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La tienda del deseo.

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La tienda del deseo.

Mensaje por Patrio el Dom Dic 13, 2009 8:26 am


La cola se extiende como una serpiente por la acera. Karina pregunta por experiencia quién es el último sin preguntar lo que se vende y tras esperar que le hicieran la misma pregunta para reservar su turno, se dirige con premura hacia la parte delantera de la larga fila de personas. La maniobra es muy útil pues si el azar le permite vislumbrar un conocido en los primeros puestos, quizás pueda comprar antes pero no encuentra ninguno. Por fin alcanza el mostrador y otea la pizarra donde lee:
- Sueños………………….10.00 pesos.
- Sueños de dieta ( jueves a partir de las 11:00 horas. Primer y tercer jueves del mes del núcleo 0 al 210. Segundo y cuarto jueves del mes del núcleo 211 hasta el 423)
- Sueños liberados…..2.00 C.U.C.
- La Administración prohíbe la venta de sueños con funerales y similares.
Durante unos segundos sonríe, incrédula observa el entorno asegurándose de que no está soñando. Los rostros de la cola denotan cierta alegría y mientras piensa que la pizarra es una broma de algún empleado, se aproxima con precaución al mostrador, guardando la distancia aconsejable para no recibir los improperios desde la cola por pensar que va a “colarse”. La que compra en estos momentos es una anciana, rostro ajado y ropa desgastada como su escuálida figura.
- ¿Qué quiere, mi vieja?- inquiere la joven empleada.
- Ay, mi’ja. Tengo a mi marido en una silla de ruedas y vivimos de lo que gano de la venta de maní. Ayer Ruperto se enteró de esta tienda y me hizo un encargo especial.
- Pida, mi vieja, pida por esa boca – asegura la joven con una sonrisa.
- Sí, pero te quería preguntar algo. ¿Si compro un sueño podemos soñarlo los dos? Es que no andamos muy amplios de…. – culmina la frase frotando repetidamente el pulgar con el índice derecho.
- Mire abuela, normalmente los sueños son individuales y de un solo uso, pero en el caso suyo le voy a hacer una excepción, le voy a poner dos sueños en uno. ¿De acuerdo?
- Ay, gracias, mi cielo. Mira, déjame un sueño de arroz con frijoles negros, una fuente de bistés de carne de res, tachinos y aguacate.
- Listo, ¿para cuándo lo quiere?
- Para esta misma noche. ¿Mi ji’ta, le pusiste a los frijoles un pedacito de chorizo?
- Mi vieja, eso va con todo. Aunque usted no me lo dijo le añadí unas yucas con mojo que de seguro a Ruperto le van a encantar.
- Gracias, mi amor.
- Gracias a usted, que la pase bien.
Mientras sale la anciana con su desdentada sonrisa al viento, Karina se pellizca para asegurarse de su estado de vigilia. Estupefacta e incapaz de moverse siquiera del sitio, observa al próximo cliente. Este, un joven de apenas veinte años, titubea al hacer el pedido en voz baja.
- Mira, ¿es posible soñar que estoy en Europa?
- ¿Qué país quiere?
- Coño, mira, ¿esto no me traerá problemas?
- No, de ninguna manera. Lo que si te advierto es que los sueños internacionales son en C.U.C.
- Está bien, los tengo. ¿Pero esto no queda registrado, ni nombre, ni carnet de identidad, ni nada?. Mira linda, es que estoy en la universidad y esto….
- No te preocupes, esto no se registra.
- Bueno, quiero un paseo por París a mediodía, que incluya a Notre Dame, un paseo en bote por el Sena y para que rime, una cena en el Mouline Rouge.
- Eso te va a salir un poquito más caro, sabes, el cabaret se paga aparte.
- No importa, dame dos porque quiero ir con mi novia.
- ¿Para cuándo?
- El sábado a partir de las once, más o menos.
- Hecho, son ocho C.U.C.
Karina suda copiosamente y sigue sin dar crédito a lo que ven sus ojos. El próximo turno le corresponde a un anciano de andar comedido, de gestos marcadamente expresivos como si en vez de las frases salir de su boca, se precipitaran de sus dedos para estallar frente a su interlocutor como fuegos artificiales.
- Hola, cariño.
- Sí, dígame.
- Ay, princesa, ¿me dejas un sueño de Farah María?
- ¿Quién es esa?
- Ay, ¡sacrilegio!. Perdónala, dios mío. Mi niña, Farah María, la cantante.
- Déjeme buscar – la joven inclina la cabeza lateralmente y alza los hombros en señal de extrañeza, mientras busca en el ordenador- Sí, sí está.
- ¿Ves?. Pero fíjate, no quiero el sueño con Farah María, es que yo quiero ser Farah María durante el sueño. Toda mi vida fui militar, me casé, tuve hijos y siempre quise ser ella.
- Listo, esta noche será usted la mismísima Farah María.
- Mi amorcito, fíjate bien en la lista de artistas, que si te equivocas y me das uno de Elena Burke me matas.
- No, lo marqué bien, son diez pesos.
- Ay, gracias mi corazón, eres un primor.
Es real, totalmente real, una tienda de sueños en la mismísima Habana. Tras la larga cola Karina se dispone a regresar a casa. Con paso presuroso apenas pone atención en el cruce de las calles y están a punto de atropellarla. Tal vez Rolando le arme el escándalo de su vida por gastar 10 C.U.C. en un sueño familiar, pero ya no hay marcha atrás. En la pizarra leyó bien claro “No se admiten devoluciones” y esta noche toda la familia disfrutará de un sueño de lujo. Cierto es que le costó más caro la elección del sueño a gusto personal, es decir que podrá usarlo el día de la semana que quiera aunque solo una vez. Tal vez lo guarde durante mucho tiempo, porque aunque es importante vivir un sueño, más valioso aun es disponer de esa posibilidad cada amanecer y se debate entre la posibilidad de usarlo o guardarlo como una prenda valiosa. ¿Y si pasa algo? – se pregunta -. Decide que esta misma noche lo usará y mañana que salga el sol por donde salga, como dice su vecino Gabriel con frecuencia para expresar su desesperación: “Lo mismo le unto betún a un caballo, que le meto una puñalada a un par de zapatos”. En fin, esta noche es el momento, se acostarán temprano, todos juntos y abrazados. Durante unas horas serán libres.
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