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La Academia, la censura y el exilio

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La Academia, la censura y el exilio

Mensaje por LoriG el Vie Abr 02, 2010 7:00 pm

La Academia, la censura y el exilio


Abril 2, 2010


Traido de Penultimos Dias



Actualmente, vivimos exiliados tres miembros de la Academia Cubana de la Lengua: Armando Álvarez Bravo, en Miami; Manuel Díaz Martínez, en Las Palmas de Islas Canarias, y yo, en la Ciudad de México. No aparecemos en la relación oficial de la corporación habanera: hemos sido borrados de la historia. Los oficialistas aducen que por residir en el extranjero y haber adoptado nacionalidades distintas de la cubana. Sin embargo, la razón es otra: somos disidentes, opositores, indeseables, proscritos (nunca mejor dicho, por cierto, “sacados de las listas”).
Si fuera por la razón que aducen, entonces el hace poco fallecido no sólo miembro sino hasta Director de la ACuL, Lisandro Otero, habría sido igualmente invalidado: residió varios años en México y recibió la ciudadanía mexicana, con renuncia previa de la cubana.
En los Estatutos originales de la ACuL (1926) se establecía clara y definitivamente que la condición de académico era vitalicia e irrenunciable; tengo entendido que así lo sigue siendo, sin condicionante alguna, en la Real Academia Española y en el resto de las academias hispanoamericanas. Sin embargo, en la actual ACuL, no sucede esto desde que fueron reformados esos Estatutos, a mediados de la década de los 90 del siglo pasado. Hubo varios precedentes de académicos cubanos que por los vaivenes de la política insular se exiliaban y seguían ocupando no sólo sus membresías numerarias en asociaciones como la ACuL, sino hasta sus cátedras universitarias con pleno goce de sueldo, como fueron los casos de Raimundo Lazo y Raúl Roa, durante “la otra dictadura”, la de Batista.
Los anteriores Estatutos, así como su Reglamento, vigentes desde el primero de noviembre de 1927 (con leves modificaciones en 1970 y 1971), fueron sustituidos por los que actualmente rigen la corporación.
En su Artículo 2 se declara que “la Academia Cubana de la Lengua –ACuL- tiene vida autónoma, personalidad jurídica y plena capacidad civil para todos los efectos legales. Y en su Artículo 8 se establece que para ser miembro de número se debe “ser ciudadano cubano”. Aunque en su Artículo 23 se estipula que “no podrá ser recibido en un mismo día más de un Académico”, basta revisar la relación de miembros y sus fechas de ingreso para comprobar que esto no se ha cumplido en numerosos casos, lo cual invalida su propia legislación. Especialmente interesante es su Artículo 24: “El cargo de Académico de Número es vitalicio, pero puede ser revocado por acuerdo de la junta general en el caso de que el individuo que lo ostente delinca, cometa actos indignos o se ausente injustificadamente durante seis meses de las actividades académicas.” Y más adelante, en el Artículo 26 se precisa: “El Académico de Número que durante seis meses no asista a las sesiones de la ACuL sin estar en uso de licencia ni excusar su falta por escrito, se entenderá que renuncia al cargo, el cual será declarado vacante y se procederá a cubrirlo en la forma dispuesta en los estatutos. Los Académicos de Número que por causa justificada no puedan temporalmente asistir a las sesiones de la Academia, podrán solicitar se les considere en situación de licencia por el tiempo que fuere menester.”
Y el Artículo 27 es verdaderamente memorable por su redacción, indigna de una corporación como la Academia: “El Académico de Número que cambie su ciudadanía cubana por otra extranjera, se entenderá que renuncia al cargo de Académico”. ¿Será posible cambiarla por “otra nacional”? Pasando por alto la broma involuntaria, olvidan los ilustres legisladores académicos que el actual Estado cubano no reconoce como válido el cambio de nacionalidad que realice cualquiera nacido en el territorio nacional, de tal suerte que cuando viajan a la isla deben hacerlo con pasaporte cubano y no con el de su nueva nacionalidad.
El Artículo 77 merece ser reproducido in extenso: “Como la índole de la ACuL y de sus objetivos es literaria, lingüística y técnica, no podrá plantearse ni discutirse en sus sesiones ni en los trabajos que en su seno se hagan o que en ella o por ella se realicen o publiquen, ninguna cuestión política ni religiosa”. Más allá del anglicismo deslizado (“cuestión”, question, por “tema” o “asunto”) lo que se transparenta es una declaración de apoliticidad que se contradice abiertamente con su desempeño en los últimos años.
No se puede negar que están muy acostumbrados a hacerlo así, condicionando su presencia a que se acepten sin chistar sus demandas y reservándose el “derecho de admisión”, incluso en los eventos que no organizan y a los cuales son invitados, asumiendo la actitud de censores y fiscales para determinar quiénes cuentan, en su juicio inapelable, con las credenciales aceptables como trabajadores de la lengua, según ocurrió en el recientemente frustrado V Congreso Internacional de la Lengua en Valparaíso, conmovido hasta sus cimientos primero por la difusión de una declaración de la ACuL, y más tarde por un terremoto. Y luego se quejan del aislamiento… Están autocondenados a mil años de soledad.
Sorprende, pues, a la luz de todo esto, que precisamente en reciente fecha las relaciones entre la Academia Cubana de la Lengua con la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua resultara profundamente comprometida por el exabrupto de la corporación insular ante el V Congreso Internacional de la Lengua a celebrarse en Valparaíso, donde el cataclismo padecido por la nación sudamericana fue el colofón de la implosión que motivó la negativa cubana a tomar parte en el encuentro, después de haber confirmado oficialmente su asistencia, por enterarse de que estarían presentes “personas indeseables” para los oficialistas cubanos, quienes entonces no hacen honor a su pretendida “apoliticidad”, pues claramente se refirieron a personajes como Carlos Alberto Montaner y Yoanis Sánchez como motivadores de su ira, aunque es posible que hayan incluido también a Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Jorge Castañeda y la muy larga y cada día creciente lista de sus desafectos y furores. Sorprende entonces que una persona tan culta, sensata, sensible y tradicionalmente moderada como Ambrosio Fornet, por ejemplo, haya descalificado con términos tan absolutos y terminantes el cónclave austral en sus declaraciones sumamente ríspidas al periódico digital oficial La Jiribilla (N° 462, 13-19 de marzo de 2010). Es algo muy lamentable y triste todo este asunto.
No puedo imaginar el estupor que habrá experimentado el Director de la RAE, el recientemente “toisoneado” Víctor García de la Concha, al enterarse de todo el embrollo desatado por los colegas cubanos en relación con el V Congreso. Que él, hombre siempre tan amable y condescendiente —y hasta casi obsecuente, como hubieran deseado sus invitados isleños— con los autoridades cubanas y en especial la Academia Cubana, haya recibido semejante trato que ponía en peligro la gran cita anfictiónica de la lengua española, creo le habrá servido para reflexionar y evaluar lo inútiles que resultan, en muchas ocasiones, las concesiones y los “paños tibios” con quienes no están dispuestos a transigir, ni ceder, ni ponderar argumentos con razones inteligentes. El movimiento telúrico opacó el movimiento ideológico de La Habana y no resultó en mayores consecuencias, pero dejó demostrado que la Academia Cubana actual no vacila en refrendar su absoluto compromiso político a pesar de su estutaria “apoliticidad”.
Por su interés documental y para ilustrar mis afirmaciones, reproduzco con fidelidad las cartas cruzadas sobre este penoso asunto.
La carta de la ACul no fue enviada a García de la Concha, como era dable esperar pues es el Presidente de la Asociación, sino a todas las Academias pertenecientes a ella, y está redactada en términos no sólo perentorios, sino admonitorios; podría ser, si necesario fuera, un modelo de censura:


Carta de la Academia Cubana
El día 13 de junio de 2009 la Academia Cubana de la Lengua, al conocer los detalles de cómo se estaba organizando el V CILE, remitió una carta a D. Víctor García de la Concha en que expresaba su preocupación porque tal modo de concebir el encuentro significaba una distorsión de la índole, las misiones, la identidad misma de nuestras Academias, y subrayaba la importancia de que nos concentráramos en la dimensión cultural de la lengua.
Observábamos que muchas de las personas convocadas no contaban con los avales para certificar sus discursos sobre la lengua, y que la representación de esferas y sectores sociales era muy sesgada. Advertíamos que en estas condiciones el Congreso podría convertirse en un foro político y mediático más que científico, y abogábamos por ser cuidadosos sobre la idoneidad de los participantes.
En aquella ocasión no recibimos respuesta a nuestras inquietudes, lo que achacamos a problemas con las comunicaciones vía correo electrónico. Por esa razón, remitimos la carta nuevamente.
El 26 de enero de 2010 nuestro director recibió una respuesta de D. Víctor García de la Concha en que se apuntaba que estos congresos no están concebidos como congresos científicos, sino como foros “para concitar la atención de los más variados sectores de la sociedad civil de todo el mundo hispanohablante sobre la lengua”, relacionaba las incidencias de su fundación e historia y los dividendos que, a su juicio, habían dejado —siempre dentro de los marcos en que se habían concebido— para la salud de nuestro idioma. D. Víctor comentaba la presencia de delegados cubanos en reuniones preparatorias y solicitaba que nuestro vicedirector reconsiderara su decisión de declinar la solicitud de presidir una mesa. Afirmaba, por último, con toda justicia, los esfuerzos realizados, en su condición de presidente de la Asociación, para incrementar la presencia de las Academias en los congresos.
Tomando en cuenta estos argumentos, habíamos decidido enviar una delegación a pesar de nuestras discrepancias. En este momento, sin embargo, es nuestro deber expresar que la Academia Cubana de la Lengua no acudirá a un foro en que, como previmos, han sido invitadas personas que no cuentan con avales para reflexionar y discutir sobre el destino del español, y cuya presencia en el cónclave solo puede ser interpretada como una provocación política.
Con esta decisión, nuestra Academia se mantiene fiel a sus principios, a sus estatutos y a los dictados de la Asociación de Academias de la Lengua Española a la cual se honra en pertenecer. Esperamos fervientemente que se tomen medidas para que situaciones tan lamentables como esta, que minan nuestra unidad y obstaculizan el trabajo de concertación que con tanto esfuerzo y éxito venimos realizando, no se repitan.
La Habana, 18 de febrero de 2010
Academia Cubana de la Lengua
A contrapelo del tono de la misiva anterior, el Director de la RAE agotó el vocabulario diplomático y las más depuradas técnicas suasorias, y envió este mensaje a los miembros de las distintas Academias de la Lengua, acompañando la carta que dirigió a la ACuL:

Queridos amigos:
Adjunto la carta que envié a la Academia Cubana de la Lengua en respuesta al comunicado en el que, tras sucesivos titubeos, deciden no asistir.
La raíz última parece estar en la presencia de algunas personas que, a su juicio, podrían ser activistas frente al régimen político cubano.
Desde luego, haremos todo lo que esté en nuestras manos para impedir actuaciones políticas contra nadie. Hasta ahora no las ha habido en ningún Congreso. Y tal como digo en la carta a la Academia Cubana, en la próxima reunión de Directores podemos abordar este asunto y adoptar, en su caso, medidas precautorias.
Dicho esto, ruego a todos los Directores que se sumen con urgencia a mi petición solicitando a la Academia Cubana que, por favor, y en aras de la unidad, vayan al Congreso. Estoy seguro de que un correo de todos y cada uno de los Directores es lo que puede tener más efecto.
El correo de la Academia Cubana es:
presidencia@casa.cult.cu
isra@cubarte.cult.cu
Muchas gracias. Hasta pronto. Un abrazo
Víctor García de la Concha
Director de la Real Academia Española
Presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española
Y la carta que adjuntó García de la Concha al mensaje es esta:

Madrid, 23 de febrero de 2010
Academia Cubana de la Lengua
Muy estimado Sr. Director y queridos colegas:
Acabo de leer la comunicación que se remite a todas las Academias de la Asociación y no puedo ocultar mi tristeza y, más allá de ella, mi preocupación.
En mi carta del pasado mes de enero me esforzaba en explicar la naturaleza de estos Congresos, que no son propiamente congresos científicos sino foros de encuentro de hispanohablantes para reflexionar libremente sobre distintos aspectos de nuestra lengua, sobre todo, los relacionados con su función en la sociedad. Añadía también que las Academias nos incorporamos tarde a su organización y que nuestras propuestas deben coordinarse con la posición del Instituto Cervantes y atender sugerencias del Gobierno del país anfitrión. En consecuencia, el proceso de información resulta complejo: querríamos los mejores en cada línea, pero no siempre aceptan y los fallos, habituales en estas programaciones, no siempre pueden rellenarse con personas del mismo nivel.
A pesar de ello, creemos que el programa de este año es de buen nivel.
La Academia Cubana ha participado hasta ahora en todos los Congresos celebrados y sus representantes, como se reconoce en el comunicado, han estado presentes en las reuniones preparatorias sin manifestar reservas de fondo. Solo, a raíz de la anterior misiva pudimos conocer que el Subdirector no se encontraba a gusto con la presidencia de la mesa que se le había asignado. Bastó una indicación suya para solucionarlo de inmediato.
Respetamos, pues –cómo no- la decisión que ahora se nos comunica, pero estoy seguro de expresar el pensamiento y el deseo de todas las Academias de la Asociación, solicitando, como formalmente lo hago, que la Academia Cubana haga un esfuerzo adicional y asista al Congreso.
Por dos razones. Una, porque la unidad y la concertación se aseguran mucho más con la presencia y el diálogo. Y porque, en tal sentido, en la reunión de Directores que celebraremos el domingo en Santiago de Chile podemos incluir en el Orden del día la discusión de los puntos conflictivos a que la Academia Cubana hace referencia y adoptar, en su caso, los acuerdos necesarios para evitar distorsiones de la línea congresual.
Puedo asegurarle que las Academias hacemos todo lo que sea preciso para que de ningún modo se produzcan acciones políticas que hasta ahora no se han dado en ninguno de los Congresos.
Apelo, pues, a la generosidad de la Academia Cubana, que tiene pruebas concretas de cómo la Asociación trata de evitar lo que la pueda afectar cada una de las Academias miembros, y, en consecuencia, evitemos una imagen de discrepancia que no responde a la realidad.
Con la gratitud segura de todas las Academias, le envío un cordial abrazo,
Víctor García de la Concha
Director de la Real Academia Española
Presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española
Una suerte de pudor me impide realizar comentarios de estas misivas. Sólo doy vuelta a esta triste y denigrante página.
En cualquier caso, de nada sirvió. El Quinto Congreso Internacional de la Lengua Española fue privado de la asistencia del delegado cubano quien, por otra parte, según el Programa no presentaba ponencia alguna.
Ahora en Cuba la comidilla y única esperanza que conmueve a la sociedad es el beneficio que supone, en un país tan amable y placentero, abrigo de centenares de oleadas migratorias desde aún antes del siglo XV (los arauacos también “venían de fuera”), acogerse a la “Ley de la Memoria Histórica” que el gobierno de Rodríguez Zapatero implantó en España sin prevenir sus efectos en Ultramar, y convertirse en ciudadanos españoles, con la posibilidad así de viajar a ese mítico lugar conocido como “el extranjero”. Incluidos notorios cantautores de encendido verbo revolucionario, alguno de ellos exdiputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, campeones olímpicos, científicos de gran reconocimiento, pueblo llano, son más de 200 mil las solicitudes que han inundado al Consulado español en La Habana. A tal extremo ha llegado esta estampida, que el sempiterno Partido Comunista cubano ha dictado una prohibición de solicitar dicho acomodo a los miembros del Comité Central y del Consejo de Estado. Y varios ilustres miembros de la Academia Cubana de la Lengua, con el sigilo necesario y recomendable, ya lo han gestionado. De esta forma, en virtud de una “revolución” que comenzó como proyecto nacionalista y democratizador, se logrará a la larga que sea realidad la pesadilla decimonónica de José Antonio Saco: una isla de afrocubanos de rotunda y unánime negritud, pues cuando toda confianza en el futuro se malogra, sólo queda la huída como recurso de legítima defensa en esa porción planetaria donde se ha invertido la terrible amenaza que Dante Alighieri colocó en la entrada de su Infierno: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”.
Alejandro González Acosta
México D

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