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Ministro del Presidente Piñera.

Mensaje por PLACETA el Jue Mar 11, 2010 10:00 am

El regreso de Felipe Kast
Por Ignacio Ossa
Un certero diagnostico de la nueva generación es lo que trae Felipe Kast desde Estados Unidos. Luego de estudiar políticas públicas en Harvard, el tercero de los hijos de Miguel Kast, asegura: “Nuestra generación no se conforma con subsistir”.
Cinco años estuvo Felipe Kast estudiando en Estados Unidos. Recién llegado, la UDI lo tentó con un cupo para diputado, al que repondió que “no”. Su camino es la academia y así lo reconoce. Por eso es que divide su tiempo entre el Instituto Libertad y Desarrollo y la Escuela de Economía de la Universidad Católica. Además de tener que instalarse, buscar un lugar donde vivir con su señora y su hijo. Kast pertenece a una nueva generación política, de mente más abierta y con menos prejuicios. Más ligado a la derecha, pero sobre todo dedicado al mundo popular, donde la herencia de su padre, Miguel Kast, la siente muy presente. Por lo mismo es que decidió no ir a la Cámara, sino que buscar soluciones desde otra plataforma. “Tengo más dedos para el piano en política social y para ver qué está pasando en los sectores más pobres de Chile. Tratar de buscar alternativas, hacer alianzas con gente que no piense igual que yo”, asegura.

–¿Intentas seguir más la línea de tu padre, que seguir el camino tradicional de la política?
–Es que no es lo mío. Me sentí muy agradecido y se lo dije a Pablo Longueira cuando conversamos del tema. Además, no invertí cinco años estudiando en Harvard para eso. Hice el ejercicio de pensar si había alguien que lo pudiese hacer mejor que yo en el Congreso y sí lo había. Y luego pensé dónde mi trabajo podía tener mayor impacto y era acá.

–¿Cuánto influye la imagen de tu padre en el camino que estás siguiendo?
–Mucho. El viejo es un héroe para mí. Pero son curiosas las dualidades. Por un lado es un héroe, una persona que me enseñó que la vida es muy corta y hay que gastársela. No atesorar mucho, porque cuando pasa eso se equivoca y hay que tratar que la sociedad sea un poco menos injusta. Además tuve un padrastro, que me enseñó otro tanto, Javier Etcheberry, un gran funcionario de la Concertación. Por esto he podido entender las complejidades de Chile y soy un gran admirador de la clase política, al margen de sus colores.

Al mismo tiempo que Kast tiene palabras de elogio para algunos personeros de la Concertación, también las tiene para Chile. Asegura que en Harvard el país es mirado como uno de los que están haciendo bien las cosas. Donde se destacan tanto las medidas adoptadas por los Chicago Boys en los ’80, como la regla del superávit estructural creada por Nicolás Eyzaguirre. Especial atención, también, le prestan a la figura de Andrés Velasco. “Cuando lo pasó mal, todos en la Kennedy me preguntaban cómo estaba Andrés, y ahora que está bien, todos están contentos. Es una persona bastante querida”, comenta. Pero siguiendo con Chile, admite que nuestro país es visto como el mateo dentro de un barrio lleno de populismo y sociedades inmaduras. Donde la falta de oportunidades, el nivel de la educación y la poca sofisticación de integración social son las deudas del país.
“Tenemos un buen chasis, pero falta un buen motor, pintura… somos funcionales, pero no llegamos a ser felices. Falta innovar intelectualmente. Nos falta curiosidad”, asegura.

–Eso también es competencia de cada uno, no sólo parte de las políticas públicas…
–Tenemos poca cultura de debate, de cuestionar, de levantar la mano y decir no entiendo. Dado que tenemos una historia un poco traumática en varias dimensiones, debemos trabajar en ser una sociedad mejor para discutir y procesar la información de los que piensan distinto a nosotros.

–De alguna manera, diferenciar entre disentir y pelear…
–Exacto. No hay que alterarse y sentirse con riesgos porque alguien dice que hay que hacer las cosas un poco distintas. Hoy tenemos una sociedad lo suficientemente madura que no compra cualquier idea. Hay que confiar en ella. Hay que innovar en esto.

–¿Cómo ves a los chilenos en sus conocimientos y acercamiento a las políticas públicas?
–Los chilenos hemos ido cambiando. Si la generación anterior quería ser rica, ganar plata y mantenerse bien; ésta quiere pasarlo bien. En el buen sentido de la palabra y en todos los estratos de la sociedad. En la televisión, la cultura la música, las artes… en estos temas nos hemos quedado atrás en políticas públicas. Somos un poco provincianos y no nos damos cuenta de que el mundo está muy conectado. Pensamos que el mundo se acaba en Chile, pero no. Tenemos que pensarnos como miembros de una aldea global. Sí nos creemos campeones mundiales de la economía y de las cosas más tradicionales. Nuestra generación no se conforma con subsistir, quiere ser más feliz y tolerante.

–Cuando te fuiste a Estados Unidos algo se podía palpar sobre los cambios que podían ocurrir en estas elecciones. ¿Te sorprendió el fenómeno que se ha producido con la candidatura de Enríquez-Ominami?
–En la escuela se palpaba un poco menos que acá. Igual uno lee bastante y conversa con gente que está muy metida, pero me parece bien. Es sano que se cuestionen la rigidez del sistema. Hay dos candidatos que lo están haciendo muy bien, Marco y Sebastián Piñera. Y lo hacen bien porque rompen con los cánones normales de hacer las cosas. Eso habla bien de la política, pero se tiene que transformar en algo de más largo plazo, no sólo en un chispazo de campaña.


Traje este tema porque es curioso hasta donde nos hemos colado los cubanos, la esposa de este joven ministro del Presidente Piñera es cubana. Saludos

PLACETA
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