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La Habana de todos los santos.

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La Habana de todos los santos.

Mensaje por Patrio el Mar Ene 05, 2010 6:57 pm

La vida me ha hecho un regalo, en este exilio lejano tengo un amigo y por demás compatriota. Entre sus riojas y mis bacardíes hablamos de detalles de la historia de Cuba, pero debo aclarar que él es el maestro y yo, el discípulo. Su nombre Raúl Sánchez Quintero, excelente ajedrecista, versado historiador y un hombre de gran cultura general. Uno de sus últimos artículos publicados en la revista Misceláneas de Cuba versa sobre Fulgencio Batista. Aquí se los dejo para que lo disfruten.
Patrio.

MEMORIAL HABANERO: LA HABANA DE TODOS LOS SANTOS
2009-12-24. Misceláneas de Cuba, Revista de Asignaturas Cubanas, No. , Año V, OCTUBRE - DICIEMBRE 2009
Raúl Sánchez Quintero, Gran Canaria, España.


(www.miscelaneasdecuba.net).- Fulgencio Batista, el hombre fuerte de Cuba durante dos décadas ha sido juzgado siempre con inaudita severidad, conceptuado causal de todos los males para el país y sus gentes por los siglos de los siglos.
En realidad, sin embargo, Fulgencio no fue peor ni mejor que sus predecesores en el cargo de jefe de Gobierno, sin dejar de considerar que su inmediato sucesor le ha superado en todos los aspectos.
En su favor, en cambio, se puede señalar sin interés alguno en justificar su mal proceder que el país que gobernó, por joven en el mundo de las naciones independientes, carecía de la solidez institucional propia de las naciones viejas y de una nacionalidad -cubanidad- integrada e integradora.
Presente griego que nos dejó el colonialismo a los cubanos con la carta de independencia: una sociedad estratificada y racista gobernada por una oligarquía criolla afecta a una perversa auto-glorificación
Batista llega a la presidencia después de Gerardo Machado –el último general histórico y el primer en transformarse en dictador –y la vida política cubana adquiere una nueva dinámica con el activismo de una clase pequeño burguesa emergente, no vinculada al patriciado y estrechamente relacionada con el estamento español remanente, enfrentada a la ilegalidad machadista. Su fulminante ascensión obedece a las necesidades de esta revolución que no puede consolidar su triunfo sin el apoyo de un ejército cuyos suboficiales y soldados –mulatos, negros y guajiros –comparten la misma miseria.
Hombre de origen humilde, impureza de sangre, solar desconocido y mediana instrucción, la popularidad entre la tropa del Sargento Jefe del Ejército Revolucionario: Fulgencio Batista y Zaldívar marca, por carambola, un hito en la historia del proceso social cubano y señala un momento crucial en el camino hacia la consolidación de la nacionalidad y la sub-secuente estabilización de la vida pública a través del ascenso social de muchos negros y mulatos, que no prosperó por la aparentemente eterna incapacidad cubana para lograr un consenso en ese sentido.
Las marrullerías de sus patrocinadores, los pentarcas: tan ilustrados como pícaros personajes, lo impulso a la disidencia. Consejeros tuvo. Había aprendido que el mando del ejército significaba la suma del poder en Cuba.
La tradición oral señala a Servio Carbó, un destacado periodista vinculado a las fuerzas de izquierda, como promotor de la brillante idea. En una fortaleza de la capital, una asamblea de soldados y suboficiales autorizada por el Alto Mando, discutía las necesidades de las tropas para acordar y elevar a la superioridad sus reivindicaciones.
Hoy sabemos aquellas demandas no superaban la conveniencia de un nuevo modelo de uniforme, el derecho de los soldados a usar gorra de plato y el cobro de los salarios atrasados.
En opinión de Carbó era perfectamente posible, con una simple vuelta de tuerca, transformar aquella asamblea en un levantamiento que, de forma incruenta y fulminante, dada la superioridad que suponían los complotados, se haría con el control absoluto del ejército. Presidía la asamblea el sargento de primera Pablo Rodríguez, actuaba como secretario de actas el sargento taquígrafo Fulgencio Batista. Ambos hombres aceptaron la propuesta de Servio Carbó.
La historia que referimos se inicia pues el 4 de septiembre de 1932. Ese día, un levantamiento militar comandado por los sargentos Rodríguez y Batista asumió el control de todas las unidades militares en la isla y dio el golpe definitivo a la dictadura del general Machado.
El dictador derrocado escapó a las Bahamas y un gobierno colegiado, en representación de todas las fuerzas y grupos políticos que habían participado en la revolución, asumió la jefatura del gobierno para inmediatamente delegarla en la persona del doctor Ramón Grau San Martín, muy apreciado por los estudiantes universitarios.
Fulgencio Batista fue ascendido por los pentarcas a coronel y Pablo Rodríguez asumió la jefatura de las fuerzas armadas nombrado por Don Ramón; pero la suerte estaba echada y el destino de Batista se unía de modo mágico al de la República. Cuatro meses más tarde ya era el hombre más poderoso de país.
La primera esposa de Batista se nombraba Elisa Godínez y ejercía de lavandera cuando el joven matrimonio residía en la calle Tamarindo, en la ruta que fue de los tranvías primero y de las güagüas después. En aquel entonces, Batista era sargento de segunda y complementaba sus emolumentos dando clases de taquigrafía en una academia particular que radicaba en la calzada de Jesús del Monte, a la altura de la calle Lagueruela en la barriada de la Víbora. Hasta ese lugar se trasladaba desde su casa todas las tardes en un “tres patás” que de alguna forma había conseguido agenciarse, probablemente durante su destino en la guardia personal del presidente Alfredo Zayas.
El periodista de origen chino Mario Kuchilán, que se interesó en biografiar a Batista después de ingerir contra su voluntad una generosa ración de palmacristi en una estación de policía batistiana, atribuye a Zayas uno de los más presentables sobrenombres que tuvo Fulgencio, el de Soldado Polilla.
La ración de palmacristi le fue administrada a Kuchilán por haber publicado en el diario –para el cual trabajaba –un dibujo burlón que llevaba por título: “El iza la bandera”. Lo de Soldado Polilla le fue adjudicado a Batista porque el presidente Zayas lo sorprendió más de una vez leyendo durante el cumplimiento de sus guardias y eso le pareció encomiable.
Otros sobrenombres tuvo, antes y después de haberse elevado al trono de Cuba. Entre los primeros figuran el de Nemo o Memo y el de Mulato Lindo, con el cual lo bautizaron sus compañeros en las fuerzas armadas.
Después del triunfo de la revolución –contra Machado –recibió el ostentoso calificativo de: “Este es el Hombre”, o “El Hombre”. Una sentencia debida al sabio cubano Fernando Ortiz que, en una ocasión dijo: “Lo que Cuba necesita es un Hombre”. Y por último, ya en años de su dictadura, relativo a su aspecto físico y a su localidad de nacimiento, Banes, donde se habían realizado notables descubrimientos arqueológicos precolombinos le salió el de “Indio”, o “El Indio”. Divulgándose entre la población la leyenda de un indio, “un ser”, que se manifestaba periódicamente y velaba por su salud y seguridad.
El segundo matrimonio del Honorable Presidente de la República, Mayor General Fulgencio Batista Zaldívar lo fue con Martha Fernández Miranda, una muchacha de elevada estatura a la que conoció después de atropellarla con su coche en la Quinta Avenida.
Un encuentro fortuito y brutal. Martha paseaba en bicicleta, el chofer de Batista no pudo evitar la coalición. Y el general pretendió superar tal desastre presentándose en el hospital donde se recuperaba la chica con un ramo de flores. Al poco tiempo hubo boda y campanas al vuelo.
Para la sencilla Martha Fernández Miranda la vida adquirió, a partir de entonces, una enorme gama de satisfacciones. De un plumazo, pasó a ser la Primera Dama de la República y sus aduladores comenzaron a llamarla Martha del Pueblo.
A su marido lo trató siempre de General, al menos en público y su actividad personal fue discreta y más bien vuelta hacia el interior de su propio ámbito, como una mujer árabe que camina por la calle detrás y a una cierta distancia del padre de sus hijos. Separarse legalmente de Elisa fue para Batista una verdadera pesadilla, pues tenían ambos una hija en común con problemas mentales y Elisa le pasó factura por sus sacrificios anteriores. Pero al Hombre no se le negaba nada en aquella isla de aventura y ensueño.
En sólo cien días, el gobierno presidido por don Ramón Grau imprimió un impulso decisivo al proceso social cubano, hasta entonces aletargado en el espíritu de sus instituciones mediatizadas. Integrado por personalidades de las más diversas tendencias ideológicas, entre las cuales prevalecían izquierdistas y nacionalistas, el gobierno de don Ramón redactaba y aprobaba, una tras otra, disposiciones y decretos que revolucionaban la vida en la isla.
Así quedó sin efectos la Constitución de 1901, redactada a instancias del gobierno interventor norteamericano sobre la base y el modelo de la Constitución de los Estados Unidos de América y fue promulgada la ley del 50% que obligó a los empresarios a contratar una mitad de la plantilla de trabajadores cubanos, algo que, asombrosamente, no sucedía.
Decretos sobre las condiciones de pago para proteger a las familias arruinadas y una ley de Usura que establecía el máximo interés a pagar por un préstamo en el 12%. El reconocimiento de los derechos electorales de la mujer. Y la autonomía universitaria, un reclamo de los estudiantes.
Del Ministro de Gobernación de Grau, Antonio Guiteras Holmes, comentaba el pueblo que dormía con la estilográfica y los folios vírgenes al alcance de la mano y que, a la manera de los poetas surrealistas, tomaba notas a medianoche de las ideas que, para nuevas leyes se le ocurrían en la vigilia. A él se debe el proyecto para la nacionalización de la empresa eléctrica con el objetivo de abaratar el servicio a la población.
Era Guiteras un hombre insertado en su tiempo, y sus avanzadas ideas sostenían un discurso de singular equilibrio entre las propias al socialismo –evitando caer en la órbita soviética –y el nacionalismo de extrema derecha, de moda entonces en Europa y representado por la organización revolucionaria primero y partido político después, ABC, que luchó con inaudita ferocidad contra la dictadura de Machado y, tras el triunfo aquella se radicalizó, creando los destacamentos paramilitares Camisas Verdes, en el estilo de sus congéneres de Italia, Alemania y España.
Consecuentemente, la organización que creó y dirigió hasta su muerte, “Joven Cuba”, actuó sobre una plataforma que sintetizaba elementos de los más radicales programas, comunistas, socialistas y nacionalistas.
La urgencia de Guiteras trataba de minimizar la capacidad de reacción de las fuerzas conservadoras que él sabía, y así sucedió, saldrían a la palestra a defender sus intereses amenazados. Desde la Embajada de los Estados Unidos de América se había dado la alarma y un buque de guerra de ese país entró y ancló en la bahía de la capital de las isla amparado en la Enmienda Platt y desafiando la autoridad del gobierno cubano.
Entrevistado por un periodista norteamericano –refiere Mongo Grau, sobrino del presidente -, don Ramón no suavizó su lenguaje y respondió a la pregunta: “¿Qué haría si desembarcaba la infantería de marina? en los siguientes términos: “Exactamente lo que el presidente de los Estados Unidos si un ejército extranjero desembarcaba en su país”.
El caso quedó entonces visto para sentencia y, una semana más tarde, los tanques de Batista rodearon el Palacio Presidencial. La familia Grau se acogió al asilo político que le brindó la embajada de Méjico y un gobierno militar encubierto en la representatividad de una sucesión de presidentes sin voz ni voto gobernaría la isla desde aquel momento hasta 1940.
Las reformas decretadas por el gobierno de Grau quedaron detenidas en el tiempo y los más representativos luchadores de la causa nacionalista partieron al exilio, tras el fracaso de una huelga general reprimida con violencia. Antonio Guiteras murió en un enfrentamiento a tiros con las fuerzas del nuevo régimen cuando pretendía abandonar la isla clandestinamente, en una embarcación.
La infancia del Hombre se perdió en los recuerdos que se llevó a la tumba. Hoy podemos afirmar con certeza que fue una infancia infeliz, junto a una madre abandonada a su suerte por el marido que nunca reconoció a su hijo.
De manera que el niño que alguna vez fue el Hombre, registrado y bautizado única y exclusivamente por su madre, recibió el nombre de Rubén Zaldívar y se crió en un batey miserable cortado por guardarrayas donde los guajiros amarraban caballos a los portales de los bohíos. Todo conspiraba en su contra.
Y estigmatizado por su único apellido, el color de su piel y la singularidad de sus rasgos (algún cronista llegó al delirio descriptivo considerándolo hijo de hombre chino y mujer negra), muy poco, o nada podía esperar conseguir en aquella Cuba detenida en el tiempo a pesar de tantas revoluciones.
El primer empleo del joven Rubén Zaldívar lo fue el de guardabarreras de ferrocarril en su localidad de residencia, el poblado de Banes, ubicado en la zona más oriental de la isla. Cómo, cuando y por qué ingresó en el ejército son tres preguntas de las cuales sólo la última no necesita respuesta, aunque posteriormente, cuando se hizo famoso, se aclarara la figura de su presumible progenitor como la de un sargento del Ejército Libertador que sirvió a las órdenes del general Maceo.
Pero ni siquiera sus apologistas han querido hurgar demasiado en este pasado tormentoso y han preferido siempre dejarlo todo entre brumas, insistiendo en las dificultades y el interés por superarlas de nuestro biografiado.
Se ha fijado como su fecha de nacimiento el día 16 de enero de 1901. Se sabe que ingresó en el ejército veinte años después y que, en 1925, consiguió agenciarse en unas oposiciones el empleo de Cabo. Así fue trasladado, desde la cuarta compañía del batallón número 1 de la guarnición de la Habana, a la Guardia Rural, un cuerpo en el que, un año más tarde, ascendió a Sargento.
En el ejército encontró la seguridad económica y las posibilidades de superación que su humilde progenitora no le pudo ofrecer. Aprendió a leer y escribir, recibió la enseñanza elemental básica y adquirió disciplina en el más genuino sentido de la expresión.
No sabemos si tuvo padrinos que le facilitaran encauzar sus aspiraciones en las fuerzas armadas, pero lo cierto es que logró sus objetivos y que, habilidosamente, dirigió su preparación de forma inteligente, evadiendo las especialidades puramente militares, que limitan el horizonte del hombre que hay dentro de cada soldado. Así fue que se graduó mecanógrafo y taquígrafo garantizándose un futuro si dejaba el uniforme.
Durante su primer destino en la guarnición de la capital, tuvo suerte de servir en la escolta del Presidente del Gobierno – Alfredo Zayas –y de utilizar a voluntad la nutrida biblioteca de la finca presidencial. Zayas –como ya hemos dicho –lo sobrenombró Polilla, calificativo que tiene en Cuba un carácter laudatorio.
Esta fama de aplicado al estudio entre los soldados le valió para que le designaran secretario de actas en la memorable asamblea en la que percibió Servio Carbó la posibilidad de un golpe militar.
Embarcó en aquella aventura. Pero, conservando la distancia, se situaba siempre detrás de Pablo Rodríguez, que era quien daba la cara como capitán de la revuelta, mientras él esperaba su oportunidad confiado en que, las limitaciones de Rodríguez –incapaz de pronunciar un discurso y, mucho menos, redactar un documento- contribuyeran a su encumbramiento personal.
Porque ya sabía donde estaba el poder y tenía conciencia de su valor como elemento decisivo en el desarrollo de los acontecimientos. Esto también explica su comedida respuesta a la sugerencia de Carbó antes de firmar una proclama de las fuerzas coaligadas contra la dictadura machadista.
-¿Le pongo General? –le preguntó Servio Carbó.
-Déjeme de Coronel, -fue la respuesta de Fulgencio-.
***************

Nota
: El artículo anterior fue publicado en la sección Musa del
No. 4, Año V, Octubre - Diciembre 2009, de Misceláneas de Cuba, Revista de Asignaturas Cubanas.

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Re: La Habana de todos los santos.

Mensaje por pedro dollar el Mar Ene 05, 2010 7:27 pm

Del General Fulgencio Batista habria que seguir haciendo una recopilacion exhaustiva de todo su historial politico antes que los participantes en vida de muchos hechos nos dejaran. Porque hay mucho que aprender y mas que luego de 51 anos del borron que le propinaron a la historia republicana los castrofascistas incluyeron en la poca supervivencia de lo acontecido los que a ellos les conviene.
Tuve el privilegio de conocer personalmente a uno de los hombres que le sirvio como valet en Kukine ya bien entrado en anos aqui en Miami. Es interesantisimo el constatar de primera mano quien fue el Presidente Batista. El hombre, el politico, el cubano.

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Re: La Habana de todos los santos.

Mensaje por alexovera el Mar Ene 05, 2010 7:31 pm

hermano patrio, mis saludos en el nuevo año y mis felicitaciones, ahora y una vez mas por sus invaluables aportes a nuestros conocimientos y ademas por contar entre sus amistades con semejantes personas.Saludos tambien a su amigo y Gracias!!!
alex

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Re: La Habana de todos los santos.

Mensaje por Patrio el Mar Ene 05, 2010 9:44 pm

@pedro dollar escribió:Del General Fulgencio Batista habria que seguir haciendo una recopilacion exhaustiva de todo su historial politico antes que los participantes en vida de muchos hechos nos dejaran. Porque hay mucho que aprender y mas que luego de 51 anos del borron que le propinaron a la historia republicana los castrofascistas incluyeron en la poca supervivencia de lo acontecido los que a ellos les conviene.
Tuve el privilegio de conocer personalmente a uno de los hombres que le sirvio como valet en Kukine ya bien entrado en anos aqui en Miami. Es interesantisimo el constatar de primera mano quien fue el Presidente Batista. El hombre, el politico, el cubano.

Don Pedro:
El amigo al que hago mención en el artículo está preparando dos volúmenes espectaculares de la historia de la Cuba republicana y castrista, son excepcionales. Espero que pronto se publiquen. Lo que he podido saber de los mismos es que serán de una aportación trascendental.
Saludos,
Patrio

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Re: La Habana de todos los santos.

Mensaje por Patrio el Mar Ene 05, 2010 9:50 pm

@alexovera escribió:hermano patrio, mis saludos en el nuevo año y mis felicitaciones, ahora y una vez mas por sus invaluables aportes a nuestros conocimientos y ademas por contar entre sus amistades con semejantes personas.Saludos tambien a su amigo y Gracias!!!
alex

Hermano Alexo:
Siempre lleva usted mi abrazo en su mochila. Hay que tratar de ofrecer, de divulgar la verdadera historia de nuestra nación, es una manera de encender la llama de la libertad en los corazones.
Hay mucha desinformación, por ejemplo, un por ciento importante de los fusilados en el Escambray eran naturales o descendientes directos de españoles, más específicamente canarios. Esta es una verdad oculta por Cuba y España, tal vez por las implicaciones que ello tendría. Curioso, ¿verdad?
Abrazos,
Patrio

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Re: La Habana de todos los santos.

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