pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la Verdad. No son el objeto real.

Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son los llamados sentimientos; y también los pensamientos.

La suprema ironía del asunto es que vosotros hayáis dado tanta importancia a la Palabra de Dios, y tan poca a la experiencia.

En efecto, dais tan poco valor a la experiencia que, cuando vuestra experiencia de Dios difiere de lo que habéis oído sobre Dios, automáticamente desecháis la experiencia y os quedáis con las palabras, cuando debería ser precisamente lo contrario.

Vuestra experiencia y vuestros sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente sabéis acerca de ello. Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir lo que sabéis.

Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico, aunque no sistemáticamente, pues ni todos los sentimientos, ni todos los pensamientos, ni toda la experiencia, ni todas las palabras proceden de Mí.

Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre. Muchos pensamientos y muchos sentimientos han sido promovidos por causas que no son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan también de dichas causas.


La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber la diferencia entre los mensajes de Dios y los que proceden de otras fuentes. Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:


Vuestro Pensamiento más Elevado, vuestra Palabra más Clara, vuestro Sentimiento más Grandioso, son siempre Míos.
Todo lo demás procede de otra fuente.


Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería resultar difícil, ni siquiera para el principiante, identificar lo más Elevado, lo más Claro y lo más Grandioso.

No obstante, te daré algunas directrices:

El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.

Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.

Alegría, verdad, amor.

Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren.


Una vez determinado, utilizando estas directrices, qué mensajes son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo único que falta es saber si Mis mensajes serán tenidos en cuenta.

La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen demasiado buenos para ser verdad. Otros, porque parece demasiado difícilseguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría,
porque no se reciben.


Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la ignoráis; especialmente a ésta la ignoráis.


Vuestro mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si simplemente hubierais escuchado a vuestra experiencia. El resultado de que no escuchéis a vuestra experiencia es que seguís reviviéndola, una y otra vez, puesto que mi propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tenéis que recibir el mensaje, Antes o después.


Sin embargo, no os forzaré. Nunca os coaccionaré; ya que os he dado el libre albedrío -la facultad de hacer lo que queráis-, y nunca jamás os lo quitaré.


Así pues, seguiré enviándoos los mismos mensajes una y otra vez, a lo largo de milenios y a cualquier rincón del universo en el que habitéis. Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayáis recibido y los hayáis escuchado con atención, haciéndolos vuestros.


Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de momentos, durante un millón de años. No podéis pasarlos por alto si realmente escucháis. No podéis ignorarlos una vez los hayáis oído verdaderamente. De este modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me habéis hablado, Me habéis rezado, habéis intercedido ante Mi, Me habéis
suplicado. Pero ahora puedo responderos siquiera sea como lo estoy





El sentimiento es el lenguaje del
alma.






Si quieres saber hasta qué punto algo es cierto para ti; presta
atención a lo que sientes al respecto.


A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con
frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos
sentimientos se oculta tu más alta verdad.


El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo.
De nuevo. Si tú quieres.


Le
dije a Dios que sí quería, pero que en ese momento deseaba aún más una
respuesta completa y detallada a mi primera pregunta. He aquí lo que Dios me
dijo:


También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y
los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al
comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los
pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las
simples palabras.


Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el
vehículo de la experiencia que es un magnífico medio de comunicación.


Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y
la experiencia, utilizo las palabras En realidad, las palabras resultan
el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones
equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.


¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son
simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos,
pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la Verdad.
No son el objeto real.


Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La
experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no
puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son
los llamados sentimientos; y también los pensamientos.


La suprema ironía del asunto es que
vosotros hayáis dado tanta importancia a la Palabra de Dios, y tan poca a la
experiencia.



En efecto, dais tan poco valor a la experiencia que, cuando
vuestra experiencia de Dios difiere de lo que habéis oído sobre Dios, automáticamente
desecháis la experiencia y os quedáis con las palabras, cuando debería
ser precisamente lo contrario.


Vuestra experiencia y vuestros sentimientos sobre algo representan
lo que efectiva e intuitivamente sabéis acerca de ello. Las palabras únicamente
pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir
lo que sabéis.


Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico,
aunque no sistemáticamente, pues ni todos los sentimientos, ni todos los
pensamientos, ni toda la experiencia, ni todas las palabras proceden de Mí.


Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre.
Muchos pensamientos y muchos sentimientos han sido promovidos por causas que no
son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan también
de dichas causas.


La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber
la diferencia entre los mensajes de Dios y los que proceden de otras fuentes.
Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:


Vuestro Pensamiento más Elevado,
vuestra Palabra más Clara, vuestro Sentimiento más Grandioso, son siempre Míos.
Todo lo demás procede de otra fuente.



Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería
resultar difícil, ni siquiera para el principiante, identificar lo más Elevado,
lo más Claro y lo más Grandioso.


No obstante, te daré algunas directrices:


El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.


Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El
Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.


Alegría, verdad, amor.


Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los
otros. No importa en qué orden se encuentren.


Una vez determinado, utilizando estas directrices, qué mensajes
son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo único que falta es saber si Mis
mensajes serán tenidos en cuenta.


La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen
demasiado buenos para ser verdad. Otros, porque parece demasiado difícil
seguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría,
porque no se reciben.


Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la
ignoráis; especialmente a ésta la ignoráis.


Vuestro mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si
simplemente hubierais escuchado a vuestra experiencia. El resultado de que no escuchéis
a vuestra experiencia es que seguís reviviéndola, una y otra vez, puesto que mi
propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tenéis que
recibir el mensaje, Antes o después.


Sin embargo, no os forzaré. Nunca os coaccionaré; ya que os he
dado el libre albedrío -la facultad de hacer lo que queráis-, y nunca jamás os
lo quitaré.


Así pues, seguiré enviándoos los mismos mensajes una y otra vez, a
lo largo de milenios y a cualquier rincón del universo en el que habitéis.
Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayáis recibido y
los hayáis escuchado con atención, haciéndolos vuestros.


Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de
momentos, durante un millón de años. No podéis pasarlos por alto si realmente
escucháis. No podéis ignorarlos una vez los hayáis oído verdaderamente. De este
modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me
habéis hablado, Me habéis rezado, habéis intercedido ante Mi, Me habéis
suplicado. Pero ahora puedo responderos siquiera sea como lo estoy
haciendo en este momento. haciendo en este momento.

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